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Cataluña se ha hecho fuerte

Marina Porras

Foto: ALBERT GEA
Reuters

Mañana es 1 de Octubre y parece que estas últimas semanas han sido más importantes para Cataluña que para España.

El discurso español se mueve en bucle desde hace años: la idea de que Cataluña sea una nación se hace insoportable. Los que somos independentistas sabemos que con ese argumento nos lo han justificado todo.

Hemos visto a supuestos no nacionalistas enfurecidos cuando les cuentas que Cataluña es algo más que una comunidad autónoma. Hemos visto comunistas escudarse en la idea de una Europa posnacional para no hablar de la unidad de España. Hemos sufrido la superioridad moral de los supuestos ilustrados que para evitar afirmar que se sienten españoles intentan reinventar el concepto de identidad.

Lo habitual es ser tratado con mucha suficiencia por folklórico y por aldeano. Lo del independentismo es algo que se puede defender, pero con bromitas y sin enfadarse demasiado.

Estas últimas semanas, el relato del Gobierno no ha funcionado en Cataluña. Las detenciones de miembros del Govern, las denuncias de la fiscalía, el cierre de webs y la sobreactuación de la Guardia Civil solo han expuesto la idea de que el Estado quería intimidar por la fuerza.

Ante la radicalización del discurso, muchos catalanes se han dado cuenta que tienen algo que defender ante las amenazas. Que lo que habían callado por pudor y educación necesita afirmarse para protegerse. Que la libertad se defiende, y que no saben explicarse por qué hasta ahora no habían hablado claro.

Por eso estas últimas semanas han sido más importantes para Cataluña que para España. El referéndum no ha expuesto nada nuevo pero lo ha acelerado todo. El Govern no frena ante un referéndum que será vinculante si así lo aplica el President de la Generalitat, y eso tiene consecuencias para todos.

Esto pone en una situación difícil a muchos catalanes que vivían cómodamente instalados en un discurso falsamente neutro. Pone en una situación incómoda a los que jugaban al discurso independentista sin pensar en sus consecuencias. Pone en una situación delicada a los que defienden que se puede detener a alguien por colgar carteles y hacer mítines.

Mañana es 1 de Octubre y hay miles de personas movilizadas para defender una votación. La organización es impecable desde hace semanas: hemos replicado webs cerradas, hemos creado material de campaña y hemos hecho mítines por todo el país. Mañana defenderemos que las colegios abran y se vote con normalidad.

Mañana es 1 de Octubre y Cataluña se ha hecho fuerte estas semanas. Lo bastante como para exigir a su Govern que esté a la altura de la votación que nos ha costado tanto defender.

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España 155

Manuel Arias Maldonado

Foto: FRANCOIS LENOIR
Reuters

Tenemos tiempo -hasta la noche del lunes- para reflexionar sobre el paso sin precedentes que ha dado el gobierno con la activación del artículo 155 de la Constitución: en la vida, en fin de cuentas, siempre hay una primera vez. Pero salga lo que salga a estas alturas del Parlament, difícilmente se detendrá su aplicación, a pesar del carácter disuasorio implícito en la elucidación de las medidas que con él se proponen. Siguen unas notas al respecto.

1. Se ha venido discutiendo sobre si su aplicación está o no justificada, pues se interpreta que jamás hubo declaración de independencia; la última misiva del president vendría a confirmarlo. Sin embargo, el supuesto de hecho es incuestionable: tanto la violación de la Constitución que tuvo lugar en el Parlament los días 6 y 7 de septiembre como el daño al interés general de España (y por tanto Cataluña) pueden darse por acreditados. Si no hubo declaración de independencia (aunque mal puede “suspenderse” lo que nunca se declaró), ha habido cuando menos amenaza reiterada de declararla; a lo que se suma un estado de excepcionalidad social marcado por la movilización civil y el deterioro económico, con el consiguiente daño para los derechos e intereses de los ciudadanos catalanes.

