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Un presidente buzzfeed

Rafa Latorre

Tiene algo de poético que haya sido precisamente Buzzfeed el medio que ha desatado el goldenshower affaire. Donald Trump es a la política lo que Buzzfeed al periodismo. Son dos subproductos del entretenimiento que han degradado el discurso periodístico y político hasta convertirlo en una lista de sonoras chorradas. Hace ya tiempo que se habla de la buzzfidización del periodismo, el proceso por el cual medios serios se van transformado en recetarios de lo absurdo. El juramento de Donald Trump como presidente de Estados Unidos dentro de una semana será la señal para los historiadores de la buzzfidización de la política.

La inteligibilidad de un discurso de Obama, o un artículo del exdirector de The New York Times Bill Keller, tiene un suelo. Por más que ambos se esfuercen en simplificar sus mensajes, estos jamás podrán descender de un nivel de complejidad que los hace ininteligibles, o mortalmente aburridos, para una parte de la población que jamás ha consumido literatura política ni periodística. Ni ganas que tiene.

No es una cuestión de elitismo sino de economía. El discurso de Trump está construido como una pieza de Buzzfeed, mediante el ensamblaje de simplezas breves  y aislables. Células mínimas con sentido propio, que impactan al instante y que podría entender hasta un niño de cuatro años. A Trump puedes odiarle pero lo que no puedes decir es que no le entiendes. O que no dispones del tiempo necesario para desentrañar su pensamiento.

Era inevitable que Buzzfeed y Trump se encontraran, porque ambos proceden del mismo lugar. Buzzfeed decidió publicar en bruto -sin que operara la intermediación de un periodista- el documento en el que los servicios de inteligencia advertían al presidente electo de que Rusia podía poseer material comprometedor sobre él. Hay una notable diferencia con la información que elaboró CNN y con el papel que el canal de noticias ha jugado en esta historia. El portal de entretenimiento no está limitado por las convenciones del periodismo, porque no es periodismo. Trump actúa como si no estuviera limitado por las convenciones del ejercicio del poder en democracia. Lo terrible es que él sí será presidente.

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Donald Trump señala el cambio a la paz

José Carlos Rodríguez

José Carlos Rodríguez reflexiona acerca de la polémica y el conflicto desatados por Trump luego de que reconociera a Jerusalem como capital de Israel y ordenará trasladar allí la embajada, que ahora está en Tel Aviv.

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La traición

Laura Fàbregas

Foto: YVES HERMAN
Reuters

¿Qué pasa en Cataluña? ¿Cómo hemos llegado hasta aquí, y por qué los que no somos independentistas hemos tardado tanto en hablar?

La respuesta tiene que ver con el factor humano. Hemos tardado tanto en alzar la voz porque por mucho tiempo hemos sentido que formábamos parte de ellos: del mismo pueblo, no sé si un sol poble, pero sí un pueblo cívicamente unido. Hemos abandonado progresivamente el espacio público por temor al ostracismo o la muerte civil. A que nuestros más allegados pensaran que no éramos dignos de su confianza. Porque, digan lo que digan, la libertad más difícil no se ejerce ni contra el poder –en democracia, siempre algo abstracto y lejano– ni tampoco contra la publicidad. La libertad más difícil se ejerce contra los amigos. Contra los tuyos.

El sociólogo Émile Durkheim habló de “efervescencia colectiva” para explicar este fenómeno donde una sociedad comparte prácticas, hábitos y creencias como, por ejemplo, las Diadas. Durkheim ha sustituido a Montesquieu quien, probablemente, hoy sería un facha para la mitad de catalanes.

En Cataluña se han roto los valores de la ilustración. Los que hacen que un individuo pueda discrepar de los suyos a través de la razón independientemente de la compasión, el amor y las emociones que pueda sentir por ellos. Por eso tanta gente se sintió interpelada en la jornada del 1 de octubre al ver que una parte de los suyos recibía porrazos. Aunque pensara que eran ellos los que estaban equivocados. Como una madre que no quiere que metan a su hijo en la cárcel, aún sabiendo que es culpable. El valor está en decirle a su hijo que se ha equivocado, pero nadie discutiría el amor y lealtad de esa madre.

