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5 claves para ganar tu quiniela: aprovecha los premios SAG para predecir el Oscar

Nerea Dolara

¿Quieres adivinar quién ganará el Oscar? Te damos claves (muchas en plan de freak de la estadística) para lograrlo utilizando los resultados de los SAG Awards.

Anoche el sindicato de actores de Hollywood entregó sus galardones de televisión y cine. Y aunque la televisión es hoy una fuente intensa de noticias y satisfacciones narrativas, vamos a mirar qué significa para los actores de cine que en unos pocos meses estarán sentados en el teatro Kodak esperando saber si ganaron un Óscar.

Los SAG Awards, más que los premios de los Writers Guild, Directors Guild y Producers Guild, son un buen referente a tomar en cuenta si estos meses quieres meterte en una quiniela de los Óscar. ¿Por qué?

La mayoría de los miembros de la Academia son actores

Más de 2000 miembros de los más de 6000 trabajadores de la industria del cine que pertenecen a la Academia son actores. Y el proceso de voto para los premios implica que sólo los miembros de cada gremio nominan a sus iguales, pero que el total de miembros votan por quién ganará. En los SAG Awards están muchos de los miembros actores de la Academia… ya que para trabajar en la industria se tiene que pertenecer al sindicato.

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Gary Oldman como WInston Churchill en “El instante más oscuro” (Darkest Hour).

La película que gana Mejor Reparto coincide regularmente con el Óscar a Mejor Película

En 11 años, de los 23 años en que se ha entregado el Óscar (en 1994 no se entregó), el ganador del mayor premio de los SAG ha recibido el galardón a la Mejor Película. En los premios del Producers Guild la película de Guillermo del Toro, The Shaper of Water, se ganó el mayor galardón. Pero no estuvo ni nominada en los SAG y eso es una mala señal. Por su parte, Tres anuncios en las afueras parece estar asumiendo el rol de favorita (también ganó el Globo de Oro). Sin embargo, si se toma el año pasado como ejemplo puede que el premio a mejor reparto no sea tan trascendente. En 2017, Figuras ocultas se llevó el honor, y, como sabemos, el Óscar (en un momento de caos como pocos) galardonó a Moonlight… la favorita de la Academia, La La Land, ni siquiera fue postulada al mayor premio de los SAG.

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Sam Rockwell y Frances McDormand, la combinación ganadora de Tres anuncios en las afueras (Three Billboards Outside Ebbing, Missouri).

Y la coincidencia es aún mayor cuando se trata de las estatuillas de Mejor Actriz y Actor

Durante los últimos cinco años la ganadora a Mejor Actriz ha recibido el mismo honor por parte de los SAG (y en total ha coincidido 17 veces en 23 años) y en el caso del Mejor Actor ha tenido el mismo resultado 18 veces en 23 años (de hecho Casey Affleck rompió una racha de 12 años consecutivos de coincidencia cuando ganó el Óscar; Denzel Washington ganó el SAG). Frances McDormand (Tres anuncios a las afueras) también ganó el Globo de Oro y tiene la ventaja de ser muy querida en la industria… la desventaja es que el Óscar pide dedicar mucho tiempo a hacer campaña y McDormand no juega con las normas de Hollywood. Por su parte, Gary Oldman ha sido de los favoritos desde el estreno de El instante más oscuro (aunque le compite de cerca Timothée Chalamet por Call Me By Yor Name). En el caso de los actores de reparto, que también coinciden este año con quienes ganaron el Globo de Oro (Allison Janney por I, Tonya, y Sam Rockwell por Tres anuncios en las afueras), tanto en la categoría masculina como femenina supera las 10 ocasiones de repetición el ganador del Óscar.

