Hola, ¿qué estás buscando?

de resultados

No se ha encontrado ningún resultado

Ver más

Estrella distante

Manuel Arias Maldonado

Foto: TONY GENTILE
Reuters

Hace ya muchos años, interpelado a propósito de las críticas al Felipe González tardío, se preguntaba Rafael Sánchez Ferlosio qué significa exactamente eso de que un presidente del gobierno se encuentra “alejado de los ciudadanos”. Porque, añadía,  ¿qué tendría que hacer un dirigente para disipar esa impresión? ¿Frecuentar las tabernas?

Pues bien, lo mismo puede decirse de una Unión Europea a la que este reproche se ha dirigido con frecuencia. En realidad, ya era así antes de la crisis: las consecuencias de ésta no han hecho sino agudizar un sentimiento que ha ganado nuevos cultivadores a izquierda y derecha. Que la UE carezca de una cabeza reconocible dificulta, por añadidura, que baje a las tabernas. Por ello, su sexagésimo aniversario puede describirse como una aguda crisis afectiva que produce los correspondientes efectos sobre la legitimidad de las instituciones. Populistas, nacionalistas, conservadores, anticapitalistas: en solitario o exhibiendo insólitos solapamientos, los antieuropeístas de todas las confesiones atizan la rabia popular contra el monstruo tecnocrático europeo. Un retrato distorsionado à là Francis Bacon que los gobiernos nacionales han contribuido a dibujar cargando contra Bruselas en nombre de la soberanía nacional.

¡Proyecto de élites para las élites! Pero pregunte usted en 1957 a un campesino francés si quiere compartir soberanía con un abogado alemán. De hecho, la Unión Europea es el perfecto ejemplo del dilema del organizador: quien toma la iniciativa para hacer algo será objeto de las críticas feroces de aquellos que no harían nada en ningún caso. Por decirlo en términos más técnicos, el proyecto europeo demuestra qué fácil es forjar coaliciones negativas entre actores de veto incapaces de presentar alternativas viables. Y que, con desesperante frecuencia, cargan contra lo bueno en nombre de lo mejor.

No será fácil que Europa se aproxime a los ciudadanos. Se trata de un proyecto racional que no se deja sentimentalizar fácilmente. A su favor están los datos; en contra, la facilidad con la que simboliza el status quo cuyo derribo promete acceso a la nación soberana y protectora. Es una ilusión, pero de ilusiones se vive. En realidad, por supuesto, son los ciudadanos los que están alejados de Europa y no al revés. Pero saberlo tampoco sirve de mucho: solo servirán -cínicamente- los resultados.

Continua leyendo: Zinteta, la artista que devuelve las estrías a la belleza

Zinteta, la artista que devuelve las estrías a la belleza

Redacción TO

Foto: @ZINTETA
Instagram

La artista e ilustradora española Cinta Tort Cartró, nacida en Barcelona en 1995, ejemplifica el espíritu emprendedor y autodidacta de su generación, la Generación Z. Gracias a sus creaciones, algunas controvertidas pero sin duda certeras, ha logrado protagonizar artículos de importantes publicaciones extranjeras como The Daily Dot o Huffington Post, por citar algunas.

Obsérvalas, léelas, descúbrelas y ámalas. Estrías 💛💚❤️💜💙 Des de bien pequeñitxs nos hacen odiar todo aquello que tenemos en nuestro cuerpo e intentan constantemente que eliminemos todo aquello que para ellos no es normal: las manchas, las pecas, los pelos, y un sinfín de cosas más, y… las estrías. Las estrías son aquellas marcas que muchxs de nosotrxs tenemos en la piel. Me pasé años odiándolas e intentando encontrar una manera de eliminarlas, hasta que me dí cuenta que si no las aceptaba no me estaba aceptando a mi misma. Hace unos pocos años que he empezado a trabajar el amor propio y a aceptar y ver todo lo que hay en mi cuerpo. Aceptar todo esto es aceptar tus raíces, tu historia, todo lo que hay en él y, al fin y al cabo, aceptarte a ti misma. Las estrías son parte de nuestra esencia, nuestros momentos, de nuestras vidas, de nuestras historias y de nosotrxs. Son tan bellas que no se como a veces consiguen que las odiemos. Observarlas es terapéutico. No dejas que se metan con todo lo que tienes y todo lo que eres. Quererse es un acto revolucionario.

