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De Merkel, los gobiernos y la libertad de prensa

Melchor Miralles

Foto: MICHAEL DALDER
Reuters

Se ha puesto estupenda la señora Merkel, y en un encuentro con periodistas, la canciller alemana lamentó el arresto de Deniz Yücel, corresponsal del Die Welt en Turquía, acusado de “propaganda terrorista”. La Merkel dijo que es una decisión “incomprensible”, que espera que sea tratado de manera justa y que espera que el Gobierno de Erdogan permita que el Consulado alemán le puedan ayudar.

¡Cómo son los Gobiernos con los periodistas! Y eso que en Alemania el termómetro de la libertad de prensa nos deja una temperatura mucho mejor que en otros países. Pero la norma es general. Aparentar máximo respeto a los medios y a los profesionales, pero darles duro, apretarles, presionarles y tratar de que lo inconveniente para ellos no vea la luz. La señora Merkel tiene casos muy cerca de ella también. No puede sorprenderle lo de Erdogan, y no debiera haber esperado a que le toque a un corresponsal de un medio alemán. Y en vez de quejarse un poquito, sería mejor que se pusiera seria de verdad con Erdogan, que lleva de purga y persecución mucho tiempo, no empezó ayer. Y no solo se pule periodistas. Es un dictador, y han contemporizado mucho con él.

Es esencial que el personal sepa que los periodistas, al trabajar, antes que estar haciendo uso de nuestro derecho a la libertad de expresión, que lo tenemos como todos, somos intermediarios, depositarios, del derecho de los ciudadanos a recibir información. Eso es lo esencial. La persecución de Yücel, o cualquier otro, es para evitar que los turcos, y el resto del mundo, se entere de las tropelías que comete Erdogan.

A los Gobiernos, así en general, se la bufa la libertad de prensa. Vamos, que les jode. Y la cercenan, unos más obscenamente, otros más de tapadillo, pero van a por ella. Aquí en España sabemos mucho de eso. Por ese motivo, los profesionales debemos trabajar contra las versiones oficiales, contra los comunicados, contra las ruedas de prensa, no digamos si son sin preguntas. O sea, a favor del derecho de los ciudadanos a conocer la verdad.

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Un año de portadas: Donald Trump, el presidente más ridiculizado de la Historia

Cecilia de la Serna

Foto: Der Spiegel

Donald Trump cumple ahora su primer año de mandato. El magnate, que atrajo una gran atención hacia sí mismo tanto durante la campaña de los republicanos como durante la presidencial norteamericana, seguirá previsiblemente tres años más en la Casa Blanca (a falta de un impeachment inmediato a la vista).

El primero de sus ejercicios en el poder ha estado marcado por no pocas controversias: su veto a la entrada de ciudadanos de países de mayoría musulmana, sus comentarios racistas, la relación de su entorno más próximo con agentes rusos o la construcción de un muro con México que por ahora parece más obra de su imaginación que de la realidad.

Una de esas polémicas que ha planeado constantemente sobre Trump y su propio ego ha sido la relación con la prensa, a la que ha acusado constantemente de verter noticias falsas sobre él cada vez que había un tema de actualidad que podía afectarle. La expresión “fake news” ha servido como una especie de escudo, transmitiendo un mensaje que sin duda ha calado sobre sus seguidores y provocando un descrédito desmesurado de la prensa.

Esa prensa a la que él ha acusado de mentirosa ha publicado numerosas portadas, algunas auténticas obras maestras de la ilustración y el humor, que lo han convertido no sólo en el presidente más controvertido sino también en el más ridiculizado que se recuerde. A continuación, un repaso de esas portadas, tanto de medios serios como de publicaciones satíricas, de uno y otro lado del charco.

La revista New Yorker

Desde la polémica por las largas estancias del presidente Trump en sus complejos de golf, al apoyo por parte de grupos de supremacía blanca o el pozo en el que para muchos está el mandatario a estas alturas, las célebres ilustraciones de portada de la prestigiosa revista New Yorker han mostrado a un Donald Trump poco adecuado para el cargo que ostenta.

Imagen: The New Yorker

Imagen: The New Yorker

Imagen: The New Yorker

La revista Time

La famosa publicación Time ha sido una de las más incisivas a la hora de retratar a Donald Trump en su portada. Las dos imágenes que hemos seleccionado son muy violentas, y muestran ese odio y esa furia que lo caracterizan.

Imagen: Time

Imagen: Time

La revista The Week

Con ocasión del lanzamiento de Fire and Fury del periodista Michael Wolff, la publicación The Week divulgó esta portada en la que mostraban al Trump que ama la comida rápida totalmente furioso por lo que el libro cuenta.

