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Por qué es tan difícil defender nuestra democracia

Miguel Ángel Quintana Paz

Existen, a grandes rasgos, dos modos de defender que la democracia es el mejor (o el menos malo) de los sistemas políticos conocidos hasta hoy. Uno consiste en mostrar la democracia como un terreno donde ciertos valores, buenos de por sí (el pluralismo, la libertad de expresión o religiosa, el respeto a las minorías, la igualdad de derechos, la propiedad privada…), florecen mejor. Y donde ciertos males (el abuso de poder, las detenciones arbitrarias, las torturas, las injerencias en nuestra vida privada…) tienen más arduo prosperar. Esta manera de defender la democracia reposa, por tanto, en una idea: que hay una diferencia entre el bien y el mal; y que la democracia es buena porque es un método que contribuye al primero y pone coto al segundo.

El segundo modo de abogar en pro de la democracia es completamente diferente. Según esta segunda forma de ver las cosas, en realidad no está nada claro que haya bien o que haya mal. Ahora bien, justo porque no está nada claro qué sea lo bueno y qué sea lo malo, para eso viene en nuestro auxilio la democracia: puesto que ninguna opinión vale más que otra, puesto que ninguna opción es de por sí mejor que ninguna otra, dejemos que sea el mero número de los que apoyan el que decida. Que la cantidad decida la calidad. Al fin y al cabo, este método siempre será menos incómodo que usar la violencia para acceder al poder. Un jurista, al igual que Arnold Schwarzenegger, austronorteamericano, Hans Kelsen, se halla entre los principales sostenedores de esta concepción, que podríamos llamar relativista. (De la otra concepción han sido tan variopintos los valedores que cuesta darle un nombre o un autor como portaestandarte).

Soy poco propicio a la moda actual de criticonear la Transición española. Pero hace unos meses, según anduve repasando discursos parlamentarios de aquella época, noté algo. Cuando en ellos hacía falta defender el nuevo sistema democrático, abundaban los argumentos del segundo tipo mentado, el relativista (o, al menos, abundaban más de lo que le habría gustado a alguien, como yo, que no solo cree que existen cosas buenas y cosas malas, sino que la democracia ayuda a fomentar las primeras). Durante el debate para la aprobación de la Ley de Reforma Política (noviembre de 1976), su defensor, el exfranquista Fernando Suárez, llegó a afirmar que cualquier visión política era igual de digna que cualquier otra, y que justo ese era el motivo para dejar que fuese el pueblo quien votara cuál de ellas prefería. Suárez llegaría años más tarde a catedrático de Derecho, para lo que le vendría bien esta familiaridad con Kelsen.

Los exfranquistas tenían buenos motivos para defender la democracia como un mero recurso a las urnas para decidir qué era lo bueno y lo malo, precisamente porque llevaban cuarenta años haciendo lo contrario: prohibiendo utilizar las urnas con el argumento de que Franco ya sabía en nombre de los españoles qué era para nosotros lo bueno y lo malo. El principal partido de la oposición, el comunista, también tenía buenas razones para reducir la democracia a ir a votar. En primer lugar, porque estaba convencido de que en esas elecciones sus resultados serían magníficos (el chasco de Pablo Iglesias Turrión al ver que el pasado 26 de junio perdía un millón de votos no es nada comparado con la decepción de Santiago Carrillo en 1976, cuando comprobó que su partido solo alcanzaba 20 diputados: ser de ultraizquierda es ir de desengaño en desengaño en España). En segundo lugar, los comunistas se apuntaron a esta concepción relativista porque no pensaban que una democracia española, similar al resto de las europeas, tuviera de por sí ningún valor propio (más allá de facilitarles a ellos el acceso al poder): los comunistas eran marxistas y para Marx la despectivamente llamada “democracia burguesa” no era sino un fraude.

