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7 planes para disfrutar de Madrid en verano

Redacción TO

Foto: SERGIO PEREZ
Reuters

En Madrid en verano hace calor, sí. Y no hay playa, es cierto. Un amigo con piscina se convierte en un verdadero tesoro en estos días calurosos y las fotos en las redes sociales de aquellos que han podido irse de vacaciones a cualquier lugar más fresco que Madrid son una gran fuente de envidia.

Pero quedarse en Madrid en verano no es tan malo, y no tener vacaciones en estos meses tampoco. Madrid ofrece un sinfín de posibilidades para los ratos de ocio que nos dejen nuestras obligaciones.

Desde terrazas con vistas increíbles hasta escapadas para pasar un día en plena naturaleza, los días de verano en Madrid pueden convertirse en unas mini vacaciones con las que también se puede dar envidia a través de las redes sociales.

Una película al aire libre

Se puede ir al cine durante todo el año, pero los cines de verano tienen algo especial. Esa sensación de ver una película al aire libre, con las palomitas en una mano y el refresco, o la cerveza, en la otra, no la da un cine tradicional.

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El mayor autocine de Europa se encuentra en Madrid. | Foto: Lucas Jackson/ Reuters

Además, los cines de verano ofrecen a menudo la posibilidad de ver clásicos del cine que normalmente solo revivimos en la pequeña pantalla.

Madrid cuenta con numerosos cines de verano, algunos en pleno centro de la ciudad, para poder alejarse de la rutina durante un par de horas con un plan fresco y tranquilo. Uno de ellos es el que el Ayuntamiento de Madrid ha apostado por establecer en su patio central. Cibeles de cine cuenta con una película cada día hasta el 7 de septiembre.

También hay un autocine en la capital, en Chamartín, que ha abierto recientemente y es el más grande de Europa. El Autocine Madrid RACE es la opción para los que prefieran los cómodos asientos de sus coches para disfrutar de las películas en la gran pantalla.

Las ‘playas’ de Madrid

Vaya, vaya, aquí sí hay playa. Vale, no hay mar, pero sí hay pantanos y piscinas naturales en los que darse un buen baño refrescante y tomar el sol alejados del ruido y la contaminación de la ciudad.

Un clásico del veraneo madrileño es el Pantano de San Juan. Con 14 kilómetros de playas, es el único embalse de Madrid donde está permitido bañarse, y cuenta además con zonas específicas para practicar deportes acuáticos.

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El pantano de San Juan es el único embalse de Madrid donde está permitido bañarse. | Foto: Dani Oliver/Flickr

Como en toda buena playa familiar, escasean los huecos para colocar la toalla y la sombrilla, así que en los meses de verano más vale llegar temprano para encontrar un sitio en el que secarse al sol.

Otra opción son las piscinas naturales de Rascafría, o las de Riosequillo. Ambas cuentan con zonas donde comer o practicar deporte y permanecen abiertas durante todo el verano.

Si lo que buscamos es un día de ‘playa’ en Madrid, solo hay que saber bien dónde buscar y confiar en las recomendaciones de los que llevan muchos años luchando contra el calor lejos de la costa.

Los jardines de Madrid

Los atascos, la contaminación, las aglomeraciones… todos los defectos de una gran ciudad desaparecen en sus rincones más verdes. Madrid no podía ser menos y esconde en plena ciudad algunos jardines que verdaderamente nos permiten alejarnos del ajetreo urbano.

Un ejemplo de esto son los jardines de la Casa Sorolla. Un museo con la obra de Joaquín Sorolla, situado en la casa donde vivió el artista cuenta, además de con 250 obras, con un bonito jardín para pasar un rato entre arte y naturaleza.

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Los jardines de Sorolla se encuentran en el museo del artista. | Foto: Jose Luis RDS/Flickr

La Rosaleda del Parque del Oeste es también un buen lugar para pasear entre la vegetación. Flores, fuentes y arbustos construyen un bonito paisaje en medio de los grandes edificios y carreteras de la capital española.

Las azoteas de Madrid

Las tardes y noches de verano son para pasarlas en buena compañía, y si además hay buenas vistas, mejor que mejor. Madrid cuenta con numerosas terrazas en las azoteas de hoteles y edificios más emblemáticos desde donde se puede disfrutar de las vistas al centro de la ciudad y, en algunas de ellas, incluso de un buen cóctel.

