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Después

Manuel Arias Maldonado

No cabe duda de que Podemos es una rama del entertainment. Su presencia en los medios de comunicación y las redes sociales ha sido constante, en una suerte de metarrelato en marcha dedicado a comentar en tiempo real la vida política de la formación. Sucede que los acontecimientos ligados a esta última han escaseado de forma alarmante desde que el partido quedó fuera de juego en las elecciones de diciembre: al fallido sorpasso se ha sumado un entendimiento entre los partidos setentayochistas ante el que Podemos no ha sabido oponer una respuesta coherente. De ahí que los últimos meses hayan estado dedicados a la política más vieja del mundo, o sea, a una lucha por el poder presentada como pulso programático entre el reformismo errejonista y el radicalismo pablista. La victoria del segundo confiere al primero el melancólico brillo de las posibilidades no realizadas: otro paraíso perdido para la historia política.

Recordemos que este entretenido folletín tiene su origen público -sobre la historia íntima del desencuentro sabemos menos- en la coalición electoral con Izquierda Unida. Es Iglesias quien impone el acuerdo contra el criterio de un Errejón más partidario de seducir que de asustar. Para los escépticos: aunque ésta siempre fue una discrepancia táctica antes que ideológica, no olvidemos que la propia socialdemocracia nace del repliegue táctico de una parte del comunismo. ¡Las formas importan! Y el diálogo con otras fuerzas políticas habría moderado a Podemos de manera natural. Pero eso es ya ucronía: el hecho es que el partido perdió un millón de votos e Iglesias no quiso darse por enterado. Una vez que el melodrama personalista ha terminado en Vistalegre, flota una pregunta en el aire: ¿ahora, qué?

Si todo congreso es una operación de imagen, no puede decirse que Podemos haya salido reforzado del suyo. Naturalmente, sus más fervientes partidarios dirán lo contrario; pero para eso son fervientes partidarios. Lo cierto es que Podemos ha ido encerrándose en la esquina de la izquierda radical, agotando gradualmente sus reservas de transversalidad y cercenando, con ello, sus más interesantes oportunidades de desarrollo. Me pregunté hace meses si estábamos ante un tradicional partido de crisis, síntoma de un descontento agudo pero coyuntural, o ante una crisis de los partidos tradicionales. Hoy sabemos que se trata de lo primero: Iglesias y los suyos son un partido de protesta que, ubicado en la extrema izquierda, debe renunciar a sus viejos sueños mayoritarios. Hasta el punto de que, bien mirado, podríamos decir que fue Izquierda Unida quien absorbió a Podemos y no al revés.

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Fitur 2018: el año de los cyborgs, la inteligencia artificial y el big data

Jorge Raya Pons

Foto: Jorge Raya
The Objective

En la nave 4 de Fitur, en el lugar reservado a Oriente Medio, los contrastes provocan que te frotes los ojos: llaman la atención las casetas discretas de Siria –que vuelve a vender turismo- y Palestina –que no se olvida de reivindicar Jerusalén- entre la gama amplia de colores de los puestos turcos e israelíes. La diferencia de presupuestos es enorme y todo se explica por las circunstancias particulares, más si cabe en un año donde la palabra tecnología está presente en cada rincón.

Ya lo decían los organizadores: si el año pasado se impuso la sostenibilidad, en este se impone el maching learning, la computación cognitiva, la inteligencia artificial y una red de términos que no nos resultan tan extraños. El sector turístico nos prepara para un futuro que ya no debe sorprendernos: los colchones sabrán cómo adaptarse a nuestro sueño, las puertas de los hoteles nos reconocerán facialmente –y no importará que olvides la tarjeta-, los usuarios podrán visitar los resorts con realidad virtual y desde casa, las empresas conocerán nuestros deseos antes de conocer nuestros nombres.

Fitur 2018: el año de los cyborgs, la inteligencia artificial y el big data
Myriam Younes, directora comercial de Expedia, durante su charla. | Foto: Jorge Raya Pons/The Objective

Este mundo que llega está hecho a medida para las nuevas generaciones: nada se les escapa sobre los Z y los millennials y esto lo da a entender Myriam Younes, directora comercial de Expedia, desde el inicio de su discurso. Younes proyecta las conclusiones de los análisis de su corporación sobre una pantalla grande y saca a relucir los atributos principales de los jóvenes: viajamos más al exterior que por el propio país, en avión mejor que en tren, y siempre con la clara intención de buscar experiencias, movimiento y conocer cultura. Una especie de culto, dice Younes, a la era del selfi y al concepto YOLO: You Only Live Once. Solo vives una vez.

