El Subjetivo
Fakt you!
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02.01.2017 Tal es el grito de guerra propuesto por Stefan Schmitt en Die Zeit contra el auge contemporáneo del posfactualismo: un contraataque basado en el señalamiento obstinado de los hechos ante quienes se empeñan en devaluarlos. Se trata de una propuesta voluntariosa y quizá no haya muchas más en la despensa. No obstante, otra posibilidad parece abrirse en la política española: la realización práctica de aquello que se niega en el discurso. Es como si la facticidad entrase por la puerta de atrás, por ser la única que se le ha dejado abierta. Así sucede con el despliegue de una Gran Coalición de facto y no de iure, parlamentaria antes que ejecutiva, que hoy como ayer constituye la única posibilidad de gobierno en nuestro país a la vista de los resultados arrojados por dos elecciones generales consecutivas. Habríamos podido llegar antes hasta aquí, pero no podemos decir que nos hayamos aburrido por el camino.

No hace falta puntualizar que la coalición de facto que despliegan en el Parlamento PP y PSOE, con la valiosa ayuda de Ciudadanos y el posible añadido del PNV, se diferencia en aspectos importantes de una Grosse Koalition formal a la alemana, donde ambos partidos comparten tareas de gobierno con arreglo a un programa minuciosamente pactado por conservadores y socialistas. Sin embargo, ambas comparten lo esencial: la voluntad de entendimiento entre los partidos mayoritarios en una coyuntura que así lo exige. Se sobreentiende que el partido más débil de los dos, en ambos casos el socialista, asume un mayor riesgo; pero por eso hablamos de una solución excepcional. Aunque potencialmente más inestable, la ventaja de nuestra coalición informal es que resulta más flexible y facilita la escenificación de los desacuerdos a tiempo para la próxima campaña electoral. Es cierto que no resulta excitante ni sexy, pero quien busque emociones fuertes siempre puede ir al cine.

Tras las elecciones de diciembre, algunos reclamamos ingenuamente una Gran Coalición capaz de dar a España estabilidad política y soluciones modernizadoras. Se adujo en contra que el sistema de partidos colapsaría, por falta de alternativas percibidas. Y aunque no pueda descartarse aún que así suceda, el riesgo hoy parece menor. A fin de cuentas, las nuevas realidades producen su propia ideología: la literatura comparada no siempre sirve para anticipar sus efectos. Por lo demás, el entendimiento entre PP y PSOE puede resultar beneficioso para la democracia española en un sentido amplio: supone un ejercicio de madurez que deja a un lado el infantilismo partisano (cuyo eslógan bien podría ser el célebre no es no del sanchismo), modera una cultura política demasiado inclinada al antagonismo irremediable, revaloriza el parlamento como espacio para la deliberación y la negociación (retratando a quienes se niegan a participar en ese proceso), y, al menos hasta el momento, ofrece un prometedor balance reformista. ¡Otra política es posible! Para un sistema político que iba cambio del precipicio, tampoco está mal.

Mucho dependerá de la capacidad de los implicados para sostener una colaboración eficaz y persuasiva; el rumbo puede torcerse en cualquier momento. Pero quienes andaban afinando las trompetas del apocalipsis, mejor harán en guardarlas en el estuche.