El nacionalismo destroza el terreno común que posibilita el debate, incluso entre familiares. Un liberal, un socialdemócrata e incluso un comunista pueden debatir sobre cuál es la mejor manera de generar riqueza y distribuirla. Un nacionalista no puede, porque aunque lo vista de racionalidad, el último eslabón de esta ideología apela a la parte emocional. Y si no estás con los tuyos, eres un traidor.

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El gran poder de China pasa por su nueva Ruta de la Seda

Luís Torras

Foto: JASON LEE
Reuters

Desde 2012, China ha avanzado con paso firme convertirse en una Gran Potencia con influencia real sobre la comunidad internacional, capaz de controlar sus intereses domésticos y los regionales.Uno de los grandes ejes de esta política exterior es el llamado One Road, One Belt: una ambiciosa empresa de colaboración internacional para impulsar infraestructuras y el desarrollo económico a lo largo de la amplísima región euroasiática. Un proyecto que alumbra una China más abierta, colaborativa e integrada en la economía global con las nuevas oportunidades y amenazas que esto supone.

A lo largo de la historia, China ha tenido una actitud ambivalente con respecto al comercio exterior. Dinastías como la Yuan (Mongoles), que dominó el destino de China durante los siglos XIII y XIV (1279-1368), fue relativamente plana, abierta y permeable para con el intercambio cultural. Estos serán los tiempos de Marco Polo, donde los dominios del entonces emperador Kublai Kan se extendían desde el norte de Manchuria hasta la orilla misma del Danubio. Tiempos de comercio e impulso tecnológico que culminará con los viajes por el Índico del marino Zheng He iniciados en 1371 e interrumpidos de forma repentina en 1433 por motivos políticos. Durante estos años de apertura, China parecía olvidarse de su Gran Muralla, que durante tanto tiempo había sido barrera de protección y muro de aislamiento, como recuerda la historiadora Julia Lovell.

Esta visión aperturista no será la tónica general. Con la llegada de la dinastía Ming, China alcanzará su zénit, pero también iniciará su declive. Poco antes de la interrupción de los viajes de ultramar del marino Zheng He, el gran Emperador Yongle trasladará la capital del imperio de la comercial Nankín a Pekín, más al norte, y mandará construir la Ciudad Prohibida (1401), que durante los siglos sucesivos aislará tremendamente al emperador de su pueblo. Se iniciaba así un largo proceso de anquilosamiento institucional que irremediablemente conducirá de forma irremediablemente al retraso económico. China se cerraba en sí misma favoreciendo un modelo vertical, jerarquizado, condenando al ulterior potente Imperio celeste a merced de potencias extranjeras hasta bien entrado el siglo XX.

Mapa de la influencia Mongol en los s. XIII y XIV. | Fuente: World Economic Forum

La historia volverá a tener un importante punto de inflexión en 1949, cuando los comunistas liderados por Mao Zedong recuperaron la soberanía y la unidad de China de nuevo. El Partido Comunista se convertía de facto en una nueva dinastía, marxista, no feudal, en la que, como en el pasado, coexistían elementos más reformistas y aperturistas con elementos más autoritarios. En 1978, con el advenimiento de Deng Xiaoping, China iniciaba (por fin) un nuevo ciclo de prosperidad, el más importante de su historia, iniciando una importante reforma pro-mercado y una decidida apertura al exterior. Unos cambios fundamentales que se sitúan en la base del crecimiento económico de los últimos años, y catalizador de los anhelos de China de influir en los asuntos del mundo. 

China no tiene la ambición de ser una potencia global; sí de afianzar su posición como potencia regional y recuperar su antigua área de influencia. La Nueva Ruta de la Seda es una pieza estratégica central para cumplir esta visión y por la que China busca asegurar, por mar y tierra, el acceso a mercados claves tanto para el abastecimiento de materias primas como para dar salida a sus mercancías. Para comprender la importancia estratégica que tiene para China “connecting the dots”, en feliz expresión de Steve Jobs, es importante aproximar (aunque sea de manera somera), la muy diferente y desigual situación geoestratégica de partida del gigante asiático en comparación a Estados Unidos.

