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7 parejas que se enamoraron siendo parejas en el set (además de Jon y Ygritte)

Nerea Dolara

Foto: HBO
HBO

Kit Harington y Rose Leslie anunciaron su compromiso esta semana. La pareja se conoció interpretando a Jon Snow e Ygritte en Juego de tronos. No son los únicos. ¿Conoces otras?

Esta semana Jon Snow probó que sabe algo, por lo menos que sabe el camino al corazón de Ygritte. Ya, dejemos el tono chistoso y digámoslo claro: Kit Harington y Rose Leslie anunciaron su compromiso y con ello iluminaron los corazones de muchos fans de Juego de tronos que lloraron la muerte de Ygritte (y otras muchas… es Juego de tronos) y el fin de esa historia de amor (más cuando se piensa que el nuevo romance de Jon es con su tía… blagh).

Harington y Leslie se conocieron rodando la serie y se enamoraron interpretando a unos enamorados. No es la primera vez, de hecho es bastante común en los rodajes. En algunos casos es tierno y encantador como en este, en otros es un escándalo, como cuando pasó con Brad Pitt y Angelina Jolie en Mr. & Mrs. Smith, cuando Pitt aún estaba casado con Jennifer Aniston.

Lo cierto es que es un fenómeno recurrente que en muchos casos deja boquiabiertos y alegres a los fans de la peli o serie en que los tórtolos fueron pareja.  ¿Sabes a quiénes les ha pasado también? Te lo recordamos.

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Fotograma de Kirsten Dunst y Jesse Plemons durante la grabación de Fargo | Imagen vía IMDB

Kirsten Dunst y Jesse Plemons (Fargo)

La musa de Sophia Coppola y el actor, conocido por Friday Night Lights y Breaking Bad, coincidieron en la segunda temporada de Fargo como un aburrido matrimonio que ve su rutina destruida cuando Dunst atropella a alguien y él termina por matarlo… y resulta en situaciones cada vez más peligrosas. “Es mi actor favorito, el mejor con el que he trabajado”, ha dicho Dunst. Y ha afirmado que, ya que lleva trabajando desde la infancia, “es hora de tener hijos y relajarme”. Habrá que ver si resulta así, pero de seguro la pareja va en serio ya que este año, tras conocerse en 2016, han anunciado su compromiso.

Blake Lively y Ryan Reynolds (Linterna Verde)

Vale, puede que esta película sea tan mediocre que ni tengas memoria de su existencia, pero pasó por los cines en 2011. Reynolds conoció a Lively, que interpretaba a la enamorada del superhéroe, un año antes cuando se anunció la película en Comic-Con y cuando aún estaba casado con Scarlett Johansson. La pareja anunció su divorcio ese mismo año. Lively, siendo la mediática protagonista de Gossip Girl, tenía a los paparazzi en los talones y no tardaron en verla salir a escondidas del piso de Reynolds en 2011. La noticia era pública. La pareja se casó el año siguiente. Actualmente tienen dos niños y hablan regularmente sobre su feliz vida en pareja.

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Anna Paquin y Stephen Moyer en la famosa serie de vampiros True Blood | Imagen vía IMDB

Anna Paquin y Stephen Moyer (True Blood)

Se conocieron haciendo el screen test para aparecer en la serie de Alan Ball y tuvieron una conexión inmediata. No se vieron durante tres meses, hasta que llegaron al rodaje ella con su pelo oscuro ahora rubio, él con su cabello claro teñido de negro. Según Moyer a los tres días de trabajar juntos supo que quería pasar su vida con ella. Durante el transcurso de la sexy serie, sus personajes vivieron un enrevesado e intenso romance, pero también tuvieron sexo con muchos otros personajes. Y también durante el tiempo en que se emitió True Blood Paquin salió del armario como bisexual y se defendió de los ataques ignorantes de la prensa sensacionalista. Actualmente están casados y tienen una pareja de gemelos.

Keri Russell y Matthew Rhys (The Americans)

Conocida por Felicity, Russell llegó a esta serie con unos años de pocos proyectos y muchas ganas. La serie sobre dos espías rusos durante la Guerra Fría prometía ser excelente (y lo ha cumplido desde su estreno), pero también resultó ser el lugar en que conoció a su esposo y padre de su hijo: el galés Matthew Rhys. Rhys ya había trabajado en cine, pero era aún un relativo desconocido. Rhys asegura que se conocieron 10 años antes de la serie, cuando un poco borracho le pidió a Keri su número. Le resultó luego, cuando tras ensayar le recordó esa oportunidad. Lo demás es historia.

