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Diamantes de sangre, diamantes de muerte

Melchor Miralles

Foto: Finbarr OReilly
Reuters/Archivo

No he podido evitar escribir sobre este asunto del diamante de Sierra Leona. Al ver la foto, esa mano negra, la piedra preciosa, el agua sucia… Se me han revuelto los recuerdos de la primera vez que pisé Freetown, el viaje hasta Madina, la selva, la frontera con Conakry, los jóvenes que fueron niños soldados en contra de su voluntad, sus miradas, sus palabras, esa cuneta maldita en la que asesinaron a Miguel Gil. Sierra Leona, donde se libró una de las guerras más repugnantes que conoce la historia. Por los diamantes, los putos diamantes, y todo lo que rodeaba el control de esas piedras, que llevó el país al desastre ante una comunidad internacional que, como casi siempre, llegó tarde.

Un pastor cristiano encontró el miércoles uno de los diamantes más grandes del mundo en Kono, al este de Sierra Leona. 709 kilates. Ahora está en el Banco Central. El presidente agradeció al jefe local que no sacara el diamante de Sierra Leona, y añadió que “los propietarios deben obtener lo que se les debe y el hallazgo debe beneficiar al país en su conjunto”. Es más que probable que el beneficio sea exiguo para el país, incluso para el propietario, porque siempre es así.

África es un nido de corrupción en buena parte de los Gobiernos, que lo han aprendido con tino de ese “primer mundo” que de vez en cuando lava su conciencia con su ayuda insuficiente y tardía. El pastor que encontró el diamante y sus colegas de Kono, gente decente como la mayoría allí, al menos, no han perdido la vida. Hace no mucho les habrían cortado el cuello a machetazos tras pillarles la piedra con la que habrían comprado las armas para alimentar la guerra para controlar el país. El círculo vicioso que se repite y se repite. Diamantes de sangre. Diamantes de muerte. Diamantes de mierda que debieran haber hecho de Sierra Leona un país rico y próspero, pero que lo convirtieron en un gran cementerio. Y ahí siguen, peleando la vida, con una sonrisa. Y con un par.

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'American anarchist': la historia tras el manual que inspiró la masacre de Columbine

Jorge Raya Pons

Foto: Netflix

Apenas tenía 19 años cuando escribió aquel libro lleno de furia y frustración, pero lo cierto es que William Powell pasó el resto de su vida arrepentido. El libro se publicó en 1970 y recetaba los ingredientes para ser un guerrillero: un libro que combinaba ensayos sobre la libertad absoluta con fórmulas para convertir un rifle en un lanzagranadas o fabricar dinamita en la cocina de casa. “Tenía 19 años, estaba cabreado y pensaba que el gobierno estaba fuera de sí”, dijo Powell muchos años después.

Aquella obra, llamada The Anarchist Cookbook (El libro de cocina del anarquista, en castellano), generó un revuelo enorme: los setenta fueron tiempos de rebeldía, los manifestantes se radicalizaron, las manifestaciones se masificaron, y no era extraño que muchas concluyeran con heridos, con vehículos en llamas, con explosivos y disparos en los peores casos. Y era en estos cuando la policía, después de detener a los culpables, inspeccionaban sus casas y encontraban el libro de Powell.

'Anarchist cookbook': el libro para guerrilleros que inspiró la masacre de Columbine 1
William Powell, en un fotograma del documental ‘American Anarchist’. | Foto: Netflix

Ninguno de ellos tenía en cuenta la advertencia de la contraportada. “Lea este libro, pero mantenga en mente que los temas aquí tratados son ilegales y constituyen una amenaza”, dice. Y continúa: “Casi todas las recetas son peligrosas. Ese libro no es para niños, ni para idiotas”.

Durante muchos años, Powell rechazó entrevistas y reportajes, desapareció de la primera plana. Aquel libro que solo una editorial de vanguardia se atrevió a editar –ganando toda una fortuna tras vender más de dos millones de copias– le costó una imagen terrible que arrastró siempre: Powell acabó pagando caro el pecado de juventud. Los años de silencio quedaron atrás con la grabación de un documental dirigido por Charle Siskel y disponible ahora en Netflix bajo el título de American Anarchist.

En esta obra se conoce a otro Powell: al británico con problemas de integración en la escuela, hijo de diplomático, inmigrante en Estados Unidos. Al orador sereno y progresista, recluido en Francia, docente de alumnos con déficit de atención. Viajó por América y África, logró hacerse un nombre, pero le rechazaron una y otra vez en decenas de escuelas tras descubrir que había escrito un libro tan violento.

