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10 películas para celebrar el Orgullo LTGB+

Nerea Dolara

Después de salir por las calles de Madrid a celebrar las fiestas del Orgullo, túmbate en el sofá y regálate estas películas.

El 23 de junio comienza la celebración del Orgullo Gay en Madrid y hasta los semáforos se han vuelto inclusivos. Además de salir de fiesta por las calles de la ciudad hay otras cosas que se pueden hacer para celebrar la fecha y una de ellas es regalarse un maratón de películas LGBT que valen la pena. Hay muchas más – más raras, más antiguas, más malas- pero aquí hay una lista de recomendaciones seguras, de cintas que se disfrutan con sonrisas o con lágrimas, pero se disfrutan mucho.

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PELICULA TANGERINE. | FOTO: Duplass Brothers Productions

Tangerine (2015)

Esta película es de esas joyas que encuentran la forma de llegar a los espectadores aunque no se hayan estrenado en cines o sólo en algunas muy pocas salas en su ciudad de origen. Tangerine, de Sean Baker, es una tragicomedia que acompaña a dos mujeres transexuales que van en busca del novio de una de ellas para darle una lección por ponerle los cuernos mientras estaba en la cárcel. Sí, suena como una trama de telenovela o de serie B, pero es una historia llena de ternura, humor y genialidad. ¡Ah! Y se rodó con un iPhone 5s.

Stranger by the Lake (2013)

Este drama francés, de Alain Guiraudie, se estrenó en Una cierta mirada en Cannes. Lo que parece inicialmente una historia sobre encuentros fortuitos alrededor de un lago en el que en verano hombres gays van a bañarse y tomar el sol (y a ligar) (Spoiler alert) se convierte en un verdadero drama cuando uno de los visitantes resulta ser un asesino. Pero para el protagonista su atractivo es mayor que su pecado capital y lo que sigue es una intensa y peligrosa historia de amor.

Weekend (2011)

Una de esas historias de amor con las que, ya al leer la sinopsis, adivinas que vas a llorar. El filme cuenta el desarrollo de la relación de dos hombres que se conocen una semana antes de que uno de ellos se mude del país. Este drama británico de Andrew Haigh ganó decenas de premios de audiencia en varios festivales y fue tan adorada por la crítica que Rotten Tomatoes le da un 95%. Es  obligatoria.

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AFICHE DE BOYS DON’T CRY

Boys Don’t Cry (1999)

Otra historia trágica y real. En este caso se trata de un transexual, Brandon Teena (nacido mujer, identificado como hombre), que vive en Nebraska. La película de Kimberly Peirce tiene como protagonista a Hillary Swank, quien interpreta a Brandon, que se enamora de una chica (Chloe Sevigny) e intenta vivir su vida. Pero los intolerantes abundan, y los violentos no son pocos. Brandon, como tantas personas LGBT, es asesinado por ser quien es. Su historia se convirtió en símbolo.

Milk (2008)

La película que le ganó el primer Óscar de guión a un hombre abiertamente gay, es un canto a la lucha y la historia real de un hombre que se convirtió en símbolo. Repasemos la trama: Harvey Milk es un hombre que, ya en la adultez, sale del armario y decide mudarse a un más liberal San Francisco en los setenta. Pero cuando el barrio en que vive la comunidad homosexual comienza a vivir episodios de rechazo, Milk decide postularse al gobierno local. Eso lo convierte en el primer hombre gay en hacerlo en la historia de Estados Unidos. Y, spoiler alert, como pasa con los precursores en los temas de derechos civiles las cosas terminan mal… no es como que la sociedad conservadora se siente a ver cómo llegan los cambios. Milk es asesinado y su historia se convierte en mito. La película de Gus Van Sant cuenta con una actuación de Sean Penn tan exacta que quienes conocían a Harvey se frikearon al verlo.

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Película The Kids are Alright. | Foto: Gilbert Films.

