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5 series para ver mientras esperas el estreno de Black Mirror

Nerea Dolara

Foto: Netflix
Netflix

La cuarta temporada de Black Mirror se estrena el 29 de diciembre y los trailers nos tienen ansiosos. Para calmar las ganas te recomendamos cinco series con toques similares y muy buenas.

A finales de este mes llega, por fin, la cuarta temporada de Black Mirror. Netflix se ha encargado de generar enormes expectativas con trailers para cada episodio de la nueva entrega de la serie más deprimente y terrorífica del panorama televisivo. Y sí, la espera se ha hecho larga y es por eso que vamos a recomendar una lista de series que pueden matar el síndrome de abstinencia de Black Mirror mientras llegan los nuevos episodios.

Humans

Otra con influencia británica y con seres de inteligencia artificial. Aquí estamos también en el futuro, en un mundo en que robots muy avanzados, y de apariencia humana, comparten la vida rutinaria con las personas como personal de servicio o mano de obra. Como es imaginable, esto no va en una dirección idílica de convivencia y amor. No. Oscura y capaz de dar unos escalofríos parecidos a los de Black Mirror por su mirada realista a un cercano futuro tecnológico, Humans es de esas series que más gente debería conocer.

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Utopia emitida por Channel 4 en Gran Bretaña | Imagen: IMDB

Utopía

También británica, también oscura. En esta serie cinco desconocidos se ven involucrados en algo mayor que ellos cuando se encuentran con un manuscrito original de la secuela de una novela gráfica. ¿Por qué debería ser eso un problema? Porque se rumorea que las páginas de The Utopia Experiments predicen las mayores catástrofes humanas y una organización muy poderosa no está muy alegre de que personas normales tengan esto en sus manos. Intensa y perturbadora, la serie es un buen remedio para los que extrañan las tramas sombrías de Black Mirror.

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Imagen promocional de Orphan Black | Imagen: IMDB

Orphan Black

Sí, los británicos están metidos de lleno en el tema de la ciencia ficción perturbadora. En el caso de esta serie la ciencia proviene de un experimento llevado a cabo por una gran compañía que resultó en varios clones femeninos, que no tenían idea de que lo eran hasta que lo descubren ya siendo adultas. Las hermanas, todas diferentes (interpretadas con una maestría como pocas por Tatiana Maslani), están centradas en descubrir sus orígenes y en evitar que la corporación que las creo controle más sus vidas. Suspenso, acción y personajes a los que se quiere con sorprendente rapidez. Una serie que merece la pena.

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Fotograma de Westworld | Imagen: HBO

Westworld

Tiene sólo una temporada, pero la segunda está por llegar. El show que HBO espera que sea su nuevo Juego de Tronos revisa una premisa típica de la ciencia ficción: ¿qué pasa si seres con inteligencia artificial toman conciencia o sienten? En Westworld los avanzados robots son parte de un enorme parque temático que se desarrolla en el viejo Oeste y existen exclusivamente para satisfacer las necesidades de los humanos visitantes… y si esas necesidades implican violar, torturar y matar importa poco. Pero en el proceso varios de los personajes del parque comienzan a despertar y a revivir sus terribles traumas… humanos, teman, las consecuencias de sus actos han llegado en forma de criaturas capaces de mucho y llenas de ira.

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Mr. Robot es una serie de televisión americana creada por Sam Esmail | Imagen: IMDB

Mr. Robot

Aquí no hay inteligencia artificial, aunque la palabra robot esté en el nombre. Esto va de conspiraciones y de grandes malvados y de cómo los seres humanos somos bastante malos como especie. Un hacker, una gran corporación y monólogos interiores de un protagonista claramente desequilibrado hacen de Mr. Robot un drama/thriller muy interesante. Y si además te gustan los giros inesperados esta serie es la tuya.

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Seis razones por las que tienes que ver The Handmaid's Tale

Nerea Dolara

Foto: Hulu
Hulu

La serie basada en el libro de Margaret Atwood es vigente, hermosa y terrible. Indispensable.

Hace unos meses el libro original que Margaret Atwood publicó en 1985 subió al primer lugar de ventas en Amazon. La presidencia de Donald Trump, acompañada por su desdén hacia las mujeres y la amenaza que supone, aunado al anuncio de una nueva serie fueron la anticipación a este fenómeno. The Handmaid’s Tale, en su versión para televisión, se estrenó hace un par de semanas cuando se emitieron tres episodios -los demás se estrenarán semanalmente los días miércoles- y el resultado es en partes iguales un fenómeno cautivador y terrorífico.

The Handmaid’s Tale es la historia de un país autoritario y machista, Gilead (antes Estados Unidos), centrado en un futuro cercano. Las mujeres fértiles han sido calificadas como propiedades del Estado debido a la baja tasa de natalidad de la población, haciendo uso de sus vientres y de sus cuerpos en una sociedad centrada en el control y el poder masculino. Offred, la protagonista, es una de las mujeres que tienen como cometido reproducirse. ¿Cómo? Son asignadas al hogar de uno de los comandantes que forman parte de la élite del poder y son ritualmente violadas con el propósito de la reproducción.

En un tiempo en que ver nuevas series es casi un lastre -ya tenemos tantas en rotación que agregar más implica no tener vida- hay algunos estrenos que valen la pena sin discusión alguna. The Handmaid’s Tale cumple con ese requisito. Vigente, hermosa, imaginativa y terrible, esta historia es de visión obligatoria. ¿Quieren razones?

