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5 razones por las que Gossip Girl es una obra maestra

Nerea Dolara

Foto: CW

Cumple una década, pero ¿por qué esta serie sobre adolescentes millonarios y una cyber bully se convirtió en un hito? ¿Lo sabes?

Ya hace 10 años y en esa década la vida ha cambiado mucho. Gossip Girl llegó a las pantallas en 2007 y se convirtió, casi inmediatamente, en un fenómeno de esos que suceden raramente. La historia es la siguiente: cuando los creadores de The O.C., otra serie que generó revuelo y pasiones, cerraron el capítulo de sus vidas centrado en Brian, Summer, Marissa y Seth y ya tenían un proyecto entre manos. Gossip Girl era una serie de novelas juveniles sobre chicos de clase alta. Sus dramáticas, enrevesadas y glamurosas vidas y sobre “una” chismosa que divulgaba todos sus secretos en un blog. En paralelo el canal CW buscaba un proyecto que le diese base sólida a su reciente existencia. Gossip Girl prometía.

Todo tenía como base a dos chicas que debían ser expresión clara de aspiración y distancia, hermosas criaturas millonarias que navegan su adolescencia entre escándalos y vestidos de Chanel. Así que las actrices eran de vital importancia. Blake Lively, que había decidido dejar de actuar y volver a la universidad tras su película The Sisterhood of the Travelling Pants, fue una elección casi inmediata. Como cuenta Josh Schwartz (una parte del dúo creador que completa Stephanie Savage) a Vanity Fair buscaron en foros de comentarios sobre las novelas, para rastrear las propuestas de los lectores de quién sería la Serena van der Woodsen perfecta y Lively era la elección común. Leighton Meister llegó luego, tras una buena audición en que demostró su capacidad de transformar su espíritu reservado y relajado en la reina de las “arpías adolescentes”. Y tras ellas aparecieron los chicos.

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Fotograma de Gossip Girl con Blave Lively y Leighton Meister

El piloto se estrenó y la serie se rodó en las calles de Nueva York. Y en cuestión de meses ninguno de los nombres de estos jóvenes actores desconocidos poblaba portadas de revistas y magazines televisivos. Similar al fenómeno de Friends, los muchachos se vieron famosos de la noche a la mañana y en un tiempo, y en unos exteriores, que nada tenían que ver con los de la serie de los noventa. Paparazzi y fans invadían los sets diariamente, los guiones fueron hackeados, los rumores sobre el set eran diarios. Gossip Girl era enorme, un monstruo. ¿Cómo pasó esto? Intentaremos descifrar las claves de su éxito…

La visión de futuro

Esta serie, aunque parezca mentira, nació antes que Instagram o Snapchat. Se estrenó cuando Facebook y Twitter no eran gigantes de las redes sociales. Apareció cuando el mundo era otro… pero predijo el que vendría. La infame Gossip Girl postea en un blog los secretos de la vida privada de los protagonistas sin pudor… la serie se adelantó a la omnipresente existencia del troll de hoy en día y a la obsesión con conocer detalles privados de vidas ajenas. Kristen Bell, la voz de GG, citada en Vanity Fair lo dice claramente: “Schwartz y Savage fueron pioneros del ‘¿Qué pasaría si Internet fuese sólo un lugar para juzgar a la gente?”. Se convirtieron en Nostradamus. La vida de los protagonistas de Gossip Girl hubiese sido muy distinta en 2017, pero la serie aún logra mantenerse vigente. Ahora en Netflix ha logrado atraer nuevas audiencias, infantes cuando estrenó, que se identifican con el acoso y el escrutinio sin que falte hacer referencia a las redes sociales.

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Las chicas llevaban modelos sacados de las pasarelas. | Imagen vía CW

La moda

Una cosa que estaba clara es que las chicas, y los chicos, tenían que ser iconos. Son adolescentes millonarios en Nueva York… obviamente van a llevar el último bolso de Prada. El diseñador de vestuario Eric Daman (que ya había trabajado en Sexo en la ciudad) se dedicó a espiar y hacer fotos en las entradas de institutos del Upper West Side para estudiar el estilo de los adolescentes ricachones que asistían. La ropa se convirtió en la expresión de cada personaja, pero también en un armario aspiracional para una generación entera. Estas chicas, y chicos, llevaban -cada uno a su manera- lo último de las pasarelas, tocaban con sus manos looks que sólo se pueden ver en revistas, y lo hacían derrochando encanto y hermosura. Gossip Girl fue, sin duda, la sucesora de Sexo en la ciudad en cuanto a mujeres y moda (editoras de revistas han dejado claro que influenció mucho de su momento, tanto en medios como en las compras en sí). En cuanto a los chicos, el estilo de Chuck Bass abrió la puerta a estilismos más arriesgados y dio variedad a la moda masculina y muchos lo agradecieron.

