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Los impuestos confiscatorios

Melchor Miralles

Foto: zipi
EFE

No es por jorobar ni aguarle la fiesta a los jefes de la casa. Que se nos recuerden las fechas clave para cotizar al fisco es un favor, una ayuda útil que puede evitar errores fatales. Porque esta Hacienda en la que mandan Rajoy y Montoro es insaciable, y se ceba con los débiles que es un primor. Si uno, al que le va bien si se compara con otros, suma los impuestos directos con los indirectos, los recargos y toda la pesca fiscal, se lleva la sorpresa de que desde enero a agosto trabaja para el Estado, y solo la mitad del año lo hace para uno mismo. A eso en mi pueblo se le llama impuesto confiscatorio. Y cada vez que me los citan el cabreo es africano.

Al PP, especialista en incumplir promesas electorales, se le da de miedo subir los impuestos. Es lo contrario de lo que se comprometen a hacer en campaña y lo que predican en los Think Tank y las fundaciones que se montan a nuestra costa, con el dinero de nuestros impuestos, para ponerse estupendos, pensar, elaborar documentos teóricos (“papeles” le dicen, o “papers” los más puestos) y construir grandes ideas que nunca se llevan a la práctica.

Los impuestos son confiscatorios. No son justos. Hacienda se ceba, inmisericorde, con las clases medias y bajas, y es blandita y amable con quienes más tienen. Ello conforma un Estado con un Gobierno que es injusto, nada democrático, insensible a los dramas que se viven por la crisis a la que nos llevaron y de la que no se sale. Y de vez en cuando, una amnistía fiscal para recaudar más, dicen, aunque en realidad sirva para que algunos amigos, colegas, conocidos o cuates blanqueen su dinero sucio a un 10% cuando el resto del personal ha cotizado hasta a un 48%.

La fechas clave ya se las cuenta The Objective. Han eliminado el Programa Padre y lo han sustituido por el programa Renta Web. Ahora solo falta eliminar (políticamente claro) a Montoro, sustituirle por otro con al menos algo de alma, sensibilidad y principios sólidos, y que la política fiscal se corresponda con lo que nos vendieron. Casi nada.

Cómo y por qué narrar tu propia historia

Clara Paolini

Foto: STEFAN WERMUTH
Reuters

Estamos biológicamente programados para aprender de los otros y sobre todo de nosotros mismos al moldear en palabras la experiencia. Lo hemos estado desde el principio de los tiempos, cuando los relatos se contaban a través de pinturas rupestres o las leyendas se narraban alrededor del fuego, y lo seguimos haciendo ahora, en un mundo donde la hipercomunicación sigue escondiendo bajo su enjambre historias que hablan de nuestra propia esencia.

Los humanos somos seres narradores y vivientes, y como tal, contar historias es para nosotros a la vez un arte y una necesidad. Lo hacemos a través de la literatura, de la publicidad, del cine, en discursos políticos y hasta en desenfadadas conversaciones de ascensor cada día, pero de entre todos los relatos imaginables hay uno de especial relevancia y utilidad: el de nuestras propias vidas.

Ya lo decía Gabriel García Márquez: “La vida no es la que uno vivió, sino la que recuerda y cómo la recuerda para contarla”, porque las cosas que no se narran, pareciera que no existen, se olvidan o se pierden y, pasando desapercibidas, desaparecen. Todos tenemos una vida y, por poco interesante que esta pueda parecernos, cada uno de nosotros experimentamos capítulos llenos de humor, drama, emoción o ternura. En nuestra biografía no existe detalle insignificante.

Darle sentido a los fragmentos, saber cómo relatar lo que nos parece indescriptible o conseguir dar forma al relato para pasar de un simple anécdota a una verdadera historia es sin embargo otro cantar. Acoidán Méndez, guionista y fundador de El Volcán, la iniciativa que a través de su taller-espectáculo ha creado ya una “plataforma de personas que quieren contar historias”, nos da pistas para responder a las preguntas que dan título a este artículo:  ¿cómo contar nuestra propia historia?, ¿por qué es tan importante narrar nuestra propia biografía? Una entrevista que se convierte en clase magistral para todo aquel curioso por aprender más sobre el arte de “autonarrarnos”.

