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6 momentos que han marcado la cumbre del G20

Redacción TO

Foto: LUDOVIC MARIN
Reuters/Pool

Hamburgo ha acogido una nueva reunión del G20, los países más ricos del mundo, con la canciller alemana Angela Merkel como anfitriona, y con todas las miradas puestas en Donald Trump, no sólo por ser la primera vez que el presidente de Estado Unidos asistía a esta reunión de los más poderosos, sino también por el esperado encuentro con su homólogo ruso, Vladimir Putin. Mientras en el interior los líderes debatían sobre cuestiones globales como el cambio climático, el terrorismo o el comercio, en las calles de la ciudad alemana las manifestaciones y protestas violentas contra la globalización volvían a dejar imágenes de enfrentamientos entre policías y ciudadanos antisistema.

Protestas y seguridad

Durante la cumbre, fuertes medidas de seguridad y protestas han ido de la mano. Manifestantes ataviados con pasamontañas y pertenecientes a grupos antisistema, protagonizaron desde la víspera del inicio de la cumbre y hasta el último día situaciones especialmente violentas, que obligaron al gobierno de Merkel a sitiar literalmente la ciudad alemana y pedir refuerzos a las policías de otros países. Los actos vandálicos incluyeron la quema de contenedores y coches, la rotura de lunas de numerosos comercios con piedras, y mobiliario urbano destrozado.

6 momentos que han marcado la cumbre del G20
Grupos antisistemas prenden fuego a las barricadas colocadas en las calles de Hamburgo con motivo del G20 | Foto: Hannibal Hanschke / Reuters

Un total de 213 policías resultaron heridos y 144 personas fueron detenidas entre el jueves y el sábado, según el balance final oficial que, sin embargo, no ha aportado datos sobre el número de heridos entre los manifestantes. El gobierno alemán criticó la actuación de estos grupos antiglobalización que empañaron la cumbre, comparándolos con yihadistas y nazis.

Donald Trump y Vladimir Putin

La asistencia de Donald Trump a esta cumbre ha acaparado la atención de los medios pero también la de los propios líderes mundiales asistentes. Era su primera vez en este foro y, lo que era más importante, su encuentro con el presidente de Rusia, Vladimir Putin, creó una expectación inusitada. Más allá de si ambos hablaron o no de la crisis relacionada con la presunta implicación del Kremlin en los comicios presidenciales de EEUU del pasado noviembre y de las supuestas relaciones de miembros del equipo de campaña de Trump con altos cargos rusos, los dos mandatarios acordaron declarar un alto el fuego en el suroeste de Siria a partir del domingo 9. Los analistas han comentado que, al menos, la esperada entrevista tuvo un efecto positivo.

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El presidente de EEUU, Donald Trump y su homólogo ruso, Vladimir Putin, en su primer encuentro
en Hamburgo el 7 de julio de 2017 | Foto: Carlos Barria / Reuters

Cambio climático

Angela Merkel dijo que el cambio climático era uno de los principales temas de la cumbre del G20 y el objetivo de los líderes era evitar una ruptura con Estados Unidos, como ocurrió recientemente en la reunión del G7. En Hamburgo, los socios se esforzaron por acercar posiciones con Washington, que culminaron con concesiones a Donald Trump y su política contraria a los principios del Acuerdo de París sobre el clima, del que ha anunciado su marcha. En el comunicado final de la cumbre se indica que el grupo “toma nota” de la decisión de Estados Unidos anunciada en junio de retirarse de las políticas para luchar contra el calentamiento global, mientras que Washington se compromete a lograr una reducción de las emisiones, siempre y cuando sea compatible con el crecimiento económico del país.

Comercio 

La cuestión comercial, otro de los puntos de fricción de la cumbre, junto con la llegada de Trump y sus posiciones proteccionistas, pusieron patas arriba el statu quo que existía hasta ahora en el G20 a favor del libre comercio.

El comunicado final refleja este difícil equilibro entre las dos visiones, porque por un lado renueva su compromiso de luchar contra el proteccionismo, pero por primera incluye también una referencia a los “instrumentos legítimos de defensa comercial”.

Los gobiernos acuerdan aunar esfuerzos contra el terrorismo yihadista actuando sobre sus vías de financiación y compartiendo información

Terrorismo

Si en algún punto de la agenda de trabajo del G20 hubo un acuerdo unánime fue al referirse al terrorismo y la necesidad de aunar esfuerzos para luchar contra los yihadistas. En un documento, los países miembros del G20 se comprometieron a compartir información y a actuar sobre las vías de financiación de los grupos como el Estado Islámico, según se felicitó la canciller alemana, Angela Merkel, que recordó que el terrorismo islamista afecta a todos los países y no entiende de fronteras, como ha quedado patente en los atentados cometidos en los últimos años en muchos países del G20.

