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'‘Juego de tronos’' inspira los nombres de los nuevos españoles

Redacción TO

Foto: HBO
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Ni María, ni Carmen, ni Laura. Los nombres por los que los nuevos padres están apostando son por Arya y Daenerys, pertenecientes a personajes de la serie ‘Juego de Tronos’ (que en España emiten las plataformas de pago de la HBO y Movistar+) y que se han puesto de moda en los últimos años.

Gracias a los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) se sabe que en nuestro país hay 214 niñas que se llaman como la hija menor de Lord Eddar Stark, Arya; y en el caso de Daenerys, la ‘madre de dragones’ en la ficción, son ya 23 las pequeñas inscritas con dicha nomenclatura en el Registro Civil. Entre todas promedian una edad de 1,9 años, por lo que seguro que sus padres son seguidores acérrimos de la popular serie de fantasía medieval.

Sin embargo, aunque la innovación y la originalidad se van haciendo hueco, los nombres que aparecen en el santoral siguen siendo en España la opción preferida para designar a los neonatos, aunque en este sentido la legislación es permisiva, y según el artículo 54 de la Ley de Registro Civil, sólo están prohibidos aquellos que son “contrarios a la dignidad o al decoro de la persona por resultar irrespetuosos, soeces, ridículos, vergonzosos o vejatorios”.

Mari Carmen, Carmen, María, José, Antonio y Francisco son los que han encabezado, década tras década, los ránkings de los más comunes desde los años 30. Sin embargo, con el inicio del siglo XXI llegaron los cambios. Alejandro, Daniel y Álvaro tomaron el relevo entre los varones, mientras que Valeria, Martina y Daniela escalaban puestos entre las mujeres. Y si hablamos del 2015, el último año registrado, Hugo y Lucía fueron los más populares.

Generación marcada

Sin embargo, este fenómeno de bautizar a tus hijos con el nombre de los personajes de alguna serie de televisión no es nuevo. Por ejemplo, en España hay 496 Heidis, con una media de 38,9 años, una edad que coincide con el estreno de la mítica serie de TVE en 1975. De otra generación posterior son las Xenas, cuyo nombre se inspira en la serie de los años 90, Xena: la princesa guerrera. En este sentido, son 99 las chicas de nuestro país que se llaman así, con una media de 11 años. Además, según refleja el INE, en España hay 612 Shakiras, 107 Rihannas, 53 Mileys, 34 Madonas’ -sin doble ‘n’- y 20 Britneys, 678 Elvis, 318 Harrys, 101 Neymars, 100 Bruces, 69 Rickis y 42 Bobs.

Descubre cuántos datos gastas al usar Spotify

Redacción TO

Foto: Spotify

Spotify se ha convertido en un imprescindible para muchos usuarios de smartphone. Con un catálogo de música gigantesco por una tarifa mensual o, en su defecto, el disfrute de miles de canciones mediante el modo freemium con anuncios intercalados, el servicio líder de música en streaming  ha convencido a 100 millones de usuarios que a golpe de play aprovechan cualquier momento para escuchar sus canciones favoritas. Sin embargo, el uso de este servicio tiene la contrapartida de que consume una gran cantidad de datos si no disfrutas de una cuenta Premium. Sin embargo, ¿te has parado alguna vez a pensar cuántos datos consume exactamente la aplicación?

Dependiendo de la calidad de audio

Los datos que consume Spotify dependerá de la calidad con la que estemos escuchando el contenido.

  • Calidad baja: 96 kilobits (Kbps), supone un gasto por hora de reproducción de unos 43 megas.
  • Calidad alta: 160 Kbps, supone un gasto de unos 72 megas a la hora.
  • Calidad máxima: 320 Kbps, supone el gasto de 144 megas por hora reproducida. Esta opción sólo está disponible para cuenta Premium.

¿Cómo controlar los datos de Spotify?

  1.  Verificar el uso de datos móviles

Puedes hacer un seguimiento de la cantidad de datos que vas gastando al escuchar la aplicación y, de esta forma, elegir la calidad de escucha. Esto lo podrás comprobar en Ajustes Datos móviles.