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Una de las escenas del primer episodio de “The Handmaid’s Tale” | Imagen vía Hulu

Razón 1: El mundo de Gilead y su vigencia

Esta razón es más masoquista que de disfrute. Gilead es un horrible lugar en que las mujeres son propiedad y tienen roles asignados a la fuerza. El origen de este mundo es difuso, pero tiene mucho que ver con el terrorismo -y la pérdida de libertades con la excusa de la seguridad- y con la disminución de la fertilidad (¿alguien recuerda Children of Men?) producto de excesos de radiación. E

l mundo en que residía Offred antes de Gilead era muy similar al nuestro y los avances de los autoritarios no fueron inmediatos, sino discretos. Hasta que de repente ya nada era igual y protestar ya no era una opción. En un presente en que el feminismo se ha subido a la palestra pública y es atacado por todos los flancos, más cuando el propio presidente de Estados Unidos comenta sonriente sus abusos y sus prejuicios contra las mujeres y lo convierte en un discurso admisible; en un tiempo en que las muertes y agresiones de mujeres aún generan comentarios sobre su ropa o sus acciones para provocar a sus agresores; en un momento en que existen activistas por los derechos del hombre que defienden la inferioridad de la mujer, en un presente en que las mujeres son atacadas en Internet con amenazas de violación y muerte por expresar opiniones feministas, y muchos otros factores más… en este tiempo una historia como The Handmaid’s Tale es una buena advertencia y un documento de rebelión.

Razón 2: La adaptación

Para los que se hayan leído el libro The Handmaid’s Tale resultará una adaptación fiel y correcta. Sin embargo, el libro es una historia narrativa con poca acción o trama – en el libro la pieza central son los monólogos internos de Offred, la protagonista- y en su transformación a serie incluye más desarrollo y una interesante ampliación del mundo que es Gilead. La serie tiene prevista más temporadas, por lo que es fácil predecir que la trama del libro culminará con estos primeros episodios y que luego la historia comenzará a explorar a sus personajes y a su universo libremente (un ejemplo reciente de esto es The Leftovers cuyas segunda y tercera temporada ya no tienen nada que ver con la novela en que se basa la primera).

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Elisabeth Moss interpreta a Offred en la narración distópica de Hulu | Imagen vía Hulu

Razón 3: El voice over

Sí, toda persona que sepa algo de guión dirá que el voice over es el truco más antiguo que existe para soltar información al espectador, que es un recurso flojo y que muy pocas veces funciona. Todo eso es cierto, como también lo es que The Handmaid’s Tale es de las pocas excepciones de la regla. El monólogo interno de Offred, que la mayoría del tiempo debe permanecer callada o soltando frases manidas de contenido religioso, muestra a una mujer dispuesta a luchar, iracunda pero también asustada y en duelo. Es una ventana a la complejidad de estas mujeres que viven fingiendo una sumisión y una devoción que no existen. Es una liberación, una rebelión, en un mundo absolutamente controlado. Es el recurso perfecto para hacer contrapartida a la deprimente acción del día a día en Gilead y dar profundidad al personaje.

Razón 4: Elisabeth Moss

Como Peggy Olson se robó, en muchas ocasiones, el protagonismo en Mad Men. Esta actriz es la reina indie de la televisión de 2017. Reconocida ampliamente por su talento, siempre interesada en trabajar en proyectos de calidad, y protagonista de dos series que darán de qué hablar este año –The Handmaid’s Tale y Top of the Lake – Moss brilla como Offred. Su rostro, en muchas ocasiones en close up, destila los más mínimos pensamientos, miedos y sentimientos de su personaje. Es tal su compromiso con el papel y con la historia que Moss memorizó todos los monólogos de su personaje y en las escenas en que actúa en silencio para que se incluyan luego los monólogos, se repetía a sí misma los parlamentos enteros para que la imagen y el sonido cuadraran perfectamente.

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Samira Wiley | Imagen via HULU.

Razón 5: Todos los demás miembros del reparto

Si se puede hablar de una agradable sorpresa en The Handmaid’s Tale esa es Alexis Bledel. Conocida por interpretar a Rory en Gilmore Girls, Bledel siempre ha sido objeto de chistes sobre su mala actuación. Pues Bledel puede mandar al demonio a todo el que alguna vez se haya burlado de su talento. Como Ofglen, Bledel es vulnerable y determinada, arriesgada y sumisa, dura y sensible. Su rostro, esos conocidos y enormes ojos azules, alguna arruga prematura que muestra los signos del sufrimiento de su personaje, es un océano de expresión, delicado, agresivo, sutil, impresionante. Con su actuación – prestar especial atención al tercer episodio en que su personaje no emite una sola palabra y se roba el protagonismo y genera una de las imágenes más dolorosas que veremos en televisión en 2017, una imagen que no se olvida – Bledel ha redimido su carrera y se ha ganado decenas de artículos donde la alaban.

Samira Wiley – Poussey en Orange is the New Black – interpreta a la mejor amiga de Offred en los tiempos previos a Gilead. No es novedoso que Wiley sea capaz de emitir fortaleza y ternura a partes iguales, para todos los que han visto OITNB Poussey es uno de esos personajes memorables.

