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El momento realista

Manuel Arias Maldonado

Henri Cartier-Bresson habló del “instante decisivo” como elemento fundamental del arte fotográfico: una combinación de oportunidad temporal y composición espacial capaz de revelar las esencias vitales de un solo golpe. Pero si adoptamos un punto de vista narrativo, el instante decisivo designa más bien un giro dramático, un cambio de fortuna tras el que nada vuelve a ser lo mismo: un asesinato, un enamoramiento, una bancarrota. ¡O un referéndum! Especialmente, un referéndum como los que han sacudido las sociedades democráticas en los últimos años: inesperadas decisiones populares que rompen acuerdos de integración de largo recorrido. Desde el Brexit al rechazo suizo a la libre circulación de los trabajadores comunitarios, sin olvidar la negativa danesa -por vía parlamentaria- a cooperar más intensamente con la UE en asuntos de justicia e interior. Sonoros golpes sobre la mesa del pacto liberal de posguerra.

Estos grandes momentos hacen las veces de campos magnéticos hacia los que se ve atraída nuestra atención. Nos los figuramos mentalmente, recreándonos antes de que tengan lugar, depositando en ellos altas esperanzas y una considerable inversión afectiva. En el caso de los referéndums de inspiración populista, se realiza en ellos la dimensión expresiva de la democracia: la sensación de ejercer una soberanía popular largo tiempo secuestrada por élites distantes. Take control back! Pero la vida no puede ser una sucesión de momentos decisivos, porque eso no es vida. De ahí que al día siguiente del referéndum empiece la ardua tarea de minimizar sus efectos. El momento populista da paso al momento realista. Y los poetas de la agitación son reemplazados por diligentes funcionarios.

Seis meses después, Gran Bretaña aún no sabe qué hacer con su Brexit. Aumenta la presión: las empresas de la City exigen concreciones sobre el pasaporte comunitario cuya pérdida les obligaría a mudarse al continente. Todo indica que el gobierno de May quiere irse sin irse del todo, algo a lo que Europa no parece muy dispuesta. Por su parte, Dinamarca intenta preservar los beneficios de la cooperación con Europol justo después de abandonar la organización. Y Suiza ha legislado sobre la inmigración comunitaria en términos que dan la razón a quienes sostienen que se ha adulterado la decisión popular original. A fin de cuentas, la decisión popular era un error.

Poesía plebiscitaria, prosa burocrática: así va el mundo. Y esta dinámica encierra una  lección para quienes sostienen que hay que derribar el orden liberal-democrático aunque no se disponga de un plan para el día siguiente. Porque si algo cuenta es, justamente, el día siguiente.

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Pudieron

Manuel Arias Maldonado

Foto: JUAN MEDINA
Reuters

La celebración de la asamblea de cargos públicos convocada por Podemos, que tuvo lugar ayer en Zaragoza, dejó dos noticias. Una es el lamentable incidente protagonizado por la “masa de acoso” (la categoría es de Elías Canetti) de extrema derecha que se congregó en Zaragoza para proferir insultos a los asistentes, tirar una botella a la Presidenta de las Cortes de Aragón y romper las lunas de un coche de TV3. Sucedía esto al final de la semana en que fue ordenado el ingreso en prisión del líder de Falange española por el asalto a la librería Blanquerna durante la Diada de 2013. La segunda noticia es el fracaso de la asamblea misma. Era previsible, dada lea extravagancia de la idea: reunir a representantes políticos de todo el país con objeto de crear una legitimidad paralela a la de las Cortes Generales. O sea, una suerte de poder dual capaz de debilitar la autoridad de Ejecutivo y Legislativo, haciendo frente común contra la “represión del PP” y defender el “derecho de autodeterminación de Cataluña”. Pero la noticia no está en la pobre asistencia, sino en el hecho mismo de la convocatoria. Es, como otras iniciativas de Podemos durante las últimas semanas, síntoma de una degradación.

