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7 curiosidades de Gadafi que no sabías

Rodrigo Isasi Arce

El 20 de octubre de 2011, milicianos del Consejo Nacional de Transición asesinaban a Muammar Muhamad Abu-minyar Al Gadafi. La ciudad que  le vio nacer, Sirte, se convirtió en su tumba. Una vez realizada la autopsia, el cuerpo de Gadafi fue expuesto públicamente durante cuatro días, junto con el de su hijo Mutassim y su ministro de Defensa, Abu-Bakr Yunis Jabr, en una cámara frigorífica de la ciudad de Misrata. Las imágenes de su cadáver inundaron las portadas de todos los medios internacionales. Según anunció el gobierno provisional, al amanecer del 26 de octubre el cadáver de Gadafi fue enterrado por dos miembros del Consejo Nacional de Transición en un lugar desconocido del desierto, para evitar que pueda ser objeto de futuras peregrinaciones de sus seguidores.

7 curiosidades de Gadafi que no sabías
Portadas de medios internacionales informan sobre la muerte de Gadafi | Foto: Brendan McDermid/Reuters

La captura y muerte del líder marcó el fin de la Rebelión en Libia y la total liberación del país. El Consejo Nacional de Transición finalmente asumió de manera provisional, oficialmente, el gobierno y el control total del territorio. Se ha escrito mucho sobre la vida y la muerte de Gadafi, pero al menos hay 7 curiosidades sobre él que no conocías. Descúbrelas en este vídeo.

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De caravanas de mujeres a casas a un euro: las iniciativas más curiosas para repoblar las zonas rurales

Cecilia de la Serna

Foto: SUSANA VERA
Reuters

El éxodo del pueblo a la ciudad es un drama que no tiene nada de nuevo. Desde hace décadas, las zonas rurales han ido, con pocas excepciones a escala global, despoblándose paulatinamente. Las áreas urbanas se han llenado en detrimento de las campestres. El estudio La sostenibilidad demográfica de la España vacía, publicado por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), refleja en datos esta realidad: más de 4.000 municipios españoles sufren problemas de despoblación, 1.840 localidades ya están consideradas en riesgo de extinción y la peregrinación hacia las urbes se acrecienta.

Para Joaquín Recaño, autor del estudio, la despoblación responde a “un primer factor asociado al envejecimiento, con una relación intensa con variables de estructura; un segundo factor conectado con el ámbito de la emigración y, finalmente, un factor de nido por la cercanía a espacios más poblados”. En cuanto al factor de la emigración, ha sido la marcha de los más jóvenes el más incisivo de todos.

Ante esta problemática estructural, los pueblos que aún y a duras penas se mantienen en pie han puesto en marcha todo tipo de iniciativas para devolverle a la gente sus calles. Desde las ya clásicas caravanas de mujeres a la oferta de casas por un euro, localidades rurales de España y más allá han transformado la desesperación en repoblación, sirviéndose de una admirable creatividad.

Caravanas de mujeres para repoblar con retoños los pueblos

Uno de los clásicos en estas lides es, sin duda, la caravana de mujeres. Westward the Women, una película de William A. Wellman estrenada en 1951 y que relata la historia de Roy Whitman, propietario de un rancho en California, decide ir a Chicago a “reclutar” las mujeres que faltan en su propiedad para sus hombres, sirvió de inspiración para aplicar el concepto en la vida real.

La idea que inició este movimiento surgió en 1985 después de que un grupo de solteros del municipio de Plan, en la provincia de Huesca, vieran esta película y se vieran reflejados en ella. En esta pequeña localidad vivían 40 hombres solteros y una sola mujer sin pareja. Por eso, poner en contacto a los varones del lugar con mujeres de otros lugares (generalmente provenientes de zonas urbanas) parecía una genial y urgente idea. De esta primera iniciativa surgieron 33 matrimonios, con sus consiguientes retoños. Diez años más tarde se creó en Segovia la Asociación de Caravana de Mujeres (ASOCAMU), que ha promovido la celebración de más de 50 caravanas, gracias a las cuales han surgido más de 100 matrimonios. Las caravanas de mujeres, que siguen celebrándose -sobre todo en pueblos de Castilla-La Mancha, Castilla y León y Extremadura-, no han estado exentas de polémica al tratarse, para algunos, de una iniciativa machista.