Otra interpretación excelente es la de Yvonne Strahowski. Como la esposa del comandante, el personaje de Strahowski está en una terrible posición. Mucho más libre que las otras mujeres de Gilead – por ser una esposa – sigue teniendo que vivir la presencia de Offred en su casa como un regalo sexual a su marido. Su rostro y su postura muestran, de manera compleja y silente, su repulsión y, a la vez, satisfacción por el maltrato de Offred. En este reparto nadie está demás o no alcanza el nivel esperado.

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Las handmaids no están autorizadas a caminar solas. | Imagen via HULU.

Razón 6: El look general de la serie

The Handmaid’s Tale es visualmente hermosa. El terror y el abuso se desarrollan en espacios idílicos y los personajes llevan indumentaria discreta y recatada, pero poderosa. Las handmaids, por ejemplo, llevan vestidos rojo sangre y gorros infinitamente blancos. Resaltan al pasar en pares por las calles y cuando se mueven en grupo. Son especiales, odiadas y necesitadas, y su ropa marca ambas cosas, al igual que marca su rol como las creadoras de vida con las únicas prendas de un color llamativo. Las marthas -encargadas de las labores del hogar- llevan ropa gris y las esposas vestidos verde opaco.

La cámara aprovecha los colores, las distinciones, y juega con ellos con resultados muchas veces sublimes. La cámara se aleja y se convierte en el observador ojo de “dios”, que observa desde lo alto y, a la vez, se acerca tanto a los rostros de Offred y Ofglen que es casi como si quisiese leer lo que están pensando. Es íntima pero también omnipresente.

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5 razones por las que Hijos de los hombres es más vigente hoy que hace 10 años

Nerea Dolara

Foto: Universal Pictures

La película de Alfonso Cuarón es una de visión obligada en este presente. Su futuro, en 2027, es hoy, en 2017, algo que es tan posible y tan acertado en su previsión, que es aterrador.

Una advertencia inicial, y recomendación encarecida: si no han visto esta película es hora de verla y si no quieren spoilers sería bueno no seguir leyendo. ¿Por qué verla? No sólo porque es una obra maestra del cine distópico, porque contiene secuencias de acción que se estudian en escuelas de cine o porque es la mejor película (con perdón de Y tu mamá también o Gravity) que ha hecho Alfonso Cuarón, sino porque es escalofriante cuánto se parece al presente (y no de la mejor manera).

Hijos de los hombres se estrenó a finales del 2006 y la crítica la alabó, como todo el mundo. La BBC la colocó en el puesto 13 de su lista de los 100 mejores filmes del siglo XXI, tiene una aprobación de 92% en Rotten Tomatoes y a finales del año pasado muchas publicaciones comenzaron a revisar la vigencia – de nuevo, escalofriante- de su trama. La historia, basada levemente en una novela de P. D. James, es la siguiente: En 2027, el mundo lleva casi dos décadas viviendo una crisis de fertilidad (a los lectores de A Hanmaid’s Tale esto les sonará familiar) que ha dejado al mundo sin niños. Pero el pesimismo y la oscuridad que llenan ese presente no sólo proviene de ese hecho. En el 2027, Gran Bretaña (donde se desarrolla la acción) lleva 8 años con las fronteras cerradas, refugiados e inmigrantes son encerrados en campos de concentración y la persecución de musulmanes es política de Estado. Con ese panorama vive Theo (Clive Owen), desilusionado, apático, deprimido… pero su vida cambia cuando su ex esposa (Julianne Moore), ahora miembro de una organización terrorista que lucha contra el gobierno, le pide ayuda. La tarea consiste en trasladar a una inmigrante ilegal hasta el lugar en que una supuesta organización conformada por médicos y científicos llamada The Human Project. ¿El giro? Kee, la inmigrante, esta embarazada y es la primera mujer en estarlo en 18 años.

Sigue una odisea por llevar a Kee a puerto seguro y salvar la única esperanza posible de que el mundo tal vez deje de ser el horrible lugar en que se ha convertido.

En 2006 el panorama que dibujaba Hijos de los hombres parecía posible pero lejano, una exageración. En 2017, diez años antes de que se desarrolle la historia de la película, parece predecir muy bien el futuro que nos espera. Aquí 5 razones por las que la película es completamente vigente en 2017.

5 razones por las que Hijos de los hombres es más vigente hoy que hace 10 años
Still de la película | Universal Pictures.

El trato a refugiados e inmigrantes

En Hijos de los hombres, Gran Bretaña ha cerrado sus fronteras y encierra (en jaulas y luego en campos) a quienes entran al país ilegalmente. El mundo ha vivido una gran pandemia y varias guerras por lo que los refugiados se acumulan sin recibir ningún tipo de ayuda. ¿Suena familiar? Tras la larga guerra en Siria la crisis de refugiados que ha llegado a Europa en los últimos años, y que ha sido catalogada como una de las mayores crisis humanitarias desde la Segunda Guerra Mundial, ha sido manejada con la empatía y la colaboración de un iceberg. Salvo algunas excepciones, Europa se ha lavado las manos frente al contingente de millones de personas que piden refugio huyendo de sus hogares para evitar la muerte. Aún no hay jaulas, pero si hay soldados en las fronteras, cierres de paso y Estados que ignoran a las personas, obligadas a vivir en la calle o en campamentos de refugiados llenos de precariedad, y sus pedidos de refugio.