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Serena y Dan | Imagen vía CW

El drama

Schwartz y Savage venían de la escuela de The O.C. La telenovela juvenil era su terreno y sabía navegarlo bien. The O.C. Fue un verdadero fenómeno (mucha gente recuerda dónde estaba cuando murió Marissa Cooper) pero nada comparado con su siguiente serie. Gossip Girl era, tras la belleza y las prendas y el dinero y los paparazzi, un melodrama adolescente en esencia. Y como tal dio bastante de sí: amores imposibles, decenas de novios, malvadas amigas, secretos del pasado… plagaban los guiones en que el verdadero peso siempre cayó, además de en las historias de amor (telenovela al fin), en la amistad de las dos protagonistas y en las diferencias de clase y qué significan. Gossip Girl tenía la ventaja, además, de no sólo mostrar el drama, sino mostrar cómo los demás personajes reaccionaban a él cuando GG lo divulgaba. Drama al cuadrado.

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Chuck y Blair, una de las parejas románticas de la serie

La cobertura

Al final de la primera temporada el reparto apareció en la portada de New York Magazine bajo el título: MEJOR. SERIE.DE.LA.VIDA. Obviamente el show había logrado hacer ruido y conquistar tanto a espectadores como a críticos. Luego llegó al comentada campaña OMFG (Oh My Fucking God) en que los actores aparecían con poca ropa con frases como “la peor pesadilla de cualquier padre”. Tal fue su alcance que llegó a prohibirse en varias escuelas privadas neoyorquinas (qué movida tan Gossip Girl). Las amistades y enemistades en el set se discutían, sin bases, en las revistas del corazón; Blake Lively y su co-estrella Penn Bagdley (Dan Humphrey) se hicieron pareja mientras lo eran en el set, Lively, tras su ruptura, salió con Leonardo DiCaprio… Las chicas comenzaron a codearse con diseñadores y aparecer en portadas. La vida y la ficción se mezclaron y el show se benefició de ello. Famosos de todo tipo querían hacer apariciones en sus episodios. Entre ellos estuvieron Lady Gaga, David O. Russell, Ivanka Trump, Cindy Lauper, Tyra Banks, Vera Wang, Tory Burch, el alcalde Michael Bloomberg, Rachel Zoe y Tim Gunn. ¿Otra ventaja? La huelga de guionistas entre 2007 y 2008 que obligó a CW a repetir episodios de la programación que tenía, por lo que Gossip Girl se podía ver una y otra vez…

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El reparto de los jóvenes protagonistas estaba compuesto por relativos desconocidos que se convirtieron en estrellas. | Imagen vía CW

El reparto

Un grupo de desconocidos encabezó este éxito instantáneo, muy al estilo de Friends, y se convirtieron en estrellas de la noche a la mañana. La verdad es que el reparto era perfecto en cada uno de sus roles. Blair Waldorf es un arquetipo al que se hace referencia y es sobradamente comprendido, por ejemplo. Los nombres de cada personaje se convirtieron en  sinónimos de sus actores porque sabían lo que hacían: tenían encanto, enganche y talento (y sus físicos, claro). Algunos aún detestan la experiencia (Penn Badgley ha sido claro en su desprecio por la serie) y otros están dispuestos a volver para un revival (esa tendencia tan desatada en estos tiempos). Lo cierto es que estos actores hicieron vivir a personajes ajenos y distantes (los espectadores no eran millonarios con ropa de Marc Jacobs) y los convirtieron en hitos televisivos.

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Joan Didion: hacer de la literatura un refugio contra la desmemoria

Romhy Cubas

En un presente que se alimenta de información y que hace todo lo posible por explotar y exponer la data mediante inagotables plataformas –mientras más mejor- es frecuente que las figuras públicas, y las que no también, cuenten con al menos una biografía visual y escrita que exponga las horas y los días de sus vivencias. Los minutos de una persona encapsulados en cuenta regresiva como aditivo social.  Es tan frecuente que el hecho de que una de las últimas producciones de Netflix sea el primer documental enfocado en la periodista y escritora norteamericana Joan Didion, mágica contadora del siglo XXI, es casi ridículo.

“Things fall apart; the centre cannot hold; / Mere anarchy is loosed upon the world”

 Joan Didion: The Center Will Not Hold, un proyecto dirigido por el sobrino de Didion, el cineasta y actor  Griffin Dunne, es esa primera vez que muchos precisaban para deshilar las capas de cebolla de una de las plumas más lúcidas y honestas de las últimas décadas. Una mujer que recibió de las manos del ex presidente de Estados Unidos Barack Obama la Medalla Nacional de Artes y Humanidades, además del “Premio Nacional a la No Ficción” por su obra The Year of Magical Thinking y de la “Medalla por contribuciones distinguidas a la Letras estadounidenses” otorgada por la Fundación Nacional del Libro. No obstante, los premios son meras consecuencias de una trayectoria que se impone a la muerte y al dolor para encontrarle un nuevo sentido a la vida mediante las palabras.

