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5 razones por las que 'Nunca me abandones' es completamente vigente en 2017

Nerea Dolara

Kazuo Ishiguro se ganó el Nobel de Literatura de 2017 y Nunca me abandones es una de sus mejores novelas. La adaptación al cine es genial. Aquí te decimos por qué hay que verla (o leer e libro) en 2017.

Kazuo Ishiguro se ganó un merecido Nobel de Literatura por una carrera discreta pero excelente escribiendo silenciosos dramas que marcaron tanto a sus lectores que terminó llevándose este premio 35 años después de escribir su primer libro. Ishiguro es un autor delicado y muy particular que se extiende entre dramas muy íntimos, como Lo que resta del día (que ganó el Booker Prize en 1989), hasta historias ubicadas en mundo imaginarios muy complejos, como El gigante enterrado (2015). Pero es una de sus novelas, publicada en 2005 y adaptada al cine en 2010, la que salta para muchos como la más memorable de su no muy extensa bibliografía (tiende a tomarse unos 5 o 6 años de promedio para escribir sus novelas, aunque también escribe cuentos y guiones): Nunca me abandones.

El libro, un hermoso ejemplo de narración en primera persona, y de desapego calculado que destruye al lector en cuanto llega a los tres momentos más emocionales de la historia porque sorprende y conmueve de forma intensa y real (es un relato que saca lágrimas, sin duda), fue incluido en la lista de Times como una de las 100 mejores novelas en lengua inglesa desde la fundación de la publicación, en 1923. Cinco años después de su publicación la historia llegó al cine en una adaptación fiel, conmovedora y excelente que tuvo poca o ninguna repercusión (para sorpresa general de críticos y quienes la vieron). Y hoy, para celebrar el Nobel de Ishiguro (y para invitar a comprar el libro, que es una joya), vamos a revisar las razones por las que la película (y la novela) son indispensables en el presente en que vivimos.

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Imagen de la adaptación al cine de la novela de Ishiguro | Imagen vía Fox Searchlight Pictures.

La trama

Nunca me dejes ir es una historia dura, pero también misteriosa. Saber su secreto no cambia su impacto, pero sería ignorar los deseos del autor, que revela la terrorífica realidad lentamente, no decir SPOILER ALERT antes de seguir. En este relato tres niños, Kathy, Tommy y Ruth, crecen en un internado británico, al parecer son huérfanos, como todos los niños del lugar, en que, a cierta edad, los adolescentes son llevados a otro sitio. Desde el principio se habla de deber y servicio y cuando los niños, que crecen en una infancia casi tan idílica que es sospechosa, son informados de su responsabilidad de vida la narradora, Kathy, lo cuenta sin inmutarse: ellos, todos ellos, son clones de personas vivientes que quieren desafiar la muerte, para hacerlo sus copias humanas se convierten en donantes de órganos vitales que fallan, hasta que mueren tras haber cumplido su función.

Puede que ya en el año 2005 este futuro pareciese a la vez una paranoia retro y una escabrosa visión de futuro. Como si de un episodio de Black Mirror se tratara, pero mucho antes de que existiese, esta historia parece alcanzable en poco tiempo y tan posible que es terrorífica. ¿Quién no imagina a clases privilegiadas, a ese 1% que acumula más del 80% de la riqueza mundial, cultivando donadores eternos de órganos? ¿Quién no se imagina que esto podría pasar ya?

El problema que tienen Kathy, Ruth y Tommy es que son humanos, aunque no lo sean en origen. Sienten amor y dolor, son capaces de la traición y la amistad, son seres con emociones que serán despedazados por piezas… y eso, salvo que nos neguemos a la realidad de un mundo cada vez más indiferente y relativista, resulta altamente posible.

La estética

Mark Romanek es un buen director. Miembro de una generación de directores de vídeos musicales (como Spike Jonze), es el responsable de los vídeos de Criminal, de Fiona Apple; de Hurt, de Johnny Cash y otros cientos más. Su currículo cinematográfico tenía, antes de Nunca me abandones, a Retratos de una obsesión (esa película en que Robin Williams traumó a todo el mundo como el dependiente de un sitio de revelado fotográfico que acosa a una familia) a la cabeza, pero poco más relacionado con cine. Sin embargo, la estética retro-futurista de Nunca me abandones parece sacada de la cabeza de alguien mucho más avezado en el mundo del cine. Romanek tiñe los espacios de blancos y azules fríos, y a sus personajes de ropas entre vintage y roñosas de colores terrenales. Nunca hay colores intensos, nunca una paleta que exude felicidad… más bien una suma de colores escandinavos y estética minimalista y marrones y mostazas y espacios antiguos y descuidados. Un balance que hace de este futuro incierto (nunca se sabe el año en que se desarrolla) algo tan posible como atemporal para el espectador.

