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El futuro pertenece a los menos inteligentes (si no lo evitamos)

Miguel Ángel Quintana Paz

A diferencia de la literatura o la religión, tan reconfortantes a menudo, la ciencia no tiene por qué resultarnos consoladora. Con frecuencia, de hecho, nos cuenta verdades un tanto fastidiosas. Incómodo resultó Galileo cuando decidió tomarse en serio el sistema copernicano e insistió en que la Tierra no era el centro del universo. Incómodo resultó Darwin cuando mostró que nuestro origen biológico y el de las cucarachas era el mismo. Incómodo es saber que hoy no contamos con una cura eficaz para todos los tipos de cáncer. Por latosas que resulten, ninguna de esas verdades pierde por ello ni un solo pellizco de verdad.

Esto no significa, naturalmente, que los científicos ignoren el revuelo que a veces podrían desencadenar sus descubrimientos. Ni que ello deje de provocarles cierto vértigo. Fue el caso, sin ir más lejos, del propio editor de Copérnico en el siglo XVI, el protestante Andreas Osiander. Temeroso de que su libro le acarreara una persecución religiosa, le añadió un precavido prólogo en que aseveraba que cuanto allí se contaba no debía tomarse como verdadero: “Esto, muchachos, es solo un hábil modo de resumir cómo se pueden hacer mejores cálculos en astronomía”, venía a decir el prologuista, “pero ni se os ocurra tomaros en serio este mero truco matemático, ni vayáis a creeros de veras que la Tierra no sea el centro de todo, líbrenos Dios”. La cautela de Osiander no parece excesiva: otro teólogo, Giordano Bruno, se negó a tomarse las cosas como proponía Osiander y se obstinó en sacar consecuencias de que nuestro planeta no fuera el centro del universo. ¿Resultado? Terminó en la hoguera donde un papa, de nombre Clemente, resolvió calcinar parejos atrevimientos.

Hoy los papas ya no achicharran más que terneras argentinas, pero ello no obsta para que los científicos sigan amedrentándose ante la reacción que sus estudios podrían desencadenar. Es lo que pensé al descubrir que uno de los asuntos más palpitantes de la psicología contemporánea contaba por fin, desde hace un año, con una pista para resolverse… pero esa pista aparecía, toda tímida, solo en el material suplementario de un artículo científico. Sus autores no parecían querer insistir en tal hallazgo. El asunto al que me refiero es fácil de formular: ¿favorece la selección genética actual a la gente más inteligente o a la menos dotada intelectualmente? Dicho de otro modo: ¿a este paso, los humanos seremos cada vez más listos, de media, o cada vez menos? La respuesta que se daba en los Proceedings of the National Academy of Sciences era contundente, y se corroboró con otro artículo de la misma revista en diciembre pasado: sí, la inteligencia es en parte heredable; sí, las personas más inteligentes tienden a tener menos hijos que el resto; y por lo tanto, sí, de seguir la actual tendencia, la especie humana estará cada vez menos dotada (intelectualmente).

(De desear adentrarse en los detalles científicos del asunto, cabe acudir a esta nutritiva entrada del blog de @DrXaverius).

¿A qué velocidad se producirá ese previsible entontecimiento de nuestras generaciones futuras, que hace unos años ya describió (menos científica, pero más entretenidamente) la película Idiocracy? Con el auxilio de un tercer estudio podemos confiar un cálculo: implicará unos 0,3 puntos menos de cociente intelectual por década. Esto significa que si Javier Marías o Antonio Navalón (recientemente aupados por periódicos de referencia como eldiario.es al rango de “odiadores de los millennials”) viven cincuenta años más, comprobarán entonces que la media de inteligencia a su alrededor descenderá hasta 1,5 puntos. Quizá no parezca demasiado, como no se lo parecen a algunos los grados de temperatura que se prevé aumentar en las próximas décadas; pero, en términos evolutivos, si ese proceso no se interrumpe, en mil años el humano medio tendría una inteligencia que hoy se considera retrasada.