Venezuela 

La excarcelación por sorpresa de Leopoldo Lopez en la madrugada del sábado obligó a los presidente de los gobiernos de España, Argentina, México y Brasil a incluir en su agenda el tema de la crisis política y económica que vive Venezuela. Los cuatro coincidieron en pedir al Gobierno de Nicolás Maduro la “liberación de todos los presos políticos y la organización de elecciones libres y democráticas” en el país. López fue trasladado de la prisión de Ramo Verde en Caracas a su residencia donde permanece en arresto domiciliario.

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El opositor venezolano Leopoldo Lopez saluda desde su casa en Caracas tras ser excarcelado | Foto: Andres Martinez Casares / Reuters

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Ser un príncipe ‘moderno’ en Arabia Saudita

Redacción TO

Foto: Saudi Press Agency
Reuters

El pasado 4 de noviembre más de 200 personas fueron detenidas en Arabia Saudita sin acusaciones formales ni procedimientos jurídicos. Entre ellas, príncipes, ministros e importantes hombres de negocios cayeron en una operación anticorrupción lanzada por una comisión presidida por el príncipe heredero, Mohamed bin Salmán, que ha tomado ciertas medidas para introducir cambios inéditos en el país como llevarlo de una economía dependiente del petróleo a una diversificada.

Al joven de 32 años no le titubeó la mano. Entre los nombres de los arrestados destacan el de uno de los inversores más poderosos del mundo: el príncipe Alwalid Bin Talal, quien tiene intereses en compañías como Citigroup, 21st Century Fox y Twitter, y el del príncipe Mutaib bin Abdalá, el hijo favorito del difunto rey Abdalá.  Poco antes de las detenciones, Mutaib bin Abdalá había sido retirado de su puesto como jefe de la Guardia Nacional.

Según apuntan medios locales, con esta acción el príncipe heredero y principal asesor del rey Salmán, logró poner bajo su control a los tres servicios de seguridad del país: el Ejército, los servicios de seguridad interna y la Guardia Nacional. Por décadas estos poderes se habían distribuido entre las ramas del clan de la casa de Saúd para mantener un equilibrio de poder.

Con la ‘purga’, Bin Salmán supuestamente intenta combatir uno de los principales problemas que sufre el país: la corrupción. Sin embargo, esta acción ha preocupado a observadores internacionales y a los propios ciudadanos que la han considerado como una “apuesta muy arriesgada”. Incluso algunos lo acusan de buscar “desestabilizar la región” y de pretender deshacerse de personas que no apoyan sus reformas e ideas.

En cambio, otros como el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, le han dado su apoyo. Un día después de la operación, Trump escribió en su Twitter: “Tengo mucha confianza en el rey Salmán y en el príncipe heredero que saben perfectamente lo que están haciendo”. “¡Algunos de los que son tratados duramente han exprimido a su país durante años!”, añadió.

Quebrantamiento de la línea de sucesión 

En junio de este año, el rey Salmán bin Abdulaziz designó a su hijo “preferido” Mohamed bin Salmán como príncipe heredero, relevando en el cargo y en la línea sucesoria a su sobrino y príncipe Mohamed bin Nayef, según un decreto real. Con esta medida, el rey quebró por primera vez la línea de descendencia aunque contó con el apoyo de 31 de los 34 miembros del Consejo de Lealtad, órgano creado en 2006 por el entonces monarca Abdullah Bin Abdulaziz al Saud para dirimir sobre cuestiones sucesoriales.

En aquel decreto, el rey también ordenó enmendar el segundo párrafo del régimen del Consejo de Lealtad, en el que se determina que el Gobierno debe ser ejercido por los hijos del fundador del reino, Abdelaziz bin Abdelrahman al Faisal al Saud, y agregó que pueden dirigir el país sus nietos.

Mohamed bin Salmán podría convertirse en una de las figuras más poderosas del mundo árabe. The New York Times destaca que, hasta el momento, ha bloqueado a la vecina Catar, ha acusado a Irán de actos de guerra y ha alentado la renuncia del primer ministro libanés. Y en Yemen, sus fuerzas armadas están luchando en el conflicto religioso de esa nación contra una facción de hutíes alineados con Irán. 

Al ser el principal asesor del rey, se dice que ha movido los hilos de sus drásticas decisiones, como la transformación de algunos ministerios, entre ellos el de Economía, y la destitución de algunos líderes de la vieja guardia. Como ejemplo, en mayo del año pasado, Alí al Naimi, que estuvo por dos década a la cabeza del Ministerio de Petróleo, fue relevado por el presidente de la petrolera estatal Aramco, Jalid al Falih, un estrecho aliado del príncipe.

