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10 películas para celebrar el Orgullo Gay

Nerea Dolara

Después de salir por las calles de Madrid a celebrar las fiestas del Orgullo, túmbate en el sofá y regálate estas películas.

El 23 de junio comienza la celebración del Orgullo Gay en Madrid y hasta los semáforos se han vuelto inclusivos. Además de salir de fiesta por las calles de la ciudad hay otras cosas que se pueden hacer para celebrar la fecha y una de ellas es regalarse un maratón de películas LGBT que valen la pena. Hay muchas más – más raras, más antiguas, más malas- pero aquí hay una lista de recomendaciones seguras, de cintas que se disfrutan con sonrisas o con lágrimas, pero se disfrutan mucho.

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PELICULA TANGERINE. | FOTO: Duplass Brothers Productions

Tangerine (2015)

Esta película es de esas joyas que encuentran la forma de llegar a los espectadores aunque no se hayan estrenado en cines o sólo en algunas muy pocas salas en su ciudad de origen. Tangerine, de Sean Baker, es una tragicomedia que acompaña a dos mujeres transexuales que van en busca del novio de una de ellas para darle una lección por ponerle los cuernos mientras estaba en la cárcel. Sí, suena como una trama de telenovela o de serie B, pero es una historia llena de ternura, humor y genialidad. ¡Ah! Y se rodó con un iPhone 5s.

Stranger by the Lake (2013)

Este drama francés, de Alain Guiraudie, se estrenó en Una cierta mirada en Cannes. Lo que parece inicialmente una historia sobre encuentros fortuitos alrededor de un lago en el que en verano hombres gays van a bañarse y tomar el sol (y a ligar) (Spoiler alert) se convierte en un verdadero drama cuando uno de los visitantes resulta ser un asesino. Pero para el protagonista su atractivo es mayor que su pecado capital y lo que sigue es una intensa y peligrosa historia de amor.

Weekend (2011)

Una de esas historias de amor con las que, ya al leer la sinopsis, adivinas que vas a llorar. El filme cuenta el desarrollo de la relación de dos hombres que se conocen una semana antes de que uno de ellos se mude del país. Este drama británico de Andrew Haigh ganó decenas de premios de audiencia en varios festivales y fue tan adorada por la crítica que Rotten Tomatoes le da un 95%. Es  obligatoria.

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AFICHE DE BOYS DON’T CRY

Boys Don’t Cry (1999)

Otra historia trágica y real. En este caso se trata de un transexual, Brandon Teena (nacido mujer, identificado como hombre), que vive en Nebraska. La película de Kimberly Peirce tiene como protagonista a Hillary Swank, quien interpreta a Brandon, que se enamora de una chica (Chloe Sevigny) e intenta vivir su vida. Pero los intolerantes abundan, y los violentos no son pocos. Brandon, como tantas personas LGBT, es asesinado por ser quien es. Su historia se convirtió en símbolo.

Milk (2008)

La película que le ganó el primer Óscar de guión a un hombre abiertamente gay, es un canto a la lucha y la historia real de un hombre que se convirtió en símbolo. Repasemos la trama: Harvey Milk es un hombre que, ya en la adultez, sale del armario y decide mudarse a un más liberal San Francisco en los setenta. Pero cuando el barrio en que vive la comunidad homosexual comienza a vivir episodios de rechazo, Milk decide postularse al gobierno local. Eso lo convierte en el primer hombre gay en hacerlo en la historia de Estados Unidos. Y, spoiler alert, como pasa con los precursores en los temas de derechos civiles las cosas terminan mal… no es como que la sociedad conservadora se siente a ver cómo llegan los cambios. Milk es asesinado y su historia se convierte en mito. La película de Gus Van Sant cuenta con una actuación de Sean Penn tan exacta que quienes conocían a Harvey se frikearon al verlo.

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Película The Kids are Alright. | Foto: Gilbert Films.