¿Ese milenarismo va a llegar? Todo depende de si nos ponemos manos a la obra para remediarlo. Y de si queremos hacerlo, claro. A diferencia de la belleza o la fuerza física, que cabe reconocerlas perfectamente en los demás aunque uno carezca por completo de ellas (bien lo sabe un servidor, que humilde reconoce andar falto de la segunda), para apreciar la inteligencia hay que poseer, en parte, esa misma facultad. De modo que, si queremos encontrarle una solución a este asunto, más fácil será emprender tal tarea hoy que convencer a los atolondrados humanos de dentro de diez siglos de su importancia.

¿Qué se podría hacer? La entrada del blog que antes enlacé sugiere aplicar métodos como la selección de embriones o la ingeniería genética para compensar esa idiotización generalizada de nuestra especie. Son apuestas éticamente peliagudas, que entrañan un cierto tipo de eugenesia. Merecerían por sí solas otro artículo, de modo que no entraré a debatirlas aquí.

Hay, sin embargo, otra vía de solución más sencilla, que podríamos denominar “socialdemócrata”, en la que sí me detendré. Sabido es que a los socialdemócratas les encanta solucionar las cosas por medio de subvenciones. Y sabido es, al menos desde tiempos de la new left, que a los socialdemócratas les apasiona apoyar a las minorías, en particular aquellas en situación más vulnerable. Y bien, la conclusión es obvia, como habrá inferido el sagaz lector: creo que, desde el campo socialdemócrata, debería empezar a exigirse que el Estado subsidie a la gente más inteligente para que pueda tener más hijos de los que hoy tiene. Los listos son, al fin y al cabo, una minoría en evidente riesgo de extinción, si nos fiamos de la ciencia.

Además, no me cabe duda de que una medida como esta recabaría un apoyo electoral considerable. Al fin y al cabo, la mayoría de los votantes se considera del lado intelectualmente brillante de la sociedad, como notó ya Descartes al inicio de su Discurso del método. Votando a favor de esta subvención, pues, creerían en el fondo estar apoyando subvenciones para sí mismos. Quizá más tarde descubrieran que no es así: pero parece poco probable que masas de personas que se confesaran poco inteligentes se manifestaran luego para reclamar que son más tontos de lo que se creían.

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Una teoría científica prevé que 2018 será el año de los grandes terremotos

Redacción TO

Foto: Navesh Chitrakar
Reuters

No prestamos demasiada atención a los movimientos de la rotación de la Tierra, pero son más relevantes de lo que el común de los mortales creemos. De vez en cuando, la rotación de la Tierra disminuye algunos milisegundos por día, y esto va a tener un enorme efecto en las vidas de millones de personas alrededor del globo. Según el Servicio Geológico de los Estados Unidos ha habido 7.574 a escala global en los últimos diez años. Una reciente teoría prevé que esta cifra pegará un importante repunte el próximo 2018.

En un estudio publicado en Geophysical Research Letters a mediados de este año, los científicos Roger Bilham, de la Universidad de Colorado, y Rebecca Bendick, de la Universidad de Montana predicen que, debido a la desaceleración de la rotación de la Tierra, el mundo sufrirá un aumento significativo de grandes terremotos en 2018.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores estudiaron todos los terremotos desde 1900 que registraron una magnitud (según la escala del momento en que sucedieron) de 7,0 o mayor y descubrieron que aproximadamente cada 32 años hay un repunte en estos grandes sismos.

Una teoría científica prevé que 2018 será el año de los grandes terremotos 2
Aproximadamente cada 32 años hay un repunte en grandes sismos en el mundo. | Foto: Kim Hong-Ji / Reuters

El factor común

El estudio revela, asimismo, que el único factor que se correlaciona fuertemente en esta repetición de grandes terremotos es una ligera desaceleración de la rotación de la Tierra en un período de cinco años antes del repunte, algo que ha ocurrido en el último lustro.