 

El discurso del miedo

Como bien señala este artículo de la BBC el discurso del miedo es también parte importante del mundo en que habita Hijos de los hombres. No es casual que las fronteras estén cerradas y se hable de cómo el mundo es un caos fuera de “la seguridad del Reino Unido” o que se satanice a inmigrantes y musulmanes como estrategia para un gobierno que elimina libertades en nombre de la seguridad. Si esto no te suena familiar es posible que hayas estado encerrado en una cueva en los últimos años. El discurso de miedo y de intolerancia, el prejuicio convertido en campaña política, no sólo ha conseguido llegar a la palestra sino que ha conseguido victorias de miedo como el Brexit o la presidencia de Donald Trump. Y el futuro próximo en elecciones europeas, las de Francia por ejemplo, no pinta mejor.

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Still de la película | Universal Pictures.

El terrorismo

En Hijos del hombre el terrorismo es parte del día a día. En la escena inicial de la película una bomba estalla a metros de Theo en Londres. Es realista, escalofriante y cotidiano. La escena se rodó en las calles de Londres, sólo meses después del atentado que mató a 52 personas en 2005. El permiso fue complicado de obtener y sólo se les permitió un día de rodaje. Aún las bombas no son parte del día a día, pero la realidad es que, entre el Daesh y demás organizaciones terroristas, cada vez más y con estrategias cada vez menos rastreables, el terrorismo se ha convertido en uno de los miedos que acechan la rutina de quienes viven en ciudades de países que luchan contra estas organizaciones. Las noticias sobre atentados aparecen por lo menos una vez a la semana en los periódicos. Y, tristemente, la tendencia es hacia el aumento de estas expresiones de violencia.

El realismo visual

Sí, vivimos en tiempos en que las salas de cine estrenan una película de superhéroes al mes -o así parece- pero el realismo visual ha llegado incluso a ellos. Pregunten si no a la trilogía de Batman de Christopher Nolan, llena de oscuridad e intentos de hacer plausible la existencia de este hombre vestido de murciélago o por la muy mal recibida Batman vs Superman o incluso la última entrega de Capitán América, en que Los vengadores pelean entre sí luego de que la ONU apruebe el control sobre sus acciones gracias a las masivas muertes de civiles en sus luchas con los malos o la recién estrenada Logan… Hijos del hombre es gris, tangible, sucia, cruda… Incluso una de sus tomas más famosas, el plano secuencia de la batalla en el campo de refugiados en que salpica sangre a la cámara, se ha convertido en un clásico… eso considerando que la sangre fue una casualidad que el director de fotografía, Emmanuel Lubezki, celebró como una casualidad que nunca podrían haber planificado mejor.

El realismo… real

La película es dura, no sólo gracias al entorno que rodea a Theo y Kee, sino por lo que les pasa a ellos y a quienes les ayudan. Es una parábola de la historia de la natividad en que el protagonista muere, quienes los ayudan también, y la “virgen” está flotando en un bote en medio del mar con su bebé esperando un barco que se ve a lo lejos y que bien podría ser una alucinación. Como se relata en esta pieza de Vulture, no fue fácil vender esta visión pesimista, con final poco esperanzador, a un estudio: “¿El tío se muere al final? ¿La chica está en un bote? Estás hablando de una película muy intensa y obviamente artística, que no va a ser barata y que tiene un ángulo político. No es algo fácil de vender”, recuerda Marc Abraham, uno de los productores. Para Cuarón era claro: “Nuestro punto de partida fue: hay un punto de inflexión (se refiere al 11 de septiembre). El futuro no es un lugar lejos de nosotros; estamos viviendo el futuro en este momento”.

Los finales felices se han hecho algo raro en el mundo audiovisual. El realismo y el pesimismo se han agarrado a las historias que vemos, posiblemente porque el presente que tenemos no es el más deseable ni parece ir en una buena dirección. También los finales abiertos se han convertido en signo de estos tiempos inciertos.

Además de estos factores cuenta también el de que este futuro es plausible tanto a nivel de historia como visual. El futuro es difícil de plasmar en el cine, la tecnología se queda atrás y la representación pierde vigencia (en Matrix aún se utilizan móviles con tapa), o directamente se imagina un futuro que nunca existiría (Firefly es un futuro en que se viaja por el espacio pero los mundos parecen haber vuelto al viejo Oeste). Hijos de los hombres muestra un mundo que 10 años después sigue siendo el nuestro, reconocible y aterrador.

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5 claves para ganar tu quiniela: aprovecha los premios SAG para predecir el Oscar

Nerea Dolara

¿Quieres adivinar quién ganará el Oscar? Te damos claves (muchas en plan de freak de la estadística) para lograrlo utilizando los resultados de los SAG Awards.

Anoche el sindicato de actores de Hollywood entregó sus galardones de televisión y cine. Y aunque la televisión es hoy una fuente intensa de noticias y satisfacciones narrativas, vamos a mirar qué significa para los actores de cine que en unos pocos meses estarán sentados en el teatro Kodak esperando saber si ganaron un Óscar.

Los SAG Awards, más que los premios de los Writers Guild, Directors Guild y Producers Guild, son un buen referente a tomar en cuenta si estos meses quieres meterte en una quiniela de los Óscar. ¿Por qué?