Los chicos están bien (2010)

Esta película tiene dos cosas que celebrar. El hecho de que la pareja de madres en el centro de la historia sea gay es algo que no necesita más explicación y la relación entre ambas, aunque con baches (y se ven en la película) es comprometida y respetuosa… a la vez que es un matrimonio normal, sumido en una rutina que puede ser asfixiante. Es decir, Los chicos están bien trata a los personajes de Annette Benning y Julianne Moore como una pareja casada desde hace años, cualquier pareja. La historia comienza cuando los hijos de ambas buscan a su padre biológico (cada una gestó a uno de ellos con el semen de un mismo donante) y la tranquila vida familiar se desestabiliza. Inseguridades aparecen, frustraciones salen a la superficie… la aparición de Mark Ruffalo revuelve la rutina y hace que todos los personajes se replanteen cosas.  

The Wedding Banquet (1993)

Esta película bastante desconocida de Ang Lee (sí, el de Brokeback Mountain) es un secreto que debería no ser guardado. Cuando un hombre gay taiwanés se casa, por conveniencia (sus padres no dejan de fastidiarle con el tema) con una mujer china -ella obtiene una Green Card en el proceso- piensa que puede dar todo por olvidado, pero sus tradicionales padres llegan a Estados Unidos a organizar su banquete de bodas y su novio no está muy feliz con la situación.

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Adèle Exarchopoulos y Léa Seydoux en La vie d’Adèle.

La vida de Adèle (2013)

Ganadora en Cannes, esta película no se escapó de la controversia. Una de sus protagonistas, Lea Seydoux, habló públicamente de sentirse explota por el director de la cinta, Abdellatif Kechiche (que actualmente está subastando su Palma de Oro para hacer su próxima película). Fuera de esto, la película es una hermosa y dolorosa historia de amor entre Adele (Adèle Exarchopoulos) y Emma (Léa Seydoux). Las escenas de sexo llegan a ser incómodas por lo íntimas, la sensación de estar espiando a una pareja en su momento más privado es intensa y eso las convierte en algunas de las escenas más honestas de sexo que se han visto en pantalla. Pero el sexo no es todo. La historia de amor es también una historia de descubrimiento y de crecimiento, bonita y triste, como resultan casi todas las relaciones importantes en la vida.

High Art (1998)

Esta película de Lisa Chodolenko (Los chicos están bien) no sólo retrata una historia de amor intensa entre dos mujeres interesantes, es también un relato de autodescubrimiento, de exploración personal y de libertad. Radha Mitchell es una joven fotógrafa que parece tener el camino de su vida trazado claramente, aunque sin mucho entusiasmo, y Ally Sheedy es una fotógrafa renombrada que es su vecina. Cuando una grieta en el techo de Mitchell (y sí, es una metáfora) la obliga a tocar la puerta de su vecina comienza el romance.

Brokeback Mountain (2005)

La película gay más reconocida de los últimos tiempos, en parte porque el Óscar le negó la estatuilla de Mejor Película y se la dio en cambio a la tibia Crash. La historia de amor de Ang Lee enamoró a audiencias y críticos por igual y hasta se las arregló para sobrepasar prejuicios (no los de la Academia, obviamente). Aquí Heath Ledger y Jake Gyllenhaal viven una intensa, hermosa y trágica historia de amor (¿ven un patrón de tragedia? No es casual) que le ha regalado a los espectadores algunas de las escenas más conmovedoras (quien no lloró con la escena de la camisa no tiene alma) del cine reciente.

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La historia en imágenes de la lucha LGTB tras el franquismo

Jorge Raya Pons

Foto: FELGTB

Los años oscuros no quedan tan lejos. En marzo de 1976, el valenciano Antonio Ruiz, de 18 años, fue detenido y encarcelado durante 94 días después de que un juez aplicara contra él la Ley de Peligrosidad Social. Se trataba de una legislación aprobada en 1970 por las Cortes franquistas para castigar aquellas conductas que se consideraban antisociales, y ser homosexual era una de ellas. Esta ley, que vino a sustituir la famosa Ley de Vagos y Maleantes ­–puesta en vigor en 1933 y reformada en 1954 para incluir a los homosexuales, igualándolos, por ejemplo, a los pederastas– contemplaba penas como el internamiento en prisión –unos 5.000 en ocho años– o el sometimiento a terapias de conversión, las cuales, para sorpresa general, siguen existiendo.