¿Mayores posibilidades para las mujeres?

Mohamed bin Salmán antes de ser designado como heredero al trono,  ya contaba con el puesto de ministro de Defensa. Es el hombre más joven del mundo en ejercer ese cargo. Aunque pertenece a una de las corrientes musulmanas más conservadoras, el wahabismo, Bin Salmán ha elogiado un “islam moderado” en el que las mujeres tendrán mayores derechos.

De acuerdo a una medida que ya ha sido aprobada, las saudíes podrán conducir a partir de junio de 2018 en el único país en el mundo que todavía mantiene la prohibición. Otro de los cambios ‘aperturistas’ fue anunciado en octubre, cuando el Gobierno dijo que autorizará a las mujeres a asistir a estadios deportivos. De momento, el próximo año podrán ir a tres recintos pero solo junto a sus maridos.

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Arabia Saudita es el único país que aún prohibe a las mujeres conducir| Foto: Faisal Al Nasser / Reuters

¿Una ‘Visión 2030’?

En el programa de Gobierno del príncipe Bin Salamán presentado en abril de 2016, llamado ‘Visión 2030’, se menciona explícitamente la intención de “empoderar a las mujeres y hacer efectivo su potencial” con el objetivo de elevar su participación en la fuerza de trabajo y la productividad nacional.

Para el monarca esto se traduce en aumentar la participación femenina en el mercado laboral de 22% a 30%, como lo recoge el documento. Esta cifra forma parte de los índices que el Foro Económico Mundial ha usado para situar a Arabia Saudí en el puesto 138 de 145 países respecto a las oportunidades y participación económica de las mujeres, a pesar de que el 60% de los estudiantes que se gradúan de carreras universitarias son chicas, según la OECD.

A pesar de las promesas, Human Rights Watch ha denunciado que no ha sido concretada la orden real de abril de este año en la que se autorizó suavizar la tutoría del hombre a la que están sometidas las saudíes. En el reino del Golfo ellas todavía deben contar con la autorización de un tutor hombre, que generalmente es su padre, esposo o hermano, para poder viajar, estudiar, sacarse el pasaporte, contraer matrimonio o incluso salir de la cárcel tras haber cumplido alguna condena. De modo, que hasta que las cosas no cambien en la práctica, las ofertas del príncipe serán palabras al viento.

Transformaciones económicas

Otro de los principales giros que busca el príncipe y que también está plasmado en ‘Visión 2030’ es convertir a Arabia Saudita en una economía diversa, no dependiente del petróleo, como lo ha sido hasta ahora. Para ello pretende privatizar la petrolera Aramco.  “En Arabia Saudita hemos desarrollado una adicción al petróleo”, expresó Salmán en una entrevista con la televisora estatal Al Arabiya. Por su parte,  la BBC señala que lograr que el país se sobreponga a esa dependencia no será fácil ya que obtiene más de 70% de sus ingresos por la venta de crudo. Además, entre otro de sus objetivos económicos, está aumentar la aportación del sector privado al PIB a un 65% en 2030 (actualmente es de 40%).

Más novedades

El llamado ‘príncipe detrás del trono’ ha anunciado la restricción de facultades de la policía religiosa llamada ‘Comité de la propagación de la virtud y prevención del vicio’, cuerpo de encargado de aplicar la estricta versión saudí de la sharia. Además de las anteriores, otra muestra de ‘modernidad’ que llamó la atención de los medios fue cuando Mohamed visitó al fundador de Facebook, Marck Zuckerberg, con vaqueros en vez de su túnica blanca, y su reciente encuentro con el co-fundador de Microsoft, Bill Gates.

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El príncipe se reunió recientemente con el co-fundador de Microsoft, Bill Gates. | FOTO: Reuters Handout

Estas reuniones con los ‘reyes de la tecnología’ posiblemente forman parte de sus planes de modernizar la nación. El más ambicioso hasta el momento es el de construir una nueva metrópolis que se extenderá por tres países y costará 500.000 millones de dólares. El proyecto, llamado NEOM, fue anunciado en una conferencia de inversiones. 

De modo que ser un príncipe moderno en Arabia Saudita está lleno de matices. El joven abogado deberá enfrentar a algunos clérigos que no concuerdan con sus ideas ‘vanguardistas’, a una élite empresarial acostumbrada a subsidios estatales y tendrá que crear planes más concretos para la materialización de sus objetivos. Además, sus decisiones en cuanto a mejorar los derechos de la mujer aún están muy lejos de parámetros dispuestos por las organizaciones defensoras.

