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La corbata rosa

Pilar Cernuda

No es difícil adivinar que el Rey eligió con cuidado el color de la corbata que debía ponerse para su discurso de Navidad.

Cuidado con el azul, rojo, naranja o morado, alguien podría interpretarlo como simpatía hacia un partido determinado, lo que un Rey no puede permitirse aunque como todo ser humano debe tener preferencias. El verde esperanza no estaba mal, porque quería transmitir que los españoles son capaces de superar las dificultades. En sus viajes por diferentes provincias había visto problemas serios pero también “trabajo duro y honesto, sacrificado, capacidad y talento, y sobre todo determinación y ganas de salir adelante”. Quizá la corbata debería ser rosa, un color positivo, que gusta a todos, y que además de esperanza como el verde provoca cierta sensación de intimidad, de cercanía. Rosa.

Y es que en esta ocasión D. Felipe antepuso su deseo de llegar al corazón de los españoles a meterse en profundidades políticas, a las que ha dedicado discursos, frases y gestos sobradamente. Insistió en la unidad, no podía dejar de hacerlo, y en la necesidad de diálogo, pero estas Navidades deseaba el Rey poner en valor los valores de aquellos que forman parte de su reino. Y deseaba también además recordarles que de ellos, de su actitud, depende que España sea un país grande: “La convivencia exige siempre, y ante todo, respeto. Respeto y consideración a los demás, a los mayores, entre hombres y mujeres, en los colegios, en el ámbito laboral; respeto al entorno natural que compartimos y que nos sustenta. Respeto y consideración también a las ideas distintas a las nuestras. La intolerancia y la exclusión, la negación del otro o el desprecio al valor de la opinión ajena, no pueden caber en la España de hoy.”

No se puede decir más con menos palabras.

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Fenomenología de Levy

Jesús Nieto Jurado

Foto: SERGIO PEREZ
Reuters

Andrea Levy mira a cámara. Se muerde los labios. Es nerviosa y le dirán que inexperta en esas lides del “hijoputismo” parlamentario. No se le pone el gesto caballuno de la Lola Cospedal cuando la llaman a comentar o desfacer el último entuerto de la CUP, no, sino una media sonrisa entre sefardita y catalana. Es resultona. Ha pasado del ensayo a la novela y habla sus verdades como si comiera chicle. Afuera todo un mundo se nos cae, pero ella lee lo que le recomiendan @lavozdelarra y Karina Sáinz. Levy le da Mediterráneo a la cosa pepera, y juventud al tuiter, y belleza a un oficio de notarios ociosos. Le brillan algunas pecas, cerca del óvalo facial, pecas que aparecen o desaparecen según sonría o le conteste a Ferreras o a su segunda del flequillo. Se muerde el labio cuando piensa España y piensa Cataluña, porque Levy, guapa nerviosa, es un poco la musa de la Constitución del 78 en la sardana que nos lleva al 1-0. De ideologías anda más bien pez, pero ella, tan moderna, es hija de esa disyuntiva catalana que va entre la Constitución o el caos. Dice el Gobierno que lo del 155 es improbable, que lo disfrazarán de noviembre (su Lorca) u octubre por no levantar sospechas. Entretanto, la Guardia Civil va a El Prat con caballerosidad y con la verdad última de lo único que funciona en España. Levy, musa de estos tiempos, lee algo de Murakami y le mete el rollo guay a un PP en Cataluña que ha oscilado entre Piqué y ese Loquillo/García Albiol que no sabemos por dónde puede salir. Pero Levy se muerde los labios, mueve nerviosa las manos por los librobares de Malasaña: y se piensa en Cataluña. Y sabemos que en Cataluña el PP son los padres. Y Levy puede molar. Ay.

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Barcelona el día después del atentado

Redacción TO

Foto: SERGIO PEREZ
Reuters

Con menos movilización turística en sitios emblemáticos como la Sagrada Familia (que permanece abierta) y en el transporte público en general, Barcelona amanece golpeada por el atentado terrorista del que fue víctima ayer. Sin embargo, muchas personas han decidido trasladarse hasta la Rambla para rendir homenaje a las víctimas, cuyo número asciende a 14,  y para hacer acto de presencia en el minuto de silencio convocado en Plaza Cataluña al mediodía al que acudieron desde las máximas autoridades locales: Ada Colau, Carles Puigdemont y Carme Forcadell, así como el rey Felipe VI  y el presidente de gobierno Mariano Rajoy.