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Alisson Janney como LaVona en I, Tonya | Imagen: IMDB

El número general de coincidencia es realmente alto

Según Bustle, en promedio los ganadores del Óscar que ese mismo año se llevaron un SAG a casa sin los mismo en 2,9 de 4 ocasiones. Y ya ni hablar de la necesidad de por lo menos competir por un SAG a Mejor Reparto para poder estar nominado al Óscar a Mejor Película: La única película que ha ganado una estatuilla de la Academia sin estar nominada a los SAG fue Braveheart, en 1995.

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La Academia ha hecho un esfuerzo por diversificarse… y eso la hace menos predecible

O eso se asume. La verdad es que los más de 100 mil miembros del sindicato de actores ya son diversos (no tanto, pero más que la Academia que hasta hace unos años tenía un 93% de integrantes que eran hombres blancos mayores), pero la Academia ha dedicado dos años a abrir sus puertas a más mujeres, personas de color y de diversas preferencias sexuales. No es casual que Moonlight haya ganado en 2017. Y es posible que, si las crítica al manejo de la raza y el racismo se mantienen contra Tres anuncios en las afueras, que sus actores puedan llevarse algún galardón, pero que la película se quede por el camino. También lo es que justo por el mayor alcance de los SAG, su mayor galardón sea exactamente lo que prefiere el mayor cuerpo votante de la Academia (que es ahora un poco más diverso).

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Estos son los ganadores de los Globos de Oro 2018

Redacción TO

Foto: Chris Pizzello
AP

Con cuatro Globos de Oro, Tres anuncios en las afueras ha sido la gran ganadora de la edición de 2018 de los premios que otorga la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood. Y en el apartado de televisión, también con cuatro estatuillas, ha sido la miniserie Big little lies (Grandes pequeñas mentiras) la que ha acaparado más atención. Además de los premios, se coló en la ceremonia un invitado más: la lucha contra el sexismo. Desde una alfombra roja teñida de vestidos y trajes negros en señal de rechazo a la situación de abuso que sufren las mujeres en el trabajo, Hollywood decidió utilizar la ceremonia como escaparate de una causa: el respeto a las mujeres. Es una reivindicación que defendió en su discurso la homenajeada este año con el premio Cecil B. DeMille a toda una carrera, Oprah Winfrey, la primera mujer afroamericana en recibir el galardón.

Estos son todos los ganadores.

Cine

Mejor película dramática: Tres anuncios en las afueras

El equipo de ‘Tres anuncios en las afueras’ celebra la victoria. | Foto: Jordan Strauss / AP

Mejor película de comedia o musical: Lady Bird

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El equipo de ‘Lady Bird’ celebra sus premios. | Foto: Jordan Strauss / AP

Mejor director: Guillermo del Toro (La forma del agua)

Mejor guion: Martin McDonagh (Tres anuncios en las afueras)

Mejor película en lengua no inglesa: Aus dem Nichts (Alemania y Francia)

Mejor película de animación: Coco

Mejor actriz dramática: Frances McDormand (Tres anuncios en las afueras)

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Frances McDormand, recibiendo el premio. | Foto: Handout / Reuters

Mejor actriz de comedia o musical: Saoirse Ronan (Lady Bird)

Mejor actor dramático: Gary Oldman (Darkest Hour)

Mejor actor de comedia o musical: James Franco (The Disaster Artist)

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James Franco, con su galardón. | Foto: Matt Sayles / Invision for Lindt Chocolate / AP

Mejor actriz de reparto: Allison Jenney (I, Tonya)

Mejor actor de reparto: Sam Rockwell (Tres anuncios en las afueras)

Mejor banda sonora: Alexandre Desplat (La forma del agua)

Mejor canción: This is me (The Greatest Showman)

Televisión

Mejor serie dramática: The Handmaid’s Tale

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El equipo de ‘The Handmaid’s Tale’ en la ceremonia de los Globos de Oro. | Foto: Jordan Strauss / AP

Mejor serie de comedia o musical: The Marvelous Mrs. Maisel

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El equipo de ‘The Marvelous Mrs. Maisel’. | Foto: Jordan Strauss / AP