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Benedict Wells: "Nada puede protegernos del fracaso"

Jorge Raya Pons

Foto: Jorge Raya
The Objective

Benedict está acostumbrado a firmar sus libros con el apellido Wells, pero lo que la verdad oculta es que se apellida von Schirach y que Wells, más que un alias artístico, es un homenaje al personaje de John Irving en Las normas de la casa de la sidra. Lo escogió con un motivo poderoso: “Él es la razón por la que escribo”.

Benedict Wells (Múnich, 1984) –uno de los autores más reconocidos en Alemania– ha estado en España por la publicación en castellano de su última novela, El fin de la soledad, a cargo de la editorial Malpaso, y es un hombre de rostro tranquilo, alto y delgado, con el pelo frondoso y castaño, que esconde tras de sí una historia fascinante. En el libro queda mucho de esa esencia y desde bien pronto, apenas en el segundo capítulo, viene a decirnos cómo se rompe una familia en mil pedazos después de que tres hermanos preadolescentes –Marty, Liz y Jules– pierdan a sus padres en un accidente de tráfico, sin otra salida que continuar con sus vidas en un internado público.

Cuando Benedict escribe sobre la soledad, lo hace desde el corazón y desde el estómago. Benedict supo desde joven que quería ser escritor y con 19 años se fue de Múnich a Berlín, que en 2003 era “una ciudad barata”, “perfecta para la gente que, como yo, no tenía dinero”, tomando un camino que nadie le aconsejó. “Mi vida era miserable”, recuerda. “No fui a la universidad. Los primeros años tras el instituto los viví muy solo, en un apartamento horrible, con la ducha en la cocina. Trabajé en varios empleos temporales, y escribía por las noches. Trabajé de camarero, en la taquilla de un cine, de recepcionista en un hotel, más tarde en un show televisivo que estaba bien, pero al que tuve que renunciar porque no me dejaba tiempo para escribir. No tenía otra vida. Sentía que debía invertir todo mi tiempo en escribir”.

Y continúa: “Hay mucha gente con talento. Pero, para mí, el talento no era el campo en el que podía marcar la diferencia. Lo único que estaba dentro de mi área de control era mi voluntad y mi esfuerzo. Pensaba que nadie estaba tan loco con 19 años como para tener esa vida solitaria y extraña de escribir todo el tiempo. Pensaba que muy pocas personas podían mantener ese ritmo después de dos años. Dediqué todo lo que tenía a la escritura y, después de un par de años, vi que era mejor que cuando comencé. Aun así, seguía pensando que necesitaba dos o tres años más, quizá cuatro. Mi vida era muy solitaria. Tan solitaria que podía pasar cinco semanas sin hablar absolutamente con nadie. Allí estaba yo, solo y escribiendo”.

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Portada de ‘El fin de la soledad’, de Benedict Wells. | Imagen: Malpaso

Lo más difícil de todo aquello, cuenta, más incluso que la reclusión y el olvido, era el modo amargo en que sus amigos y familiares renegaban de su esfuerzo. “Nadie me entendía”, dice, con gesto serio. “No podía demostrar que tenía el talento necesario. Habían pasado cuatro o cinco años y seguía sin publicar. Tenía 23 y algunos amigos veían mi apartamento, veían que no estudiaba, que no tenía una red de seguridad, y me decían: ‘Vamos, tienes que buscarte algo más estable’. La presión estaba ahí y era tal que estuve pensando en salir de Alemania. En cada conversación había un recordatorio de mi fracaso. Mi gran ventaja, de algún modo, era que mis padres no tenían dinero, así que podían apoyarme emocionalmente, pero no económicamente. Era totalmente libre. Aunque me pesaba la presión de que no pudieran entenderlo. Yo mismo… estaba esperando a que alguien me animara a intentarlo”.

Dice, con la memoria puesta en sus años en Berlín, que tuvo que luchar contra la soledad y el rechazo, pero también contra sus momentos de ansiedad y vacilación. “Me pasaba el día entero pensando que era un fracasado, que no valía lo suficiente”, dice. “Pero me sentaba frente al escritorio y pensaba que no había nada mejor que pudiera hacer. Vivía todo el tiempo entre dos extremos: excitado por escribir y contar una historia o deprimido porque pensaba que no tenía talento. Lo que me hizo seguir es la voluntad de contar historias. Pensaba que quizá no fuera tan bueno, pero quería terminar lo que había comenzado”.

Conforme Benedict se expresa, los recuerdos se van haciendo sólidos. Casi dibuja imágenes. Dice: “Recuerdo el día que descubrí a Michael Chabon. Simplemente leyendo Chicos prodigiosos y Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay, viendo cómo escribía, cómo jugaba con el lenguaje, sentía que tenía que volver a escribir. Sabía que la literatura era mi vida y estaba dispuesto a fracasar. Prefería fracasar que arrepentirme por no haberlo intentado. Temía más al arrepentimiento que al fracaso”.

