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Un vídeo siniestro

Rafa Latorre

Foto: JAVIER SORIANO
AFP

Supongo que los profesores que esta semana secundaron la huelga de la enseñanza pública tenían sus motivos. Seguro que ninguno era tan poderoso como para convertir a un niño en un arma de propaganda.

Cuando aparecen los niños la protesta se convierte en mendicidad. Como se preguntaba –y se respondía- Hughes en un memorable artículo, “¿Quién nos cuenta que tiene niños? ¡Los mendigos!”. Hace tiempo que se extinguieron los cantautores protestas, esos pelmas que en un inevitable salto evolutivo fueron precursores de aquellos pelmas que tocaban la guitarra en misa. Incluso antes que los cantautores-protesta ya ejercían los niños-protesta, muñequitos de ventriloquía que animan una barbaridad las manifestaciones, ya sean contra el aborto, a favor de la independencia de Cataluña, contra la OTAN o contra la enésima reforma educativa.

Cuando hay huelga en la escuela brotan con especial virulencia los niños-protesta. Porque hay profesores sin alma que les hacen creerse que los huelguistas son ellos, los estudiantes, cuando no es así. La huelga es un derecho de los trabajadores y un escolar no lo es. Esta semana hemos visto niños-protesta con las caras pintadas, en reivindicativo corro de la patata, cantando consignas frente a las cámaras, disfrazados de enragé en un grimoso Lluvia de Estrellas sindicalista. A media tarde llegué a un vídeo impúdico por un tuit de Íñigo Errejón. Fue subido a Youtube en 2013 pero él lo compartió ayer. Qué más da, todo es bueno para el convento. Él elogia el vídeo, claro. Para Errejón no hay un solo resquicio de nuestra vida que no sea susceptible de ser politizado y esos cinco minutos de grabación son la expresión más pura de la politización.

La pieza la grabaron en un colegio de Teruel y a los pocos frames el espectador se da cuenta de que exigió algunos días de trabajo. Es una coreografía infantil con la que los profesores exponen sus reivindicaciones utilizando a los niños como megáfono. Es imposible tomarse en serio a unos tipos que te explican su modelo educativo, no con los serenos argumentos de un adulto, sino con un rapeado de voces agudas. El vídeo tiene esa discordancia estética tan siniestra que resulta de mezclar la gravedad y la ingenuidad. Los niños esperan su turno para rapear las consignas aprendidas. Sus caras son de una bendita inconsciencia. Y eso es lo más siniestro. Están jugando y no saben a qué.

Prepárate para viajar en coche y sentirte como en casa

Redacción TO

Foto: Eric Risberg
AP Photo

Tenemos una visión de los coches más tradicional de lo que imaginamos. La distribución interior está inspirada en los viejos carruajes de caballos, donde los asientos están dispuestos de manera que la visión es muy abierta, de 360 grados, con los sistemas de aceleración, dirección y frenado al frente. Sin embargo, esta disposición podría tener los días contados. Todo gracias a las innovaciones tecnológicas y estéticas que están desarrollando las grandes marcas tradicionales, pero también los nuevos gigantes de Silicon Valley.

Uno de los grandes lujos que se conceden quienes pueden permitírselo es contratar a un chófer para ir de un sitio a otro, retirándose al asiento trasero y aprovechando el tiempo entre trayectos para hablar por teléfono o, simplemente, relajarse. Ahora, las marcas trabajan para que esta circunstancia deje de ser un lujo y pueda democratizarse, de modo que cualquiera pueda entrar en el coche y dejarse llevar hasta llegar a su destino.

Conducir sin volante: así serán los coches del futuro 1
Fotograma del vídeo promocional del Volvo Concept 26. | Fuente: Volvo

En este sentido, las compañías están alejando al conductor del salpicadero; el conductor es cada vez más ajeno a la conducción y la llegada de los coches de propulsión eléctrica permite a los diseñadores dibujar nuevos interiores, crear disposiciones hasta ahora inimaginables. Esto se debe a que estos vehículos no requieren de motores tan voluminosos ni de túneles de transmisión cruzando toda la carrocería.

En otras palabras, entre las grandes preocupaciones del sector no se encuentra únicamente la conducción autónoma, momento en el que dejará de ser estrictamente necesario que el conductor intervenga en el pilotaje, sino también la sensación de confort en el interior de los vehículos.