Los chicos están bien (2010)

Esta película tiene dos cosas que celebrar. El hecho de que la pareja de madres en el centro de la historia sea gay es algo que no necesita más explicación y la relación entre ambas, aunque con baches (y se ven en la película) es comprometida y respetuosa… a la vez que es un matrimonio normal, sumido en una rutina que puede ser asfixiante. Es decir, Los chicos están bien trata a los personajes de Annette Benning y Julianne Moore como una pareja casada desde hace años, cualquier pareja. La historia comienza cuando los hijos de ambas buscan a su padre biológico (cada una gestó a uno de ellos con el semen de un mismo donante) y la tranquila vida familiar se desestabiliza. Inseguridades aparecen, frustraciones salen a la superficie… la aparición de Mark Ruffalo revuelve la rutina y hace que todos los personajes se replanteen cosas.  

The Wedding Banquet (1993)

Esta película bastante desconocida de Ang Lee (sí, el de Brokeback Mountain) es un secreto que debería no ser guardado. Cuando un hombre gay taiwanés se casa, por conveniencia (sus padres no dejan de fastidiarle con el tema) con una mujer china -ella obtiene una Green Card en el proceso- piensa que puede dar todo por olvidado, pero sus tradicionales padres llegan a Estados Unidos a organizar su banquete de bodas y su novio no está muy feliz con la situación.

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Adèle Exarchopoulos y Léa Seydoux en La vie d’Adèle.

La vida de Adèle (2013)

Ganadora en Cannes, esta película no se escapó de la controversia. Una de sus protagonistas, Lea Seydoux, habló públicamente de sentirse explota por el director de la cinta, Abdellatif Kechiche (que actualmente está subastando su Palma de Oro para hacer su próxima película). Fuera de esto, la película es una hermosa y dolorosa historia de amor entre Adele (Adèle Exarchopoulos) y Emma (Léa Seydoux). Las escenas de sexo llegan a ser incómodas por lo íntimas, la sensación de estar espiando a una pareja en su momento más privado es intensa y eso las convierte en algunas de las escenas más honestas de sexo que se han visto en pantalla. Pero el sexo no es todo. La historia de amor es también una historia de descubrimiento y de crecimiento, bonita y triste, como resultan casi todas las relaciones importantes en la vida.

High Art (1998)

Esta película de Lisa Chodolenko (Los chicos están bien) no sólo retrata una historia de amor intensa entre dos mujeres interesantes, es también un relato de autodescubrimiento, de exploración personal y de libertad. Radha Mitchell es una joven fotógrafa que parece tener el camino de su vida trazado claramente, aunque sin mucho entusiasmo, y Ally Sheedy es una fotógrafa renombrada que es su vecina. Cuando una grieta en el techo de Mitchell (y sí, es una metáfora) la obliga a tocar la puerta de su vecina comienza el romance.

Brokeback Mountain (2005)

La película gay más reconocida de los últimos tiempos, en parte porque el Óscar le negó la estatuilla de Mejor Película y se la dio en cambio a la tibia Crash. La historia de amor de Ang Lee enamoró a audiencias y críticos por igual y hasta se las arregló para sobrepasar prejuicios (no los de la Academia, obviamente). Aquí Heath Ledger y Jake Gyllenhaal viven una intensa, hermosa y trágica historia de amor (¿ven un patrón de tragedia? No es casual) que le ha regalado a los espectadores algunas de las escenas más conmovedoras (quien no lloró con la escena de la camisa no tiene alma) del cine reciente.

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Continúa leyendo: ¿Cómo son las despedidas de soltera de la realeza?

¿Cómo son las despedidas de soltera de la realeza?

Redacción TO

Foto: Jordan Strauss
AP

Cada vez falta menos para la boda más esperada del año, la del príncipe Harry y la actriz Meghan Markle. La pareja contraerá matrimonio el próximo 19 de mayo en la Capilla St. George, en el Castillo Windsor, y aunque aún faltan tres meses, nadie quiere perder detalle del evento real: desde el vestido de la novia y el traje del novio, hasta las reglas de vestimenta de los invitados, como quién será el arzobispo que oficie la boda.