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Una máquina de electroshock empleada en los años 60. | Fuente: FELGTB

Antonio Ruiz es un símbolo de la persecución contra los homosexuales que se desató durante el franquismo y que dio sus últimos coletazos en los primeros años de la democracia; la ley sufrió varias reformas en los años siguientes –eliminando los artículos relativos a los actos de homosexualidad en 1979– y fue abolida definitivamente en 1995. En 2009, Antonio fue el primer indemnizado en España por haber entrado en prisión por ser homosexual. Le compensaron con 4.000 euros.

Tras salir de los tribunales, celebró enérgicamente la resolución del Gobierno español, entonces presidido por Rodríguez Zapatero. “Por fin somos ciudadanos de primera”, dijo. “España se ha convertido en el primer Estado del mundo que reconoce la represión a la que se vieron sometidos los homosexuales y les indemniza. Hemos empezado a recuperar la memoria histórica”. Queda para las próximas generaciones su ficha policial de 1976; en ella se puede leer con claridad que el motivo de su detención fue su condición sexual. No han pasado más que cuatro décadas desde entonces.

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Ficha policial de Antonio Ruiz, detenido por ser homosexual en 1976. | Fuente: FELGTB

Este viraje tan extraordinario que ha vivido España en menos de medio siglo solo se comprende desde la lucha que ejercieron activistas como Armand de Fluviá o Francesc Francino, quienes decidieron enfrentarse a la Ley de Peligrosidad Social aun a riesgo de sufrir la represión de la dictadura. “En aquella época, los gais éramos un peligro social, unos corruptores de menores, unos enfermos mentales, los peores pecadores y la escoria de la sociedad”, recuerda Armand, a sus 85 años, quien más adelante se convertiría en la primer homosexual en manifestarlo públicamente en televisión: fue en 1978, en el programa Vosté pregunta.

“Yo fundé el movimiento gay en 1970 con el MELH (Movimiento Español de Liberación Homosexual). Lo hacíamos todo en la clandestinidad, incluso un fanzine que enviábamos desde París. Lo hacía con mi amigo Francesc (Francino), que murió hace muchos años por el sida. El primer número salió en 1972 y se llamaba Aghoix, sacamos 18 números. Pasábamos la frontera con mucho pánico, con miedo a que nos viera la Policía o la Guardia Civil. Lo hacíamos de uno en uno y por la noche. Este fue el juego sagrado que se mantuvo hasta que Franco murió. Entonces ya salimos con una cosa más potente que es el FAGC (Frente de Liberación Gai de Cataluña)”.

Durante el franquismo apenas eran “unos 20” quienes luchaban desde la clandestinidad; en cuanto se fundó el FAGC, sostiene Armand, llegaron a ser cerca de 500.

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Un manifestante durante la primera marcha del Orgullo celebrada en Madrid, en 1978. | Fuente: FELGTB

Un nuevo país

El emerger del FAGC en la sociedad española fue decisivo; no se puede comprender la lucha LGTB en España sin atender a sus logros. El FAGC fue el punto de partida de todo un movimiento que había guardado silencio por demasiado tiempo y que fue una inspiración para otros territorios que encontraron en Cataluña un ejemplo. Sus principales exigencias fueron la abolición de la Ley de Peligrosidad y la legalización de las organizaciones activistas; la propia FAGC fue inscrita y legalizada en 1980.

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Durante el primer Orgullo celebrado en Madrid se reclamó la abolición de la Ley de Peligrosidad Social.

“Todos los partidos y sindicatos que salieron de la clandestinidad como nosotros nos apoyaron”, relata Armand. “Se fueron formando grupos en distintos sitios de España y empezó la lucha. Yo recuerdo que en 1976 vino a visitarme el iniciador del movimiento gay en Euskadi para ver cómo lo habíamos hecho aquí, en Cataluña. Luego vinieron desde Sevilla. Recuerdo que en 1977 publicamos el manifiesto del FAGC; aquello sirvió para el resto de grupos que fueron formándose en España”.

El resultado de este ímpetu se hizo visible en Barcelona con la primera marcha LGTB permitida por las autoridades en España; fue el 26 de junio de 1977 y recorrió las Ramblas al grito de “¡Amnistía!”. De acuerdo con las crónicas de la época, se congregaron en la emblemática vía cerca de 4.000 personas. La primera celebración del Orgullo en Madrid se convocó un año después.

