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Supremacismo catódico

Manuel Arias Maldonado

Si de conversaciones de sobremesa se trata, nada peor que no estar al día. Y nadie está menos al día, de un tiempo a esta parte, que quien carece del conocimiento suficiente sobre la producción televisiva contemporánea. ¡Imperio de las series! Semejante infeliz apenas puede meter baza, y habrá de callar mientras se desenvuelve el debate sobre cuál es la serie verdaderamente imprescindible que uno no puede, bajo ningún concepto, perderse. Bien es verdad que siempre habrá alguien más avezado que los demás, un connoiseur capaz de sentenciar sin vacilación que, si no se ha visto la última producción alemana sobre las mafias del puerto de Hamburgo, no se ha visto nada. En cualquier caso, un conocimiento básico que vaya más allá de las perogrulladas habituales sobre The Wire (“cumbre indiscutible”), True Detective (“la segunda no vale nada”) o Borgen (“refleja la política tal cual es”) resulta inexcusable antes de salir a la calle. Por algo tiene dicho Daniel Gascón que las series televisivas han terminado por convertirse en parte de la conversación culta de nuestro tiempo: o estás dentro, o te quedas fuera. Aunque reconózcase, a cambio, que se trata de una temática bastante más inclusiva que el nouveau roman o los elementos fundamentales del materialismo histórico: lo que hemos perdido en sofisticación, lo ganamos en democracia.

Bien está. Hay productos televisivos excelentes que sirven para iluminar, con las herramientas propias del medio, nuestra condición y nuestra época. Es además innegable que estas ficciones poseen una acreditada capacidad para capturar nuestra atención una vez que ponemos el ojo en ellas. Sobre eso, no hay duda. Pero lo que de ningún modo cabe seguir aceptando es la condescendiente afirmación que a menudo las acompaña, a modo de guinda sobre su pastel: que han terminado por superar a su hermano mayor, el cine. ¡Hasta ahí podíamos llegar! Podemos entender las premisas: entregado Hollywood al trapicheo de las secuelas, se diría que el talento ha emigrado a la televisión y ésta ha empezado a producir “películas de varias temporadas” mejores que las películas de siempre. Podemos aceptar las premisas, sí, pero no la conclusión.

Ya que el cine es y seguirá siendo una forma artística de superior complejidad y mayores posibilidades expresivas, liberada como está de las exigencias dramáticas de la ficción televisiva y dueña de unos recursos visuales que esta última no puede sino desperdiciar, por razones que atañen a su propia naturaleza serial y a la necesidad de uniformizar el trabajo de varios directores. ¿Acaso ha dado la televisión alguna imagen comparable a aquellas que jalonan la historia del cine? En modo alguno; aunque nos haya dado notables personajes, atmósferas y tramas narrativas. Pero sucede que el cine se liberó hace tiempo de la tiranía del guión y de ahí que las series no puedan rivalizar con su capacidad -desde luego no siempre cumplida- para la creación de imágenes. Juan Francisco Ferré, él mismo gran consumidor de series, lo ha expresado así:

“No es extraño, por tanto, que todos aquellos para los que el cine se reduce a una buena historia contada en imágenes sometidas a las necesidades narrativas básicas encuentren hoy en el medio televisivo satisfacción absoluta. Nunca entendieron lo que es el cine” (Así en el cine como en la vida, Excodra Editorial, 2015).

Nada de esto significa que las series hayan de ser menospreciadas. ¡Al contrario! Pero hay que juzgarlas con arreglo a lo que son, sin pedirles aquello que no pueden darnos ni ver en ellas lo que no son. Deshagámonos este año, pues, de una idea innecesaria: el supremacismo catódico. Y, como reza el título de una sitcom formidable, moderemos nuestro entusiasmo.

