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5 rodajes de películas que en realidad fueron pesadillas

Nerea Dolara

Foto: IMDB
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Netflix estrenó Jim y Andy, un recopilatorio del material que se grabó tras las cámaras en Man on the Moon… y da la sensación de haber sido un horror. Pero ha habido rodajes peores. ¿Cuáles? Aquí tienes cinco ejemplos.

Jim y Andy se estrenó esta semana en Netflix. Este extraño documental muestras las muchas horas de tiempo detrás de cámara del rodaje de Man on the Moon, donde Jim Carrey interpretó al osado comediante Andy Kaufman. ¿Por qué no se había visto este material? Jim Carrey optó por existir todo el rodaje en personaje y, si se tiene idea de quién era Kaufman, esa decisión le hizo la vida imposible a todo el equipo… el rodaje fue una especie de pesadilla.

Pero tampoco fue como otros, mucho, mucho más desastrosos. En estos tiempos un rodaje desastroso tiende a no sobrevivir: o se detiene la producción o se despide al director o se acaba la carrera de quien hizo la película, así sin más. Los tiempos en que una película podía salirse locamente de presupuesto y de tiempo ya no existen, pero no hace mal recordar esas historias de desmadre.

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Uno de los fotogramas míticos de Apocalypse Now | Imagen IMDB

Apocalypse Now (1979)

Sí, puede que sea uno de los rodajes complicados más famosos del cine. En resumen: Francis Ford Coppola se salió tanto de tiempos (era temporada de monzones y por alguna razón esto no se tomó en cuenta) y presupuesto (empeñó todo lo que tenía para terminarla) que la película era ya un mito antes de estrenarse. Si se suma a esto que la mayoría del equipo tuvo paludismo, que Martin Sheen sufrió un infarto en pleno rodaje o que Marlon Brando exigió 1 millón de dólares pero luego ni siquiera se aprendió sus diálogos… bueno, es normal que haya sido una experiencia traumática. De ella hay un registro, Eleanor Coppola se dedicó a grabar el proceso y luego se estrenó un documental llamado Corazones en tinieblas. Merece la pena verlo.

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Elizabeth Taylor en Cleopatra | Imagen vía IMDB

Cleopatra (1963)

Bueno, esta es definitivamente la películas más cara (con el ajuste de inflación sigue sin ganarle ninguna) y complicada de la historia. Esta épica histórica fue tal caos que antes de que rodara ni un minuto ya se habían gastado 4 millones de dólares de un presupuesto que se esperaba que llegara sólo a 2 millones. Se construyeron enormes sets que nunca se usaron, se cambió más de una vez de director, Elizabeth Taylor y Richard Burton comenzaron un escandaloso y público romance y al final del rodaje se habían gastado 44 millones de dólares y se entregó una película con una duración de seis horas. Cleopatra fue un éxito cuando por fin llegó al cine, pero el estudio estuvo a punto de quebrar gracias a los costes y fue muy difícil recuperar el gasto.

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El tiburón no era tan grande como lo imaginábamos | Imagen vía IMDB

Tiburón (1975)

En este tiempo Steven Spielberg era un joven director prometedor, con menos de 30 años aún no era el nombre poderoso que es hoy en día y fue esta película la que lo llevó a la gloria… pero no antes de amenazar con acabar con su carrera antes de empezar. Por amor a la exactitud, Spielberg solicitó rodar este thriller no en una piscina controlada sino en la playa, en Martha’s Vineyard. La consecuencia de esta decisión fue que el tiburón animatrónico, que tenía muchísimo más tiempo en cámara del que tiene en el resultado final, se dañase una y otra vez producto del agua salada. Bruce, así lo bautizaron, mal funcionó tanto que todo el rodaje se retrasó y Spielberg estuvo a punto de ser despedido. ¿Además? En una de las escenas en el pequeño bote hubo un accidente y se hundió, Roy Scheider tuvo que romper a golpes el cristal de la cabina para salir y no ahogarse. ¿Más? En medio del rodaje de una escena en el agua el bote donde estaba la cámara se hundió. Técnicos viajaron con el filme en agua, en un avión, para intentar salvar el trabajo ya hecho. ¡Ah! Y no se olvide que Richard Dreyfuss y Robert Shaw (que se pasó borracho todo el rodaje) se odiaban a muerte.