Ya que Podemos, enfrentado a la más importante crisis institucional que ha vivido España desde el golpe de Estado del 23-F (crisis, me atrevo a decir, menos grave que ésta si pensamos que Tejero no iba a ninguna parte), no ha optado por la defensa del orden constitucional. Más bien se ha dedicado a denunciarlo como autoritario y represivo: hablando de unos inexistentes “presos políticos”, denunciando un inexistente “Estado de excepción”, alineándose con los partidos separatistas que demandan la celebración de un referéndum ilegal. ¡Incluso colapsaron la calle Zurita de Lavapiés! Abundan así en su “resignificación” de la sociedad española como mera continuidad del franquismo, que tanto furor causa entre jóvenes y nostálgicos. Han confirmado así que prefieren ser una fuerza destructiva antes que constructiva, dejando de paso al PSOE el espacio que necesitaba para relanzarse electoralmente a su costa prometiendo diálogo dentro de la ley. Mejor desestabilizar en los márgenes que influir en el centro.

¡Ocasión perdida! La democracia española es, como todas, imperfecta. Podría haberse beneficiado de la acción de un partido que, habiendo demostrado una gran habilidad a la hora de canalizar en su favor legítimos sentimientos de frustración y nobles deseos de cambio, los ha distorsionado por fidelidad a su estrategia: divisiva a fuer de populista. De manera que Podemos ha preferido la hipérbole al realismo, la agitación al diálogo, el rupturismo al reformismo. Y con ello, perdemos todos. Es una lástima, porque pudieron. Pero nunca quisieron.

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¡A leer en la Rentrée 2017!

Redacción TO

Foto: HEINZ-PETER BADER
Reuters

Volver a la realidad es duro, lo sabemos, es por eso que la rentrée es la época ideal para refugiarse en la lectura y permanecer -aunque sea por instantes- en mundos, tiempos e historias que no son los nuestros. Aquí las recomendaciones de cuatro de nuestros Subjetivos para dejar que el cuerpo regrese a los hábitos y a los zapatos con calcetines, mientras el alma divaga un poco más.

El criterio de la selección, como era de esperarse es completamente subjetivo, y por lo tanto hay de todo un poco, desde novedades editoriales, premios Pulitzer, autores a los que vale la pena regresar, periodismo, historia… en fin, lo único que tienen en común todos estos libros, es que definitivamente vale la pena leerlos.

¡Esperamos que los disfruten!

¡A leer en la Rentrée 2017! 1

Recomendaciones de Laura Ferrero

Llevábamos veinte años esperando que Arundhati Roy, autora de la deslumbrante novela El dios de las pequeñas cosas (Anagrama), volviera. Lo ha hecho con El ministerio de la felicidad suprema, una historia llena de personajes hechos añicos. Con cada uno de esos pedacitos, Roy nos cuenta parte de la historia de la India y nos habla del remedio que en ocasiones tiene aquello que está roto, el amor.

La novela El ferrocarril subterráneo (Random House), de Colston Whitehead, ganadora tanto del Premio Pulitzer 2017 como el National Book Award, es una historia sobre esclavitud que mezcla realidad y ficción y revuelve en torno a esa  cuestión tan universal que dice que es posible escapar al propio destino.

“Yo tenía nueve años cuando mi madre me tiró por la ventana de un vehículo en marcha”, así empieza Trevor Noah sus Memorias tragicómicas de mi infancia en el Apartheid (editado por Blackie Books), un libro que promete estar, como mínimo, a la altura de Instrumental de James Rhodes.

¡A leer en la Rentrée 2017! 3

Recomendaciones de Manuel Arias Maldonado

La mente naufragada: reacción política y nostalgia moderna, de Mark Lilla (Debate). Un libro interesantísimo sobre la genealogía y naturaleza del pensamiento reaccionario, a no confundir con el conservadurismo, de la mano de uno de los más destacados historiadores de las ideas del panorama contemporáneo.