Mejor miniserie o telefilme: Big Little Lies

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El equipo de ‘Big Little Lies’. | Foto: Jordan Strauss / AP

Mejor actriz de serie dramática: Elisabeth Moss (The Handmaid’s Tale)

Mejor actriz de serie de comedia o musical: Rachel Brosnahan (The Marvelous Mrs. Maisel)

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La actriz Rachel Brosnahan. | Foto: Jordan Strauss / AP

Mejor actor de serie dramática: Sterling K. Brown (This is us)

Mejor actor de serie de comedia o musical: Aziz Ansari (Master of None)

Mejor actriz de miniserie o telefilme: Nicole Kidman (Big Little Lies)

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Nicole Kidman, en los Globos de Oro. | Foto: Jordan Strauss / AP

Mejor actor de miniserie o telefilme: Ewan McGregor (Fargo)

Mejor actriz de reparto de serie, miniserie o telefilme: Laura Dern (Big Little Lies)

Mejor actor de reparto de serie, miniserie o telefilme: Alexander Skarsgård (Big Little Lies)

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Tonya Harding: la infalible anti heroína americana

Romhy Cubas

Foto: IMDB
IMDB

“El escándalo, en nuestros días, no consiste en atentar contra los valores morales, sino contra el principio de realidad.”  Mario Vargas Llosa

Los retratos de la patinadora de hielo Tonya Harding son menos rígidos de lo que se podría esperar de una de las personas más odiadas y veneradas de América. Con 1,54 metros de altura y una sonrisa que brillaba más en el hielo que en tierra firme, la estadounidense originaria de Portland, Oregón, es la prueba viviente de esa civilización  del espectáculo de la que habla Mario Vargas Llosa.

El más reciente biopic de la deportista olímpica que le mereció el Globo de Oro como mejor actriz de reparto a Alisson Janney: I, Tonya, es un perfecto ejemplo de cómo el gusto del público puede determinar el valor de un productor “cultural”. Vargas Llosa trazó un libro entero sobre este fenómeno, y recordando solo algunas de sus frases pertinentes en este caso podríamos citar eso de que  “cuando el gusto del gran público determina el valor de un producto cultural, es inevitable que, en muchísimos casos, escritores, pensadores y artistas mediocres o nulos, pero vistosos y pirotécnicos, diestros en la publicidad y la autopromoción o que halagan con destreza los peores instintos del público, alcancen altísimas cotas de popularidad” 

La historia no es tan compleja como puede parecer cuando se busca darle sentido entre las montañas de información y registros mediáticos. Tonya Harding, hija de LaVona Golden comenzó a patinar a los 3 años de edad con la fallecida Sylvia Harpolscheimer como su principal instructora. A pesar de una infancia marcada por abusos físicos y mentales de parte de su madre y de una complicada situación económica que la hizo el centro de burla de sus compañeras de práctica,  por, entre otras cosas, coser sus propios atuendos, Tonya continuó con el patinaje durante toda su niñez y juventud logrando levantarse dos veces como campeona olímpica y dos veces como campeona en el Skate América.

La cúspide de su carrera la alcanza al lograr ser la segunda mujer —y la primera mujer estadounidense— en completar un salto triple axel con una combinación de loop doble en competición, una de las maniobras más difíciles en el deporte del patinaje y que le mereció una puntuación técnica perfecta. En el Campeonato Mundial de 1991 al volver a completar el triple axel se convierte en la primera mujer americana en realizarlo en un evento internacional.

A pesar de batir récords Harding nunca fue capaz de realizar con éxito otro triple axel en una competencia posterior a 1991, y desde aquella cumbre su carrera se inmovilizó en cuartos lugares, denuncias y dramas familiares.