Buenos motivos para narrar tu historia

Aunque no lo creas, tienes algo que contar:  “Todos tenemos la capacidad de contar historias porque todos tenemos una vida única. No hace falta tener una biografía de película para contar un buen relato”, asegura Acoidán. El periodo universitario, una ruptura, la pérdida de un ser querido, recuerdos de la infancia, una mudanza, un viaje… Prácticamente todo vale y si se cuenta con sinceridad, puede provocar la catarsis. Además, al narrar parte de nuestras biografías “tomamos conciencia de nosotros mismos, algo que no solemos hacer en el día a día, donde no tenemos tiempo para pensar ni analizar nuestras decisiones. Generando el relato cada uno se descubre a sí mismo en múltiples facetas; nos conocemos mejor a través de nuestro propio personaje”.

Quitarse la máscara para volver a lo esencial: Narrar nuestra biografía nos recuerda “la necesidad de ser vulnerables, de no tener máscaras ni aparentar, de tener un espacio donde recordar nuestras historias y tomar conciencia de quiénes somos para ofrecer al mundo y a los demás algo auténtico y valioso en el sentido humano de la frase y no en términos productivos o parámetros de eficiencia”.

Acoidán explica que normalmente solemos contar historias con un fin, como por ejemplo, respondiendo las preguntas en una entrevista de trabajo, o cuando queremos convencer a alguien de algo con argumentos contundentes a base de ejemplos extraídos de la experiencia. Sin embargo, a veces resulta más útil centrarnos en los que nos ha pasado sin imposturas: “Nos hemos acostumbrado a contar historias de forma persuasiva, donde las máscaras y las apariencias ocupan una importante presencia, pero sin nos las quitamos de encima, todos son ventajas. Te sientes mejor contigo mismo y los demás lo notan, tu relato se torna más sincero y natural, y sin preocuparte por la parafernalia éste será siempre más efectivo”.

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Foto: REUTERS / Toby Melville

Si eres un perdedor, puede que seas un héroe: “En muchas ocasiones lo que nos inspira y emociona es descubrir que hay una persona de carne y hueso detrás del personaje y que al igual que nosotros, hasta los empresarios, artistas o personalidades de éxito tienen debilidades. Es en la fragilidad donde reside gran parte de su crecimiento personal y esa es la base del éxito de las charlas TED, por ejemplo. Lo que pasa es que a veces no somos conscientes de que todos podríamos hacer una charla inspiradora; todos tenemos algo que contar”.

El valor de la distancia: “Cuando intentas relatarte puedes verte a ti mismo como un personaje y si se hace bien, lejos de ser un ejercicio egocéntrico, contar una biografía resulta casi terapéutico. Curiosamente, a veces llega a surgir el humor a partir del drama”. Acoidán pone un ejemplo:  “Yo soy bastante hipocondriaco pero cuando empiezo contarlo mi reacción al verme un lunar en la piel y me escucho diciendo las bobadas que me pasan por la cabeza en ese momento, me entra la risa. En la realidad, si eres una persona con hipocondría lo pasas fatal, sufres, pero gracias al relato eres capaz de desligarte y tomar otras perspectivas”.

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Foto: REUTERS / Stefan Wermuth

Puedes aplicar lo aprendido narrando en múltiples facetas de tu vida:  “El storytelling no es una forma complicada o novedosa de narración, sino una vía de comunicación que podemos utilizar en nuestro día a día. Es válida tanto para un entorno profesional como para sentirnos más seguros a la hora de comunicar algo de vital importancia para nosotros”. Desde ofrecer un pitch a un inversor a superar el reto de compartir un episodio de tu vida en público deshaciéndote del miedo a ser juzgado, se mire por donde se mire, narrar es mejorar nuestra capacidad de comunicación y aprendizaje.

Es un reto gratificante pero también divertido. Convirtiéndonos, al menos por un momento, en los verdaderos protagonistas de nuestra historia surgen momentos que de otra forma no viviríamos. La vida se alarga al compartirla y en ocasiones, la tragedia se convierte en un relato cargado de humor.