Pero no todo son curiosidades del día del ‘sí quiero’, los momentos previos también son de gran interés del público, por ejemplo, la despedida de solteros de los novios. Si bien el príncipe Harry no ha revelado nada sobre la noche más loca de los prometidos, Markle ha dado algunas pinceladas. ¿Asistirán sus amigos famosos? ¿Está Kate Middleton organizando todo de principio a fin o alguien más ha recibido ese honor?

Hasta ahora sólo sabemos que “ya está arreglada” y que “será divertida”, según confesó la propia actriz a la revista People. Por otro lado, una fuente anónima ha asegurado a Us Weekly que “será discreta. En algún lugar con buena comida y bebida y un poco de música. Pero nada salvaje”.

De esta forma, como viene siendo habitual en las despedidas reales, seguro tendrán lugar lejos de los clubes nocturnos de Londres, en algún lugar súper privado. Pero, ¿qué ocurre exactamente en las fiestas de soltera reales?

La fiesta de Kate Middleton fue en la casa de un amigo cercano y fue planeada por su hermana Pippa, organizadora de fiestas. “Sin duda fue muy discreta”, informó The Telegraph.

¿Cómo son las despedidas de soltera de la realeza? 1
Kate Middleton, duquesa de Cambridge​​. | Foto: Chris Jackson/AP

La princesa Sofía de Suecia también tuvo una fastuosa fiesta en una mansión.  Su despedida de soltera tuvo lugar en una finca de campo del siglo XVII en el lago Mälaren. El dueño de la propiedad, Jacob Wijkander, confirmó que Sofía celebró su despedida de soltera en Hatuna Stenus, que cuenta con 12 habitaciones, una biblioteca y una sala de juegos.

En el caso de la princesa Diana no tuvo despedida antes de su boda con el Príncipe Carlos. Sin embargo, según varios medios, tuvo su gran momento en la despedida de soltera de Sarah Ferguson antes de que  se casara con el Príncipe Andrés (ahora están divorciados). Disfrazadas de policías, terminaron en Annabel’s, el reverenciado club privado de Londres.

Pero, ¿cuál fue la fiesta de despedida de soltera más loca? Ese honor probablemente pertenece a la princesa Victoria de Suecia, que supuestamente fue “secuestrada” durante la cena de cumpleaños de su hermano y llevada a un yate que navega por el archipiélago de Estocolmo.

¿Qué ejemplo seguirá Meghan Markle?

Continúa leyendo: 7 trucos para hacer las mejores fotos de una superluna como la de hoy

7 trucos para hacer las mejores fotos de una superluna como la de hoy

Redacción TO

Foto: TOBY MELVILLE
Reuters

Este 31 de enero podremos observar un fenómeno que no se da desde hace 150 años: un eclipse lunar, una superluna, una luna azul y una luna de sangre. Además de observarlo, podremos capturarlo. Este tipo de acontecimientos da pie a grandes instantáneas, aunque no siempre salgan como uno desea. Para que el resultado sea óptimo no hace falta ser un experto en la materia, simplemente seguir una serie de pautas concretas en la misión de obtener las mejores fotos del fenómeno.

1. Elige una localización idónea

El primer paso es pensar dónde vamos a sacar nuestras instantáneas. Una buena localización lo es todo a la hora de obtener una foto decente. Debemos pensar en qué tipo de foto queremos, si la superluna aislada en el cielo, si queremos acompañarla de un paisaje, de un sujeto… todos los elementos son fundamentales. Una vez tenemos nuestra localización pensada -siempre preferiblemente lejos de una gran ciudad con contaminación lumínica-, podemos proseguir en nuestro cometido.