La cantidad de datos hace uso de Spotify

             2. Seleccionar la calidad de la música

Para ello deberás abrir la aplicación de Spotify en tu teléfono e ir a configuración, que la encontrarás en la esquina superior derecha una vez que has pinchado en tu biblioteca. Una vez ahí, en la parte inferior de la pantalla, aparecerá calidad de la música.

La cantidad de datos hace uso de Spotify

        3. Escuchar música sin conexión

La manera más idónea de escuchar tus canciones favoritas sin gastar datos es hacerlo en modo sin conexión. Sin embargo, esta opción sólo está disponible para suscriptores Premium, que podrán descargar listas, álbumes y podcasts sin gastar datos.

700 euros al mes de por vida: ¿Tú qué dirías ante la renta básica universal?

Verónica Reguillo

Foto: Jens Meyer
AP Foto

Hace tan solo unas semanas se publicó un estudio que decía que el 68% de los europeos hoy votaría sí a la aplicación de una renta básica universal. Concretamente, y hablando del caso de España, dicho estudio citaba que el 69% de los españoles estaría a favor.

Sin duda, es un tema cada vez más presente en el debate social. Los argumentos a favor y en contra suenan razonables y quizás todos contengan algo de verdad; de cualquier modo, el debate es imparable e innegable. En países como Finlandia desde principios de año está funcionando un programa piloto para experimentar con la implantación de esta renta básica universal. El objetivo es reducir la pobreza y el desempleo en el país, que ronda el 8%.

Durante dos años, 2.000 personas desempleadas reciben alrededor de 560 euros mensuales; si encuentran trabajo siguen recibiendo este dinero. Eso sí, este importe será deducido de otros beneficios que estén percibiendo en el momento. En Finlandia, el salario medio mensual en el sector privado es de alrededor de 3.500 euros.

Es claro que cada país es diferente, y un programa piloto quizás no sirva como total referencia, pero puede darnos pistas de hacia adónde nos dirigimos.

¿Qué es la Renta Básica Universal (RB)?

Es una asignación monetaria incondicional y para siempre a toda la población que, por ejemplo en España, se fijaría en el umbral de la pobreza y se situaría entre 650 o 700 euros mensuales para las personas adultas, y alrededor de 120 euros mensuales para los menores de edad, según la propuesta de la organización Renta Básica.

La gran pregunta es si es viable económicamente. El profesor en la Facultad de Economía y Empresa en la Universidad de Barcelona y miembro de la organización Renta Básica, Daniel Raventós, nos dice que sí y lo respalda con un estudio realizado por esta organización. Según Raventós, la renta básica universal se financiaría a través de una reforma tributaria del impuesto de renta a las personas físicas (IRPF), es decir, que la población más rica debería pagar más impuestos de los que paga actualmente.

“Sería una gran redistribución de la renta”, afirma a The Objective y añade que “el 20% más rico de la población pierde respecto a la situación actual, y el 80% de la población, gana respecto a la situación actual”. Sería lo contrario, según afirman desde este organización, de lo que se ha venido produciendo a lo largo de las últimas décadas, “especialmente en los últimos años”.

Además, la RB no sería compatible con otras prestaciones monetarias públicas como el subsidio por desempleo, por ejemplo. Así, según Daniel Raventós, el dinero que hoy gasta el Estado en esos subsidios serviría también para financiar la renta básica universal. “Solo reemplazaría a subsidios monetarios que fueran redundantes con la implantación de la RB”, afirma el profesor catalán. La educación, sanidad y otros servicios públicos englobados en el estado del bienestar serían intocables.

Argumentos a favor de la RB

Un ingreso de este tipo haría que todas las personas fuesen libres porque no dependerían de otro para vivir o existir socialmente; tendrían la existencia material garantizada, según afirman desde la asociación por la renta básica. El trabajo voluntario no remunerado o los trabajos no reconocidos como las tareas domésticas en casa (generalmente desempeñadas por mujeres) se verían reconocidas y remuneradas.

Por su parte, el pensador holandés Rutger Bregman (Utopía para realistas) aseguraba en el diario El País que esta medida serviría para luchar contra los trabajos basura, definidos, según él, como el “empleo que es calificado como inútil por la persona que lo desempeña”. Los defensores de la renta básica afirman que con la implantación de esta medida los trabajadores podrían decir no a trabajos que no quieran hacer y centrarse en aquellos con los que se sientan más realizados.

