Hola, ¿qué estás buscando?

de resultados

No se ha encontrado ningún resultado

Ver más

Qué nos está pasando

Miguel Ángel Quintana Paz

“No sabemos lo que nos pasa y eso es precisamente lo que nos pasa, no saber lo que nos pasa”, escribía el filósofo José Ortega y Gasset en una obrita que, significativamente, subtituló “Esquema de la crisis”. Y seguramente llevaba buena parte de razón. Ahora bien, ochenta y tres años más tarde de ese pequeño trabalenguas acaso ya tengamos alguna pista de qué nos está pasando ¿Hay alguna línea de puntos que una el brexit, la victoria de Donald Trump, el escepticismo hacia el cambio climático, el próximo cincuentenario de mayo del 68, las redes sociales, el mandarinato en la antigua China y (permítanme una pequeña querencia hacia mi tierra) los excelentes resultados en el informe PISA de la educación en Castilla y León? Algunos pensamos que sí.

Uno de los que lo piensa es otro filósofo, el italiano Mario Perniola. En español tenemos la fortuna de que casi todas sus obras están traducidas. Allí Perniola plantea una hipótesis inquietante:  por primera vez en la historia de Occidente estaríamos asistiendo en nuestros días (nuestros años, nuestras décadas) a un desprestigio generalizado de todo “lo intelectual”. Y especialmente, claro, de “los” intelectuales.

Esto no significa, por supuesto, que no hayan existido vigorosas corrientes antiintelectuales en nuestro pasado. Ya desde que Sócrates, Platón o Aristóteles empezaran a apostar por usar la razón para orientarnos en la vida tendrían enfrente a los sofistas, que creían que usar las emociones, los trucos retóricos o la mera fuerza bruta resultaba a la postre más remunerativo. En llegando el cristianismo a Europa se produjo de hecho una virulenta lucha entre ambas tendencias: por una parte, estaban los cristianos que querían hacer de la nueva religión algo razonable (Justino Mártir fue seguramente el primero). Por otra, los cristianos que en cambio deseaban difundirla como un mero irracionalismo. “Creo precisamente porque es absurdo”, llegaría a decir uno de los principales predicadores de esta segunda vertiente, Tertuliano, tan deseoso él o su colega Taciano de abofetear a todos los intelectuales griegos y sus papiros, al igual que Nigel Farage lo está hoy de denigrar a la “casta” de expertos británicos que osaron argumentar ¡con datos! contra el brexit.

Pero al final el gato se lo llevarían al agua quienes preferían ver la racionalidad y el cristianismo, a Platón y a Jesucristo, como cosas compatibles. Y eso explica las jugosas bibliotecas de los monasterios cistercienses, la creación de las universidades en plena Edad Media cristiana (no entre aztecas, zulúes o tagalos) y las luchas intelectuales (en vez de campales) que tanto entretuvieron a jesuitas, dominicos y franciscanos durante la primera Modernidad. Nuevos conatos irracionalistas pespuntearían, desde luego, todos y cada uno de los siglos que nos separan de Tertuliano; románticos de uno u otro signo se levantarían contra la “opresión” de la razón; sentimentalismos varios se refugiarían en la literatura o en las artes más cursis. Pero nadie pondría seriamente en aprietos una creencia preponderante para el occidental: que la razón, el estudio y los expertos son mejores guías, pese a la aridez de la primera, el esfuerzo que exige el segundo o la arrogancia que exhiben los terceros, que la sinrazón, la sentimentalidad desbocada o los ignorantes. Europa ha sido el sitio donde ser intelectual, al final, acarreaba un respeto.

Lo que de reciente nos pasa es que esto, ya, no es así. Cada vez es más frecuente que tildar algo de intelectual, o de razonable, o de saber experto, lejos de implicar un elogio, suponga prácticamente un denuesto. Cualquier tuitero está dispuesto, mediante tres frases ingeniosas, a creer que ha “refutado” el trabajo que a cientos de expertos les ha llevado años configurar ¡Zasca! Una noticia falsa y resultona tiene muchos más lectores que un estudio en que nuestras mejores mentes hayan pensado sobre ese mismo tema ¡Zas! Si se te ocurre señalar que un político comete una contradicción incluso dentro de una misma frase, o que alguien opina sobre algo sin los rudimentos básicos de ese tema, se te tachará inmediatamente de elitista ¡Zas en toda la boca!