Miravete de la Sierra (Teruel), el pueblo en el que nunca pasa nada

Miravete de la Sierra es un pueblo de la provincia de Teruel. Es pequeño pero quienes lo visitan aseguran que tiene mucho encanto. Cuenta con un puente de piedra del siglo XVI con suelo enguijarrado que da entrada a un entresijo de calles y casas empedradas. En el centro del pueblo podemos encontrar una iglesia gótico-renacentista de 1574, la Plaza Mayor y el Ayuntamiento. Su especial encanto no evita que se haya despoblado -situación que ha tocado sin excepción a los municipios rurales de Teruel, que han visto menguar sus habitantes de manera incesante-. En Miravete en 1900 vivían 430 personas, en 2017 la población rozaba la treintena.

El pueblo fue objeto en 2008 de un plan de posicionamiento turístico creado por una agencia de publicidad para hacerlo atractivo al turismo rural. Se buscó un pueblo que tuviera las características de tranquilidad, pocos habitantes, con el fin de venderlo como “el pueblo donde nunca pasa nada”, y la iniciativa fue todo un éxito. Uno de sus vecinos, Timoteo, presentaba así a Miravete: “un lugar único lejos del mundanal ruido. En sus apacibles calles no hay coches, no hay semáforos, bueno, de hecho, no hay nadie. La hora punta es la compra del pan”. Aunque su intención no era repoblar el municipio, sino darlo a conocer con fines turísticos -algo que sin duda se logró-, el último año el pueblo contaba con tres habitantes más. Algo es algo.

Casas por 100 euros al mes en Xesta (Pontevedra)

La parroquia de Xesta, en A Lama (Pontevedra), es una de las muchas que en Galicia viven bajo el yugo de la despoblación. Esta pequeña aldea llegó a tener tan sólo 50 casas habitadas de las 176 con las que cuenta el pueblo. Para combatir esta situación, la asociación de vecinos decidió crear un banco de casas antiguas que pusieron en alquiler al módico precio de 100 euros al mes.

De caravanas de mujeres a casas a un euro: las iniciativas más curiosas para repoblar las zonas rurales
En un marco incomparable, en Xesta es posible vivir por 100 euros al mes. | Imagen vía Wikipedia

La iniciativa, obra principalmente de Enrique Vaqueiro, un joven que heredó una de las casas del pueblo de sus abuelos y que estaba apesadumbrado ante la ausencia de gente de su edad en la aldea, fue todo un éxito y los vecinos recibieron numerosas solicitudes. Los criterios de adjudicación eran básicamente tres: querían habitantes jóvenes, que desearan pasar todo el año en Xesta y tener alguna referencia cercana en el pueblo. Además, se pactaron las condiciones entre inquilinos y propietarios, ya que muchas de esas viviendas necesitaban reformas urgentes.

Casas en mitad del paraíso por un solo euro en Ollolai (Italia)

Un paso más allá de los alquileres baratos son las ventas superbaratas. Hace unos días, la localidad de Ollolai, en la isla de Cerdeña, sorprendía al mundo lanzando una gran oportunidad inmobiliaria: casas por un euro. Y es que Italia no está exenta de la despoblación rural, especialmente en el sur. Son 200 las villas ofertadas, que deberán ser rehabilitadas por unos 20.000-30.000 euros en un plazo de tres años pero que, con todo, esta es una ganga en toda regla.

De caravanas de mujeres a casas a un euro: las iniciativas más curiosas para repoblar las zonas rurales 1
Un pequeño paraíso en medio de la isla de Cerdeña está a un euro de distancia. | Foto: Ayuntamiento de Ollolai

Cambiar la vida urbana por una más apacible y seguramente placentera no es un sueño solo de ricos. Las autoridades locales han asegurado que ya han vendido tres casas y han recibido más de 100 solicitudes de países de todo el mundo.

100 castillos gratis para dinamizar el turismo

Italia no es nueva en esto de ofrecer gangas en zonas rurales. Una de las más curiosas es obra del gobierno italiano, que en 2017 cedió más de 100 castillos con el fin de restaurarlos y convertirlos en un atractivo turístico de primer orden. Italia recibe anualmente a millones de visitantes, pero sus centros turísticos se reparten entre unas pocas ciudades, mientras que las zonas rurales están, no solo cada vez menos pobladas, sino también más olvidadas en el recorrido del viajero. Por ello, la iniciativa busca a emprendedores menores de 40 años que estén dispuestos a invertir en sus castillos. La cesión de derechos de las construcciones tiene una duración de nueve años, prorrogables otros nueve. Se contempla la posibilidad de alargar las cesiones hasta 50 años si el proyecto lo justifica. La primera tanda de cesiones ya ha terminado, pero el éxito ha sido tal que el ejecutivo ha anunciado que incluirá en la iniciativa otros 200 edificios más en los próximos dos años. Avisaremos a Julita Salmerón, que igual le interesa.

