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Los cinco ¿retos? para el nuevo Gobierno de Rajoy

Miguel Ángel Quintana Paz

Me pide Ignacio Peyró, director de esta sección de El Subjetivo en The Objective, que escriba los que creo que son “los cinco retos principales” a que se enfrenta el nuevo Gobierno de Mariano Rajoy. Uno tiene la sensación de que entender como “retos” algo relacionado con Rajoy acaso ya sea un punto de partida no del todo acertado: uno sospecha que este registrador de la propiedad pontevedrés afronta las cosas más como hace cualquier otro funcionario con los encargos de su oficina, que como un deportista o un héroe clásico se enfrenta a sus “retos”. Pero sea, llamemos por un rato “retos” a esos cartapacios con expedientes que te ha traído a la mesa el jefe de negociado y veamos cuáles son, en mi humilde opinión, los cinco más peliagudos de ellos.

1) Nacionalismo

Para abordar un problema lo importante es empezar por ponerle el nombre adecuado. Y el problema no se llama “Cataluña”, como en tiempos de ETA no se llamó “País Vasco” ni hace unos años, en la Italia en que prosperó la Liga Norte, se llamaba “Padania” (que, para empezar, era un nombre inventado). El problema se llama nacionalismo y lleva siendo un problema no solo para España, sino para toda Europa, y después para todo el mundo, desde sus orígenes a finales del siglo XVIII.

El nacionalismo es el típico problema que en realidad se nos presenta como una solución: es una ideología que afirma que todo irá mejor si cada “pueblo” puede expresar su “identidad” en un Estado propio. Como hablar de la “identidad” de un “pueblo” es algo así como hablar del quinchinpún de la quinchinpán (es decir, un término que no significa nada o significa cualquier cosa que queramos), refutar a un nacionalista a veces se vuelve tan complicado como responder a alguien que nos hable en idioma dothraki: no sabemos muy bien ni qué quiere decir.

Pero lo que sí sabemos es para qué se usa ese idioma extraño. Resulta ser extremadamente útil para conseguir que las masas vayan detrás de ti mientras agitas una bandera y echas la culpa a los de fuera de todos los males de dentro. Así hizo el presidente catalán Artur Mas hace unos años, cuando la crisis económica le forzó a aplicar ajustes en su Gobierno (como ocurrió con todos los Gobiernos europeos), pero no quiso ser él quien asumiera la responsabilidad por ello. Siempre es más útil que el responsable de las cosas feas que haces sea el quinchinpún de la quinchinpán a serlo tú.

Y desde entonces tenemos, con ayuda de los medios de comunicación y la escuela nacionalistas, a  buena parte de los catalanes convertidos a esa fe: persuadidos de que la causa de sus problemas somos el resto de los españoles. ¿Qué puede hacer el Gobierno de Rajoy ante ello? Existen al menos tres estrategias posibles. La primera  la explicó el filósofo José Ortega y Gasset hace ya décadas: no intentemos resolver este problema, decía Ortega, limitémonos a saber conllevarlo, igual que uno acaba habituándose a una enfermedad crónica. Esta parece haber sido la estrategia de Mariano Rajoy hasta ahora, dado que no se le conoce medida alguna para resolver el nacionalismo, sino solo una resistencia pétrea para capear sus sacudidas.

La segunda opción, naturalmente, es ponerse a resolver el problema. Algo que es poco probable que se produzca en esta legislatura, siendo el problema tan viejo y toda legislatura, por definición, tan corta en términos históricos. Además, sabemos que adanistas como Rodríguez Zapatero, que creyeron poder resolver de una vez con un nuevo Estatuto el problema nacionalista, no hicieron sino agravarlo.

Quizá, entonces, debería resultarnos más atractiva la tercera opción: que no es tanto resolver el problema, sino disolverlo. Es decir, empezar a socavar todas aquellas bases se apoya el nacionalismo. Al igual que cualquier otra cosa en la vida, el nacionalismo no surge por generación espontánea. Empecemos a corromper todo lo que le da alimento. Y quienes mejor saben de ello son los intelectuales catalanes no nacionalistas. Una de las pocas cosas buenas que creo que le debemos al nacionalismo de nuestras Españas es que ha permitido que surjan entre nosotros un número apreciable de expertos en desmontar el propio nacionalismo, de un nivel intelectual general que no se conoce en otros países europeos (pues ellos no han sufrido tan virulentamente ese problema). A menudo he preguntado a varios de estos intelectuales si el Gobierno de todos los españoles alguna vez les consulta, les pide impresiones, intercambia con ellos ideas. La respuesta suele ser negativa. Estaría bien que el Gobierno de Rajoy empezara pues el famoso “diálogo con Cataluña” con esta parte aún mayoritaria en Cataluña: la de los no nacionalistas, que son los que mejor saben de cómo tratar a la otra parte.