La inteligencia artificial está presente todo el tiempo, en esta conferencia y en las restantes, que se suceden durante seis horas. Todos comparten el patrimonio común de resaltar que sí, que estamos expuestos y minuciosamente analizados, pero que no importa, que es el espíritu del tiempo y es nuestro beneficio, siempre que no caiga en las manos equivocadas. Es el punto, por ejemplo, de Marta García Aller, autora del libro El fin del mundo y periodista de El Independiente, que hace un alegato a la calma. Existe un peligro, claro, igual que existe la posibilidad de crear una sociedad con mayores privilegios y una tecnología que sea proactiva, que se anticipe a los problemas y produzca una realidad más cómoda.

Fitur 2018: el año de los cyborgs, la inteligencia artificial y el big data 1
Moon Ribas, entrevista durante un acto organizado por Fiturtech. | Foto: Jorge Raya Pons/The Objective

Algo verdaderamente interesante de Fitur es que, si bien todo parece girar en torno a los viajes y el turismo y el consumo, abre una ventana interesante a relatos nada convencionales. Es reconfortante encontrar escenarios tan entregados a la tecnología que, por momentos, uno olvida que se encuentra en una feria de turismo. En este caso, el Fiturtech invitó a la artista catalana Moon Ribas, quien se reconoce como cyborg neurológico. Moon tiene implantes en los pies y puede sentir el pulso de la Tierra. Emplea la tecnología para potenciar sensibilidades biológicamente imposibles. Los dispositivos que tiene bajo la piel le permiten saber si en algún punto del planeta, no importa si Granada o Japón, se está produciendo un terremoto. Ella puede sentirlo, literalmente. Mientras habla le tiemblan los pies, y lo reconoce. Antes, a veces, se despertaba en medio de la noche y se asustaba, pero ahora dice que está acostumbrada y puede continuar con la conversación y sin problema.

Ella es bailarina y se desafía a comunicar esa sensación a través de la danza. En otra época también colgaban de sus orejas unos pendientes que medían la velocidad con la que camina y descubrió, por ejemplo, que inconscientemente uno camina más deprisa en Londres que en Roma, y eso dice mucho de las sociedades. Existe toda una lucha y una reivindicación en su caso: Moon presume de ser cyborg y -en consecuencia- transespecie. Porque asegura que cyborgs, sin saberlo, ya lo somos todos: ¿por qué decimos, si no, que nos hemos quedado sin batería? ¿Lo decimos por el teléfono o lo decimos por nosotros?

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San Antón, protector de los animales

Carola Melguizo

Foto: Carola Melguizo
The Objective

Hoy, 17 de enero, se celebra la fiesta de San Antón, protector de los animales. Y como cada año, a pesar del frío, creyentes de toda España llevarán a sus mascotas a la iglesia para que reciban la bendición del Santo. Una celebración de origen religioso que cuenta con un amplio programa de actividades entre las que destacan campañas sociales que buscan fomentar la adopción y la tenencia responsable.

Para la mayoría, las mascotas son un miembro más de la familia. Pero por desgracia, hay animales que viven una realidad que nada tiene que ver con el amor y la estabilidad de un hogar, por lo que el lado solidario de la fiesta es, sin duda, una auténtica necesidad. Según los ‘Estudios de Abandono y Adopción’ publicados por la Fundación Affinity, más de 100.000 perros son abandonados en España cada año. Una cifra escandalosa que demuestra que todavía queda mucho camino por recorrer para encontrar soluciones a la problemática del abandono de animales de compañía. Promover la adopción responsable es un primer paso.

Madrid vive San Antón

Aunque  hay semejanzas, cada ciudad tiene su propia forma de celebración. En el caso de Madrid, la bendición de animales se lleva a cabo a las puertas de la iglesia de San Antón, situada en la calle Hortaleza, número 63. Su párroco, el padre Ángel García, presidente de la Fundación Mensajeros de la Paz, bendecirá junto a otros sacerdotes a todos los animales que se acerquen al templo entre las 10 y las 20 horas. Tradicionalmente, la mayoría de las mascotas asistentes son perros, pero también se pueden ver gatos, tortugas, conejos e incluso peces, porque San Antón, dicen, no hace ningún tipo de distinciones.

“El señor bendiga este animal y San Antón lo proteja de todos los males del cuerpo.”