El reparto

Los tres personajes principales tienen nombres de actores británicos que en ese entonces ya eran conocidos, pero no eran nombres alla Hollywood como ahora. Carey Mulligan, Keira Knightley y Andrew Garfield interpretan a los adultos en que se convierten los niños protagonistas, quienes viven la desgracia y la rutina de ser quienes son y tener las responsabilidades que tienen. Charlotte Rampling es la encargada del internado en que crecen, distante y señorial, y Sally Hawkins es una de sus profesoras que, agobiada por el peso de la culpa, los abandona en su infancia y mira hacia otro lado. Hay pocos más personajes importantes. El drama, aunque plagado de ciencia ficción, se relata muy cerca del alma, del ser de cada uno, de su reducida experiencia vital.

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Imagen de la adaptación al cine de la novela de Ishiguro | Imagen vía Fox Searchlight Pictures.

La narración

Como la adaptación televisiva de The Handmaid’s Tale de Margaret Atwood, esta adaptación al cine adopta con propiedad el monólogo interno de su narradora (ambas son mujeres). Y como en el de Atwood (aunque no en la serie, que opta por darle un espíritu más rebelde), la narradora de esta historia retrata sus circunstancias sin criticar en exceso. Ambas mujeres asumen su doloroso estatus quo porque un cambio es completamente inviable cuando el abuso y la injusticia están tan asumidas como normales. Nunca me abandones recuerda a The Handmaid’s Tale y aunque más apagada en su versión fílmica (es mucho más fiel al material original) genera la misma angustia existencial sobre el valor de la vida y el peligro del mal manejo del poder en nombre del miedo.

Las preguntas

Nunca me abandones plantea una pregunta que es casi tan vieja como la ciencia ficción: si un ser creado (sea un clon, sea un robot…) piensa y siente, ¿es humano? ¿Qué lo diferencia? ¿Ser humano está definido por la forma de nacimiento? Mucha literatura y audiovisual han explorado el tema, y en este caso no está ahí como una discusión abierta, ni siquiera los propios personajes que lo sufren se rebelan ante la idea de su “naturaleza útil”, y es justo esa indiferencia, esa normalización, ese aire de fábrica y de producción en serie lo que hacen de esta pequeña historia algo universalmente conmovedor.

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Kazuo Ishiguro, el lento camino a la cumbre

Jorge Raya Pons

Foto: TOBY MELVILLE
Reuters

Kazuo Ishiguro nació nueve años después de que un avión norteamericano bombardeara su ciudad, Nagasaki. Aquel acontecimiento cambió su vida, pero eso no lo supo hasta más adelante. “Mi madre estaba allí cuando cayó la bomba atómica”, dijo Ishiguro en una entrevista para The Paris Review. “Su casa tembló, y solo cuando llovió se dieron cuenta de la magnitud del daño. El techo comenzó a caer en pedazos, como si un tornado lo hubiera golpeado. Mi madre fue la única herida de su familia, con dos padres y cuatro hermanos, que resultó herida. Un pedazo de las malezas le alcanzó. Ella cuenta que la bomba no era lo que más le asustaba. Lo que realmente le asustaba era un refugio subterráneo situado en la fábrica donde trabajaba. Todos estaban hacinados en la oscuridad y las bombas caían sobre ellos. Pensaban que iban a morir”.

La familia Ishiguro abandonó Japón cuando el pequeño Kazuo tenía cinco años, y el escritor no regresó a sus orígenes hasta 29 años más tarde. Su japonés, como él mismo reconoce, es terrible. Su infancia comenzó a construirse en un pequeño pueblo al sur de Inglaterra, llamado Guilford, y descubrió su vocación literaria tras un curso de escritura creativa cuando era universitario. En aquel entonces su verdadera pasión era la música, y algo de aquello permanecía cuando se llevó las manos a la cabeza y saltó de alegría por la concesión del Nobel en 2016 a la leyenda Bob Dylan.