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Poster promocional de la película de I, Tonya | Imagen: AustinFilm

El verdadero interés en Tonya Harding y el motivo de la nueva película protagonizada por Margot Robbie y dirigida por el australiano Craig Gillespie no es precisamente el talento tal vez incomprendido de una joven que se negaba a seguir convenciones y vestir o actuar como las demás. Tampoco es el logro más alto de su carrera, ese que la convirtió en la primera mujer estadounidense en lograr un complicado y técnico salto de patinaje a la edad de 21 años. En I, Tonya aunque las actuaciones son estelares y la producción no escatima en vestuario y fotografía, la superficie sigue siendo sobre publicidad, autopromoción y escándalos americanos.

El ángulo de I, Tonya se enfoca en el género del falso documental o mockumentary para narrar el incidente más notorio de su carrera. En 1994 su competidora ante el Campeonato Nacional, Nancy Kerrigan, fue atacada mientras salía de una sesión de prácticas. Kerrigan recibió un fuerte golpe en el muslo por un desconocido que utilizó un bastón de telescopio para herirla unas pulgadas por encima de la rodilla. Aunque el golpe le impidió participar en las nacionales Kerrigan fue seleccionada para los Juegos Olímpicos de Invierno de ese mismo año junto a Tonya, quien obtuvo el 8vo lugar en los resultados de la competencia mientras que Kerrigan recibió la medalla de plata.

La extraña coincidencia temporal del accidente reveló poco después que el marido de Tonya para ese entonces Jeff Gillooly, interpretado por Sebastian Stan –con quien contrajo matrimonio a los 19 años- había conspirado con Shawn Eckhardt –amigo y supuesto guardaespaldas– y Shane Stant para atacar a la principal contrincante de Tonya y así abrirle paso a esta en el campeonato.

El frenesí mediático fue fulminante. Tonya se convirtió en uno de los personajes más perseguidos y buscados por el público americano,  una de esas villanas deportivas de los años 90 cuya exacerbación mediática tuvo magnitudes similares a las de  O.J Simpson en su momento. La retransmisión del programa corto de los Juegos Olímpicos sigue siendo una de las más vistas en la historia de Estados Unidos.

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Portada original del Daily News el 7 de Enero de 1994 que retrata a Nancy Kerrigan momentos despues de ser golpeada por un “desconocido” en la rodilla | Imagen: Daily News

Más tarde ese mismo año, los cargos del ataque contra Kerrigan y el desconocimiento del tamaño de su participación en el ataque llevaron la Asociación de  Patinaje Artístico de EE. UU a vetarla de por vida de sus eventos, declarándola persona non grata en el círculo profesional y vetándola prácticamente de la vida que hasta ahora había logrado construir entre abusos familiares y sistemáticos de organismos deportivos.  

La historia es agua en el charco, todo los implicados incluyendo a Harding cumplieron algún tipo de castigo o condena por un crimen con múltiples actores y verdades inconclusas. Gillooly, Stant, Eckhardt y el conductor del coche en el cual se dieron a la fuga luego de golpear a Kerrigan cumplieron tiempo en prisión mientras que Harding recibió tres años de libertad condicional, 500 horas de servicio comunitario y una multa de $ 160.000 luego de declararse culpable de conspirar para obstaculizar el enjuiciamiento de los atacantes.

De aquí en adelante Harding se convirtió en un nombre más por el cual susurrar en las calles. Otra figura “pop” americana por la cual dividirse en dos bandos y restregarse en el fango.

Y aunque su carrera en el patinaje artístico culminó entonces, no así su carrera deportiva. Después del escándalo, las denuncias y el veto deportivo, Harding participó en programas de boxeo de celebridades y en distintas peleas en la rama del boxeo femenino, para así seguir recalcando una palabra que resuena con constancia en su vida y en la película: la violencia. “Era lo que yo sabía” afirma el personaje de Harding.