Conducir sin volante: así serán los coches del futuro 2
Fotografía del interior del BMW 5-Series GT. | Fuente: BMW

Éstos podrán ser pequeños por fuera, pero espaciosos por dentro. Ya se puede comprobar en coches eléctricos como el Chevrolet Bolt que, a pesar de sus dimensiones reducidas, está adaptado para quienes superan el metro ochenta de altura. O, en casos de coches de alta gama y tamaño mayor, como el BMW 5-Series Gran Turismo o el Volvo S60 Inscription, que tienen en su parte trasera algo más parecido a sillones de salón que a asientos convencionales, con pantallas de televisión incorporadas.

En cualquier caso, la revolución acaba de comenzar y las verdaderas modificaciones llegarán con los coches autónomos. Waymo, una empresa de Google, ya ha desarrollado un prototipo de coche biplaza sin volante ni pedales. El interior es discreto, de techo relativamente alto, espacioso a pesar de las pequeñas dimensiones. Algo así como un Mercedes Smart, solo que sin todo el relleno que requieren los coches tradicionales.

Volvo, por su parte, ha presentado su modelo Concept 26, que permite adaptar el asiento en función de las exigencias de la conducción, teniendo la opción de mantenerse vertical durante el manejo convencional, reclinado si se desea navegar por internet o leer un libro, y tumbado en trayectos largos y anodinos, como en autopistas, si el piloto opta por echarse una cabezada.

Mercedes-Benz ha llevado la idea a un nivel más alto con la creación del Vision 015 Luxury in Motion, que es como un salón, donde los asientos pueden voltearse y todo se convierte en una sala de sillones enfrentados, con un espacio considerable para estirar las piernas y conversar o disfrutar del viaje mientras el coche conduce de forma autónoma, convertido en nuestro chófer particular.

Con todo, no es sencillo introducir estos cambios drásticos en el mercado, de momento; a fin de cuentas, en el presente, el conductor habitual aún persigue un modelo que le resulte familiar, que no sea excesivamente rompedor. Es necesario mantener algo de la esencia de los vehículos de siempre, del estilo de cada marca, para que el consumidor no quede intimidado, para que no desconfíe. El director de diseño de Mercedes-Benz, Gorden Wagener, reconoció en la revista Wired que este fue un debate que mantuvo con su equipo.

“Cuando hicimos el plano del Mercedes-Maybach 6, uno de los puntos de discusión fue la enorme pérdida de espacio causado por nuestros capós, que son muy largos”, explica. “Pero supimos que es una seña de identidad de la marca y decidimos ser fieles a eso”.

Se trata, a fin de cuentas, de una revolución paralela a la conducción autónoma; las marcas persiguen que podamos entretenernos y sentirnos cómodos mientras dure el trayecto, evitando los ratos muertos, sacando partido a un tiempo que es posible aprovechar, al igual que cuando viajamos en tren o en avión.

Facebook va a la conquista de la televisión

Redacción TO

Foto: Stephen Lam
Reuters/File

Facebook no quiere perder el tren de convertirse en el mayor gigante tecnológico del mundo. Para ello debe superar una asignatura pendiente que tiene su plataforma: los vídeos en streaming de contenido propio. Mark Zuckerberg tiene planeado lanzar una serie de programas en streaming a través del timeline, para que no tengamos que abandonar Facebook si queremos ver un programa televisivo o una serie, según publicó Business Insider a principios de este mes. Facebook pretende así retener a su público más joven, aquellos nativos digitales que han sustituido la televisión por los contenidos online, capturando parte de la inversión publicitaria destinada tradicionalmente a televisión.

Facebook y la conquista del espectro digital
Mark Zuckerberg, el CEO de Facebook, en Perú. | Foto: Mariana Bazo / Reuters File

El objetivo es claro: sumarse al carro del éxito que han cosechado plataformas online como YouTube, Netflix o Amazon. Para lograrlo, Facebook va a lanzar una docena de programas, algunos de producción propia, diferenciados en dos categorías. Por un lado, programas de alta factura y de larga duración y, por otro, producciones más económicas de unos 10 minutos, actualizadas cada 24 horas.

Zuckerberg cuenta como director de estrategia con Ricky Van Veen, cofundador de la web CollegeHumor, un portal que se encarga de recopilar las cosas más graciosas que se ven por Internet y que ha ido ganando tráfico entre los usuarios a lo largo de los años. Van Veen fue contratado por Facebook el pasado diciembre.

