El Subjetivo
Espinar sin futuro
Serio Perez / Reuters
04.11.2016 El éxito arrollador de Podemos entre los jóvenes se funda en una advertencia: “Viviréis peor que vuestros padres”. Es una idea narcisista, ignorante y eficaz. Arropa al párvulo bajo el reconfortante manto del victimismo y excita su autocomplacencia, porque ya se le había anunciado que pertenece a la generación más preparada de la historia. Es una idea mentirosa y es una idea creíble. Los jóvenes de hoy no vivirán peor que sus padres pero su frustración se lo hará creer porque sus expectativas no conocen límites.

Ramón Espinar es el perfecto ejemplo de ese párvulo, un caso de laboratorio. Ustedes dirán que es un cínico, que el tráfico de esa mercancía política es su modus vivendi, y puede que el tiempo le haya convertido en tal. Pero el joven Espinar no era así, era el primer consumidor de ese narcótico ideológico. Yo le creo. Ningún burgués con conciencia de clase tendría el descaro de hacer suyos los inmortales versos de Evaristo: “Somos los hijos de los obreros que nunca pudisteis matar”.

Como suele ocurrir con los moralistas, la noticia que le retrata como un especulador inmobiliario no es más que un prólogo. El verdadero affaire Espinar es su relato de lo ocurrido. Piensen en el proyecto de vida del joven Espinar. Con 21 años decide meterse en la compra de un piso que la Comunidad de Madrid, ogro neoliberal, ofrece en condiciones ventajosas. Adelanta los 60 mil euros que le presta su familia y logra una hipoteca milagrosa para alguien que no tiene ingresos ni patrimonio y que, para colmo, estudia la prometedora carrera de Políticas. Sólo necesitó 9 meses para que su inversión en una vivienda protegida obtuviera un rendimiento de 20 mil euros y, según él, maldita sea, no tenía otra opción que embolsárselo.  A este chico, en cuanto se descuidaba, la administración y los bancos le metían el dinero en los bolsillos. Y todo era normal. Y dice que ésta puede ser la biografía de cualquier joven. Estudiaba Políticas y estaba convencido, hasta el punto de hipotecarse, de que recién licenciado conseguiría un trabajo que le permitiría afrontar los 500 euros mensuales de cuota. Y se declaraba entonces Juventud sin Futuro. Nunca antes una juventud sin futuro había tenido una fe tan ciega en el futuro.

Ramón Espinar dimitirá y no lo hará por ladrón o por corrupto, por usurpador o prevaricador; porque no lo es. Dimitirá por algo más imperdonable en política. Porque su biografía es la refutación perfecta de todo el ideario de Podemos.