Ahora es él, que anteponía la guitarra a la pluma, quien recibe el honor y los nueve millones de coronas suecas. “Ha revelado, en novelas de una poderosa fuerza emocional, el abismo que hay bajo nuestro ilusorio sentimiento de confort en el mundo”, ha argumentado la secretaria vitalicia de la Academia Sueca, Sara Daniu, tras anunciar la decisión de los académicos. “Si mezclamos a Jane Austen con Kafka, tenemos como resultado a Kazuo Ishiguro”.

Las obras que marcan su lento camino a la cumbre tienen un punto de soledad y de amargura y de cierto alivio en la distopía. Los académicos señalan Los restos del día como su “obra maestra”, pero es improbable que hayan olvidado Nunca me abandones. Kazuo recuerda que cuando escribió Los restos del día su vida se convirtió en la ficción de la novela. “No hacía otra cosa que escribir desde las 9 de la mañana hasta las 10 y media de la noche, de lunes a sábado”, dijo en una entrevista. “Me tomaba una hora para comer y dos horas para cenar. No se trataba solamente de trabajar más, sino también de alcanzar un estado mental en el cual mi mundo ficcional se volviera para mí más real que el mundo actual“.

Quien confió en editarlo en España fue Jorge Herralde, editor de Anagrama, que conoce bien su obra y que apunta sin dudar a los compañeros de EFE que este reconocimiento es “tan inesperado como merecido”. “Es un autor magnífico, de trabajo lento”, dice. “Desde el anterior libro hasta El gigante enterrado (2015) han pasado siete años. Me recuerda al caso de Patrick Modiano, que siempre había publicado como en sordina libros excelentes y cuando le dieron el Nobel la secretaria que leyó el fallo dijo que ‘era el triunfo de la gran literatura’. En el caso de Ishiguro eso se redobla”.

Cuenta Herralde que el autor británico está “como al margen de la sociedad literaria”. “Me ha contado su agente que, cuando le han dicho que había ganado el Nobel, ha contestado: ‘¿Qué premio?’”. Su nombre estaba muy lejos de los primeros puestos de las casas de apuestas. “Ishiguro ni se lo imaginaba”. Entonces uno vuelve atrás y piensa en aquel curso de escritura: qué le enseñarían y cuánto existiría.

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Distopías en las que nunca acabará el mundo...o en las que puede que sí

Nerea Dolara

Inteligencia Artificial, calentamiento global, Estados totalitarios, esos son rasgos de futuros humanos que no parecen tan lejanos. Pero el cine y la televisión no sólo se imaginan distopías viables, también las hay imposibles.

Imaginar futuros catastróficos es un ejercicio muy común en la ficción. Una especie de fábula y una oportunidad de dejar a la imaginación volar libre (la mayoría de las veces de forma sádica) y crear un mundo que no se conoce aún. La oferta es amplia y diversa y, en un momento que parece bañado por señales de malos tiempos por venir (intolerancia, prejuicios, populismos, terrorismo, calentamiento global),  (a modo de quienes guardan mochilas de supervivencia o tienen planes para una epidemia zombie) y los que son muy poco viables.

(Advertencia de Spoilers)

Firefly (2002-2003). Poco viable.

Esta serie de Joss Whedon, que sólo duró una temporada y que se ha convertido en un producto de culto, se desarrolla en el año 2517 y asume un futuro en que, sí, hay viajes espaciales y muchos planetas “terrificados” (en los que han reproducido las condiciones de la Tierra) y un gran gobierno controlador, La Alianza, pero la realidad del día a día del grupo que vuela en una nave destartalada comandada por Malcolm Reynolds (Nathan Fillion) es el de un western espacial. Y sí, puede que todo lo demás sea viable, pero que el futuro se convierta en el Viejo Oeste espacial es poco probable -a menos que se asuma como un “juego”, sí, hablo de ti Westworld-, aunque muy entretenido.

Nunca me dejes ir (2010). Viable.

