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Los niños refugiados, nuestro futuro

Melchor Miralles

Foto: ALKIS KONSTANTINIDIS
Reuters

Tiene toda la lógica. El trato “pésimo” a los menores refugiados en Europa, que es un tercio de quienes buscan asilo, incrementa el riesgo de radicalización y su implicación en catos criminales, según advertencia del Consejo de Europa. “Lo que están pasando ahora definirá en quién se van a convertir, y también definirá, en algunos aspectos, nuestro futuro común”, explica a The Guardian Tomás Bocek, secretario general de migraciones. No estamos siendo capaces en la Unión de hacer frente al problema y de nuevo los niños, como siempre, los más débiles, son las principales víctimas.
 
Hay una idea generalizada que parte de un error. Buena parte de quienes huyen del horror en Siria, Afganistán o Irak no son pobres de solemnidad que huyen por su condición de parias. Se trata incluso de hombres y mujeres de élites, con una posición económica más desahogada, con estudios universitarios, que pueden pagar a las mafias que les terminan abandonando a su suerte.
 
Bocek, tras visitar campos de refugiados de Grecia, Macedonia, Francia, Turquía, Francia e Italia, lanza la advertencia. No podemos pretender otra cosa. Estremece escuchar a los niños y a los adolescentes. Están conformando su temperamento, su carácter, lo propio de la edad, a partir de vivencias extremadamente duras, que dejan huella en el corazón, el alma y la cabeza. Y no podemos pretender construir un ejército de pacifistas ofreciéndoles lo que ahora les suministramos. Es así, no es demagogia. O nos lo tomamos muy en serio o lo lamentaremos severamente. Porque son víctimas, porque podemos evitarlo, porque es nuestra obligación, por humanidad y, en última instancia, porque nos interesa.

De los trastornos y las drogas

Melchor Miralles

Foto: STEVE DIPAOLA
Reuters

Las estadísticas tienen lo suyo, y siempre muchas lecturas. Hoy sabemos que en 2015 250 millones de personas consumieron algún tipo de droga en el mundo, y al menos 190.000 murieron por causas directas relacionadas con los estupefacientes, según el Informe Mundial sobre Drogas de la ONU, que asegura también que casi 30 millones de personas padecen trastornos graves por esta causa. La más consumida es el cannabis, pero la heroína figura como la más nociva y la que más muerte causa. Los números, qué duda cabe asustan.

Me parece un trabajo relevante de la ONU. Los científicos que lo han hecho merecen mi respeto. Pero si se quiere entrar a fondo en la materia hay que ir al fondo. Las drogas lo que son es un gran negocio que enriquece a muchos. Su combate es imposible a nivel nacional, un solo país no puede acabar con la causa del problema. Y como genera ríos de millones de beneficios, quienes se enriquecen a su costa tienen la capacidad de neutralizar con dinero a gobiernos, jueces y policías. Y el problema crece cada año. Y seguimos manejando estadísticas, y escandalizándonos, y lo que nos queda por ver.

Esos treinta millones de personas que padecen los trastornos a que se refiere este informe quizá hayan empezado a trastornarse antes, y por ello han acabado en la droga, donde han encontrado un refugio y un cobijo que no tenían, puede que incluso sabiendo el daño que iba a causarles. Hemos construido una sociedad que cada día genera motivos para el disgusto, el hartazgo, el desasosiego y el dolor. Crecen el hedonismo y el egoísmo, aumenta el culto al dinero y cada vez importan menos los seres humanos, que tenemos sentimientos, sufrimientos, dolores y penas que nos afligen.

Bien por Naciones Unidas, el doctor ya ha diagnosticado la enfermedad. Ahora me gustaría que nos dijeran estos expertos de la cosa cual es la solución. Para acabar con los trastornos, y para que las drogas solo se utilicen para aquellos casos en los que son útiles. Me temo que tardará en llegar.

Contra el mito del auge asiático y el declive europeo

Antonio García Maldonado

Uno de los lugares comunes del análisis internacional dice que el poder se ha desplazado a Asia y que Trump o el Brexit no dejan de ser pataletas ante ese hecho inevitable. Los flujos económicos van hacia esa región, las actividades se deslocalizan en China o Bangladesh, sus economías crecen y emergen grandes clases medias con un poder de consumo que hace las delicias de las grandes compañías internacionales. A este diagnóstico suele seguir el que dice que, en este contexto, Europa estaría llamada a convertirse en un museo para turistas ricos, en una Venecia gigante que sirve de testimonio kitsch del pasado ante su irrelevancia en el presente y el futuro.

Como todo lugar común, tiene algo de cierto pero también mucha adiposidad interesada. Asumir sin matices que el poder reside allí donde está el peso económico es desconocer las nuevas formas de poder, influencia y gestión que las nuevas tecnologías de la comunicación han favorecido. El análisis de la decadencia de Europa y el auge asiático tiene mucho de capitalismo industrial decimonónico, con la fábrica humeante como símbolo del progreso. Tengo para mí que el auge de Asia se debe, en parte, a que se puede gestionar desde Occidente. Sus ciudades están muy contaminadas, los servicios básicos son caros y de peor calidad, la desigualdad hiere, no hay derechos laborales efectivos –y cuando los hay, es fácil eludirlos– y las megaurbes en las que ese “progreso” se estaría manifestando son impersonales y en muchos casos peligrosas. La estratificación es la norma, y los precios son escandalosos.