Una publicación compartida de ¿ Cinta Tort Cartró (@zinteta) el

M'agrada quan ens abracem 💜 #abrazos

Una publicación compartida de ¿ Cinta Tort Cartró (@zinteta) el

#manchoynomedoyasco (Més respecte, si us plau)

Una publicación compartida de ¿ Cinta Tort Cartró (@zinteta) el

#estrías 💜💖❤💛💚💙 Cada unx de nosotrxs es diferente y, a la vez, cada cuerpo es de una forma u otra y tiene su propia esencia y energía. Hay muchos tipos de cuerpos, igual que hay muchos tipos de estrías. De eso me dí sobre todo cuenta el día que hice estas producciones. Pintando a Yacine, a Mònica y a Roser observé detalladamente su piel, la delicadeza que había en ella y, a la vez, la belleza y la esencia que estas escondían. Hay personas con más o menos estrías, con estrías muy gruesas, menos, o más o menos marcadas, y en esto, en la diversidad, hay la riqueza. Las estrías de Yacine me llamaron mucho la atención, pequeñitas, poco palpables a primera vista y verticales, era la aventura de descifrar todo lo que ellas escondían. Todos los cuerpos tienen (más o menos) manchas, pelos, pecas, estrías, curvas, rectas, heridas, arrugas… y todos son igual de válidos. Ya es hora de que empezemos a amar el nuestro porque, al fin y al cabo, esta es nuestra herramienta de comunicación con el mundo. Y si no nos gusta la herramienta que utilizamos para ello, dificilmente podremos sentirnos libres. Una vez más: quererse es un acto revolucionario. 💜

Una publicación compartida de ¿ Cinta Tort Cartró (@zinteta) el

La propuesta que ofrece Zinteta en la red, y que le ha labrado una importante base de 30.000 seguidores que suma y sigue, es arriesgada a la par que reivindicativa. Según sus propias palabras, este proyecto creativo feminista nació porque “sometida a situaciones machistas” vio que “una buena manera de poder luchar contra ellas era visibilizándolas a través del arte”. Muchas de esas situaciones son los propios cánones de belleza que imponen industrias como la de la moda, en la que elementos naturales del cuerpo de cualquier mujer, como las propias estrías, se esconden ante la mirada de millones de personas. Esas estrías Zinteta las pinta de colores para devolverlas a la belleza, para hacerlas visibles e incluso destacarlas. Además, también visibiliza otras ‘vergüenzas’ para que no sean tales, como la menstruación. Lo hace a través de “Mancho y no me doy asco”, uno de sus más recientes proyectos artísticas.

#manchoynomedoyasco

Una publicación compartida de ¿ Cinta Tort Cartró (@zinteta) el

#manchoynomedoyasco Hola a todxs. Gracias. Estos dos últimos días han pasado cosas muy "heavys". Antes de ayer me hicieron una entrevista desde Nueva York y ayer me encontré con un artículo en la red sobre mi trabajo, aluciné. Pero hoy… esta mañana, me he encontrado con un artículo sobre mi trabajo en la edición digital de Metro Newspaper (UK). Y lo más gracioso es que me ha dado por buscar mi nombre (Cinta Tort Cartró) en google y me he encontrado con mogollón de artículos que hacían referencia a mis producciones, artículos en mogollón de idiomas… lo estoy flipando y creo que no voy a ser consciente de ello durante unos días. Espero que llegue a muchas personas y que puedan reflexionar sobre toda la lucha que hay en esto. Estoy muy feliz, la verdad que estoy muy en shock y no se muy bien que decir. Un gracias queda pequeño. Un gràcies es queda molt petit💜🌱

Una publicación compartida de ¿ Cinta Tort Cartró (@zinteta) el

💗 #manchoynomedoyasco

Una publicación compartida de ¿ Cinta Tort Cartró (@zinteta) el

Part II. Emoción a flor de piel. Estoy en shock. GRACIAS. THANK YOU 💜🌱

Una publicación compartida de ¿ Cinta Tort Cartró (@zinteta) el

Sus piezas e ilustraciones abarcan la exploración de la mujer, la identidad sexual y el género desde un punto estéticamente llamativo. Quédate con su nombre, porque esta jovencísima ilustradora dará mucho que hablar.

More about International day against homophobia, transphobia and biphobia #IDAHOT

Una publicación compartida de ¿ Cinta Tort Cartró (@zinteta) el

Faltan abrazos. Prints disponibles.