Basada en una novela de Kazuo Ishiguro, esta excelente película -que pasó muy desapercibida sin merecerlo- se desarrolla en un futuro cercano, aunque al principio no sea obvio. Si no se sabe nada de la historia es mejor evitar tener más información, parte del horror proviene de la revelación de lo que este futuro significa para los protagonistas y para nosotros como humanos. Kathy, Tommy y Ruth crecen huérfanos en una escuela algo sospechosa que resulta ser el lugar en que cuidan y educan a los clones de seres humanos con recursos e intención de vivir eternamente y que utilizarán, antes de que lleguen a sus treinta años, como donantes de órganos vitales… hasta que mueran en una de las cirugías. Los problemas morales y éticos no se toman en cuenta, tampoco el hecho de que estos clones sienten y piensan. La naturalidad con que se desarrolla la historia es lo que más hiela la sangre.

La carretera (2009). Viable

Esta adaptación de la novela de Cormac McCarthy en que un padre y un niño intentan sobrevivir en un mundo arrasado por un desastre -que parece nuclear- y en el que el canibalismo, la violencia y la deshumanización son la norma no parece muy alejado de lo que podría pasar si un gran desastre acabase con los recursos y el hambre y el miedo se apoderaran de la rutina. Al final se trata, como todos los escenarios que parecen posibles, de imaginar el desarrollo de la naturaleza humana en las peores condiciones… y según los ejemplos que tenemos a mano (aunque haya excepciones de bondad y solidaridad) las probabilidades no son buenas.

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Fotograma de “Idiocracy”

Idiocracy (2006). Por favor no.

Hace unos años pensar que el mundo de esta película, en que un tipo mediocre es congelado y aparece en el futuro sólo para descubrir que el mundo se ha convertido en lo peor de la televisión basura y la publicidad engañosa -ah y que la contaminación es rampante y todo el mundo es idiota-, era viable parecía un mal chiste… una exageración ante, sí, el aumento de reality shows, productos que se inventan necesidades y una cultura que enaltece más a Kim Kardashian que a Cervantes. Ahora, con la llegada del mundo “post-hechos” no parece tan gracioso.

Bladerunner (1982). Viable.

En este futuro, 2019, el mundo está ultra contaminado, gobernado por las leyes salvajes del mercado, los animales están casi extintos en su totalidad y los replicantes, modelos de androides humanoides, son utilizados como mano de obra esclavizada fuera de la Tierra… los que se rebelan y viven en el planeta son cazados y asesinados.

Logan’s Run (1976). No viable.

A ver en este futuro la alegoría va de la obsesión con la juventud en nuestra cultura y el miedo a la sobrepoblación -miedo con base- pero la solución que ofrece este futuro parece demasiado exagerada… incluso en una lista en que el canibalismo y la inteligencia artificial asesina parecen posibles. En este mundo una vez que llegas a los 30 tus opciones son renacer o morir de forma brutal… o, como deja claro el nombre, correr a ver si escapas de la policía y logras vivir unos años más. ¿Le tenías miedo a los 30 años? Ya tienes la solución, sólo piensa en Logan y compañía, te relajará.

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Fotograma de “Black Mirror”

Black Mirror (2011-). Viable

Cada episodio es diferente en esta traumática serie británica, pero en la mayoría de los casos el futuro cercano, y terrorífico, que exhiben es tan posible que las pesadillas son una consecuencia casi indeleble. Ya sea un mundo en que chips implantados en el cerebro para hacer re-play de todo lo que hemos visto en el día o uno en que todo se define por el ránking que tengas en una red social o uno en el que un dibujo animado se postula como presidente… el futuro que presenta Black Mirror es horrible, pero nunca parece muy lejano.

The Purge (2013). No viable.

En esta franquicia cinematográfica se resume en esta premisa: en este futuro hay un día al año, el día de la purga, en que es legal matar, violar y torturar a quien sea. La gente, armada con lo que se encuentre, sale a las calles a desatar sus peores instintos… si eres pobre estás peor -nada de rejas en tu casa y ya ni hablemos si tienes la poca fortuna de vivir en la calle- y si eres rico no estás salvado, pero pagas protección. No parece un gran horizonte al que aspirar y a nivel de posibilidad está en los porcentajes bajos…a qué gobierno se le ocurriría dejar a la gente armarse y matarse un día al año (conste, la duda no proviene de que un gobierno tenga la sensatez de no hacer esto, sino de que tenga la previsión de que gente armada y suelta no tiende a dejarse controlar).