Por lo pronto, Facebook ha dado ya luz verde a un show de citas que producirá Condé Nast Entertainment, en el que los participantes se conocerán a través de la realidad virtual, antes de reunirse personalmente. La compañía confirmó este mes que estaba inmersa en un proyecto audiovisual con Facebook, sin aportar más detalles.

Facebook está analizando también la posibilidad de incluir deportes en sus contenidos y, por lo que se sabe, la compañía ya ha contactado con la Major League of Baseball. “El deporte es probablemente algo que querremos probar en algún momento”, afirma Zuckerberg.

El partido se juega en los anuncios

Con esta nueva incursión audiovisual, Facebook se va a enfrentar directamente con las compañías que han ido apostando por los contenidos audiovisuales en streaming. YouTube ya anunció a finales del mes pasado su intención de financiar programas originales protagonizados por estrellas de la talla de Ellen DeGeneres, Kevin Hart o Katy Perry. Estos shows tendrán anuncios publicitarios para financiar la producción y que, cualquiera con acceso a Internet, pueda verlos sin que tengan que acceder al servicio de suscripción de 10 dólares mensuales.

“Hace cinco años, el 85% de todas las series originales fueron apoyadas por anuncios”, ha destacado Robert Kyncl, jefe de negocios de YouTube en un evento celebrado en abril sobre la estrategia de la compañía. “Este año, ese número se ha reducido a poco más de dos tercios y, con mucho más contenido, llegando a los servicios de suscripción. Ese cambio se está acelerando, por lo que vemos estos programas como una forma de asociarnos con los anunciantes para resistir a esa tendencia”.

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De izquierda a derecha: Chris Milk, CEO de Vrse; Mike Woodman, CEO de GoPro y Robert Kyncl, director de estrategia de Youtube. | Foto: Steve Marcus / Reuters File.

En esta línea también se mueve Facebook. La red social pretende monetizar los programas originales que produzca a través de los anuncios difundidos en el mismo vídeo, según ha asegurado Business Insider. Facebook ya lanzó el mes pasado una aplicación de vídeo para Apple TV y otros decodificadores.

“El objetivo es crear un contenido que ayude a la gente a aprender que la pestaña de vídeo es un gran destino donde pueden explorar y venir a Facebook con la intención de ver los videos que quieren”, dijo Zuckerberg durante la última reunión de Facebook con los accionistas. “El objetivo a largo plazo es crear un modelo de participación en los ingresos, una vez que se haya acumulado toda la economía alrededor del vídeo en Facebook”.

La fecha de lanzamiento de esta “nueva televisión” es mediados de junio. A partir de ese momento Netflix, YouTube, HBO Go, Amazon Prime y otras plataformas de streaming se encontrarán con un rival con posibilidades financieras prácticamente infinitas.

#LyricMoney, 825 euros para reflexionar sobre el valor del dinero

Lidia Ramírez

Foto: Alejandro Fernández Mejías

“Money, get away

Get a good job with good pay and you’re okay

Money, it’s a gas 

Grab that cash with both hands and make a stash…”

Sonaba ‘Money‘, de Pink Floyd, cuando a Alejandro Fernández Mejías, publicista grancanario de 27 años, se le ocurrió escribir la letra de esta canción en tantos billetes como pudiera con el objetivo de hacer reflexionar a la gente sobre el valor real del dinero, ya que para Mejías éste es “un medio y no un fin”. “#LyricMoney es una crítica interna a nuestra forma de replantearnos el uso de nuestra economía monetaria. No se trata de tener cada vez más, sino de usarlo para vivir”, reflexiona, reivindicando, de esta forma, la naturaleza nómada del dinero. 

Sin duda, nuestro día a día está condicionado por la economía. Actuamos, nos relacionamos y decidimos en base a ésta. Y eso es en lo que estaba pensando Mejías mientras viajaba en el metro de Madrid: “Era 2012, estaba recién llegado a la capital, cobraba una miseria como becario en una agencia de publicidad y no paraba de preguntarme qué hacía allí, apretado entre tanta gente en una ciudad que no me gustaba lo más mínimo”, nos cuenta. Fue entonces cuando se le ocurrió crear el primer lyric vídeo escrito en dinero en curso legal usando la letra de la banda de rock británica que, según el publicista, es “la mejor descripción que he escuchado nunca sobre la relación entre el ser humano y su invento más peligroso”.