Una publicación compartida de ¿ Cinta Tort Cartró (@zinteta) el

Continua leyendo: La Transición española terminó con Barcelona 92

La Transición española terminó con Barcelona 92

Cecilia de la Serna

Foto: EFE
EFE

Casi 17 años separan la muerte de Franco en el 75 y la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, que este 25 de julio celebran sus bodas de plata. En esos 17 años, España se esforzó por abrirse al mundo, por dar a entender que los años más oscuros de la dictadura franquista eran algo del pasado y, en definitiva, por parecer algo menos paleta. La gran oportunidad de hacerlo llegó en 1992, gracias a la trascendencia internacional de grandes eventos como la Expo de Sevilla y, especialmente, por la celebración de los Juegos Olímpicos en la ciudad condal.

La Transición española terminó con Barcelona 92
Las mascotas de la Expo 92 de Sevilla, “Curro”, y de las Olimpiadas de Barcelona 92, “Cobi”, posaban juntas en el recinto de la Exposición Universal de Sevilla. | Foto: Efe

De camino al sueño olímpico

El propio recorrido de Barcelona hasta ser sede olímpica es una muestra de la voluntad conjunta de enseñar al mundo una España diferente, más moderna y libre. Frente a Barcelona competían otras ciudades, algunas entonces con más nombre y peso como París o Ámsterdam, que sin embargo no lograron batir a lo que representaba el milagro español post franquista.

Antes de 1992, Barcelona había sido candidata para los Juegos Olímpicos de 1924, 1936 y 1940, candidaturas de las que había salido sin pena ni gloria. Narcís Serra, quien ocupó la alcaldía barcelonesa del 79 al 82 -años clave de la Transición-, fue el que inició un proceso que pasó, primero, por la autorización del rey Juan Carlos I y, después, por la aprobación popular en masa de los barceloneses. El sueño olímpico fue transformándose en una probabilidad muy clara gracias a la euforia generalizada y a una importante trama diplomática.

Por entonces presidía el COI el español Juan Antonio Samaranch, quien sin duda jugó un papel fundamental en la elección final de Barcelona para acoger el evento más grande del planeta y quien, después de la clausura, llegó a afirmar que habían sido los mejores Juegos de la era moderna. Fue él el encargado de anunciar en Lausana, en un perfecto francés, que la segunda ciudad más grande de España organizaría los Juegos tras una no muy apretada lucha con la capital gala. Ya estaba hecho, y Barcelona se tornó en una fiesta. El comité de la candidatura voló rápido de vuelta hasta el Prat para poder festejar con los barceloneses este gran hito por las calles de la ciudad. “Aquello que es bueno para Barcelona es bueno para Cataluña y aquello que es bueno para Cataluña es bueno para España”, gritó al mundo el entonces alcalde de la ciudad condal, Pasqual Maragall. Todos incluidos, todos contentos. Desde los que formaron parte de ese comité inicial recuerdan a menudo que la idea que primó es que fueran los Juegos los que estuvieran al servicio de Barcelona, y no al revés.

España mira cara a cara al mundo

El reto que presentaba la celebración de estos Juegos era mayúsculo. Por un lado, la organización española debía ser capaz de mostrarse segura y seria, superando todos los clichés que allende de nuestras fronteras tenían –y todavía mantienen- sobre los españoles, y por otro debía ser capaz de sorprender al mundo. No es de extrañar que la organización del evento invirtiera tanto tiempo, esfuerzo y dinero en crear un auténtico espectáculo de primera para inaugurar y clausurar los Juegos Olímpicos. Barcelona debía mostrarse como es, sin complejos, para poder maravillar al mundo. Y lo consiguió.

No es casualidad que la gran ceremonia la dirigiera un publicista. Luis Bassat, fundador de la prestigiosa firma publicitaria Bassat, Ogilvy & Mather en España, fue el responsable de crear una inauguración que terminó convirtiéndose en “el spot más largo y mejor de mi vida”, en sus propias palabras. Se trataba, efectivamente, de venderse. No es baladí, ya que la exitosa organización de estos Juegos originó el boom turístico de la ciudad condal que en la actualidad le está pasando una factura desmesurada.

Las malas lenguas dicen que el encendido del pebetero, que se hizo a través del lanzamiento de una flecha por parte de Antonio Rebollo, estuvo trucado. Sin embargo, poco parece importar lo que las malas lenguas dicten, ya que esa imagen quedará siempre para la Historia.