Ex-Machina (2015). Viable

Esta película indie no es Terminator, pero propone la misma premisa… sólo que con mucha menos acción y mucha más discusión moral y filosófica. En un lugar remoto un científico ha creado la que cree es la primera expresión de verdadera Inteligencia Artificial. Para comprobarlo llama a uno de sus empleados, que, encerrado en ese espacio sin ventanas y aislado, debe interactuar con la robot diariamente y evaluar si tiene conciencia. No es difícil imaginar que las cosas no terminan bien y que los humanos no están retratados de la mejor manera.

Distopías en las que nunca acabará el mundo...o en las que puede que sí
Fotograma de “Wall-E”

Wall-E (2008). No viable

Siempre se espera que no llegue a esto, pero en el mundo de Wall-E la Tierra ha tenido que ser abandonada – la basura se quedó con todo el espacio y el aire es irrespirable – y los humanos recorren el espacio en una gran nave crucero, subidos a sillas móviles y pegados a pantallas: sin interactuar, sin moverse, sin saber lo que es una planta o la vida como se conoce en el presente. ¿Exagerado? Sí. Viable, por favor esperemos que no.

Cuando el destino nos alcance (1973). Por dios no.

Vale, ninguno de los futuros presentados en la lista es deseable, eso es claro. Pero en este nada, y es nada, es deseable… y eso antes de conocer la revelación final. La economía del mundo ha colapsado, la contaminación es rampante, los recursos naturales casi han desaparecido y hay sobrepoblación… ah y la alimentación que provee el Estado a quienes tienen la “suerte” de recibirla es en forma de barras energética elaboradas con “plancton” o, como se descubre luego, con gente. Sí, es un muy mal futuro en el que existir.

(Fuera de la lista están las distopías más clásicas como 1984, Un mundo feliz, Fahrenheit 451 y otras narraciones míticas que han establecido muchas de las características de las historias posteriores).

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Conoce a Joel Kinnaman, protagonista de Altered Carbon

Nerea Dolara

Foto: Netflix
Netflix

Sorprende con su físico y su intensidad dramática en la serie de Netflix, pero Kinnaman ha estado en el cine y la televisión por más de una década. Te apostamos que ya le habías visto más de una vez.

Joel Kinnaman cuenta que cuando llegó al set de Altered Carbon se quedó boquiabierto. Según su descripción en WWD la localización de la exitosa serie de ciencia-ficción de Netflix ocupaba la extensión de tres campos de fútbol construidos a modo de ciudad futurista y llenos de más de 400 extras en acción. 

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Para Altered Carbon entrenó  de 3 a 5 horas al día durante seis meses, quería hacer sus propias escenas de acción. | Foto: Netflix

Kinnaman no es nuevo para la televisión, tampoco lo es en las producciones de alto presupuesto. Pero es posible que te cueste identificarlo en su rol de Takeshi Kovacs, no es sorprendente, este actor de origen sueco entrenó de 3 a 5 horas al día durante seis meses para tener el musculoso cuerpo de Kovacs y poder hacer sus secuencias de acción: “Mi ambición era tomar los aspectos físicos del personaje y las escenas de acción y llevarlos a otro nivel. Quería hacer mis propias escenas, sin doble. A hora cuando lo veo me siento orgulloso”, dijo a NME.

Pero ¿qué hacía Kinnaman antes de Altered Carbon? En su Suecia natal ya había trabajado en muchas series y películas -forma parte de la serie de cintas sobre Johan Falk- antes de mudarse a Estados Unidos para probar en Hollywood. Previo a su trabajo en EEUU incluso llegó a ganarse el premio Gulbadgge a Mejor Actor por su papel protagónico en la película Easy Money, un thriller sobre un hombre pobre (Kinnaman) que vive fuera de sus posibilidades en los suburbios de Estocolmo y que, tras conocer a una hermosa y rica chica, se involucra con el mundo del crimen organizado. Esto fue en 2010. En 2011, Kinnaman tendría su gran oportunidad americana con la serie The Killing (ya había intentado tenerla en Thor y Mad Max pero al final no le dieron los roles).

Una adaptación de una serie danesa, este relato sobre el asesinato de una chica en un pequeño pueblo y la subsecuente investigación fue una gran apuesta para AMC y tuvo, por lo menos en su primera temporada, buenas críticas. Kinnaman era, nada más y nada menos, que el co-protagonista. Junto Mireille Enos era uno de los detectives, Stephen Holder, encargado de resolver el caso.    