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Nii Ayikwei Parkes: "Si creyera que hay una verdad absoluta no sería escritor"

Beatriz García

Dice Nii Ayikwei Parkes que el escritor debe ser una esponja, que cuando juzgamos perdemos de vista que hay infinitas perspectivas del mundo. Y él atesora unas cuantas… Nació en Londres, pero creció y vive en Ghana, un país tan diverso y lleno de historias que cada cual tiene la suya y hay que saber escucharlas, sobre todo las que cuentan los ancianos y los niños, que son pura expresividad.

Lo mismo que este novelista, músico y poeta, amante de las vivencias mínimas, de los detalles que esconden esas historias y que a menudo pasan desapercibidos.
Porque… Si esa mujer “flacaaa” no hubiera llegado a la aldea persiguiendo a un pájaro azul, ¿alguien habría notado la desaparición del cultivador de cacao Kofi Atta? ¿Y la masa informe y maloliente que encontraron en su casa y que no era humana ni se sabía su procedencia? Este es el misterio que debe resolver Kayo, el patólogo forense protagonista de ‘El enigma del pájaro azul’ (Club Editor, 2017), una novela criminal donde ciencia y magia vuelven a ser lo que fueron, reverso y anverso de lo mismo.
Con Nii Ayikwei Parkes hemos hablado a su paso por BCNegra’18, donde ha participado en la mesa redonda ‘Jazz, magos y excéntricos’ junto a los escritores Ray Celestin y Andrei Kurkov.

Naciste en Reino Unido pero creciste en Ghana, que son países culturalmente MUY diferentes  ¿Cómo afecta a tu escritura vivir en un país en el que se hablan más de 60 idiomas? ¿Somos el idioma que hablamos?

El idioma influye mucho en cómo piensas. Cualquier persona que hable catalán y español te dirá que piensa de manera diferente en ambos idiomas. Todas las lenguas han evolucionado por necesidad y están influenciadas hasta cierto punto por todo lo que nos rodea y a lo que estamos acostumbrados,  así que vemos el mundo de acuerdo a nuestra lengua. Nací en una casa en la que se hablaban al menos dos idiomas y cuando a los cuatro años nos mudamos a Ghana, jugaba con muchos chicos que hablaban otras lenguas y eso expande tu visión del mundo. Mi hermano, por ejemplo, hablaba un par de lenguas más que yo y cuando íbamos al mercado podía charlar con más gente y si nos insultaban se enfadaba mientras yo me reía. Nuestra vivencia era muy distinta. Un idioma articula el mundo, está inserto en una cultura que estamos experimentando y es muy amplia. Incluso cuando escribo sobre un personaje, este proviene de diferentes paletas de experiencias, personas que he conocido y perspectivas que enriquecen el texto.
Dicen que los jóvenes escritores no pueden escribir un buen libro porque su vida es muy corta, pero han visto mucho, sobre todo si has nacido en una familia numerosa de diez o quince hijos, sin ir más lejos. Son estos detalles…

En ‘El enigma del pájaro azul’ el protagonista es un patólogo que para resolver un misterio debe acudir a las historias de la gente de las aldeas, los cazadores, los brujos, los ancianos… ¿Estamos perdido la costumbre de escuchar la sabiduría de quienes han vivido más que nosotros?

Somos una generación cuya máxima autoridad es Google y Wikipedia, y las personas ya no hacen preguntas a los otros. Es más, calificamos a las personas ancianas de menos inteligentes por no saber utilizar la tecnología, pero lo que ellos saben no está en las redes y se ha creado un vacío de conocimiento.
Me he pasado la infancia escuchando a los adultos contar historias y me preocupa, pero lo mismo pienso en relación a los niños. Porque los niños pueden cambiar drásticamente la visión que se tiene sobre algo simplemente por la forma en que se expresan. Hay mucho que aprender tanto de los ancianos como de los niños.

Nii Ayikwei Parkes: "Si creyera que hay una verdad absoluta no sería escritor" 1

¿Cómo empezaste a escribir?

Cuando era niño tenía muy mal carácter y mi padre siempre se las ingeniaba para hacerme reflexionar antes de que me metiera en una pelea. Me decía cosas como que contase hasta diez y escribiese en una libreta los motivos y si había suficientes él me apoyaba. Y esa fue una de las formas en que empecé a escribir y descubrí que disfrutaba con ese proceso. Pero también ocurrió otra cosa que creo que influyó mucho en mi vocación de escritor: Mi padre era un gran lector y se levantaba a las cinco de la mañana para leer y yo me levantaba a la misma hora para pasar tiempo con él, pero como estaba leyendo no podíamos hablar. Así que me sentaba a su lado con un folio y un lápiz y escribía. Un día vio lo que andaba escribiendo y me dijo: “¡Eso es poesía!”, y puso nombre a lo que hacía.
Luego, en la escuela secundaria, en la época en que todo el mundo estaba enamorado, había un chico mayor que tenía varias novias y como nuestra caligrafía era parecida empecé a escribir por él algunas cartas de amor. Al tiempo escribía cartas para sus amigos y para todo el mundo a cambio de dinero.