2) Populismo

Este cartapacio se parece mucho al anterior. El populismo, ya sea de derechas (Donald Trump, Marine Le Pen…), ya sea de izquierdas (Pablo Iglesias, Nicolás Maduro…) no consiste solo en decirle a los votantes cosas seductoras: todo político ha tenido siempre una parte de seductor. El populismo es mucho más concreto. Trata de seducir con ese mismo mecanismo que ya hemos descrito en el caso del nacionalismo: persuadir a tus votantes de que la culpa de todos sus males la tienen entes malvados y ajenos, excitar luego las pasiones más bajas contra ellos y, aupados en esa indignación, asaltar finalmente el poder. Es importante el componente emocional del populismo porque este evita que cualquiera haga los razonamientos más sencillos: no, señora nacionalista catalana, el dinero gastado en la educación de un niño extremeño no tiene la culpa de sus males; no, señor populista, Merkel no tiene la culpa de que usted se metiera en una hipoteca que era improbable que pudiera pagar (y mire que siento ese su desafortunado cálculo), ni tampoco obligó a los dirigentes de la caja de ahorros que le dio tal hipoteca a derrochar su dinero yéndose de Carnaval a Venecia para aprobarse prejubilaciones millonarias.

Pero el populismo ha cundido por toda España. Y aunque, de momento, parece contenido por el dique de la hipocresía de sus defensores, no resulta agradable tener en el Congreso de los Diputados a tantos oradores que esputan odio cada vez que intervienen; ni tampoco es agradable que siga habiendo un número tan alto de jóvenes españoles seducidos por esos flautistas de Hamelín. El Gobierno de Rajoy tendrá que ayudar en la tarea de desmontar las mentiras populistas. Y esto no significa, naturalmente, caer en el error de otros políticos europeos, como Nicolas Sarkozy o Theresa May, que han introducido dosis populistas en sus propios discursos conservadores para vencer en su terreno al populismo de sus naciones. Si copias al populismo, en el fondo legitimas al populismo.

3) Mercado de trabajo.

El flautista de Hamelín populista tiene especial éxito entre los jóvenes españoles porque la situación de los jóvenes españoles es especialmente injusta, y no hay nada que sepan hacer mejor los populistas que aprovechar injusticias reales para seducirnos con soluciones irreales. La situación de los jóvenes españoles es injusta porque su tasa de desempleo es altísima. Esta no es la maldición que ninguna bruja alemana nos haya impuesto, sino algo de lo que somos responsables los propios españoles. Nuestro sistema laboral, desde el franquismo, protege extraordinariamente a los viejos que ya poseemos un trabajo fijo, mientras deja a la intemperie de encadenar contrato precario tras contrato precario al joven que intenta entrar en la vida adulta. Esto ha sido así antes y después de la última reforma laboral, así que echarle a esta la culpa, como tanto insistía aquel señor que se llamaba Pedro Sánchez, es solo una mentira más. Hay que tener los arrestos de hacer por fin una reforma verdadera de nuestro mercado de trabajo. Arrestos como los que tuvo Ciudadanos en las elecciones de diciembre 2015, aunque seis meses después también se acobardaran y eliminaran de su programa la idea de contrato único.

4) Recortes

Otra área en que hará falta que el Gobierno se arme de esas dos virtudes señeras, la de la sinceridad y la de la valentía, es esta: los recortes que España habrá de efectuar con miras a reducir su déficit. En primer lugar, sinceridad: contar de una vez a los españoles, ahora que ya se ha acabado esta última campaña electoral que nos ha acompañado un año (y en la que nadie nos lo ha contado), que no es posible seguir viviendo indefinidamente de un dinero que no tenemos, pues eso es lo que significa el latinismo “déficit”. En segundo lugar, valentía: para eliminar todos los gastos superfluos que es justo eliminar, y para resistir la venganza que te espera de aquellos que viven gozando de ellos.

5) Rellénelo usted mismo.