La mayoría de los miembros de la Academia son actores

Más de 2000 miembros de los más de 6000 trabajadores de la industria del cine que pertenecen a la Academia son actores. Y el proceso de voto para los premios implica que sólo los miembros de cada gremio nominan a sus iguales, pero que el total de miembros votan por quién ganará. En los SAG Awards están muchos de los miembros actores de la Academia… ya que para trabajar en la industria se tiene que pertenecer al sindicato.

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Gary Oldman como WInston Churchill en “El instante más oscuro” (Darkest Hour).

La película que gana Mejor Reparto coincide regularmente con el Óscar a Mejor Película

En 11 años, de los 23 años en que se ha entregado el Óscar (en 1994 no se entregó), el ganador del mayor premio de los SAG ha recibido el galardón a la Mejor Película. En los premios del Producers Guild la película de Guillermo del Toro, The Shaper of Water, se ganó el mayor galardón. Pero no estuvo ni nominada en los SAG y eso es una mala señal. Por su parte, Tres anuncios en las afueras parece estar asumiendo el rol de favorita (también ganó el Globo de Oro). Sin embargo, si se toma el año pasado como ejemplo puede que el premio a mejor reparto no sea tan trascendente. En 2017, Figuras ocultas se llevó el honor, y, como sabemos, el Óscar (en un momento de caos como pocos) galardonó a Moonlight… la favorita de la Academia, La La Land, ni siquiera fue postulada al mayor premio de los SAG.

5 claves para ganar tu quiniela: aprovecha los premios SAG para predecir el Oscar 1
Sam Rockwell y Frances McDormand, la combinación ganadora de Tres anuncios en las afueras (Three Billboards Outside Ebbing, Missouri).

Y la coincidencia es aún mayor cuando se trata de las estatuillas de Mejor Actriz y Actor

Durante los últimos cinco años la ganadora a Mejor Actriz ha recibido el mismo honor por parte de los SAG (y en total ha coincidido 17 veces en 23 años) y en el caso del Mejor Actor ha tenido el mismo resultado 18 veces en 23 años (de hecho Casey Affleck rompió una racha de 12 años consecutivos de coincidencia cuando ganó el Óscar; Denzel Washington ganó el SAG). Frances McDormand (Tres anuncios a las afueras) también ganó el Globo de Oro y tiene la ventaja de ser muy querida en la industria… la desventaja es que el Óscar pide dedicar mucho tiempo a hacer campaña y McDormand no juega con las normas de Hollywood. Por su parte, Gary Oldman ha sido de los favoritos desde el estreno de El instante más oscuro (aunque le compite de cerca Timothée Chalamet por Call Me By Yor Name). En el caso de los actores de reparto, que también coinciden este año con quienes ganaron el Globo de Oro (Allison Janney por I, Tonya, y Sam Rockwell por Tres anuncios en las afueras), tanto en la categoría masculina como femenina supera las 10 ocasiones de repetición el ganador del Óscar.

Tonya Harding: la infalible anti heroína americana 2
Alisson Janney como LaVona en I, Tonya | Imagen: IMDB

El número general de coincidencia es realmente alto

Según Bustle, en promedio los ganadores del Óscar que ese mismo año se llevaron un SAG a casa sin los mismo en 2,9 de 4 ocasiones. Y ya ni hablar de la necesidad de por lo menos competir por un SAG a Mejor Reparto para poder estar nominado al Óscar a Mejor Película: La única película que ha ganado una estatuilla de la Academia sin estar nominada a los SAG fue Braveheart, en 1995.

5 claves para ganar tu quiniela: aprovecha los premios SAG para predecir el Oscar 3

La Academia ha hecho un esfuerzo por diversificarse… y eso la hace menos predecible

O eso se asume. La verdad es que los más de 100 mil miembros del sindicato de actores ya son diversos (no tanto, pero más que la Academia que hasta hace unos años tenía un 93% de integrantes que eran hombres blancos mayores), pero la Academia ha dedicado dos años a abrir sus puertas a más mujeres, personas de color y de diversas preferencias sexuales. No es casual que Moonlight haya ganado en 2017. Y es posible que, si las crítica al manejo de la raza y el racismo se mantienen contra Tres anuncios en las afueras, que sus actores puedan llevarse algún galardón, pero que la película se quede por el camino. También lo es que justo por el mayor alcance de los SAG, su mayor galardón sea exactamente lo que prefiere el mayor cuerpo votante de la Academia (que es ahora un poco más diverso).

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María Cabrera: "En nuestra sociedad están los que luchan y los que miran"

Beatriz García

Foto: Laura Guisado

La memoria es un proceso de montaje, recordar es narrar con imágenes de archivo. Lo mismo que se construye la noticia, así se construye el discurso de una vida. Sin embargo, ¿cómo testimoniar la historia de las 925 personas – ni un millar ni 900, contémoslos a todos-, que perdieron su trabajo en Telemadrid hace apenas cinco años por el endeudamiento y la mala gestión de otros? Ellos la llamaban ‘La Casa’, trabajaban informando y acabaron convertidos en material informativo. Y mucho más, en un símbolo del obrero que se resiste a ser escupido de la misma empresa que ayudó a levantar.

