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≪Podemos≫: De movimiento a politburó

Miguel Ángel Rodriguez

Las locuras e infantiladas de los movimientos sociales cuentan con la anuencia de la mayoría porque se supone que todo lo hacen para mejorar la sociedad a su manera extravagante y pueril. Si yerran, si se rodean de amiguetes, si se pasan de la raya, si no saben argumentar bien, la mayoría social mira para otro lado, dándoles una oportunidad tras otra porque, en el fondo, Robin Hood no tenía que ser un burócrata ni un abogado, sino un alma caritativa.

El problema es cuando se pasa de Movimiento a Politburó, que es una figura odiada hasta en la misma izquierda: la dictadura brutal de los burócratas.

≪Podemos≫ ha elegido su Presídium  soviético, y eso ya no es un Movimiento Social digno de clemencia: es una máquina de destruir la sociedad a través del Comunismo, régimen que ha fracasado en toda su historia y que hoy tiene bajo su bota militar el cuello de millones de mujeres y hombres, a los que presiona, roba, encarcela y asesina sin piedad.

Pablo Iglesias ya no es el representante del 15-M: es el jefe comunista que odia la Democracia y que no dudará en trabajar con todo tipo argucias para  dinamitar los cimientos de la sociedad española libre del Siglo XXI.

De su Asamblea ha salido tan endiosado que camina rodeado de unos matones, sus miembros del Buró Político, una suerte de políticos-guardias de seguridad con tono macarra. Sus palabras ayer cándidas se están convirtiendo en intolerables porque les falta una base esencial en Democracia: el respeto al adversario; el pensar que el de enfrente puede tener alguna razón.

Pero es que los comunistas no entienden de rivales políticos: tienen enemigos a los que encarcelar y matar.

El mundo ha erradicado el fascismo, pero no ha conseguido hacer desaparecer el Comunismo: es tiempo de defender la Libertad.

Refugee Food Festival: cuando el chef es un refugiado

Jorge Raya Pons

Foto: Jorge Raya
The Objective

Pierre perdió a toda su familia y ahora está solo en Madrid, arrastra una mirada triste y su pelo es rubio en un tono intenso. “La vida es complicada”, dice, bajando la mirada. “Estoy aquí como refugiado político”. Tiene 27 años y salió de Camerún siendo muy joven; apenas 22 años y no tuvo más remedio que dejar atrás su vida en África. Después de un largo camino llegó en 2015 a España, vivió 10 meses en un centro de Ceuta hasta que le concedieron el asilo. Pierre se fue de Camerún acosado por ser homosexual.

“En mi país hay mucha tradición, no se acepta”, dice Pierre, en un castellano todavía pobre. “En África no tienes libertad si eres homosexual, transexual o lesbiana. Allí existe la mutilación genital. En África es complicado. En África matan por eso”. Pierre cuenta que su padre lo rechazó, que tiene un hermano en Francia con quien no se habla, que su madre fue la única que lo protegió. “Pero mi madre está muerta”, dice. “Yo estaba aquí cuando murió”.

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Pierre, refugiado camerunés, en el restaurante L’Artisan. | Foto: J.R./The Objective

Y aunque no pudo terminar la escuela, siempre se interesó por la cocina; ahora estudia en una escuela gastronómica en Alonso Cano y vive como puede en Madrid, en un piso compartido que le dispuso un amigo dominicano. Cuenta que le interesa la comida francesa, la americana, que va conociendo la española. “Hago cocido”, dice. Ahora participa en una iniciativa, Refugee Food Festival, que nació de la sinergia de la ONG Food Sweet Food y de Acnur, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados. Pierre estará este fin de semana cocinando en el restaurante L’Artisan, en la calle Ventura de la Vega.

España solo ha acogido a 744 de los 17.000 refugiados a los que se comprometió en Bruselas

En esta campaña, puesta en marcha el año pasado en París y extendida en esta ocasión a ciudades como Madrid, Florencia o Ámsterdam, varios cocineros –todos ellos refugiados- comparten su cultura a través de la cocina en una serie de restaurantes que se prestan como voluntarios. El resultado en Madrid es nueve restaurantes que dan empleo a ocho refugiados de cuatro nacionalidades durante una semana –en días alternos-, ofreciéndoles la oportunidad de compartir sus inquietudes culinarias con sus comensales.