Joan Didion nació en SacramentoCalifornia el 5 de diciembre de 1934, graduada de la Universidad de California Berkley y con su primera oferta de trabajo recibida a los 20 años directamente de las páginas de la revista Vogue en New York, Didion critica y analiza con agudeza sus alrededores desde antes de juzgarse periodista. En Vogue  ascendió de copywriter a editora asociada en tan solo dos años; en la legendaria revista también publicó sus primeros ensayos y artículos con una voz insolente, fresca, contraria en pequeños detalles a la típica Vogue elitista dedicada a amas de casa y trendings del New York de los 60. Mientras tanto, también publicó su primera y menos conocida novela, Run, River, y conoció a su esposo el escritor John Gregory Dunne, quien para entonces trabajaba en la revista Time.

De aquí en adelante la carrera de Didion ascendió como sucede cuando la pasión y la rutina se juntan en una sola escala. Su figura se sostiene junto a la de grandes periodistas literarios de la nueva escuela de los 60 como Tom WolfeTerry Southern y Hunter S. Thompson. Sus reportajes incisivos y veloces retaron la contemporaneidad y recorrieron los salones de la fama mientras su pluma se codeaba con músicos y actores legendarios como Harrison Ford, Steven Spielberg o Natalie Wood.

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Joan Didion con su esposo John Gregory Dunne, hija, Quintana Roo Dunne y sobrino Anthony Dunne en Malibu 1972 | Foto vía: GettyImages

Aunque por años la cultura y la música ocuparon un espacio enorme en las fiestas de su casa en Malibu y en las páginas de sus columnas, la política también se acercó a Joan casi sin pretenderlo en piezas sociales de mayor espectro como su ensayo Haight-Ashbury sobre el mundo del LSD y las drogas en la comunidad hippie, su ensayo de Vogue  Self-Respect: Its Source, Its Power, su reportaje sobre la guerrilla en el Salvador o una serie de entrevistas privadas que mantuvo con una de las integrantes de la “familia” del asesino en serie Charles Manson, Linda Kasabian, mientras esta se encontraba en prisión y en proceso de testificar contra Manson.

Joan Didion publicaría ensayos y artículos retándose a sí misma en el campo del periodismo literario hasta que decide dedicarse por completo a la literatura y la redacción de guiones y obras personales –incluyendo proyectos comunes con su esposo John Dunne. Pero además de esa voz subjetiva y sensata que con constancia, sin pausa pero sin prisa, va develando pequeñas partes de la cultura americana en sus textos Didion se adueñó de un duelo particular. “Nos contamos historias para sobrevivir” acierta en su libro The White Album antes de sospechar siquiera que en un movimiento de pestañas perdería a su familia y haría de la muerte su biblioteca personal. A ese duelo se sobrepondría observando sus alrededores, para reescribirlos cuando no hubiera más historias que contar.

“El impulso de escribir cosas es peculiarmente compulsivo, inexplicable para aquellos que no lo comparten, útil solo accidentalmente, solo secundariamente, de la forma en la que cualquier compulsión intenta justificarse. Supongo que comienza o no comienza en la cuna. Aunque me he sentido atraída a escribir cosas desde que tenía cinco años, dudo que mi hija lo haga, porque es una niña especialmente bendecida y atenta, encantada con la vida exactamente como se le presenta la vida, sin miedo a irse a dormir. y sin miedo a despertar. Los encargados de los cuadernos privados son una raza completamente diferente, rebeldes solitarios y resistentes, descontentos ansiosos, niños afligidos aparentemente al nacer con algún presentimiento de pérdida.”

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Joan Didion junto al retrato de su esposo John Dunne | Foto de Eugene Richards vía The Red List

Las constantes de Didion

Además de la pluma y las palabras, la vida de Joan estuvo marcada por una constante tan inesperada como la vitalidad con la que recuerda cada sonrisa y discusión de su pasado a los 83 años de edad. En el invierno del 2003, mientras su hija Quintana Didion se encontraba hospitaliza por sepsia producto de una neumonía, su esposo John Gregory Dunne murió de un infarto el 30 de diciembre. Un año y medio después, luego de infinitas horas en el hospital, un deterioro continuo y una cirugía cerebral, su hija​ Quintana falleció de pancreatitis el 26 de agosto de 2005 a los 39 años de edad. En menos de dos años Didion perdió el centro de una vida construida a base de pequeños momentos y vicios retenidos. “La vida cambia rápido. La vida cambia en un instante. Te sientas a cenar y tu vida como la conoces acaba”, anotó con cautela tras la muerte de John.