Aquel recetario sobre cómo destruir el sistema no pasaba de moda y volvió a coger fama en los 2000, después de que los dos asesinos del instituto Columbine, donde mataron a 12 alumnos y un profesor durante un asalto de 50 minutos, manifestaran la influencia de la obra de Powell: este hecho quedó reflejado en el documental Bowling for Columbine, de Michael Moore.

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Uno de los alumnos que sobrevivió a la masacre de Columbine, durante el funeral de sus compañeros. | Foto: Gary Caskey/Reuters

En una entrevista publicada en la norteamericana National Public Radio, Siskel hace una serie de reflexiones sobre cuanto percibió en las palabras de Powell. “Sé que le afectó profundamente descubrir las relaciones entre el libro y los actos violentos”, dice. “En sus propias palabras, aquello le llenó de remordimiento, aunque luego distinguió entre remordimiento y arrepentimiento. Creo que no se arrepintió de haber escrito el libro, ya que de alguna manera le ayudó a definir quién era y maduró con la experiencia”.

Y continúa:

“Pero también creo que aunque el libro haya estado relacionado con algunos casos de violencia y haya sido influyente para la gente que lo ha leído, eso no le convierte en responsable en ningún sentido legal o causal. La información que está en el libro está disponible en Internet y en muchos otros lugares, incluso en aquel momento. Quiero decir: el propio Bill consiguió la información de la biblioteca pública, estaba ahí. Creo que la gente que estaba decidida a actuar violentamente habría encontrado la forma de hacerlo de cualquier otra manera. Así que dibujar una especie de vínculo directo es injusto. Con todo, mi sensación es que nada de eso ha servido de consuelo para Bill a lo largo de su vida”.

William Powell murió de un ataque al corazón el 11 de julio de 2016 a los 66 años, aunque pasaron muchos meses hasta que su familia lo hizo público. Powell murió, sin embargo, sin ver concedido su último deseo: la retirada definitiva de la obra que marcó su vida.

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Bacterias resistentes, el mortal enemigo del siglo XXI

Marta Ruiz-Castillo

Foto: National Institute of Allergy and Infectious Diseases
Handout via Reuters

“La resistencia a los antibióticos causará 10 millones de muertes para el 2050”; “Las súper bacterias ya matan más pacientes que el cáncer de mama, y al menos al doble de personas de lo que estiman los gobiernos”; “La resistencia a los antibióticos constituye uno de los mayores desafíos que afronta la medicina moderna en la actualidad”; “La resistencia antimicrobiana (AMR, por sus siglas en inglés) es una seria amenaza de salud pública en el mundo”…todas estas frases alarmantes, que no alarmistas, proceden de organismos e instituciones como la Unión Europea (UE), expertos en microbiología e infecciones, la Organización Mundial de la Salud (OMS) o gobiernos como el español a través del Ministerio de Sanidad. Sí, la epidemia del siglo XXI que amenaza la salud del planeta está originada por gérmenes o bacterias que no se ven salvo a través del microscopio. Pequeños pero letales microorganismos que, hoy por hoy, están ganando la batalla a los fármacos.

La creciente resistencia de los gérmenes a los antibióticos es una amenaza real para el ser humano y para los animales que, sin embargo, no está teniendo una respuesta por parte de unos gobiernos y una comunidad científica que parecen estar subestimando sus consecuencias. Si no se adoptan medidas contra la AMR las infecciones provocarán diez millones de muertos para el año 2050, alerta la Unión Europea en un informe en el que se indica que “ha llegado el momento de actuar contra la resistencia a los antibióticos”. El documento es altamente preocupante, y se suma a otras informaciones que advierten sobre el avance estas bacterias que causan infecciones mortales ante la falta de medicamentos eficaces.

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Una muestra de la bacteria resistente Klebsiella con una mutación NDM 1 y expuesta a varios antibióticos en la Agencia de Protección de la Salud de Londres. | Foto: Suzanne Plunkett / Reuters archivo

Para conocer mejor qué es esto de la resistencia antimicrobiana, de sus consecuencias y cómo se está combatiendo, The Objective ha entrevistado a Joaquín Archilla, médico anestesista y miembro de la comisión de infecciones y política antibiótica del Hospital de la Cruz Roja de Madrid, que lo primero que admite es que “los gérmenes multirresistentes son un problema de primer orden hospitalario”. “Es una alarma real, es un problema de primer orden en el ámbito hospitalario y está empezando a ser también un problema ambulatorio”, añade.

Pero no coincide con la UE en cuanto a que no se estén adoptando medidas. “Lo que está haciendo el Gobierno no lo sé, pero sí están muy activas las sociedades médicas y de especialistas, y los hospitales sí se están tomando esta amenaza muy en serio”.