“La historia pertenece siempre a sus protagonistas porque es su verdad”-Nii Ayikwei Parkes.

Escribes: “Si un relato es malo, la verdad se alarga como una rana aplastada por el coche”. ¿Existe una verdad? 

Creo que buscar la verdad sí es importante, pero creer en una verdad absoluta es peligroso porque todos tenemos perspectivas y debemos estar abiertos a ajustarlas continuamente. Como escritor eso es lo que hago, buscar la verdad en todas mis obras, pero si creyera que hay una verdad absoluta no sería escritor.

Kayo también busca la verdad a través de la ciencia y se encuentra con la verdad de las aldeas… 

Justo, esa es la metáfora. El patólogo forense busca la verdad en el cuerpo para poder explicar por qué alguien ha muerto. En el fondo, es un detective. Pero, además, Kayo es un científico y quería que tuviese una visión del mundo totalmente opuesta a la de la gente del pueblo.
En el pequeño contexto de Ghana y en otras sociedades también, la Policía es invisible en las aldeas y tiene una autoridad dudosa. Con Kayo, aunque la gente no esté de acuerdo con lo que dice, lo respetan porque sigue un proceso y los procesos son importantes en el campo, las personas saben que si cultivan de forma equivocada la recolecta no será buena. Mientras que la Policía solo reacciona a las cosas.

La aparición de una mujer que sigue a un pájaro azul dispara un misterio que bien podría haber pasado inadvertida. ¿Están las historias en estos pequeñísimos detalles?

Las historias tienen pequeños comienzos en los que a veces no reparamos. Por ejemplo, los británicos rechazaron lo que se decía del expresidente de Uganda Idi Amin simplemente porque sus generales jugaban al rugby con él y pensaban que era un buen tipo. Todas las historias empieza por detalles mínimos y eso es lo aterrador y maravilloso del mundo. Cuando decimos ‘si esta persona no fuera esto, ¿cómo la miraríamos?’ ¡De ahí nacen las historias? Y todas son diferentes dependiendo de la perspectiva.
Mis historias favoritas son aquellas en las que siento que no debería estar allí, como en las obras de García Márquez. De repente, todo ocurre y lo ves por primera vez y te sorprende. Lo mismo que amo como lector es lo que intento transmitir a los lectores cuando escribo, no trato de explicar todo lo que ocurre. Porque, como en la vida, las cosas simplemente suceden y no nos damos explicaciones de todo.
Una de mis premisas como escritor es que la historia pertenece a las personas que la protagonizan porque es su verdad. Ahora estoy trabajando en mi nueva novela, que se sitúa en un lugar que no existe y tiene como protagonista a alguien muy anciano, un árbol… Primero necesito crear la historia del lugar, la nutro de detalles, pero un simple detalle como que esté narrada desde la perspectiva de un árbol lo cambia todo: ¿qué ve un árbol? ¿cómo lo siente?

Hay escritores que escriben desde las entrañas y otros que son puramente cerebrales… ¿Desde dónde escribes tú?

Es una combinación de muchos lugares, porque es un proceso en el que hay reescrituras donde interviene el cerebro. Diría que escribir con las tripas tiene más que ver con el inconsciente, pero el subconsciente son todas las cosas que están ocurriendo a tu alrededor mientras escribes. A veces lees algo que has escrito hace un tiempo y reparas en que hay mucho verde y piensas: “¿qué me influyó en aquel momento?, porque no te das cuenta. Consiste en estar abierto a todo y la mejor manera de ser escritor es ser una esponja. Uno de los factores que me ha hecho mejor escritor a medida que he ido creciendo es no juzgar demasiado. Cuando eres niño y vas a la escuela te enseñan cómo deberían ser las cosas, pero eso no te hace buen estudiante, simplemente te obliga a juzgar(te) más y basas todo lo que sientes y piensas en lo que aprendiste en el colegio.
Por eso también me encanta charlar con las personas ancianas. En Londres dirigí un grupo de teatro de mujeres mayores filipinas y, aunque me pagaban muy poco, lo pasaba genial porque no juzgan, dicen lo primero que se les pasa por la cabeza. Y ese es el lugar en el que me ubico cuando escribo; quiero ser capaz de decir lo que es y no preocuparme ni detenerme por exceso de juicio.