Es en Europa –o como en Europa– donde desea vivir la mayoría, trabajadores o ejecutivos. Conozco a pocos residentes en Pekín, Yakarta o Singapur que no hayan terminado su etapa asiática con alivio por irse y alegría por llegar a Madrid, Bruselas o Berlín. Muchos de ellos vuelven para formar aquí una familia, ante la imposibilidad o el nulo atractivo de hacerlo en países y ciudades hostiles para ello. En muchas carreras profesionales, la “temporada asiática” es más una mili o un sacrificio en pos de un mejor puesto en Europa en el futuro que un deseo genuino. Incluso en sociedades con una personalidad tan fuerte como la china o la vietnamita, la creciente clase media exige estándares “europeos”.

Si Asia es una opción profesional, Europa sigue siendo una opción vital, que mal que bien conjuga la creación de riqueza con el ocio, la creatividad, el descanso y el bienestar. Si Asia es el auge, contento me quedo entre las ruinas del museo europeo (como hacen muchísimos gestores a distancia de ese teórico esplendor).

Calderiana intempestiva

José María Albert de Paco

Foto: Andreu Dalmau
EFE

En la sección de librería del Corte Inglés no hay libreros, sino empleados que tratan de compensar sus lagunas con una actitud más o menos servicial. Para cualquier letraherido, la experiencia de consumo en estos establecimientos carece del embrujo que envuelve a esas librerías en las que todo está dispuesto para que el comprador se crea poco menos que Harold Bloom, desde la altivez de los dependientes hasta el crujido de las lamas del parqué. Tanto es así que sus propietarios no se consideran exactamente libreros, sino prescriptores del buen gusto, comisarios culturales que, imbuidos de redentorismo, determinan qué obras merecen un lugar de privilegio y cuáles, en cambio, un nicho mortuorio en el más recóndito anaquel.

La librería Calders, de Barcelona, ha declarado en Twitter persona non grata al escritor Gregorio Morán, haciendo así honor a la catalanísima costumbre del señalamiento (ni siquiera la librería Europa llevó tan lejos su bravuconería). Desconozco en qué consiste que una librería te declare persona non grata, ni si los declarantes exhibirán un cartel del tipo ‘prohibida la entrada a perros y mexicanos’. Lo desconozco, digo, porque hasta ahora, por una cuestión de cercanía, era cliente de la Calders, y me consta que no hacía falta que declarasen a nadie non grato para vetar sus libros. Empezando, por cierto, por el libro sobre Ciudadanos que Iñaki Ellakuría y yo escribimos hace año y medio, y que fue la única novedad del sello Debate que, por aquel entonces, no encontró acomodo en el apartado de ensayos políticos. Obviamente, la censurita del tendero no se ciñe a obras menores; en ocasiones, también apunta alto: véase el caso de María Elvira Roca Barea y su Imperiofobia, de cuyo lanzamiento no hubo noticia en la Calders, como no suele haber noticia de nada que huela a disidencia. Puede parecer paradójico, pero el progreso de la humanidad no se debe al sensiblero ingeniero social que pretende salvarte de ti mismo, sino al jefe de planta poco instruido que por cada Roca Barea se lleva un 0,2%. Y en esa evidencia, en fin, radica el gran triunfo de Antonio Escohotado.

Con faldas y a lo loco: la divertida protesta de unos alumnos británicos

Redacción TO

Foto: RRSS

La ola de calor que ha invadido España, pero también el conjunto de Europa, puede ser un fuerte inconveniente en según qué sectores laborales o educativos. Si en España los centros educativos han tenido que soportar temperaturas que han llegado a superar los 35 grados, y a construcciones low cost que han empeorado la situación, más al norte el problema del calor también se ha intensificado.

Las altas temperaturas han obligado a unos jovencísimos alumnos británicos a tomar medidas inusuales. Se trata de unos 30 estudiantes de entre 11 y 16 años de la Academia ISCA en Exeter, en Inglaterra, que han decidido ponerse falda para protestar contra las normas de vestimenta del centro. Dichas normas establecen que, en caso de clima cálido, los estudiantes masculinos pueden llevar pantalones largos, mientras que las estudiantes femeninas pueden usar pantalones largos o falda, según prefieran. A los chicos se les permite que se quiten sus corbatas y desatar sus camisas en clase, pero deben llevar la corbata en el exterior, y mantener las camisas abrochadas cuando salen del aula.

La reivindicación de los chicos de la Academia ISCA es sencilla: quieren poder llevar pantalones cortos cuando hace mucho calor, así como a sus compañeras les permite llevar falda. De esta forma tan divertida y travestida han logrado una visibilidad mayúscula para su protesta.

Según declaraciones de los chavales a la BBC, esta curiosa reivindicación nació tras la sarcástica respuesta de Aimee Mitchell, directora del centro, ante su petición. Ésta les dijo que si querían estar más frescos podían ponerse una falda. Al día siguiente, cinco de los alumnos aparecieron con faldas, y la tendencia se fue expandiendo.

Gracias a este peculiar y divertido movimiento de los alumnos, la escuela parece ahora dispuesta a cambiar su política de vestimenta. “Los pantalones cortos no forman parte de nuestro uniforme para los niños, y yo no querría hacer ningún cambio sin consultar tanto a los estudiantes como a sus familias. Sin embargo, con un clima cálido cada vez más normal, estaría encantada de considerar un cambio para el futuro”, ha declarado la directora a la BBC. Los chicos de ISCA ya pueden decir que con faldas y a lo loco un gran cambio es posible.

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