La cadena de televisión estadounidense ABC revivió recientemente ese escándalo deportivo que involucró a Harding en un especial llamado Truth and Lies: The Tonya Harding Story, en donde esta repite el papel que usualmente juega en las entrevistas tras su condena afirmando que nunca nadie le quiso creer y que “siempre fue la mala persona de la historia”. Sin embargo, en el mismo especial implica que tenía conocimientos previos sobre el plan de su ex esposo sosteniendo que sospechaba que algo estaba tramando.

Es difícil medir desde este lado, sobre todo para quienes no vivieron el escándalo en aquel espacio temporal, el alcance de los titulares en donde Kerrigan tirada en el suelo llorando y con una mano sobre su rodilla gritaba “porqué yo?” a todo pulmón.  La película de Craig Gillespie no se aferra a ese alcance sino que introduce la historia mediante una serie de entrevistas basadas en grabaciones reales que se pasean por la vida de los individuos más allegados a la patinadora. Incluyendo un esposo obsesionado que según declaraciones la maltrataba físicamente y una madre extravagante que habla con un loro en el hombro y lleva demasiado lejos aquello del amor duro.  

El estilo de burla de la película puede interferir un poco con la seriedad del asunto y con las verdades particulares de cada quien que nadie estuvo demasiado interesado en conocer ya que la esencia de Tonya siempre fue el escándalo y no el talento. La actriz Margot Robbie puede llegar a hacer que el público sienta empatía con la tragicomedia de I, Tonya, pero también produce sentimientos encontrados al intentar tomar en serio una de las escenas más recordadas y dramáticas del deporte del patinaje sobre hielo.

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Alisson Janney como LaVona en I, Tonya | Imagen: IMDB

En cuanto a la veracidad de los hechos

Las verdadera Tonya Harding sirvió como consultora del film.  El vigor físico y la violencia de la película no se tomaron a la ligera a pesar de lo que se puede proyectar en pantalla. El equipo pensó en ese retrato particular cuidadosamente para no llevarlo demasiado lejos ni cruzar una línea roja, sin embargo el leitmotiv es claro: “La violencia es todo lo que he conocido”.

La película no se basa específicamente en hechos reales, sino en varias versiones de los mismos eventos. Las de los tabloides y las personas involucradas. Y aunque se ubica principalmente en el lado de la historia de Tonya Harding el guionista Steve Rogers también basó su guión en la perspectiva de su ex marido Jeff Gillooly, principalmente a partir de entrevistas separadas que realizó con Harding y Gillooly. Historias que apenas coincidían según afirmó el guionista a LA Times. “Incluso los detalles de su primera cita no se alinearon”, recuerda.

Pero hay otros detalles que si han sido comprobados, como el hecho de que la madre de Tonya abusaba de ella físicamente mientras bebía todo el día. O aquel momento icónico en el que LaVona se presentó a una entrevista con un abrigo de piel y un pájaro real posado en su hombro.

El personaje de Alisson Janney es uno de los más importantes de la narración,  sin embargo gran parte de su esencia es ficción debido a que ni la actriz ni los realizadores de la película fueron capaces de localizar a la madre de Tonya. “No pudimos encontrarla en ninguna parte, así que usamos imágenes existentes y descubrí a través de Tonya cómo era su madre”, explica Janney quien solo tuvo una entrevista en video para basar su actuación. “No sabíamos en ese momento si estaba viva o muerta, así que fue más o menos la experiencia de Tonya con su madre y su licencia artística”, le comentó la actriz a Deadline.

I, Tonya no es sobre Tonya Harding, la primera mujer americana en realizar un salto triple axel a nivel internacional, o sobre su talento y aptitudes deportivas, I, Tonya es principalmente sobre América y el techo artificial del éxito al que muchos se aferran inclusive después de estrellarse. Es sobre esa civilización del espectáculo que crea sus propios productos culturales desde el escándalo y los grandes incidentes.

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¿Cómo estuvo Sundance 2018?