Los libros The Year of Magical Thinking y Blue Nights son el resultado de ese duelo incompleto que el documental reúne entre fotografías, testimonios y la narración personal de Didión mientras lee sus propias líneas y recuerda una rutina que nunca más podrá repetir: levantarse y bajar a la cocina por una coca cola fría en lentes de sol mientras su esposo lleva a Quintana al colegio, discutir sobre quién tiene la razón o pasar las vacaciones en familia en el apartamento de la playa.

“El dolor resulta ser un lugar que ninguno de nosotros conoce hasta que lo alcanza. Anticipamos (sabemos) que alguien cercano a nosotros podría morir, pero no miramos más allá de los pocos días o semanas que siguen inmediatamente a una muerte tan imaginada. Malinterpretamos incluso la naturaleza de esos pocos días o semanas. Podríamos esperar sentirnos conmocionados, si la muerte es repentina. No esperamos que este choque sea obstructivo, desarticulando tanto el cuerpo como la mente. Podemos esperar estar postrados, inconsolables, locos por la pérdida. Pero en realidad no esperamos volvernos literalmente locos”.

Este es uno de los pasajes de The Year of Magical Thinking, anotaciones de una escritora que busca recordar en sus apuntes a los lugares de los cuáles no puede huir. “Un lugar pertenece por siempre a quien lo reclame con mayor intensidad, a quien lo recuerde más obsesivamente, lo despoja, le da forma, lo ama tan radicalmente que lo rehace a su propia imagen.”

En los años 70 Didion fue diagnosticada de esclerosis múltiple. Durante el documental hay un choque entre el desmejoramiento físico de una mujer con un glamour innegable y la voz melodiosa que recuenta sus propias frases sin titubear, enfrentándose con sinceridad y aplomo a  la cámara.

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Quintana Roo Dunne, John Gregory Dunne, y Joan Didion en casa | Foto de John Bryson/Netflix

Recuerdos y cuadernos

De todas las preguntas que se hace Didion durante los años, el sinsentido del destino es el que se afinca en la pantalla. Los “tal vez”, y “que hubiera pasado si” son constantes en la vida de alguien que pierde repentinamente el espectro de su vida. Joan Didion casi podría pasar por una escritora de autoayuda para superar el duelo y la muerte,  experta en estudios y ensayos sobre la superación y los niveles emocionales que se suceden al perder a alguien cercano. Este sería el caso de no ser porque en sus anotaciones hay una clara distinción entre lo que pasó y lo que podría haber pasado, entre el propósito de su presente literario y pasado periodístico.

La verdad sobre los cuadernos de Didion es que son una parte diluida de ella misma. Una manera de preservarse y combatir la desmemoria, de apostar por la vida a pesar de sus muertos.

Joan Didion: The Center Will Not Hold es solo una migaja del extenso trabajo literario y periodístico de una figura que revive los perfiles más elegantes de Truman Capote en su juventud.  Una silueta cuyo recuerdo es necesario para entender el rescate de la palabra que hace un escritor con cada página habitada en su diario.

“Mira lo suficiente y escríbelo, me digo a mí misma, y luego, una mañana, cuando el mundo aparente consumirse, drenarse, algún día cuando solo esté haciendo lo que se supone que debo hacer, que es escribir en esa mañana en bancarrota, simplemente abriré mi libreta y allí estará todo, una cuenta olvidada con interés acumulado, un pasaje pagado al mundo exterior: el diálogo escuchado en los hoteles y ascensores y en el mostrador de pabellón de Pavillon (…) Recordar lo que era ser yo: ese es siempre el punto”. Joan Didion.

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Querida Joan

Laura Ferrero

Foto: Kathy Willens
AP Photo, File

Querida Joan:

Cada vez que abro mi libreta, esa que siempre llevo en el bolso, me sorprende, anotada en una esquina, tu dirección postal. Hace un par de años, cuando trabajaba en una pequeña editorial de Nueva York, la encontré entre archivadores, papeles y contratos, y la apunté. Fue un instinto, algo que hice rápido como si hubiera cámaras y estuviera asumiendo un riesgo mortal.

Pero la historia no se quedó ahí. Un miércoles de agosto me armé de valor y me dirigí a tu casa y, al llegar al portal, me detuve y miré hacia dentro. Pasé tiempo ahí fuera tratando de imaginar cómo serían las paredes y los pasillos entre los que te moverías. Deseaba verte salir, pequeña y frágil, a través de aquella puerta simplemente para decirte: “Hola Joan, gracias por salvarme la vida”. Pero pasé cerca de dos horas ahí, sufriendo el calor, el bochorno y los nervios –¿alguien iba a desenmascarar a la chica que había robado una dirección y quería verte?– y no, claro. No apareciste.