Cómo narrar tu biografía

Empezar desde cero: “El primer paso es rescatar del olvido diferentes historias que te hayan pasado hasta que aparezca la que sintamos que merece más la pena compartir. Una vez elegida la historia, profundizamos definiendo qué queremos contar y por qué, cuál es el objetivo, qué personajes intervienen en la historia, la estructura y el tono”.

Poner una meta: “Descubrir qué es lo que se quiere provocar es parte imprescindible de la misma. Una misma historia puede pulirse y ser moldeada hasta conseguir resultados divergentes; podemos provocar con una misma anécdota desde la risa hasta el llanto dependiendo del fragmento que escojamos y haciendo hincapié en determinados elementos podemos hacerla la historia emotiva, emocionante o triste. Elegir es un ejercicio creativo con el que conseguiremos sentar las bases del resultado”.

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Foto: REUTERS / Stefano Rellandini

Estructura y conflicto: La estructura distribuye el peso del contenido en el relato creando diferentes efectos, mientras que el conflicto incide en la parte emocional. “La verdad nace del conflicto. Donde hay conflicto nos volvemos vulnerables y nos mostramos frágiles, humanos, capaces de despertar empatía porque es la parte de la verosimilitud”. Acoidán señala que esta parte revelará grandes secretos ya que “si quieres conocer a un personaje en profundidad, ponle en un apuro, en un dilema donde la decisión que tome reflejará quién es”.

Partir de la verdad: “Cuando nuestro relato se sustenta en la verosimilitud, lo que conseguimos es una acción por parte de nuestro interlocutor. No solemos recordar datos pero sí las historias que nos emocionan y que son verdad”.

Si quieres aprender más

La próxima edición de El Volcán: Historias desde el Interior empezará en Madrid el jueves 4 de mayo.

Pepsi descubre el calimocho y lo presenta como un cóctel de lujo

Redacción TO

Foto: Matthew Mead
AP Photo

Una camarera sirve 3 onzas de vino tinto en una copa, le añade 4 onzas de refresco de Cola, coloca una pajita y con mucha finura, culmina la bebida poniendo una rodaja de limón en el borde de la copa. Visto así, y con una música sugerente de fondo, pareciera que se está presentando un cóctel premium. Así es la última campaña de Pepsi, la cual ha sorprendido en España, y no es para menos, la compañía ha presentado el archiconocido calimocho, bebida popular en las fiestas de los pueblos de este país, como si de un cóctel de lujo se tratase. Su vídeo, publicado en Twitter, no ha tardado en hacerse viral.

“Lo llamamos ‘cali-mocho’ y lo bebemos con amigos. Pilla una Pepsi 1893 y prepara uno (o varios) esta noche!”, titula Pepsi el tweet en el que presenta este combinado elaborado con su producto en la versión más clásica “1893” como si fuera un sofisticado cóctel coronado con una rodaja de limón sobre el borde de la copa.

Esta campaña, no tiene nada que desdecir a otros vídeos de la compañía sobre cócteles elaborados con su producto, como el ‘Original Juniper Cocktail‘ o el ‘Ginger and Mint Julep Remix‘, que ya se pudieron ver en 2016. No obstante, es la primera vez que el calimocho asciende a la categoría de cóctel de lujo. Las reacciones en Twitter desde España, no se han hecho esperar:

El origen del calimocho

El calimocho, también denominado ‘kalimotxo’, y su invención están asociados con el País Vasco, tanto es así que desde la propia página web del Ayuntamiento de Getxo, una localidad cercana a Bilbao, aseguran que el origen de esta bebida está unido al Puerto Viejo de Algorta. “Aunque la mezcla de vino tinto y refresco de cola ya existía en España en los años 20 del siglo XX, era una bebida minoritaria debido a que apenas había establecimientos que sirvieran el refresco americano”.