En la novela escribes: “Una aldea es como una vagina”. ¿Qué papel tienen las mujeres en tu vida y tu obra?

Nací, obviamente, de una mujer. Mi padre fue criado por una mujer, mi abuela, que vivió con nosotros. Tanto él como yo pasábamos mucho tiempo en la cocina e incluso cocinaba mejor que mi madre. Las mujeres tienen mucho que ver con mi visión del mundo. También he leído muchísimo a Ama Ata Aidoo, como otros tantos jóvenes de mi generación, y es una gran inspiración para mí. Y lo mismo me ocurrió cuando leí a Mariama Bâ, despertó en mí diferentes perspectivas del mundo y ya no escribo ni leo de la misma forma.
De hecho, las mujeres africanas tenían mucho poder antes de la colonización y luego todo se volvió más patriarcal. Ese poder permanece en cómo hacen las cosas: en las familias de pescadores ellas son quienes venden el pescado y gestionan el dinero y sucede lo mismo en las familias de granjeros. Por supuesto que crecí en una sociedad donde la mujer es fuerte y eso ha influido mucho en mi obra, porque soy muy consciente e intento evidenciar el rol y el poder que tienen incluso cuando no son protagonistas.

África es un continente muy desconocido en Occidente y su literatura todavía más…

En cierta medida es un problema histórico y te das cuenta de ello cuando lees lo que han escrito o dicen de África desde Occidente. El Oeste no está interesado en aprender de nosotros, pero vienen a enseñarnos. Dicen: “No hay nada que aprender, es el continente ‘negro’”. Debemos aprender de todo y a eso me refiero con escuchar a los niños y a los ancianos. Si no tienes diferentes perspectivas no puedes estar abierto a las infinitas posibilidades que hay en esta vida.

¿Nos recomiendas algún autor africano?

El camerunés Mongo Beti; Mariama Bâ , de Senegal, y Noviolet Bulawayo estarían entre mis favoritos.

Continúa leyendo: Manuel Vilas: “No nos damos cuenta de la trascendencia que tienen nuestros padres en nuestras vidas hasta que están muertos”

Manuel Vilas: “No nos damos cuenta de la trascendencia que tienen nuestros padres en nuestras vidas hasta que están muertos”

Ariana Basciani

Foto: Ariana Basciani
The Objective

Manuel Vilas (Barbastro, 1962) ha empezado el año regalándonos Ordesa (Alfaguara, 2018), un libro que habla directamente sobre la pérdida de los padres y de cómo afrontar ese duelo desde los fantasmas del recuerdo. También indaga en la culpa y sobre todo en la memoria de la España de los 60 y los 70, del resurgir económico como país, pero antes que todo, es un libro sobre el amor filial.

Así como en su poesía Vilas nos deja un libro fragmentario, que se puede leer por partes, como una especie de Rayuela en la que te puedes introducir desde cualquiera de sus capítulos para luego ir hilando. Una facilidad para el lector pero siempre desde la valentía, porque no es un libro feliz. Manuel Vilas se desnuda, nos susurra desde la orfandad.

Ordesa es un libro autobiográfico, ¿por qué decidiste desnudarte ante el lector?

Mi padre había muerto en 2005 y cuando murió mi madre en 2014 yo me sentí desamparado y huérfano, además también coincidió con mi divorcio y, de repente, me vi en un agujero negro, existencial y vital. A partir de ese momento tuve la necesidad moral, más que literaria, de escribir qué me había pasado, de intentar indagar, explorar en mi infancia y en el recuerdo de mis padres. Probablemente este libro lo que quiere decir es que no te das cuenta de la trascendencia que tienen nuestros padres en la vida hasta que están muertos, y aunque tú quieras darte cuenta de la trascendencia de tus padres mientras están vivos, no puedes ver eso. Parece casi una especie de cosa oculta que está en la muerte misma.

¿Un tributo?

Es un libro de sentimientos. El mundo de las emociones no es muy racional, son sentimientos, emociones que nacen de tu corazón y que tienen que ver en este caso con mis padres. Yo creo que es una larga carta de amor a mis padres, sin quitar la desdicha o mala suerte que hubo en muchas cosas, los episodios oscuros que toda familia tiene.

¿Revisitaste a tus padres desde el amor?