Populismos, Fernando Vallespín y Máriam Martínez-Bascuñán (Alianza) / Contra el populismo, José María Lasalle (Debate). Dos jugosas novedades editoriales dedicadas a desentrañar el inagotable fenómeno del populismo político. De un lado, José María Lassalle, político de vocación académica o viceversa; del otro, dos figuras mayores de nuestra teoría política que unen fuerzas y perspectivas generacionales. Food for thought.

Historia universal de Don Juan. Creación y vigencia de un mito moderno, Edgardo Dobry (Arpa). Magnífica indagación sobre uno de los mitos más propiamente europeos, ese don Juan que desde Zorrilla a Fellini ha atravesado las literaturas nacionales y las modas culturales sin perder vigencia. Dobry se pregunta por sus representaciones, su función, sus significados. El resultado es original y estimulante.

Y por último, Bajo el signo de la melancolía. Cine, desencanto y aflicción, de Santos Zunzunegui (Cátedra). Uno de nuestros mejores analistas cinematográficos propone un estudio temático sobre el cine de la melancolía, a través de sus distintas facetas: la postración, las ruinas, la descomposición, el temperamento melancólico. El vehículo son, claro, películas y cineastas que encarnan la melancolía o la abordan en su cine: Welles, Godard, Visconti y demás hijos de Saturno.

¡A leer en la Rentrée 2017! 2

Recomendaciones de Joseba Louzao

Decía William Faulkner que el pasado nunca muere y que ni siquiera es pasado. En nuestro país esta afirmación es más que una mera boutade. Por esta razón hay que destacar los dos tomos de una Historia contemporánea de España (Taurus),  encabezada por Jordi Canal, uno de nuestros más sagaces e internacionales historiadores, que llegarán a las librerías para ayudarnos a comprender los vicisitudes de nuestros dos últimos siglos.

No es la única novedad que nos hará girar nuestra mirada hacia atrás. Estamos en el centenario de la Revolución rusa por lo que no estaría de más disfrutar de 1917. La Revolución rusa de Rex A. Wade (La Esfera de los Libros). ¿Se puede contar esta historia de forma novedosa? Wade lo consigue porque incluye protagonistas que hasta la fecha no eran más que secundarios desconocidos y nos lleva a repensar las diversas interpretaciones sobre el proceso revolucionario.

Y una última recomendación para aquellos que lleven mal la vuelta a casa después de las vacaciones: Diccionario de Nueva York de Alfonso Armada (Península), un recorrido sentimental por la ciudad en mayúsculas a través de historias cotidianas, con sus habitantes y su particular callejero.

¡A leer en la Rentrée 2017! 4

Recomendaciones de Antonio García Maldonado

Amando a Pablo, odiando a Escobar, Virginia Vallejo (Península)Vallejo relata muy bien la intermitencia y los altibajos de su relación pasional con el hombre que pasó de ser el ídolo del país a ser el hombre más perseguido de Occidente y la encarnación del mal en Colombia. Es también un buen resumen de los años de plomo colombianos, con el auge de los cárteles de Medellín y Cali, hasta la muerte de Escobar en 1993. Y, sobre todo, es un retrato despiadado de su élite cómplice, donde aparecen nombres que no son ajenos a su vida política actual. Hay varias afirmaciones que afectan a los expresidentes Samper, Betancourt, Alfonso López Michelsen y, la mayor sorpresa, a Álvaro Uribe, que entonces dirigía Aeronáutica Civil.

Dejé hace unos años de leer a Paul Auster por mi pedantería adolescente. No había razones literarias para un abandono tan drástico. Lo leía demasiada gente, y yo entonces me creía único, o aspiraba a serlo. Se me pasó la tontería, y volví a escuchar los boleros que escuchaban mis padres, y que en aquella época despreciaba por sus letras “básicas y antiguas” frente a las de mis sofisticados grupos indie. En estos años me he dado cuenta de que las letras de los boleros tenían razón, y me pregunto si Paul Auster no la tendrá también. Un buen momento para volver a leerlo. Según leo en los paratextos, 4321 (Seix Barral) establece caminos distintos  para el protagonista en función de las decisiones que toma en momentos importantes de la historia americana del siglo XX. Tengo menos paciencia con los juegos literarios que con los cochecitos de mi sobrino, pero siempre me gustó cómo trata Auster las identidades propias en conflicto, la gestión de las contradicciones.