Dice que fue en el último instante que apareció un agente, justo cuando tenía planeado su viaje a Escocia. Después de tantos años, la editorial en alemán Diogenes –muy prestigiosa y conocida por publicar un único libro al año– se interesó por él y terminó por publicarle su primera novela, El último verano de Beck. Su nombre fue, definitivamente, cobrando más y más fuerza. Publicó tres novelas más con este sello.

“Uno tiene que encontrar el equilibrio. Cada segundo que estás en la historia, dejas de estarlo en la vida real”

Probablemente su entereza y vocación exclusiva, su capacidad para no torcer el brazo, habrían sido imposibles de no haber soportado un duro entrenamiento previo –vivió de los 6 a los 19 años en un internado público por una grave situación familiar, como Marty, Liz y Jules–. Le pregunto por esta circunstancia, y habla de ello con naturalidad y sin resignación. “Creo que la independencia fue lo primero que aprendí en el internado”, dice, con la mirada puesta en una taza de café que apenas ha probado. “Pero entre los niños que estábamos allí, yo era un afortunado. Allí había niños que habían sufrido abusos, había refugiados… Al menos yo tenía unos padres que me querían. Los otros niños de mi clase iban con padres adoptivos, y yo me iba con los míos. Era extraño. Quizá para mis amigos, que han sido amados y han tenido una infancia protegida, habría sido más difícil”.

La vida de Benedict Wells es fascinante, decía, y en parte lo es por todo a lo que tuvo que renunciar. Le pregunto por las cosas que quedaron en el camino, si las echa de menos. Benedict responde que sí, sin reservas, y explica que es la razón por la que se mudó a Barcelona. “Tenía 26 años, había publicado mi primer libro y sentía que me había perdido muchas cosas”, dice. “Me di cuenta de que uno tiene que encontrar el equilibrio. Cada segundo que estás en la historia, dejas de estarlo en la vida real. Echo cosas de menos, sí. Pero todo tenía un propósito. Me habría gustado disfrutar de lo que llaman la vida del estudiante, pero luego estuve tres años y medio en Barcelona, y más tarde traté de imitar la vida del Erasmus en Montpellier. Me esforcé por hacer lo que no había hecho, y claro que no era lo mismo. Pero nunca dudé del camino que había tomado: amo la escritura y volvería a hacer lo mismo”.

Ahora Benedict es un autor respetado en Europa, sus libros se venden por cientos de miles, y en su país concede raramente entrevistas: es, la mayor parte del tiempo, un hombre solitario. Con todo, más allá de las ventas y de los premios y de ese reconocimiento intangible que es la admiración de sus lectores, todavía experimenta, de vez en cuando, la amargura del rechazo. “Recientemente escribí un artículo sobre el tren transiberiano y traté de venderlo a los periódicos”, cuenta, divertido. “Una vez más: rechazado-rechazado-rechazado. Me di cuenta de que todavía era posible. No hay garantías. Todavía puede ocurrirme”.

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Benedict Wells, fotografiado en Madrid. | Foto: Jorge Raya Pons/The Objective

“Después de todos estos años”, le pregunto, “¿qué significa para ti el fracaso?”.

Benedict se toma ocho, nueve segundos, busca una respuesta: “A veces es difícil asimilar que es inherente al ser humano, simplemente inevitable”. Hace una nueva pausa: “Vamos a fracasar y vamos a tener que lidiar con ello. Nada puede protegernos del fracaso. Lo único que puede cambiar es tu actitud. Por supuesto que existe aquella teoría de que el fracaso te hace más fuerte, y de que puedes aprender de ello. Pero hay fracasos de los que no puedes extraer nada. Probablemente ni siquiera puedas cambiar de actitud, pero tienes que esforzarte por hacerlo. Intentar aprender de tus fracasos, intentar hacer las paces con ellos. Es la única manera: intentarlo”.

Benedict, en su camino hacia el fin de la soledad, siempre encontró la literatura. “Es, definitivamente, una parte muy importante en mi vida. En ambas direcciones. Hacia fuera, mi pasión y mi profesión. Hacia dentro, el sentimiento de que no estás solo, de que puedes encontrarte a ti mismo en muchos libros, de que puedes sentirte a salvo”. Entonces habla de Harry Mulisch y de Kazuo Ishiguro, al que admira profundamente y llama profesor, y menciona Los restos del día y Nunca me abandones. Dice: “Hay pocos libros que me hayan cambiado de verdad, y estos son dos de ellos. Los leo y me pregunto: ‘¿Por quéee? ¿Cómo logró manipularme así? ¿Por qué me siento así?’. No es algo que esté entre las páginas. Trato de estudiar estos libros. Los libros que amo son mis profesores“.