Imagen: The Week

El New York Magazine

Por el mismo sendero caminaba New York Magazine cuando publicó esta portada en la que se representan los malos hábitos alimenticios de Donald Trump y que se ven reflejados en el libro de Wolff.

Imagen: New York Magazine

Der Spiegel

Más allá de las fronteras norteamericanas, una de las publicaciones que ha publicado las portadas más notables durante el primer año de Trump en la Casa Blanca ha sido el alemán Der Spiegel. En ellas ha puesto de relevancia temas como el exacerbado patriotismo del presidente e incluso ha llegado a retratarle como la viva imagen de la involución humana.

Imagen: Der Spiegel

Imagen: Der Spiegel

La revista The Economist

Con sus siempre acertados análisis, The Economist ha dedicado varias portadas al presidente norteamericano. De entre todas destacamos la última, en la que pretenden hacer balance del primer año del presidente en el poder ilustrando a un bebé Trump.

Imagen: The Economist

Bloomberg Businessweek

Las polémicas medidas firmadas durante este año por el mandatario estadounidense inspiraron la portada de Bloomberg Businessweek en la que, en lugar de una orden ejecutiva, podemos leer en un documento firmado por Trump: “insertar orden ejecutiva redactada precipitadamente, jurídicamente dudosa y económicamente desestabilizadora”.

Imagen: Bloomberg Businessweek

La revista elJueves

Para terminar: una publicación española. Los chicos de elJueves utilizaron su acertado sentido del humor para alumbrar la boca de Trump con una antorcha sostenida por un miembro del grupo supremacista blanco Ku Klux Klan.

Imagen: elJueves

Un nuevo año comienza para Trump, y para todos aquellos maestros ilustradores a los que les espera mucho trabajo para retratar las facetas de un icono mediático irrepetible.

Continúa leyendo: La 'incredible' India no tiene quien hable en sus stands de Fitur

La 'incredible' India no tiene quien hable en sus stands de Fitur

Jorge Raya Pons

Foto: Jorge Raya
The Objective

Estamos sentados frente a una mesa, en silencio. B. B. Mukherjee observa la pantalla de su teléfono, pone la cabeza en alto, con sus gafas de diseño a rayas grises y negras sobre su nariz. Mukherjee luce un estrecho bigote con una forma más parecida a un triángulo que a un cuadrado, y viste un traje descatalogado de franela y color marfil que combina con una corbata de otra década. Estamos sentados a la distancia de un metro y B. B. Mukherjee, que es subgerente del Ministerio de Turismo indio en España, sigue en silencio tras cinco minutos y mirando con atención vídeos indescifrables con un volumen moderadamente alto. Tiene un reloj de oro en su muñeca izquierda y tantos anillos como dedos en sus manos. La responsable de prensa está sentada a mi izquierda y me mira con nerviosismo, como esperando una respuesta, y yo le sonrío y eso le tranquiliza.

Estoy sentado frente a Mukherjee en el stand indio de Fitur porque los dos responsables más importantes de la delegación de la India, que puso mucho interés para promocionar su país y mucho dinero para instalar este espacio tan grande –por no hablar de que el nombre de la marca, Incredible India, aparece prácticamente en cada folleto que circula por aquí dentro como principal patrocinador del evento–, están en sus respectivos hoteles desde una hora indeterminada que no logro averiguar, cuando quedan todavía dos horas para el cierre de la jornada.

La situación es particularmente divertida y extraña. Mukherjee levanta repentinamente la mirada, sonríe mucho y extiende la mano, como advirtiendo –en este momento– que está acompañado. Luego entrecruza los dedos, esperando la primera pregunta, y sus anillos brillan como diamantes.

Le comento, a modo de arranque, que han aumentado mucho su disposición en 2018. Él asiente con la cabeza y dice, con un acento marcadamente indio que solo escuché en películas: “Sí, este año hemos estado en todas las ferias importantes de Europa como patrocinadores”. Pero, casi en una maniobra de escapismo, desvía con velocidad su respuesta y sostiene que India es un país tremendamente rico y diverso, con bosques y templos y ruinas y playas y montañas, y continúa con una explicación nada concisa e inesperada del estado de salud del sistema judicial y político indio y de la calidad sanitaria. “Tendrías que ver qué cirujanos tenemos”, dice, levantando las cejas. “Son muy buenos”.

Después le pregunto por la vocación de su presencia en Madrid y no parece importarle: continúa con su respuesta anterior, explicando las bondades de su presidente y la fortaleza de su democracia, y describe a la India como un país muy rico y “paradójico” donde la riqueza no impide la miseria. Le digo que eso significa que hay mucha desigualdad. El subgerente de Turismo sonríe y concluye: “Sí, qué paradójico, ¿verdad?”.