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En The Killing era el desquiciado detective siempre al borde un colapso. | Foto: Netflix

Producto de su trabajo en The Killing (que terminó por tener una historia rocosa que incluyó dos cancelaciones y dos rescates y finalizó en 2014), Kinnaman consiguió más trabajos, uno de ellos en una poco conocida película junto a Denzel Washington y Ryan Reynolds, Safe House (2012). Pero puede que su mayor rol en esos primeros tiempos fuese el del policía Alex James Murphy en el remake de Robocop. Y aunque contaba con un buen reparto -Gary Oldman, Samuel L. Jackson, Michael Keaton- la nueva entrega  basada en el original de Paul Verrhoeven no tuvo el éxito esperado.

Ya en 2016, otro filme con mucho presupuesto se atravesaría en su camino. Suicide Squad lo incluyó en su grupo de superhéroes mal comportados en el papel de Rick Flag, un agente que se une al equipo con el propósito de rescatar a June Moone, la doctora poseída por Enchantress y la villana del filme. Y sí, la película tuvo alguna de las peores críticas del año y es odiada por muchos, pero a Kinnaman no le importó en exceso. “Para mí lo más emocionante es intentar hacer cosas que sean tan diferentes como se pueda. Si en algún momento tuviese la suerte de tener una audiencia que siguiese mi trabajo, me gustaría que siempre estuviesen preguntándose: ¿qué hará en su siguiente rol?, dijo el actor a Indiewire cuando se estrenó la cinta.

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Entró a Suicide Squad a reemplazar a Tom Hardy. | Foto: IMDB

También en 2016, el actor se unió al reparto de House of Cards, como el gobernador Will Conway, el candidato que siempre amenaza la estancia en el poder de Frank Underwood: conservador, pero joven, con una hermosa esposa e hijos, una buena carrera política y las credenciales de haberse enlistado en el ejército después del 11 de septiembre. Conway fue un personaje recurrente, y molesto para Underwood, en la cuarta y quinta temporadas de la serie.

Kinnaman ya conocía la historia de Altered Carbon (los libros originales de Richard K. Morgan) y estaba interesado en comprar los derechos para su recién fundada compañía de producción, pero ya los tenía un poderoso productor, así que se dio por vencido. Unos meses después vio la noticia de que se convertiría en serie. Al principio no estaba seguro de volver a la pantalla pequeña, pero la visión de los creadores le convenció.

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En House of Cards era el niño de oro republicano, candidato perfecto y némesis de Frank Underwood.  | Foto: Netflix

Takeshi Kovacs, el protagonista al que interpreta, es un revolucionario detenido por decenas de años y revivido -en esta sociedad del futuro la conciencia se almacena en discos y los cuerpos son intercambiables- dentro de un cuerpo nuevo para investigar el intento de asesinato de un millonario poderoso. La serie, que tiene muchas referencias a Blade Runner y una dirección de arte muy cinematográfica, ha tenido buenas críticas, pero es posible que Kinnaman no vuelva para una segunda temporada. La premisa de la serie -los cambios de cuerpo- permiten reemplazar actores sin problemas, y en estos últimos días se ha hablado de que Kinnaman no volverá para una nueva entrega. ¿La razón? Ya firmó un contrato para trabajar en una nueva serie, esta vez de Amazon Prime, que será una adaptación de la película Hannah, de Joe Wright. Además, los libros de Morgan desarrollan la acción siguiente en otros planetas y con otros personajes. Kinnaman también tiene en espera el rodaje de la segunda entrega de Suicide Squad, aunque aún no se sepan las fechas definitivas.

Lo cierto es que este sueco ya logró lo que quería: una carrera exitosa. ¡Ah! Y además tiene una esposa cool, la artista de tatuajes Cleo Wattenström (que debe haberle regañado por ese infame tatuaje que le hizo Will Smith tras rodar Suicide Squad) y proyectos por venir. Kinnaman promete seguir en nuestros radares por un tiempo… y bienvenido sea.

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¿Cómo estuvo Sundance 2018?

Nerea Dolara

Foto: IMDB
IMDB

¿Qué películas queremos ver? Sundance 2018 cerró su edición en Park City con una amplia oferta de estrenos indies que valen la pena.