En el ecuador, la Tierra gira 460 metros por segundo. Dada esta alta velocidad, no es absurdo pensar que un ligero desajuste en la velocidad entre la corteza sólida y el manto y el núcleo líquido podría traducirse en una fuerza que, de alguna manera, empujaría los temblores a la sincronía.

La mayoría de los sismólogos coinciden en que la predicción de un terremoto es un terreno pantanoso. Y hasta ahora, Bilham y Bendick tan solo tienen ideas difusas y difíciles de probar sobre lo que podría causar el patrón que encontraron. No obstante, el hallazgo es demasiado provocador para ignorarlo, dicen otros investigadores. “La correlación que encontraron es notable y merece una investigación“, dijo Peter Molnar, reconocido geólogo norteamericano, a la revista Science.

La importancia de prevenir

Entonces, ¿es posible predecir los terremotos? Es una pregunta que molesta a los sismólogos, no porque no sea razonable, sino porque los científicos lo han intentado muchas veces y siempre han terminado en fracaso. Incluso después de muchos avances en sismología, como lo expresa Richard Luckett del British Geological Survey, “cuando ocurre un terremoto es esencialmente un evento aleatorio“.

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Los devastadores terremotos de México en este 2017 dejaron centenares de víctimas mortales. | Foto: Nacho Doce / Reuters

Ante la aparente imprevisibilidad de la actividad sísmica, la única solución para evitar grandes desastres como los que sacudieron México hace unos meses es una previsión efectiva. España es un ejemplo claro de la falta de preparación a la hora de afrontar grandes terremotos. La evidencia está en el ocurrido en Lorca en 2011, que tuvo una magnitud de 5,1, y dejó nueve víctimas mortales e innumerables daños materiales. El 75% de las viviendas en España cumple con “poco rigor” la normativa de construcción sismorresistente, y es necesario con “urgencia” rehabilitar edificios para soportar terremotos, según el expresidente de la Asociación Española de Ingeniería Sísmica, Ricardo García Arribas. Por ello, y teniendo en cuenta esta nueva teoría científica, la inversión en una preparación mejor de nuestras infraestructuras y protocolos de actuación puede ser clave ante cualquier catástrofe.

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Toast Ale, la cerveza a base de pan que se rebela contra el despilfarro

Redacción TO

Foto: Lindsey Parnaby
AFP

Cada año terminan en la basura toneladas de pan y una asociación británica ha tomado la determinación de poner fin al derroche con una solución sorprendente: son capaces de transformar el pan en cerveza.

En el condado de Yorkshire, al norte de Inglaterra, una fábrica está acostumbrada a ver cómo llegan kilos de pan duro procedentes de bares y establecimientos de la ciudad. Estos pasan a convertirse en ingredientes de una cerveza que han bautizado como Toast Ale, y que desde 2016 reduce el porcentaje de malta para sustituirlo por pan, todo por encargo de una asociación que lucha contra el despilfarro de alimentos y que se llama Feedback.

La idea nació de Tristram Stuart, fundador de esta asociación, quien se inspiró en los cerveceros belgas que lanzaron la cerveza llamada Babylon. Aquel nombre no fue una coincidencia.

“Me explicaron que los antiguos babilonios inventaron la cerveza para usar panes y granos que de otro modo se habrían perdido. Era el objetivo inicial de la cerveza”, explicó Stuart en una entrevista con la agencia AFP. “Hoy se tiran cantidades industriales de pan en todo el mundo, y las asociaciones de ayuda alimentaria no pueden repartir todo el pan que les ofrecen. Al mismo tiempo, hay esta fiebre en todo el mundo por las cervecerías artesanales”.