De todas maneras, aunque lo hubieras hecho, no me hubiera atrevido a decirte nada.

Nunca llegué a entrar en tu casa pero ahora ya sé cómo son las paredes entre las que te imaginaba moviéndote y deslizándote de una estancia a la otra con sigilo, como si temieras despertar a los demás, a los que ya no estaban contigo.

Te vi. En el sofá, en la cocina. Y lo hice desde una ciudad extraña, muy lejos de Nueva York, sobre el cubrecama impoluto de un hotel.

Me emocioné al verte. Eran tus manos, la ternura con la que mirabas a tu sobrino, Griffin Dunne en The center will not hold, el documental que ha rodado sobre tu vida. Ese documental del que leí que solo era interesante para fans y del yo diría lo contrario: es una pieza interesante para todos aquellos que crean en la crónica, en el periodismo. Para todos aquellos que alguna vez se hayan preguntado cómo puede narrarse aquello que no tiene nombre, que se llama dolor y que es justamente lo que no puede compartirse.

Te vi: preparabas sándwiches de pepino quitándoles la corteza y yo, que apenas sé cocinar, me imaginé aprendiendo una receta, cocinando para ti para decirte que no sé si a los demás también, pero lo cierto es que a mí me salvaste la vida.

Explicabas en el documental que a los 28 años descubriste que no todas las promesas –tanto las que te habían hecho como las que te habías hecho–  iban a cumplirse. Que algunas cosas eran y son irrevocables y que los errores y evasiones también cuentan en ese camino que vamos trazando al que comúnmente llamamos vida. Cuando te escuché pensaba que hablabas de las evasiones y de aquel verbo que se ha puesto tan de moda, procrastinar, en un sentido negativo. Sin embargo, hace unos días entrevisté a un pintor de 94 años que me dijo que lo importante en la vida es la estructura y la perseverancia; la coherencia con el proyecto vital de cada uno. Al terminar, me acerqué, sibilina, por detrás, cuando nadie me escuchaba y le dije “perdón, maestro, yo es que siempre tengo muchas dudas”. Carlos, que así se llama, sonrió y me dijo que la perfección venía siempre por la acumulación: “la acumulación de errores”, matizó. Así que entendí, claro, que en el documental tú no hablabas de nada en negativo sino únicamente de asumir que la vida surge también de los caminos que no tomamos y de la responsabilidad frente a lo que uno renuncia y se le escapa.

Pero volvamos a esa tarde de agosto en la que me quedé detenida ante tu puerta. Sin saber qué decir, como canta Ariel Roth. Sin saber por qué sentía yo que me habías salvado la vida. El otro día, en mi hotel, mientras veía el documental a través de la pantallita del portátil, lo entendí por fin.

Verás, unos años atrás perdí a alguien muy importante para mí y durante un tiempo no quería, como tú, que el tiempo pasara. Era consciente de que el reloj y el calendario seguían avanzando pero cuando llegaban los grandes acontecimientos como las Navidades, fin de año, veranos y cumpleaños, lo pasaba mal. No podía celebrarlos. Me hablaba a mí misma en estos términos: hace seis meses que, hace nueve meses que, hace ya dos años que. Eran una suerte de fronteras con las que delimitaba mi tiempo y siempre pensé que la mía era una nostalgia extraña, una manera como otra de bajarme del tren y decir “seguid vosotros que yo aquí me quedo”.

En un momento dado de The center will not hold explicabas que no querías dar por concluido El año del pensamiento mágico porque terminarlo significaba decir adiós a John. A veces se escribe para estar cerca de los que se han ido, así que poner el punto final a un libro no deja de ser otra manera de estar lejos. Aún más lejos.

Joan, no puedo decir que te entienda del todo. No he sido madre ni he perdido tantas cosas como tú. Pero, ¿cómo decir entonces que te entiendo? ¿Cómo decir que sé cómo se resquebrajan las cosas hasta que un día desaparecen y ya no son tuyas porque dejan de existir?

Cuando terminó el documental, perpleja, sobre mi colcha blanca de hotel pretencioso, entendí por fin por qué quería darte las gracias aquella tarde de verano de Nueva York. Así que tarde pero aquí va: gracias, Joan Didion porque me hiciste entender que no estaba sola. Que si bien el dolor es una celda en la que cada uno gritamos sin que los demás puedan escucharnos, saber que hay gente allá fuera que también grita y se separa y no quiere que el tiempo pase, es un consuelo. Así que te abrazo desde aquí, Joan. Y que sepas que un día de estos volveré a tu casa para seguir esperándote, abajo, escondida. Me reconocerás pronto: seré la chica que no se atreverá jamás a saludarte pero que te seguirá con la mirada hasta que vayas desapareciendo. Entonces yo volveré a pensar en la receta que un día aprenderé a cocinar para darte las gracias por haberme salvado no solo la vida sino también de mí misma.