Soy escéptico con que el Gobierno de Rajoy sea capaz de arrostrar con eficacia ninguno de los cuatro retos que he señalado. Pero aún lo soy más de que sea competente ante este quinto epígrafe, debido a lo que empecé diciendo: que a Rajoy le van más los cartapacios oficinescos que los retos propiamente dichos. Y este quinto reto consiste precisamente en que creo que el Gobierno de Rajoy debería echar mano de la imaginación y proponer a los españoles un nuevo reto ilusionante con el que afrontar las décadas en que nos adentramos. Ya hemos contado que Artur Mas lo supo hacer (aunque se tratara del reto equivocado) cuando propuso a los catalanes el reto de lograr su secesión del resto de España. Theresa May o Nicolas Sarkozy también están renovando su discurso, aunque se trata de nuevo de una renovación errada. ¿Sería mucho pedir al centroderecha español que lo intentara y, en lugar de conformarse con gestionar mal que bien los problemas que otros le traen, marcara él mismo los retos, los objetivos, el proyecto de qué quiere ser España en el mundo globalizado actual? ¿Sería mucho pedir empezar a pensar que tal vez España no sea solo una oficina de registro?

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El pueblo más independentista de Cataluña tolera (de momento) disidentes

Borja Bauzá

Foto: Borja Bauzá
The Objective

En el pueblo más independentista de Cataluña se puede vivir sin hablar catalán y ceceando. Es el caso de Antonio, un jubilado que nació hace 74 años en Sevilla y lleva casi medio siglo en Arenys de Munt. El municipio, situado a 50 kilómetros de Barcelona, ha acaparado titulares desde que en 2009 varios vecinos sacasen adelante la primera consulta popular sobre la independencia. Ganó el sí. En las últimas elecciones autonómicas, las del 2015, el 62% de los votos fue a parar a Junts pel Sí. El segundo partido más votado fue la CUP. De los 8.500 habitantes que tiene la localidad, sólo un millar votó a partidos contrarios al referéndum anunciado para este domingo. Antonio resume todos esos datos en una sola frase: “Este es el pueblo más malo de toda Cataluña”.

Cabe preguntarse si Antonio se ha planteado una mudanza. Contesta que no, que mientras le dejen en paz –“como hasta ahora”– no tiene pensado moverse. Tampoco cree que el próximo domingo, bautizado en toda España como el 1-O, vaya a darse ningún referéndum. Pero en el hipotético caso de que se celebre, él insiste: mientras nadie le pida explicaciones todo en orden. “Y si se quejan pues que me paguen lo que cuesta mi casa y me voy”, aclara. No parece preocupado.

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Plaça de Arenys de Munt | Imagen vía Borja Bauzá/The Objective

Sus declaraciones sorprenden a quien ha llegado hasta Arenys de Munt esperando encontrarse una suerte de reducto abertzale a la catalana. Sin embargo, no muy lejos del banco en el que toma el sol Antonio hay un bazar chino que vende banderas de España. La mujer que se sienta en la caja no quiere contestar preguntas, pero la clientela –que se expresa en catalán– no parece tener ningún reparo con el souvenir.

Frente al bazar oriental, cruzando la carretera que parte el municipio en dos, se encuentra un bar llamado ZiamClub. Es bastante popular en el pueblo gracias a un generoso menú del día que sale por 10 euros todo incluido. El almuerzo discurre plácidamente –y en catalán– hasta que un comensal sentado consigo mismo decide poner una canción a todo volumen en su teléfono: “No vais a votar, referéndum ilegal; no vais a votar, os van a calentar”. Las mesas de alrededor callan y miran de reojo, pero nadie dice nada. Cuando termina la canción el comensal, un hombre en la cincuentena, se saca un puro del bolsillo y pide fuego al camarero. Saliendo del ZiamClub, en una casa en obras, se observa una pintada castigada por el paso del tiempo: “No a la independencia”. Nadie la ha tachado.

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Los “Sí” del independentismo están por muchas partes de Cataluña, Arenys de Munt no es la excepción | Imagen vía Borja Bauzá / The Objective

La mayor concentración de bares en Arenys de Munt se da, como es lógico, en su arteria principal: la Rambla de Sant Martí. A seis días de la fecha del referéndum, y coincidiendo con la cita del alcalde, Joan Rabasseda (ERC), en la Fiscalía de Mataró por su apoyo al Govern de la Generalitat, muchos parroquianos optan por discutir las victorias del Barça y del Espanyol en la última jornada de Liga.