2. Ten claro el concepto de tu imagen

¿Queremos una silueta en nuestra imagen? ¿Queremos que la superluna se refleje en el mar? ¿Que aparezca entre dos rocas? El concepto de la foto debe estar claro desde un principio, dejar mucho espacio para la imaginación no significa dejarlo para la improvisación. Si vamos a necesitar personajes en la escena, por ejemplo, es mejor saberlo cuanto antes.

7 trucos para hacer las mejores fotos de una superluna como la de hoy
No es solo la superluna, también lo que la rodea. | Foto: Kai Pfaffenbach / REUTERS

3. No olvides la distancia focal

El campo de visión determina el área que la luna cubrirá en la imagen. La distancia focal determinará el tipo de objetivo que utilicemos. Por ejemplo, si queremos capturar la luna a lo lejos, y destacar el entorno en el que nos encontramos, será mejor utilizar un gran angular o un ojo de pez. Si por lo contrario buscamos una superflua gigante, deberemos utilizar distancias focales largas. La distancia focal es fundamental a la hora de obtener el resultado deseado.

4. Calcula el momento exacto de la foto

Una vez que tenemos la localización, la idea (dónde queremos situar la superluna en la imagen) y la distancia de disparo (para el tamaño de luna deseado), debemos calcular el momento exacto en el que queremos disparar la foto, aproximándonos a la hora lo más posible. Los mejores momentos son la salida y la puesta del sol, pero en cuestión de minutos hay una auténtica diferencia.

5. Utiliza un trípode y desactiva el sistema de estabilización de imagen

Una vez hemos elegido la localización, la distancia focal, el concepto y el momento idóneo para la foto, llega el momento de pensar en el equipo. Un elemento fundamental para darle estabilidad a la imagen es el trípode, indispensable para capturar una superluna como es debido. Al utilizar el trípode, la función de estabilización de imagen que incorporan muchas cámaras no sólo no es necesaria, sino que además es contraproducente. El sistema de estabilización de imagen puede intentar compensar vibraciones que no son reales, y provocar que las fotos queden movidas o borrosas. La estabilización nos permitirá además jugar, sin arriesgar, con la apertura del diafragma y con la velocidad de obturación y obtener resultados realmente originales.

7 trucos para hacer las mejores fotos de una superluna como la de hoy 1
Estabilizar la imagen no es necesario si utilizamos un trípode. | Foto: Darrin Zammit Lupi / Reuters

6. Usa preferiblemente una cámara réflex

La mayoría de elementos que hemos comentado anteriormente requieren un equipo fotográfico por lo menos semi profesional. Aunque con las cámaras de nuestros smartphones se pueden hacer auténticas maravillas, nunca obtendremos un resultado realmente profesional dado que no tendremos control sobre algunos aspectos como, por ejemplo, la distancia focal. Por eso, utilizar una réflex es una apuesta segura, y las hay por precios realmente asequibles en el mercado.

7. No utilices un filtro ultravioleta y dispara en manual

Aunque el filtro ultravioleta (UV) protegerá nuestra lente de posibles caídas, no conviene que lo añadamos para este tipo de fotografía. El resultado será mejor si lo retiramos. Otro elemento al que prestar atención es el tipo de disparo: el modo manual nos permitirá el control absoluto de la exposición mediante el ajuste de la velocidad de obturación, la apertura del diafragma y la sensibilidad ISO a nuestra voluntad.

Ahora solo queda esperar a la próxima superluna o fenómenos astronómicos similares, en los que la naturaleza nos brinda instantes únicos, y tratar de capturarlos con la mayor destreza.