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Klaus Kinski en el rodaje de Fitzcarraldo| Imagen vía IMDB

Fitzcarraldo (1982)

Werner Herzog y Klaus Kinski no eran hombres fáciles. Con egos considerables, una tendencia hacia los gestos dramáticos y hacia la intensidad intelectual, eran buenos trabajando juntos hasta que la marea cambió. Eso pasó en Fitzcarraldo. El descabellado proyecto de Herzog contaba la historia de un hombre amante de la música que decide construir un teatro de ópera en medio de la selva latinoamericana. El rodaje se llevó a cabo, sí, en la selva. Y Herzog, en una de sus más locas decisiones (ha habido más) decidió cumplir con lo que el guion contaba de una forma extrema: Su protagonista decide llevar un barco de vapor a su localización y para ello debe arrastrarlo por la selva. En vez de hacerlo con miniaturas, Herzog lo hizo de verdad. Para llegar a este punto estuvo tres años en pre-producción y tuvo bajas que darían pesadillas a cualquier asegurador como una cortada gigante en la mano de su director de fotografía, que se cosió sin anestesia, o el hecho de que un miembro del equipo tuvo que cortarse el pie (sí, cortarse el pie) para evitar morir cuando le picó una serpiente venenosa.

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Fotograma de Titanic | Imagen vía IMDB

Titanic (1997)

No era la primera vez que James Cameron asumía un proyecto que terminaba por írsele de las manos. The Abyss había logrado terminarse, pero con amplios excesos de presupuesto y como un recuerdo traumático para equipo y actores que tuvieron que trabajar semanas de 70 horas sin descanso y grabar escenas (una tomaba un día entero) todo el tiempo bajo el agua. ¿Y si tuviste una horrible experiencia con el agua en otra de tus películas por qué no volver? Al parecer eso pensaba Cameron que se metió de lleno en Titanic y salió ileso de milagro (porque la película fue un éxito sin precedentes). Titanic se pasó de presupuesto casi de inmediato, Cameron era un déspota en el rodaje (su actitud es bastante legendaria), el agua estaba realmente helada (los labios morados de Kate Winslet cuando camina por el barco sumergida en agua no son maquillaje) y era tal el descontento que un miembro del equipo vertió un alucinógeno en la sopa de los demás para perjudicar el rodaje. Los productores exigieron a Cameron que terminara la película y este renunció. Al final lo llamaron de vuelta y la película llegó a los cines.

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Insultos, inteligencia y sátira política o la genialidad de Armando Iannucci

Nerea Dolara

Foto: IMDB

Es el creador de Veep y el guionista y director de La muerte de Stalin, estrenada el año pasado en Reino Unido y que llegará a las pantallas españolas el 9 de marzo. Este escocés es la voz más respetada en la sátira política y con razón, su escritura es tenaz, brillante e hilarante.

Sátira política, de esa que se encuentra poco estos días -inteligente y muy graciosa- y que ha terminado por convertirse en triste espejo de la realidad del poder, eso es lo que define el trabajo de Armando Ianucci. Este guionista y director de origen escocés no tiene piedad ante los egos inflados, los comportamientos infantiles y las conspiraciones rastreras de quienes ocupan espacios de poder y es por ello que sus películas y series no son solo hilarantes, sino muy honestas.