Los orígenes más cercanos de este desdén hacia lo intelectual cabe rastrearlos, según Perniola, en mayo del 68. Fue entonces cuando empezó a criticarse a la escuela como una institución “represiva”; a vituperarse la universidad como un mero apéndice del “sistema”; a escribirse grafitis como aquel que en la Sorbona aseveraba “Por culpa de los exámenes y los profesores el arribismo comienza a los seis años de edad” o aquel otro que en Nanterre enunciaba “Mis deseos son la realidad”. De hecho, para Perniola, la gran ironía de nuestros días es que esa tendencia, inicialmente propia de una izquierda nada moderada, ha acabado confluyendo con la derecha más arriscada. Hoy los populistas de derecha menosprecian a los expertos universitarios que les llevan la contraria con no menor tesón que un veinteañero parisino escribiría en las paredes de su facultad “Profesores, ustedes nos hacen envejecer”.

¿Qué nos espera en esta nueva circunstancia? Perniola nos recuerda que, aunque es novedoso en Occidente un alzamiento generalizado contra los intelectuales (“¡Muera la inteligencia!”, que diría Millán Astray, al que desde aquí humildemente propongo como patrón de los antiintelectuales hispanos), no ocurre igual con China. Allí han sido frecuentes a lo largo de toda su historia sucesivas rebeliones contra su élite intelectual, los mandarines, seguidas como en un balanceo por épocas en que estos se han elevado al mayor prestigio social. El resultado de ese péndulo ha sido que toda una China haya estado a menudo cerca de lograr grandes descubrimientos (técnicos, geográficos, científicos) pero se haya quedado no pocas veces a pocos milímetros de lograrlos. Porque nada hay más sospechoso para un chino antimandarín, un tuitero o un trumpiano que esos seres misteriosos que se tiran largas horas haciendo eso que ellos llaman “investigar”, en vez de hacer esa otra cosa que todos entendemos, y que es producir (aunque sea zascas en tuits).

Pintan mal las cosas para Occidente, pues. Eso sí, en algunos rincones de la estepa castellana y leonesa, en escuelas que no tienen más dinero, ni más profesores, ni leyes diferentes a las del resto de España, el último informe de PISA nos descubre que nuestros jóvenes alcanzan logros similares a los de otras planicies, las finlandesas, que a menudo se señalan como modélicas en educación. Y una de las hipótesis de por qué esto ocurre es que son las familias de Castilla y León las que mejor conservan el aprecio por el saber que transmiten luego a sus hijos. Y a sus buenos resultados. ¿Será Castilla, será León el lugar en que refugiarse en tiempos de desprecio generalizado del intelecto? Yo, por si acaso, de momento así haré.

Continua leyendo: Las niñas afganas que no podían entrar en EEUU ganan un concurso de robótica

Las niñas afganas que no podían entrar en EEUU ganan un concurso de robótica

Redacción TO

Foto: Cliff Owen
AP

Esta es una historia de mujeres imparables. La de seis niñas afganas, amantes de la robótica, que batieron todos los prejuicios y limitaciones para lograr su meta: participar en el First Global Challenge, una competición tecnológica para estudiantes de todo el mundo, que se celebra en Washington D.C. Después de que las autoridades estadounidenses rechazaran en dos ocasiones su visa para poder entrar al país, el equipo ha quedado en segundo lugar en la competición. Los jueces del concurso las han premiado por su “valiente logro” y por su “actitud de puedes lograrlo”, según informa Al Jazeera. El robot que construyeron con materiales domésticos va a volver a Afganistán con una medalla de plata colgada.