Y es que es en los hospitales donde los gérmenes, por la presión de antibióticos frecuentes en pacientes, desarrollan muchas más resistencias que los que están en el ámbito extrahospitalario. “El problema es que ya hay muchos pacientes crónicos, de edad avanzada con muchas patologías o enfermedades asociadas, que han estado con tratamientos antibióticos, que están colonizados por gérmenes que ya no es la flora habitual de cada persona en cuanto a sensibilidad a los antibióticos, sino que ya son gérmenes muy resistentes. Ese problema que hay a nivel hospitalario se está trasladado al ámbito ambulatorio y especialmente a lo que llamamos enfermos que están en unidades de cuidados sanitarios como residencias, centros de atención, unidades de estancia prolongada, y en este sentido se está dando un cambio muy importante”, comenta el doctor Archilla a modo de explicación sobre los motivos que han llevado a estos gérmenes resistentes a salir de, podríamos llamar, su hábitat original.

 “Frente a este grupo de bacterias el armamentario de antibióticos de que disponemos no ha evolucionado a la misma velocidad que la resistencia”.

En opinión del especialista, todo el tema de las resistencias es probable que esté muy relacionado, aparte de con problemas externos, “con el uso de antibióticos a nivel agrícola, el uso de antibióticos en las explotaciones ganaderas, la sobreutilización de antibióticos en humanos, fundamentalmente, prescritos en el ámbito de la sanidad primaria”, pero también con otros factores menos definidos como “el uso de antibióticos por los pacientes sin consultar con especialistas y, sobre todo, el tratamiento antibiótico cada vez más generalizado”. Todo esto ha ido haciendo que, poco a poco, “los gérmenes que tienen mecanismos microbiológicos, vayan generando cada vez más resistencias”.

Uno podría pensar que esta acción bacteriana no debería ser un problema y que las farmacéuticas trabajan para encontrar los medicamentos que detengan a estos súper gérmenes. El doctor Archilla nos saca del error con una sorprendente información: “frente a este grupo de bacterias el armamentario de antibióticos de que disponemos no ha evolucionado a la misma velocidad que la resistencia”.

Infecciones más resistentes y tipos de gérmenes

Las infecciones más resistentes en el ámbito ambulatorio son las de tipo urinario y las respiratorias, además de las de piel. “Sí que se ve que en este ámbito, los tratamientos convencionales con fármacos del grupo de la penicilina están creciendo mucho las resistencias y se están teniendo que utilizar otro tipo de antibióticos”. Lo preocupante, añade el doctor, es que “desde el punto de vista hospitalario está apareciendo una superclase de gérmenes resistentes que son capaces de producir unas sustancias enzimáticas que rompen y dañan los antibióticos, con lo cual, se hacen resistentes”. Entre estos están, sobre todo, los fármacos de amplio espectro.

Para entender mejor este mundo de los gérmenes, el doctor Archilla nos explica que se dividen en dos grupos fundamentales: gram-positivos y gram-negativos. “En los primeros, quizá el más frecuente es el neumococo, el estafilococo, y el enterococo; estos gérmenes, hoy en día, tienen un patrón de resistencia que está aumentando de modos considerable. Estos agentes eran sensibles a penicilinas pero desde hace bastantes años se está viendo que está creciendo la resistencia y se están utilizando antibióticos a nivel hospitalarios más fuertes”.

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Una muestra con la bacteria E. coli, en esta imagen de la Agencia de Protección de Salud de Londres. | Foto: Suzanne Plunkett / Reuters archivo

El otro grupo son los gram-negativos y ahí se encuentran las superbacterias. “Son un problema todavía más importante, entre los que están el E. coli, el proteous, la pseudomona…estos gérmenes de por sí ya son capaces de producir determinadas enzimas que pueden, a su vez, degradar los antibióticos del grupo de la penicilina, que se llaman betalactamasas”.

Cada vez hay más gérmenes que ya portan, como si dijéramos el gen que es capaz de producir esa betalactamasa”. Se les atacaban con antibióticos del grupo de la penicilina que se llaman los “carbapenenes”, de uso hospitalario de amplio espectro. Lo alarmante es que “estamos viendo que determinados gérmenes con resistencia intrínseca, incluso están produciendo una enzima carpabenamasa que los hace resistentes a estos antibióticos”.

Este grupo en concreto – los que producen betalactamasas y los que producen carpabenamasas – han sido motivo de estudio en España y más concretamente en la Comunidad de Madrid. En los dos últimos años, incluso se hacen protocolos de aislamiento de los enfermos colonizados para evitar la transmisión entre pacientes de este tipo de súper bacterias”.