Iannucci lleva mucho tiempo siendo un ídolo de la sátira política en el Reino Unido, pero su dominio se expandió a Estados Unidos y el mundo cuando estrenó Veep, una comedia producida por HBO sobre la vicepresidenta de EEUU, Selina Meyers (interpretada genialmente por Julia Louis-Dreyfus), su ambición y su patética idiotez. Veep, que Iannucci lideró desde 2011 hasta 2015 -dejó la serie por cansancio pero en buenos términos, aún la sigue y admira el trabajo de los guionistas que se quedaron a bordo-, ha sido un éxito como pocos: durante su tiempo al aire se ha ganado el Emmy a Mejor Serie de Comedia durante tres años consecutivos y le he ganado a Louis-Dreyfus el Emmy a Mejor Actriz durante cada año que la serie se ha emitido, sin interrupción.

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Julia Louis-Dreyfus en Veep | Imagen: IMDB

Pero Ianucci comenzó en su Reino Unido natal como un estudiante de literatura inglesa en Oxford que en su adolescencia había considerado ser cura, que leía transcripciones de los debates del parlamento y que tenía por padre a un inmigrante italiano que publicaba un periódico anti-fascista y había peleado con los partisanos en la Segunda Guerra Mundial. Durante su posgrado, centrado en los estudios de los escritos de John Milton, Iannucci abandonó sus estudios para dedicarse a escribir humor y fue contratado rápidamente en BBC Radio como guionista del programa satírico On The Hour, un noticiero absurdo de ficción que tenía como protagonista al mítico personaje Alan Partridge, interpretado por Steve Coogan y que se convertiría en uno de sus roles más reconocidos.

El programa, que tuvo éxito, se mudó a la televisión con el nombre The Day Today y Partridge apareció en una serie de producciones en que también estaba Iannucci como escritor.

Todo iba bien. Iannucci tenía una carrera estable e incluso presentaba sus propios shows -la serie The Armando Iannucci Show es un gran ejemplo, en ella se discutían en sketchs de humor absurdo temas filosóficos y existenciales- pero a principios de los 2000, cuando Tony Blair comenzó su ascenso al poder, Iannucci estaba dando vueltas a una idea: una sátira sobre el primer ministro. Iannucci es laborista, pero eso no le impedía ser crítico, menos cuando Blair apoyó la Guerra de Irak. Así nació The Thick of It, una corta serie de cuatro episodios emitida en la BBC (porque hay países que respetan sus emisoras estatales y no las convierten en espacios de propaganda o protección gubernamental) sobre un primer ministro incompetente y su equipo de trabajo (sobresalía el jefe de comunicación, interpretado por Peter Capaldi, a quien Iannucci conoció en la infancia, ya que asistían al mismo colegio).

El ritmo, ese que luego se convertiría en marca del estilo de Iannucci, era rápido, agresivo y con diálogos llenos de groserías. Y el resultado fue un éxito impresionante. Esto fue en 2005. En 2009, tras un proyecto fallido de llevar The Thick of It a una adaptación americana, se estrenó In The Loop, versión cinematográfica de The Thick Of It que incluía muchos de los personajes originales, incluido Malcom, el escocés jefe de comunicación que no para de maldecir interpretado por Peter Capaldi. La película recibió una nominación al Óscar por guión adaptado.

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Escena de In the loop, dirigida por Iannucci | Imagen: IMDB

Tras la película, Iannucci tenía una ventaja comparativa con respecto a otros que quisieran que una cadena les produjera una idea, más si se toma en cuenta que en los tiempos de The Thick of It, el guionista ya había tenido reuniones con HBO para hacer una serie sobre una compañía online. Iannucci explica en The New Yorker cómo llegó a la idea de Veep: “Se trataba de decidir dónde se desarrollaría. No quería que fuese en la oficina del presidente, se sentía muy amplio. Podía ser un congresista, pero se sentía pequeño. ¿Un miembro del gabinete? No duran mucho tiempo. ¿Una embajada? Y luego pensé en el vicepresidente. La dinámica del trabajo es que estás muy cerca pero estás excluido (…) sabes que la gente te tiene poco respeto y habla de ti detrás de tus espaldas, pero no pueden hacerlo mirándote a la cara, porque podrías ser la persona más poderosa del mundo cualquier día. Así que todo el mundo tiene que ser cuidadoso al hablar contigo, aunque tu sabes que fuera de allí, en todas las fiestas y restaurantes, tu eres el objeto de los chistes”.