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Dos hombres en el Orgullo madrileño de 1978. | Fuente: FELGTB
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El movimiento feminista tuvo protagonismo en el primer Orgullo de Madrid. | Fuente: FELGTB

“Del 75 al 80 fue un quinquenio de maravilla”, dice Armand, con entusiasmo. “Muerto Franco, se acabó la rabia. Tras tantos años de dictadura se levantó esa losa que había, la gente perdió el miedo. Todo era fantástico”.

Desde entonces las marchas se han sucedido en todo el país, especialmente en las grandes ciudades, y el fortalecimiento del movimiento desde los años 90 ha permitido dar voz también a los transexuales y a las lesbianas, que comenzaron a agruparse en colectivos feministas para reivindicar que se les diera la misma visibilidad que a los hombres homosexuales.

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Una niña, con la bandera del Orgullo pintada. | Fuente: FELGTB

La evolución de las reivindicaciones

La historia reciente del movimiento homosexual, tal y como se puede descubrir en la exposición Subversivas: 40 años de activismo LGTB en España –organizada por la Federación Española de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales–, es la muestra tangible de la evolución de la sociedad española desde la Transición hasta hoy, con todas sus etapas.

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Los activistas se movilizaron para concienciar a las autoridades sobre la gravedad del sida, que afectaba con dureza a la comunidad gay. | Fuente: FELGTB

Desde la lucha por la concienciación contra el sida, la principal preocupación de los colectivos LGTB en los 80, hasta la Ley de Matrimonio Homosexual (2005) o la Ley de Identidad de Género (2007), que permitió a cualquier persona a cambiar su nombre y sexo en el registro  sin necesidad de pasar por una operación.

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Pedro Zerolo, uno de los grandes activistas LGTB contemporáneos, junto a Toni Poveda y Bibiana Aído en 2008. | Fuente: FELGTB

Es una realidad que la transformación del país ha sido absoluta; en cuatro décadas, España se ha convertido en un referente mundial en la defensa de los derechos de la comunidad LGTB. Tanto es así que este año es Madrid la ciudad que acoge la fiesta internacional del Orgullo; durante dos semanas se espera recibir hasta tres millones de personas en la ciudad.

“Hemos alcanzado lo que muchos otros no han logrado”, sentencia Armand. “Realmente, ahora no tenemos ninguna discriminación. La lucha de los colectivos es ahora contra la homofobia. Tenemos leyes para ello y contemplan sanciones. Es cierto que hay gente medio loca que nos odia, pero no creo que sean demasiados”.

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Celebración del Europride en Madrid en 2007. | Fuente: FELGTB

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Foto de la manifestación del Orgullo en 2009. | Fuente: FELGTB

En cualquier caso, el activista barcelonés sostiene que todavía quedan algunas victorias pendientes: “Ahora hay que incidir en la enseñanza y en los medios de comunicación. Lo que tenemos que conseguir es que se hable desde la guardería hasta la universidad, que la televisión vaya dando ejemplos positivos desde la homosexualidad. Y detalles como el alquiler de vientres, algo que aquí en España todavía no se permite, pero que parece que está al caer”.

Siete libros LGTB para leer este Orgullo Gay 2017

Néstor Villamor

La diversidad, la tolerancia, el respeto, la aceptación… Aunque bañadas en cerveza y acompasadas por música dance de fondo, las celebraciones del Orgullo LGTB no son solo una fiesta; son también un momento para detenerse y comprender a personas con una sexualidad o una identidad de género diferente a la mayoritaria. Esos valores fueron los que defendieron los gays, lesbianas, bisexuales, transexuales y travestis (sobre todo, travestis) del bar Stonewall en Nueva York la madrugada del 28 de junio de 1969. Irónicamente, lo hicieron a ladrillazo limpio, pero una violenta y sistemática brutalidad policial no les dejó muchas más opciones que iniciar unos disturbios para rebelarse contra un establishment que se negaba a entender otro idioma que no fuera el suyo.

Cuarenta y ocho años después, su lucha ha permitido cosas tan básicas como que dos hombres puedan bailar pegados, que dos mujeres puedan besarse por la calle, que una mujer transexual pueda hablar con naturalidad sobre su condición… o que cualquier heterosexual pueda pedir en la biblioteca o en la librería obras de temática LGTB sin recibir miradas de reproche. ¿Cuáles?