Esta circunstancia empujó a Stuart a crear una empresa que uniera a los suministradores con los cerveceros locales, y a su vez con organizaciones caritativas. Desde el primer momento dio una visión internacional al negocio, y el primer paso consistió en hacer de ‘Toast Ale’ un producto de calidad. La primera cerveza que se hizo nació en el programa de televisión del famoso chef británico Jamie Oliver, que se rindió en elogios. Ahora existen cuatro variantes, en función de los gustos de los consumidores. Tienen dos lagers, una Pale Ale y una India Pale Ale, y varios premios a sus espaldas.

Un trabajador de la fábrica, volcando el pan durante el proceso. | Foto: LINDSEY PARNABY/AFP

Su ejemplo ha servido para que otras cervecerías se hayan sumado a su iniciativa. Es el caso de Wiper and True, situada en Bristol, que creó la Bread Pudding, una cerveza fabricada con los mismos métodos y con un sabor que recuerda al famoso postre británico.

En el Reino Unido se han usado ya 9,75 toneladas de pan para producir más de 300.000 botellas de cerveza, vendidas a entre 2,5 y 3 libras la unidad –entre 2,80 y 3,40 euros–, un precio habitual en cervezas artesanales. Es un pequeño paso, pero queda mucho por hacer para reducir el problema del derroche: cerca de la mitad –el 44%– del pan que se produce en el Reino Unido anualmente acaba en la basura. El pan es el alimento que más se tira en ese país.

“Ver lo que ocurre en el mundo es verdaderamente deprimente”, estimó Tristram Stuart. Para ello ha encontrado una solución “deliciosa”. Tan deliciosa que su método se extiende con velocidad y ya se aplica en ciudades como Nueva York, Río y Ciudad del Cabo.

La receta para transformar fue publicada en Internet para que todos puedan iniciarse en la elaboración de cerveza con pan y contribuir a su manera a reducir el problema. “La han descargado ya 16.000 veces, mucha gente la usa”, dijo Tristram Stuart, entusiasmado. Pero ¿qué ocurrirá si se deja de derrochar pan? El fundador de Feedback responde tajante: “Entonces, no tendrá razón de existir”.

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Estados Unidos acaba con la neutralidad de la red: ¿Es el fin de Internet como lo conocemos?

Ana Laya

Foto: Kyle Grillot
Reuters

Desde el jueves 14 de diciembre Internet ha dejado de ser un servicio público de libre acceso. La norma, aprobada por la mayoría republicana de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) de Estados Unidos, le ha otorgado a las compañías proveedoras de Internet el poder de modificar las experiencias online de millones de ciudadanos estadounidenses, ya que ahora éstas podrán bloquear páginas o cobrar extra por una mayor calidad del servicio o por el acceso a ciertos contenidos (¿bajo qué criterio? Buena pregunta, la respuesta es tristemente obvia). Esta medida no solo afecta directamente a Estados Unidos sino que además sienta un precedente peligroso para el resto del mundo.

Como explica la web Save the Internet, la neutralidad es el principio básico que siempre ha regido a Internet. Es Internet, tal y como lo conocemos hasta ahora, sin que compañías como AT&T, Comcast y Verizon, en el caso de Estados Unidos, o en un futuro en España: Movistar, Orange y Vodafone, tengan el derecho a decidir a qué contenidos puedes acceder y cómo acceder a ellos. La neutralidad es lo que garantiza que no haya exclusión, que todos, independientemente de que nos conectemos a la red desde un locutorio o desde un iPhone X, tengamos acceso a los mismos contenidos.

La propuesta de revertir las reglas que la misma FCC aprobara en 2015 fue liderada por Ajit Pai, actual Presidente de la FCC nombrado por Donald Trump y ex-abogado corporativo de Verizon. Pai ignoró la presión no sólo de la opinión pública sino también de una gran parte de abogados, legisladores, corporaciones y organizaciones sin fines de lucro. Mientras que parte de los apoyos que logró la polémica discusión online de la propuesta, aparentemente fueron dejados por… ¿zombies?.