Veep se estrenó con un amor inmediato de la crítica y mucho amor de los espectadores. El tono y el ritmo eran salvajes y sarcásticos, como en sus previos trabajos, y la serie comenzó su camino al éxito… que aún mantiene hoy.

Iannucci, sin embargo, harto tras cuatro años de dedicar todo su tiempo a la serie y de pasar tanto tiempo en Baltimore filmando, llegó a un acuerdo para dejar el show en 2015 y dedicarse a otras cosas. Entre ellas esta su nueva película, estrenada en 2017, llamada La muerte de Stalin. Otra sátira política, esta se centra en los días inmediatamente previos y posteriores a la muerte de Stalin y las maquinaciones que se dieron entre sus colaboradores más cercanos ante el vacío de poder. Aunque parezca descabellado, la película tiene muchas situaciones absurdas, aunque también hay espacio para el drama, la mayor parte de lo que cuenta pasó realmente.

Iannucci está trabajando también en adaptar un clásico literario para la BBC, el David Copperfield de Charles Dickens, con Dev Patel como parte del reparto, y en una serie de comedia y ciencia-ficción para HBO que tentativamente se llama Avenue 5. No teman, queda Iannucci para rato.  

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Conoce a Joel Kinnaman, protagonista de Altered Carbon

Nerea Dolara

Foto: Netflix
Netflix

Sorprende con su físico y su intensidad dramática en la serie de Netflix, pero Kinnaman ha estado en el cine y la televisión por más de una década. Te apostamos que ya le habías visto más de una vez.

Joel Kinnaman cuenta que cuando llegó al set de Altered Carbon se quedó boquiabierto. Según su descripción en WWD la localización de la exitosa serie de ciencia-ficción de Netflix ocupaba la extensión de tres campos de fútbol construidos a modo de ciudad futurista y llenos de más de 400 extras en acción. 

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Para Altered Carbon entrenó  de 3 a 5 horas al día durante seis meses, quería hacer sus propias escenas de acción. | Foto: Netflix

Kinnaman no es nuevo para la televisión, tampoco lo es en las producciones de alto presupuesto. Pero es posible que te cueste identificarlo en su rol de Takeshi Kovacs, no es sorprendente, este actor de origen sueco entrenó de 3 a 5 horas al día durante seis meses para tener el musculoso cuerpo de Kovacs y poder hacer sus secuencias de acción: “Mi ambición era tomar los aspectos físicos del personaje y las escenas de acción y llevarlos a otro nivel. Quería hacer mis propias escenas, sin doble. A hora cuando lo veo me siento orgulloso”, dijo a NME.

Pero ¿qué hacía Kinnaman antes de Altered Carbon? En su Suecia natal ya había trabajado en muchas series y películas -forma parte de la serie de cintas sobre Johan Falk- antes de mudarse a Estados Unidos para probar en Hollywood. Previo a su trabajo en EEUU incluso llegó a ganarse el premio Gulbadgge a Mejor Actor por su papel protagónico en la película Easy Money, un thriller sobre un hombre pobre (Kinnaman) que vive fuera de sus posibilidades en los suburbios de Estocolmo y que, tras conocer a una hermosa y rica chica, se involucra con el mundo del crimen organizado. Esto fue en 2010. En 2011, Kinnaman tendría su gran oportunidad americana con la serie The Killing (ya había intentado tenerla en Thor y Mad Max pero al final no le dieron los roles).

Una adaptación de una serie danesa, este relato sobre el asesinato de una chica en un pequeño pueblo y la subsecuente investigación fue una gran apuesta para AMC y tuvo, por lo menos en su primera temporada, buenas críticas. Kinnaman era, nada más y nada menos, que el co-protagonista. Junto Mireille Enos era uno de los detectives, Stephen Holder, encargado de resolver el caso.    