A finales de enero las calles de Park City, Utah volvieron a ser las mismas. Unos días antes una multitud de actores, directores, guionistas, productores y distribuidores asistían al Festival de Cine de Sundance, el mayor mercado y proyector de cine independiente desde hace décadas. ¿Por qué es importante Sundance? Un ejemplo, en 2017 The Big Sick y Call Me By Your Name consiguieron allí su distribución y antes de ellas se estrenaron allí películas como Whiplash, Blood Simple, Winter’s Bone, Reservoir Dogs, Memento o Cuatro bodas y un funeral (por nombrar unas pocas). En Sundance se abre de nuevo la carrera por los premios, ya de 2019. Es un barómetro del cine indie y también de su mercado… porque en el festival no sólo se ven películas, también se compran.

Hablemos primero de las películas que probablemente tengan peso en 2018, aunque este año haya sido más discreto que sus predecesores inmediatos. Está Bodied, por ejemplo, producida por Eminem, que relata la historia de un rapero blanco que intenta triunfar en ese mundo musical; o Blaze, de Ethan Hawke, en que él mismo interpreta al músico Blaze Foley en un relato lleno de saltos temporales, actuaciones musicales y buenas interpretaciones; o The Tale, que le ganó a su protagonista, Laura Dern, admiración general de la crítica; o Ophelia, una nueva narración de Hamlet, desde el punto de vista de su amada, que tiene a Daisy Ridley (Star Wars) en el rol principal; o Wildlife, la ópera prima de Paul Dano que ya está generando rumor de Óscar para su protagonista, Carey Mulligan; o Tully, la nueva aventura de humor negro de Diablo Cody, que tiene a Charlize Theron como una madre harta de sus hijos y de la maternidad.

¿Cómo estuvo Sundance 2018?
Ofelia | Imagen: IMDB

También están las películas de cuatro directoras, que se llevaron los galardones de dirección en pleno: The Kindergarten Teacher de Sara Colangelo, On Her Shoulders de Alexandria Bombach, And Breathe Normally de Ísold Uggadóttir y Shirkers de Sandi Tan.

Pero es posible que la película más importante del festival, no sólo porque el público la adoró y la crítica la veneró, sea Hereditary. El terror lleva algunos años haciendo de las suyas peleando por ser un género al que se le reconozca su valor, no sólo como parte del panteón de la cultura pop, sino como una obra de arte como cualquier otra buena película. Ya antes de Hereditary los festivales han recibido con brazos abiertos, y celebrado ampliamente, cintas como The Witch, It Follows, Babadook o Get Out, y este nuevo estreno ha tenido la misma suerte. La película, protagonizada por Toni Collete, relata la historia de una madre en duelo que es atormentada en su propia casa por presencias sobrenaturales. Tras su estreno Internet se llenó de artículos que la llamaban: la película que mató de miedo al público de Sundance.

Otro elemento a tomar en cuenta de esta edición de Sundance, además de las películas que se estrenaron, es qué sucedió con su mercado de distribución. Los dos últimos años, por ejemplo, Amazon y Netflix gastaron decenas de millones adquiriendo películas como The Big Sick, Manchester by the Sea, Mudbound, este año no fue igual. De hecho los dos servicios de streaming, que también son estudios, dejaron el festival con las manos vacías por primera vez.

Según Business Insider ambas compañías estarían pensando en reducir sus costos en compra de derechos de estrenos indies. Netflix, por su parte, porque ha entendido que a sus suscriptores no les importa si la película es un estreno exclusivo o si llega a su servicio semanas después. Y Amazon porque ya cerró su presupuesto para 2018.

También puede especularse que ambas empresas llevan varios años gastando millones en distribución y producción, pero aún no parecen ganar ese mismo dinero con los estrenos. De hecho, el plan, según Bussiness Insider, es producir proyectos propios con grandes estrellas, alla Bright con Will Smith en Netflix.

Lo cierto es que Sundance dejó, como siempre, un amplio cartel de películas que recorrerán cines y televisiones durante los próximos años y que de seguro, tendrá presencia en los premios del próximo año. Esto es así, cuando aún no se ha entregado el Oscar 2018, ya se piensa en el de 2019. Pero no todo son premios. Sundance es el hogar del indie, y como tal este año estrenó joyas que esperamos (escuchen distribuidores) lleguen a las salas, tan llenas de superhéroes que ofrecen pocos espacios para otro tipo de cine.

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