Es un libro de amor, también de misterio. Me di cuenta de que mis padres eran dos seres misteriosos y he intentado explicar sus vidas, explicármelas. Otra parte importante del libro en la que el narrador invoca a sus padres con ánimos de que vuelvan. A mí me parece lo más interesante, ese llamado de venid y ayudarme a vivir porque no me interesa el mundo si no estáis vosotros. Eso es un deseo de volver a la infancia, porque es ese sitio más puro donde no existía la alienación y el horror, ni la desesperación que luego la vida trae a cualquier ser humano. La desdicha la va a traer la madurez, la vida adulta, pero en la infancia todo está protegido por los padres; ese es el mensaje más hondo del libro.

¿Es un tributo y, a su vez, una forma de expiación de la culpa que sentimos cuando los más cercanos mueren?

Sí, la culpa que aparece en el libro es la herencia de una educación católica que en España era consustancial a la vida española. Y luego esa herencia es difícil quitártela de encima, se graba mucho, se te queda muy metida dentro y aunque luego la racionalices y tu vida contemple mil posibilidades más, allí está.

Ordesa es una forma de llegar a la tristeza más íntima del duelo. ¿La novela fue tu forma de entender la pérdida para poder salvarte?

Sí, esa es otra parte del libro, que es la catarsis. Cuando tú verbalizas, precisas y escribes lo que te ha pasado se produce un sentimiento de liberación, una catarsis. Dices tu vida y cicatrizas, así puedes seguir viviendo luego de todo lo que ha pasado.

¿Cómo creas una conexión con el lector teniendo en cuenta que es un libro que apela a la tristeza?

Por lo que me está llegando los lectores se emocionan con el libro, probablemente porque la experiencia es universal: la pérdida de tus padres y también la experiencia de venir de familias anodinas, de procedencia de clase media baja, más baja que media, lo que a mí me parece un eufemismo. Eso y que muchos lectores proceden del mismo sitio y a lo mejor también sienten las mismas incertidumbres cuando pierden a sus padres. Es un libro que está siendo leído desde la emoción. La recepción del libro me ha sorprendido muchísimo.

Y ahora vas a reimprimir…

Sí, ya hemos reimpreso 3000 ejemplares. Creo que es una recepción emocional, probablemente la gente ahora quiere emociones. La emoción del corazón, que le toquen el corazón.

Manuel Vilas: “No te das cuenta de la trascendencia que tienen nuestros padres en tu vida hasta que están muertos” 2
Potada de Ordesa | Imagen: Alfaguara

No hemos aprendido a ver a la muerte como parte de la vida. ¿Estamos obsesionados con no perder cosas, objetos, personas, afectos?

Allí está el catolicismo también. El narrador está obsesionado con lo que se pierde, no admite que se pueda decir adiós y ya está. Está todo el rato queriendo que el pasado vuelva.

En uno de los capítulos el narrador fantasea con que su padre huye a Ordesa. ¿Es más fácil pactar con un padre desaparecido que con un padre muerto?

Mi padre nunca quiso saber nada. Llegó a una extraña serenidad. Cuando llegó el diagnóstico de cáncer y era evidente que se iba a morir, no preguntó nada, entró en una especie de silencio profundo. Era enigmático. La forma de conllevar sus  últimos tres años a mí me pareció hermosa y rara. Era su silencio. No hablaba casi nada. Sin embargo, por los movimientos de su cabeza, sabías que estaba pensando muchas cosas. También había una especie de desprecio tanto a la vida como a la muerte, una indolencia casi sobrenatural. Yo creo que él encontró allí un lugar donde contemplaba las cosas como si no fuera con él y se sintió a gusto. Y yo creo que también pensó que era una manera de marcharse, que lo del cáncer era una opción para irse de la vida y le apeteció irse.

Era una vía de escape, de huida…

Como si encontrara una puerta y dijera: “hombre, la abro y me voy”.

Toda tu literatura es fragmentaria, como lo es la poesía en general, porque tú también eres poeta. Ordesa está escrito como un diario personal.

Está un poco entre el diario y los caprichos de la memoria. El libro se va guiando conforme se producen los recuerdos, a veces se recuerdan cosas de cuando yo tenía 9 años, a veces de cuando tenía 20. Está escrito al capricho de la memoria. El carácter fragmentario también tiene que ver con la manera en que recordamos.  

¿Es un gancho para la lectura?

Sí, yo creo que sí. El libro, en ese sentido, lo puedes saltar, puedes leer, ir adelante, para atrás

Ordesa, más allá de ser un recuerdo familiar, también es un reflejo de España.