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En The Killing era el desquiciado detective siempre al borde un colapso. | Foto: Netflix

Producto de su trabajo en The Killing (que terminó por tener una historia rocosa que incluyó dos cancelaciones y dos rescates y finalizó en 2014), Kinnaman consiguió más trabajos, uno de ellos en una poco conocida película junto a Denzel Washington y Ryan Reynolds, Safe House (2012). Pero puede que su mayor rol en esos primeros tiempos fuese el del policía Alex James Murphy en el remake de Robocop. Y aunque contaba con un buen reparto -Gary Oldman, Samuel L. Jackson, Michael Keaton- la nueva entrega  basada en el original de Paul Verrhoeven no tuvo el éxito esperado.

Ya en 2016, otro filme con mucho presupuesto se atravesaría en su camino. Suicide Squad lo incluyó en su grupo de superhéroes mal comportados en el papel de Rick Flag, un agente que se une al equipo con el propósito de rescatar a June Moone, la doctora poseída por Enchantress y la villana del filme. Y sí, la película tuvo alguna de las peores críticas del año y es odiada por muchos, pero a Kinnaman no le importó en exceso. “Para mí lo más emocionante es intentar hacer cosas que sean tan diferentes como se pueda. Si en algún momento tuviese la suerte de tener una audiencia que siguiese mi trabajo, me gustaría que siempre estuviesen preguntándose: ¿qué hará en su siguiente rol?, dijo el actor a Indiewire cuando se estrenó la cinta.

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Entró a Suicide Squad a reemplazar a Tom Hardy. | Foto: IMDB

También en 2016, el actor se unió al reparto de House of Cards, como el gobernador Will Conway, el candidato que siempre amenaza la estancia en el poder de Frank Underwood: conservador, pero joven, con una hermosa esposa e hijos, una buena carrera política y las credenciales de haberse enlistado en el ejército después del 11 de septiembre. Conway fue un personaje recurrente, y molesto para Underwood, en la cuarta y quinta temporadas de la serie.

Kinnaman ya conocía la historia de Altered Carbon (los libros originales de Richard K. Morgan) y estaba interesado en comprar los derechos para su recién fundada compañía de producción, pero ya los tenía un poderoso productor, así que se dio por vencido. Unos meses después vio la noticia de que se convertiría en serie. Al principio no estaba seguro de volver a la pantalla pequeña, pero la visión de los creadores le convenció.

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En House of Cards era el niño de oro republicano, candidato perfecto y némesis de Frank Underwood.  | Foto: Netflix

Takeshi Kovacs, el protagonista al que interpreta, es un revolucionario detenido por decenas de años y revivido -en esta sociedad del futuro la conciencia se almacena en discos y los cuerpos son intercambiables- dentro de un cuerpo nuevo para investigar el intento de asesinato de un millonario poderoso. La serie, que tiene muchas referencias a Blade Runner y una dirección de arte muy cinematográfica, ha tenido buenas críticas, pero es posible que Kinnaman no vuelva para una segunda temporada. La premisa de la serie -los cambios de cuerpo- permiten reemplazar actores sin problemas, y en estos últimos días se ha hablado de que Kinnaman no volverá para una nueva entrega. ¿La razón? Ya firmó un contrato para trabajar en una nueva serie, esta vez de Amazon Prime, que será una adaptación de la película Hannah, de Joe Wright. Además, los libros de Morgan desarrollan la acción siguiente en otros planetas y con otros personajes. Kinnaman también tiene en espera el rodaje de la segunda entrega de Suicide Squad, aunque aún no se sepan las fechas definitivas.

Lo cierto es que este sueco ya logró lo que quería: una carrera exitosa. ¡Ah! Y además tiene una esposa cool, la artista de tatuajes Cleo Wattenström (que debe haberle regañado por ese infame tatuaje que le hizo Will Smith tras rodar Suicide Squad) y proyectos por venir. Kinnaman promete seguir en nuestros radares por un tiempo… y bienvenido sea.