Refugee Food Festival, que termina su segunda edición este domingo, es una ocasión para dar visibilidad a los desplazados. Hay historias trágicas detrás de cada uno de ellos; esta iniciativa nos empuja a esforzarnos por comprenderlos, por escucharlos. España es el país que más donativos privados aporta a Acnur. Sin embargo, es el mismo país que incumple los acuerdos de acogida de refugiados pactados en Bruselas: se comprometió a acoger a 17.000 personas y solo han llegado 744.

Refugee Food Festival: olvidando entre fogones la tragedia de ser refugiado
Mariana, ofreciendo uno de sus postres. | Foto: J.R./The Objective

Mariana también tuvo que abandonar Ucrania con su marido y con su hijo. Tiene 24 años y estudió Económicas en la universidad de su ciudad, Ternópil, a 200 kilómetros de Polonia. Llegó hace un año y medio y su gran barrera, confiesa, es el idioma. “Quiero vivir en España, quiero trabajar en la repostería”, dice Mariana, que prepara postres en el restaurante Keyaan’s (Blasco de Garay, 10). “Me gusta muchísimo la gente de aquí”. Mariana huye de un país en guerra, con todas sus consecuencias, y sigue en contacto con su madre, a la que escribe por WhatsApp. “España nos ha ayudado muchísimo”, dice, agradecida. “En un futuro me gustaría abrir una pequeña pastelería”. Mariana no piensa en regresar a Ucrania.

Tampoco lo hace Pierre, que remueve una tila que no ha probado. “No puedo volver a Camerún, no tengo familia allí”, dice, muy serio. “Yo sueño con estar en España, con tener mi propio negocio: un restaurante con comida de cuatro continentes –África, América, Asia, Europa-. Y ya está”.

7 destinos rurales para huir de la ciudad

Redacción TO

Foto: DAMIR SAGOLJ
Reuters

Contaminación, aglomeraciones, tráfico, estrés. La rapidez de las ciudades no se va de vacaciones, pero sus habitantes sí pueden. Irse al pueblo es una opción socorrida: ver a la familia y los amigos de toda la vida, rememorar la infancia y, sobre todo, tener alojamiento gratis son solo tres de los atractivos que ofrece esta opción. Pero ¿qué pueden hacer aquellos que han nacido en ciudad y no tienen pueblo al que ir? No entrar en pánico es el primer paso. El segundo, tomar buena nota de los siete destinos propuestos a continuación.

O Cebreiro, Lugo

7 destinos rurales para escapar de la ciudad
Las características pallozas de O Cebreiro. | Imagen: santiagoturismo.com

Estamos en el año 2017 después de Jesucristo. Toda Galicia está ocupada por los turistas… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles gallegos resiste todavía y siempre al invasor. Se trata de O Cebreiro, en el municipio de Pedrafita do Cebreiro, y todavía conserva tesoros arquitectónicos prerromanos, sus pallozas, herencia celta de esta localidad que, al no tener costa, no tiene tanto volumen de turistas. El grueso de los visitantes lo forman las personas que realizan el Camino de Santiago, ya que esta localidad forma parte de la ruta de Roncesvalles. La ausencia de playas, eso sí, queda compensada con las vistas a la Sierra del Courel.

Luarca, Asturias

7 destinos rurales para huir de la ciudad
Vista del puerto marítimo de Luarca. | Foto: turismoasturias.es

Atravesada por el río Negro, Luarca ofrece, como localidad asturiana que es, mar, campo y montaña en el mismo paquete. Luarca forma parte del municipio de Valdés, que cuenta con una de las playas más vistosas de toda la costa cantábrica, la de Barayo. El arenal forma, junto a las dunas y acantilados que lo rodean, la Reserva Natural Parcial de Barayo. Además, Luarca tiene el privilegio de ser la localidad que vio nacer a dos de los españoles más célebres del siglo XX: el ganador del Nobel de Medicina Severo Ochoa y el doble ganador del premio Oscar Gil Parrondo.

Foz de Arbayún, Navarra

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Vista aérea del cañón. | Foto: Wikimedia Commons

Este cañón de unos seis kilómetros de longitud llega a los 400 metros de profundidad y a la completa verticalidad. Un paraje de vértigo taladrado durante siglos por el río Salazar, supone uno de los paisajes más explosivos y singulares de toda la península Ibérica. Esta Reserva Natural navarra tiene, además, uno de los ecosistemas de aves más ricos y diversos de España. Desde los característicos buitres leonados hasta las águilas reales pasando por los quebrantahuesos.