Claro, al escribir sobre mis padres no podía dejar de reflejar la España que les tocó. El espacio histórico y social en el que vivieron, que son los 60 y 70, que yo recuerdo en el libro. Cómo en los años 60 empezó la prosperidad de la clase media, con la compra del Seat 600 o las vacaciones en la playa. Empezaba la clase media española a conformarse. Se salía de la larga noche de la postguerra y comenzó lo que se conoció como el desarrollismo. Y de repente cualquier persona tenía un trabajo con el que podían comprarse cosas: había un piso, un coche, una televisión, que en ese momento era importantísimo para la gente, porque venían de la miseria absoluta y de repente comenzaron a tener cosas.

Ese crecimiento se ve reflejado en la España actual en un episodio del libro donde te encuentras con la monarquía.

Es la redención social: el hijo de las clases medias bajas, el que viene de la noche de la miseria española, del campesinado, sube en la escala social porque ha habido prosperidad económica y acaba sentándose con aquel que simboliza el máximo esplendor político y social de la vida española que es la vida del rey. Esa era la idea que el lector viera un episodio de redención y emancipación, de superación. Otra de las cosas que había en la vida española era la idea de que los hijos iban a llegar mas lejos que los padres.

También hay una crítica a España y a la monarquía española, a pesar de que eres muy empático en un episodio donde ves a la reina y la metáfora de lo que significa llevar unos tacones tan altos.

El narrador allí adopta una postura bastante objetiva, ni censura ni aplaude. El comentario de los tacones de la reina. Yo obviamente a esa comida fui y son las típicas observaciones de escritor. Yo vi que una persona que está con semejantes tacones debe tener los pies destrozados y es evidente que ella siempre va con esos tacones porque su marido mide dos metros. Son esos elementos de significación iconográficos que tiene el poder simbólico. En realidad es una tortura medieval, aceptada por su rango, pero no deja de saber que todos los días vas a tener que llevar esa ortopedia. Los escritores tenemos la obligación de ver cosas que todo el mundo ve pero en las que no repara. Todo el mundo ve que esa mujer lleva unos tacones espectaculares pero eso es una tortura.

La literatura, como un topo, hurga en los detalles y construye un hogar: la novela.

La literatura tiene esa función de mirar, de volver a mirar, porque la mirada normal no nos deja ver los matices. Yo creo que ese es el principio de la literatura. Eso pertenece a una gran tradición literaria, todos los detalles, un sentimiento de curiosidad, de querer comprender, de querer ser empático. Con los tacones de la reina yo sentía empatía por su sufrimiento; es evidente que ella no lo reconocerá nunca porque forma parte de su papel, pero es evidente que sus pies sufren.

En ese episodio donde te encuentras con la monarquía es por la entrega del premio a Juan Goytisolo. ¿Eso era el éxito que todos profesaban? ¿Una reunión con el rey?

También esa comida, que de alguna manera tiene el valor simbólico del éxito, el éxito histórico, la democracia española, el Rey, los políticos, la cultura, era la máxima densidad histórica pero también había una especie de vacío bastante interesante.

¿Pero era el éxito para el escritor?

Claro, eso fue lo que quise decir, ¿qué es el éxito en la literatura? Esto: un octogenario, caminando casi llevado lentamente en los brazos de una señora que lleva una tortura medieval en los pies. Entonces había una decepción.

“Me asustan los viejos porque son lo que seré” es una frase del libro. ¿Por qué le tememos tanto miedo a la muerte?

Yo creo que el narrador habla más del miedo a la muerte, pero también a la enfermedad, a la decrepitud, a la atrofia física, a las enfermedades degenerativas que dan más miedo que la muerte, porque la muerte no da tanto miedo como esas decrepitudes que estamos viendo ahora.

¿Por qué la fijación con el amarillo en Ordesa?

Todo el libro es amarillo, el color de la memoria, de los recuerdos, de las cosas perdidas, del desgarro emocional, de la locura. La enfermedad es amarillo. Y el color de la mala suerte en la tauromaquia; el amarillo es color de la mala suerte,  los toros odian el amarillo.  Sin embargo, la palabra amarillo en español me parece muy bonita cómo suena. Me parece que es el color que mejor suena.

¿Cuánto tiempo tardaste en escribirlo?

A mí me costó mucho escribir este libro, me tardé tres años. Tuve muchas redacciones, lo cogía, lo dejaba.

Emocionalmente, ¿te agobiaba?

Muchísimo. El principal problema de este libro ha sido el agobio emocional, con la última corrección que hice de este libro, que fue el verano pasado antes de entregarlo a la editorial, yo lo pasé muy mal, me costaba muchísimo corregirlo, era una materia tóxica emocionalmente para mí. Pero al final conseguí corregirlo y entregar esta última versión.