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¿Cómo estuvo Sundance 2018?

Nerea Dolara

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¿Qué películas queremos ver? Sundance 2018 cerró su edición en Park City con una amplia oferta de estrenos indies que valen la pena.

A finales de enero las calles de Park City, Utah volvieron a ser las mismas. Unos días antes una multitud de actores, directores, guionistas, productores y distribuidores asistían al Festival de Cine de Sundance, el mayor mercado y proyector de cine independiente desde hace décadas. ¿Por qué es importante Sundance? Un ejemplo, en 2017 The Big Sick y Call Me By Your Name consiguieron allí su distribución y antes de ellas se estrenaron allí películas como Whiplash, Blood Simple, Winter’s Bone, Reservoir Dogs, Memento o Cuatro bodas y un funeral (por nombrar unas pocas). En Sundance se abre de nuevo la carrera por los premios, ya de 2019. Es un barómetro del cine indie y también de su mercado… porque en el festival no sólo se ven películas, también se compran.

Hablemos primero de las películas que probablemente tengan peso en 2018, aunque este año haya sido más discreto que sus predecesores inmediatos. Está Bodied, por ejemplo, producida por Eminem, que relata la historia de un rapero blanco que intenta triunfar en ese mundo musical; o Blaze, de Ethan Hawke, en que él mismo interpreta al músico Blaze Foley en un relato lleno de saltos temporales, actuaciones musicales y buenas interpretaciones; o The Tale, que le ganó a su protagonista, Laura Dern, admiración general de la crítica; o Ophelia, una nueva narración de Hamlet, desde el punto de vista de su amada, que tiene a Daisy Ridley (Star Wars) en el rol principal; o Wildlife, la ópera prima de Paul Dano que ya está generando rumor de Óscar para su protagonista, Carey Mulligan; o Tully, la nueva aventura de humor negro de Diablo Cody, que tiene a Charlize Theron como una madre harta de sus hijos y de la maternidad.

¿Cómo estuvo Sundance 2018?
Ofelia | Imagen: IMDB

También están las películas de cuatro directoras, que se llevaron los galardones de dirección en pleno: The Kindergarten Teacher de Sara Colangelo, On Her Shoulders de Alexandria Bombach, And Breathe Normally de Ísold Uggadóttir y Shirkers de Sandi Tan.

Pero es posible que la película más importante del festival, no sólo porque el público la adoró y la crítica la veneró, sea Hereditary. El terror lleva algunos años haciendo de las suyas peleando por ser un género al que se le reconozca su valor, no sólo como parte del panteón de la cultura pop, sino como una obra de arte como cualquier otra buena película. Ya antes de Hereditary los festivales han recibido con brazos abiertos, y celebrado ampliamente, cintas como The Witch, It Follows, Babadook o Get Out, y este nuevo estreno ha tenido la misma suerte. La película, protagonizada por Toni Collete, relata la historia de una madre en duelo que es atormentada en su propia casa por presencias sobrenaturales. Tras su estreno Internet se llenó de artículos que la llamaban: la película que mató de miedo al público de Sundance.

Otro elemento a tomar en cuenta de esta edición de Sundance, además de las películas que se estrenaron, es qué sucedió con su mercado de distribución. Los dos últimos años, por ejemplo, Amazon y Netflix gastaron decenas de millones adquiriendo películas como The Big Sick, Manchester by the Sea, Mudbound, este año no fue igual. De hecho los dos servicios de streaming, que también son estudios, dejaron el festival con las manos vacías por primera vez.

Según Business Insider ambas compañías estarían pensando en reducir sus costos en compra de derechos de estrenos indies. Netflix, por su parte, porque ha entendido que a sus suscriptores no les importa si la película es un estreno exclusivo o si llega a su servicio semanas después. Y Amazon porque ya cerró su presupuesto para 2018.