Está creciendo el número de pacientes que no están infectados pero que están colonizados, que llevan los gérmenes resistentes en la piel porque han ingresado muchas veces en hospitales, porque han recibido antibióticos también muchas veces, y por eso es cada vez más frecuente ver infecciones de muy difícil manejo y tratamiento. Estas infecciones provocadas por gérmenes resistentes no es cosa de personas mayores como pueda parecer. “Este tipo de infección lo puede adquirir cualquier persona. Lógicamente, en el ámbito hospitalario cuando un paciente ingresa y recibe tratamiento antibiótico, su flora antibiótica cambia y en cinco días puede verse colonizado por este tipo de gérmenes. Eso hace que el tratamiento de antibióticos en los hospitales sea complejo”.

Respecto a las súper bacterias, “los gérmenes resistentes a todos los tratamientos”, son del tipo gram-negativos como la acinetobacter o la pseudomona, entre otros. Para intentar vencer su resistencia hay que usar dosis muy elevadas de fármacos. Y es aquí donde resurgen los antibióticos que “estaban guardados en un cajón por viejos y porque tenían muchos efectos secundarios” y que los médicos han tenido que rescatar para luchar contra gérmenes super resistentes.

Esto es así mientras la industria farmacéutica siga sin sacar antibióticos mejores. Si bien “parece que está empezando a sacar nuevas moléculas dirigidas un poco a estos gérmenes resistentes”, lo cierto es que “vamos un poco por detrás de las súper bacterias y de las resistencias”.

Causas de la resistencia y medidas de actuación

El doctor Archilla, al igual que la comunidad científica, afirma que el origen de la bacterias resistentes está, en gran medida, en “el mal uso de los antibióticos”, por automedicación, o porque muchas veces, “personas con infecciones que parecen claramente virales como la gripe, han empezado un tratamiento antibiótico innecesario que lo que ha hecho es seleccionar los propios gérmenes que tenemos habitualmente; al exponerlos a un antibiótico, unos se eliminan porque son sensibles, otros son moderadamente sensibles y los hay más resistentes”. “Si los exponemos a un antibiótico innecesariamente o lo tratamos inadecuadamente, eliminamos a la población sensible, probablemente también a la que sea moderadamente sensible pero nos queda la resistente; ésta lo que hace es que crece y de ser una población pequeña dentro de ese grupo de gérmenes pasa a ser la predominante”. Y esto es un poco lo que pasa en el ámbito hospitalario, donde se ataca a las bacterias con antibióticos. “Si lo hacemos con uno inadecuado, a dosis inadecuadas y en un tiempo excesivamente prolongado o excesivamente corto, al final lo que hacemos es que seleccionamos a la flora más resistente”.

“Existe un riesgo gravísimo del mal uso de los antibióticos que está generando unos gérmenes tan resistentes que, en algunos casos, no tenemos armamento para poder enfrentarnos a ellos” – doctor Joaquín Archilla

Por eso, añade el experto, las infecciones especialmente graves hay que atacarlas con la dosis adecuada de antibiótico, con dosis incluso más altas a las habituales los tres primeros días para conseguir la máxima erradicación de bacterias, sobre todo la flora que es menos sensible.

De modo que el mal uso de los antibióticos es una causa de la MRA y eso sí que ha sido una preocupación que ha llevado a la generación de ese programa de optimización de antibióticos que se está implantando en más hospitales, que es multidisciplinario – participan especialistas en UCI, en infecciones, microbiólogos – y que asesoran y supervisan el manejo de los antibióticos en el hospital. La finalidad es que los antibióticos y el mal uso de estos no sea el problema de la resistencia.

Para el doctor Archilla es importante que se informe a la población de la existencia de estas bacterias resistentes y que comprenda que es muy importante el uso responsable de los antibióticos, que la automedicación con antibióticos nunca debe hacerse. “Existe un riesgo gravísimo del mal uso de los antibióticos que está generando unos gérmenes tan resistentes que, en algunos casos, no tenemos armamento para poder enfrentarnos a ellos”, subraya el especialista.

Desde el punto de vista médico, lo que se puede hacer es poner en marcha programas como el de optimización de los antibióticos que ayude a que el manejo de los fármacos sea el más adecuado posible.

Un tercer aspecto importante es la prevención. “Si no podemos tratar las infecciones adecuadamente, luchemos por prevenirlas, para que no ocurran”. En ese sentido, en los hospitales sí que se han puesto en marcha actuaciones para prevenir las infecciones; el doctor Archilla nos cuenta que “hay programas que intentan prevenir dos infecciones muy comunes en el hospital, la respiratoria – con medidas tan sencillas como elevar la cama del enfermo para que respire mejor, medidas de descontaminación – y las infecciones que se cogen por los catéteres que se ponen a los pacientes – con medidas de asepsia, supervisión del catéter para evitar que se infecte… – esas medidas de prevención han hecho que se reduzca la tasa de este tipo de infecciones”.