La RB serviría también para luchar contra la pobreza. Rutger Bregman afirma que la pobreza es más cara para el Estado que cualquier renta básica universal. “Hay muchas pruebas científicas que demuestran que la pobreza es enormemente cara: genera más delincuencia, peores resultados académicos, enfermedades mentales… Sería mucho más económico erradicar la pobreza que combatir los síntomas que provoca”, aseguraba en El País.

– Elemento tranquilizador ante un futuro incierto provocado, entre otras cosas, por las pérdidas de puestos de trabajo a manos de las máquinas. Un estudio de la Universidad de Oxford ya apuntaba en 2013 que en Estados Unidos el 47% de los puestos de trabajo están en riesgo de ser automatizados en los próximos años.

700 euros al mes de por vida: ¿Tú qué dirías ante la renta básica universal? 1
Dentro de unos años, la mecanización podría expulsar del mercado laboral a muchos trabajadores. | Foto: Itsuo Inouye / AP Photo

Elimina la “trampa de la pobreza” afirma el doctor y profesor de Economía, Daniel Raventós. Cuando se tiene acceso a subsidios condicionados, en numerosas ocasiones, afirma Raventós, los trabajadores rechazan trabajos temporales e inciertos por el miedo a perder esa ayuda económica.

– Con la renta básica universal se obtendría una simplificación administrativa porque es un ingreso que recibiría todo el mundo y que, por tanto, no conllevaría el análisis concreto de cada caso y el proceso burocrático correspondiente para dicho análisis. Esto, aseguran desde la plataforma por la renta básica, podría ser crucial para racionalizar las políticas sociales y la distribución de la riqueza.

– Paliaría, según sus defensores, los efectos negativos de la falta de trabajo, o la necesidad de aguantar sí o sí las malas condiciones laborales. Sería una manera de luchar, dicen, contra la ansiedad y la depresión (enfermedades de la sociedad moderna) que pueden provocar estas situaciones.

Argumentos en contra

– Dificultad de financiación por la complicación de llevar a cabo con éxito la reforma fiscal necesaria para implementar la RB. El economista Eduardo Garzón asegura en uno de sus artículos que “incrementar notablemente los impuestos a las grandes fortunas o empresas tiene importantes consecuencias: estos agentes intentarían eludir el pago recurriendo a evasión y ocultación de capitales -lo que generaría un nuevo problema-; los empresarios con mayor poder podrían incluso repercutir estos importantes aumentos de impuestos elevando el precio de sus productos, etc”.

Por su parte, el economista liberal José Ramón Rallo (Contra la Renta Básica, 2015) ha afirmado en su blog, en referencia al proyecto piloto en Finlandia, que “la implementación de una renta básica a gran escala obligaría a subir extraordinariamente los impuestos a las clases medias y clases medias-altas, lo que también provocaría un retraimiento de su predisposición a trabajar”.

– Además del problema de la financiación, el otro gran argumento de aquellos que no están a favor de la RB es la idea de que tener un ingreso fijo y para siempre, haría que las personas desempleadas se esforzasen menos para encontrar trabajo. Según el estudio de Dalia Research, a un 52% de los europeos les preocupa que esta medida pudiera incentivar a la gente a que, directamente, dejase de trabajar.

“El gran problema de la renta básica no es económico, sino moral”, asegura también José Ramón Rallo en su blog. El economista califica este sistema de “totalmente injusto” porque “consiste en reconocer a cada persona un derecho incondicional a obtener ingresos del resto de la sociedad. ¿Y cuál es el correlativo de un derecho incondicional? Una obligación incondicional a producir y abonar esas rentas: y una obligación incondicional a generar y entregar rentas se llama esclavitud”.

Desvincular producción de consumo es otro de los argumentos que da este economista contra la RB. Esta desvinculación supone, según Rallo, la más “profunda contracción económica posible”.