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El casting completo de “Sé lo que hicisteis el verano pasado” | Imagen vía IMDB

Sarah Michelle Gellar y Freddie Prinze Junior (Sé que lo hicisteis el último verano)

El matrimonio, que este año cumplen 15 años de casados y que llevan 20 años juntos, se conocieron durante el rodaje de la película adolescente de terror, pero comenzaron a salir tres años después cuando tras quedar a cenar con un amigo común que canceló, optaron por salir solos. Tienen dos hijos y trabajaron juntos de nuevo en las películas de Scooby Doo como Fred y Daphne.

Claire Danes y Hugh Dancy (Evening)

Se conocieron en la poco conocida película Evening en 2007. Se enamoraron en la pantalla y comenzaron a salir. Dos años después se casaron en Francia. Según Mamie Gummer, que trabajó con ellos en la película, se enamoraron jugando Scrabble y Boggle. En 2012, tuvieron su primer hijo. Ambos han hablado públicamente de su felicidad pero son bastante privados.

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El casting del sitcom Bosom Buddies | Imagen vía IMDB

Tom Hanks y Rita Wilson (Bosom Buddies)

Una de las parejas más estables de Hollywood y una de las compuestas por la gente más encantadora de la industria. Estos dos grandes se conocieron durante un episodio de la sitcom Bosom Buddies en los ochenta y luego compartieron la pantalla de cine con John Candy en Volunteers. Hanks estaba casado y la relación no comenzó hasta que se separó en 1987. Y en 1988 se casaron. La pareja de actores ha estado junta 30 años. “No hay un secreto, sólo nos caemos muy bien”, eso ha dicho Hanks.

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10 de los mejores directores indies vuelven a las salas de cine

Nerea Dolara

Foto: Imagen de How to Talk to Girls at Parties
Focus Features

Antes del 2018 una decena de películas de autores indie que todos amamos llegaran a los cines y, en muchos casos, intentarán competir por el Óscar. ¿Ya sabes cuáles son?

Este año ya llegaron a las salas estrenos de nombres del indie como Sofía Coppola, Noah Boumbach o Darren Aronofsky, pero aún quedan muchos más autores indies por aparecer en las salas antes de que el año termine. Toma nota, estas películas son de visión obligatoria si eres fan del cine de autor.

Phantom Thread

La nueva película de Paul Thomas Anderson, y el que se ha anunciado que será el último proyecto en que participe Daniel Day Lewis como actor, llegará pronto a las salas. En el Londres de los años cincuenta un sastre, Day Lewis, reina como el encargado de las prendas que lleva la realeza, las celebrities y demás ricos y famosos de la ciudad. Su vida es organizada, atrapada en un patrón si se quiere. Todo eso cambia cuando conoce a Alma, una mujer fuerte e independiente, que se convierte en su musa y su amante. Siendo la última actuación de Day Lewis ya se habla de que obtendrá una nominación al Óscar como Mejor Actor, incluso algunos hablan de que lo ganará.

Lady Bird

Vale, esta es una especie de trampa. Greta Gerwig nunca ha dirigido, pero la actriz y guionista es en parte responsable de muchos de los mejores proyectos que ha estrenado últimamente su pareja, Noah Baumbach (Frances Ha o Mistress America) y con esta dramedia se lanza a las aguas de la dirección sin miedo y con tanta albanza crítica que resulta difícil no imaginar que la nominen a un Óscar. Lady Bird, que tiene a Saoirse Ronan como protagonista, es una historia de madurez semi autobiográfica que Gerwig lleva a la pantalla con humor y exactitud. Y lo dicho, la crítica la adora, incluso ha utilizado en varias ocasiones la palabra perfecta para describirla. ¿Lo será?

Isle of Dogs

Wes Anderson vuelve al ruedo con una nueva película animada con stop motion. Si su incursión anterior en el género -‘Fantastic Mr. Fox’- es indicador, ‘Isle of Dogs’ promete y mucho. La historia es ya de por sí extraña y llamativa: un malvado gobernante japonés absolutista decide desterrar a todos los perros a una isla basurero. Cuando un niño pierde a su mascota gracias a la ley, opta por embarcarse en una arriesgada misión de búsqueda. En la isla los demás perros los ayudarán a encontrar a su mejor amigo y sortear todo tipo de riesgos. ¿Es temible que la película sufra críticas por situarse en Japón y tal vez estereotipar a sus personajes? Sí, pero no queda sino esperar.