La escritora y realizadora María Cabrera vivió el proceso de desmantelamiento de la televisión pública, conoció las historias de quienes se fueron y quienes se quedaron y también lo sintieron, y escribió ‘Televisión’ (ed. Caballo de Troya) para que no cayera en el olvido. Más aún, creó una novela que habla de afectos, de relaciones humanas, que reflexiona sobre lenguaje y la mirada hacia un mundo, dice, que nos resulta extraño y tratamos de comprender. La suya es una mirada serena y cinematográfica, la cámara salta de un personaje a otro, enfoca diferentes mundos, hace ‘zoom’ en la vida íntima de una tele y sus personajes, e invita al lector a ser espectador privilegiado, no un mero ‘mirón pasivo’, sino alguien que recordando, edita y descubres nuevas capas de una historia que, a tenor de los tiempos que vivimos, es la de todos.


Junto a María Cabrera, rebobinamos cintas, memorias, luchas y paseamos por los pasillos de una televisión fantasma. Así es ‘Televisión’.

María Cabrera: "En nuestra sociedad están los que luchan y los que miran"
‘Televisión’, editorial Caballo de Troya.

Tú viviste el ERE de Telemadrid en primera persona. ¿Tan mal lo pasa el que se va como el que se queda?

‘Televisión’ surge de preguntarme dónde está cada uno en el momento crucial, en el que el personaje de Henar es precisamente alguien que se queda atrapado en medio del conflicto sin tener claro qué piensa ni qué siente, con más dudas que certezas; un personaje común que —Henar mantiene su puesto, a mí se me acabó el contrato doce días antes del ERE; a los muchos meses volví, de modo intermitente— humaniza una historia más allá de buenos y malos. Me afectó más en lo personal que en lo laboral, al menos yo lo sentí así; aunque era evidente que a la larga perdíamos todos, que aquel era el último bastión de los derechos laborales de los trabajadores en nuestro país por el que había que luchar, lo cierto es que yo estaba de paso, con un contrato de tres años y a la calle, y mi vinculación con el conflicto no fue plena: no iba a perder mi puesto de trabajo porque nunca lo tuve. Lo viví desde ese lugar y fue difícil para mí estar allí, y lo fue volver después. Como sé que lo fue para los que se fueron y no han podido volver, y para los que se fueron y ahora están volviendo. Me sentía parte de todo aquello: había sido mi primera incursión profesional en un medio —¡en qué medio! — y en el tiempo que pasé allí había sentido gran apego por muchos de mis compañeros, los admiraba y estaba a gusto trabajando con ellos. Y de pronto comenzó la pesadilla. Al mismo tiempo que me escandalizada por lo grave e injusto de la situación y los apoyaba o quería apoyarlos —no sé en qué momento esto dejó de ser lo mismo—, comencé a distanciarme. Sencillamente porque podía hacerlo; ellos no podían.

El personaje de Henar es una documentalista que trabaja en el turno de noche de una televisión arruinada, casi un fantasma dedicado a revisionar viejas cintas. Si el recuerdo, como dices en el libro, está transformado por el pensamiento. ¿Es el pasado un ejercicio de montaje?

La construcción del pasado sí, y la novela está escrita de manera que sea evidente, a partir de los recuerdos, pero también de las grabaciones, que podría parecer un material más fiable pero no deja de ser una construcción del pasado desde otro presente. Y a partir de un narrador poco fiable, que duda, se expresa en palabras de otros, cambia de punto de vista, no sabemos desde dónde está narrando… ‘Televisión’ quiere reconstruir la historia de una televisión (su propia historia) a partir de las memorias de los personajes que trabajaron en ella y la habitaron (la llamaban la Casa, y ellos eran una gran familia). A este respecto, la novela plantea una reflexión cuando se trata de los recuerdos que los personajes tienen de lo que fue la mejor época de la tele, la de su juventud, cuando empezaron a trabajar allí, a hacerse amigos, a formarse parejas… Lo que no deja de ser curioso si se compara, como se hace, con el presente en esa otra televisión arruinada en la que otros pocos (muchísimos menos) son, a pesar de las pésimas condiciones laborales, jóvenes y felices, y ante esta incertidumbre laboral en la que los despidos están a flor de piel ellos llevan ahí cuatro años, se han casado y han tenido hijos. Y una se queda pensando en lo subjetivo y cambiante que es todo, lo que vemos, lo que creemos ver, lo que recordamos y lo que olvidamos.

Henar también es “la persona que se oculta”. ¿En qué medida es un personaje marcado por la culpa? ¿Y por la sensación de ‘no escapatoria’?

Se habla de la culpa, pero creo que tiene más que ver con la vergüenza. Cuando Henar se encuentra por la calle con un compañero al que han echado y tiene que reconocer que ella sigue trabajando dentro, al mirarlo a los ojos siente vergüenza. Muchos supervivientes la sienten por haber sobrevivido. Henar tiene que vivir con ello, y lo hace. En ese edificio vacío, monstruoso y gris lleno de fantasmas que es la televisión de noche, ahí están sus propios recuerdos, los viajes, los amores, el trabajo distorsionado y las cintas de vídeo que visiona una y otra vez en las que siempre encuentra algo nuevo a lo que aferrarse.

Escribes: “El trabajo condiciona la manera en que vivimos”. ¿Cuánto te ha condicionado a ti?