Un poli de plástico para la policía de Río

Melchor Miralles

Foto: YASUYOSHI CHIBA
AFP PHOTO

Buceo en las cloacas de Río de Janeiro, cuerdo de atar, siguiendo los pasos del hombre que no fue. Sorteo transeúntes por las favelas. Transito por una ciudad con elevado índice de delincuencia. Pero en dos días no me he cruzado con un solo policía por las calles. Me extraña. Mucho. Y me topo con lo increíble, lo insólito, que es el culmen del periodismo.

Me acerco con mi equipo, pertrechados de cámaras de televisión, focos, micros y esas cosas, a la sede de la Policía Federal de Río de Janeiro. El corazón de la lucha contra el crimen, que aquí es cosa seria. Fuera del edificio no hay ni un agente. Entro. Solicito a un funcionario en un mostrador un portavoz para que me aclare cosas. Doy con un policía uniformado. Me dice que me olvide, que llevan seis meses de huelgas parciales y que no habla ni Dios. Cero posibilidades.

Educado, pregunto si podemos grabar en el exterior, imágenes del edificio. Y una entrevista. Me dice, literal: “el jefe se ha ido a comer. Tienes dos horas para grabar lo que quieras”. Salgo. Tiramos de cámaras. Y veo a un policía en la garita de entrada de vehículos. Me acerco a ver si me cuenta algo. Y me quedo de piedra.

Un poli de plástico para la policía de Río 1
Poli de plástico. Foto: Melchor Miralles.

Llevaba varios segundos interrogándole cuando mi operador de cámara me dice: “Hablas con un muñeco”. ¿Perdoooooooón? Y sí. Un muñeco de plástico instalado para disuadir. Y allí entraba y salía el personal, en coche o caminando. Y el muñeco ahí instalado. De plástico. O de caucho. Pero muñeco. La locura. El descojono. Lo increíble. Una samba del despropósito.

Buceo en la prensa local. En las últimas cuarenta y ocho horas no ha habido ningún asesinato en Río. No hay noticia de ningún delito grave. Igual es que los muñecos son más efectivos que los humanos. Sobre todo tienes la garantía de que no se corrompen. Brasil. Brasil. Brasil. Un carnaval del despropósito.

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Así luce Bonampak, la restaurada "Capilla Sixtina de América"

Rodrigo Isasi Arce

Foto: Inah
EFE

Restauradores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México han recuperado en su totalidad las escenas de los murales del Templo de las Pinturas del famoso asentamiento arqueológico maya de Bonampak, conocido como la “Capilla Sixtina de América”, y no es para menos, ya que las pinturas datan del año 790 y son una de las obras pictóricas más significativas y mejor conservadas pertenecientes a la cultura maya.

Su descubrimiento, como suele ser habitual en los sitios arqueológicos, se produjo de casualidad. Un venado condujo por accidente al explorador Giles Greville Healey y a su guía, el indígena lacandón Chan Bor, a dar en 1946 con los murales de Bonampak. 71 años después de que las antorchas de Healey y Bor iluminaran por primera vez estas pinturas mayas, hoy los murales lucen con todo su esplendor. Bonampak es un sitio arqueológico maya, ubicado en la Selva Lacandona, en el estado de Chiapas, en México, y muy cerca de la frontera con Guatemala. Su nombre, en vocablo maya, significa “Muros pintados“.

Así luce Bonampak, la restaurada "Capilla Sixtina de América" 1
Zona arqueológica de Bonampak, donde se encuentra el Templo de las Pinturas | Foto: INAH/EFE

Los murales se encuentran en el Templo de las pinturas formado por tres cuartos, en los que se reflejan escenas diferentes. Los colores vivos que adornan las paredes cuentan la historia de la última familia reinante de Bonampak, encabezada por el Rey Chan Muan y su esposa la Dama Conejo.

El cuarto 3 fue el primero en el que se adentraron en 1946 el aventurero estadounidense y Chan Bor, y es también la primera habitación en la que trabajan los restauradores del INAH desde 2016.  El resultado obtenido en este habitáculo es clave para  para emprender las tareas de limpieza, conservación y reintegración cromática en el otro par de cuartos, los cuales tienen una mayor cantidad de intervenciones. Los tres aposentos albergan alrededor de 250 metros cuadrados de pintura prehispánica maya.