Puerto Lápice, Ciudad Real

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Plaza de la Constitución de Puerto Lápice. | Foto: Ciudad-real.es

“Autores hay que dicen que la primera aventura que le avino [a don Quijote] fue la de Puerto Lápice”, dejó escrito Miguel de Cervantes en el segundo capítulo de la primera parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha. El autor no vuelve a referirse a la localidad en ningún otro pasaje de la novela, así que el lector se queda con el misterio de saber qué ocurrió en Puerto Lápice, pero este pueblo forma parte de la ruta del Quijote. Con una plaza de la Constitución típicamente castellana y unos molinos de inconfundible sabor manchego, Puerto Lápice es uno de los destinos rurales más interesantes de Castilla-La Mancha.

Alcántara, Cáceres

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Puente romano de Alcántara. | Foto: Efe

Con un puente romano de la época del emperador Trajano que atraviesa el río Tajo en impecable estado de conservación, este municipio extremeño limita al oeste con Portugal, lo cual permite que el viajante se pueda dar una escapada (dentro de la escapada) para aprovechar y conocer tierras lusas. Además de la construcción que ha dado nombre al pueblo (‘Alcántara’ viene de ‘Al Qantarat’, que en árabe significa ‘El puente’), la localidad extremeña es famosa también por el Conventual de San Benito. En uno de sus elementos más reconocibles, la galería porticada de Carlos V, se celebra anualmente el Festival de Teatro Clásico de Alcántara.

Culla, Castellón

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Paisaje fluvial de Culla. | Foto: Turismodecastellon.com

Recorrer sus callejuelas rodeadas de pequeños edificios de piedra típicamente castellonenses, hacer senderismo por sus prados bañados por los ríos Monleón y Mollinel, hacer una excursión por las cuevas del parque minero del Maestrat… Este pueblo medieval del interior de la Comunidad Valenciana ofrece naturaleza, tradición y descanso sin el bullicio turístico de otras localidades de la autonomía, como Denia o Peñíscola.

Zuheros, Córdoba

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Castillo medieval de Zuheros. | Foto: Zuheros.es

Con su castillo medieval de origen incierto y su famosa Cueva de los muerciélagos, declarada Bien de Interés Cultural en 1985, Zuheros es uno de los destinos andaluces todavía por descubrir para el resto de España. Sin el ajetreo ni el bullicio de los pueblos de la costa andaluza pero con una arquitectura inequívocamente sureña, Zuheros se levanta sobre uno de los mayores tesoros montañosos de España: la Cordillera Subbética.

La historia en imágenes de la lucha LGTB tras el franquismo

Jorge Raya Pons

Foto: FELGTB

Los años oscuros no quedan tan lejos. En marzo de 1976, el valenciano Antonio Ruiz, de 18 años, fue detenido y encarcelado durante 94 días después de que un juez aplicara contra él la Ley de Peligrosidad Social. Se trataba de una legislación aprobada en 1970 por las Cortes franquistas para castigar aquellas conductas que se consideraban antisociales, y ser homosexual era una de ellas. Esta ley, que vino a sustituir la famosa Ley de Vagos y Maleantes ­–puesta en vigor en 1933 y reformada en 1954 para incluir a los homosexuales, igualándolos, por ejemplo, a los pederastas– contemplaba penas como el internamiento en prisión –unos 5.000 en ocho años– o el sometimiento a terapias de conversión, las cuales, para sorpresa general, siguen existiendo.

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Una máquina de electroshock empleada en los años 60. | Fuente: FELGTB

Antonio Ruiz es un símbolo de la persecución contra los homosexuales que se desató durante el franquismo y que dio sus últimos coletazos en los primeros años de la democracia; la ley sufrió varias reformas en los años siguientes –eliminando los artículos relativos a los actos de homosexualidad en 1979– y fue abolida definitivamente en 1995. En 2009, Antonio fue el primer indemnizado en España por haber entrado en prisión por ser homosexual. Le compensaron con 4.000 euros.

Tras salir de los tribunales, celebró enérgicamente la resolución del Gobierno español, entonces presidido por Rodríguez Zapatero. “Por fin somos ciudadanos de primera”, dijo. “España se ha convertido en el primer Estado del mundo que reconoce la represión a la que se vieron sometidos los homosexuales y les indemniza. Hemos empezado a recuperar la memoria histórica”. Queda para las próximas generaciones su ficha policial de 1976; en ella se puede leer con claridad que el motivo de su detención fue su condición sexual. No han pasado más que cuatro décadas desde entonces.