Es uno de los pilares de la mayoría de las personas, junto con la familia y las experiencias vitales. Hablo del trabajo como la actividad que desarrollamos a lo largo de un tercio de nuestra vida adulta, pero es que, además, el resto de nuestro tiempo libre lo determinan cuestiones salariales y otras derivadas que hacen que, por ejemplo, nos llevemos el trabajo a casa. Y a veces, incluso, este es vocacional y va más allá, o hay un padre de familia que considera que es su deber mantener a su mujer y sus hijos, o la sociedad dicta que hay que trabajar así o así para estar dentro. Creo que es bastante habitual construirse la propia identidad en torno al trabajo; yo me revuelvo contra la idea de que defina quién soy, quiero pensar que si no hubiera trabajado diez años en la tele sería la misma persona en esencia, pero lo cierto es que quien pierde su trabajo siente que se pierde un poco a sí mismo. Y lo preocupante es que esto ocurra al tiempo que las condiciones laborales merman y el trabajo se deshumaniza como lo está haciendo. Porque hace que vivamos peor.

 ¿Influye en tu obra esa otra faceta como realizadora de televisión? Te lo pregunto, porque algunas de las escenas de ‘Televisión’ parecen una narración filmada, hay algo muy audiovisual en ellas.

Supongo que sí, al final lo que haces define una parte de ti, y eso queda reflejado en la propia obra. No solo a la hora de describir esos oficios que se encuentran dentro de esa fábrica de trabajadores que es una televisión, sino que también a la hora de narrar aparece ese lenguaje a veces más audiovisual que escrito. Y más que cinematográfico, televisivo. Buena parte de esta historia la hemos visto a través de imágenes, especialmente esas de las manifestaciones y huelgas han salido en los medios, son parte del imaginario común de aquellos que siguieron un poco la historia. Fue muy visual. Yo misma incluso, a pesar de haberla vivido, después la he visto muchas veces grabada y, al cabo de cinco años, una no sabe muy bien qué momentos vivió y qué imágenes fueron construidas por otros y simplemente las recibió, pero se le han quedado grabadas igual que ciertos recuerdos. Se quedan unas y no otras. Ese es el montaje de la memoria.

En el libro hay tres narradores que dan tres puntos de vista diferentes sobre el desarrollo del ERE, pero me llama la atención ese “Nosotros”, que recoge el sentir y las historias de quienes fueron despedidos. Pusiste caras a un drama cuando a menudo los periodistas convertimos las historias personales en cifras de muertos y heridos. ¿Crees que la literatura es mejor medio para preservar el pasado que la imagen?

Son lenguajes complementarios. La lectura, en este caso, hace universal la historia, el argumento de un grupo de trabajadores que lucha para evitar ser despedidos. Cualquiera es capaz de reconocerse a sí mismo o a algún ser cercano que ha sufrido una situación similar.
Yo me apoyé mucho en las imágenes para construir algunas partes de lo que es la historia propiamente dicha. Necesitaba saber que esos archivos existían, aunque después no los mirase tanto ni necesitase describir como lo hace una foto, pero sí que miraba dentro de esas imágenes, me metía dentro de ellas. El libro resultante es algo distinto, no es solo esa historia, que ya la contaron ellos mismos a través de entrevistas, vídeos, acciones que emprendieron y retransmitieron periodística y humanamente, colocándose delante y detrás de las cámaras a un tiempo. El libro habla de las relaciones humanas, habla de la pérdida del trabajo y de cómo afrontamos cada uno un hecho así, habla de la cotidianidad, del lenguaje, de la lucha, de la mirada hacia un mundo que resulta extraño y tratamos de comprender como podemos. Por supuesto que una película o una obra de teatro pueden abordar desde la imagen una reflexión así más allá de contar una historia. Ojalá alguien se anime a hacer la peli, ¡me encantaría ver este libro en pantalla!

¿Hay alguna imagen de esos días de huelgas y luchas sociales que se te quedase grabada en la memoria más que ninguna otra?

Muchísimas. Fue una historia inmensa, que marcó a quienes la vivieron, miles de personas entre trabajadores, familiares, gente que se involucró en la lucha, en el contexto que se había generado un año antes con el 15-M y la población en las calles. Era una explosión de fuerza. Verlos a todos juntos levantarse, organizarse, comenzar a luchar, ser cada vez más, conocer a toda esa gente o sentir que los conocía me generó un gran orgullo y la esperanza de que se podían cambiar las cosas y hacer frente a las injusticias. Para mí fue una enseñanza. Y una sensación muy intensa y contradictoria, como de estar feliz y triste al mismo tiempo.

María Cabrera: "En nuestra sociedad están los que luchan y los que miran" 2
Trabajadores protestando por los despidos. Imagen: Salvemos Telemadrid.

Una frase del libro me atraviesa especialmente y la dice Henar: “Preferimos vivir con ciertos problemas a carecer de ellos”. Me recuerda mucho a lo que escribió Jelinek en ‘Las Amantes’: “Merecemos lo que somos capaces de soportar”. ¿Estás de acuerdo?

Creo que tiene que ver con el deseo de sentirnos vivos. Experimentar el abismo de lo real, la desesperación, el placer y el sufrimiento, todo eso forma parte de nuestra intimidad más cotidiana y más oculta también. En ese punto sí podrían compartir esa lectura. Leí Las amantes hace años, Jelinek es muy perturbadora y lúcida, lleva las fantasías, las relaciones y los deseos hacia lo más terrorífico y autodestructivo, traspasa el límite y eso le da una fuerza brutal. En ‘Televisión’, que transcurre de noche y en ambientes un tanto desoladores, la voz narradora aún tiene momentos luminosos, va y viene.