“Otra forma preventiva es el lavado de manos con solución alcohólica. “Probablemente sea la más eficaz porque la mayoría de las infecciones se transmiten de paciente a paciente y por contacto con las manos.

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Lavarse las manos con solución antibacteriana es una de las mejores formas de prevención de contraer infecciones. | Foto: Bob Jordan / AP archivo

Preguntamos al experto qué pasos se dan en los hospitales ante la presencia de una infección grave. “Cuando un paciente empieza con una infección en un hospital se sacan cultivos para detectar qué germen es y testar su sensibilidad a los antibióticos. Antes de que llegue el resultado, porque no se puede esperar sobre todo en infecciones graves a empezar con el tratamiento adecuado, existen pautas de tratamiento empírico, un antibiótico que se pone suponiendo cuál es el tipo de germen más frecuente en ese tipo de infecciones”. “No sabemos cuál es el germen que está atacando pero no podemos esperar al resultado del cultivo, así que se actúa pensando que los antibióticos que se ponen inicialmente van a ser efectivos frente a esa bacteria”.

Dado que los antibióticos que se usaban tradicionalmente ya no sirven para las súper bacterias, se pautan varios antibióticos a la vez.

Una vez que se tiene el resultado del cultivo lo que se hace es dirigir el tratamiento, ver el antibiótico que es más específico. “Con determinados gérmenes como el estafilococo, el enterococo, la pseudomona o el acinetobacter lo que ocurre es que – sobre todo con los dos últimos – vemos que tienen polirresistencias a todos los grupos de antibióticos que hacen que el tratamiento sea excesivamente complejo y aumenta la mortalidad”.

España ante el reto de las súper bacterias

España están en el grupo intermedio en este problema de la AMR: “España es un país donde hay suficientes fuerza científica para que se estén haciendo cosas en el ámbito de las sociedades médicas para bajar la tasa de resistencias. Se está trabajando. No sé desde el punto de vista del Gobierno pero sí las sociedades científicas. Este es un tema que está encima de la mesa y hay muchas especialidades que tienen una subespecialidad de infecciones porque es algo prioritario”, asegura el doctor Archilla.

Frente a algunos informes, las estrategias en el ámbito médico sí que están trabajando “porque en los hospitales, por lo menos en España, han creado el Programa de Utilización del Antibiótico, que entre sus objetivos está optimizar el uso de antibióticos para, entre otras cosas, prevenir multirresistencias”. El programa está diseñado para que en los hospitales haya determinados consultores que, ante pacientes con enfermedades graves, se encarguen de supervisar que la indicación de un tratamiento antibiótico se haga correctamente; que la duración sea la correcta.

“En ese sentido, creo que las sociedades médicas españolas, de microbiología, de medicina intensiva, de medicina interna, de neumología, de anestesia, sí que están participando en esos programas del uso de optimización de antibióticos porque se sabe que el problema de las resistencias es un problema que existe”, insiste el doctor.

Además, está el conocido Registro EPINE, que es anual, donde se recogen el tipo de infecciones más frecuentes en España en el ámbito hospitalario; se están recogiendo también cuáles son los gérmenes más frecuentes en ese tipo de infecciones y cuál es el patrón de resistencia – porque en cada hospital la tasa de resistencia es diferente y las causas también, de tal manera que a nivel nacional ya se tiene una tasa de gérmenes y la resistencia que éstos tienen.

Preguntamos al Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad y obtenemos una amplia respuesta por parte del departamento que se ocupa de este problema, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS). Sus responsables admiten que “la resistencia a los antibióticos constituye uno de los mayores desafíos que afronta la medicina moderna en la actualidad” y que la AMR “se considera ya uno de los problemas de salud pública más serios; se trata de una amenaza global que afecta tanto a la salud humana como a la veterinaria, así como a las actividades ganadera y agrícola, el medio ambiente, el comercio y la economía mundial”.

Por eso, desde hace unos años se están tomando medidas, añaden, a través del Plan Nacional Resistencia Antibióticos, cuyo objetivo es “dar una respuesta integral desde una perspectiva multisectorial al importante problema de salud pública que supone la resistencia a los antibióticos” que incluye “el ámbito de la medicina humana como el de la medicina veterinaria”. El Plan da, además, cumplimiento a los requerimientos de la Comisión Europea y Consejo de Europa.