Nerea Dolara

Foto: IMDB
IMDB

¿Qué películas queremos ver? Sundance 2018 cerró su edición en Park City con una amplia oferta de estrenos indies que valen la pena.

A finales de enero las calles de Park City, Utah volvieron a ser las mismas. Unos días antes una multitud de actores, directores, guionistas, productores y distribuidores asistían al Festival de Cine de Sundance, el mayor mercado y proyector de cine independiente desde hace décadas. ¿Por qué es importante Sundance? Un ejemplo, en 2017 The Big Sick y Call Me By Your Name consiguieron allí su distribución y antes de ellas se estrenaron allí películas como Whiplash, Blood Simple, Winter’s Bone, Reservoir Dogs, Memento o Cuatro bodas y un funeral (por nombrar unas pocas). En Sundance se abre de nuevo la carrera por los premios, ya de 2019. Es un barómetro del cine indie y también de su mercado… porque en el festival no sólo se ven películas, también se compran.

Hablemos primero de las películas que probablemente tengan peso en 2018, aunque este año haya sido más discreto que sus predecesores inmediatos. Está Bodied, por ejemplo, producida por Eminem, que relata la historia de un rapero blanco que intenta triunfar en ese mundo musical; o Blaze, de Ethan Hawke, en que él mismo interpreta al músico Blaze Foley en un relato lleno de saltos temporales, actuaciones musicales y buenas interpretaciones; o The Tale, que le ganó a su protagonista, Laura Dern, admiración general de la crítica; o Ophelia, una nueva narración de Hamlet, desde el punto de vista de su amada, que tiene a Daisy Ridley (Star Wars) en el rol principal; o Wildlife, la ópera prima de Paul Dano que ya está generando rumor de Óscar para su protagonista, Carey Mulligan; o Tully, la nueva aventura de humor negro de Diablo Cody, que tiene a Charlize Theron como una madre harta de sus hijos y de la maternidad.

¿Cómo estuvo Sundance 2018?
Ofelia | Imagen: IMDB

También están las películas de cuatro directoras, que se llevaron los galardones de dirección en pleno: The Kindergarten Teacher de Sara Colangelo, On Her Shoulders de Alexandria Bombach, And Breathe Normally de Ísold Uggadóttir y Shirkers de Sandi Tan.

Pero es posible que la película más importante del festival, no sólo porque el público la adoró y la crítica la veneró, sea Hereditary. El terror lleva algunos años haciendo de las suyas peleando por ser un género al que se le reconozca su valor, no sólo como parte del panteón de la cultura pop, sino como una obra de arte como cualquier otra buena película. Ya antes de Hereditary los festivales han recibido con brazos abiertos, y celebrado ampliamente, cintas como The Witch, It Follows, Babadook o Get Out, y este nuevo estreno ha tenido la misma suerte. La película, protagonizada por Toni Collete, relata la historia de una madre en duelo que es atormentada en su propia casa por presencias sobrenaturales. Tras su estreno Internet se llenó de artículos que la llamaban: la película que mató de miedo al público de Sundance.

Otro elemento a tomar en cuenta de esta edición de Sundance, además de las películas que se estrenaron, es qué sucedió con su mercado de distribución. Los dos últimos años, por ejemplo, Amazon y Netflix gastaron decenas de millones adquiriendo películas como The Big Sick, Manchester by the Sea, Mudbound, este año no fue igual. De hecho los dos servicios de streaming, que también son estudios, dejaron el festival con las manos vacías por primera vez.

Según Business Insider ambas compañías estarían pensando en reducir sus costos en compra de derechos de estrenos indies. Netflix, por su parte, porque ha entendido que a sus suscriptores no les importa si la película es un estreno exclusivo o si llega a su servicio semanas después. Y Amazon porque ya cerró su presupuesto para 2018.

También puede especularse que ambas empresas llevan varios años gastando millones en distribución y producción, pero aún no parecen ganar ese mismo dinero con los estrenos. De hecho, el plan, según Bussiness Insider, es producir proyectos propios con grandes estrellas, alla Bright con Will Smith en Netflix.