Continúa leyendo: Sean Baker: el realismo social nunca fue tan bello

Sean Baker: el realismo social nunca fue tan bello

Jorge Raya Pons

Foto: Evan Agostini
AP

Con el micrófono en una mano y la otra en el bolsillo, Sean Baker está de pie y sobre una pequeña tarima frente a decenas de personas. A su derecha hay un cartel promocional de un metro y medio de alto por uno de ancho y tiene una imagen de la película, The Florida Project, impresa sobre el papel. El público está literalmente a la espera de la proyección. A la sala de cine de la Academia, situada en el edificio contiguo a la sede del Partido Popular en Madrid, no le falta detalle: uno se siente más en un teatro que en una sala comercial y la calefacción está demasiado alta.

Baker presenta brevemente su última película ante un aforo que está completo. Pero antes de darle paso, anuncia algo: no estará durante la proyección y regresará en 111 minutos. A los cineastas no les suele gustar ver sus películas en más de una o dos ocasiones casi obligatorias, y se mueren de los nervios por los gestos y reacciones de los espectadores y por las escenas que interpretan, a posteriori, que habrían mejorado con más tiempo y dinero.

Así que Sean Baker, que nació en Nueva Jersey y tiene 41 años, cumple su palabra y regresa a los 111 minutos, embriagado por un aplauso que ha arrancado el hombre sentado a mi derecha, y se dirige hasta su asiento en la tarima. Uno puede sentir en estas conferencias que los artistas forman parte del evento del mismo modo que lo hacen los cuerpos desnudos en una clase de Anatomía, dispuestos para ser diseccionados.

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Sean Baker, Brooklynn Prince y Willem Dafoe, en una sesión promocional. | Foto: Chris Pizzello/AP

The Florida Project es maravillosa y no solo tiene una ambición artística inusual, sino que el resultado es genuinamente conmovedor. Se puede leer en los rostros de la gente. Es tan atractiva visualmente que parece un lienzo en movimiento. La película relata una historia que encajaría sin duda dentro del realismo social británico: desarrolla con inteligencia una crítica al sistema desde los ojos de la hija de una madre desesperada, sin empleo y demasiado joven que vive en un motel a las afueras de Orlando.

Sean Baker no esconde sus influencias y dice que admira profundamente a los autores británicos del realismo social, y entre todos ellos a Ken Loach, “que es capaz de hacer crítica social a la vez que entretiene”. Y eso, dice, es algo que echa de menos en Estados Unidos. Por ello se ha convertido en uno de sus precursores, no tanto desde Hollywood como desde las periferias del cine independiente. Los personajes podrían tener historias paralelas al hilo principal y todas ellas merecerían una película. Por ejemplo, el caso de Bobby, interpretado por Willem Dafoees curioso y divertido que Baker llame a los actores por el nombre de sus personajes y no por sus nombres reales, incluso en este momento–, es fascinante. Un conserje amable, atento, paciente, con un hijo de unos 20 años que le acompaña solo a veces y que vive con su madre, con quien debió tener una ruptura tormentosa que lo llevó a recluirse en un motel de las afueras, rodeado de una miseria que representa algo cercano al lado vencido del sueño americano.

“Abrazamos el contratiempo. Es algo que Hollywood nunca haría, pero esto es lo que hace especial al cine independiente”

Hay casos particularmente llamativos: a la protagonista de siete años, llamada Brooklynn Prince, la encontraron a falta de una semana para el rodaje a partir de una base de datos local en Orlando. Solamente había participado en algunos anuncios comerciales de televisión y en una película independiente. Baker reconoce que supo que ella era Moonee desde el momento en que entró, y llegó después de un largo proceso de selección con decenas de candidatas. A Bria Vinaite, que interpreta a su madre, la encontraron a través de Instagram: ni siquiera es actriz y todos los tatuajes que aparecen son los suyos. Baker cree que el papel de Halley es una extensión bastante aproximada de la propia Bria.

Willem Dafoe –le llamaremos Bobby– está nominado a mejor actor secundario en los Oscar, honor que le concedieron tanto el Círculo de Críticos de Nueva York como el de Los Ángeles. La película quedó fuera del radar de los Oscar, pero Baker recibió el premio a mejor director por los críticos neoyorquinos y el prestigioso American Film Institute la introdujo entre las diez mejores de 2017. La crítica también se rindió en elogios en 2015 ante su película anterior, Tangerine, que tiene el atributo meritorio de estar íntegramente rodada con iPhones.