2. Por supuesto, hemos oído ya muchas cosas: que la aplicación del 155 es “un fracaso de España”; que el artículo en cuestión es puramente ornamental; e incluso que es un artículo inconstitucional. Pero el comprensible malestar que pueda producirnos a todos su aplicación no debería conducirnos a la incongruencia (un artículo inconstitucional dentro de la constitución), los buenos deseos sin concreción de alternativas plausibles (“se podía haber evitado”) o la fuenteovejunización (fracaso de todos). Hemos llegado hasta aquí porque un gobierno autonómico se ha rebelado contra el Estado y, habiendo gozado de numerosas oportunidades para dar marcha atrás, no lo ha hecho. Habría sido deseable que la larga tradición española del amotinamiento no hubiera sido recuperada por el Govern, pero eso es exactamente lo que ha sucedido. Lo demás son paños calientes.

3. También la idea de que las medidas propuestas configuran un 155 hard pertenece al terreno de los buenos deseos, pues no se ha especificado en ninguna parte qué forma adoptaría un 155 soft. ¿O acaso puede intervenirse la autonomía, para devolverla a la legalidad, manteniendo en sus funciones a quienes la han vulnerado tan gravemente? Otra vez: que una medida nos disguste o abrume no significa que sea injustificada. Tampoco tiene mucho sentido pedir más concreción al artículo 155, pues su formulación ha de ser abierta; solo de ese modo podrá el gobierno de turno dar respuesta a un supuesto de hecho susceptible de adoptar muchas formas. En este caso, el pacto entre los partidos constitucionalistas está concebido para hacer frente a algo muy serio: la apropiación independentista de las instituciones catalanas y el empleo de todos los instrumentos públicos disponibles para la promoción de un fin -la secesión- que no cabe en el orden constitucional. Salta a la vista que ese fin se ha fomentado sin pausa mediante un ejercicio de persuasión colectiva basado en la propagación de una mentira tras otra. Aunque podemos formular el problema de otra manera: ¿de qué otro modo podría entonces el gobierno del Estado, en España o Alemania, desactivar la acción de un poder autonómico en rebeldía?

4. En un sentido puramente político, la respuesta del gobierno encaja con la definición del soberano que proporciona Carl Schmitt: soberano es quien decide en un estado de excepción. En otras palabras: quien ejerce el poder efectivo cuando reina el desorden. En nuestro caso, el Estado acaba de afirmar su poder porque otro poder, el del gobierno autonómico catalán, venía afirmándose como soberano desde los primeros días de septiembre. Sucede que el poder estatal es aquí poder legítimo, pues sus acciones están amparadas por la Constitución y las leyes e incluyen un conjunto de garantías que son propias del Estado de Derecho: entre ellas, la recurribilidad ante el Tribunal Constitucional y el derecho de intervención en el Senado de representantes de la autonomía intervenida. O sea que Schmitt sí, pero menos.

5. Asimismo, se ha cuestionado que el gobierno pueda cesar al president. Pero mal podría cumplir el artículo 155 su finalidad cuando el problema que motiva su aplicación es precisamente la conducta de un presidente autonómico. Es por eso que el texto constitucional habla de “adoptar las medidas necesarias”. O sea: no tendría sentido intervenir el gobierno autonómico manteniendo al primer responsable de su extravío constitucional. Se aduce, sin embargo, que ha sido votado democráticamente. Esto no es del todo cierto en el caso del señor Puigdemont, pero aun si lo fuera el argumento descansa en una concepción algo primitiva -o bastante poco liberal- de la democracia: ¿habría de mantenerse en el poder a cualquier dirigiente elegido por los ciudadanos, haga lo que haga con el poder que los votos le han conferido? Esto no lo admitía ni el iusnaturalismo medieval, que confería informalmente a los súbditos el derecho de rebelión allí donde el príncipe se convirtiera en tirano. Vox populi, vox dei? Ante el auge populista, volvemos siempre a la misma pregunta. Y a la misma respuesta: por supuesto que no. Esa implacable profesora que es la Historia nos ha enseñado de mil formas distintas que no puede sacralizarse la decisión popular. De ahí las cautelas contramayoritarias que distinguen a las democracias liberales: desde la división de poderes al imperio de la ley. Y es que ningún mandato democrático puede justificar un comportamiento destinado a vulnerar de manera grave el orden constitucional. Sea cual sea la cantidad de gente que salga a la calle para gritar lo contrario.