The Death of Stalin

Armando Ianucci, el genio de la comedia política que dirigió Into the Loop y creó Veep, vuelve a las andadas con esta comedia negra sobre los últimos días de la vida del dictador soviético. Si se piensa que la muerte del gobernante se manejó con delicadeza y pensamiento estratégico… no fue así. En medio del fallecimiento se suceden malentendidos e intentos de toma del poder, todo repleto del humor caústico de Ianucci y de sus afilados diálogos.

The Killing of Sacred Dear

La langosta fue la primera incursión de Yorgos Lanthimos en el cine de habla inglesa. El cineasta griego siente predilección por historias retorcidas, metafóricas y, básicamente, únicas. Si con la anterior hizo pasar a sus personajes por la amenaza de ser convertidos en un animal si no encontraban pareja, con esta se adentra en el cine de terror: una pareja con una vida doméstica ideal ve su tranquilidad romperse cuando un joven adolescente amenaza con revelar secretos del pasado.

How to Talk to Girls at Parties

John Cameron Mitchell (Rabbit Hole y Shortbus) vuelve, esta vez con una adaptación de un cuento de Neil Gaiman. Una extraterrestre que se separa de su grupo conoce a un joven fanático del punk en el Londres de los setenta y decide explorar parte de la ciudad y de la vida humana junto a él. La película se estrenó en Cannes y tiene como protagonistas a Elle Fanning y Nicole Kidman.

Three Billboards Outside Ebbing, Missouri

Del director Martin McDonaugh, responsable de ‘In Brugges’, llega este drama que ya le ha ganado fuertes rumores de Óscar a Frances McDormand, que la protagoniza. La historia tiene al frente a una madre que, tras el asesinato sin resolver de su hija, decide increpar a la policía de su pueblo alquilando tres grandes vallas publicitarias donde se pregunta por qué no hacen su trabajo. Crítica, emocional y muy acorde con el momento rebelde de los liberales en un mundo en que Trump es presidente, esta película tiene ventajas en los Premios de la Academia.

Call Me by Your Name

Luca Guadagnino, que se ganó un lugar en las listas de críticos y amantes del cine cuando estrenó I am Love, y que lo corroboró con A Bigger Splash (en que brillan Ralph Fiennes y Tilda Swinton), vuelve con una de las películas que ha enamorado a todo el que la ha visto en festivales internacionales y que tiene muchas posibilidades de llevarse algún Óscar. La historia es la de un joven que descubre el amor cuando se enamora de un estudiante de posgrado que visita la casa de verano de su familia, invitado por su padre que es también su profesor. Una historia de madurez y de auto descubrimiento, del primer amor y de deseo.

Wonderstruck

Todd Haynes (‘Far From Heaven’, ‘I’m Not There, Carol’) se adentra en el mundo infantil con su nueva película. Ubicada en dos momentos temporales, la historia salta entre las aventuras de dos niños. Rose, en 1927, abandona su casa en Nueva Jersey, para ir en busca de su madre. 50 años después, Ben, que hace poco perdió a su madre, decide emprender la búsqueda de su padre. La película está basada en una novela del mismo nombre.

Downsizing

Alexander Payne (The Descendants) se adentra en los terrenos de la comedia y de la ciencia ficción. Matt Damon y Kristen Wiig protagonizan esta historia en que gente común decide experimentar un nuevo avance tecnológico: ser encogidos. Surrealista y, probablemente, crítica, la película promete humor… aunque no ha recibido buenas críticas. Habrá que verla y decidir.

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Joan Didion: hacer de la literatura un refugio contra la desmemoria

Romhy Cubas

En un presente que se alimenta de información y que hace todo lo posible por explotar y exponer la data mediante inagotables plataformas –mientras más mejor- es frecuente que las figuras públicas, y las que no también, cuenten con al menos una biografía visual y escrita que exponga las horas y los días de sus vivencias. Los minutos de una persona encapsulados en cuenta regresiva como aditivo social.  Es tan frecuente que el hecho de que una de las últimas producciones de Netflix sea el primer documental enfocado en la periodista y escritora norteamericana Joan Didion, mágica contadora del siglo XXI, es casi ridículo.

“Things fall apart; the centre cannot hold; / Mere anarchy is loosed upon the world”

 Joan Didion: The Center Will Not Hold, un proyecto dirigido por el sobrino de Didion, el cineasta y actor  Griffin Dunne, es esa primera vez que muchos precisaban para deshilar las capas de cebolla de una de las plumas más lúcidas y honestas de las últimas décadas. Una mujer que recibió de las manos del ex presidente de Estados Unidos Barack Obama la Medalla Nacional de Artes y Humanidades, además del “Premio Nacional a la No Ficción” por su obra The Year of Magical Thinking y de la “Medalla por contribuciones distinguidas a la Letras estadounidenses” otorgada por la Fundación Nacional del Libro. No obstante, los premios son meras consecuencias de una trayectoria que se impone a la muerte y al dolor para encontrarle un nuevo sentido a la vida mediante las palabras.