Luego Benedict regresa a la idea de que la literatura, en el mejor de los casos, nos ayuda a sentirnos menos solos. “Es la primera experiencia cuando lees”, continúa. “No estás tan solo. Lo que realmente amo de la literatura es que es completamente distinta al resto de artes. En un cuadro, en una fotografía o en una película, todo está acabado. Puedes consumirlo. Pero un libro es simplemente blanco y negro. Todo viene de dentro. Tienes una página y todo depende de ti”.

Y concluye: “Hay algo que me fascina de la literatura: te deja a solas con la historia que tú has construido dentro de ti“.

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¿Cómo logró escapar Antonio Ledezma de Venezuela?

Anna Carolina Maier

Foto: Anna Carolina Maier
The Objective

Entre Caracas y Cúcuta hay 679,09 km en línea recta, según Google Maps. Para el dirigente político de la oposición venezolana, Antonio Ledezma, fueron “1.200 kilómetros de día y de noche en los que no solamente pensaba en mi pellejo” sino también en su país, el que dejaba atrás. Comenta que pensaba a menudo en que si el Gobierno de Nicolás Maduro lo agarraba en el trayecto de la fuga, lo exhibiría “como un trofeo para desmoralizar a la oposición”. Pero esta vez Maduro no lo logró. Ledezma aporta su relato.

El 19 de febrero de 2015, el alcalde de Caracas, Ledezma, fue detenido por una comisión del Servicio Bolivariano de Inteligencia (SEBIN). Más de 100 agentes de la polícia política encapuchados, con las armas enfundadas y sin orden de detención, entraron en las oficinas privadas del dirigente y se lo llevaron. El pasado 17 de noviembre, 1.002 días más tarde, se dio a conocer a los medios que el dirigente opositor al Gobierno de Maduro estaba en Colombia tras haberse dado a la fuga.

Antonio Ledezma logró burlar los férreos controles a los que estuvo sometido durante su arresto domiciliario desde febrero de 2016, cuando le dictaron la medida de casa por cárcel, haciendo creer a sus vigilantes que se encontraba enfermo. Así consiguió que un día le dejaran de sacar la foto que diariamente le hacían como ‘fe de vida’ para los que él llama sus “secuestradores”: el Gobierno de Nicolás Maduro. Ese día, como él dice, “me la jugué”.

“Estudiamos los hábitos de los funcionarios y cuál era el momento más adecuado”. Confiesa que todo el tiempo que estuvo en su piso recluido, aplicó el “principio mandeliano” de: “No te líes con tus custodios”, lo que lo ayudó a establecer relaciones cordiales que luego facilitarían el análisis de las actitudes de los guardias. “A mi me hacían una fotografía todos los días en la que tenía que mostrar el periódico del día. Logramos, en estos últimos 15 días, que se bajara un poco la guardia diciéndoles que me sentía mal, que no podía dormir (…)”.

Relata que llevó adelante una estrategia evaluando cómo vestirse y lucir para hacer creer a la policía política que se encontraba muy enfermo. Dejó de arreglarse y de peinarse, hasta que logró evitar que le tomaran la fotografía correspondiente. El jueves a las 8:00am escapó. “Me la jugué para que no se repitiera la fotografía y fue cuando salimos a las primeras horas de la mañana”.

Añade que calcularon el tiempo que tardaba la unidad del SEBIN en hacer su cambio de guardia. A partir de allí, “lo que vivimos fueron 29 alcabalas (controles de la Guardia Nacional y de la Policía Nacional), además de otros puestos de vigilancia”.

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El dirigente de Ciudadanos, Albert Rivera y el expresidente de Colombia, Andrés Pastrana acompañaron a Ledezma en la rueda de prensa de este lunes en Madrid. | Foto: Paul Hannah | Reuters

Reconoce que hubo colaboración de un equipo militar que se arriesgó a ayudarlo en su huida, “que no tiene nada que ver con colaboradores cercanos de Caracas”.

“Nicolás Maduro sabe que para poder pasar 29 alcabalas tuvo que haber colaboración de efectivos militares que hoy en día sienten vergüenza de lo que ocurre con la Fuerza Armada Nacional”, explica.

Los últimos 14 metros para llegar a la frontera con Cúcuta (Colombia) fueron los más tensos. Una señora que estaba en la cola de inmigración lo reconoció a pesar de que él llevaba un suéter y una gorra para disimular su apariencia. Ella le gritó emocionada: “Ledezma”, justo frente al guardia del último control en la frontera donde revisan las maletas.

“El guardia me reconoció, me hizo un guiño con el ojo y me dijo: ‘Siga adelante’”. “Quedan 14 metros”, fue la última frase que escuchó Ledezma antes de cruzar. Para el político, esos 14 metros parecieron 14 kilómetros.