Los seis grandes momentos deportivos de Barcelona 92

Deportivamente hablando, los Juegos de la XXV Olimpiada destacaron por ser un auténtico torbellino de emociones, inesperadas medallas y por suponer la mejor marca en el medallero histórico de España, con 22 metales en su haber. En total fueron 7.555 deportistas -de los que 3.008 eran mujeres- los que representaron a las 71 naciones que participaron. Además, por primera vez en muchas ediciones, ninguna nación intentó boicotear el evento.

La Transición española terminó con Barcelona 92 3
El ‘Dream Team’ del baloncesto norteamericano celebra su oro frente a Croacia. | Foto: Ray Stubblebine / Reuters

Quien destacó por encima de todos no fue un atleta, sino un equipo: el Dream Team, la selección estadounidense de baloncesto liderada por las ya leyendas Magic Johnson, Michael Jordan y Larry Bird. Este conjunto que se estrenaba en unos Juegos Olímpicos -se admitió por primera vez la participación de jugadores de la NBA-, logró 117 puntos de promedio en 8 partidos y ganó la medalla de oro derrotando en la final a Croacia, y atrajo además toda la atención de la Villa Olímpica.

La Transición española terminó con Barcelona 92 2
El entonces príncipe Felipe abandera la delegación española en Barcelona. | Foto: EFE

El ahora rey Felipe VI fue el abanderado español en la ceremonia inaugural, ya que participaba en la clase soling de vela, pero el atleta español que destacó por encima de todos fue Fermín Cacho. Gracias a su oro logrado, con gran sorpresa, en los 1.500 metros de atletismo, Cacho se ganó el respeto de sus competidores y el cariño de los españoles.

Otro momento deportivo que sigue en la retina de muchos es el denominado ‘espíritu de Redmond’. No lo hace por ser un extraordinario alarde de talento o fuerza, sino por encarnar el verdadero espíritu olímpico: nunca te rindas. Este atleta británico era uno de los favoritos para el podio de los 400 metros lisos, pero no pudo llegar siquiera a la final. A mitad de carrera de la semifinal, Redmond se lesionó y cayó al suelo, tras lo que se levantó y recorrió entre lágrimas los metros que le faltaban para llegar a la meta. Su gesta fue recordada por el COI con ocasión de los pasados Juegos de Río.

En atletismo volvió a reinar Carl Lewis, que ganó el oro en salto de longitud y en el relevo 4×100. El ‘Hijo del Viento’, uno de los mejores atletas de toda la Historia, no defraudó en la cita olímpica de 1992, a la que llegó ya con 31 años.

También destacó el nadador ruso Alexander Popov, que ganó los 50 y 100 metros estilo libre. La atleta etíope Derartu Tulu consiguió otro de los grandes hitos deportivos de Barcelona 92 gracias a su triunfo en los 10.000 metros, convirtiéndose en la primera atleta africana en llevarse un oro.

Cada uno de estos momentos suponen leyendas y récords -a veces ya superados, y es que en 25 años hay tiempo para batir cualquier marca-, pero sobre todo suponen la historia narrada de unos Juegos que marcaron un antes y un después en el deporte de élite mundial.

Iconos de una generación

La celebración de unos Juegos Olímpicos suelen trascender lo meramente deportivo. En Barcelona, esta máxima se hizo evidente. Los iconos de Barcelona 92 fueron los iconos de toda una generación. Desde Cobi, la mascota creada por el diseñador español Javier Mariscal y que todavía protagoniza el merchandising de los más nostálgicos, hasta canciones como Barcelona -interpretada por Montserrat Caballé junto al ya por entonces fallecido Freddie Mercury– o Amigos para siempre, esa rumba catalana de los Manolos que cerraron por todo lo alto los Juegos.

Con atletas, canciones, mascotas y un sinfín de anécdotas, Barcelona 92 supuso un punto de inflexión en la última década del siglo XX español. El mundo tuvo la oportunidad de redescubrir una España que ya abrazaba a Europa desde la Comunidad Económica Europea, y que sin complejos se erigía como un puerto para la cultura y el deporte globales. Los que no tuvimos la ocasión de disfrutar de estos Juegos -o que lo hicimos con apenas un añito de edad- debemos rescatarlos con una nostalgia impostada. Los historiadores no atinan aún en coincidir en una fecha clave para el fin de la Transición española -desde el 23F hasta el primer gobierno de Aznar hay opiniones para todos los gustos-, pero si una fiesta puso fin a esa Transición esa fue la de Barcelona 92.