Porque esta es también la historia de la lucha por un sueño. El sueño por el que seis niñas lucharon contra las tradiciones de un país que discrimina a las mujeres. Formaron un equipo para construir robots en una región que lleva años azotada por la guerra. Recorrieron los 500 kilómetros que separaban su ciudad de Kabul para conseguir la visa que les permitiera entrar en Estados Unidos y fueron rechazadas. Pero volvieron. Porque 500 kilómetros no iban a poder con ese sueño imparable.

Las niñas afganas que no podían entrar en EEUU ganan un concurso de robótica 1
Una de las integrantes del equipo de Afganistán revisa el funcionamiento de su robot. | Foto: Kawsar Rashan/AP

La segunda vez que su solicitud fue rechazada, más de 150 adolescentes de todo el mundo habían recibido luz verde para entrar en el país y competir. El motivo del rechazo no fue hecho público. Aunque Afganistán no está incluido en la lista de países a los que Estados Unidos ha impuesto un veto migratorio (Irán, Libia, Somalia, Siria, Sudán y Yemen), sí es sometido a controles extremos.

“No somos un grupo terrorista”

La desilusión de las niñas por no poder viajar al concurso dio la vuelta al mundo. “Cuando oímos que éramos rechazadas, perdimos la esperanza”, dijo a Associated Press Sumaya Farooqui, de 14 años. “No somos un grupo terrorista que vaya a América y asuste a la gente“, contó Fatima Qadiryan, de 14 años.

La reacción de los expertos no se hizo esperar. “Esto es una desilusión tremenda, son unas muchachas extraordinariamente valientes”, dijo el presidente del concurso, el excongresista demócrata Joe Sestak, según recogieron los medios.

Finalmente, una semana antes de que empezara la competición, el equipo consiguió una excepción bajo el pretexto de “Importante beneficio público”, después de la intervención de última hora del presidente Donald Trump. “Mi sueño es construir robots. Solo queríamos demostrar al mundo nuestro talento, para que supieran que las chicas afganas también tenemos capacidades“, señaló Qadiryan. Y vaya sí las tenían.

Chicas al poder

De los 830 adolescentes que han participado en esta competición tecnológica, solo 209 eran chicas. Sin embargo, el 60% de los equipos que participaron fue fundado, liderado u organizado por mujeres.

En total, había seis equipos formados exclusivamente por mujeres: Estados Unidos, Gana, Jordania, los territorios Palestinos y la isla del Pacífico Vanuatu. “Es muy díficil para nosotras porque todo el mundo piensa que construir robots es solo para chicos“, dijo a Al Jazeera Samira Bader, de 16 años, del equipo de Jornadia. La joven añadió que buscaban demostrar que las chicas también podían hacerlo.

Las niñas afganas que no podían entrar en EEUU ganan un concurso de robótica
Las estudiantes afganas celebran su victoria. | Foto: Jacquelyn Martin/AP

Colleen Johnson, del equipo de Estados Unidos y también de 16 años, apuntó a la misma cadena que esperaba que llegara el día que “los equipos solo de chicas no fueran más especiales que los equipos solo masculinos o mixtos, porque ya fueran completamente normales y aceptados”.

La atención mediática que ha recibido la competición —donde han desaparecido los seis integrantes del equipo de Burundi— gracias al equipo afgano ayuda a hacer más visible el papel que juegan las mujeres en ciencia y tecnología.  De momento, el mundo ya las conoce a ellas. Son las soñadoras afganas.

Continua leyendo: Astroscale, conciencia medioambiental en el espacio

Astroscale, conciencia medioambiental en el espacio

Redacción TO

Foto: NASA
Reuters

El cohete alemán V-2 número de serie MW 18014 fue, en 1944, el primer objeto artificial conocido en cruzar la barrera espacial. En los menos de 75 años que el hombre lleva enviando naves, cohetes, satélites y demás objetos al espacio, este ya se ha llenado de tanta basura que se calcula que hay más de 17 millones de piezas flotando más allá de la atmósfera. Pero una compañía japonesa con sede en Singapur está trabajando en la solución. Astroscale, una empresa fundada en 2013 “con el objetivo de desarrollar soluciones innovadoras para luchar contra el número creciente de escombros espaciales”, se ha propuesto “contribuir activamente al uso sostenible del medioambiente espacial desarrollando tecnologías en órbita innovadoras para retirar de forma segura la basura espacial más peligrosa en órbita”, según explica en su web. Espera lanzar su primera misión espacial en 2019.