Lo cierto es que Sundance dejó, como siempre, un amplio cartel de películas que recorrerán cines y televisiones durante los próximos años y que de seguro, tendrá presencia en los premios del próximo año. Esto es así, cuando aún no se ha entregado el Oscar 2018, ya se piensa en el de 2019. Pero no todo son premios. Sundance es el hogar del indie, y como tal este año estrenó joyas que esperamos (escuchen distribuidores) lleguen a las salas, tan llenas de superhéroes que ofrecen pocos espacios para otro tipo de cine.

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La forma del agua: una carta de amor al cine y al romance entre especies

Romhy Cubas

Foto: Fox Searchlight Pictures

En 1941 durante una exclusiva cena de la industria cinematográfica ofrecida por Orson Welles, el director sudamericano Gabriel Figueroa compartió la historia de una criatura anfibia mitad humana que emergía del río Amazonas una vez al año para raptar a una mujer y desaparecer sin rastro. En 1954 una de las personalidades presentes en aquella cena, William Allan, produjo La criatura del lago negro, un precedente elemental para la humanización de los monstruos y criaturas fantásticas en la pantalla grande.

Más de seis décadas después, el cineasta mexicano Guillermo del Toro ha logrado recuperar la esencia de una historia que se ancló en su imaginario desde que la vio a los siete años de edad. La forma del agua, la última película del director reconocido internacionalmente por el hermoso debut que fue El laberinto del fauno, es un etéreo homenaje al cine fantástico, los monstruos, la filmografía de los 60 y sobre todo un honorable final para La criatura del lago negro que raptó a Julie Adams a finales de los años 50.

Con trece nominaciones a la estatuilla de Oro de los Oscar este año y otras 150 nominaciones a premios y festivales alrededor del mundo, entre lo que se encuentran el recibimiento del León de Oro del Festival de Venecia y el Globo de Oro como mejor director, la película protagonizada por Sally Hawkins, Doug Jones, Michael Shannon y Octavia Spencer se enuncia como una carta de amor al cine. En ella el clima cultural, los derechos civiles y las dinámicas de poder recuerdan que en la “gran América” siempre han existido escenarios en donde la segregación busca establecerse como el denominador común de una sociedad.

Situada en los años 60 en Baltimore, previo al asesinato de John F. Kennedy, La forma del agua narra un romance único entre la conserje de una central de investigación del gobierno, Elisa -muda de nacimiento y con unas cicatrices extrañas en el cuello que evocan a las branquias de los anfibios-, y una criatura encerrada en las facilidades del lugar que es torturada en el nombre de la ciencia y la seguridad nacional.

Las referencias hacia La criatura del lago negro son evidentes, pero el film no se trata de un remake sino de una celebración al cine y la filmografía antigua, un homenaje a influencias cinematográficas como The Red Shoes ,The Harder They Come e inclusive la estética de  Andy Warhol.  Y es que para Del Toro el anfibio que sostiene a una aterrorizada Julie Adams en el póster de 1954 es una de los diseños más hermosos que ha visto. Desde que lo descubrió el esquema de un romance en donde la pareja de especies comparte helados y paseos en bicicleta ha sido clave para uno de sus proyectos más ambiciosos.  

La forma del agua: una carta de amor al cine y al romance entre especies
Tras cámaras de La forma del agua | Foto: Kerry Hayes/Fox Searchlight Pictures

La forma del agua relata una historia de amor con tintes de fábula en donde la transformación no es necesaria para la comprensión de dos individuos. La película hace justicia a uno de los temas más comunes de los filmes del director, que no solo se expresa mediante monstruos y criaturas sino mediante la idea de que en este mundo solo nos tenemos los unos a los otros.