Otros partidos, como el PSOE, que tal vez habrían podido reivindicar la democracia por sus valores propios, tampoco estaban en condiciones de hacerlo. Y por motivos parecidos al PCE: hasta 1979 el PSOE se confesaba marxista, y muy despistado marxista sería uno que alabara más los bienes que nos proporciona la democracia en vez de execrar sus males, con el fin de superarla en un sistema futuro mejor. En suma: nuestra democracia nació relativista, tras un coqueteo libidinoso con la idea de que ningún principio vale más que ningún otro y que, por ello, pongámonos a votar para decidirlo todo, que, como diría Cole Porter, anything goes. Creo que hemos sufrido y estamos sufriendo desde entonces las consecuencias de esta opción filosófica.

Hemos sufrido este relativismo cuando se nos decía que los partidos que apoyaban el terrorismo no podían ser prohibidos, dado que mucha gente les votaba y quién era nadie para prohibir otra opción política. Lo sufrimos cuando nuestros estudiantes salen de la educación obligatoria pensando que democracia equivale a votar mucho y sobre cualquier cosa, no a la defensa de unos derechos absolutos que no son votables. Lo sufrimos cuando otra profesora de Derecho (bien es cierto que no de idéntico nivel intelectual que el de los citados Kelsen o Suárez) y exministra del Gobierno de España, María Antonia Trujillo, defiende que lo mismo vale el derecho de unos estudiantes encapuchados a boicotear una conferencia que el de los conferenciantes a impartirla. Lo sufrimos cuando nos quedamos sin un nombre, distinto al de “democracias”, para los países, como Venezuela o Turquía, en que se celebran elecciones, sí, pero se conculcan todos demás principios democráticos.

¿Existe algún remedio para tales sinsabores? La buena noticia es que existe, ya está inventado y ya está probado. Se llama democracia militante: una democracia que no acepta que quepa cualquier cosa en ella con tal de que “consiga votos”, sino que sabe que defiende unos valores concretos, como los que citamos al inicio. Eso sí, para que una democracia sea militante, hacen falta demócratas que militen en ella. Y será en esta legislatura que se nos viene cuando constataremos si hay más militantes de la democracia que militantes de cada partidito político en nuestra España. O, dicho de otro modo, si hay más patriotas que sectarios.

Mujeres en Cannes. En 70 años, solo dos directoras premiadas

Redacción TO

Foto: Regis Duvignau
Reuters

Este domingo, Sofia Coppola, por La Seducción, ha hecho historia al convertirse en la segunda mujer que se ha alzado con el premio a la mejor dirección en el Festival de Cannes. La primera vez que una mujer ganó este premio fue en 1961: Yuliva Solntseva por The Story of the Flaming Years. Para que se repitiera un nombre femenino en este palmarés han tenido que pasar 56 años, que se dice pronto.

Pero hay más datos que llaman la atención en este aspecto. En 70 ediciones de festival solo ha habido una mujer detrás de la película ganadora de la prestigiosa Palma de Oro. Fue Jane Campion por El piano, en 1993, y no se ha vuelto a repetir. En el premio a mejor guion, más de lo mismo: desde 1949 y hasta hoy, que lo ha ganado Lynn Ramsay por You Were Never Really Here, aunque ha tenido que compartir los honores con Yorgos Lanthimos (The Killing of a Sacred Deer), solo cuatro mujeres han ganado el galardón, contando a Ramsay, claro.

El poco peso femenino en esta gran fiesta del cine no ha pasado desapercibido. Jessica Chastain, Fan Bingbing, Maren Ade y Agnès Jaoui han sido las cuatro mujeres que han formado parte del jurado de Cannes, y las cuatro han dejado muy clara su reivindicación tras la entrega de premios. Aseguran que hay que apostar más por mujeres directoras, por historias de mujeres y por historias contadas por mujeres.