Como documentación, Ledezma llevaba un carnet falso de inmigración colombiano con la foto de un hombre con rasgos similares. Al presentarlo al funcionario de la aduana del país vecino, este le respondió: “No hace falta”. Le dio una bandera de Venezuela y le dijo: “Usted es hombre libre; está en territorio colombiano”.

La escapada de Ledezma ha traído algunas consecuencias. Entre ellas, el allanamiento de algunos pisos del edificio donde vivía, así como la detención de varias personas com Ignacio Benítez, presidente de la junta de la comunidad de su edificio, quien está retenido en el Helicoide (sede del SEBIN en Caracas) y permanece incomunicado. También están detenidos el vigilante externo de la residencia, Jairo Atencia; Nelson Teixera, dueño de la empresa que presta el servicio de cámaras de seguridad de las residencias; Elizabeth Cardenas, exjefa de protocolo de la Alcaldía Metropolitana de Caracas (AMC); Carlos Luna, exjefe de protocolo de la AMC; y Carmen Catalina Andarcia, directora de administración de la AMC.

El dirigente venezolano ha aprovechado la rueda de prensa que ha dado en Madrid este lunes para denunciar estos casos. También ha prometido que trabajará desde el exilio para sacar a Venezuela de la crisis en la que está inmersa.

Sobre su situación legal ha dicho a los medios que no ha pedido asilo y que está estudiando con el Gobierno español la figura que le permitirá “actuar desde España y moverse por todo el mundo para denunciar la narcodictadura” y la situación de los 380 presos políticos que hay según el Foro Penal venezolano.

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León Tolstói y la fórmula rusa

Romhy Cubas

Foto: Wikicommons
Wikimedia Commons

León Tolstói moldeó la literatura rusa junto a Dostoievski, Chéjov, Pushkin y Gógol. Entre los nombres y apellidos que se afincan en los clásicos del país euroasiático el escándalo de Anna Karénnina al dejar a su familia para alimentar sus aventuras románticas personales, o la coquetería caprichosamente humana de Natalya Rostova en Guerra y paz, siguen leyéndose un siglo después con prejuicios y reacciones no muy disímiles a los de aquellas élites arcaicas que se horrorizaban con tanta facilidad en las ficciones de Tolstói.

El tamaño de su nombre es tan amplio como los años que han pasado desde que escribió Infancia su primera obra publicada en 1852 mientras servía en el ejército. Esta autobiografía seguida por dos tomos más: Adolescencia (1854) y Juventud (1856), se establece como el punto común que une a los grandes contadores de la literatura, sin importar la época o el lugar: el diario y la libreta como meta personal se convierten en el confesionario perfecto para cuestionar lo incuestionable en una década determinada.

Esas pequeñas anotaciones que se transforman en grandes obras fueron particularmente punzantes en el caso de Tolstói, quien inclusive inspiró un movimiento “Tolstoiano” basado en su filosofía y pensamiento religioso. El novelista ruso, quien luchó por muchos años con dudas existenciales tan individuales como sus posiciones, llegó a ser un duro crítico de la Iglesia Ortodoxa de Rusia, e inclusive fue expulsado de esta tras la publicación de Anna Karénnina y su tajante crítica “nacional” en 1877.

Su crítica no fue solo contra el Estado y sus instituciones, sino que en sus disertaciones intentó encontrar una lógica en la figura de Jesús como ser humano, concentrándose particularmente en su famoso Sermón de la Montaña. Aunque se identificaba a sí mismo como cristiano, Tolstói no creía en Cristo como aquél ser milagroso y divino que resucita y transforma el agua en vino. Para el escritor la clave en la incógnita de Jesús no residía en su “divinidad” sino en sus enseñanzas e indicaciones.

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León Tolstói cuadro restaurado por la artista rusa Olga Shimina | Imagen vía: Klimbim

En cuando a la universalidad de Tolstói esta no solo reside en sus novelas sino en el cuestionamiento emocional y espiritual que lo alejó de la coalición más poderosa de Rusia entonces, la Iglesia y el Estado, para inclusive plantearse el suicidio ante el sin-sentido de sus funciones.

Conocedor de ambas caras, la aristocrática y la ascética, su linaje y riquezas fueron un punto de ebullición para reñir contra la corrupción y falsedad de aquellas instituciones que gobernaron su vida durante tantos años. Desde adolescente entabló un viaje de autoconocimiento, no tan acelerado como el de Rimbaud, pero si igualmente sostenido en las ambivalencias morales de la sociedad. Tolstói logró beneficiarse de todo lo que hace un gran escritor: cuestionar y examinar, señalar lo común y fiscalizarlo por no extenderse en sus pluralidades. Por ejemplo, escribe sobre el “quimérico” concepto del amor y analiza sobre “el conocimiento confuso que tienen los hombres sobre que en el amor existe el remedio para todas las miserias de la vida”.