Sin embargo, no fue hasta 2016 cuando pudo llevar a cabo su proyecto. Para ello usó 825 euros en 55 billetes: 31 de 20 euros, 17 de 10 y 7 de 5, que fue poniendo en circulación sellados con el hashtag #lyricmoney para que cualquier persona que se topara con uno de ellos pudiera acceder a todas las piezas del proyecto introduciendo la etiqueta en un buscador online.

¿Por qué billetes de 20, 10 y 5 euros? 

“La elección de estos billetes no ha sido casual”, apunta el publicista, que ahora ha decidido darle un giro a su vida profesional y está estudiando Gestión Musical. Como su intención es que su proyecto llegue al mayor número de personas para invitar a la reflexión, apunta que ha utilizado los billetes de 20, 10 y 5 euros porque son los que más circulan. En este sentido, si en un principio comenzó a gastarlos en grandes superficies, posteriormente decidió emplearlos en comercios más pequeños. “Una vez, haciendo cola en el Banco de España, vi que muchos empresarios llevaban billetes desgastados y escritos para cambiarlos. Ahí me di cuenta que si seguía gastándolos en grandes almacenes la cadena se rompería”.

Ahora, con todos los billetes ya en circulación, el último lo entregó el pasado 15 de febrero a unos artistas callejeros, el creativo anima a todas aquellas personas que se topen con uno de ellos a hacerle una foto y subir la imagen a las redes sociales con la etiqueta #LyricMoney para poder seguir reflexionando al ritmo de Pink Floyd.

#LyricMoney, 825 euros para reflexionar sobre el valor del dinero
Gif con todos los billetes empleados para el proyecto #LyricMoney. | Gif: Alejandro Fernández Mejías

Qué nos enseña el libro más repelente de todos

Miguel Ángel Quintana Paz

¿Qué título de libro podría considerarse el más repelente de entre todos los clásicos? Si la pregunta atañera a las partes de una obra, seguramente cualquiera de la autobiografía de Friedrich Nietzsche, Ecce homo, sería digna candidata: “Por qué soy tan inteligente”, “Por qué soy tan sabio”, “Por qué escribo tan buenos libros”. En cuanto a volúmenes completos, Leszek Kołakowski alcanzó una marca importante con su “Por qué tengo razón en todo”, rótulo que tantas veces habrán anhelado, al menos como subtítulo, tantos otros profesores en tantos otros escritos más.

Con todo y con eso, de modo menos pomposo, pero igual de mordaz, fue el filósofo Søren Kierkegaard quien acuñó hace casi dos siglos un título febrilmente repulsivo para nuestra mente contemporánea. Lo hizo en su libro Enten-Eller, que suele traducirse con la disyuntiva “O lo uno o lo otro”, aunque podría asimismo ser “O bien una cosa, o bien la otra”.

¿Por qué resulta repulsivo ese título de Kierkegaard hoy en día? Vivimos en una época en que se nos ha vuelto más antipático que nunca renunciar a nada. Señores sesentones confían en verse bien juveniles y disfrutar a la vez de las mieles del reconocimiento por su amplia experiencia; jóvenes veinteañeros gustan de presentarse como tiernos modernetes, pero a la vez se quejan si su sueldo no alcanza el de un curtido profesional. Hacemos viajes lejanos con la intención de sumergirnos en otras culturas, pero allí nos refugiamos en el hotel que más se asemeja al de enfrente de casa. Queremos educar a nuestros hijos para el mundo real, pero les rodeamos de algodones que solo les prepararían para vivir sempiternamente en una colchonería.

Acaso este fenómeno adquiera especial virulencia en nuestro país. No pocos españoles están convencidos de que nuestra nación podría funcionar igual una escandinava, pero sin la sólida confianza entre sus ciudadanos que reina en aquellas sociedades. Deseamos tener impuestos tan bajos como en las Bahamas, pero con servicios públicos tan caros como los fineses. Protestamos porque nuestras universidades no están entre las mejores del mundo, pero acatamos que los criterios de selección en ellas sigan columpiándose entre el padrinazgo y el amiguismo. Si la asistencia a la eucaristía dominical continuara siendo masiva en España, no resultaría raro comprobar cada semana cómo varios feligreses porfiarían por estar a la vez en misa y repicando.

