El Subjetivo
El momento realista
RUBEN SPRICH / Reuters
19.12.2016 Henri Cartier-Bresson habló del "instante decisivo" como elemento fundamental del arte fotográfico: una combinación de oportunidad temporal y composición espacial capaz de revelar las esencias vitales de un solo golpe. Pero si adoptamos un punto de vista narrativo, el instante decisivo designa más bien un giro dramático, un cambio de fortuna tras el que nada vuelve a ser lo mismo: un asesinato, un enamoramiento, una bancarrota. ¡O un referéndum! Especialmente, un referéndum como los que han sacudido las sociedades democráticas en los últimos años: inesperadas decisiones populares que rompen acuerdos de integración de largo recorrido. Desde el Brexit al rechazo suizo a la libre circulación de los trabajadores comunitarios, sin olvidar la negativa danesa -por vía parlamentaria- a cooperar más intensamente con la UE en asuntos de justicia e interior. Sonoros golpes sobre la mesa del pacto liberal de posguerra.

Estos grandes momentos hacen las veces de campos magnéticos hacia los que se ve atraída nuestra atención. Nos los figuramos mentalmente, recreándonos antes de que tengan lugar, depositando en ellos altas esperanzas y una considerable inversión afectiva. En el caso de los referéndums de inspiración populista, se realiza en ellos la dimensión expresiva de la democracia: la sensación de ejercer una soberanía popular largo tiempo secuestrada por élites distantes. Take control back! Pero la vida no puede ser una sucesión de momentos decisivos, porque eso no es vida. De ahí que al día siguiente del referéndum empiece la ardua tarea de minimizar sus efectos. El momento populista da paso al momento realista. Y los poetas de la agitación son reemplazados por diligentes funcionarios.

Seis meses después, Gran Bretaña aún no sabe qué hacer con su Brexit. Aumenta la presión: las empresas de la City exigen concreciones sobre el pasaporte comunitario cuya pérdida les obligaría a mudarse al continente. Todo indica que el gobierno de May quiere irse sin irse del todo, algo a lo que Europa no parece muy dispuesta. Por su parte, Dinamarca intenta preservar los beneficios de la cooperación con Europol justo después de abandonar la organización. Y Suiza ha legislado sobre la inmigración comunitaria en términos que dan la razón a quienes sostienen que se ha adulterado la decisión popular original. A fin de cuentas, la decisión popular era un error.

Poesía plebiscitaria, prosa burocrática: así va el mundo. Y esta dinámica encierra una  lección para quienes sostienen que hay que derribar el orden liberal-democrático aunque no se disponga de un plan para el día siguiente. Porque si algo cuenta es, justamente, el día siguiente.