También puede especularse que ambas empresas llevan varios años gastando millones en distribución y producción, pero aún no parecen ganar ese mismo dinero con los estrenos. De hecho, el plan, según Bussiness Insider, es producir proyectos propios con grandes estrellas, alla Bright con Will Smith en Netflix.

Lo cierto es que Sundance dejó, como siempre, un amplio cartel de películas que recorrerán cines y televisiones durante los próximos años y que de seguro, tendrá presencia en los premios del próximo año. Esto es así, cuando aún no se ha entregado el Oscar 2018, ya se piensa en el de 2019. Pero no todo son premios. Sundance es el hogar del indie, y como tal este año estrenó joyas que esperamos (escuchen distribuidores) lleguen a las salas, tan llenas de superhéroes que ofrecen pocos espacios para otro tipo de cine.

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La forma del agua: una carta de amor al cine y al romance entre especies

Romhy Cubas

Foto: Fox Searchlight Pictures

En 1941 durante una exclusiva cena de la industria cinematográfica ofrecida por Orson Welles, el director sudamericano Gabriel Figueroa compartió la historia de una criatura anfibia mitad humana que emergía del río Amazonas una vez al año para raptar a una mujer y desaparecer sin rastro. En 1954 una de las personalidades presentes en aquella cena, William Allan, produjo La criatura del lago negro, un precedente elemental para la humanización de los monstruos y criaturas fantásticas en la pantalla grande.

Más de seis décadas después, el cineasta mexicano Guillermo del Toro ha logrado recuperar la esencia de una historia que se ancló en su imaginario desde que la vio a los siete años de edad. La forma del agua, la última película del director reconocido internacionalmente por el hermoso debut que fue El laberinto del fauno, es un etéreo homenaje al cine fantástico, los monstruos, la filmografía de los 60 y sobre todo un honorable final para La criatura del lago negro que raptó a Julie Adams a finales de los años 50.

Con trece nominaciones a la estatuilla de Oro de los Oscar este año y otras 150 nominaciones a premios y festivales alrededor del mundo, entre lo que se encuentran el recibimiento del León de Oro del Festival de Venecia y el Globo de Oro como mejor director, la película protagonizada por Sally Hawkins, Doug Jones, Michael Shannon y Octavia Spencer se enuncia como una carta de amor al cine. En ella el clima cultural, los derechos civiles y las dinámicas de poder recuerdan que en la “gran América” siempre han existido escenarios en donde la segregación busca establecerse como el denominador común de una sociedad.

Situada en los años 60 en Baltimore, previo al asesinato de John F. Kennedy, La forma del agua narra un romance único entre la conserje de una central de investigación del gobierno, Elisa -muda de nacimiento y con unas cicatrices extrañas en el cuello que evocan a las branquias de los anfibios-, y una criatura encerrada en las facilidades del lugar que es torturada en el nombre de la ciencia y la seguridad nacional.

Las referencias hacia La criatura del lago negro son evidentes, pero el film no se trata de un remake sino de una celebración al cine y la filmografía antigua, un homenaje a influencias cinematográficas como The Red Shoes ,The Harder They Come e inclusive la estética de  Andy Warhol.  Y es que para Del Toro el anfibio que sostiene a una aterrorizada Julie Adams en el póster de 1954 es una de los diseños más hermosos que ha visto. Desde que lo descubrió el esquema de un romance en donde la pareja de especies comparte helados y paseos en bicicleta ha sido clave para uno de sus proyectos más ambiciosos.  

La forma del agua: una carta de amor al cine y al romance entre especies
Tras cámaras de La forma del agua | Foto: Kerry Hayes/Fox Searchlight Pictures

La forma del agua relata una historia de amor con tintes de fábula en donde la transformación no es necesaria para la comprensión de dos individuos. La película hace justicia a uno de los temas más comunes de los filmes del director, que no solo se expresa mediante monstruos y criaturas sino mediante la idea de que en este mundo solo nos tenemos los unos a los otros.