Joan Didion nació en SacramentoCalifornia el 5 de diciembre de 1934, graduada de la Universidad de California Berkley y con su primera oferta de trabajo recibida a los 20 años directamente de las páginas de la revista Vogue en New York, Didion critica y analiza con agudeza sus alrededores desde antes de juzgarse periodista. En Vogue  ascendió de copywriter a editora asociada en tan solo dos años; en la legendaria revista también publicó sus primeros ensayos y artículos con una voz insolente, fresca, contraria en pequeños detalles a la típica Vogue elitista dedicada a amas de casa y trendings del New York de los 60. Mientras tanto, también publicó su primera y menos conocida novela, Run, River, y conoció a su esposo el escritor John Gregory Dunne, quien para entonces trabajaba en la revista Time.

De aquí en adelante la carrera de Didion ascendió como sucede cuando la pasión y la rutina se juntan en una sola escala. Su figura se sostiene junto a la de grandes periodistas literarios de la nueva escuela de los 60 como Tom WolfeTerry Southern y Hunter S. Thompson. Sus reportajes incisivos y veloces retaron la contemporaneidad y recorrieron los salones de la fama mientras su pluma se codeaba con músicos y actores legendarios como Harrison Ford, Steven Spielberg o Natalie Wood.

Joan Didion: hacer de la literatura un refugio contra la desmemoria
Joan Didion con su esposo John Gregory Dunne, hija, Quintana Roo Dunne y sobrino Anthony Dunne en Malibu 1972 | Foto vía: GettyImages

Aunque por años la cultura y la música ocuparon un espacio enorme en las fiestas de su casa en Malibu y en las páginas de sus columnas, la política también se acercó a Joan casi sin pretenderlo en piezas sociales de mayor espectro como su ensayo Haight-Ashbury sobre el mundo del LSD y las drogas en la comunidad hippie, su ensayo de Vogue  Self-Respect: Its Source, Its Power, su reportaje sobre la guerrilla en el Salvador o una serie de entrevistas privadas que mantuvo con una de las integrantes de la “familia” del asesino en serie Charles Manson, Linda Kasabian, mientras esta se encontraba en prisión y en proceso de testificar contra Manson.

Joan Didion publicaría ensayos y artículos retándose a sí misma en el campo del periodismo literario hasta que decide dedicarse por completo a la literatura y la redacción de guiones y obras personales –incluyendo proyectos comunes con su esposo John Dunne. Pero además de esa voz subjetiva y sensata que con constancia, sin pausa pero sin prisa, va develando pequeñas partes de la cultura americana en sus textos Didion se adueñó de un duelo particular. “Nos contamos historias para sobrevivir” acierta en su libro The White Album antes de sospechar siquiera que en un movimiento de pestañas perdería a su familia y haría de la muerte su biblioteca personal. A ese duelo se sobrepondría observando sus alrededores, para reescribirlos cuando no hubiera más historias que contar.

“El impulso de escribir cosas es peculiarmente compulsivo, inexplicable para aquellos que no lo comparten, útil solo accidentalmente, solo secundariamente, de la forma en la que cualquier compulsión intenta justificarse. Supongo que comienza o no comienza en la cuna. Aunque me he sentido atraída a escribir cosas desde que tenía cinco años, dudo que mi hija lo haga, porque es una niña especialmente bendecida y atenta, encantada con la vida exactamente como se le presenta la vida, sin miedo a irse a dormir. y sin miedo a despertar. Los encargados de los cuadernos privados son una raza completamente diferente, rebeldes solitarios y resistentes, descontentos ansiosos, niños afligidos aparentemente al nacer con algún presentimiento de pérdida.”

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Joan Didion junto al retrato de su esposo John Dunne | Foto de Eugene Richards vía The Red List

Las constantes de Didion

Además de la pluma y las palabras, la vida de Joan estuvo marcada por una constante tan inesperada como la vitalidad con la que recuerda cada sonrisa y discusión de su pasado a los 83 años de edad. En el invierno del 2003, mientras su hija Quintana Didion se encontraba hospitaliza por sepsia producto de una neumonía, su esposo John Gregory Dunne murió de un infarto el 30 de diciembre. Un año y medio después, luego de infinitas horas en el hospital, un deterioro continuo y una cirugía cerebral, su hija​ Quintana falleció de pancreatitis el 26 de agosto de 2005 a los 39 años de edad. En menos de dos años Didion perdió el centro de una vida construida a base de pequeños momentos y vicios retenidos. “La vida cambia rápido. La vida cambia en un instante. Te sientas a cenar y tu vida como la conoces acaba”, anotó con cautela tras la muerte de John.