Las pinturas del cuarto 3 giran en torno a su muro central, donde se representa una escena del gobernante junto a su familia realizando un autosacrificio, y que es el leitmotiv del resto de las representaciones pictóricas de la sala en las que se pueden ver la ceremonia de victoria con dirigentes, músicos, danzantes y prisioneros de guerra. El cuarto 2 representa la batalla del 2 de agosto de 792, la victoria de Bonampak y la presentación de los prisioneros, mientras que el cuarto 1 acoge unas pinturas del gobernante Yajaw Chan Muwan II acompañado por sus esposas y presentando un niño pequeño, que podría ser el futuro heredero. Sin embargo, todavía quedan unos años por delante hasta que los arqueólogos consigan restaurar por completo estas dos salas y dotarlas del mismo esplendor del que ya goza el cuarto 1.

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Uno de los murales del Templo de las Pinturas | Foto: INAH/EFE

La doctora Diana Magaloni, ex directora del Museo Nacional de Antropología, asegura al INAH que “la amplia gama cromática usada por los pintores de Bonampak es sorprendente; encontramos hasta 28 mezclas de pigmentos que reflejan distintas calidades del mundo natural”. El color azul, por ejemplo, “presenta cuatro fórmulas distintas, y por tanto tonalidades, para ser aplicado como fondo de las escenas”. Y es que estas pinturas fueron realizadas mediante una compleja técnica donde, sobre un enlucido fresco de cal, se aplicaron los pigmentos en un medio de agua cal (lechada), mezclado con un aglutinante orgánico.

Al retirar poco a poco el velo blanquecino de sales que cubre la capa pictórica, el cual se retira de forma mecánica con bisturí y espátulas dentales, los restauradores van descubriendo que las escenas retratan un hecho real acaecido hace más de 1.200 años, en el periodo Clásico Tardío, una batalla que encumbró a Chaan Muan II, penúltimo gobernante de Bonampak, contra la ciudad de Sak’ Tz’i’. En la labor de restauración ningún trazo ha sido modificado o “inventado”, sólo en algunos puntos se ha utilizado la acuarela, material que es totalmente reversible, asegura el INAH. La aplicación de la técnica conocida como rigattino (a base de finas rayas) permite distinguir la intervención con respecto a la pintura original.

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Un especialista durante la restauración de uno de los murales del Templo de las Pinturas | Foto: INAH/EFE

Mediante la interpretación de estos murales prehispánicos se ha logrado conocer muchos aspectos sobre la cultura e historia de los antiguos residentes de Bonampak. Este yacimiento arqueológico fue decretado monumento nacional en 1992 y cubre una superficie de aproximadamente 4.357 hectáreas.

Cortos imprescindibles que ver en Vimeo

Redaccion The Objective

Foto: Stephane Mahe
Reuters

Logran el máximo impacto en el mínimo de tiempo, sintetizan lo complejo eliminando toda impureza innecesaria y ofrecen la droga que es el cine en una poderosa píldora de efecto inmediato. Así son los buenos cortos, e internet está plagado de ellos.

Para disfrutar del buen cine no hace falta pagar, salir de casa, ni siquiera disponer de tiempo. La cantidad y calidad de cortometrajes disponibles online aumenta cada segundo, y aunque en su gran mayoría continúan siendo invisibles para el público amante de los blockbusters, también son el indispensable caldo de cultivo que ve emerger a grandes directores de cine independiente.

A pesar de lo limitado de sus presupuestos, un sistema de distribución en salas que roza lo inexistente y la creencia generalizada de que sean un género menor, los cortometrajes demuestran una buena dosis de pasión, talento e intensidad audiovisual pueden llegar a suponer una oferta irrechazable.  Para demostrarlo, aquí una lista de cortometrajes disponibles en Vimeo que no dejan indiferente a nadie.