El plan se estructura en torno a seis áreas prioritarias: vigilancia, control, prevención, investigación, formación y comunicación. Desde la aprobación del plan en el año 2014 por el pleno del Consejo Interterritorial del SNS y el pleno de la Conferencia Sectorial del Ministerio de Agricultura, se ha trabajado en torno a diferentes medidas, en cuya elaboración “colaboraron todas las Comunidades Autónomas, más de 260 expertos, más de 70 Sociedades Científicas, así como representantes de 6 Ministerios (Sanidad, Agricultura, Educación, Economía, Interior y Defensa)”.

También, con motivo del ‘Día Europeo para el Uso Prudente de los Antibióticos’ que se celebra el 18 de noviembre, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios lleva a cabo una campaña orientada a concienciar a la sociedad en general y los profesionales implicados en particular, de los riesgos asociados al uso indebido de los antibióticos, así como hacer un llamamiento al consumo responsable de éstos. La primera campaña de estas características por parte del ministerio se realizó en 2015.

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Los hospitales son donde más proliferan los gérmenes resistentes. | Foto: Mike Blake / Reuters archivo

La comunidad internacional ante la AMR

Por primera vez, el G20 reunido en mayo, se ocupó del problema de la resistencia a los antibióticos y sus fatales consecuencias, mientras que informes de organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) o la Unión Europea han alertado sobre la urgente necesidad de adoptar medidas conjuntas para frenar a las súper bacterias.

Algo en lo que coincide la comunidad científica. “Tiene que ser una acción global”, nos comenta el doctor Joaquín Archilla, que enumera las acciones que, a su juicio, deberían llevarse a cabo. “Uno: los gobiernos deben poner en marcha medidas que por ahora sólo están llevando a cabo las sociedades científicas, médicas, para la utilización de antibióticos. Dos: la industria farmacéutica debe sentirse apoyada por los gobiernos para desarrollar nuevas moléculas; hoy en día el coste de una molécula farmacéutica es muy alto, el tiempo que lleva con los ensayos clínicos para poder ser aprobado por las autoridades también es largo; las cosas en este sentido sí que están cambiando un poco porque están apareciendo ahora nuevos antibióticos que van teniendo una cobertura mejor frente a lo que son gérmenes multirresistentes pero seguimos yendo por detrás de la resistencia bacteriana”.

La industria farmacéutica debe sentirse apoyada por los gobiernos para desarrollar nuevas moléculas

El citado informe de la UE que denunciaba la “inacción” de los gobiernos ante la AMR, a la que se refiere como “una seria amenaza de salud pública en el mundo”, subraya que estos gérmenes no sólo tienen un impacto sobre la salud de personas y animales, debido al fracaso en los tratamientos de enfermedades infecciosas, sino que conlleva además un “elevado coste económico”.

Se estima que la AMR ya es responsable de 25.000 muertes al año en la UE, mientras que en todo el mundo, las muertes por infecciones de gérmenes resistentes ascienden a 700.000 cada año. “Se prevé que la inacción cause al año millones de muertes en todo el planeta y para el 2050 todo apunta a que pueda convertirse en una causa más común de fallecimientos que el cáncer”.
La UE alerta también sobre el impacto en la economía, con tratamientos cada vez más costosos y pérdidas económicas debido a una reducción de la productividad causada por enfermedades. “Sólo en la UE se estima que la AMR coste al año 1,5 billones en costes sanitarios y pérdida de productividad. El Banco Mundial advierte de que para 2050, las infecciones causadas por resistencias a los fármacos podrían causar un daño comparable a la crisis financiera de 2008”.

Se trata de un importante reto global desde el punto de vista económico y social que es posible frenar sólo por los países o las administraciones públicas.

El problema requiere una aproximación basada en lo que se ha dado en llamar ‘Una Salud’ en la UE. Esto implica abordar la AMR desde un punto de vista holístico, multisectorial, que implique a diferentes sectores (salud pública, seguridad alimentaria, bioseguridad, medioambiente, investigación e innovación, cooperación internacional, salud y bienestar animal así como el uso de sustancia antimicrobianas no terapéuticas) para frenar este complejo problemas.

En junio de 2016, la Comisión Europea publicó los resultados del Eurobarómetro sobre la concienciación respecto a la resistencia antimicrobiana. Las principales conclusiones fueron que el conocimiento en el conjunto de la UE sigue siendo reducida y que el consumo de antibióticos se había reducido en 6 puntos porcentuales durante el último año, si bien, un tercio de los europeos había tomado antibióticos en los últimos 12 meses.

Por otro lado, los científicos han advertido de que el mundo está en la antesala de una “era postantibiótica” donde cada día las infecciones se harán más difíciles de tratar y se convertirán en potencialmente mortales, a menos que haya una acción global.