“Todo hombre sabe que en el sentimiento del amor hay algo especial, capaz de resolver todas las contradicciones de la vida y de dar al hombre ese completo bienestar, cuya lucha constituye su vida. (…) Pero es un sentimiento que viene rara vez, dura solo un poco, y es seguido por sufrimientos aún peores, dicen los hombres que no entienden la vida.

Para estos hombres, el amor no aparece como la única y legítima manifestación de la vida, como concibe la conciencia razonable, sino solo como una de las mil eventualidades diferentes de la vida; como una de las mil fases variadas a través de las cuales el hombre pasa durante su existencia.” […]

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Retrato de Leo Tolstói | Imagen vía: Getty Images

Pensamiento político

En el estudio La relevancia contemporánea del pensamiento político de Leo Tolstói del Dr Alexandre J. M. E., éste reflexiona sobre los innumerables libros y ensayos publicados por el novelista ruso en sus últimos treinta años de vida. El ensayo propone que sus posiciones radicales en cuanto a la política y la religión, que llegaron incluso a ser tildadas como un “Cristianismo Anárquico”, su descontento con el Estado, la Iglesia, la economía y las revoluciones en Rusia, son tan válidas y relevantes en el siglo XXI como lo fueron en el siglo XIX.

“El estado, ya sea autocrático o democrático, continúa usando la violencia o la amenaza de esta para imponer su voluntad a quienes disienten de su agenda. La Iglesia continúa prestando poca atención a lo que Tolstói ve como las implicaciones claras y verdaderamente revolucionarias de la enseñanza y el ejemplo de Jesús. Un sistema económico profundamente injusto sigue prosperando en lo que Tolstói vio como la premisa inaceptable de la propiedad privada”, escribe el académico.

Por esto la contribución de Tolstói sigue siendo única, no solo en su defensa intransigente hacia la no violencia y hacia la enseñanza como ejemplo, tal cual la implementaría Gandhi décadas después con el sacrificio no violento como método revolucionario. En la era de la globalización Tolstói podría advertir hoy lo mismo que advertía tras convertirse al “cristianismo” con casi 50 años de edad.   

“Muchos se han inspirado para seguirlo desde entonces. Pero sigue siendo cierto que la mayoría de la gente aceptará felizmente la necesidad de usar la violencia a veces, y especialmente para cambiar lo que se considera un sistema político y económico profundamente injusto. Pocas personas cometen el mal voluntariamente, o al menos racionalizan más el mal que cometen como el daño colateral de los medios que están justificados por el fin que se persigue. El pensamiento de Tolstói es una advertencia contra esta lógica. Advierte que los medios se convierten en fines, que los fines se pierden si se adoptan medios violentos. Tolstói advierte contra la adopción de la violencia para expresar ese descontento”, concluye Alexandre.

Leo Tolstoy y la fórmula rusa 2
Portada de Anna Karenina | Imagen vía Penguin Random House

Pero aunque la visión de Tolstói es revolucionaria, también es esencialmente masculina. Es cierto que sus novelas más leídas y universales se producen con la escritura de personajes femeninos que forman parte de un evento único que cuestiona la civilización elitista y social de la época. Sucede con la inusual independencia de Anna Karénnina, o en  La Sonata de Kreutzer, en donde este reflexiona sobre las relaciones maritales de una manera tan franca como inocente al entrever clichés y formas machistas sobre el amor y el “cortejo” sentimental. No obstante, el fracaso de su matrimonio y las borrascas maritales que lo atormentaron durante este muestran sus semillas en cada personaje torturado e infiel de sus novelas, nunca con mayor fuerza como en La muerte de Iván Ilich.

Es evidente que las novelas de Tolstói surgen de los pequeños detalles de su diario, se nutren de chismes, recuerdos de la infancia, rutina familiares y jergas sociales. En una de sus primeras anotaciones a la edad de 18 años, en marzo de 1847 escribe lo que sería la eterna pregunta de su vida y su trabajo, la esencia de su literatura y de sus confesiones tardías:

“Sigo encontrándome con la pregunta: ‘¿Cuál es el objetivo de la vida del hombre?’ Y, sin importar el resultado que logren mis reflexiones, sin importar lo que considere fuente de vida, invariablemente llegó a la conclusión de que el propósito de nuestra la existencia humana es proporcionar un máximo de ayuda para el desarrollo universal de todo lo que existe (…) Esta es toda la esencia de la vida: ¿quién eres? ¿Qué eres?”

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