Los libros The Year of Magical Thinking y Blue Nights son el resultado de ese duelo incompleto que el documental reúne entre fotografías, testimonios y la narración personal de Didión mientras lee sus propias líneas y recuerda una rutina que nunca más podrá repetir: levantarse y bajar a la cocina por una coca cola fría en lentes de sol mientras su esposo lleva a Quintana al colegio, discutir sobre quién tiene la razón o pasar las vacaciones en familia en el apartamento de la playa.

“El dolor resulta ser un lugar que ninguno de nosotros conoce hasta que lo alcanza. Anticipamos (sabemos) que alguien cercano a nosotros podría morir, pero no miramos más allá de los pocos días o semanas que siguen inmediatamente a una muerte tan imaginada. Malinterpretamos incluso la naturaleza de esos pocos días o semanas. Podríamos esperar sentirnos conmocionados, si la muerte es repentina. No esperamos que este choque sea obstructivo, desarticulando tanto el cuerpo como la mente. Podemos esperar estar postrados, inconsolables, locos por la pérdida. Pero en realidad no esperamos volvernos literalmente locos”.

Este es uno de los pasajes de The Year of Magical Thinking, anotaciones de una escritora que busca recordar en sus apuntes a los lugares de los cuáles no puede huir. “Un lugar pertenece por siempre a quien lo reclame con mayor intensidad, a quien lo recuerde más obsesivamente, lo despoja, le da forma, lo ama tan radicalmente que lo rehace a su propia imagen.”

En los años 70 Didion fue diagnosticada de esclerosis múltiple. Durante el documental hay un choque entre el desmejoramiento físico de una mujer con un glamour innegable y la voz melodiosa que recuenta sus propias frases sin titubear, enfrentándose con sinceridad y aplomo a  la cámara.

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Quintana Roo Dunne, John Gregory Dunne, y Joan Didion en casa | Foto de John Bryson/Netflix

Recuerdos y cuadernos

De todas las preguntas que se hace Didion durante los años, el sinsentido del destino es el que se afinca en la pantalla. Los “tal vez”, y “que hubiera pasado si” son constantes en la vida de alguien que pierde repentinamente el espectro de su vida. Joan Didion casi podría pasar por una escritora de autoayuda para superar el duelo y la muerte,  experta en estudios y ensayos sobre la superación y los niveles emocionales que se suceden al perder a alguien cercano. Este sería el caso de no ser porque en sus anotaciones hay una clara distinción entre lo que pasó y lo que podría haber pasado, entre el propósito de su presente literario y pasado periodístico.

La verdad sobre los cuadernos de Didion es que son una parte diluida de ella misma. Una manera de preservarse y combatir la desmemoria, de apostar por la vida a pesar de sus muertos.

Joan Didion: The Center Will Not Hold es solo una migaja del extenso trabajo literario y periodístico de una figura que revive los perfiles más elegantes de Truman Capote en su juventud.  Una silueta cuyo recuerdo es necesario para entender el rescate de la palabra que hace un escritor con cada página habitada en su diario.

“Mira lo suficiente y escríbelo, me digo a mí misma, y luego, una mañana, cuando el mundo aparente consumirse, drenarse, algún día cuando solo esté haciendo lo que se supone que debo hacer, que es escribir en esa mañana en bancarrota, simplemente abriré mi libreta y allí estará todo, una cuenta olvidada con interés acumulado, un pasaje pagado al mundo exterior: el diálogo escuchado en los hoteles y ascensores y en el mostrador de pabellón de Pavillon (…) Recordar lo que era ser yo: ese es siempre el punto”. Joan Didion.

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“Ya no será”: una aproximación a los amores imposibles

Lorena G. Maldonado

“Ya no será / ya no / no viviremos juntos / no criaré a tu hijo / no coseré tu ropa / no te tendré en la noche / no te besaré al irme / nunca sabrás quién fui / por qué me amaron otros”. Pienso a menudo en este poema de Idea Vilariño. Se lo escribió a Onetti, como casi todos. Para él y por sus gracias los años más prolíficos y fatales de su literatura, tan loca por ese hombre raro -con un ojo mirando a Cuenca y otro a Teruel- que hasta le dolían las costillas y a veces los nudillos de las manos. Yo no lo sé, pero lo supongo. “No volveré a tocarte. / No te veré morir”.