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House of Cards fue el comienzo de una era... pero esa era la dejó atrás

Nerea Dolara

Foto: Netflix
Netflix

Ya no sólo se trata de la injustificable conducta de Kevin Spacey, House of Cards, la primera serie en streaming, había muerto mucho antes de que su protagonista fuese descubierto como un depredador. Analizamos la serie: su triunfo, su influencia y su caída.

En un tiempo en que Netflix estrena series cada semana y producciones de Hulu o Amazon Prime, como The Handmaid’s Tale y Transparent, ganan Emmys por decenas, es difícil imaginar cómo era el mundo de las series antes del streaming. Pero no es imposible. Porque si se piensa un poco, esta tendencia, que cambió el mundo de la televisión y tiene bajo amenaza a los canales de señal abierta,  comenzó en 2013… no hace 20 años. House of Cards, la serie que actualmente ha sido cancelada con la excusa de la indefendible conducta de Kevin Spacey (actualmente las acusaciones de abuso incluyen a varios hombres, incluidos miembros del equipo del show), pero que ya había perdido combustible y amor de la crítica y el público, fue quien inauguró una era que ha cambiado el panorama considerablemente.

En enero de 2013, Netflix estrenó este thriller político (basado en una serie inglesa homónima) y estrenó un modelo de distribución que modificaría, luego, la forma en que se mira televisión: toda la temporada fue subida al mismo tiempo a la web del servicio de streaming. Los canales de señal abierta criticaron la decisión, decenas de artículos hablaron de cómo este sistema no funcionaría: la gente vería la serie en un fin de semana y todo el proceso mediante el cual la crítica, las reseñas, la publicidad y el ciclo de la prensa funcionan se perdería y con ellos la posibilidad de éxito del programa. Significaba saltarse años de tradición, de una forma de hacer las cosas. La realidad fue otra. House of Cards fue un éxito instantáneo a su estreno, y no sólo eso: probó que el binge watching estaba aquí para quedarse. Netflix ya había anunciado con su estreno que invertiría 300 millones de dólares en varias series y que se proponía, por lo menos, estrenar 5 programas originales al año.

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El controversial Frank Underwood interpretado por el controversial Kevin Spacey. | Imagen via Netflix.

House of Cards fue la primera prueba de que el mundo televisivo estaba adaptándose a los tiempos, buscando una manera de conectar con nuevas audiencias de la sociedad de la información que prefieren acceder al contenido cuando y donde quieran. No sólo se trató de espectadores y críticos, la serie recibió en su primer año varios Emmy: tres de 14 nominaciones. Fue la primera vez que un productor de contenido exclusivamente online recibía premios de la Academia de Televisión.

Siguió un cambió de ritmo en producción y distribución de programas de televisión como pocos han visto en otros ámbitos. De facto todo el sistema tuvo que abrir sus puertas y recibir a nuevos competidores.

En sus cinco años de existencia, House of Cards ha sido siempre un estandarte de la era streaming, pero en sus últimas temporadas ha perdido relevancia. Igual que en 2013 fue una novedad llena de atrevimiento y sarcasmo, cinco años después se convirtió en un producto de una vieja escuela que ya no atrae a los espectadores. ¿Qué pasó?

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¿Llegará finalmente Claire Underwood a la presidencia? | Foto vía Netflix.

Bueno, el mismo nuevo universo que inauguró ha sido su perdición. La competencia se ha hecho férrea y amplísima. Hay series por doquier y cada una mejor que la otra. En un mundo en que hay más de 500 series sucediendo al mismo tiempo la excelencia es vital, y House of Cards dejó atrás la calidad al poco tiempo de comenzar. No sólo se trató de que no pudiese competir en el mismo ámbito que creó. El momento político tampoco favoreció su causa. Mientras series como Veep, que se burlan de los políticos de la Casa Blanca y se han convertido en comentaristas sarcásticos y críticos de la actualidad, House of Cards continuó con su primera elección: un protagonista deleznable con ansias de poder por el que la audiencia siente fascinación. Y sí, cuando la Casa Blanca no estaba ocupada por un aprendiz de tirano peligrosamente ignorante, esto podía ser atractivo. Pero cuando la realidad se hizo grave y los giros de trama noveleros de la serie se hicieron irreales e incluso patéticos ante el presente, House of Cards perdió cualquier posibilidad de volver a ganar su sitio.