Y en cada pregunta hay una respuesta similar, como si nos encontráramos en conversaciones ajenas, y la conversación es tan frustrante y claramente incontrolable que finalmente desisto y pienso en la segunda entrevista.

La 'incredible' India no tiene quien hable en sus stands de Fitur
Entrevista a B.A. Devaiah en uno de los stands de ‘Incredible India’. | Foto: Interface

Más al sur, Karnataka

La responsable de prensa se disculpa mientras me conduce hasta el área donde se instala la delegación de Karnataka, una región del sur con 55 millones de habitantes, más salvaje y más verde que el norte –el lugar al que suelen ir a parar los turistas–. La parada está adornada con plantas y una ambientación premeditadamente exótica, con bancos en todas partes y la representación más o menos conseguida de un tigre de Bengala sobre una alfombra verde. Karnataka es una de las zonas que persiguen explotar en los próximos años y hacen un esfuerzo verdadero por crear una imagen atractiva.

Así que el gabinete de comunicación organiza una conversación con el consejero de Turismo, un hombre joven y bien vestido con un inglés perfecto. Esperamos mientras cumple con otro compromiso y al volver se acerca hacia nosotros, con rostro serio, y dice que prefiere no hacerla: se niega, en principio, por estar cansado. Ellos procuran convencerle de lo contrario y finalmente concede una confesión: él no es el consejero de turismo, sino B.A. Devaiah, de Starks Communications, una agencia contratada por el Gobierno regional para representarlos. Lo hace extendiendo una tarjeta que recojo.

Le pregunto si está legitimado para hablar en nombre del Gobierno y él asiente, nos sentamos y hay una conversación fructífera en un primer momento: responde con interés y educación y habla de una región que conoce porque es la suya. Karnataka está en el sur del país y las diferencias respecto al norte, más transitado, más exprimido, son abismales. Un modo distinto de comprender la religión y las tradiciones, un idioma que no es el mismo –hablan mayoritariamente el kannada– y una gastronomía que, presume, únicamente se asemeja en la frecuencia del arroz blanco. Un atributo que, de cualquier modo, comparten la mayor parte de los países de la región.

Devaiah se encuentra menos cómodo y pone más reparos si hay que hablar de seguridad. Él alude, directamente, a las violaciones de mujeres. No las niega, aunque asegura que muchos occidentales viven en la zona y lo hacen con tranquilidad. Dice que si se producen tantas es porque hay muchos habitantes, sin aludir a razones concretas.

–¿Y en cuanto a las infraestructuras?–le planteo.

“Sí, tenemos”, responde, con un largo silencio.

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Roger Torrent, de alcalde independentista a presidente del Parlament

Redacción TO

Foto: ALBERT GEA
Reuters

Tras las elecciones del 21 de diciembre, los independentistas se han vuelto a hacer con el control del Parlament de Cataluña. Con la incógnita de quien será el próximo presidente de la Generalitat debido a las dudas sobre la posibilidad de que Carles Puigdemont sea investido a distancia, el nuevo presidente del Parlament se enfrenta a un panorama político convulso y a una verdadera crisis institucional. En los últimos días, el nombre de Roger Torrent ha acaparado numerosos titulares en los medios de comunicación tras convertirse el 17 de enero en el presidente del Parlamento de Cataluña más joven de la historia.

Nacido el 19 de julio de 1979 en Sarrià de Ter, a sus 38 años Torrent puede decir que lleva media vida dedicado a la política. Licenciado en Ciencias Políticas y de la Administración y técnico urbanista, a los 20 años ya era concejal de su municipio, y en 2007 ocupó el puesto de alcalde de esta misma localidad.

Posteriormente, en 2011, fue portavoz de Esquerra Republicana (ERC), partido del que es militante desde el año 2000, en la Diputación de Girona y en 2012 se convirtió en diputado del Parlament. Ahora ya es el séptimo representante de ERC en Cataluña que preside el Parlament (Carme Forcadell lo hizo en nombre de Junts pel Sí).

Mientras cumplía con sus obligaciones políticas, Torrent no dejó de lado su vida personal y ahora se presenta como un orgulloso padre de dos niñas, que lo acompañaron a votar el día de las elecciones autonómicas de Cataluña.

Apoyando la declaración de independencia de Cataluña antes del referéndum y pidiendo la libertad de todos los diputados que fueron encarcelados, Torrent ha mostrado siempre con claridad su convicción de que es necesario crear una república independiente catalana. Su apoyo a los políticos presos ha sido visible en sus apariciones públicas pero también en su vida personal, tanto que Torrent decoró su árbol de Navidad con lazos amarillos. 