Leí por ahí que él una vez se atrevió a decir en voz alta que estaba frito por Idea, pero que nunca se había creído de verdad que ella lo amase: vaya cosa más triste, ya hay que ser paralítico sentimental, Juan Carlos, joder. “No se lo creía porque yo a menudo decía ‘no’. Pero yo no tenía más remedio que decir no, salvo que estuviera dispuesta a dejar que me pisara la cabeza”, alegó ella. Qué les voy a contar: era uno de esos amores irrespirables, intelectuales, sombríos, estrechísimos como el cuarto de la escoba. Ahí nunca sobreviven dos mucho tiempo.

Onetti, por comodidad, se acabó casando con Dorotea Muhr, una mujer sumisa que se le volvió satélite y le giró toda la vida alrededor, excusándole desdenes y escarceos. Dicen que siempre llevaba con él una campana en la que había grabado “No contesto preguntas tontas”. La usaba para llamar a su esposa. En otra ocasión le dedicó un libro. Ella saltó de alegría, hasta que leyó: “Para Dorotea Muhr, ignorado perro de la dicha”. Por toda esa felicidad que es capaz de darle una mascota a un tirano, por toda esa devoción vertical que jamás se fatiga. Nunca le dijo que la quería. Sólo una vez: “Vos sos un brazo mío”. Pero sin un brazo se puede vivir.

“No llegaré a saber / si era de verdad / lo que dijiste que era / ni qué fui para ti / ni cómo hubiera sido / vivir juntos / querernos / esperarnos / estar. / Ya no estás / en un día futuro / no sabré dónde vives / con quién / ni si te acuerdas”, escribía Idea. “¿Querrías haber compartido con él la vida de todos los días?”, le preguntaron a Vilariño en una entrevista. “Yo no digo ahí que querría eso, sino que eso no podría ser”, contestó ella, muy señora. En fin, qué íbamos a esperar de un caballero que un día se metió en la cama y decidió vivir ahí doce años, los doce últimos, hasta la muerte, que como golpe de efecto está bien pero luego eso hay que comérselo. Hay muchos otros que llevan esa misma cama a cuestas, lo prometo: los veo por la calle, los trato y muchas veces los distingo. Viven y hacen lo que se espera de ellos -que en el caso de Onetti era leer, beber y escribir postrado al colchón-, pero están en el mundo sólo en carne, porque han abandonado ya. No luchan, no habitan, no se la juegan. Turistas de mierda.

En 1974, antes de retirarse al somier, Onetti fue jurado de un premio literario que organizaba la revista Marcha: el elegido fue un relato que la dictadura consideró pornográfico, y un día todos los miembros del jurado fueron detenidos. Pasó tres meses en la cárcel. Luego, por presiones internacionales -por ser un escritor famoso ya fuera de Uruguay-, lo trasladaron a un psiquiátrico, como haciéndole un favor. Él quería ahorcarse igual, pero hasta para eso fue pusilánime. Allí fue Idea a verle, y más tarde escribió sobre el encuentro. Sería el último.

-Tengo sesenta y tres-, dijo él. -Se supone que es la edad de la impotencia. Pero no estoy impotente, y me acuerdo de tu amor, de todo, de tu boca, como si hubiera estado anoche contigo.

(…)

Esta historia me tiene fascinada, para qué va una a andar haciéndose la punki. Onetti, Dorotea, Idea. Pienso que al final todos somos uno de los tres, tampoco importa mucho cuál, porque los tres pierden. No hay zanja buena. Miren a Onetti: se salvó del torrente poético de Idea, que era una flor rara que iba a roerle la salud mental, pero se convirtió en un lisiado existencial, muerto en vida al lado de Dorotea. Quizás hubiese sido un desgraciado también con ella, porque la nube negra reside dentro y lo ensucia todo, pero no se molestó en averiguarlo: se llevó lo bello que pudo y después se alimentó de las rentas.

La esposa fue la única mujer que le vivió al escritor lo cotidiano, conoció sus miserias y recogió sus fiestas. Pudo besarle siempre sin pedir permiso: fue la más feliz, seguro, y la más indigna. Juan era una victoria pírrica; había que renunciar a lo demás para levantar el trofeo. Por el camino se le quedó todo: la juventud, el amor propio, la belleza. Hasta la orquesta en la que tocaba a Bach al violín. No era la más débil, Dorotea, al revés. Menudo miura, embistiendo a cualquier precio. ¿Algún loco en la sala? ¿Cuántos hay capaces de esto?