Se suponía que la serie tendría una sexta temporada, pero la producción se detuvo. Netflix afirmó que no trabajaría más con Kevin Spacey en House of Cards, por lo que si la serie continúa en producción para finalizar la temporada que queda, Frank Underwood ya no estará en ella.

La verdad es que el servicio de streaming ya se había planteado acabar con la serie tras una sexta temporada (los números, que no revelan nunca, no deberían ser buenos). Nunca han sido de la política de cancelar series, de hecho comenzaron sólo hace poco, pero su producción estandarte llevaba años siendo un peso a la espalda de una compañía que cuenta ya con suficientes buenas producciones como para prescindir de las que no funcionan. El escándalo con respecto a la imperdonable conducta de Spacey es el último clavo en el ataúd. House of Cards puede haber cambiado el mundo de las series, pero ese mismo mundo se hizo mejor muy rápido y la dejó atrás. Ser un pionero no garantiza el éxito a largo plazo.  

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Estas son las 10 mejores universidades del mundo para estudiar moda y diseño

Redacción TO

Foto: Ana Laya
The Objective

El paisaje educativo de la moda es cada vez “más complejo”. Así lo ha asegurado la prestigiosa publicación Business of Fashion (BoF), que para ayudarnos a “navegar” por este campo elabora cada año un ranking con las 10 mejores universidades para estudiar un grado o un máster en moda y diseño. En el ranking de 2017 hay 15 escuelas de todo el mundo; de las cuales, nueve están en Europa. Londres destaca como capital con más instituciones prestigiosas en este campo —tiene cinco—; después, estarían Nueva York, París y Tokio, con dos cada ciudad.

El ranking se ha elaborado en base a tres factores: influencia global, experiencia de aprendizaje y valor a largo plazo, con datos recopilados de más de 4.000 estudiantes y exalumnos recientes, así como de casi una decena expertos e influencers de la moda global.

Estas son las cinco universidades que aparecen en el top 3 para cursar estudios de grado y posgrado en moda. Al final del artículo se encuentra el listado completo.

Central Saint Martins (Londres, Reino Unido)

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La escuela Central Saint Martins en Londres (Reino Unido). | Foto: Ana Laya

La clara ganadora del ranking es Central Saint Martins, en Londres, tanto para estudiar un grado como un posgrado. “El internacionalmente reconocido centro para las artes y el diseño tiene una de las reputaciones más establecidos en la enseñanza de moda y es considerado el líder global de su campo”, señala BoF. También quedó en primer lugar en el ranking de 2016.

La publicación le otorga este año una puntuación de 95 sobre 100 tanto para estudiar un grado como un posgrado (con una diferencia de más de 20 puntos sobre la siguiente universidad en el ranking de grados). Los expertos le dan un 77 de influencia global.

Sus fuertes: el récord de empleabilidad de sus estudiantes, una reputación líder entre académicos y reclutadores de moda, la calidad de su enseñanza, su cuerpo de estudiantes, la independencia que gozan los estudiantes y el alcance global de su alumnado. Sus puntuaciones son más bajas en cuestión de cursos de negocios, marketing y sostenibilidad.

Tiene capacidad para más de 700 alumnos para grado y 124 para posgrado, el ratio de alumnos por profesor es de 28 en grado y 23 en posgrado y el de admisión es el más bajo de la lista: un 7% para grado y un 11% para posgrado. Sus precios rondan los 20.000 dólares para estudiantes internacionales. Antonio Banderas es uno de los alumnos que empezó un posgrado en Saint Martins.

IFM Paris (París, Francia)

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La escuela de moda IFM Paris situada en uno de los márgenes del río Sena. | Foto: Fred Romero/Flickr

Creada y fundada por el Ministerio de Industria francés, IFM fue diseñada como un puente entre el diseño creativo y los negocios. Este campus parisino está situado en la Quai d’Austerlitz, en uno de los márgenes del río Sena. Está considerado por BoF como el segundo mejor centro del mundo para estudiar un máster en moda y diseño. “El instituto está muy bien conectado con el mundo de la moda, ya que personalidades de alto nivel y compañías son patronos y asesores de la escuela”, explica BoF. El currículo de IFM está compuesto de proyectos de la vida real o casos de negocios en cooperación con compañías de moda y lujo. Las clases incluyen prácticas de seis meses para todos sus estudiantes.

La encuesta de BoF muestra altos resultados en la satisfacción de los estudiantes con los recursos,  las instalaciones, las clases de negocios y marketing, el “excelente acceso a la industria” y la facilidad de oportunidades de trabajo después de su graduación. El 86% de los estudiantes tenía trabajo a los seis meses de graduarse, según BoF.