La Palma de Oro de Cannes sigue sin llevar nombre de mujer
Jessica Chastain ha reclamado la igualdad en la profesión. | Foto: Regis Duvignau / Reuters

“Me sorprendió la representación que se hace de los personajes femeninos en la pantalla. Y espero que incluyamos más mujeres que cuenten historias, más mujeres que veo en mi día a día”, ha declarado Jessica Chastain. Por su parte, Fan Bingbing ha afirmado sentirse “muy feliz de haber dado este premio a Sofia Coppola”, y ha añadido que “no lo gana por ser mujer, sino por su película”.

En la misma línea reivindicativa se ha mostrado Maren Ade que asegura que “necesitamos más mujeres porque todos queremos que las películas representen la sociedad actual y no lo estamos viendo. Estamos perdiendo muchas historias”.

La Palma de Oro de Cannes sigue sin llevar nombre de mujer 1
Diane Kruger se ha hecho con el premio a mejor actriz. | Foto: Regis Duvignau / Reuters

A pesar de que ha sido una de las ediciones más femeninas en años, los importantes premios a Sofia Coppola, Lynn Ramsay, Diane Kruger o Nicole Kidman no son suficientes para impulsar el papel minoritario que juegan las mujeres en este festival, y en la industria del cine en general, en lo que se refiere a los puestos de dirección y de creación. Esta 70 edición del Festival de Cannes no ha sido paritaria y de las 19 películas en la Sección Oficial, solo había tres filmes dirigidos por mujeres.

5 claves para conocer mejor el Ramadán

Rodrigo Isasi Arce

Foto: Ammar Awad
Reuters

Cinco son los pilares del Islam, la religión monoteísta que profesan más de 1.600 millones de personas en el mundo, y uno de ellos, es sin duda, la realización del ayuno durante el Ramadán. Desde The Objective ofrecemos 5 claves para conocer mejor el Ramadán.

Este es el nombre que lleva el noveno mes del calendario lunar musulmán y que sin duda es el mes más sagrado, y en el que los fieles realizan ayuno desde que amanece hasta que anochece. Los otros cuatro pilares del islam son: la shahada o profesión de fe, el salat u oración, el zakat o limosna, y el El hajg o peregrinación a La Meca.

¿Cuándo se celebra y en qué consiste?

El calendario musulmán es lunar y el Ramadán debe empezar después de la luna nueva, en cuanto asoma el primer trazo de la creciente. Como el año en el calendario lunar es 11 o 12 días más corto que el calendario solar no coinciden todos los años con las mismas fechas del calendario gregoriano. Este 2017 (1.438 según el calendario islámico) el Ramadán ha comenzado el sábado 27 de mayo y termina el 25 de junio.

Durante este mes sagrado los musulmanes deben cumplir con el ayuno o sawn, uno de los cinco pilares del islam, además de mantener una moral pura y ayudar a sus vecinos, especialmente los más necesitados. Por supuesto, la oración, otro de los pilares del islam, es esencial en esta fecha.

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Un hombre musulmán en la Mezquita de los Omeyas de Alepo, Siria, en 2010 | Foto: Rodrigo Isasi

Según las creencias musulmanas el ayuno enseña a tener paciencia y humildad, y es sin duda un período de celebración familiar y de unión de la comunidad, la Ummah . El ramadán es un mes de piedad y una ocasión para los musulmanes de estar cerca de los más necesitados privándose de alimentos y de agua.

En los países de mayoría musulmana, durante este mes se ralentiza mucho la vida económica debido a la debilidad física que provoca un ayuno tan severo. Es por ello que muchos gobiernos musulmanes reducen o cambian los horarios comerciales y facilitan la práctica del Ramadán.

Los fieles se levantan temprano, antes de que amanezca, para realizar la primera comidaSuhur, que les dará el aporte energético necesario para llevar bien el ayuno a lo largo de todo el día.