Aquí una breve crónica en imágenes.

Así amanece Barcelona después del atentado 1
Así amanece La Rambla, de luto, pero abierta | Foto: Sergio Pérez / Reuters

Barcelona el día después del atentado 14
Memorial en el mosaico de Miró en La Rambla. | Foto Diana Rangel / The Objective.

Barcelona el día después del atentado 13
Memorial en el mosaico de Miró en La Rambla. | Foto Diana Rangel / The Objective.

Así amanece Barcelona después del atentado 3
Símbolos de luto se están colocando a todo lo largo de La Rambla | Foto: Diana Rangel / The Objective

Asciende a 14 el número de fallecidos en los atentados de Barcelona y Cambrils
Foto Diana Rangel / The Objective

Barcelona el día después del atentado 29
“Todos unidos por la paz”. | Foto: Diana Rangel / The Objective.

Barcelona el día después del atentado 30
En el mosaico de Miró. | Foto: Diana Rangel / The Objective.

Barcelona el día después del atentado 31
Foto: Diana Rangel / The Objective.

El punto neurálgico de la congregación era el mosaico de Miró en el centro de La Rambla, en donde la gente desde tempranas horas comenzó a depositar flores, velas y todo tipo de memorabilia en homenaje a las víctimas.

Allí conversamos con el portavoz de la comunidad Sikh en Barcelona, Gagandeep Singh Khalsa, quien se apersonó con otros representantes para expresar su repudio al atentado, expresar su preocupación ante el rechazo que algunos individuos le manifiestan a su comunidad por el uso de las prendas tradicionales de su cultura, y ponerse a la orden para cualquier colaboración que pudiera necesitar.

Barcelona el día después del atentado 15
Gagandeep Singh Khalsa conversa con Andrea Daza de The Objective. | Foto: Diana Rangel / The Objective.

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Poco tiempo después Ada Colau y las autoridades del Ayuntamiento se apersonaron en La Rambla para dirigirse al punto de la convocatoria para el minuto de silencio: la Plaza Cataluña. Luego de encontrarse con Carme Forcadell, la presidenta del Parlamento, el grupo se encontró en la plaza con el rey Felipe VI, Mariano Rajoy y Carles Puigdemont.

Representantes de los representantes de los principales partidos también acudieron al acto, allí pudimos observar a Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Albert Rivera, Miguel Iceta, Xavier Domènech y Soraya Sánchez de Santamaría, entre otros.

Barcelona el día después del atentado
Ada Colau en La Rambla | Foto: Andrea Daza / The Objective.

Barcelona el día después del atentado 8
Rajoy, el rey Felipe VI, Puigdemont y Colau, juntos, encabezan el homenaje. | Foto: Andrea Daza / The Objective.

Barcelona el día después del atentado 20
Pablo Iglesias y los representantes de Podemos llegan a Plaza Cataluña para el minuto de silencio. | Foto: Diana Rangel / The Objective.

Barcelona el día después del atentado 22
Pedro Sánchez al llegar a Plaza Cataluña | Foto: Diana Rangel / The Objective.

Barcelona el día después del atentado 19
Miguel Iceta, presente en Barcelona. | Foto: Diana Rangel / The Objective.

La comunidad Sikh en España se desmarca de los atentados de Barcelona y Cambrils
Rajoy, Felipe VI y Puigdemont, breves minutos antes de comenzar el minuto de silencio. | Foto: Diana Rangel / The Objective.

Barcelona el día después del atentado 4
Durante el minuto de silencio | Foto: Diana Rangel / The Objective.

Barcelona el día después del atentado 9
Minuto de silencio. | Foto: Sergio Pérez / Reuters.

La multitud congregada en Plaza Cataluña aplaudió por varios minutos luego de finalizado el minuto de silencio. Se escucharon proclamas de “no tenim por” (no tenemos miedo).  Los castellers también hicieron acto de presencia para brindarle a las víctimas y a todos los presentes un homenaje muy simbólico: Barcelona, se levanta.

Barcelona el día después del atentado 10
Foto: Sergio Pérez / Reuters.