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Willem Dafoe y Brooklynn Prince, en un fotograma de la pelicula. | Foto: Diamond Films

En esta película, Baker tampoco emplea métodos convencionales: rueda en 35 milímetros, lo que representa un ejercicio que va más allá de la nostalgia, y renuncia a lo digital. El rodaje en celuloide es una cuestión de “calidad” que “no puede replicarse digitalmente”. El cineasta quería recrear los escenarios y colores de las viejas postales de Orlando. Con todo, no se puede negar el componente reivindicativo: “Queríamos aportar nuestra parte en conservar el celuloide. La única compañía que lo fabrica es Canon y no le va precisamente bien. Quizá sea más barato o más fácil con otros medios, pero este arte comenzó con 35 milímetros”.

Todo en la película tiene ese punto de autenticidad y Baker cuenta una anécdota: durante el periodo en que analizaron la localización del motel, escenario central del rodaje, no había un helipuerto instalado a menos de medio kilómetro. Cuando regresaron tres meses después para comenzar un rodaje para el que disponían de un tiempo escaso –35 días– y unas condiciones especiales –los niños no pueden rodar más de 6 horas por jornada–, casi pierden la cabeza: no solo estaba allí, sino que había tránsito de helicópteros cada 15 minutos y el sonido se colaba en cada escena.

El equipo de Baker decidió, entonces, integrarlos en la película, tanto que el sonido de las hélices puede escucharse por momentos y aparecen en pantalla casi todo el tiempo. “Abrazamos el contratiempo”, explica Baker, que sonríe. “Es algo que Hollywood nunca haría, pero esto es lo que hace especial al cine independiente”. Tan real fue la circunstancia que acaba marcando la película como el escenario de la misma: el Castillo mágico es el nombre original del motel, y también lo son los precios.

“Por favor: apóyenlo”, bromea Baker. “Pueden dormir allí por 35 dólares la noche”.

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Tiempo para ti

Lea Vélez

Foto: Charlz Gutiérrez De Piñeres
Unsplash

Tuve una comida hace poco con la directora de una de las publicaciones para las que escribo. Conversábamos sobre la vida, la rutina de madre monoparental, los hijos con sus deberes y el kilometraje de idas y venidas al colegio, eje de mis planes de diario. En un momento dado, me dijo: “¿Y cuándo tienes tiempo para ti? Necesitas tiempo para ti”. Lo primero que pensé fue… ¿Para mí? ¿Para qué quiero tiempo para mí? Después, me pregunté a qué se refería exactamente: ¿ir al cine con un amigo? ¿Salir a bailar? ¿Comprarme un vestido nuevo? ¿Leer un libro? ¿Viajar sola? Imaginé que eso era lo que se entiende por “tiempo para ti” y me acordé del terrible personaje de Julianne Moore en “Las horas”, que superada por su rol de madre y esposa perfecta que ha de hacer una tarta, deja a su hijo con la vecina y se va a una habitación de un motel dispuesta a suicidarse. Luego no se suicida, regresa, hace la tarta, pero pronto abandona a la familia porque es inmensamente infeliz. Me dije que la literatura y el cine están llenos de relatos de mujeres así, atoradas, infelices, que una vez a la semana desaparecen de sus labores absorbentes como abnegadas madres y esposas para pasar la tarde en una habitación de hotel siendo ellas mismas, pensando, leyendo o teniendo tiempo para sentir algo propio.