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Venta de dátiles en El Cairo | Foto: Amr Nabil/AP Photo

La comida que tiene lugar tras la puesta de sol, con la que se rompe el ayuno, es conocida como iftar, y tiene lugar después del cuarto rezo del día, el Mahgrib. Normalmente es compartida con amigos y familia, y en toda mesa no pueden faltar los dátiles. La tradición dice que el profeta Muhammad rompía el ayuno ingiriendo uno de estos calóricos frutos.  Los dátiles son un alimento muy popular dentro del mundo arabo-islámico, por ejemplo, en toda boda marroquí se realiza el ‘ritual de los dátiles y la leche’: el novio da de comer dátiles y de beber leche a la novia, y ella, a su vez, le da de comer y de beber a él.

En algunos países de mayoría musulmana, como Siria o Egipto, es muy típico una vez realizado el iftar, ver las conocidas mosalsalat -telenovelas rodadas para Ramadán -.

Durante estas fechas se elaboran también algunos dulces típicos, como el güllaç en Turquía, un postre tradicional hecho con leche, agua de rosas, granada y almidón, o  las chebbakias en Marruecos, un postre tradicional hecho con una masa frita con almendras y bañado en miel.

En Egipto es costumbre que las calles se llenen de puestos ambulantes en los que se pueden comprar dátiles, frutos secos e incluso elementos de decoración, como los famosos Fanus, unos farolillos de hojalata que se usan para iluminar las calles y los hogares.

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Fanus tradicionales en Egipto | Foto: Mohamed Abd El Ghany/Reuters

¿Qué se conmemora?

El Ramadán coincide con la fecha en la que el profeta Muhammad recibió la primera revelación del Corán, el libro sagrado de los musulmanes, por lo que es considerado el mes más sagrado del calendario islámico. “En el mes de Ramadán fue revelado el Corán como guía para la humanidad y evidencia de la guía y el criterio” (Corán 2:185).

En este mes se encuentra la más grandiosa de las noches del año: la Noche del destino, Laylat al-Qadr, en la cual, los musulmanes acuden a la mezquita para mostrar un fervor mayor y rezar durante largas horas durante la noche. La tradición dice que a quien realice actos de adoración con fe y devoción durante esta noche, Allah le perdonará todas sus faltas pasadas.

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Fieles musulmanes rezan en la Mezquita de los Omeyas de Damasco, Siria, en 2010 | Foto: Rodrigo Isasi

Esta noche es una de las diez últimas noches de Ramadán, y hay discrepancias en cuanto a su fecha concreta. Convencionalmente, la mayoría de los suníes celebra esta fecha durante la noche del 26 al 27, mientras que los que los chiíes creen que fue la noche del día 23.

¿Quién está obligado a hacerlo?

El Ramadán es obligatorio para todo musulmán sano desde el momento en el que llega a la pubertad. Por tanto, los niños no están obligados a realizar el Ramadán, si bien es cierto que algunas corrientes del islam recomiendan que los pequeños de la casa se unan al mes de ayuno tantos días como aguanten.

Los ancianos tampoco están obligados a realizar el ayuno durante este mes sagrado.

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Un hombre lee el Corán en una mezquita de El Cairo | Foto: Rodrigo Isasi

Por su parte, las mujeres que se encuentran en los días del período menstrual, que están embarazadas o en su período de lactancia, pueden saltarse el ayuno. Lo mismo ocurre con los enfermos y aquellos que estén de viaje durante estas fechas. No obstante, todos ellos deben recuperar los días de ayuno después del mes sagrado y antes de que finalice el año.

¿Qué está prohibido y qué no?

En la lengua árabe hay dos palabras que designan aquello que está prohibido, que sería Haram, de lo que está permitido o autorizado, que sería Halal.

Durante el Ramadán es haram ingerir cualquier tipo de comida o bebida, fumar y llevar a cabo prácticas sexuales, incluida la masturbación,  durante las horas de sol.

Es halal durante todo el día ducharse, enjuagarse la boca o lavarse, siempre y cuando no se trague agua.

En caso de que una persona realizara una de las cosas prohibidas durante el Ramadán, bien sea intencionadamente o sin querer, el ayuno del día quedará invalidado y deberá ser recuperado posteriormente.