En Estado Unidos, las muertes por súper bacterias ya han comenzado a producirse, generando alertas en la comunidad científica y médica. En enero de 2017 se hizo público el fallecimiento de una mujer de Nevada en septiembre a causa de una extraña infección resistente a 26 antibióticos. La víctima contrajo una enfermedad cuando fue ingresada en un hospital de la India después de fracturarse una pierna en agosto de 2016. Dicha fractura derivó en una infección de su cadera que los médicos intentaron tratar con todo tipo de antibióticos sin que ninguno diese resultado. La bacteria resistió los 26 antibióticos existentes y legales que se le suministraron a la mujer a su regreso a EEUU, incluso la colistina, una de las armas más potentes de la actualidad contra la resistencia de las bacterias que, junto al carbapenem, es empleada por los médicos como último recurso cuando todos los demás fallan.

Este caso es similar al de una peligrosa súper bacteria resistente a los antibióticos en Corea del Sur el pasado mes de noviembre que presenta el gen MCR-1. Este gen descubierto originalmente en China en 2015, resiste a los antibióticos más potentes, incluidos la colistina y el carbapenem, habiéndose detectado casos de este tipo en más de 20 países de todo el mundo, incluidos Estados Unidos y Europa.

Ante todas estas informaciones, documentos e informes, en la reunión del G20 -las 20 economías más avanzadas del planeta – celebrada en mayo, los ministros de Sanidad de reunidos en Berlín abordaron el problemas del MRA. Se acordó trabajar de manera conjunta para frenar el aumento de las bacterias resistentes y comenzar a aplicar planes de acción nacional para finales de 2018.

Alemania, que presidía el G20, dijo que era un “importante avance” que todos los países hubieran acordado abordar el problema y trabajar a favor de prescripciones obligatorias para tomar antibióticos.

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Los ministros de Sanidad del G20 acordaron en mayo en Berlín adoptar medidas contra la AMR. | Foto: Fabrizio Bensch / Reuters

Después de poner de manifiesto que la globalización causa enfermedades infecciones que se propagan más rápidamente que antes, las 20 naciones también se comprometieron a reforzar los sistemas sanitarios y mejorar sus capacidades para reaccionar ante pandemias y otros riesgos para la salud. “Al incluir la salud global en la agenda del G20 afirmamos nuestro papel de reforzar el apoyo político a iniciativas existentes y a trabajos dirigidos a los aspectos económicos relacionados con la salud global”, se indicó en el comunicado.

Primera lista de bacterias resistentes

La Organización Mundial de la Salud publicó en febrero de este año la lista de bacterias para las cuales son urgentes y necesarios nuevos antibióticos.

Se trata de la primera lista realizada hasta el momento de “patógenos prioritarios” resistentes a los antibióticos, un catálogo de 12 familias de bacterias que suponen una gran amenaza para la salud humana. La lista se elaboró con el objeto de guiar y promover la investigación y el desarrollo de nuevos fármacos, como parte de los esfuerzos de la OMS para abordar la creciente resistencia global a las medicinas antimicrobiales.

La lista destaca en particular la amenaza de bacterias gram-negativas que son resistentes a múltiples antibióticos. Estas bacterias han logrado encontrar nuevas vías para resistir a los tratamientos y pueden contagiar material genético que permita a otras bacterias convertirse en resistentes también a los antibióticos. “Esta lista es una nueva herramienta para garantizar que la investigación más desarrollo (I+D) responda a las urgentes necesidades de la sanidad pública mundial”, dijo la doctora Marie-Paule Kieny, Asistente Directora General de la OMS para Sistemas de Salud e Innovación. “La resistencia a los antibióticos está aumentando, y nos estamos quedando sin opciones para tratamientos. Si se lo dejamos sólo al mercado, los nuevos antibióticos que necesitamos con urgencia no van a estar listos a tiempo”.

La listas de la OMS se divide en tres categorías, de acuerdo con la urgente necesidad de nuevos antibióticos: prioridad crítica, alta y media.

El grupo más crítico de todos incluye bacterias multirresistentes que suponen una amenaza particular en hospitales, residencias de ancianos, y entre pacientes cuyos cuidados requieren aparatos como respiradores o catéteres. Se incluyen acinetobacter, pseudomonas y varias enterobacterias, incluidas Klebsiella, E. coli, Serratia, y Proteus. Todas pueden causar infecciones graves y mortales como infecciones sanguíneas y neumonía.

Estas bacterias se han vuelto resistentes a un gran número de antibióticos, incluidos carbapenems y cephalosporins de tercera generación, los mejores antibióticos que hay para tratar a las bacterias multirresistentes.