6. Con todo, una cosa es la pregunta sobre la oportunidad del artículo 155 y otra la pregunta sobre su eficacia. ¿Servirá para resolver el explosivo problema que tenemos entre manos? Se trata, me parece, de un debate distinto que no admite conclusiones tajantes; nadie lo sabe. Desde luego, el artículo no fue pensado sino para situaciones como ésta; que la ocasión misma se haya presentado es prueba irrefutable de su necesidad. Si bien se mira, solo cabía una alternativa: seguir esperando a que la situación alcanzase el grado de putrefacción. Pero ni la sociedad española ni la catalana podían seguir de manera indefinida pendientes de la conducta de un govern que ha perseguido -explícita y abiertamente- un objetivo inconstitucional, ilegal e ilegítimo. Esto hay que recordarlo: se trata de un derecho inexistente para cuya promoción se han capturado las instituciones del autogobierno catalán y una parte nada desdeñable de sus presupuestos públicos. Por supuesto, hay riesgos: desde el posible desorden público al resultado de las futuras elecciones autonómicas. Pero esos riesgos se derivan de la naturaleza misma del fenómeno secesionista y el gobierno, junto con los partidos que lealmente lo apoyan, no tiene más remedio que afrontarlos. Si es posible, con los ciudadanos detrás: porque ciudadanos concernidos somos y no meros observadores externos.

Son días vertiginosos, porque vértigo produce asomarse al abismo. Para algunos, la aplicación del artículo 155 supone de hecho arrojarse al vacío. Puede ser. Pero quizá algún día se vea como el primer paso atrás que evitó la caída: la de todos. Pronto, queramos o no, saldremos de dudas.

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Palabras que valen más que mil imágenes

Carlos Mayoral

Foto: JUAN MEDINA
Reuters

epónimo, ma

adj. cult. Dicho de una persona o de una cosa: Que tiene un nombre con el que se pasa a denominar un pueblo, una ciudad, una enfermedad, etc.

El otro día, mientras hojeaba el libro ‘50 fotografías con historia’ que edita Signo Editores (recomendadísimo), me dio por pensar en la extraordinaria habilidad que tienen algunos nombres para permanecer en el recuerdo, anclados en una imagen. Algunos, incluso, traspasan el objetivo para colarse en los diccionarios, quedándose para siempre en el imaginario popular. Son los llamados epónimos, y no descarto que por culpa de este contexto que hoy pisamos heredemos un “rajoyesco”, un “puigdemontar”, o vaya usted a saber. Vivimos en un mundo que cada día tiene más capacidad de asimilar epónimos, sobre todo si el que lo inspira es un personaje que transmita surrealismo, absurdez, locura, irracionalidad, insensatez. Así que, mezclando epónimo y contexto, me dispuse a buscarle título a esta columna. Rápido surgió la primera opción, que rezaba: “Política kafkiana”. Si kafkiano es, según la RAE, “Dicho de una situación: Absurda, angustiosa”, pensé yo que con el epónimo bastaba para definir el escenario. No parecía buena idea: sobraban cerca de cuatrocientas noventa palabras para completar las quinientas que me exige el editor para cobrar debidamente por un texto.

Así que intenté avanzar y, fíjense, que se cruzó por mi horizonte el siguiente encabezamiento: “Escenario dantesco”, pero de nuevo el problema se me presentó en forma de concreción. Sólo hay que echarle un ojo a la definición académica: “Que causa espanto”. Asustado por el poder de la palabra, que por sí sola estaba bastando para resumir el sindiós, decidí elegir cualquier otra, que de epónimos está lleno el mundo. Sin tardar me crucé con una nueva posibilidad en el horizonte: “Realidad maquiavélica”. En este caso, el problema era contrario, el titular se mostraba poco concreto. Dado que “El Príncipe” de Maquiavelo es un tratado para gobernantes canallas, no supe bien a cuál de los actores asignar un papel tan predominante. Fíjense que es todo tan rocambolesco, que siguen sobrando decenas de palabras. Por cierto, también hubiera sido una opción utilizar este adjetivo, “rocambolesco”, que según la Academia etiqueta a todo lo exagerado e inverosímil, palabras rabiosamente actuales, y que nos llega gracias a Rocambole, personaje creado por Ponson du Terrail, aquel novelista francés. Intentando no perderme entre escritores decimonónicos comprendí que, como en cualquier pregunta moderna, la respuesta tenía que estar en los clásicos, Así me topé, debo reconocerlo, con el epígrafe perfecto: “Futuro pírrico”. Muy certero este Pirro, que dejó escrito en el diccionario que pírrica es esa victoria que acaba con más daño para el vencedor que para el vencido. Con esta conclusión tan cruel cubrí el número de palabras exigido por el editor. Una cosa quedaba clara: hay palabras e imágenes que valen más que mil columnas.