De los millones de piezas que sobrevuelan el planeta, solo 500.000 superan el tamaño de una canica, según la NASA, pero su velocidad –se mueven, de media, a 40.000 kilómetros por hora- y el hecho de que vuelan sin control las hace peligrosas para los astronautas. Y con la irrupción del turismo espacial y su previsible auge en las próximas décadas, el riesgo no solo lo correrán los astronautas, sino cualquier ciudadano con mucha menos preparación. Para entender el peligro que esto supone, basta con recordar el argumento de Gravity, en la que una nave espacial sufre un accidente después de ser alcanzada por una serie de lluvias de basura espacial provocadas por la destrucción de un satélite enviado al espacio por el hombre.

Astroscale, conciencia medioambiental en el espacio 1
Recreación, en la película ‘Gravity’ (2013), de los estragos que puede causar la basura espacial al impactar contra una nave. | Foto: Warner Brothers

Una vez planteado el problema, ¿cómo se soluciona? Mapear los alrededores de la Tierra es el primer paso. Si bien agencias grandes como la NASA se dedican a buscar las piezas de mayor tamaño, nadie se preocupa demasiado por las pequeñas. De hecho, Astroscale es la primera empresa privada en hacerlo. Una vez peinada la zona, la idea es enviar una nave que busque las piezas de basura espacial y utilizar un brazo magnético para ir recolectándolas.

¿Y qué ocurre con esa nave que se ha enviado al espacio para limpiarlo? Irónicamente, la solución que propone la compañía nipona es devolverla a la Tierra para hacerla explotar a su entrada en contacto con la atmósfera, de modo que toda esa basura espacial y la nave que la contiene terminen en nuestro planeta, convertidas ya en polvo metálico.

Los efectos cotidianos de la contaminación espacial

Pero más allá de astronautas y pudientes turistas espaciales, la acumulación de residuos más allá de la atmósfera también tiene otro efecto, mucho menos peligroso pero que afecta de manera más directa al común de los ciudadanos: la interferencia con las señales de los satélites. El hecho de que los datos que envíe un satélite se crucen con basura afecta a distintas áreas de la vida cotidiana, desde la calidad del GPS de tu smartphone hasta la nitidez de la imagen de tu televisión. De hecho, la idea de Astrospace es alquilar sus servicios a distintas organizaciones que quieran optimizar sus telecomunicaciones.

La de Astroscale no es la primera iniciativa para limpiar el espacio. Ya en 2014, la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés) probó con éxito en España un radar para rastrear basura espacial y, el año pasado, Rusia y Brasil firmaron un convenio para construir en el país sudamericano un observatorio para monitorear este tipo de residuos, pero por primera vez la iniciativa privada se mete en el mercado de los basureros espaciales.

Astroscale, conciencia medioambiental en el espacio 2
Radar español de la ESA que rastrea basura espacial. | Foto: ESA

Continua leyendo: El plan del alcalde de Londres para tener cero emisiones en 2050

El plan del alcalde de Londres para tener cero emisiones en 2050

Cecilia de la Serna

Foto: STEFAN WERMUTH
Reuters

Londres es la ciudad europea más contaminada, según datos recientes de la Agencia Europea del Medio Ambiente. El pasado 6 de enero, la capital británica ya había superado los límites de contaminación para todo el 2017. Sus habitantes, literalmente, se ahogan.

La contaminación se cobra allí unas 9.500 muertes prematuras al año de las 40.000 en todo el país en ciudades como Glasgow, Leeds, Nottingham o Port Talbot. La mala calidad del aire de las grandes ciudades británicas las ha colocado en la mirilla de la Organización Mundial de la Salud.