Los segundos y terceros niveles de la lista, de prioridad elevada y media, contienen otras bacterias cada vez más resistentes a los fármacos que causan enfermedades comunes como gonorrea y salmonella. La OMS espera así facilitar las acciones contra la AMR en el mundo.

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El apoyo de los corruptos y la moral 

Melchor Miralles

Sucede en todos lados. La corrupción en la política, y en las sociedades. Y el apoyo entre los corruptos. Lo hemos visto aquí en España, y lo vemos en Brasil con Michel Temer, el presidente, que se ha salvado de ir a un procedimiento penal que comprometía su mandato gracias al bloqueo por parte de la Cámara de Diputados. 263 votaron a favor de Temer y 227 en contra, o sea, por la labor de que se hiciera justicia. Ahora, para reanudar el proceso penal, habrá que esperar a que abandone su puesto, pero queda aún un año y medio. A Temer se le acusa de corrupción pasiva por haberse beneficiado de un soborno ofrecido por la empresa de alimentación JBS a cambio de favores varios, variados y cuantiosos.

Es una constante. Los corruptos apoyan a los corruptos. Se cubren los unos a los otros. Se salvan el pellejo no porque sean cómplices en una tropelía concreta, sino porque saben que, ayudando, recibirán ayuda cuando les trinquen a ellos. Por eso siempre sido que en la corrupción hay que perseguir a los corruptos y a los corruptores, lo cual no suele hacerse. Y además no me cabe duda de que el problema de la corrupción es un problema de la crisis moral que padece la sociedad en la que vivimos, donde los principios esenciales de siempre parece que ya no existen.

No son solo los políticos. Quienes acceden a los puestos de responsabilidad pública son un reflejo de los ciudadanos. El personal es así. Hay mucha corrupción, no solo en la política, y seguirá habiéndola, porque la cosa no tiene pinta de evolucionar a mejor, sino a peor. La última crisis creo que ha alejado a la peña de las instituciones, y cunde el sálvese quien pueda como pueda, y vale casi todo. Moral, principios, esa antigualla. Y así nos va.

Continúa leyendo: El plasma pixelado

El plasma pixelado

Ricardo Dudda

Foto: Chema Moya
Reuters

Las imágenes del juicio de Gürtel en las que ha declarado como testigo el presidente Mariano Rajoy están pixeladas, como granuladas, son de mala calidad. Son fotografías de pantallas de televisión, de la señal de vídeo de la Audiencia Nacional, porque no se permiten cámaras de la prensa en la sala. El efecto es potente. Rajoy se desenvuelve con chulería como si estuviera respondiendo a Pablo Iglesias en el Congreso (“No parece un razonamiento muy brillante”, “‘Hacemos lo que podemos’ significa que no hicimos nada”, “Lo siento mucho, pero las cosas son como son y a veces no son como a uno le gustaría que fueran”, “Las respuestas tienen que ser gallegas, no van a ser riojanas”) para defender su inocencia, pero visualmente parece culpable: sentado ante jueces, con mirada hostil, en imágenes como de cámara de seguridad u obtenidas clandestinamente, parece un Mubarak, o un Fujimori, o un
Hussein en sus respectivos juicios. La distancia entre los delitos de estos líderes y Rajoy es enorme, pero son imágenes que condenan.

El presidente del plasma acude para defenderse y controlar su discurso, no ha hecho el paseíllo de entrada a la audiencia ante la prensa porque condena mediáticamente, pero no puede controlar su imagen en el juicio. TVE parece que lo sabe, y no ha emitido la declaración en La1: hay un tuit entre divertido y amargo que muestra pantallas de varias cadenas, todas emitiendo el juicio excepto La1, que tiene un
programa de cocina.

El tuitero Tsevan Rabtan, que escribe siempre con rigor y seriedad sobre temas judiciales, comenta: “Lo que estamos viendo es un sainete. Un interrogatorio que solo busca que un testigo se incrimine”. Y sigue: “Esta declaración hace mucho rato que es un sainete. Los magistrados dan cuerda para que no se diga que favorecen a Rajoy.” ¿Por qué ha ido Rajoy a declarar? ¿Es porque sabe que no tiene nada que perder? La imagen que lo incrimina, lo sorprendente de su presencia en el juicio de un macrocaso de corrupción de su partido, quizá no le afecta porque ya nada parece afectarle. Por eso puede lo mismo hacerse el olvidadizo que afirmar que lo recuerda todo. A veces da la sensación de que lo que afectaría a un presidente cualquiera a Rajoy no solo le resbala sino que incluso le hace más fuerte.

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