Continua leyendo: Errejón y cierra España

Errejón y cierra España

Gonzalo Gragera

Foto: PIERRE-PHILIPPE MARCOU
AFP PHOTO

Aunque la RAE, ejercicio de mérito notable, haya provocado un debate –mediático, ¡mediático!- entre filólogos, y en pleno verano, la noticia política de esta semana es el acuerdo que firmaron en el Congreso las cúpulas del PSOE y de Podemos. Un acuerdo que busca afinidad ideológica, puntos en común, entre dos partidos no tan semejantes como pudiera parecer, vista primera, al ciudadano medio. Las medidas con las que ambos partidos mostraron su colaboración son, como se puede imaginar, de carácter social; es decir, mayor prestación de becas, aumento del gasto público para contribuir al empleo entre los jóvenes, medidas de emancipación, etc. Lo que cualquier dirigente de aspiración socialdemócrata desea. Pero no todo fue concordia. La distancia llegó en cuanto se habló de Cataluña. Mejor: del referéndum que los nacionalistas e independentistas catalanes plantean para el 1 de octubre. Las discrepancias, siempre presentes entre ambos partidos en cuanto el derecho a decidir decide aparecer, son, por ahora, insalvables. Ante estas diferencias respecto del nacionalismo catalán, optan por el silencio: lenguaje que en la política, al igual que en la literatura, es clave para entender una parte del todo.

El coqueteo de Podemos con las formaciones nacionalistas, y sus intereses, es de sobra conocido. Jamás se han pronunciado sobre las dos preferencias que permite el asunto, aunque seamos fan de la casuística y de la alternativa: o se está por el cumplimiento de los preceptos constitucionales o se está por el referéndum, que es la vulneración de la legalidad vigente y la apuesta por el juego del arbitrio de un partido, de hago esto porque me da la gana, sin respeto ni consideración a los límites de la norma. De esa tímida postura, ellos, tan vehementes y convencidos en otras, estos lodos. O estos desacuerdos. La oposición conjunta con el PSOE, un camino que bien podría traer votos y escaños, y lo más importante, progreso, se torna un imposible.

Sobre nacionalismo, patriotismo y sus formas ha hablado Errejón, quien sigue a la sombra del pensamiento de su partido, acaso el papel más interesante en el poder. ¿Alguien dudaba de que su figura iba a ser sustituida o desplazada? Errejón ha propuesto un patriotismo fuerte y desacomplejado desde ideas progresistas y democráticas. Lo que se percibe de estas inclinaciones, dada la trayectoria, es una llamada al patriotismo como un elemento de cohesión populista. Como lo fue en el peronismo. Como en aquellas marchas de la dignidad, perfectamente orquestadas en tiempo y forma. Un valor, dignidad, al que le atribuimos un referente, nuestras siglas. Por tanto, quien no apoye esa manifestación no estará a favor de un valor como la dignidad, valor que representa, en el ideario de Podemos, su partido. Aunque sea, evidente, universal y ajeno a una determinada política. Con la idea de patriotismo de Errejón sucedería algo similar: ellos representarían el valor de España, del pueblo –el apelativo cursi e idealista de sociedad-, enfrentado con otros que han ensuciado, corrupción y paro mediante, su nombre.

Raro es el populismo que convence sin un elemento nacionalista o de patriotismo emocional. La patria como propiedad de un pueblo que se encuentra en un eje opuesto al de una casta de dirigentes que han llevado a su nación al abismo. Errejón lo sabe. Y va a empezar, se masca la estrategia, por ahí. Más aún cuando necesitan despojar su prejuicio patriótico en relación con un PSOE que le pide una vuelta de tuerka, con K. Errejón es un inamovible, una santidad de su cúpula. Ahora que se acercan las fiestas de Santiago, habrá que cambiar la popular consigna medieval: Errejón y cierra España. O cierta España.

Continua leyendo: La novela siciliana de Miguel Blesa

La novela siciliana de Miguel Blesa

Antonio García Maldonado

Foto: SERGIO PEREZ
Reuters

Es mítica la visita que en El Padrino II hace el abogado de la familia Corleone, Tom Hagen, a un pentito Frank Pentangelli apunto de hablar ante el tribunal que investiga a la Mafia siciliana en Estados Unidos. Pentangelli es un hombre protegido por las autoridades, por lo que sólo cabe apelar a su (mala) conciencia.