Esta problemática es una prioridad a atajar para el alcalde Sadiq Khan, que sufre de asma desde que era niño a causa de la contaminación de su ciudad. Por este motivo, ha decidido presentar un plan muy ambicioso cuyo objetivo es claro: cero emisiones en 2050. Son más de 30 los años por delante para lograr dicha meta, que se adivina complicada, pero no imposible.

El plan del alcalde de Londres para tener cero emisiones en 2050
Sadiq Khan quiere abanderar la lucha contra la contaminación en Londres. | Foto: Toby Melville / Reuters

El plan del alcalde Khan consiste, sobre todo, en una estrategia de transporte, que incluye la sustitución de todos los taxis y coches de transporte privado con conductor, como Uber, por vehículos de cero emisiones en 2033, además de la sustitución de los autobuses por otros de cero emisiones en 2037, y del resto de vehículos en 2040. Además, Khan pretende eliminar casi por completo los vehículos privados para promover el uso de la bicicleta, el caminar y el transporte público. Concretamente, su plan pretende que el 80% de los desplazamientos por la ciudad se realicen a través de estos medios. Para el alcalde Khan es imprescindible que “no usar el coche sea la opción más asequible, segura y conveniente para los londinenses en sus desplazamientos diarios”.

El plan del alcalde de Londres para tener cero emisiones en 2050 1
Londres es la ciudad más contaminada de toda Europa. | Foto: Toby Melville / Reuters

Otras medidas incluyen “barrios habitables” y “rutas saludables”, que proporcionarían espacios seguros y transitables para los londinenses. La estrategia de transporte también menciona las restricciones de aparcamiento, entre otras. Todas estas medidas, que cambiarían sustancialmente y para mejor la vida de los ciudadanos, forman parte de un gran sueño pero, sobre todo, de un gran reto. Es bastante improbable que Sadiq Khan sea el alcalde de Londres en 2050, y cuando alguien ocupe su lugar deberá elegir entre seguir la guía marcada por él o elegir otro camino. La propuesta del alcalde será sometida a consulta pública el próximo 2 de octubre.

La contaminación es una problemática que afecta a millones de personas en el mundo. La sociedad se enfrenta ahora a todos los retos del cambio climático, ante los que las grandes iniciativas globales como el Acuerdo del Clima de París no parecen ser suficientes. Las iniciativas locales, de las pequeñas comunidades, son esenciales para paliar los efectos del cambio climático y mejorar la vida de los ciudadanos.

Continua leyendo: Trump de espalda al mundo

Trump de espalda al mundo

Tal Levy

Foto: KEVIN LAMARQUE
Reuters

No cree en el cambio climático. Para Donald Trump, es simplemente “un engaño chino” para hacer menos competitiva la industria manufacturera estadounidense. Poco interesa que haya sido un exvicepresidente de la nación que hoy él lidera, Al Gore, quien haya tomado casi que a título personal el alertar sobre los efectos del calentamiento global, dramáticamente reflejados en su documental Una verdad incómoda. Tampoco ha importado que su predecesor, Barack Obama, respaldara firmemente las negociaciones que dieron vida al Acuerdo de París y lo considerara un marco duradero y de largo plazo. Menos todavía, desmarcarse de sus aliados del G7 y unirse al “selecto” club de Nicaragua y Siria; peor aún, rechazar el consenso de la comunidad científica internacional.

El Presidente de Estados Unidos ha decidido cumplir con una de sus promesas de la campaña electoral y abandonar el Acuerdo de París, adoptado el 12 de diciembre de 2015 dentro de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y suscrito por 195 países y ratificado por 147 como primer paso hacia un mundo mejor gracias al compromiso de las naciones desarrolladas y en vías de desarrollo por encaminar una economía baja en carbono.