La Huida | Víctor Carrey

Seleccionado en más de 200 festivales y con 80 galardones en su poder, La Huída expone con agilidad diferentes puntos de vista sobre una misma narración en poco más de 10 minutos. Un corto imprescindible de la filmografía patria.

Pipas | Manuela Burló Moreno

Comedia española en estado puro. Ganador de los premios al mejor Guión y a la mejor dirección en la XI Edición del Notodofilmfest y nominado a los premios Goya 2014, Pipas ha pasado de ser un sencillo corto a convertirse en todo un clásico.

Odessa | Cidney Hue

Antes de embarcarse en un viaje de 135 años al lejano planeta Odessa, la astronauta de la misión pasa su última noche en Nueva York.  Bajo la emocionante anticipación del descubrimiento, la nostalgia de un mundo a punro de dejarse atrás.

‘Bla Bla Bla’ | Alexis Morante

“Compartir coche es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar” y si no que se lo digan a cualquier persona que haya compartido trayecto en BlaBlaCar.  El que fue uno de los cortometrajes nominados a los Premios Goya 2017, logra condensar en 3 minutos y medio buenas dosis de humor, crítica, drama y suspense.

Mother | Morgan Jouquand

Las imágenes más espectaculares de la Tierra  en apenas unos minutos. Placer visual a borbotones.

La Ruta Natural | Álex Pastor

Ganador del Festival de Sundance hace ya una década, un cortometraje plagado de significativos detalles y narrativa magistral, previo a la incursión de Álex Pastor en el largo.

El ridículo de Harvard

Jordi Bernal

Foto: Manu Fernandez
AP Photo/Archivo

Conocida y repetida es la sentencia de Tarradellas: “En política se puede hacer de todo menos el ridículo”. No parecen los políticos independentistas actuales muy dados al recuerdo del presidente que reinstauró la Generalitat de Cataluña democrática en los años de la Transición. El ridículo es su modo de actuar. Ridículo Junqueras cuando, sin ruborizarse ni abrocharse la americana por imperativo físico, afirmó que podía parar la economía catalana unos días sin más y más chulo que un pisador ubérrimo de uvas. La cara de los eurodiputados debió de ser inenarrable. No entro ya en el hecho de que Junqueras afirmara en otra ocasión que el torturador Miquel Badia fue un demócrata ejemplar. Como siempre, tratándose de Junqueras, la historia es pura mitomanía falsaria. De meapilas mixtificador, vamos. De programa bien-pagá-y-Soler de TV3.

Luego está el ministro de exteriores (sic) del estalinista Psuc Romeva. El nadador sin pelo ni Cheever que le escriba. El compañero de viaje borderline. Ahí está quejándose de que cazas españoles sobrevuelen cielo catalán. Una vez más, el flipe de los representantes europeos tuvo que ser considerable: un tipo que lloriquea porque las fuerzas armadas de su país realizan ejercicios militares en su espacio aéreo.

Si no fuera suficiente, superando a Nat King Cole 4% Arturo Mas, o sería Luther King, yo ya no sé, aparece en escena haciendo el clown uno de Gerona. Y dice, previo viaje pagado por usted y moi, que los EEUU son muy libres y España una cacicada decimonónica. Les recuerda, con apuntes de bachiller, los fundamentos de la democracia norteamericana. Sí, esa que no admite segregaciones ni deslealtades tejanas ni tonterías de pastelero. Se le olvida apuntar al convergente que, en Cataluña, se utiliza el calificativo “unionista” como estigma. Y que su Frente de Liberación Popular para un referéndum se basa en un pacto con comunistas que quieren acabar con la democracia liberal.

También se le olvida, en Harvard oh yeah y pagado por usted y moi, al pastelero de Gerona recordar que la soberanía de España, al igual que la de Estados Unidos, reside en el conjunto de sus ciudadanos. Valor de ley, si atendemos a la formación cultural puramente yanqui.

No se puede ir por la vida haciendo el ridículo, pastelero. Incluso más acá de la política.

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