Como parte de la celebración, a las 17 horas tendrán lugar las vueltas de San Antón, que es como se conoce a la procesión que sale de esta iglesia y recorre las calles de San Mateo, Fuencarral, Hernán Cortés y Hortaleza. Una tradición que suele contar con la presencia de animales de trabajo como los halcones de la Guardia Civil, los perros guías de la ONCE, los caballos de la policía, etc. Durante todo el día se celebrará una misa cada hora, pero las misas solemnes serán a las 12 y a de las 19 horas, y estarán oficiadas por el cardenal Carlos Osoro, arzobispo de Madrid.

“Los animales domésticos tienen una creciente presencia en la ciudad y contribuyen al bienestar y la felicidad de las personas que los adoptan y se benefician de su compañía. Son seres vivos y estamos obligados a facilitarles una existencia digna. Porque no son juguetes que se puedan abandonar.”

Durante todo el día, se venderán también en la puerta de la iglesia los panecillos de San Antón. Hay quien dice que hay que guardar uno para el año siguiente con una moneda debajo para que no falte el dinero. Como actividad complementaria, en los centros culturales municipales se podrá ver durante todo el mes de enero la exposición ‘La mejor opción es la adopción’, que recuerda que los animales no son juguetes y promueve la adopción responsable. Dos de los pilares fundamentales de la celebración de San Antón este año. En palabras de Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid: “Los animales domésticos tienen una creciente presencia en la ciudad y contribuyen al bienestar y la felicidad de las personas que los adoptan y se benefician de su compañía. Son seres vivos y estamos obligados a facilitarles una existencia digna. Porque no son juguetes que se puedan abandonar.”

Hoy se pone fin a cinco días de celebración en honor a San Antón en los que los animales son los auténticos protagonistas. El Ayuntamiento de Madrid, la iglesia de San Antón y los comerciantes de la zona de Chueca unen fuerzas para promover la tenencia responsable y garantizar la calidad de vida de los animales de la ciudad.

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Nuestras instituciones

Josu de Miguel

Foto: IVAN ALVARADO
Reuters/File

Terminada una larga jornada de uno de los Congresos de la Asociación de Constitucionalistas de España, la organización previó una recepción en el Ayuntamiento de Barcelona. Apareció en una de sus estancias Joaquim Forn, por aquel entonces concejal del partido que gobernaba la ciudad, CiU. El discurso de bienvenida tomó los derroteros esperables. Cataluña tenía unas instituciones milenarias a partir de las cuales se había realizado la primera democracia parlamentaria del mundo. Curioso que el año pasado, en el Congreso celebrado en León, las autoridades nos contaran lo mismo. En fin, el exconsejero hoy en prisión quería mandarnos un mensaje a los presuntos expertos en el tema: Cataluña es una nación soberana que existía previamente a la configuración de España y, por supuesto, la Constitución de 1978.

Nuestras instituciones. Cuántas veces habré escuchado también en el País Vasco estas dos palabras. Si se dan una vuelta por Bilbao, en la Gran Vía encontrarán delante de la Diputación una estatua de John Adams, que pasó cuatro días en casa de su amigo Diego de Gardoqui, probablemente la figura política más interesante de la historia del País Vasco, convenientemente silenciada porque era diplomático de Carlos III. Adams alcanzó en esos pocos días la conclusión de que Vizcaya era una de las “repúblicas democráticas europeas”, así que parecía de justicia hacerle un homenaje. Claro que asociar autogobierno con legitimidad histórica tiene sus límites, ya que aquél solo puede encontrar sentido en el sistema político más amplio que lo reconoce y garantiza, como hace la Disposición Adicional 1ª de la Constitución. Para superar este vínculo hay que quebrar la legitimidad histórica y pasar a la revolucionaria, por eso el famoso Plan Ibarretxe contenía en su art. 13 el instrumento que servía para dejar atrás la estructura foral: el derecho a decidir.

Hoy se constituye el Parlamento de Cataluña. Me parece que poco queda en él que pueda asociarse al pasado reivindicado por Forn y la historiografía nacionalista. Si así fuera, los partidos independentistas y Puigdemont actuarían siguiendo las convenciones que esbozan la cámara de representación como la voz, el cuerpo e inteligencia de la sociedad catalana. Pero crear una República separada de España por la vía de los hechos no se reconcilia bien con la institucionalidad, un obstáculo molesto para cualquier movimiento de liberación que se precie. Los letrados del Parlament han avisado que no cabe una extensión de la delegación del voto y que la investidura solo puede ser presencial. Vienen a decir que sí, que mediante una reforma del Reglamento se podría transformar el Parlament en el senado imperial de Star Wars, pero que ello quizá no encajaría con la tradición que da sentido a éste y a cualquier órgano de representación.