Si algo detesto de la vida de oficina es el corporativismo de los compañeros y tú lo describes muy bien en ‘Televisión’: gente que perdió sus puestos o los mantuvo en pésimas condiciones, pero seguía justificando a la empresa. ¿Cómo lo explicas? ¿Es síndrome de Estocolmo, miedo…?

Desde la reforma laboral, la inseguridad en el trabajo es mayor, y hay miedo a perder el empleo. Por eso la gente no se queja del salario o de las condiciones, porque al menos tiene trabajo. Y ese es el discurso que se pronuncia y que acalla todo. Desde la empresa se fomenta la competitividad mal entendida, que premia el comportamiento servicial, y revierte en poco compañerismo y en un aumento de poder del empresario con respecto a sus empleados. Pero también el deseo del empleado de ascender rápidamente sin importar cómo. Esta novela se sitúa en un contexto histórico próximo, hace apenas cinco años, pero me parece que la situación que retrata queda muy lejana. Hoy en día no tenemos tanta fuerza para defendernos, eso es lo que nos han quitado. Y por eso me parece que tiene una importancia mayor recordarla.

Cuando aprendes cómo se construyen las noticias entras en una crisis de realidad, te das cuenta de que la verdad es algo que no interesa. ¿Cómo seguir trabajando con dignidad en época de la posverdad?

Cuando trabajas en un medio como una televisión, aunque no sea como periodista —no lo soy—, te planteas qué realidad estamos construyendo desde ahí, te invade la responsabilidad, te das cuenta del inmenso poder de persuasión que tiene, de quién lo está utilizando y cómo. El libro reflexiona sobre eso, sobre la manera de presentar esa realidad cada día, en cada programa, cada minuto y cada segundo de información tratada con una intención determinada y muy clara. Detrás de cada decisión tomada se esconden intereses políticos y económicos que se nos escapan. Supongo que cada uno valora cómo seguir. También se hace un trabajo muy digno por parte de muchos periodistas, fundamental para denunciar, analizar, contar y cuestionar aquello que nos afecta o que debería afectarnos. El manejo de la información es una herramienta muy poderosa y tiene que estar de nuestro lado. Tirar la toalla o descreer de todo el periodismo que se hace es un error.

“Uno no entra a trabajar sino a defender su puesto”, dices. Quizás nuestro gran problema es que defendemos nuestra puesto ‘contra’ los demás y no ‘con’ los demás. ¿Falta en nuestro país el sentimiento de comunidad que se generó en la época de la crisis y entre los compañeros víctimas del ERE en Telemadrid?

Partiendo de la base de que los trabajadores deberían poder llegar a su lugar de trabajo y sencillamente entrar a trabajar y no a defender su puesto, también en esta novela y en esta historia el sentimiento de comunidad se creó cuando fue necesario. Es una novela más bélica que política, en un sentido metafórico. En nuestra sociedad las guerras se producen por el trabajo, el poder, la pobreza. Y están los que luchan y los que miran. En nuestro mundo desarrollado, las guerras suelen suceder por televisión y la mayor parte del tiempo somos espectadores de las mismas. Y si la lucha se produce a nuestro lado, nos comportamos igual. Cuesta mucho esfuerzo comprometer y concienciar a la gente. El individualismo lleva tiempo instalado entre nosotros. En cuanto a la lucha, las generaciones más jóvenes están viviendo un tiempo en el que nada dura lo suficiente como para tener que luchar por ello, porque enseguida es sustituido por otra cosa. Y se han acostumbrado a que sea así porque hay estímulos y soportes para ello. De momento nos venden eso y eso compramos.

“La noticia tiene que pasar por uno para ser real”. Explícame eso.

Hasta que no te toca a ti, no te afecta, no deja de ser una noticia más que contemplamos desde el sofá (como las guerras que suceden en otros lugares). El personaje principal, sin embargo, siente, al trabajar en una televisión, que está en el lugar donde pasan todas las cosas, y llega un momento en el que no quiere estar más en ese centro, quiere dejar de mirar las imágenes de los atentados y de escuchar debates sobre violaciones a niñas, desaparecidos, enfermedades y muerte. Porque al final le afecta, le produce aprensión, paranoia. Otro personaje dice que están acostumbrados a dar todo tipo de noticias, hasta que ellos mismos se convierten en una, y la cosa cambia.

¿Cómo reaccionaron tus compañeros protagonistas, ese ‘Nosotros’ que es voz comunal salpicada de pequeñas historias, cuando publicaste el libro?

No tengo una visión general de cómo ha sido recibido el libro dentro de la tele. Sí que me han llegado impresiones particulares, todas buenas. Me alegra especialmente que a las personas que se vieron afectadas por aquel ERE les guste el libro, porque no es complaciente y mete el dedo en la llaga, pero trata de ser justo. Y ahí queda, guardando la memoria.

Háblame de futuros proyectos. (Sí, es una pregunta manida de periodista, pero al menos he evitado la de “¿por qué empezaste a escribir?”… Alguien debería contestar: “Porque me dio la gana”).

He empezado una segunda novela que continuará algunas líneas que ya introduje en esta; la ambivalencia realidad-ficción, el lenguaje audiovisual, la memoria… Me gustaría explayarme más, hacer más investigación, y que no tenga nada que ver con la televisión.

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