La cosa cambió en 1953 con la puesta en marcha de la primera fábrica de Coca Cola en España y la mezcla se popularizó bajo diferentes denominaciones: Rioja Libre, Mochete, Tincola, Cuba Libre del Pobre o Cubata del obrero, entre otras. Pero no fue hasta el 12 de agosto de 1972, en plenas fiestas de San Nicolás del Puerto Viejo de Algorta (Getxo), cuando nació el calimocho, según asegura la misma fuente.

La invención de este término se atribuye a la cuadrilla vasca Antzarrak que aquel año asumió la organización de los festejos. Para ello, compró 2.000 litros de vino tinto que, no se sabe la acusa, pero estaba picado. Para no tener que tirar todo el vino, que aún era apto para el consumo, según les confirmó un médico, decidieron mezclarlo con otra bebida para arreglar el mal sabor que tenía. Realizando diferentes pruebas, dieron con la bebida adecuada, la Coca Cola. De esta manera pudieron dar salida a los 2.000 litros de vino.

Pepsi descubre el Kalimotxo y lo presenta como un cóctel de lujo 1
Una de las calles del Puerto Viejo de Algorta | Foto: Rodrigo isasi

A la hora de poner nombre al nuevo brebaje, surgieron las dudas, hasta que finalmente se quedó con el de calimocho. “En ese momento de incertidumbre apareció un chico de Erandio, al que algunos conocíamos, y al que alguien le llamó por su apodo, “Kalimero”. Mecánicamente y bastante aburridos por el esfuerzo ya realizado, empezamos a conjugar su nombre. Uno indicó que la persona en cuestión era bastante fea y otro dijo que en euskera “feo” se decía “motxo”. Un tercero, más docto, empezó a pontificar que ello no era cierto en todo el País Vasco y que en algunas zonas significaba lo contrario. Mientras, la mayoría, sin hacerle caso conjugaba febrilmente el apodo y, tras muchos intentos, surgió una palabra sin significado, Kalimotxo que, reiteradamente repetida, gustaba”.

Así explica el origen del nombre la propia cuadrilla en el libro El invento del kalimotxo y anécdotas de las fiestas, editado por ellos mismos y de descarga gratuita. posteriormente a esta publicación, algunos miembros de la cuadrilla han declarado en algunos programas de televisión de la cadena vasca ETB que en la cuadrilla también había un miembro apodado Morotxo, y que ‘Kalimotxo’ es una fusión entre los dos motes.

No obstante, su origen a día de hoy sigue siendo algo incierto, ya que en el libro Por Dios, por el país y por la Coca Cola: la historia definitiva del gran refresco americano y la empresa que lo creó, su autor,  Mark Pendergrast, explica que, en los primeros años del s. XX, “los inmigrantes italianos descubrieron que mezclando la Coca Cola con su vino chianti podían beber toda la noche, tardando mucho en emborracharse y manteniéndose alerta por la cafeína”.

Iglesias, la moción y el circo

Melchor Miralles

Foto: Francisco Seco
AP Photo, File

Pablo Iglesias dispone de una habilidad especial para acertar en los diagnósticos y proponer soluciones disparatadas. Es lo que tienen el populismo barato y las pulsiones autoritarias. Sí, es verdad que la situación de España puede calificarse de grave. Y no es solo como consecuencia de los casos de corrupción que van aflorando poco a poco, y los que quedan por salir, son también la crisis institucional, el poder judicial por los suelos, el problema catalán en ascuas, el paro que vuelve, la falta de confianza de los ciudadanos en los políticos, la economía que no termina de recuperar, el hastío general, la crisis de los medios de comunicación. Pero con su anuncio de moción de censura, Iglesias, que manda en Podemos como Rajoy en el PP, lo que ha hecho es montar un circo, tratar de forzar un debate con Rajoy antes de que declare en el juicio de la Gurtel, intentar presionar de nuevo al PSOE en pleno proceso de primarias y torpedear si le es posible un acuerdo para que el Gobierno saque adelante los presupuestos. Lo que viene siendo montar un cristo, un circo, un jaleo, currarse la página, que dicen en el talego.