La escuela de posgrado solo admite a 30 estudiantes y el ratio de alumno profesor es el más bajo de todo el ranking: uno a uno. Solo el 22% de las solicitudes de entrada son aceptadas. El precio del posgrado es de 15.000 dólares.

Royal College of Art (Londres, Reino Unido)

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El Royal College of Art de Londres. | Foto: Wikimedia Commons

En tercera posición para estudiar un máster de moda y diseño, BoF ha situado al Royal College of Art de Londres. Situado en el barrio de Kensington, cuenta como vecinos al Victoria&Albert Museum y al Royal Albert Hall como vecinos excepcionales. Sus cursos de posgrado están especializados en diseño de moda, telas y joyería. Los recursos de enseñanza, el profesorado y las instalaciones son lo más valorado por los estudiantes.

Admite a 106 estudiantes de posgrado, en un ratio de 10 alumnos por profesor y con un 25% de tasa de admisión. El precio de los posgrados puede llegar a 36.000 dólares para estudiantes internacionales.

Parsons School of Design (Nueva York, Estados Unidos)

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La escuela Parsons School of Design en Nueva York. | Foto: Flickr

En segunda posición para estudiar un grado se encuentra Parsons, según BoF. La publicación le otorga una puntuación de 71,4 sobre 100; los profesionales de la industria un 56 de 100 de influencia global, y los alumnos un 53 de valoración sobre el aprendizaje.

Parsons es quizás la escuela de moda más conocida de Estados Unidos. “Debido al énfasis que ha hecho en la empleabilidad de los estudiantes una vez graduados, la escuela ha ido subiendo puestos año tras año hasta situarse en el segundo puesto dentro del ranking de Bachelor”, explica la publicación. La tecnología de la escuela y las instalaciones del campus están muy bien valoradas por los estudiantes, aunque todavía no es suficiente la disponibilidad de apoyo financiero, según los propios estudiantes. La satisfacción de los alumnos se desploma al valorar los cursos de negocios y marketing.

Entre otros datos tiene más de 1.000 estudiantes, alrededor de 10 por clase y su ratio de admisión es de un 34%. Su precio alcanza los 47.000 dólares. De sus clases han salido, entre otros, el diseñador estadounidense Michael Halpern.

Royal Academy of Fine Arts Antwerp (Amberes, Bélgica)

Estas son las 10 mejores universidades del mundo para estudiar moda y diseño 1
La escuela Royal Academy of Fine Arts Antwerp en Amberes (Bélgica). | Foto: Flickr

En tercera posición del ranking para estudiar un grado en diseño y moda (en cuarta para estudiar un posgrado) se ha colado la pequeña pero prestigiosa escuela de artes de Amberes. Los estudiantes de moda de esta academia tiene que mezclarse en otros programas y deben tomar clases semanales de dibujo, historia del arte, filosofía del arte y métodos de investigación. Según los alumnos, la escuela empuja a los estudiantes a desarrollar un pensamiento independiente y conseguir un crecimiento sin tener que ser guiado constantemente. La reputación de esta escuela se remonta 350 años.

Solo admiten a 84 estudiantes, hay alrededor de 12 por clase y su ratio de admisión es del 20%. El precio de esta escuela es de 8.000 dólares para estudiantes internacionales. De sus aulas han salido una gran parte de los diseñadores belgas actuales.

Rankings completos de grado y máster

Este es el listado completo de las 10 mejores escuelas para estudiar un grado de moda y diseño:

  1. Central Saint Martins (Londres, Reino Unido)
  2. Parsons School of Design (Nueva York, Estados Unidos)
  3. Royal Academy of Fine Arts Antwerp (Amberes, Bélgica)
  4. London College of Fashion (Londres, Reino Unido)
  5. Aalto University, School of Arts, Design and Architecture (Helsinki, Finlandia)
  6. Shenkar College of Engineering, Design and Art (Ramat-Gan, Israel)
  7. Fashion Institute of Technology (Nueva York, Estados Unidos)
  8. Polimoda (Florencia, Italia)
  9. Kingston University (Londres, Reino Unido)
  10. University of Westminster (Londres, Reino Unido)

Este es el listado completo de las 10 mejores escuelas para estudiar un posgrado o un máster en moda y diseño:

  1. Central Saint Martins (Londres, Reino Unido)
  2. IFM Paris (París, Francia)
  3. Royal College of Art (Londres, Reino Unido)
  4. Royal Academy of Fine Arts Antwerp (Amberes, Bélgica)
  5. Fashion Institute of Technology (Nueva York, Estados Unidos)
  6. Bunka Fashion Graduate University (Tokio, Japón)
  7. Bunka Gakuen University (Tokio, Japón)
  8. London College of Fashion (Londres, Reino Unido)
  9. Polimoda (Florencia, Italia)
  10. ESMOD International (París, Francia)

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