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Ficha policial de Antonio Ruiz, detenido por ser homosexual en 1976. | Fuente: FELGTB

Este viraje tan extraordinario que ha vivido España en menos de medio siglo solo se comprende desde la lucha que ejercieron activistas como Armand de Fluviá o Francesc Francino, quienes decidieron enfrentarse a la Ley de Peligrosidad Social aun a riesgo de sufrir la represión de la dictadura. “En aquella época, los gais éramos un peligro social, unos corruptores de menores, unos enfermos mentales, los peores pecadores y la escoria de la sociedad”, recuerda Armand, a sus 85 años, quien más adelante se convertiría en la primer homosexual en manifestarlo públicamente en televisión: fue en 1978, en el programa Vosté pregunta.

“Yo fundé el movimiento gay en 1970 con el MELH (Movimiento Español de Liberación Homosexual). Lo hacíamos todo en la clandestinidad, incluso un fanzine que enviábamos desde París. Lo hacía con mi amigo Francesc (Francino), que murió hace muchos años por el sida. El primer número salió en 1972 y se llamaba Aghoix, sacamos 18 números. Pasábamos la frontera con mucho pánico, con miedo a que nos viera la Policía o la Guardia Civil. Lo hacíamos de uno en uno y por la noche. Este fue el juego sagrado que se mantuvo hasta que Franco murió. Entonces ya salimos con una cosa más potente que es el FAGC (Frente de Liberación Gai de Cataluña)”.

Durante el franquismo apenas eran “unos 20” quienes luchaban desde la clandestinidad; en cuanto se fundó el FAGC, sostiene Armand, llegaron a ser cerca de 500.

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Un manifestante durante la primera marcha del Orgullo celebrada en Madrid, en 1978. | Fuente: FELGTB

Un nuevo país

El emerger del FAGC en la sociedad española fue decisivo; no se puede comprender la lucha LGTB en España sin atender a sus logros. El FAGC fue el punto de partida de todo un movimiento que había guardado silencio por demasiado tiempo y que fue una inspiración para otros territorios que encontraron en Cataluña un ejemplo. Sus principales exigencias fueron la abolición de la Ley de Peligrosidad y la legalización de las organizaciones activistas; la propia FAGC fue inscrita y legalizada en 1980.

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Durante el primer Orgullo celebrado en Madrid se reclamó la abolición de la Ley de Peligrosidad Social.

“Todos los partidos y sindicatos que salieron de la clandestinidad como nosotros nos apoyaron”, relata Armand. “Se fueron formando grupos en distintos sitios de España y empezó la lucha. Yo recuerdo que en 1976 vino a visitarme el iniciador del movimiento gay en Euskadi para ver cómo lo habíamos hecho aquí, en Cataluña. Luego vinieron desde Sevilla. Recuerdo que en 1977 publicamos el manifiesto del FAGC; aquello sirvió para el resto de grupos que fueron formándose en España”.

El resultado de este ímpetu se hizo visible en Barcelona con la primera marcha LGTB permitida por las autoridades en España; fue el 26 de junio de 1977 y recorrió las Ramblas al grito de “¡Amnistía!”. De acuerdo con las crónicas de la época, se congregaron en la emblemática vía cerca de 4.000 personas. La primera celebración del Orgullo en Madrid se convocó un año después.

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Dos hombres en el Orgullo madrileño de 1978. | Fuente: FELGTB
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El movimiento feminista tuvo protagonismo en el primer Orgullo de Madrid. | Fuente: FELGTB

“Del 75 al 80 fue un quinquenio de maravilla”, dice Armand, con entusiasmo. “Muerto Franco, se acabó la rabia. Tras tantos años de dictadura se levantó esa losa que había, la gente perdió el miedo. Todo era fantástico”.

Desde entonces las marchas se han sucedido en todo el país, especialmente en las grandes ciudades, y el fortalecimiento del movimiento desde los años 90 ha permitido dar voz también a los transexuales y a las lesbianas, que comenzaron a agruparse en colectivos feministas para reivindicar que se les diera la misma visibilidad que a los hombres homosexuales.

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Una niña, con la bandera del Orgullo pintada. | Fuente: FELGTB

La evolución de las reivindicaciones

La historia reciente del movimiento homosexual, tal y como se puede descubrir en la exposición Subversivas: 40 años de activismo LGTB en España –organizada por la Federación Española de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales–, es la muestra tangible de la evolución de la sociedad española desde la Transición hasta hoy, con todas sus etapas.