Una moción de censura primero se negocia y después, alcanzados unos mínimos acuerdos con la oposición, se presenta y se anuncia. Con sus 67 escaños Pablo Iglesias puede proponerla, y si no se echa atrás, que no sería la primera vez, lo hará, y él será quien se presente como candidato. Pero a la vista de las reacciones del resto de los partidos, no parece que vaya a poder sacar más de 80 votos. Todo un éxito. Pero está en las portadas, ocupa espacio, copa titulares, se hace con las tertulias. O sea, lo suyo, lo que le mola a Iglesias.

Política y socialmente se me ocurren argumentos para armar un discurso en defensa de una moción de censura. Insisto, creo que la crisis que padece España es severa, y no me refiero a la económica. Otra cosa es que parezca el momento adecuado, que tenga posibilidades si no de prosperar, al menos de tener alguna utilidad más allá del ruido, ruido y ruido, que termina siendo estéril y hace crecer la desazón. Pero es una reflexión inútil. Pablo Iglesias sabe lo que hace, y solo pretende crear bulla, influir en el PSOE, apretar a Rajoy y ser protagonista. Una moción inútil. Tiempo perdido cuando en España no tenemos tiempo que perder.

Un paseo entre los olivos y los viñedos de la Toscana española

Leticia Martínez

Foto: Leticia Martínez
The Objective

Escondida cerca del Mediterráneo, entre el Maestrazgo y el Sistema Ibérico, se encuentra la comarca de Matarraña. La región, situada en el Bajo Aragón e inundada de interminables campos de pinos, viñedos y olivos es ,sin duda, una joya cultural y gastronómica que por su luz y sus paisajes se ha comparado con la famosa Toscana italiana. La zona parece anclada en el pasado y ajena al mundo, pero es uno de los secretos mejor guardados de nuestro país. Recorremos sus parajes y pueblos con la intención de descubrir lo mejor de este desconocido rincón de España.

¿Qué ver en Matarraña?

La comarca se encuentra en la provincia de Teruel, está formada por 18 municipios y cuenta con una extensión próxima a los 1.000 kilómetros cuadrados. Sin embargo, a pesar de su reducido tamaño es mejor recorrerla con tiempo, disfrutando de las vistas, su naturaleza y su historia en lo que se conoce como turismo slow.

Valderrobres

Su capital administrativa, Valderrobres, alberga estrechas calles medievales, palacios renacentistas y uno de los emplazamientos más bonitos de España. Merece la pena visitarlo tan solo por la bonita estampa que ofrecen el puente de piedra, que cruza el río Matarraña, el reflejo en el agua de los edificios históricos que lo rodean y el castillo, vigilante, en lo alto de la colina.

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Vista de Valderrobles desde el río Matarraña | Foto: Leticia Martínez / The Objective

Después de pasear por el pueblo, se puede disfrutar de la gastronomía típica y los vinos de la región en restaurantes como Baudilio Asador & Restaurante o Fonda Angeleta, en los que es prácticamente imposible quedarse con hambre. Y por supuesto, para finalizar la comida, un buen café acompañado de dulces emblemáticos como los Carquiñols, las Casquetas o los Crespells.

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Casa típica Valderrobles | Foto: Leticia Martínez /The Objective

Beceite

Beceite es una localidad de menor tamaño, pero está igual de bien conservada. Destacan los antiguos molinos de paño, que concedió el Papa Luna al converso Jerónimo de Santa Fe, y la Antigua Fábrica Noguera que pasó a formar parte de la industria papelera. También se puede pasear por el casco histórico que se recorre rápido y subir hasta la Plaza Mayor para tomar algo y descansar.

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Vista de Beceite a un par de kilómetros de su entrada | Foto: Leticia Martínez / The Objective

El río también es protagonista en Beceite. Su famosa ruta a lo largo del lecho hacia el estrecho del Parrizal dura una hora y carece de dificultades importantes, lo que facilita el paseo en familia. Durante el recorrido se cruzan pozas de color verde azulado, desfiladeros de piedra, cascadas y paisajes típicos de la zona.