– Por su parte, el economista Manuel Escudero afirma a The Objective que lo ve “inviable en el momento actual”. En el caso concreto de España, Escudero dice que con una deuda pública que supera el PIB y donde “tenemos que todavía ajustar el presupuesto, lo veo problemático y no positivo”. Este economista no cree que en estos momentos la renta universal básica sirviera para luchar contra la pobreza en el país, e incide en que lo más importante ahora sería implementar medidas que apostaran por que “todo el mundo, empezando por los jóvenes, tuviera un salario y un puesto de trabajo decentes, más que por una renta básica universal”. Sin embargo, Manuel Escudero no descarta discutir la RB en un futuro, cuando “la digitalización de la economía expulse de manera creciente del mercado” a cientos de trabajadores.

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Uno de los expertos consultados asegura que la economía española no está preparada para la renta básica universal. | Foto: Susana Vera / Reuters Archivo


“Cada nueva idea pasa por tres fases.
Primera: es una locura, no me haga perder el tiempo. Segunda: es posible, pero no vale la pena. Tercera: ¡ya dije desde el principio que era una buena idea!”. Así, parafraseando al escritor y científico británico Arthur C. Clarke comienza el estudio realizado por la organización Renta Básica. Solo el tiempo dirá si es ahí, hacia una renta básica universal hacia donde nos dirigimos, y si fue o no “una buena idea desde el principio”.

Miren al aparato

Andrea Mármol

Foto: PIERRE-PHILIPPE MARCOU
AFP PHOTO

Hace apenas un mes, el socialista francés Benoît Hamon, tras constatar los resultados de la primera vuelta de las presidenciales que le dejaban fuera de la contienda, y sabedor de la postrera dicotomía Macron o Le Pen, pronunció algo importante: «Hago una distinción total entre un adversario político y una enemiga de la República». Jean-Luc Mélenchon fue incapaz de decir algo parecido y enmudeció, como lo hicieron también, en España, los dirigentes de Podemos.

No parece exagerado, a partir de esa disparidad de reacciones, establecer cuál es la diferencia entre un demócrata de izquierdas y un descreído de los valores republicanos. Nunca sabremos si el socialismo francés se hubiese expresado en los mismos términos ante la disyuntiva de Mélenchon y cualquier otro candidato alejado del populismo xenófobo de Le Pen. Sin embargo, es reconfortante, también para los que no nos consideramos socialistas, contar con una izquierda no excluyente en la construcción diaria de nuestro proyecto común.

Ayer los militantes del PSOE elegían al su secretario general en unas primarias sobre las que prácticamente el conjunto de los españoles tuvo el ojo puesto. Y es que, a pesar de los esfuerzos de los aspirantes a la Secretaría General por hacernos pensar lo contrario, el futuro de la –todavía- primera fuerza de izquierdas en nuestro país no es sólo una cuestión de caras. En su momento ‘outsider’, Pedro Sánchez ha obtenido una contundente victoria entre los militantes del partido después de haber sido defenestrado por el aparato.

Recordarán aquel Comité Federal. La obcecación de Sánchez de hacerse con la presidencia del Gobierno con los votos de Podemos y los partidos independentistas evidenció diferencias insalvables de proyecto. Las candidaturas alternativas a Pedro Sánchez, que sumaron cerca del 50% de los votos, representaban una contestación a los planes de Sánchez. Mas una contestación tardía. La victoria de anoche les sitúa en una segunda línea, pero los que hoy constituyen el ‘aparato’ no pusieron un solo pero a la retórica de consigna excluyente que Sánchez empleó en su última campaña electoral: echar al PP cueste lo que cueste.

Uno tiene la tentación de decir que hubiese sido halagüeño escuchar al ganador de las primarias, Sánchez, emular a su homólogo francés sentenciando que los enemigos de la democracia no son los que están a la derecha del PSOE sino los que quieren volar el marco de convivencia de todos los españoles, y que por ello utilizará las instituciones y el debate público para intentar ganar en las urnas a sus adversarios políticos. Pero, ¿acaso alguien entre los contendientes de Sánchez hubiera dicho algo así? El problema del PSOE es que de haber ganado quien dice tener ideas muy distintas hubiese proferido un discurso muy similar.