En un tiempo en el que el periodismo tiende a magnificar anécdotas, conviene no llevarse a engaño: pese a todo lo anterior, y como demuestran los últimos comicios, Arenys de Munt es un pueblo independentista. Los periódicos que más se venden, y con diferencia, en los dos kioscos de la localidad son El Punt Avui, el Ara y las ediciones en catalán de La Vanguardia y El Periódico. La calle principal está plagada de esteladas, pancartas a favor de la independencia y carteles que animan a votar “para ser libres”. En el ayuntamiento lucen las banderas catalana y europea; en el mástil central, donde debería ondear la española, no hay nada.

Un vecino que prefiere no ser citado explica que lo que se vive estos días en Arenys de Munt y, por extensión, en toda Cataluña es la calma que precede a una gran tormenta. En su opinión, la chispa puede saltar en cualquier lado. “Fíjate en cómo empezó la Primavera Árabe, con un tendero quemándose en Túnez porque no le devolvían su carro ambulante”, dice.

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Lo que se vive estos días en Arenys de Munt es la calma que precede a una gran tormenta.| Imagen vía Borja Bauzá / The Objective

Es posible que de momento la convivencia entre vecinos se mantenga porque todos, los partidarios del referéndum y los que se oponen a él, están convencidos de que lo deseado es lo que va a suceder. Esperan que la realidad golpee al adversario y luego ya veremos. Muchas personas en el pueblo parecen pensar de esta manera. Cuando pregunto a Teresa, encargada de una tienda de ropa en la misma Rambla de Sant Martí, qué cree que sucederá el domingo me devuelve una sonrisa radiante: “Que votaremos”. No percibo el menor atisbo de duda.

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¿Por qué no ha acogido España a todos los refugiados que debía?

María Hernández

Foto: ALVARO BARRIENTOS
AP

Este martes se acaba el plazo para que España cumpla la cuota de acogida de refugiados establecida por la Unión Europea. Sin embargo, España solo ha recibido al 11% de los refugiados que debía acoger obligatoriamente. La Unión Europea estableció que debía acoger a 17.337 personas, 9.323 de las cuales eran de obligado cumplimiento.

La media de cumplimiento con el cupo de acogida obligatoria en Europa se sitúa en torno al 50%, lo que demuestra que a España aún le queda mucho por hacer en este aspecto, aunque no es la única. El 86% de las personas refugiadas en todo el mundo son acogidas en algunos de los países más empobrecidos, como Pakistán, Irán, Etiopía o Jordania, por lo que Europa solo recibe un pequeño porcentaje de los más de 65 millones de personas que se han visto obligadas a huir de su país, explica la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR).

Los motivos del incumplimiento

Las organizaciones de defensa de los refugiados denuncian a menudo los diferentes motivos por los que la Unión Europea en general, y España en concreto, no cumplen con las cuotas establecidas de acogida de refugiados.

El primero de estos motivos es la limitación de reubicación a personas que tengan una nacionalidad que supere el 75% de reconocimiento de protección internacional por parte de los estados miembro. CEAR critica que este criterio de nacionalidad está dejando fuera a refugiados de países como Afganistán, Sudán o Nigeria.

Además, los criterios de reconocimiento no son iguales en todos los países, por lo que existe una falta de coordinación, especialmente entre la Oficina Europea de Apoyo al Refugiado (EASO) y países como Italia o Grecia.

Otro aspecto de gran importancia respecto a la acogida de refugiados es el acuerdo al que llegaron la Unión Europea y Turquía en marzo de 2016, tras el cual los estados miembros decidieron que las personas que llegaran a Grecia desde ese momento no podrían solicitar su reubicación a otro país europeo.

Esta decisión está estrechamente relacionada con la última comunicación la Unidad de Reubicación Griega, en la que afirmaba que no hay en Grecia más personas con un perfil adecuado para la reubicación. CEAR asegura que esto no es cierto, pues la Comisión Europea cifra en 4.700 las personas “potencialmente elegibles” para ser reubicadas desde Grecia, sumadas a las más de 7.200 personas que han llegado este año a Italia.

Además, CEAR destaca que existe una gran falta de voluntad política en los países de la Unión Europea, cuyos gobiernos han utilizado el discurso del miedo para justificar el incumplimiento de las cuotas de acogida de refugiados que ha establecido la Comisión Europea.