A Idea no le fue mejor, aunque al menos no se convirtió en alfombrilla. A mí su orgullo doliente, su filosofía autárquica y su soledad elegida y entera me hacen pensar en aquel diálogo de ‘Beginners’:

-Digamos que desde que eras pequeño siempre quisiste tener un león, ¿verdad? Y esperas, y esperas, y el león no aparece. Pero entonces aparece una jirafa. Puedes quedarte solo o puedes irte con la jirafa.

-Esperaré al león.

Ella no se fue con nadie más, no se conformó nunca. Ella esperó al león, como yo también hubiese hecho. “No sos mío. / No estás / en mi vida / a mi lado / no comés en mi mesa / ni reís ni cantás / ni vivís para mí. / Somos ajenos / tú y yo misma / y mi casa. / Sos un extraño / un huésped / que no busca no quiere / más que una cama / a veces. / Qué puedo hacer / cedértela / pero yo vivo sola”, escribió en otro de sus poemas devastadores. Jamás pudo convencer al felino rugiente pegado al colchón de que la vida estaba allí, en ella. Murieron, los dos, ya se fueron, y todo se quedó revuelto. El alivio que traen las tumbas es que uno ya no tiene que apartarle a nadie más la mirada. Qué más da, con tanto cobarde nunca llegaremos a tiempo. Ya no será. Ya no.

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Amando a Van Gogh al óleo y en 65 mil fotogramas

Romhy Cubas

Foto: Robert Gulaczyk como Vincent Van Gogh
Fotograma de Loving Vincent

Vincent Van Gogh apenas llegó ser consciente de sus 37 años antes de dispararse en el pecho y morir a los pocos días, aunque hay quienes creen que el pintor no se suicidó sino que fue asesinado. Durante su última década de vida logró reunir más de 900 pinturas para un portafolio profesional que demoraría en ser considerado como tal. No estuvo presente para entenderse con los fanáticos y adoradores que se inspiraron en su obra pos impresionista, en su predilección por los colores que marcó temporalidades en el arte o simplemente en su turbia y ambivalente existencia, pero sí dejó la estela de un imán tan sugestivo como sus interpretaciones de la vida y la muerte.

El marco de referencia siempre será Van Gogh y su Cielo Estrellado, aunque este es solo uno de los cientos de cuadros que supondrían teorías y conspiraciones escondidas. Unos 1600 dibujos se añaden a esta gigante colección, y al contrario de lo que se pregona sobre la inexistente compra por parte del público de sus cuadros, Van Gogh sí vendió su arte para sobrevivir. Un ejemplo es La Vigne Rouge (1888) expuesta en Bruselas y vendida por 400 francos a la artista belga Anna Boch.

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Noche estrellada sobre el Rhone. | Foto vía Loving Vincent.

El misterioso talento de Van Gogh lo estampó para la historia como uno de los grandes criterios artísticos de los que se tiene constancia.  Su vida personal fue una quimera entre locura y lucidez, con ataques de demencia en el intermedio que lo llevaron a ser internado en el manicomio de  Saint-Rémy, o episodios como la famosa automutilación de su oreja, la cual tampoco se sabe si fue a raíz de un ataque de esquizofrenia o producto de una pelea con el pintor y amigo Paul Gauguin.

Este año su obra vuelve a crear historia sin su “consentimiento”. De la aproximación entre el cine y el arte surge la dirección de la primera película realizada al óleo en la historia cinematográfica. Esta oda a Van Gogh es una “biografía” del holandés dirigida por Dorota Kobiela y Hugh Welchman, con música de Clint Mansell y estrenada en el Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy, en donde recibió el Premio del Público.

El título de Loving Vincent –que hace referencia a la firma con la cual el pintor se despedía en sus correspondencias con su hermano menor Theo- es el último resultado de una larga lista de experimentos y fusiones artísticas que mezclan los biopics con la pasión y locura de artistas emblemáticos.

En este proyecto los animadores empezaron a trabajar con una base de 377 pinturas creadas por un equipo de diseñadores para luego pintar el primer fotograma de cada toma en un lienzo. El siguiente paso fue animarlos hasta terminar el proceso en el último fotograma de la toma. El equipo de diseñadores también se dedicó a crear retratos de los actores que participan en la película como: Saoirse Ronan o Jerome Flynn, fusionando en la pintura sus facciones y características con el aspecto de los personajes en su perfil al óleo.

El resultado se puede ver en 94 cuadros de Van Gogh con un aspecto bastante fiel al original y otros 31 con una representación parcial de algunas de sus pinturas. También se puede ver en 65 mil fotogramas pintados a mano en lienzo -fotograma por fotograma-. Integrando la presencia de actores reales que dan vida a estos cuadros en una especie de animación al óleo posible gracias a 125 artistas de todo el mundo –escogidos entre 4.000 aspirantes para un entrenamiento de tres semanas- que colaboraron en este ambicioso proyecto de 5,5 millones de dólares, el resultado final de Loving Vincent llega luego de seis años de constancia y paletas de color.