Siete libros LGTB para leer este Orgullo Gay 2017 1

Las horas, de Michael Cunningham (1998)

Virginia Woolf escribe La señora Dolloway en la Inglaterra de los años 20. Laura Brown lo lee en Los Ángeles en los 40, tras la Segunda Guerra Mundial. Clarisa Vaughan prepara, en el Nueva York de los 90, una fiesta como la que centra la novela de Woolf. O lo que es lo mismo, una escribe un libro, otra lo lee, una tercera lo protagoniza sin saberlo. El estadounidense Michael Cunningham escribió una novela sobre mujeres, sobre las relaciones entre mujeres y sobre la relación de tres mujeres con un clásico de la literatura. Su esfuerzo le valió el Premio Pulitzer en 1999. Solo el prólogo, una reconstrucción ficticia del suicidio de Virginia Woolf, funciona perfectamente como relato corto independiente del resto del libro y ya marca el tono melancólico de la novela. En 2002, Stephen Daldry llevó Las horas a la gran pantalla con un elenco encabezado por Meryl Streep, Nicole Kidman y Julianne Moore.

Confesiones de una máscara, de Yukio Mishima (1949)

La consagración le llegó a Yukio Mishima en 1949 con Confesiones de una máscara, una novela sobre la infancia y juventud de Kochan, que vive en la era imperialista de Japón pero cuya historia es perfectamente exportable a cualquier época y lugar. Un muchacho homosexual va creciendo, madurando, conociendo la sexualidad, reconociendo la suya propia… y escondiéndola. Kochan es consciente de que es diferente, pero también entiende que vive en un mundo que no va a aceptar su diferencia. ¿Su solución? Vivir con una máscara. Uno de los autores más sobresalientes de la literatura japonesa del siglo XX, Yukio Mishima se quedó a las puertas del Nobel, un sueño del que se despidió después de que le concedieran el galardón a su compatriota Yasunari Kawabata en 1968.

Ética marica, de Paco Vidarte (2007)

Con la legalización del matrimonio y la adopción homosexual en 2005, España se ponía a la vanguardia de los derechos LGTB en el mundo al equiparar los derechos de los homosexuales y de los heterosexuales. Pero este nuevo marco legal tuvo un efecto secundario: la relajación de algunos activistas, la equivocada sensación de que se había alcanzado la cima. En 2007, años antes de que las agresiones homófobas llegaran a los telediarios con regularidad, el filósofo español Paco Vidarte ya alertaba en un breve ensayo titulado Ética marica del peligro del “agotamiento ideológico”, de la “desaparición de cualquier clase de proyecto o programa político concretable, verosímil, factible que no sea simplemente una fuga psicótica, una huida hacia adelante que a todo el mundo medianamente despierto deja insatisfecho”.

Un hombre soltero, de Christopher Ishwerwood (1964)

George, un profesor universitario entrado en años intenta seguir con su vida tras la muerte de su novio, significativamente más joven, fallecido en un accidente de tráfico. Ambientada durante la crisis de los misiles de Cuba a principios de los años 60, el británico Christopher Isherwood presenta en Un hombre soltero un día cualquiera en la vida de un hombre y convierte lo cotidiano en universal para explicar a una persona: sus amistades, su fascinación por un joven alumno, su soledad, su pérdida, su envejecimiento, la percepción social de su homosexualidad -más heredera de la puritana década de los 50 que precursora de la liberación sexual de los 60 y los 70-. En 2009, el diseñador de moda Tom Ford debutó en el cine con una adaptación de esta novela, protagonizado por Colin Firth y Julianne Moore.

Siete libros LGTB para leer este Orgullo Gay 2017

La muerte en Venecia, de Thomas Mann (1912)

De nuevo aparece la fascinación de un hombre maduro por un joven -en este caso, muy joven- efebo. En La muerte en Venecia, eso sí, esa atracción no es secundaria, es el centro de la novela de Thomas Mann. En este trabajo de corte autobiográfico, el ganador del Nobel presenta a Gustav von Aschenbach, un reconocido escritor alemán, que viaja a Venecia en busca de inspiración artística. Pero lo que encuentra en su lugar es la decadencia y el peligro de una ciudad perseguida por el cólera y, sobre todo, a Tadzio, un adolescente de belleza inocente que inmediatamente crea en Aschenbach un conflicto: ¿cómo se enfrenta un intelectual entrado en años y respetado a una atracción obsesiva por un joven del que no conoce más que su atractivo?.