Estados Unidos tiene dos salidas estratégicas al mar, cuenca Atlántica y Pacífica, además de ejercer una gran influencia en el mar del Caribe. Únicamente tiene fronteras con dos países, Canadá y México, sobre los que, además, ejerce una gran capacidad de influencia, y cuenta con suficientes recursos hídricos y superficie disponible para la agricultura para garantizar su seguridad alimentaria y, también, de forma creciente, el suministro de energías primarias. China, por su parte, concentra una quinta parte de la población mundial y sólo tiene un 6% de la tierra cultivable (una parte muy importante del país es desierto), con amplías zonas con un importante estrés hídrico. Estos condicionantes hacen que el país sea crecientemente dependiente del exterior en el crítico capítulo alimentario y también en el energético. China tiene una sola salida al mar y unas complejísimas fronteras con hasta 14 países diferentes, donde se incluyen potencias nucleares como Corea del Norte, India, Pakistán o Rusia, además de tener cerca de sus costas a dos importantes aliados de EE UU, Corea del Sur o Japón, lo que da lugar a frecuentes conflictos territoriales. Una situación muy compleja para un gigante en edad de crecimiento. 

Al margen de asegurar el acceso a mercados estratégicos, la nueva Ruta de la Seda quiere ser un elemento para la cooperación internacional y la estabilidad en el área de influencia china. Uno de los factores clave de éxito de las reformas en los últimos años ha sido la gran habilidad de Pekín para forjarse un entorno relativamente favorable. Xi Jinping, el líder más destacable del panorama político actual (con diferencia), es buen conocedor de las lecciones de la historia y ha intensificado como ningún otro líder chino una intensa agenda internacional que le ha llevado a establecer relaciones con prácticamente todos los países de la región. La diplomacia china ha sabido tejer alianzas y complicidades con potencias regionales menores pero también con la Rusia de Putin, la Turquía de Tayyip Erdogan, o, recientemente, también con los Estados Unidos del siempre polémico Trump.

La Nueva Ruta de la Seda incorpora un mensaje de compromiso con la colaboración internacional y el comercio –un mensaje especialmente claro en los últimos encuentros en Davos–, lo que, paradojas de la vida, ha convertido a China en uno de los principales y más estables pilares de defensa de la globalización en un momento caracterizado por el auge del populismo en Occidente y el cuestionamiento de los pilares sobre los que se asienta el progreso de las últimas décadas. Un compromiso que incorpora un vector educacional y para con el bienestar social en una concepción holística del crecimiento económico, muy propia del pensamiento chino. Un enfoque diplomático amplio, que rara vez se circunscribe a un aspecto específico, sino que busca el equilibrio largo plazo en el conjunto de las relaciones internacionales.

Fuente: World Economic Forum
Fuente: MacKinder, The Geographical Journal (1904).

A cambio, China gana influencia regional, y afianza su posición de potencia global (ahí están los mapas de MacKinder), lo que puede conllevar importantes dividendos en clave doméstica. China necesita diversificar sus mercados para la exportación, algo fundamental para favorecer un soft landing que resuelva los problemas de sobrecapacidad que arrastra el país en muchos sectores, al tiempo que garantizar el suministro de fuentes de energía primaria y comida. El esquema de estos proyectos es siempre el mismo: China, a través de sus instituciones estatales de crédito, financia proyectos en países menos desarrollados para impulsar carreteras, trenes, puertos y otras infraestructuras básicas. A cambio, estos proyectos son desarrollados por contratistas chinos; que, luego, pasan a estar controlados (de una manera u otra) por la propia China. Un proyecto global con marcado liderazgo chino y características chinas (también por lo que hace a los estándares de contratación y transparencia). El gran reto de todo lo anterior: la financiación. Esta por ver hasta que punto las finanzas chinas serán capaces de impulsar todos estos macro proyectos sin dañar la solvencia de sus finanzas públicas.

Sin infraestructuras, difícilmente es posible el desarrollo económico. China necesita asegurar el progreso económico en los países de su entorno y área de influencia como piezas esenciales para su propio crecimiento (de nuevo, esta visión de gran angular tan propia de la manera de pensar china). La nueva Ruta de la Seda lanza un potente balón de oxigeno al eje euroasiático, lo que alumbra un escenario global con poderes globales más diluidos, más heterogéneo, más equitativo en términos geopolíticos, y con un cada vez mayor regusto chino. China lanza así una visión más organicista del mundo que buscar reforzar el eje comercial más importante del mundo durante siglos como señala el historiador Peter Frankopan en su imprescindible The Silk Roads, retornando, también, a una china más horizontal y abierta al mundo. Habrá que estar atentos.