Por un lado, Steve Bannon, jefe de estrategia de Trump, presionaba para la retirada; y, por el otro, el secretario de Estado, Rex Tillerson, y el secretario de Energía, Rick Perry, promovían el continuar con la adhesión, mientras que la hija del Presidente y principal asesora, Ivanka Trump, insistía en la necesidad de evaluar todas las consecuencias de la salida, según reseña CNN.

No sólo se debatía en la Casa Blanca. Desde la red social Twitter, Elon Musk, fundador de Tesla y SpaceX, aseguró haber hecho todo lo que estaba a su alcance por aconsejar directamente al Jefe de Estado y apuntó que si este optaba por abandonar el pacto, “no me quedará otra opción más que retirarme de su consejo asesor”. También gigantes energéticos como Exxon, General Electric y Chevron mostraron su desacuerdo.

Con Obama en la mira

Pero era un secreto a voces. Ya en marzo, “para acabar con la guerra contra el carbón”, el mandatario estadounidense había dado marcha atrás al Plan de Energía Limpia, adelantado por su antecesor. Si no ha podido aún con el Obamacare, pues ha propinado un zarpazo a la política ambiental del expresidente.

Este jueves 1 de junio Trump anunció oficialmente el retiro de Estados Unidos del Acuerdo de París y, así, se unió a Nicaragua y Siria como únicos países que no lo apoyan, “un puñado de naciones que rechazan el futuro”, como expresó en un comunicado Obama, poco dado hasta ahora a comentar las líneas seguidas por quien le sucedió en el máximo cargo.

Esgrimiendo su deber de proteger a su nación y para apoyar las industrias de petróleo y carbón, así como estimular la generación de empleo, el Presidente norteamericano dio al traste con el histórico convenio ambiental por considerarlo injusto y desfavorable. “Esto tiene menos que ver con el clima y más con otros países obteniendo ventajas financieras por sobre Estados Unidos”, dijo aludiendo a las pesadas cargas económicas que recaen sobre EEUU y a las restricciones en cuanto al uso de carbón, mientras que China y la Unión Europea pueden continuar construyendo plantas para su procesamiento.

El segundo mayor emisor de gases de efecto invernadero, responsable junto con China del 40% del dióxido de carbono de todo el mundo, se liberó así de su compromiso de disminuir para 2025 las emisiones contaminantes entre un 26 % y un 28 % en relación con los niveles de 2005, meta propuesta por Obama.

Trump de espalda al mundo 2
La fachada del céntrico Hotel De Ville de París se iluminó de verde al producirse las declaraciones de Trump. | Foto: PHILIPPE WOJAZER / Reuters.

Pero ¿hasta qué punto el Acuerdo París es efectivo para combatir el calentamiento global? Como moderadamente efectivo lo califica Oriol Costa Fernández, profesor e investigador de Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Barcelona, pues en caso de cumplirse lo prometido el cambio climático alcanzaría según las previsiones un aumento medio global de entre 2,7 y 3ºC.

“Claramente, esto es insuficiente. El propio acuerdo fija como límite un cambio climático de 1,5 – 2 ºC. Pero es mejor que lo que había antes porque las promesas posteriores a Copenhagen 2009 nos habrían llevado un poco por arriba de los 4 ºC. Además, incluye un mecanismo de revisión hacia arriba de las promesas para cerrar el llamado ‘ambition gap’ entre el objetivo declarado y el resultado de las acciones reales. Sin ser perfecto, de hecho, está muy lejos de serlo, el Acuerdo de París es el mejor producido hasta ahora en materia de clima, y llevamos desde 1990 negociando convenios del clima”, destaca a The Objective el especialista en política ambiental internacional.

Era previsible que se abriera paso la decepción en el mundo. La ONU, a través de su secretario general, Antonio Guterres, catalogó el anuncio de Trump como una “gran desilusión”; y la Unión Europea, en voz del comisario de Energía y Clima, Miguel Arias Cañete, como “un día triste para la comunidad internacional”.