Las peticiones de CEAR

El hecho de que no exista un mecanismo efectivo de sanciones a los países que incumplen las cuotas establecidas por la Comisión Europea ha sido uno de los principales motivos por el que ningún país de la Unión Europea ha cumplido con el 100% de las acogidas obligatorias.

Por esta razón, desde CEAR piden que se impongan sanciones al Gobierno español y al resto de incumplidores para “que no queden impunes”, explica la secretaria general de la organización, Estrella Galán.

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Un grupo de manifestantes pide que España acoja más refugiados. | Foto: Emilio Morenatti/ AP

Además, Galán ha recordado que España cuenta con una ley de asilo que no se está aplicando, así como con una directiva de protección temporal que le permitiría trasladar a personas con necesidades concretas durante un tiempo determinado, por lo que “no hay excusas, España debe seguir con su cumplimiento”, dice Galán.

Desde CEAR también piden a las autoridades que eliminen la discriminación por nacionalidad en el proceso de aceptación de solicitudes de asilo, así como que se deje de discriminar a las personas con vulnerabilidad, especialmente a los menores no acompañados, un grupo a menudo más rechazado por los países europeos debido a que necesitan más recursos que el resto.

El cumplimiento del acuerdo no acaba ahora

La directora de Políticas y Campañas de CEAR, Paloma Favieres, recuerda que, aunque el plazo fue establecido para el 26 de septiembre, el cumplimiento de la cuota de acogida de refugiados no debe finalizar.

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Un grupo de manifestantes protestan contra el acuerdo de la Unión Europea con Turquía. | Foto: Jon Nazca/ Reuters

La Comisión Europea habla de un plazo “razonable” para seguir acogiendo refugiados hasta cumplir con la cuota establecida, explica Favieres, que insiste en que España debe seguir recibiendo a los solicitantes de asilo hasta cumplir con el número fijado a pesar de que se haya cumplido el plazo.

Además, señala que “la carta de Grecia no puede ser la excusa” para dejar de recibir refugiados, sino que todos aquellos que llegaron tras el acuerdo con Turquía también deben ser reubicados, así como los que lleguen hasta el día 26 de septiembre a las costas griegas.

El proceso de acogida en primera persona

Las cifras nos muestran que España se queda muy atrás en lo que respecta a acoger e integrar refugiados, pero son los propios refugiados los que mejor transmiten cómo es el proceso de reubicación a España.

Nedal, un refugiado sirio que llegó a España tras más de dos años de espera, explica que “mucha gente en España no acepta a los refugiados”, por lo que la integración en la sociedad es difícil en algunos casos.

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Un manifestante protesta por los largos procesos que viven los refugiados para entrar en España. | Foto: Francisco Seco/AP

Nedal fue a la universidad en Siria, pero la guerra le impidió llevar una vida normal y tuvo que huir a Líbano, desde donde comenzó el proceso para venir a España. Aquí estudia español, alemán y un curso de Administración y Asistencia a la Dirección.

Todo suena muy bien, pero acabar sus estudios en España tampoco está siendo fácil para Nedal. “No todo el mundo acepta a los refugiados aquí”, explica, motivo por el que le está resultando muy complicado encontrar una empresa donde llevar a cabo las prácticas necesarias para acabar su curso.

También son difíciles otras situaciones cotidianas como la búsqueda de piso. Nedal asegura que en numerosas ocasiones le han denegado el alquiler de un piso por el simple hecho de ser un refugiado árabe. A pesar de todo, asegura que hay mucha gente que le ha ayudado en España y que “claro está, no todos son iguales”.

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Subastas de caballos: entre el glamour y la pasión

Enrique Redondo de Lope

Foto: Alex Rolo
The Objective

Si hay un mundo donde la tradición es ley, ese es el de las carreras de caballos. Dinero, apuestas y por supuesto glamour, mucho glamour, hacen de este mundillo un ambiente muy especial, que tiende a respetar unos códigos muy determinados. Grandes fortunas, altos ejecutivos, aristócratas y estrellas del mundo del espectáculo son habituales en los hipódromos de toda Europa. Así, la Reina de Inglaterra, el Jeque de Dubai, los dueños de Chanel, navieros como la familia Niarchos, o banqueros como los Rothschild son propietarios de algunas de las cuadras de caballos más importantes del mundo, y donde la afición se ha ido heredando de padres a hijos.