Artículo publicado originalmente en el World Economic Forum en español.

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Las intimidades literarias de Gabriel García Márquez, al descubierto

Jorge Raya Pons

Foto: TOMAS BRAVO
Reuters

El archivo con todos los manuscritos que sobrevivieron de Gabriel García Márquez está en Estados Unidos. Él, que se rebeló contra todos sus gobiernos, nunca lo habría imaginado. Vendieron el fondo de documentos que había guardado durante años por más de dos millones de dólares a la Universidad de Texas –a través de la institución Harry Ransom Center–. Parece mucho dinero cuando Gabo –como le llamaron quienes le conocían– vivió con lo justo durante casi media vida. Aquella circunstancia cambió, sin embargo, cuando alguien quedó deslumbrado por Cien años de soledad.

Algunos días, García Márquez compartía con quienes le acompañaban la historia de cómo la idea del libro le alcanzó como un rayo, de cómo quedó prendido e incapacitado para hacer otra cosa que escribir. “A mis 38 años y ya con cuatro libros publicados desde mis 20 años, me senté ante la máquina de escribir y empecé: ‘Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo’. No tenía la menor idea del significado ni del origen de esa frase ni hacia dónde debía conducirme”, dijo en una ceremonia en Cartagena de Indias en 2007. “Lo que hoy sé es que no dejé de escribir ni un solo día durante 18 meses, hasta que terminé el libro”.

Gabo, que nació en el Caribe colombiano y siempre se reconoció periodista, escribió otras obras que son infinitas –como El coronel no tiene quien le escriba y El amor en los tiempos del cólera– y dejó miles de páginas que ahora pueden consultarse gratuitamente y en línea. Son folios y folios –unos 27.000– y artículos y fotografías y ficciones a medias que revelan sobre García Márquez tanto como sus memorias: en ellos están sus métodos de trabajo, sus anotaciones, sus vicios de escritura. La universidad tejana ha comenzado un laborioso y encomiable esfuerzo para digitalizar todo cuanto llegó a sus manos, y los resultados son verdaderamente estimulantes si uno es lector devoto del maestro de Aracataca.

Cómo consultar en línea todo el catálogo de Gabriel García Márquez
Gabriel García Márquez, en Monterrey en 2007. | Foto: Tomás Bravo/Reuters

La página tiene habilitados unos buscadores que permiten, incluso, filtrar por palabras clave, y también un mecanismo sorprendente con el que se pueden comparar simultáneamente borradores distintos de una misma obra. Entre los documentos hay pasaportes de sus abuelos, de él mismo, fotografías de su infancia, todo un torrente de información que desvela las facetas misteriosas de su vida, sobre las que tanto mintió a sus biógrafos.

Toda esta hazaña no habría sido posible –quién sabe– si García Márquez no hubiera publicado Cien años de soledad. Aquello fue una posibilidad real al menos en dos ocasiones, según sus recuerdos. La primera, cuando la mecanógrafa Esperanza Araiza (Pera) resbaló saliendo de un autobús, bajo la lluvia, y provocó que los papeles de su borrador final se empaparan todos en un charco. Luego tuvo que secarlos pacientemente y uno a uno para rescatar los 18 meses de trabajo de su amigo.

La segunda, cuando el escritor y su esposa, Mercedes, se dispusieron a enviar a la editorial Suramericana por correo las 590 cuartillas que entonces eran la novela. El trabajador de la oficina pesó las hojas y les dijo: “Son 82 pesos”. Pero ellos eran pobres y solo tenían 53. Tuvieron que enviar la mitad de la novela, con el escaso atino de escoger la segunda mitad y no la primera. Unos días después, les escribió el editor y les dio el dinero restante a cambio de que le hicieran llegar la primera parte. La historia de García Márquez –quizá distorsionada– viene a demostrar que la fortuna, a veces, es caprichosa. Ahora sus intimidades literarias y familiares quedan abiertas para los curiosos y los investigadores.

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