Por otra parte, si EEUU se hubiera quedado en París pero reduciendo la ambición de sus compromisos tampoco el escenario habría sido favorable, según explica Oriol Costa Fernández. “Habrían vulnerado una cláusula clave: la no-backsliding clause, fundamental para asegurar la progresión hacia arriba de los compromisos de los estados. La decisión habría debilitado enormemente la arquitectura del acuerdo y probablemente no habría suscitado la reacción de rechazo que se ha originado ahora. Habría sido quizá más peligroso aún”.

El efecto rebote

Sin duda, la retirada implica un desafío, como lo previó el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, quien afirmó vía Twitter que tomaría cartas en el asunto pues planea firmar una orden ejecutiva que mantenga el compromiso de la ciudad con el Acuerdo de París.

Las consecuencias no son pocas. Michael Oppenheimer, profesor de Geociencias y de Relaciones Internacionales en la Universidad de Princeton e integrante del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, ha hecho referencia a un posible efecto dominó en economías emergentes como India, Filipinas, Malasia o Indonesia, lo que ocasionaría un incremento de la temperatura atmosférica que excedería el peligroso umbral de los 2 grados centígrados.

“Veremos un calor más extremo, tormentas más dañinas, inundaciones costeras y riesgos mayores a la seguridad alimentaria, y ese no es el tipo de mundo en el que queremos vivir”, ha dicho Oppenheimer a The New York Times.

Trump de espalda al mundo 1
Activistas alemanes protestan por la retirada de EE.UU. del Acuerdo de París | Foto: FABRIZIO BENSCH / Reuters.

Por lo pronto, en una declaración pública conjunta, China y Alemania han mostrado firme respaldo al pacto. En caso de frenarse la lucha en contra del calentamiento global, los mismos estadounidenses pagarán un alto precio, según afirma Jennifer Morgan, directora ejecutiva de Greenpeace Internacional.

“El cambio climático es una amenaza muy importante para Estados Unidos, desde el aumento del nivel del mar hasta las olas de calor extremos y otros riesgos climáticos en todo el país o mayores riesgos para su seguridad. A corto plazo, la mayor consecuencia para EEUU es política. Los principales países están invirtiendo en un exitoso Acuerdo de París y la retirada de EEUU menoscaba su capacidad para avanzar en sus prioridades de política exterior con esos mismos países”, escribe en el blog de Greenpeace España.

Una mirada hacia el futuro

Morgan es rotunda al asegurar que la retirada de la superpotencia del convenio global en materia climática no presupone de manera alguna que este muera. “Está vivo y en buen estado de salud. En la Cumbre del G7, Europa, Canadá y Japón han reafirmado su firme compromiso para aplicar rápidamente el Acuerdo. Greenpeace pide a los líderes mundiales que aseguren que en la próxima Cumbre del G20 salga un compromiso aún mayor. Trump puede echar hacia atrás parte de las políticas norteamericanas, pero el resto del mundo está mirando hacia delante. Desde noviembre de 2016, cuando Trump fue elegido, al Acuerdo de París se han unido formalmente 76 países más”, agrega.

No es la primera vez que Estados Unidos voltea la mirada. Ya en 2001, después de largas negociaciones, el entonces presidente George W. Bush no ratificó el Protocolo de Kioto, que comprometía a los países industrializados a controlar las emisiones contaminantes por ser los principales responsables de los elevados niveles de gases de efecto invernadero. Esto obligó a la Unión Europea a encabezar el combate contra el cambio climático hasta lograr que se alcanzara década y media después el convenio de París.

Con la retirada de Estados Unidos, ¿el acuerdo luce tan frágil como el mundo frente al cambio climático? Consultado por The Objective, Oriol Costa Fernández asegura que constituye un golpe muy duro, sin duda, por tratarse del segundo emisor de gases de efecto invernadero y el estado más poderoso del mundo. “Ahora la Unión Europea y China -y a poder ser muchos más estados clave, pero como mínimo estos dos- deben asegurar que no se dé una escalada de retiradas y esperar que para cuando la decisión ya sea efectiva, que será dentro de 4 años, EEUU haya elegido a un presidente que pueda entender la ciencia del clima y sus implicaciones políticas”.

TOP