La FCC acaba con la neutralidad de la red: ¿Es el fin de la internet como la conocemos? 1
Sí, el hombre que bebe (siempre) de una taza de Reese’s gigante y le parece una broma graciosísima es el que de momento ha logrado acabar con la neutralidad de la red. | Foto: Aaron P. Bernstein / Reuters.

El argumento de esta mayoría nada silenciosa, entre la que se encuentran los representantes de gigantes como Facebook, Twitter y Amazon, es que esta ley pretende solucionar un problema que no existe y sus consecuencias, en cambio, son peligrosas. “La decisión adoptada por la FCC hoy es decepcionante y dañina”, comentó Sheryl Sandberg, COO de Facebook, “un Internet abierto es clave para nuevas ideas y oportunidades económicas”, agregó.

Werner Vogels, CTO de Amazon, Brad Smith CLO de Microsoft, Alexis Ohanian, cofundador de Reddit, y plataformas como Netflix y Vimeo también expresaron a través de Twitter su rechazo a la decisión de la FCC augurando que este es solo el comienzo de una larga batalla legal.

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Manifestantes congregados frente a la FCC durante las deliberaciones. | Foto: Yuri Gripas / Reuters.

Sí, la neutralidad en la red no es simplemente importante, la neutralidad ES la red. Aquí algunas claves para entender lo que la decisión de la FCC simboliza, implica, permite, prohibe y cómo puede ser revertida:

¿En qué consiste la decisión de la FCC?

Después de una batalla de 10 años sobre el futuro de Internet, en 2015 la FCC adoptó medidas para asegurar la neutralidad de la red basándose en el Título II del Acta de Comunicaciones.

Específicamente, en febrero las compañías proveedoras de Internet fueron recalificadas como “teleoperadores comunes” bajo el Título II, dándole así a la FCC la autoridad de asegurar que compañías como Verizon, AT&T y Comcast no pudieran bloquear, ralentizar o interferir de ninguna manera con el tráfico web (AT&T fue condenada en el pasado por bloquear FaceTime, y en general, los teleoperadores no son empresas que gocen particularmente de buena fama en cuanto a transparencia), preservando así un terreno de juego neutral para todos los involucrados. Estas reglas acompañaron un pico histórico de innovación e inversión online especialmente en Estados Unidos.

Ahora, de acuerdo con la nueva decisión de la FCC, los teleoperadores han dejado de estar calificados bajo ese “Título II”. Esto deja con las manos atadas a la FCC porque retira su capacidad de imponer sanciones a las compañías que decidan, por ejemplo, discriminar la velocidad de transmisión de datos de algunos servicios a su favor. La única regla real que tienen que seguir los proveedores de Internet es anunciar que están haciendo lo que están haciendo. Por ejemplo, si un servicio de streaming pertenece o tiene algún acuerdo con un proveedor, este podría funcionar mejor que otro sin dicho acuerdo. Sin ir muy lejos, HBO, Netflix, Amazon Prime, se verían afectadas a menos que se decidan a pagar un fee, una cuota, o a asociarse (¿a qué costo?) a un teleoperador.

Y si esto afecta a los gigantes del streaming y a los de la redes sociales, está demás decir cómo afectará a los potenciales nuevos emprendedores que quieran triunfar o busquen sencillamente tener algo de presencia online.

La FCC acaba con la neutralidad de la red: ¿Es el fin de la internet como la conocemos? 3
Manifestantes en California a favor de la Net Neutrality. Photo: Kyle Grillot / Reuters.

¿Cómo rechazar la decisión?

El Congreso tiene la potestad de revertir la decisión de la FCC, por eso numerosas entidades como Save the Internet están llamando a los ciudadanos a escribirle a sus representantes en el Congreso para que implementen una ‘moción de desaprobación’. Medida permitida por una ley conocida como Revisión de Acta del Congreso (Congressional Review Act, CRA).