Doug Jones, quien ha aparecido en varias películas de Del Todo como Mimic, Crimson Peak y Hellboy, en donde también interpreta a un hombre anfibio, es el cuerpo y movimiento detrás  de la noble criatura de La forma del agua.  Junto con la ayuda de la escritora Vanessa Taylor y el escultor Mike Hill, -quien ya ha diseñado un Frankenstein de tamaño real para la colección privada de horror de Del Toro- el alma del anfibio tomó vuelo con una simple instrucción del director: “Quiero que canalices dos cosas: el Silver Surfer [héroe de Marvel Comics], con su fuerza heroica y su sensualidad discreta, y a un matador. Cuando los observas, tienen mucha confianza y lideran con las caderas y la pelvis”, le indicó el director al actor según The Hollywood Reporter.

Por otro lado el, apego de Del Toro por su último proyecto, que originalmente iba a ser filmado en blanco y negro, lo llevó a desembolsar $200,000 de sus propios fondos para presentar a Fox Searchlight un guión que según el director los hizo llorar a todos al final de la primera propuesta.

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Escena de La forma del agua | Foto: Fox Searchlight Pictures

Más que criaturas y monstruos

La humanización de los monstruos, que siempre han fascinado al director, y el romance silente entre dos especies distintas es de hecho una persiana para contextualizar polémicas pasadas que siguen teniendo vigencia hoy en día como: la discriminación racial, la intolerancia y un particular complejo de hombre blanco, poderoso y privilegiado.

“Lo configuré en 1962 específicamente, porque cuando la gente dice: ‘Hagamos que Estados Unidos vuelva a ser grandioso’, están soñando con esa era”, explica Del Toro a la revista estadounidense Deadline. “Es una época donde los autos tenían aletas de chorro, las cocinas eran automáticas. Todo era genial si eras blanco, anglosajón y protestante, pero si eras otra cosa, estabas jodido. No ha cambiado tanto”.

Esta elección tanto -personal como política- de escenarios y geografías temporales hacen que la película se conjugue en reversa a los roles desempeñados en filmes de época. “Quería convertir en malo al personaje con un buen traje y una mandíbula cuadrada (que suele ser el tipo bueno en las películas de ciencia ficción de los años 50)”, agrega Del Toro.

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Escena de La forma del agua con Sally Hawkins y Doug Jones | Foto: Fox Searchlights Pictures

Palabras innecesarias y miles de tonos verdes

Sally Hawkins hace que las palabras sean innecesarias con una actuación sutil y serena que se conjuga con todos los colores de la película. La actriz también contribuyó con el guión de su personaje; Del Toro se inspiró en una historia escrita por esta sobre una mujer que desconoce que es una sirena. El detalle de los rasguños con forma de branquias en el cuello de su personaje fue tomado de dicha historia.

El silencio de la película es sustituido con un soundtrack y una musicalización que riman con los pasos y el mutismo de sus personajes. La cinematografía etérea de Dan Laustsen se aferra a miles de tonos verdes para crear la atmósfera de ensueño de un cuento de hadas para adultos. Esa paleta infinita crea un juego de tonos que pasan por la aguamarina, los ásperos verdes oxidados de edificios antiguos e institucionales, el brillo de neón de una gelatina hasta el verde cerceta metálica de un nuevo Cadillac.

Por otro lado, no solo la crítica coincide en que La forma del agua es una de las mejores piezas de Del Toro desde El laberinto del fauno, el propio director reconoce un particular orgullo por la película.

“Para mí no se vuelve más personal que con La forma del agua. Estoy orgulloso de ella. Es la película favorita que he realizado“, dijo Del Toro a Collider. “Me encanta. Lo llamo ‘un cuento de hadas para tiempos difíciles’ porque es una pomada contra el mundo, donde nos levantamos todas las mañanas con peores noticias”.

La fidelidad de Guillermo Del Toro por los monstruos crea un homenaje moderno y un cuento de hadas gestado décadas atrás que por fin encuentra su final perfecto.

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