¿Estás contento con Ordesa como tributo a tus padres?

Sí, acaba de salir, todavía estoy un poco expectante de ver qué pasa con el libro; lo típico de un escritor que acaba de sacar una criatura y recibe su lectura. Claro que con un libro con estas características, es un libro que si no te gusta es como si no te gusta tu vida (risas).

*

“Puede que el hombre acabe al final por enamorarse de su propia vida” escribe Vilas desde la valentía que le ha proporcionado la experiencia de la pérdida. Ordesa es un libro para entender la orfandad de un hombre de mediana edad en mundo amarillo que lo rodea y que lo hace revisitar constantemente hasta lograr levantarse nuevamente.

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Japón se prepara para protegerse de los misiles de Corea del Norte

Redacción TO

Foto: KIM KYUNG-HOON
Reuters

“Un misil lanzado por Corea del Norte llegaría en menos de 10 minutos, y la primera alerta ocurriría tres minutos después del lanzamiento, lo que no da unos cinco minutos para encontrar refugio“. Quien habla es un funcionario gubernamental japonés, Hiroyuku Suanega. Y el motivo es el simulacro que se ha celebrado en Tokio esta semana para preparar a la población ante cualquier intento de Pyongyang de lanzar misiles contra sus vecinos asiáticos.

La gente disfruta de un día de diversión en un parque de atracciones y, de repente, llega la alerta: se acerca el temido misil. Las personas que participan en el simulacro buscan refugio corriendo. Ocurre lo mismo en el metro de la ciudad, uno de los lugares recomendados para refugiarse. Todo lo que esté bajo tierra es la mejor opción para intentar sobrevivir a un ataque de verdad. Los habitantes, incluidos ancianos y niños, se cubren la cabeza, se tiran al suelo y buscan centros comunitarios donde pasar el ataque.

Es la primera vez que la capital prepara un simulacro de este tipo, pero otras ciudades del país han organizado ejercicios similares para concienciar a la población de que una ofensiva de este calibre es posible. En el de Tokio han participado unos 300 voluntarios. Y mientras tanto, todo el país está reforzando su capacidad de interceptación de misiles y ha aumentado su presupuesto de Defensa.

Pero estas medidas se han encontrado con protestas por parte de la sociedad japonesa, que se opone a este entrenamiento, diciendo que lo único que consiguen las autoridades es infundir miedo a la población. “No podemos protegernos sujetándonos la cabeza con los brazos, como en la evacuación de hoy”, dijo el día del simulacro un activista. “Por lo tanto, creo que es más importante reforzar lazos con el enemigo“.

Japón se prepara para protegerse de los misiles norcoreanos 1
Un grupo de activistas protesta contra los simulacros con una pancarta que reza: “El simulacro de evacuación antimisiles es un ejercicio de guerra”. | Foto: Kim Kyung-Hoon / Reuters

Falsa alarma de misiles

El país ya tiene protocolos preparados para anunciar el desastre. De hecho, los activó por error hace unos días, cuando la cadena pública de televisión y radio NHK advirtió erróneamente a los ciudadanos del lanzamiento de un misil norcoreano y los exhortó a buscar refugio inmediatamente. El mensaje se emitió en los sitios de internet y telefonía móvil de la NHK. “Aparentemente Corea del Norte ha disparado un misil”, alertó la cadena, que añadió que el Gobierno había emitido una advertencia. “El Gobierno: Buscar refugio en edificios y sótanos”.

La NHK ha dicho que el error se debió a un empleado que estaba utilizando el sistema de alerta para buscar noticias online, pero no ha entrado en detalles. Borró el tuit y la advertencia poco después de lanzarlos, emitió una corrección y ofreció disculpas reiteradamente en el aire y en otras plataformas. “La alerta fue un error”, se disculpó la NHK. “Lo lamentamos mucho”.

Fue algo similar a lo ocurrido en Hawái tan solo unos pocos días antes. Pero a diferencia de la estadounidense, la alerta de NHK no incluyó la frase “esto no es un simulacro”. Además, la NHK corrigió su error en pocos minutos, mientras que en Hawái el aviso estuvo vigente durante casi 40 minutos.

Es una situación que permite entender la tensión con la que viven estos meses los japoneses y en menor medida los estadounidenses. El miedo ha crecido en el caso de Japón a medida que los ensayos de misiles norcoreanos se acercan a sus costas y sobrevuelan su espacio aéreo. De hecho, la propia NHK y otros medios nipones emiten alertas ante cada ensayo y el Gobierno envió avisos de emergencia cuando los misiles sobrevolaron recientemente Japón.

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