Mundo Antiguo, de Jerry Toner (Turner) Jerry Toner es un historiador inglés especializado en la vida cultural de las civilizaciones antiguas. En España ya ha sido publicado Sesenta millones. La cultura del pueblo en la antigua Roma (Crítica, 2012) y Turner presenta en septiembre Mundo Antiguo, que he tenido el placer de traducir. Es un libro breve que sirve como introducción para conocer cómo vivían los antiguos (desde Persia y Grecia al imperio Han en China). Toner se encarga del día a día de los esclavos, de los jornaleros, de los pequeños profesionales que han quedado a la sombra de los relatos de batallas o de las biografías de los grandes emperadores. Y desmonta estereotipos. En apenas 180 páginas nos cuenta cómo era la medicina clásica, qué males padecían los antiguos, qué comían y bebían, cómo eran sus casas, cómo se divertían, qué prácticas sexuales estaban más extendidas o cómo era su relación con la muerte.

Tres periodistas en la revolución de Asturias, de Manuel Chaves Nogales, Josep Pla, José Díaz Fernández. La editorial Libros del Asteroide continúa con la publicación de las obras del periodista sevillano Manuel Chaves Nogales (1897-1944), culmen de nuestro periodismo antes, durante y tras nuestra guerra civil en distintos diarios nacionales. Representante de la España moderada que no encontró acomodo en un contexto de trincheras, fue uno de los observadores más agudos de su momento histórico (además de un excepcional biógrafo), no solo en España. Asteroide rescata ahora los textos que el maestro periodista escribió tras el levantamiento revolucionario en Asturias y su posterior aplastamiento por las fuerzas de orden público en 1934. Será interesante leer las observaciones de Chaves Nogales sobre un hecho que fue cardinal en el relato exculpatorio que los golpistas de julio de 1936 impusieron tras su victoria. Con el aliciente de aparecer junto a las crónicas que escribieron otros dos maestros del oficio de la época, con una visión que, a priori, adivinamos distinta dadas sus diferencias ideológicas: el escritor ampurdanés Josep Pla y el político del Partido Radical-Socialista José Díaz Fernández. Una de las prioridades de la rentrée.

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Apoteosis de la gente

Manuel Arias Maldonado

Foto: HEINO KALIS
Reuters

Tiene el verano muchos detractores y no es difícil comprender por qué. En este mismo periódico, Antonio García Maldonado ha descrito con agudeza los horrores estéticos de las localidades turísticas españolas; por su parte, Alfredo Taján ha calificado el verano como una estación humillante para el ser humano. Se trata de espíritus aristocráticos a los que se les echa encima la estación democrática por excelencia y les arranca de las manos el libro que andaban leyendo. Qué lejos parecen estar los elegantes veranos del cine de Rohmer o aquella promesa la que cantaba Radio Futura: “Es el fin del invierno, iré cerca del mar, / vestiré como un dandy, daré largos paseos, / pensaré en los detalles de mi próximo plan”. Pruebe usted a dar un paseo en la playa de Gandía: hay tan poco espacio que Mersault no habría podido sacar la pistola del bolsillo.