Subastas de caballos; entre el glamour y la pasión
Glamourosas yeguas en el Hipódromo de Madrid | Imagen vía Alex Rolo

Dicen que todos los caballos de carreras descienden de tres sementales árabes traídos a finales del siglo XVII de Oriente Medio a Inglaterra para ser cruzados con las yeguas británicas. Sea o no verdad, lo que está claro es que rápidamente las carreras de caballos se convirtieron en el pasatiempo favorito de la aristocracia, y desde el Siglo XVIII existe un escrupuloso registro de todos los caballos purasangres de carreras, donde se apunta su genealogía.

Y así, generación tras generación, se han ido mejorando los purasangres, buscando ejemplares más veloces y más resistentes, y donde las grandes fortunas del mundo no escatiman ningún tipo de gasto en la búsqueda del campeón que cruce en primer lugar el poste de meta en carreras tan míticas como el Derby de Epsom. Y toda esta batalla de egos comienza en un ring de subastas, donde los más selectos ejemplares son ofrecidos en pública subasta.

“Porque como dice un viejo dicho del mundo de las carreras, “si comprar fuera fácil, los propietarios de los caballos serían los fondos de inversión”.

El funcionamiento de una subasta de caballos tiene mucho en común con las subastas de arte. Unas semanas meses antes de la fecha fijada para la subasta se publica un catálogo que recoge exhaustivamente todos los datos de cada ejemplar, fundamentalmente su origen y sus blasones familiares.

Unos días antes de la subasta los caballos se desplazan desde las maravillosas yeguadas para que los compradores tengan la posibilidad de examinarnos y estudiarán al detalle su conformación, si tiene algún defecto, y se intenta adivinar cómo evolucionará su físico en un futuro cercano (los caballos a esa edad todavía están en formación). Al margen de expertos y agentes que trabajan para los posibles propietarios, también tienen su espacio los veterinarios especializados en caballos de carreras, que hacen un estudio pormenorizado de los posibles defectos físicos, haciendo hincapié en su conformación ósea y muscular.

Y es que todo influye.

Su físico, sus ancestros, su forma de moverse, como sea de dócil… y, por supuesto, la intuición de los compradores.  Porque la compra de un potro no deja de ser una lotería, dirigida y estudiada, pero lotería al fin y al cabo. Porque como dice un viejo dicho del mundo de las carreras, “Si comprar fuera fácil, los propietarios de los caballos serían los fondos de inversión”.

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La subasta de caballos es un evento de alto standing en todo el mundo | Imagen vía Alex Rolo

“La estrella de la subasta fue un potro irlandés con un físico y un pedigree verdaderamente brillante, que tras alcanzar la cifra récord de 110.000 € no cubrió el precio de reserva fijado por su criador”

El sábado 16 de septiembre se celebró en el coqueto y precioso Hipódromo de la Zarzuela de Madrid la subasta anual de potros de carreras que se celebra en España, y donde los criadores presentaron sus caballos nacidos en el 2016 (todos los caballos cumplen años el 1 de enero, al margen del mes en que hayan nacido). Los mejores ejemplares llegados de las diferentes yeguadas españolas e incluso potros nacidos en Gran Bretaña, hicieron su presentación en sociedad.

Lo primero que llama la atención en la expectación y los nervios que se palpan en el ambiente. Por un lado los criadores verán cómo su trabajo de casi dos años, desde que deciden qué semental cubrirá a su yegua hasta que su caballo es mostrado a los posibles compradores, será valorado en los escasos minutos que su caballo es ofrecido en el ring de subastas, y por otra parte los propietarios tienen que decidir qué ejemplares albergarán en su cuadra durante los próximos años.

Medio centenar de potros salieron a la venta, y en poco más de 2 horas se cruzaron pujas por alrededor de medio millón de euros. La estrella de la subasta fue un potro irlandés con un físico y un pedigree verdaderamente brillante, que tras alcanzar la cifra récord de 110.000 € no cubrió el precio de reserva asignado por su vendedor, lo que significa que el criador no consideró suficiente ese remate para desprenderse de su caballo.

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El funcionamiento de una subasta de caballos tiene mucho en común con las subastas de arte. | Imagen vía Alex Rolo

“Hasta el año que viene todos los flamantes adjudicatarios de la subasta pensarán que tienen en su cuadra al campeón de su generación.”

Hay que recordar que hasta mediados del año que viene no se podrán ver en las pistas a estos ejemplares, y que bastantes de ellos no llegarán ni siquiera a debutar en carreras oficiales por problemas físicos. Y es que esta raza de caballos a los que se podría denominar como los Fórmula 1 de los caballos, son tan veloces como delicados.