Michael J. Coren afirma en Quartz que el uso de la CRA es probablemente el único camino que podría seguir el Congreso y que, en efecto, en 2017 los republicanos ya se han valido de la misma para rechazar 15 regulaciones impuestas por la Administración Obama, y esta vez por primera vez podría ser usada para salvar una.

El senador de Massachussetts Ed Markey y el representante de Pensilvania, Mike Doyle, ambos demócratas, ya han comunicado sus planes de aplicar la CRA para que se discuta la decisión de la FCC en el Congreso. Si la moción pasa y recibe la firma del presidente, la decisión de la FCC sería rechazada, el orden abierto de Internet de la era Obama sería reinstaurado y cualquier decisión similar de la FCC tendría que tener aprobación previa del Congreso.

La Administración Trump está haciendo todo lo posible para acallar a las voces disidentes, señala Save the Internet. “Si perdemos la neutralidad de la red, lo habrá logrado”, sentencia.

¿Afectará esta medida a Europa?

Michael McLoughlin señala en El Confidencial que por aquí Internet seguirá siendo igual, por lo menos hasta nuevo aviso, y que “el pasado año la UE dio luz verde a una serie de directrices emitidas por el Berec, la máxima autoridad comunitaria a la hora de regular las telecomunicaciones en el Viejo Continente”. Las regulaciones publicadas por Berec el 16 de agosto para proteger Internet son hasta la fecha, según el grupo Save the Internet Europe, fuertes y representan una victoria avasallante de la neutralidad.

Sin embargo, añade McLoughlin, las consecuencias de la votación de la FCC pueden sentirse en Europa, ya que plataformas como Netflix o HBO son globales, y “si una de estas plataformas se ve afectada en un mercado tan importante como EEUU esto podría conllevar, por ejemplo, una subida de precios o la restricción de algunos servicios debido a menores capacidades de transmisión”.

Por otra parte, Saurabh Singh, en India Today señala que aunque técnicamente la medida aplicada en Estados Unidos no debería tener demasiado impacto, considerando que Internet es una entidad con menos fronteras que los mercados financieros o de bienes, los expertos de la industria creen que sus efectos se harán sentir en muchos otros países, incluida, en este caso, India. No será inmediatamente, señala, pero será pronto (¿y será para siempre?).

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Trabajar en un café con internet gratis (de manera medianamente eficiente) puede convertirse en un recuerdo lejano. | Foto: Brendan McDermid / Reuters.

¿Cómo te puede afectar a ti?

Un buen ejemplo de los cambios que podrían suceder ahora que las compañías teleoperadoras se ven empoderadas frente a los individuos es que Internet empiece a funcionar como lo hace la televisión por cable. Los teleoperadores podrían empezar a vender Internet por paquetes, uno básico sin costes adicionales, que incluya Wikipedia y Google, por decir algo, y otro premium que incluya acceso a redes sociales, y así.

Ro Khanna, representante del Congreso por el Distrito 17 de California (donde está Silicon Valley) ha mostrado el modelo portugués como ejemplo de lo que podría y no debería suceder.

Otra gran preocupación es que sin reglas que prohiban el acceso prioritario prepago a grandes compañías a Internet de alta velocidad, los pequeños negocios, las startups innovadoras pero sin un mecenas millonario, los estudiantes, las bibliotecas públicas y cualquier usuario con menor poder adquisitivo, serán relegados al “canal lento” de Internet.

Si bien, como argumentaba Farhad Manjoo en el New York Times el pasado noviembre, internet como lo conocemos está agonizando, ya que las grandes compañías como Apple, Facebook, Google, Microsoft y Amazon ya controlan “gran parte de la infraestructura online, desde las app stores hasta los sistemas operativos y la nube para almacenar contenidos”, la desaparición de lo que queda de neutralidad, no ayuda para nada. En todo caso introduce un nuevo gigante en la ecuación: los teleoperadores.

Si las reglas de juego ya no eran particularmente justas, en este escenario son directamente absurdas. Este, por suerte, parece no ser el capítulo final de esta historia.

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