El final del ayuno

Tras el ayuno del mes sagrado llega el Eid al-Fitr, la gran fiesta musulmana por excelencia que dura tres días.

Los musulmanes celebran esta fiesta del final del ayuno estrenando ropa nueva. Los hombres usan vestimenta blanca, simbolizando pureza. El día entero es celebrado por los creyentes visitando los hogares y comiendo los platos especiales cocinados en esta ocasión. Ese día, los más pequeños de la familia reciben regalos.

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Musulmanes indios acuden a la mezquita Jama en Nueva Delhi para celebrar el Eid al-Fitr | Foto: Manish Swarup/AP Photo

Según la sunna, los documentos que recogen los dichos, recomendaciones y enseñanzas del profeta, los musulmanes deben vestirse con la mejor ropa que tengan, acudir al Eid, el primer rezo de la mañana y realizar el Zakat el Fitr, dar una limosna a los más necesitados y que en origen consistía en el equivalente a cuatro manos llenas de pasas, dátiles, grano o queso; si no es posible dar alimento se puede entregar dinero. Durante este día también es recomendable utilizar el Miswak para cepillarse los dientes, una rama del árbol Salvadora Pérsica.

La cultura española, un referente de la televisión británica

Leticia Martínez

Foto: Vincent West
Reuters

España fue allá por los años 60 y 70 escenario de múltiples rodajes internacionales, ahora nuestro país ha conseguido volver a retomar esa popularidad en la televisión. Las grandes producciones de Hollywood como aquellas películas del spaghetti western  que se rodaron en el desierto de Tabernas, Almería han dado paso a series, programas y realities, que demuestran la versatilidad de nuestro país. La televisión británica es un ejemplo de ello. La gastronomía, cultura y también la fiesta, para qué nos vamos a engañar, de ciudades como Palma de Mallorca, Santander, Magaluf o Sevilla se dan citan cada semana en la programación televisiva de Reino Unido y como siempre está bien mirarnos a través de los ojos de los demás, aquí están algunos de las series y realities que tienen nuestro país como telón de fondo.

1. Trip to Spain

La serie, dirigida por Michael Winterbottom, sigue a dos hombres maduros, Steve Coogan y Rob Brydon, a través de su viaje por España. En él, los dos cómicos británicos pasarán por una crisis existencial diseñada para hacer reír e incomodar a partes iguales. Lo singular de esta serie es que Coogan y Byron se recorrerán de norte a sur la Península pasando por los mejores restaurantes del país como el Txoko Getaria en Vizcaya, el Etxebarri, con estrella Michelín, en Guipuzkoa, La Casa del Doncel en Sigüenza o El Refectorium en Málaga. Las conversaciones entre ambos sobre la vida, la muerte o el amor tienen también como escenarios inmejorables las cuevas de Altamira en Santander, los viñedos de La Rioja o los molinos de Castilla La Mancha. La literatura tampoco se deja de lado, pues Winterbottom sigue los pasos de Don Quijote y Sancho Panza por la Mancha, cuya historia bien podría ajustarse a la de los personajes de la serie, y la obra del poeta Laurie Lee, quien luchó en el bando republicano durante la Guerra Civil Española.

2.Benidorm

Esta comedia británica, una de las más longevas y con mayor éxito de Reino Unido, lleva emitiéndose desde 2007. Hasta ahora, la serie cuenta con nueve temporadas, todas ellas rodadas en un hotel de Benidorm. El programa cuenta la historia de la familia Garvey, en la que se entremezclan con otros pintorescos personajes , incluidos el personal del hotel. Es como si todos los vecinos de Aquí no hay quien viva decidieran pasar unas vacaciones en Reino Unido. Durante los 45 minutos que dura cada episodio, los personajes intercalan nuestra cultura con la suya, para dar lugar a un sinfín de estereotipos tanto españoles como británicos.