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Llegó el 155

Melchor Miralles

Foto: Francisco Seco
Reuters

Era inevitable. Ya llegó el 155. Puigdemont y los suyos estarán celebrándolo. Han puesto todo de su parte. Ahora veremos lo que sucede. Es un artículo de la Constitución, como tantos otros, sin desarrollar, y dependerá de la resistencia que apliquen las autoridades, o sea, la Generalitat, que genere incidentes o no. Si cada uno cumple con sus obligaciones no sucederá nada más que seguirá aplicándose cada día la legislación que se han dado los catalanes.

Hay más de uno y de dos entre los independentistas que quiere jaleo, resistencia, más palos, fotos de altercados para ocupar escaparate en la prensa internacional y nacional. El papel de los Mossos d’Esquadra, de los mandos, va a ser esencial.

El Gobierno no tenía otra alternativa. Incluso es probable que haya puesto en marcha la maquinaria con retraso. El 155 no suspende la autonomía catalana, es un artículo que pretende que se cumpla la legalidad vigente. No es un Estado de sitio, excepción o guerra, como algunos quieren hacer ver. Lo que se pretende con su aplicación es que aquellas autoridades autonómicas que no están cumpliendo con sus obligaciones sí lo hagan, es, en definitiva, restablecer la normalidad democrática y garantizar que se respetan las leyes.

Si la Generalitat no desobedece, como viene siendo habitual desde hace tiempo, no pasará nada más en Cataluña que los ciudadanos tendrán garantías de que se cumplen la Constitución y el Estatuto en su territorio. Así de difícil y así de complicado, a la vez. El 155 que ya ha llegado.

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Los 'Jordis', primeros presos del proceso soberanista

Redacción TO

Foto: JAVIER BARBANCHO
Reuters

Jordi Cuixart y Jordi Sánchez. Dos personas a las que la justicia ha unido en el marco de los acontecimientos relacionados con el referéndum de autodeterminación celebrado en Cataluña el 1 de octubre, previamente anulado por el Tribunal Constitucional. Los ‘Jordis’, como ya se les conoce, se encuentran desde el lunes en la madrileña cárcel de Soto del Real acusados de un presunto delito de sedición por los acontecimientos ocurridos en Barcelona los días 20 y 21 de septiembre.

Los ‘Jordis’ se han convertido en bandera del independentismo catalán, no sólo porque ambos presiden sendas organizaciones soberanistas, la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural, sino por ser las primeras “víctimas” del “estado opresor” encarnado por el Gobierno central, según los independentistas y el Gobierno de la Generalitat.

Desde su entrada en prisión provisional sin fianza se han celebrado manifestaciones multitudinarias pidiendo la libertad de los ‘Jordis’. Incluso Amnistía Internacional ha exigido su liberación. Aunque no cuestiona el fallo del Tribunal Constitucional sobre la Ley de referéndum, ni su aplicación, considera que, “si bien convocar a manifestantes con el fin de impedir una operación policial lícita puede ser perseguido por considerarse una alteración de orden público, la presentación de cargos contra Jordi Sánchez y Jordi Cuixart por un delito grave como es la sedición y su prisión provisional constituyen restricciones excesivas de su derecho a la libertad de expresión y de reunión pacífica”.