Entre los actores que dan vida a los cuadros de Van Gogh se encuentran Douglas Booth, Eleanor Tomlinson, Jerome Flynn (Juego de Tronos), Saoirse Ronan y Chris O´Dowd.

Amando a Van Gogh al óleo y en 65 mil fotogramas
Grupo de artistas en el estudio trabajando en las pinturas al óleo para Loving Vincent | Foto vía: lovingvincent.com

Van Gogh  y Theo

En el  verano de 1891 en Francia el joven Armand recibe una carta de su padre, el cartero Joseph Roulin, destinada a ser entregada personalmente al hermano de su amigo Vincent Van Gogh –Theo- en París. Pero en París no hay rastro de Theo, quien dicen murió poco tiempo después de que Vincent se quitara la vida, y con quien mantenía la relación más cercana durante sus últimos años de vida.  A partir de este hilo se desenvuelve la película que da vida a los cuadros de Van Gogh, recorriendo la substancia del pintor a través de la correspondencia que con frecuencia mantenía con su hermano pequeño, y que acumula una montaña de hasta 800 cartas.

Todos los personajes son interpretados por actores que trabajaron en sets construidos con la apariencia real de los cuadros de Van Gogh o en cromas que recreaban después del rodaje los cuadros del pintor mediante técnicas de animación digital. El rodaje real con los actores se hizo en Londres y Polonia y sirvió de base para la posterior animación de la película. El equipo de diseño estuvo un año intentando imaginarse los cuadros de Van Gogh en el cenit de la película.

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Jerome Flynn como el Dr. Gachet | Foto vía: lovingvincent.com
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Saoirse Ronan como Marguerite Gachet | Foto vía: lovingvincent.com

Los directores leyeron más de 40 publicaciones distintas sobre el pintor para ubicarse en un espacio y tiempo geográfico de su vida. También visitaron 19 museos en seis países distintos a los largo de cuatro años y llegaron a ver hasta 400 cuadros del artista. De esta bibliografía surgió la estela de presentar el estilo más maduro de Van Gogh, con retratos de personas cercanas y cruciales para este en aquella época como el cartero Roulin, el doctor Gachet, Margaret Gachet o Adeline Ravoux.

Por otro lado, uno de los mayores retos surgió gracias a las distintas formas y geometrías de los cuadros originales de Van Gogh y su encaje en los encuadres cinematográficos. La película tiene en su totalidad 898 tomas, trabajadas por animadores y artistas en resolución digital, quienes combinaron el material en vivo con la computación animada para exponer elementos como pájaros, nubes, hojas y caballos. También se utilizaron las denominadas “invasiones”, que suceden cuando un personaje pintado con un determinado estilo se mueve para meterse en otro cuadro con un estilo diferente.

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Terraza de un Café en Arlés. | Foto vía Loving Vincent.

Breve obituario

La famosa cita de Van Gogh en donde proclama: “No podemos hablar de otra forma que a través de nuestras pinturas fue reintegrada al cine literalmente por la directora polaca, quien reconoció en la ambición y la pasión de Vincent un lugar donde volver a crear arte e historia en sincronía. Graduada en la Academia Artística de Varsovia, Dorota Kobiela, que ya ha dirigido un cortometraje de acción real y otros cinco cortos animados, sostiene que la idea de Loving Vincent se le ocurrió por primera vez a los 30 años.  

Entre anécdotas e historias de sus cosechas en Holanda y los barrios bohemios de París, la película también cuenta con flashbacks que hacen referencia a momentos de su vida que no pintó pero que se presentan como pinturas tan  fieles a su estilo como les fue posible a los diseñadores y animadores.

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Aidan Turner | Foto vía Loving Vincent.

Hacia finales de 1888 Van Gogh comenzó a mostrar los primeros síntomas de una enfermedad mental que se aferraría a su rutina. Epilepsia, ataques psicóticos, delirios, hospitalizaciones y manicomios. El 27 de julio de 1890 intentó suicidarse pegándose un tiro en el pecho. Sobrevivió, aunque dos días después murió gracias a la herida. 

Theo, quien reunió la mayoría de las obras de Vincent en París murió seis meses más tarde. La viuda de Theo se llevó la colección de Vincent hacia Holanda en donde se dedicó a conquistar el reconocimiento y la fama que le llegarían al atormentado personaje tras su muerte.

Loving Vincent se estrena el próximo 12 de enero del 2018 en los cines de España.

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