Carol, de Patricia Highsmith (1952)

Titulada originalmente El precio de la sal y renombrada por motivos comerciales tras el éxito de la multipremiada adaptación al cine de Todd Haynes, esta novela de Patricia Highsmith presenta la relación entre dos mujeres: Therese y Carol. Ambas solitarias -la primera tiene un novio por el que no siente ninguna atracción, la segunda atraviesa un divorcio-, empiezan teniendo citas furtivas hasta que se van de viaje en coche, durante cuyo transcurso su relación se vuelve física. La película de 2015 es fiel a la novela que adapta, pero la elección de las actrices añade varios años a las dos protagonistas: Rooney Mara interpreta a Therese y Cate Blanchett encarna a Carol. Ambas actuaciones recibieron el aplauso de la crítica.

Infancia y transexualidad, de Juan Gavilán (2016)

En un momento en que el colectivo Hazte Oír lleva a la carretera un autobús para atacar a los menores transexuales, la lectura de Infancia y transexualidad, del español Juan Gavilán, arroja luz sobre un hecho que, si bien no es nuevo, sí es nuevo tratarlo en público: los niños pueden ser transexuales. La irrupción de estos pequeños en el debate público plantea situaciones que hacen imperativo tener una idea realista sobre su condición. “Como alternativa al discurso biomédico, Juan Gavilán plantea un marco basado en la experiencia práctica, en la realidad, de las familias de menores transexuales que afrontan a diario preguntas sobre el desarrollo, la identidad, las estrategias educativas o el sexo de sus hijos e hijas”, destaca la editorial.

'Automatrimonio', hasta que la muerte me separe

Lidia Ramírez

Foto: ILYA NAYMUSHIN
Reuters

¿Pensabas que nunca te ibas a casar por no haber encontrado a tu media naranja? ¿Habías desechado ya la idea de vestirte de novia y ser la protagonista de uno de los días más importantes de tu vida? Una vez más la realidad supera a la ficción. Ahora puedes casarte contigo misma y amarte, cuidarte y respetarte hasta que la muerte te separe.

En Japón y Estados Unidos el “sí, quiero” a la sologamia se ha convertido en todo un fenómeno y está pegando muy fuerte entre mujeres jóvenes millennials (aún no hay noticia de ‘autobodas’ de hombres solteros) que se quieren por encima de todas las cosas.

Automatrimonio, hasta que la muerte me separe

En 2014 salió a la luz el caso de Grace Gelder, probablemente la primera mujer que se casó consigo misma. En una entrevista concedida al diario The Guardian, Gelder explicó que la idea de adquirir compromiso con ella misma se cruzó en su  mente mientras escuchaba la canción de Björk que dice “My name’s Isobel, married to myself” (mi nombre es Isobel, casada conmigo misma). Tres años después, esta estadounidense ha dejado de ser la única que ha optado por este ‘estado civil’, y otros nombres como Yasmin Eleby, Sophie Tanner, Natsumi Akai o Nadine Schweigert han saltado a los medios por prometerse amarse y respetarse tanto en la prosperidad, como en la adversidad, en la salud como en la enfermedad, durante toda su vida. El tema de la fidelidad es punto y aparte, Gelder aseguraba tener relaciones con otras personas, un modelo de relación que ella ha denominado ‘sologamia abierta’.

Todo un negocio en torno al ‘automatrimonio’

Aunque en ningún país existe validez legal para este tipo de uniones y es algo simbólico, en esto de las ‘autobodas’ ya hay toda una industria de planificadores y proveedores que intentan que estas ceremonias sean tan espectaculares como las tradicionales, sin que en ellas falte ni un detalle. Singles Wedding, en Japón, ofrece packs que incluyen peluquería y maquillaje, sesiones de fotos y ceremonia por unos 2.250 euros. Pero aquí no termina su oferta, el paquete también incluye para aquellas que lo deseen, la opción de alquilar un hombre ‘decorativo’ de entre 20 y 70 años para que pose junto a la novia en su magnífico día.