Sonreí internamente, pues todo esto no se asemeja ni mucho menos a lo que yo siento como madre monoparental, pero no las tenía todas conmigo, pues la realidad es que “tiempo para mi” no tengo y lo más aterrador: no lo echo de menos. ¿Qué me ocurre? ¿Debo preocuparme? ¿Es a esto a lo que se refería mi interlocutora con el “necesitas tiempo para ti”? Reflexioné preocupada. ¿Qué ha ocurrido para que ir al cine con un amigo no sea una rutina necesaria y ansiada y deseada, sino en una pereza total? ¿Por qué no necesito comprarme vestidos nuevos? ¿Tengo un problema de fondo?

Me vinieron a la mente todas esas mujeres que son altas ejecutivas super-humanas, y cuyo “tiempo para ellas” debe encajar con un jefe que de hoy para mañana les dice: hay que cerrar el contrato con los hospitales alemanes, mañana te coges un avión a Frankfurt, pasado, te metes en el bolsillo a los tocólogos de Wichita y el viernes al congreso de cirujanos de L.A. Me dije que esas mujeres que viajan por el mundo vendiendo utensilios obstétricos, por ejemplo, seguramente son tan felices como yo y tienen hijos tan felices como los míos, aunque se pierdan la obra de teatro de fin de curso o el partido de futbito de los sábados, porque no, la felicidad del hijo no está en el tiempo que tiene a la madre en casa, sino en lo feliz que sea la madre o el padre con la vida que lleva. La felicidad no la veo en las horas, sino en la satisfacción personal.

Me dije que quizá “el tiempo para ti” es algo que cuesta caro, una suerte de lujo asiático, un soliloquio de pago para encontrarse, enriquecerse, mejorar físicamente o espiritualmente. Pensé que igual, ese tiempo para mí al que se refería mi interlocutora, era algo así como perder la mañana dándome un masaje aceitoso y aromático. Sonreí al recordar la época en la que sumida en varias batallas personales traté de sentirme especial yendo a que me masajearan una vez por semana. Di con una chica que me hacía polvo con una especie de majadores de madera con pinchos de los que se usan para ablandar los filetes empanados. Ella decía: “si te hago daño avisa, pero es necesario un poco de dolor”. El problema era que mi tolerancia al dolor es demasiado alta y yo no sabía si eso era un poco de dolor o acaso un dolor que para otro sería insoportable. Doler, dolía siempre y acabé por mandar los masajes a paseo, porque se convirtieron en una especie de inútil tratamiento paliativo contra la infelicidad.

Dejé los trabajos extenuantes, me quedé trabajando en casa, jugando con mis hijos, haciendo deberes, dejándolos a su aire y estando yo al mío, escribiendo o leyendo. ¿Pero es el tiempo gratuito y no buscado, el tiempo por el que no pagamos prenda, el tiempo casero que se nos presenta a todas horas, pero no nos construye nuevas conexiones cerebrales ni nos lleva de viaje por la sabana africana “tiempo para ti”? ¿Contabiliza este tiempo en pijama, que otros definirían como “hacer el vago”? ¿Qué tiempo cuenta como “tiempo”?

Al fin, me rendí en mi búsqueda de entenderlo. Llegué a la conclusión de que nadie más que uno mismo sabe lo que le hace feliz y si el subconsciente está alerta, una dejará de hacer lo que no le interesa y hará lo que disfruta. También, que las mujeres felices -y los hombres, supongo- somos personas que nos hemos aclimatado a la actividad frenética o relajada o a la soledad o a la maternidad y que, como el buen jamón, entreveramos la grasa con el momio, el tiempo propio con el trabajo intelectual, el tiempo de llanto con la acción, el tiempo de mujer moderna y lectora y tía divertida con el de madre agotada que duerme con el codo de un niño en la nuca.

El tiempo para mí, para ti y para todos, es escaso y yo creo que el truco está en multiplicarlo, reciclando cada actividad, aprovechando cada momento para buscar placer o risa, música o literatura y amor, porque de lo contrario, “el tiempo para ti” no sería más que la paliación del síntoma y no una vacuna contra la enfermedad.

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