Sin embargo, el verano es también una estación instructiva: nos ofrece un cursillo acelerado sobre la naturaleza política de la especie. Sus enseñanzas son muchas, pero quedémonos con tres. Primero: las playas desbordantes nos muestran que somos multitud y cualquier orden social tiene que apañárselas para ordenar una convivencia que no puede ser sino conflictiva. No hay armonía posible entre quienes se ven obligados a compartir espacio. Segundo: el impacto de un veraneante sobre el medio ambiente es insignificante; el impacto de 50 millones de veraneantes, destructivo. De modo que para pensar en el cambio climático y demás fenómenos socionaturales, no podemos fijarnos en el individuo, sino en la suma total de individuos. Tercero: la intensa carnalidad del verano, que oscila entre la sensualidad juvenil y la decadencia senil, nos recuerda la importancia creciente del cuerpo en la vida política contemporánea. Expresión de identidad, instrumento de lucha política, estación fenomenológica desde la que percibimos el mundo: no podemos escapar de nuestro cuerpo y no puede hacerse política sin los cuerpos. Difícilmente podrá extrañarnos que la historia política esté llena de acontecimientos estivales: desde la toma de la Bastilla a los saqueos de Londres.

Por suerte para sus detractores, la estación también nos recuerda que la democracia liberal sigue siendo el mejor régimen político que conocemos: aquel donde uno puede elegir entre distintas ofertas morales y estéticas. Hay así quien pasa agosto en una calurosa región del interior, quien recorre la capital vacía como si fuera un extranjero, quien no sale de su casa hasta septiembre. Es el verano inglés del disidente o el esnob: la contrafigura democrática sin que la que no hay democracia posible.

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Afterparty

Manuel Arias Maldonado

Foto: SUSANA VERA
Reuters

Las fiestas populares que salpimentan el verano español han alcanzado ya su primera cima en los sanfermines pamplonicas, a la espera de que tengan lugar la así llamada tomatina de Buñol y la multitudinaria Feria de Málaga, sin desmerecer otras aglomeraciones de similar alcurnia y éxito turístico. Eso sí, ninguna puede competir en cobertura mediática con los encierros taurinos de la capital norteña: si se hace necesario interrumpir la llegada de la humanidad a Marte para que los españoles pueden ver a los Miura correr despavoridos entre miles de personas ataviadas con una camisa blanca y un pañuelo rojo, Televisión Española no tiene problema en hacerlo. ¡Solo faltaría! De creer a los más avezados intérpretes de la fiesta, el servicio público consiste aquí en mostrar a los ciudadanos un rito milenario que, enfrentando al ser humano y a la bestia arquetípica, nos recuerda la condición mortal de nuestra especie y su secular oposición simbólica al resto de la naturaleza. Todo ello, se entiende, mientras recogemos el palillo de dientes que se ha caído encima de nuestras chanclas en pleno mediodía canicular y nos disponemos a dormir una siesta de dos o tres horas.

Se diría que el reloj de la Ilustración tiene cuerda solo hasta cierto punto: ni el propósito originario de hacer mejores a los ciudadanos, ni aquello que la ciencia pueda decirnos sobre la vida mental de los animales tiene la menor importancia ante el imperativo supremo de pasárselo bien. Supongo que las divisorias ideológicas ejercen aquí su influencia: detrás de los reparos ante estas multitudes enfervorecidas solo puede haber un millennial reblandecido por el confort bienestarista o un fanatizado votante de Pacma. Pero, ¿por qué pelearnos? La tomatina de Buñol y la Feria de Málaga, no digamos las celebraciones de los títulos futbolísticos, demuestran sobradamente que el ser humano se basta y se sobra para divertirse sin necesidad de implicar a otras especies. Nunca viene mal, todo sea dicho, el apoyo entusiasta de los poderes públicos y de un sector turístico del que tantos presupuestos municipales -y votos- dependen. Si algo se echa en falta, es que esos mismos municipios subvencionen la huida forzosa de aquellos vecinos que no comparten el mismo esprit de corps y rehúsan, sin duda ignorantes de las explicaciones que la teoría evolutiva proporciona sobre los beneficios afectivos de las fiestas de masas, sumarse a la corriente. La idea de que esas autoridades hayan de elevarse por encima del gusto de los ciudadanos cuando de actividades públicas se trata debe desecharse como una mera extravagancia. 

Tienen razón los antropólogos: una sociedad, por moderna que sea, se define también por sus mitos. Y éstos son los nuestros. Que siga la fiesta.

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