En Estados Unidos, Self Marriage Ceremonies ofrece cursos de ‘automatrimonio’ de diez semanas de duración impartido por un coach que lleva años casando a solteros. Sesiones con un coste de 75 dólares en las que te ofrecen “la oportunidad de profundizar en ti mismo, explorar tu propia sabiduría y amor propio e integrar los principios de la ‘autounión’ con la vida diaria”, recoge la innovadora empresa en su página web.

Y como no hay boda sin anillo, I Married Me ofrece toda una gama de sortijas que oscilan entre los 22 y 250 euros para recordarte cada día cuánto te quieres.

'Automatrimonio', hasta que la muerte me separe
Anillos que van desde los 22 euros hasta los 250 para no olvidar uno de los días más importantes de tu vida. | Imagen: imarriedme.com

El Prado se apunta al WorldPride con un itinerario de arte homoerótico

Cecilia de la Serna

Foto: Museo Nacional del Prado

Durante dos intensas semanas, Madrid celebra el WorldPride 2017, un acontecimiento de trascendencia global con el que la reivindicación y la fiesta se darán la mano entre unos tres millones de personas. Muchas son las actividades de ocio, deportivas o culturales que acompañarán a madrileños y foráneos en torno a la diversidad, y la mayor pinacoteca de España no podía faltar. Por eso el Museo del Prado inaugura una nueva forma de ver su colección permanente, La mirada del otro: Escenarios para la diferencia.

Este proyecto, que se inscribe en el marco de las actividades relacionadas con la celebración del WorldPride Madrid 2017 y viene acompañado por una publicación patrocinada por la Comunidad de Madrid, es un itinerario inédito en la pinacoteca madrileña.

Diversos recorridos por 30 obras de distintas épocas que revelan, de una forma u otra, una mirada sobre la sexualidad de manera no normativa. No es en sí una exposición de facto, como la que exhibe la Tate Gallery de Londres (Queer British Art), sino una mirada diferente a obras que ya pertenecían al Prado. Sus comisarios rechazan utilizar la palabra “homosexual” para dar nombre a este nuevo itinerario, ya que el término no apareció hasta el siglo XIX y las obras del recorrido son anteriores.

El Prado se apunta al WorldPride con un itinerario de arte homoerótico
Orestes y Pílades o Grupo de San Ildefonso. | Foto: Museo Nacional del Prado

Cada uno de los diferentes recorridos propuestos, independientes pero complementarios entre sí, refleja “una realidad afectiva cuya consideración social ha sido cambiante con el paso de los siglos y en función de los lugares, y que ha ofrecido diversos y atractivos reflejos en el Arte”, aseguran los comisarios del itinerario. En ellos se subraya, por un lado, el carácter inadvertido, o incluso oculto, que se confirió en el pasado a las iconografías del amor más diverso y, por otro, “el hecho naturalmente inclusivo de su existencia”, apuntan desde el museo.

El viaje inclusivo del Museo del Prado lo iniciamos con esculturas de parejas clásicas como Orestes y Pílades, Adriano y Antínoo, Aristogitón y Harmodio o la de Safo de Lesbos, directamente llegada del almacén de la pinacoteca y que, hasta ahora, no se podía ver. Más allá del mundo clásico, destacan piezas de Botticcelli, Leonardo y Caravaggio y dos obras realmente excepcionales de la colección del Prado: El Cid de Rosa Bonheur y El maricón de la Tía Gila de Goya. Ambas son poco conocidas por el público pero visibilizan dos realidades complementarias de una artista y una iconografía claramente alusiva a los contenidos de este itinerario expositivo. Rosa Bonheur, primera pintora que recibió la Legión de Honor francesa y la Gran Cruz de Isabel la Católica, solicitó a las autoridades un permiso de travestismo para poder vestir con pantalones e ir a ferias de ganado, granjas y trabajar con animales salvajes.

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El Cid, de Rosa Bonheur. | Foto: Museo Nacional del Prado

La mirada del otro: Escenarios para la diferencia estará disponible en el Museo Nacional del Prado hasta el 10 de septiembre de 2017.

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