Pero hasta el año que viene todos los flamantes adjudicatarios de la subasta pensarán que tienen en su cuadra al campeón de su generación, el caballo que hará palidecer de envidia a sus rivales en este circo de vanidades que se denomina con el anglicismo de turf.

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Rajoy, Trump y Cataluña de fondo

David Blazquez

Cataluña arde. Y Rajoy busca bomberos. Los ha encontrado en Bruselas y en otras capitales, y ahora cruza el Atlántico a traerse bajo el brazo un titular, una palmadita en la espalda, un “Mariano, Make Spain great again”. La reunión con el presidente estadounidense –lo saben los adláteres de Dastis y las gentes de Moncloa–, sin embargo, es de alto riesgo. Las cosas en esta Casa Blanca no funcionan de manera tan linear como antaño.

Las relaciones entre España y EEUU se concentran desde hace años en torno a dos temas fundamentales: las relaciones comerciales y los asuntos de defensa. Con el acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión (TTIP) sepultado, es previsible que Rajoy no le dedique un minuto a un tema que, por otra parte, se decide mayormente desde Bruselas. España es, sin embargo, esencial para la estrategia militar de EEUU. Y es ahí donde Rajoy podría enseñar las cartas de Rota y Morón de la Frontera. La Base Naval de Rota es la base más importante de EEUU en Europa. Con casi 3.000 militares destinados en la zona es, además, base del escudo antimisiles de la OTAN y de cuatro importantes destructores. Morón es desde junio de 2015 base permanente y sede de la Fuerza de Reacción de Crisis para África. La apuesta de EEUU por España desde el punto de vista militar es clara y el rédito por parte española demasiado bajo hasta la fecha. Otro aspecto esencial y con mucha frecuencia olvidado es la presencia cultural de lo español en EEUU. Casi cincuenta millones de hispanohablantes deberían ser un activo indiscutible. Así fue durante la administración Obama. Por desgracia, lo español es, a día de hoy, anatema para gran parte de los votantes de Trump y puede ser difícilmente usado como piedra sobre la que construir la relación con la Administración actual.

La visita de Rajoy a Washington estará marcada de manera inevitable por el 1-O. En su visita a España en 2016, Obama pasó por Rota y lo hizo regalando al gobierno un importante titular al hablar de una “España fuerte y unida”. Si así fue hace más de un año, imagínense a poco menos de una semana del aciago día. El respaldo público y sin fisuras de EEUU es esencial para combatir una causa, la del independentismo, cuya tracción depende en gran medida de la vendimia de legitimidades a nivel internacional. En su conversación, Rajoy probablemente recordará a Trump la relevancia estratégica de España, presumirá de fidelidad y exigirá ayuda con el tema territorial. Las relaciones entre ambos países pasan ahora por un momento relativamente dulce, comparadas con la luna de hiel que siguió al naufragado matrimonio de las Azores. Rajoy, quien ha hecho de la ausencia emblema, acude a Washington con la hoja de servicio sin faltas graves al no haberse sumado activamente al aluvión de críticas vertidas contra Trump desde Europa. En los últimos días, además, el ejecutivo ha ido sazonando la visita con guiños como la expulsión del embajador de Corea del Norte.

Es importante –lo saben en Moncloa– que el apoyo de Trump a la respuesta del gobierno a la crisis en Cataluña sea formulado de manera que encaje en una narrativa institucional duradera. Rajoy no quiere el apoyo de “Trump”, sino de EEUU, por eso irá buscando una frase clara pero no estrambótica, contundente pero fácilmente desvinculable de un presidente al que pocos quieren presentar como mentor. Las posibilidades de que Trump se salga del guión previamente acordado por la Casa Blanca y Moncloa son altas. Evitar uno de esos tweets que abran la enésima Caja de Pandora o un comentario que dé alas a Puigdemont es un objetivo prioritario. Rajoy necesita munición contra el procès, (Cospedal ya ha conseguido unas declaraciones importantes del Secretario de Defensa norteamericano, James Mattis) pero también evitar dar demasiada publicidad a una situación que siempre ha querido mantener a lejos del parloteo internacional. Rajoy el cauto lo sabe: Pedirle ayuda a Trump para calmar una crisis es poco menos que pedirle a un pirómano que te ayude con el incendio en tu cocina.

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