Barcelona el día después del atentado 18
Multitud congregada para el minuto de silencio frente a El Corte Inglés de Plaza Cataluña. | Foto: Diana Rangel / The Objective.

Barcelona el día después del atentado 1
El rey Felipe VI saluda a las personas congregadas en Plaza Cataluña | Foto: Andrea Daza / The Objective

Barcelona el día después del atentado 21
Albert Rivera responde a los medios luego del minuto de silencio. | Foto: Diana Rangel / The Objective.

En sus declaraciones a los medios, Albert Rivera habló de la convocatoria al Pacto Antiterrorista. “No estamos en guerra, pero tampoco estamos en paz”. No es un día para las críticas, pero se debe hacer un llamamiento a la unidad, agregó.

Mientras los políticos de partidos opuestos esperaban para dar sus declaraciones, algunas personas en el público expresaron demandas claras: “Un CNI europeo”, pidió José Manuel García de 74 años. “No puede ser que tengamos tres policías, la Nacional, la de Euskadi, la de Catalunya”. Albiol, del PP catalán le respondía a García que sí, que estaban en ello.

Ramón Ros, catalán de 67 años, por su parte replicaba que no, que el problema es de competencias, que Euskadi lo tenía mejor, que cómo era posible que la policía autonómica no pudiera acceder a los archivos de la nacional.

Barcelona el día después del atentado 2
¿Inevitables selfies? | Foto: Andrea Daza / The Objective.

Pedro Sánchez intentaba mediar en la discusión mientras muchas personas en la multitud, parecían olvidar el motivo de la congregación e insistían en hacerse selfies con el máximo líder del PSOE.

En general todos los partidos fueron muy cautelosos con sus declaraciones, mientras que entre los asistentes reinaba la confusión, el ansia de reinvindicación y el reclamo a los políticos y a los cuerpos policiales.

Barcelona el día después del atentado 12
Grafitti en Madrid cerca del Congreso de Diputados: “Unidos somos fuertes. Todos somos Barcelona”. | Foto: Juan Medina / Reuters.

Para cerrar esta pequeña crónica un vídeo de un grupo de personas que espontáneamente se reunió pocos momentos después del minuto de silencio de Plaça Catalunya a rendir un pequeño, pero emotivo, homenaje a las víctimas cantando Imagine de John Lennon.

Textos y fotos: Andrea Daza, Ariana Basciani, Diana Rangel y Ana Laya. 

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De cuñados y zascas

Joseba Louzao

Foto: Partido Popular (PP)

No por frecuentes estas noticias dejan de sorprendernos. Hace unos días Andrea Levy habló de libros en una entrevista llegando a afirmar que la lectura de Lorca había sacado su vena más revolucionaria y reivindicativa. Para algunos esto fue una desfachatez. Corrieron a las redes sociales para lanzar una violenta arremetida contra la vicesecretaria de Estudios y Programas del Partido Popular. La lluvia de insultos fue imparable. Un número significativo de ellos dejaban entrever la tradicional retahíla machista, otros una mirada al mundo tan estereotipada como insustancial. Levy se convirtió en la mujer de paja a la que era sencillo denigrar por representar al enemigo. El principal problema es que sus atacantes no eran simples trolls escudados bajo un anonimato risible. Al contrario, con mayor o menor violencia, se sumaron a la quema periodistas, políticos y personas con nombre y apellidos identificables.

El proceso, como señalaba al inicio, es habitual. Cada semana nos encontramos con un nuevo chivo expiatorio, ya sea a derecha o a izquierda, que es ajusticiado por la nueva inquisición digital que tiene una inagotable sed de caza de brujas. Esta vez le tocó a Levy, mañana podría ser cualquiera. Y es que los linchamientos digitales, como el mal gusto, es un fenómeno transversal en nuestro país. A veces, incluso, los medios de comunicación más tradicionales se suman a la fiesta, aunque después miren con autosuficiencia hacia el universo digital. Deberíamos huir de palabras como zasca o cuñado, tan presentes en nuestro vocabulario como vacías de contenido. En realidad, sólo esconden un pecado intelectual: la pereza del pensamiento. Además, aunque no lo queramos reconocer, siempre seremos los cuñados de los demás. El prototipo del troll 3.0 encajaría perfectamente con la descripción del vecino serio, amable y formal, pero que en las redes nos descubre su ego inflamado o, más directamente, su lado más psicopatológico. Ya no nos enfrentamos únicamente a perfiles anónimos dedicados al hostigamiento y a participar en campañas orquestadas para perseguir a cualquier persona. Los nuevos trolls pueden ser conocidos o familia.