Y es que ya parece un poco tarde para esa pedagogía que, consigna tras consigna, pierden la oportunidad de llevar a cabo nuestros demócratas de izquierdas.

Tótem y tabú

Manuel Arias Maldonado

Foto: CRISTINA QUICLER
AFP PHOTO

Ahora que por fin ha terminado uno de los thrillers políticos de la temporada, queda claro que no hay nada como un buen relato para hacerse con el poder: sin una historia capaz de galvanizar al público, nadie puede conseguir votos suficientes. Eso es lo que tenía Pedro Sánchez y lo que no tenía Susana Díaz: una narrativa capaz de dar un sentido a la trayectoria de su partido en los últimos meses y aun los últimos años. Por supuesto, la relación de ese relato con la realidad es una cuestión secundaria; lo decisivo es que nadie le ha opuesto una alternativa. Y lo mismo cabe decir de los zigzagueos ideológicos del nuevo Secretario General: solo podían pasar desapercibidos allí donde el debate de ideas ha sido inexistente. De manera que Díaz ha hecho bueno a Sánchez.

Acaso la clara victoria del sanchismo pueda explicarse recurriendo a los términos antropológicos utilizados por Freud: el tótem y el tabú. Lo que ha hecho Sánchez es invocar un tótem capaz de unificar a la tribu y denunciar la violación del tabú por parte de sus rivales internos. El tótem es la integridad ideológica del partido, definido por su oposición a la derecha; el tabú, el entendimiento con esa misma derecha. Nadie se ha molestado en explicar por qué la abstención que permitió a Rajoy formar gobierno era conveniente o dejaba de serlo; nadie ha interrogado a Sánchez sobre su alternativa. Éste ha impuesto el registro afectivo por incomparecencia de sus antagonistas, que no se han atrevido a hacer una defensa explícita de su abstención. Por eso ha ganado Sánchez, oportunamente auxiliado por la corrupción del PP madrileño: si la identidad del partido era lo que estaba en juego, sus cartas eran las mejores. ¡Democracia sentimental!

¿Y ahora? Es dudoso que el PSOE se fracture; eso no interesa a ninguno de sus integrantes. Pero si el partido logrará unirse o no en torno a Sánchez dependerá -como siempre- de los rendimientos de su liderazgo: de sus probabilidades de victoria electoral. Por eso, que logre ahora la legitimidad de la que careció durante su primera etapa dependerá de los sondeos y por tanto de su estrategia. En ese sentido, será interesante ver qué hace exactamente con su victoria. Ya anunció que pediría la dimisión de Rajoy, pero eso es como salir a la ventana y pedir que llueva: un gesto dramático sin mayores consecuencias. ¿Buscará un acercamiento a Podemos, volverá a coquetear con Ciudadanos? Dicen los psicólogos que el mejor predictor de la conducta futura es la conducta pasada. Si es el caso, es previsible que Sánchez no corrija el relato que le ha hecho ganar las primarias y más bien lo traduzca al lenguaje de la oposición: no era no y seguirá siendo no. Buscará la vía portuguesa, olvidando que Portugal no tiene una Cataluña.

Pero ni a Sánchez ni a Rajoy convienen unas elecciones inmediatas: a éste porque los sondeos no le sonríen, a aquél porque si fracasara en ellas habría tardado bien poco en perder lo que tan arduamente ha reconquistado. Es así probable que asistamos a una legislatura melodramática y sobreactuada, llena de ruido y de furia, sin demasiadas novedades sustanciales. Para la cultura política española, de hecho, es sintomático que el acuerdo de mínimos entre los dos grandes partidos nacionales, cuya finalidad principal era evitar las terceras elecciones consecutivas, haya desembocado en una serie de episodios traumáticos que alejan sine die toda posibilidad de entendimiento.

Sánchez ha ganado una batalla que parecía perdida y merece el debido reconocimiento. Pero está por ver que eso sirva a su partido, necesitado de más paciencia en un momento de redefinición para la socialdemocracia europea. Se ha elegido entre Díaz y Sánchez, pero si la recuperación de la potencia electoral del PSOE aún es posible, parece verosímil pensar que su protagonista será algún joven a quien todavía no conocemos: el verdadero tapado de esta larga carrera de obstáculos.

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