Ante este panorama, Kierkegaard nos recuerda una verdad repelente: a veces (muchas más veces de las que hoy creemos) se debe optar entre o bien una cosa o bien otra. Enten-Eller, en danés. Hoy suena fascista hablar de esa manera, pero aun así es preciso recordarlo: no puedes hacer todo lo que quieras ni tener todo lo que quieras ni hablar con solvencia de todo cuanto te gustaría hablar (aunque uses Twitter).

¿Cómo es que hemos llegado en nuestros días a olvidar tan simple verdad? El mismo libro de Kierkegaard nos responde con una de sus fábulas más famosas, la del payaso en el escenario del teatro. Reza así:

Se declaró en cierta ocasión un incendio entre los bastidores de un teatro. Un payaso salió al escenario para dar la noticia al público. Pero este creyó que se trataba de un chiste y aplaudió fervoroso. El payaso repitió la noticia y los aplausos se volvieron aún más entusiastas. Así sospecho yo que se irá a pique el mundo, entre el júbilo general de la gente biempensante, que creerá que solo se trata de un chiste.

Hoy se ha vuelto un lugar común decir que vivimos en una “sociedad del espectáculo”. Pero las cosas no estaban tan claras hace dos siglos, por lo que no resulta arbitrario atribuir a Kierkegaard cierto mérito previsor. En su cuento del payaso, este filósofo nos habla de un mundo en que todo se verá ya como mero espectáculo teatral. Y por ello pensaremos que todo es posible. Cierta teatralidad tendrán las desgracias que vemos en nuestros televisores; nadie se creerá del todo las noticias que nos proporciona una prensa que día tras día ensucia su fiabilidad. Solo algún sectario se tragará ya del todo lo que declama un político desde su escenario; solo algún ingenuo escuchará las previsiones de los expertos como si de veras se fueran a cumplir. Gracias a las redes sociales, las vidas de los otros desfilan ante nuestras butacas, mitad dramas y mitad comedia; nosotros mismos recitamos la trama de nuestros días ante un público silencioso, que nos contempla tras el foco de la pantalla de nuestro dispositivo.

Teatro, lo nuestro es puro teatro, cantaría hoy La Lupe. Y si somos todos actores, no puede acusársenos entonces de mentir exactamente, pero tampoco debe tomárselos muy en serio durante nuestra actuación. Desde antiguo nos lo han explicado los teóricos de la dramaturgia: ante un escenario (o, con el cine, ante una pantalla) conviene suspender nuestra credulidad, para no hacer el ridículo de aquellos espectadores que, cuando los hermanos Lumière les proyectaron por primera vez la escena de una locomotora que entraba en una estación, se reclinaron contra el respaldo de sus asientos, como temerosos de que el tren les fuese a arrollar.

El problema, naturalmente, es el que nos recuerda Kierkegaard en su fábula del payaso: por mucho que vivamos en un teatro, a veces sí que irrumpen cosas que nos podrían arrollar. Nos resistimos a creérnoslo, cobijados como nos pensamos en nuestro elegante patio de butacas; con esa sonrisa alelada de bebé (Philippe Muray dixit) con que intentamos tomárnoslo todo; convencidos de que es posible seguir contemplando las cosas con un distanciamiento elegante, sin tener nunca que optar de veras por algo contundente: o esto o aquello. Ahora bien, en ocasiones se declarará un incendio. Se acabará la función. Habrá que elegir en serio: o bien por una cosa, o bien por otra. Enten-Eller. Y más nos valdría atender a quienes nos lo anuncien desde el escenario, por muy payasos que sean.

Semanas llevan ardiendo las llamas de la represión chavista en Venezuela. Se ha cobrado ya docenas de muertos. Por bufonesco que resulte Nicolás Maduro, no es con balas de broma como sus tropas acribillan a los venezolanos. Mientras, en España, otros bufones le respaldan y, oh, resultan tan entretenidos. ¿Cómo tomarnos en serio a un payaso que justifica los crímenes del régimen de Caracas, si al fin y al cabo todos sabemos que las llamas del incendio venezolano no nos pueden alcanzar? ¡Démosles más escenarios, otorguémosles mejores púlpitos desde los que propaguen su mensaje, sería tan aburrida la temporada sin ellos! ¡Aplaudamos, aplaudamos! Límpiate eso que te ha saltado sobre la pechera, sin duda es solo salsa de tomate. Y, ante todo, no ceses nunca de sonreír.

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