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Los activistas se movilizaron para concienciar a las autoridades sobre la gravedad del sida, que afectaba con dureza a la comunidad gay. | Fuente: FELGTB

Desde la lucha por la concienciación contra el sida, la principal preocupación de los colectivos LGTB en los 80, hasta la Ley de Matrimonio Homosexual (2005) o la Ley de Identidad de Género (2007), que permitió a cualquier persona a cambiar su nombre y sexo en el registro  sin necesidad de pasar por una operación.

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Pedro Zerolo, uno de los grandes activistas LGTB contemporáneos, junto a Toni Poveda y Bibiana Aído en 2008. | Fuente: FELGTB

Es una realidad que la transformación del país ha sido absoluta; en cuatro décadas, España se ha convertido en un referente mundial en la defensa de los derechos de la comunidad LGTB. Tanto es así que este año es Madrid la ciudad que acoge la fiesta internacional del Orgullo; durante dos semanas se espera recibir hasta tres millones de personas en la ciudad.

“Hemos alcanzado lo que muchos otros no han logrado”, sentencia Armand. “Realmente, ahora no tenemos ninguna discriminación. La lucha de los colectivos es ahora contra la homofobia. Tenemos leyes para ello y contemplan sanciones. Es cierto que hay gente medio loca que nos odia, pero no creo que sean demasiados”.

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Celebración del Europride en Madrid en 2007. | Fuente: FELGTB

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Foto de la manifestación del Orgullo en 2009. | Fuente: FELGTB

En cualquier caso, el activista barcelonés sostiene que todavía quedan algunas victorias pendientes: “Ahora hay que incidir en la enseñanza y en los medios de comunicación. Lo que tenemos que conseguir es que se hable desde la guardería hasta la universidad, que la televisión vaya dando ejemplos positivos desde la homosexualidad. Y detalles como el alquiler de vientres, algo que aquí en España todavía no se permite, pero que parece que está al caer”.

Contra el mito del auge asiático y el declive europeo

Antonio García Maldonado

Uno de los lugares comunes del análisis internacional dice que el poder se ha desplazado a Asia y que Trump o el Brexit no dejan de ser pataletas ante ese hecho inevitable. Los flujos económicos van hacia esa región, las actividades se deslocalizan en China o Bangladesh, sus economías crecen y emergen grandes clases medias con un poder de consumo que hace las delicias de las grandes compañías internacionales. A este diagnóstico suele seguir el que dice que, en este contexto, Europa estaría llamada a convertirse en un museo para turistas ricos, en una Venecia gigante que sirve de testimonio kitsch del pasado ante su irrelevancia en el presente y el futuro.

Como todo lugar común, tiene algo de cierto pero también mucha adiposidad interesada. Asumir sin matices que el poder reside allí donde está el peso económico es desconocer las nuevas formas de poder, influencia y gestión que las nuevas tecnologías de la comunicación han favorecido. El análisis de la decadencia de Europa y el auge asiático tiene mucho de capitalismo industrial decimonónico, con la fábrica humeante como símbolo del progreso. Tengo para mí que el auge de Asia se debe, en parte, a que se puede gestionar desde Occidente. Sus ciudades están muy contaminadas, los servicios básicos son caros y de peor calidad, la desigualdad hiere, no hay derechos laborales efectivos –y cuando los hay, es fácil eludirlos– y las megaurbes en las que ese “progreso” se estaría manifestando son impersonales y en muchos casos peligrosas. La estratificación es la norma, y los precios son escandalosos.

Es en Europa –o como en Europa– donde desea vivir la mayoría, trabajadores o ejecutivos. Conozco a pocos residentes en Pekín, Yakarta o Singapur que no hayan terminado su etapa asiática con alivio por irse y alegría por llegar a Madrid, Bruselas o Berlín. Muchos de ellos vuelven para formar aquí una familia, ante la imposibilidad o el nulo atractivo de hacerlo en países y ciudades hostiles para ello. En muchas carreras profesionales, la “temporada asiática” es más una mili o un sacrificio en pos de un mejor puesto en Europa en el futuro que un deseo genuino. Incluso en sociedades con una personalidad tan fuerte como la china o la vietnamita, la creciente clase media exige estándares “europeos”.

Si Asia es una opción profesional, Europa sigue siendo una opción vital, que mal que bien conjuga la creación de riqueza con el ocio, la creatividad, el descanso y el bienestar. Si Asia es el auge, contento me quedo entre las ruinas del museo europeo (como hacen muchísimos gestores a distancia de ese teórico esplendor).

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