–Siempre te ha interesado la política, la historia. Ya hablábamos de la trascendencia de Hitler en el 33 –arranca Hagen.

–Sí, sigo leyendo, tengo un montón de libros.

–Tú fuiste de los pioneros… De los que soñaban con que la familia debería organizarse. Y copiasteis mucho las antiguas legiones romanas, jefes y soldados… Aquello funcionó.

–Sí, desde luego que funcionó, eran días gloriosos aquellos, y nosotros el Imperio Romano, la familia Corleone era un Imperio Romano…

–Sí… Lo fue… Frankie, si fallaba un complot contra el emperador, los conspiradores tenían una oportunidad para que sus familias conservaran sus bienes.

–Sí, pero sólo los ricos, Tom. Los pobres lo perdían todo, se lo quedaba el emperador… a no ser que fueran a su casa y se suicidaran, así no ocurría nada y sus familias… sus familias tenían resuelta su vida.

–Sí, una solución buena… Única.

Mi hermano Rafa me ha recordado esta escena al calor del suicidio de Miguel Blesa. Algunos hechos no muy distintos han sucedido en Majer, el territorio imaginario de sus novelas. El hermano del expresidente de Caja Madrid fue notario en nuestro pueblo, donde se le recuerda como un hombre íntegro, cabal, cercano. Firmó muchas de las hipotecas que concedían los bancos –entre ellos Caja Madrid– durante la obnubiladora burbuja inmobiliaria que late de fondo en la muerte de su hermano. Uno no puede dejar de pensar en el sufrimiento que el comportamiento de Blesa causó en su familia, y en el postrero intento del vilipendiado banquero por expiar inútilmente sus culpas. No hay juez más severo que la propia conciencia, y Blesa gritó con su suicidio que un tal Hagen iba a visitarlo cada día, y que si iba y le zarandeaba, es que aún era un ser humano digno de pena. Su desesperación y el ocultamiento de su hundimiento –como confirma la familia– nos hacen pensar en el arrepentimiento, y esa es quizá la última muestra de humanidad de hombre que no dio demasiadas muestras de ellas durante muchos años.

Las circunstancias de su suicidio también hablan: vuelve de noche a la tierra que le vio nacer, sin equipaje, desayuna con los amigos y, antes de desaparecer de la escena con una mala excusa relacionada con su coche, le da el número de móvil de su mujer a uno de los amigos congregados en el coto de la sierra. “Por si tienes que llamarla”, le explica. Ha contado un psiquiatra en la radio que la vuelta a un lugar querido es un patrón de conducta habitual en los suicidas. Recuerda a algunos pasajes y a la atmósfera de ciertas novelas de Leonardo Sciascia. Un lugar apartado, personas poderosas y búsqueda de un sentido, como en Todo Modo, una de las novelas más conocidas del siciliano, llevada al cine en 1976 por Elio Petri, con Marcelo Mastroianni en el papel protagonista.

Y, cómo no, también parece un caso del comisario Montalbano, el policía siciliano creado por Andrea Camilleri, nacido en Porto Empèdocle, cerca de Agrigento, el pueblo de Sciascia y de Luigi Pirandello. Los lectores de su saga –y los seguidores de la estupenda serie de la RAI que la adaptó para la televisión– sabemos del gusto del policía de Vigàta por los casos que trascienden el propio hecho de la muerte violenta, por los sucesos que retratan un momento histórico convulso o un estado del alma. Este sería uno de esos casos que le atraparían hasta la insania. Montalbano ha visto a más de un retornado a Sicilia para vivir sus últimos días, a más de un corrupto o un mafioso con mala conciencia, a más de un suicida inesperado. El comisario, hombre duro y hosco, es incapaz de evitar un último gesto de pena y lamento por ellos. Es el personaje de ficción que más se me parece al ideal del “ironista melancólico” que reclama Manuel Arias en La democracia sentimental.

Una condena judicial con obligaciones pecuniarias, multa y cárcel habría reparado a muchos, a demasiados. Pero su mala conciencia –que no su consecuencia extrema, el suicidio– nos repara, aunque sea mínimamente, a todos.

TOP