Los 'Jordis' primeros presos del proceso soberanista

Desde la entrada en prisión de los ‘Jordis’ se han sucedido las protestas pacíficas. | Foto: Gonzalo Fuentes / Reuters

Cuixart, empresario

Jordi Cuixart, de 42 años y nacido en Santa Perpetua de Modoga en Barcelona, figura en la página web de Òmnium Cultural como presidente de la organización catalanista. Hijo de una carnicera murciana y un obrero badalonés, no terminó el BUP. Aunque esto no le impidió fundar su propia empresa: Aranow Packaging Machinery S.L., dedicada al diseño y fabricación de equipos para envasar alimentos y productos farmacéuticos.

Es miembro del Centro Metalúrgico de Cataluña -asociación patronal de las empresas de ese sector- y patrón fundador de la organización privada de empresarios FemCAT, que desde 2004 “trabaja en la elaboración de propuestas y en la generación de iniciativas que ayuden al desarrollo económico y social de Cataluña”, según su web.

Es socio de Òmnium Cultural desde 1996 y ocupó los cargos de tesorero​ y vicepresidente hasta que el 19 de diciembre de 2015, fue puesto al frente en sustitución de Quim Torra.

La organización trabaja desde hace más de 50 años como entidad de la sociedad civil “para promover la lengua y la cultura catalanas así como para difundir la voluntad de libertad de Cataluña”, según señala su portal digital.

Asimismo, destaca que cuenta con 54.000 socios y 31 sedes territoriales, “desarrolla campañas, acciones y también grandes acontecimientos reivindicativos”. Surgió en 1961 y dos años más tarde, las autoridades franquistas la clausuraron.

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Jordi Cuixart saluda antes de declarar ante la juez Lamela. | Foto: Javier Barbancho / Reuters

Desde entonces, continuaría su trabajo en la clandestinidad hasta 1967 cuando fue legalizada. El principal objetivo de la asociación era lograr que el catalán este estuviera al mismo nivel que el español. De modo que se aplicara también en el ámbito científico, los juzgados o la literatura. Hoy en día, es una de las principales promotoras del proceso independentista en Cataluña.

Intensa trayectoria de Sánchez

Jordi Sánchez fue la persona elegida para sustituir en mayo de 2015 a la actual presidenta del Parlament, Carme Forcadell, al frente de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), página que permanece cerrada por la Guardia Civil a raíz de los acontecimientos ocurridos en el marco de la celebración del referéndum de autodeterminación ilegal del 1 de octubre, del que la ANC ha sido una de sus impulsoras.

Nacido en Barcelona en 1964, es licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), donde ha sido profesor asociado. Fue también profesor de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

Antes de convertirse en presidente de la ANC, Sánchez ha tenido una intensa actividad profesional. Fue director de la Fundación Jaume Boffil, donde impulsó “diversos estudios y propuestas de mejora en las políticas públicas de educación, igualdad social y del hecho migratorio, así como diversas experiencias innovadoras en el campo de la participación ciudadana y el refuerzo de los valores democráticos”.

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Jordi Sánchez, a su llegada a la Audiencia Nacional el 16 de octubre. | Foto: Javier Barbancho / Reuters

Entre 2004 y 2006, fue coordinador y redactor de uno de los cinco ámbitos del Pacto Nacional para la Educación, concretamente el que fijó las bases del servicio público educativo. En el año 2008 fue coordinador de uno de los cuatro ámbitos del Pacto Nacional para la Inmigración.

Desde 1996 hasta 2004 fue consejero de la antigua Corporación Catalana de Radio y Televisión.

Pero su puesto más relevante fue el de adjunto del Síndic de Greuges, Rafael Ribó, desde 2010 hasta 2015.

Su participación en movimiento sociales y culturales de Cataluña se remonta a los años 80, destacando su actividad en la Crida a la Solidaritat, de la que fue dirigente y portavoz desde 1983 hasta su disolución en junio de 1993; la organización fue tachada por determinados sectores conservadores de “radical” y próxima a la ilegalizada Herri Batasuna.

Sin ser militante, estuvo vinculado durante años a Iniciativa per Catalunya Verds.

Desde mediados de los 90, Sánchez ha colaborado periódicamente como analista de temas sociales y políticos en diversos medios de comunicación del país. En los últimos años ha impartido centenares de conferencias, tanto en actos organizados por instituciones públicas como por asociaciones culturales y cívicas.

En su cuenta de Twitter cuenta con más de 51.000 seguidores.

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