A la democracia en Cataluña ya no le quedan ni las reglas ni los usos que la limitan, orientan y canalizan. Bienvenidos a la XII legislatura: que siga el espectáculo.

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La ruta Pla

Jaime G. Mora

Tengo por costumbre matar a todos mis ídolos cada 31 de diciembre, y luego voy renovando la fascinación por ellos, si se lo merecen, poco a poco. Para volver a admirar a Josep Pla me marché a Palafrugell recién comenzado el año, a hacer la ruta del escritor, con la idea de conocer la Costa Brava con el autor catalán como anfitrión. En el primer día de la escapada M. y yo caímos en la plaza Nova para comer en el Centro Fraternal, mientras los abuelos echaban la partida. Allí Pla se estrenó en el arte de la tertulia. “Al atardecer voy al café del Centro Fraternal. Encuentro a casi todos mis amigos —escribió—. Larga conversación sobre mujeres. La conversación de siempre”.

La plaza Nova es el tercero de los diez puntos de la ruta Pla. El itinerario comienza en la casa natal del autor: “Nací en el Carrer Nou, que es una calle muy triste y larga, derecha como una vela, que va desde la calle de la Caritat a la vía del tren de PalamósAllí se ubica hoy la fundación Pla, que el escritor impulsó diez años antes de su muerte con la donación de parte de su biblioteca particular. Otros puntos de la ruta llevan a otra residencia de su familia, que hoy es un restaurante exquisito, varias playas que acostumbraba a visitar, el imponente faro de Sant Sebastià, el cementerio donde lo enterraron, en Llofriu, y el mas Pla.

“Hace ya muchos años —en realidad, desde que me organicé una habitación y una pequeña biblioteca en el mas Pla, en la parroquia de Llofriu— que llevo la misma vida. En este caserón hecho un considerable desbarajuste, frío en invierno, agradable en verano, vivo completamente solo”, dice en ‘El cuaderno gris’.

La masía está indicado como uno de los puntos de la ruta por motivos obvios, pero no se puede visitar, pues en la enorme casa donde el escritor se recluyó las cuatro últimas décadas de su vida viven ahora familiares. Quizá por eso no hay indicaciones, y llegar a ella no es nada fácil. Para hacerlo es necesario tomar un desvío en medio de una carretera y no hacer caso al cartel que avisa que es una propiedad privada, y que no está permitido el paso. Allí dejamos el coche, mientras intentábamos cotejar con las fotos colgadas en internet si lo que se veía al otro lado de la verja era en efecto el mas Pla.

No es, ¿no ves que no es igual?

—Pero tiene que ser esto, no puede ser otra cosa.

Me subí a unos altos, por si veía algo más claro. El sol se estaba despidiendo del díaBusqué la placa con la que se indica cada punto de la ruta. Nada. Miré los nombres del timbre. Y cuando ya nos rendíamos apareció al otro lado de la finca un hombre, rodeado de dos perros. Le hice una señal, abrió la puerta de la entrada y se acercó a nosotros. En efecto, esa mole era el mas Pla. Ahora vive allí un sobrino, y la casa suele estar vacía entre semana.

En esa casa Pla leía y leía, y escribía, al lado de la chimenea y en su cama, vestido con una chaqueta de comando y cubierto por una manta eléctrica: “Me levanto entre la una y las dos, aunque a veces estoy tan dormido que son las dos y media. Debido a mis largos años de periodismo nocturno, siempre he considerado la mañana como la parte más inútil del día. Cuando madrugo, encuentro que el día tiene demasiadas horas, que es demasiado largo, que su dilatación es excesiva. Es un inmenso error, pero la desagradable realidad es esta. Una vez levantado, almuerzo bajo la campana de la chimenea. Hasta el atardecer, paso las horas escribiendo una cosa u otra, un artículo u otro, o bien leyendo lo que tengo en curso, o contestando a alguna carta”.

¿Queréis entrar? —nos ofreció el hombre—. Meted el coche y os dais una vuelta, aunque ya esté oscuro.

Un árbol de Navidad iluminaba la sala de la entrada principal de la casa. El escritor murió en esa masía el día del libro de 1981, y por esa puerta sacaron su cadáver. Cuando rodeamos la esquina de la famosa foto de Pla, esa en la que lo retrataron con una mano en el bolsillo y un abrigo en el otro brazo, vestido con chaleco y corbata y por supuesto con boina, un escalofrío nos recorrió el espinazo. La sensación de haber estado ahí, con ese grado de exclusividad, es una cosa indescriptible, que diría Pla. La masía de Llofriu es el Vaticano de los defensores de la frase inteligible.

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