Tras saber cómo habla Andrea Levy de sus lecturas, comprendemos que es capaz de participar de un diálogo inteligente desde la discrepancia. No como tantos otros que se jactan desde su pequeño rincón digital de inteligencia, cultura y bondad ideológica, pero construyen su reputación con el agravio. A Levy le recomendaría que leyera el ensayo de Jon Ronson, Humillación en las redes (Ediciones B) que recorre con inteligencia el ámbito más deshumanizador y oscuro de internet. Como señala Ronson, los perdonavidas de las redes sociales demuestran su incapacidad para el conversación, una de las principales experiencias de civilización con la que contamos. Lo único que les interesa es encontrar una cámara de resonancia exponencial entre sus secuaces. Vamos, los típicos pelmazos y faltones de barra del bar de toda la vida, pero sin preocuparse por la dimensión del altavoz público que ahora tienen. Algún día también ellos serán víctimas de la ofensa.

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Cataluña y el principio de legalidad

Aurora Nacarino-Brabo

El surgimiento de los estados modernos estuvo condicionado por una premisa anterior y necesaria: un principio de legalidad preexistente, un conjunto de normas percibidas como justas y aplicadas de forma igualitaria que obligaban tanto a los gobernantes como a los súbditos. Como ha explicado Fukuyama, el principio de legalidad establece que “el gobernante no es soberano; la ley es soberana”. O, como afirmó Hayek: “La ley es anterior a la legislación”.

Su aparición tiene lugar en Europa occidental hacia el siglo XII y su origen tiene mucho que ver con la Iglesia católica, aunque Bloch vincula el contractualismo a la institución feudal incluso anterior. La fe católica constituía una fuente de legitimidad y obediencia externa a los reyes y separada de la política: era algo así como una ley que recordaba a los gobernantes que no eran la última autoridad. Esta separación de las esferas espiritual y política no siempre operó, sino que fue el resultado de un proceso largo y salpicado de fechas memorables, del concordato de Worms a la paz de Westfalia.

El principio de legalidad no aparece en la China antigua, donde las autoridades religiosas siempre estuvieron supeditadas al poder político; tampoco en India, donde la institución brahmánica nunca constituyó un ente religioso separado del poder político; y no tuvo lugar en el mundo musulmán, dominado ora por el despotismo oriental, ora por el tribalismo.

Pero tampoco la Iglesia oriental de Bizancio manifestó la clara vocación de emancipación del poder imperial que caracterizó al papado de Gregorio VII, y que, en última instancia, sentaría las bases para la construcción de una institución religiosa moderna, esto es: jerárquica, burocrática y regulada.

Es, por tanto, en Europa occidental donde hemos de rastrear el origen del principio de legalidad que más tarde permitirá la evolución hacia los estados modernos. Hoy, nueve siglos después, las élites de una pequeña región de Europa occidental han decidido abolir el principio de legalidad en aras de culminar un proyecto nacional secesionista. En el fondo, de lo único de lo que se trata es de un conjunto de líderes políticos que se ha declarado en rebeldía contra el principio moderno que constituye el imperio de la ley, a fin de poder hacer y deshacer sin cortapisas, y sin sometimiento a los tribunales de justicia.

Se han proclamado soberanos por encima de las leyes y se han creído la fuente última de todas las legitimidades. Son, al mismo tiempo, la autoridad religiosa que ha de guiar al pueblo hacia su libertad, y la autoridad política que habrá de gobernarlo, en una simbiosis posmoderna para un cesaropapismo viejo. La buena noticia es que los habitantes de Cataluña ya no son súbditos, sino ciudadanos. Cuando pase la pantomima del 1-O y puedan votar en unas elecciones democráticas, habrán de decidir entre su carta de ciudadanía y todo lo que queda fuera del principio de legalidad. A saber: corrupción con carta de naturaleza, arbitrariedad y tribalismo.

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