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Beceite | Foto: Leticia Martínez / The Objective

La Fresneda y Torre del Compte

La Fresneda alberga la Plaza Mayor más bonita de la comarca y una de las vistas más impresionantes de los campos aragoneses desde el mirador de la Ermita de Santa Bárbara en lo alto de la colina. El pueblo es pequeño y cuenta con tan solo 486 habitantes y, como en el resto de la región, se respira quietud y tranquilidad.

El turismo slow es un concepto adaptado para ofrecer al viajero una vía de escape al estrés y la fatiga del día a día. Hoteles rurales como El Convent o la Gracha son lugares de descanso que apuestan por el turismo sostenible y en los que se puede disfrutar también de una buena comida casera con productos locales y del trato familiar y personal de los propietarios.

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La Fresneda al fondo junto con el mirador de la Ermita de Santa Bárbara a la derecha | Foto: Rural Calaceite

Merece también una pequeña parada La Torre del Compte, o la Torre del Conde. En particular se puede visitar el Ayuntamiento, la Casa Bergós, de arquitectura renacentista y la Casa Ferrer, cuya leyenda cuenta que el joven conde que vivía en la noble casa se suicidó al enterarse de que la mujer de la que estaba enamorado no le correspondía. Su madre decidió tapiar las puertas y ventanas de la casa para no dejar que el alma de su hijo se escapara de allí. Según se dice, en la noche de San Juan aún se pueden oír sus lamentos.

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La Torre del Compte al fondo | Foto: Rural Calaceite

Calaceite

Calaceite es la capital cultural de la comarca. Su casco urbano está declarado como Conjunto de Interés Histórico Artístico y Bien de Interés Cultural por la Plaza España, la Calle Maella o la Casa de la Justicia. Además, antes de llegar a Calaceite, es imprescindible visitar el Poblado Ibero de San Antonio y la Ermita de San Cristóbal.

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Ermita de San Cristóbal cerca de Calaceite | Foto: Rural Calaceite

El impresionante yacimiento arqueológico del siglo III a.C se encuentra a tan solo un kilómetro del pueblo y, aunque se puede visitar de manera individual, también es posible reservar una visita guiada para comprender mejor la historia que inunda de la zona. Es más, la empresa turística, Rural Calaceite, propone una experiencia única a través de la historia, la artesanía, los vinos y el aceite de la región de la mano de arqueólogos, maestros artesanos y expertos gastronómicos con los que poder disfrutar de talleres, cenas y catas en la conocida Ruta Ilercavonia.

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Yacimiento del Poblado de San Antonio | Foto: Rural Calaceite

Peñarroya de Tastavins

Es la última parada en la ruta de la comarca de la Matarraña. En la entrada del pueblo, a escasos dos kilómetros, se encuentra el Santuario de la Virgen de la Fuente, de estilo gótico y mudéjar, que si bien es ahora una hospedería, permite visitas al patio y la iglesia. El manantial junto con la fuente de 15 caños que hay debajo del Santuario es donde, según se cuenta, se halló la imagen de la Virgen entre los zarzales. También son imprescindibles la Lonja de la Plaza del Ayuntamiento, construida en el siglo XVI o la Capilla de la Virgen del Carmen.

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Peñarroya de Tastavins | Foto: Leticia Martínez / The Objective

Para disfrutar de la familia, el territorio Dinópolis de Tastavins, el Inhóspitak, es una buena opción. Los pequeños podrán aprender sobre dinosaurios, excavaciones e incluso probarse el traje de Indiana Jones. Para los más aventureros, las formaciones rocosas de Masmut son una buena opción. Con unos 100 metros de paredes verticales, el sendero hasta la cima es ya todo un desafío por las fuertes subidas, aunque la escalada merece la pena tan solo para poder disfrutar de las vistas y de la colonia de buitres leonados que anidan en ellas.

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Rocas de Masmut | Foto: TurismoMatarranya.es

La Toscana española merece ser recorrida con los cinco sentidos, con la tranquilidad que inunda la región, admirando sus paisajes y su historia en cada pequeño rincón que se antoja aún más mágico, si cabe, por la luz que se esconde entre sus valles de olivos y viñedos cuando de verdad se está disfrutando.

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