Doug Jones, quien ha aparecido en varias películas de Del Todo como Mimic, Crimson Peak y Hellboy, en donde también interpreta a un hombre anfibio, es el cuerpo y movimiento detrás  de la noble criatura de La forma del agua.  Junto con la ayuda de la escritora Vanessa Taylor y el escultor Mike Hill, -quien ya ha diseñado un Frankenstein de tamaño real para la colección privada de horror de Del Toro- el alma del anfibio tomó vuelo con una simple instrucción del director: “Quiero que canalices dos cosas: el Silver Surfer [héroe de Marvel Comics], con su fuerza heroica y su sensualidad discreta, y a un matador. Cuando los observas, tienen mucha confianza y lideran con las caderas y la pelvis”, le indicó el director al actor según The Hollywood Reporter.

Por otro lado el, apego de Del Toro por su último proyecto, que originalmente iba a ser filmado en blanco y negro, lo llevó a desembolsar $200,000 de sus propios fondos para presentar a Fox Searchlight un guión que según el director los hizo llorar a todos al final de la primera propuesta.

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Escena de La forma del agua | Foto: Fox Searchlight Pictures

Más que criaturas y monstruos

La humanización de los monstruos, que siempre han fascinado al director, y el romance silente entre dos especies distintas es de hecho una persiana para contextualizar polémicas pasadas que siguen teniendo vigencia hoy en día como: la discriminación racial, la intolerancia y un particular complejo de hombre blanco, poderoso y privilegiado.

“Lo configuré en 1962 específicamente, porque cuando la gente dice: ‘Hagamos que Estados Unidos vuelva a ser grandioso’, están soñando con esa era”, explica Del Toro a la revista estadounidense Deadline. “Es una época donde los autos tenían aletas de chorro, las cocinas eran automáticas. Todo era genial si eras blanco, anglosajón y protestante, pero si eras otra cosa, estabas jodido. No ha cambiado tanto”.

Esta elección tanto -personal como política- de escenarios y geografías temporales hacen que la película se conjugue en reversa a los roles desempeñados en filmes de época. “Quería convertir en malo al personaje con un buen traje y una mandíbula cuadrada (que suele ser el tipo bueno en las películas de ciencia ficción de los años 50)”, agrega Del Toro.

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Escena de La forma del agua con Sally Hawkins y Doug Jones | Foto: Fox Searchlights Pictures

Palabras innecesarias y miles de tonos verdes

Sally Hawkins hace que las palabras sean innecesarias con una actuación sutil y serena que se conjuga con todos los colores de la película. La actriz también contribuyó con el guión de su personaje; Del Toro se inspiró en una historia escrita por esta sobre una mujer que desconoce que es una sirena. El detalle de los rasguños con forma de branquias en el cuello de su personaje fue tomado de dicha historia.

El silencio de la película es sustituido con un soundtrack y una musicalización que riman con los pasos y el mutismo de sus personajes. La cinematografía etérea de Dan Laustsen se aferra a miles de tonos verdes para crear la atmósfera de ensueño de un cuento de hadas para adultos. Esa paleta infinita crea un juego de tonos que pasan por la aguamarina, los ásperos verdes oxidados de edificios antiguos e institucionales, el brillo de neón de una gelatina hasta el verde cerceta metálica de un nuevo Cadillac.

Por otro lado, no solo la crítica coincide en que La forma del agua es una de las mejores piezas de Del Toro desde El laberinto del fauno, el propio director reconoce un particular orgullo por la película.

“Para mí no se vuelve más personal que con La forma del agua. Estoy orgulloso de ella. Es la película favorita que he realizado“, dijo Del Toro a Collider. “Me encanta. Lo llamo ‘un cuento de hadas para tiempos difíciles’ porque es una pomada contra el mundo, donde nos levantamos todas las mañanas con peores noticias”.

La fidelidad de Guillermo Del Toro por los monstruos crea un homenaje moderno y un cuento de hadas gestado décadas atrás que por fin encuentra su final perfecto.

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