La nueva legislatura

Con un lazo amarillo acompañando permanentemente a su traje y a su barba hipster, el nuevo presidente del Parlament ocupó un puesto que llega cargado de retos y responsabilidades.

Torrent comenzó de manera inmediata la ronda de contactos con los diferentes partidos políticos para enfrentar la complicada tarea de “recuperar las instituciones lo antes posible y ponerlas al servicio de los ciudadanos”, como dijo en su discurso inaugural. “Hay que recuperar la normalidad institucional para servir al país de la manera más adecuada”.

Roger Torrent, de alcalde independentista a presidente del Parlament 1
Carme Forcadell y Roger Torrent tras la elección de este como presidente del Parlament. | Foto: Albert Gea/ Reuters

Aunque hay quien considera que Torrent será el encargado de mantener el poder de ERC en el Parlament y evitar la investidura de Puigdemont, el recientemente elegido presidente de esta institución ha evitado posicionarse sobre este tema durante toda la ronda de contactos y ha dejado a los más impacientes con la duda sobre sus futuras actuaciones. Asegura en todo momento que decidir si se aprueba la investidura a distancia de Puigdemont “es una decisión que depende de la Mesa del Parlamento y será una decisión política del conjunto de la mesa”.

Cómo llegó al Parlament

El nombre de Roger Torrent comenzó a tomar relevancia durante la campaña electoral, cuando sustituyó a Marta Rovira en algunos debates. Ser considerado como alguien de total confianza por ERC y estar libre de procesos judiciales fueron los motivos que empujaron su nombre hasta lo más alto de la lista de candidatos y acabó imponiéndose para el cargo.

Quizá también ayudó su faceta más mediática. Su facilidad ante las cámaras ha hecho que en los últimos meses Torrent se haya convertido en un rostro habitual de las tertulias televisivas, siendo además colaborador del programa La Sexta Noche, donde desarrollaba sin titubeos un discurso de la línea dura del independentismo.

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Roger Torrent, a su llegada a la primera reunión de la Mesa del Parlament. | Foto: Alberto Estévez/ EFE

Ahora tendrá que enfrentarse a una legislatura realmente dura, envuelto en un contexto político convulso y con numerosas incógnitas, como ya hizo su antecesora Carme Forcadell. Antes de ser elegido, prometió “materializar el mandato democrático surgido de las urnas el pasado 21 de diciembre”. Queda ver ahora si cumplirá esta promesa y, lo más importante, cómo.

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Puigdemont 'reloaded'

José María Albert de Paco

Foto: PASCAL ROSSIGNOL
Reuters

Ojalá la Mesa del Parlament no acepte el voto delegado de los diputados fugitivos. No ya porque de ese modo el órgano rector se estaría ateniendo a lo que disponen los letrados, sino porque, además, ello propiciaría que Puigdemont intentara personarse de incógnito en la Cámara el día de la sesión de investidura.

Lo publicaba ayer El Confidencial, y por mucho que el procés nos haya acostumbrado al esperpento, la noticia merece un ¡paren máquinas!: “(Según fuentes conocedoras de los movimientos de Puigdemont, éste se plantea) acceder camuflado al Parlament el día de la investidura”. Sería, prosigue el diario, una de sus “únicas opciones de repetir al frente del Ejecutivo y evitar el desgaste de un destierro casi perpetuo en Bélgica”.

Dado que el presidenciable ya lleva la peluca de serie, cabría esperar de él un redoble de audacia. Que se disfrazara, por ejemplo, de Inés Arrimadas, aun a riesgo de que en la confusión tuviera que corresponder a un achuchón de Xavier Cima, al que apenas sorprendería el súbito acento tractoriano de su esposa, al cabo un caso milagroso de integración.

Sí, la peculiarísima voz de Puigdemont, ese orfeón de gallos, haría sospechar al más crédulo, pero si Jack Lemmon y Tony Curtis lograron dar el pego, cómo iba a ser menos nuestro Fantomas de Amer. Y si no de Arrimadas, de Mayka Navarro, mímesis que acaso comportara que, sin comerlo ni beberlo, el Puchi fuera reclamado para intervenir donde Ana Rosa.

Bien pensado, no habría nada más infalible que la treta Espartaco, a saber: que todos los diputados soberanistas se hicieran pasar por Puigdemont, lo que permitiría al genuino camuflarse entre ellos, o sea entre sí mismo, obrando así el prodigio de quebrar, al tiempo que la ley, la gramática. Y desvelando, de paso, el único sentido posible de eso que llaman ‘una sola Catalunya’.

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