3. The Night Manager

Basada en una novela de John Le Carré, The Night Manager, es una mini serie de espías rodada en los increíbles paisajes de Mallorca. En general, la serie muestra los lujos de la isla, hoteles de cinco estrellas, restaurantes al lado del mar, yates y calas de azul turquesa. Palma, la capital, también parece ser uno de los lugares predilectos del director, pues muchos planos rodados en la ciudad representan el Cairo, Turquía e incluso Madrid. La serie es muy recomendable para aquellos que se sientan especialmente atraídos por el suspense y las novelas de espías con desenlaces inesperados.


4. Ibiza Weekender

Los realities están más que asentados en la televisión española, y Reino Unido no se queda atrás. Este reality sigue a adolescentes de entre 18 y 24 años en sus primeras vacaciones sin padres. Los chavales se alojan en un hotel de Magaluf, Ibiza, en el que los representantes del hotel les proporcionan las vacaciones más locas. El programa lleva en antena seis años y se puede ver de todo, igual que en Geordie Shore.

5. A place in the Sun: Home or Away?

Pero no todo se reduce a fiestas y gastronomía, también hay programación para aquellos ingleses que quieran invertir en una residencia permanente en España. Por ejemplo, si una pareja desea dejar la lluviosa Inglaterra para pasar los 365 días del año al sol, los presentadores intentan convencerlos primero de que en Inglaterra también pueden de conseguir algo parecido para más tarde volar hasta España, casi siempre a Murcia o Almería, y enseñarles unas tres o cuatro posibles residencias. La pareja primero decide si realmente quiere mudarse a España o quedarse en Inglaterra y luego hacen una oferta sobre la casa de sus sueños.

6. Sun, Sex and Suspicious Parents

Con el mismo formato que Ibiza Weekender, las cámaras siguen a un grupo de adolescentes que creen estar de vacaciones sin sus padres en la costa española. Sin embargo, lo que no saben es que sus padres también han viajado hasta aquí y que están vigilando todos y cada uno de sus pasos. Los chicos después de borracheras y gamberradas varias, acaban por encontrarse a sus padres cuando menos se lo esperan…y con las consecuencias que eso conlleva, claro.

Lo posible y lo imposible

Daniel Capó

Foto: Manu Fernandez
AP Foto

La negociación solo admite el registro de lo posible. Se diría que es la principal garantía del respeto a la libertad frente a todo tipo de abusos: la ruptura de las leyes y las ideologías utópicas, la confusión banal entre democracia y plebiscito o la pulsión de un deseo falto de límites. La idea misma de diálogo, de acuerdo y de consenso forma parte del mejor legado que recibimos de los padres de la democracia y que ahora, como sucede con tantas otras cosas, se ha visto vapuleada por la retórica pedestre de los populismos.

Hace apenas unos días, en su último ensayo, publicado poco antes de morir, Peter Augustine Lawler constató que “todas las instituciones que Tocqueville había registrado como medios para combatir el individualismo de los estadounidenses (gobierno local, familia, religión, etc.) han sido demolidas por una mutación en los valores culturales que afecta a todos los ciudadanos americanos sofisticados”.

La evolución europea es distinta, aunque haya amenazas comunes a la convivencia. En el caso español, el asunto crucial es el referéndum y la aparente imposibilidad de encontrar puntos de encuentro entre el Gobierno catalán y el central.

Parece lógico que Rajoy se niegue a dialogar sobre lo que la ley no autoriza y que además rompería los acuerdos básicos que sustentan la democracia en nuestro país. El empecinamiento de la Generalitat solo se explica desde una lectura maximalista de su posición, que se traduce en un “cuanto peor, mejor”; seguramente porque saben que la independencia exige una previa descomposición del Estado, algo que no parece plausible a corto plazo.

Frente a la hábil flexibilidad mostrada por los nacionalistas vascos a la hora de acordar con el Gobierno el voto favorable a los presupuestos generales, sorprende el dogmatismo que rige en la política catalana. Querer negociar fuera de la ley solo conduce al desastre. A no ser que lo que se pretenda sea otra cosa: pavimentar el suelo para unas próximas autonómicas.

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