El Círculo de Bellas Artes es quizás la más conocida entre quienes vienen de visita a Madrid e incluso entre los propios madrileños. Por 3 euros se puede subir a su azotea, donde a veces hay alguna exposición fotográfica para acompañar a las ya de por sí bonitas vistas.

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Las vistas desde el Círculo de Bellas Artes de Madrid. | Foto: David Hurt/Flickr

Un clásico de la noche madrileña es The Roof, en la Plaza de Santa Ana. Conocido por sus vistas pero también por sus cócteles, una combinación perfecta para las noches veraniegas.

Una visita al Ice Bar

Salir a tomar algo con los amigos a una terraza está muy bien por la noche, pero las temperaturas diurnas a veces no permiten hacer de esta actividad algo agradable. Pero si eres más de salir de día, el Ice Bar es la solución.

Este bar de hielo, junto al metro de Tirso de Molina, abre a las 17:00 horas para todo aquel que quiera no solo escapar del calor, sino tener que protegerse del frío.

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El Ice Bar ofrece cócteles y otras bebidas en un ambiente helado. | Foto: Jesús Pérez Pacheco

La entrada cuesta 15 euros e incluye una consumición. Pero también es posible conseguir una entrada a un precio mucho menor si estamos atentos a las ofertas que páginas como Groupalia o Groupon lanzan todos los veranos para los que quieran probar un cóctel bien helado.

Wakeboard

¿Quién ha dicho que los deportes acuáticos se practican solo en la costa? Madrid cuenta con varias escuelas en las que se pueden practicar todo tipo de deportes de agua, como el surf, el esquí acuático, o el wakeboard.

Quizá este último es el menos conocido y por tanto, la mejor opción si lo que buscamos es probar algo nuevo y diferente para aprovechar nuestro día libre. El wakeboard es similar al esquí acuático, pero se practica sobre una tabla. En otras palabras, es como hacer snowboard pero sustituyendo la nieve por agua.

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El wakeboard se puede practicar en varios lugares de Madrid. | Foto: Sergei Grits/AP

En el Pantano de Entrepeñas hay una empresa que enseña a hacer wakeboard, pero si solo quieres ir de acompañante, también puedes dar un paseo en barco y disfrutar del buen tiempo.

El Club de Esquí Náutico de Madrid, situado en Valdemorillo, también ofrece clases y cursos de este y otros deportes acuáticos, tanto para particulares como para empresas.

Turismo y fiestas locales

Por muy madrileño que seas, seguro que no conoces toda la historia de los lugares más importantes de la ciudad. Y si llevas poco tiempo en la capital, más motivo aún para dedicar uno de los días libres de verano para hacer un poco de turismo.

Además, el verano es la época perfecta para visitar los monumentos de Madrid que, aunque nunca están vacíos, están bastante menos concurridos durante los días más calurosos del año.

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El autobús turístico es una buena opción para visitar la ciudad sin pasar mucho calor. | Foto: Bombman/Flickr

Pero como tampoco queremos andar durante todo el día bajo los rayos del sol, el autobús turístico es una muy buena opción para conocer la ciudad sin demasiado esfuerzo. Un tour por los principales enclaves de la ciudad, acompañado de la explicación de un guía, puede ser un buen plan para una tarde de verano.

También el Área de Gobierno de Cultura y Deportes Ayuntamiento de Madrid como cada año ha planeado una serie de actividades que se engloban en los Veranos de la Villa, una programación variada que incluye a todos, “como los juegos Educa, de 0 a 100 años“. Entre las actividades hay bailes, fiestas en piscinas, conciertos, teatro, parkour, circo, milongas, juegos tradicionales e incluso una lluvia de estrellas.

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Grandes panorámicas de Madrid: miradores de infarto

Redacción TO

Foto: ANDREA COMAS
Reuters

Si hay algo por lo que destaca Madrid es por esconder un buen puñado de vistas panorámicas, y por ese cielo tan peculiar que tiene. “De Madrid al cielo y en el cielo un huequito para verlo” es un dicho tan manido como cierto. Sin embargo, no hace falta hacerle agujeros al cielo, basta con subirse a una de las muchas azoteas de la ciudad.  

A continuación presentamos 7 miradores de infarto para disfrutar de las mejores panorámicas de Madrid:  

1. Mirador Madrid, en el Palacio de Cibeles

 

perfect 😍

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  El Mirador Madrid está en lo alto del Palacio de Cibeles, actual sede del consistorio madrileño, obra de Antonio Palacios y Joaquín Otamendi. En su interior tiene su sede CentroCentro, que tiene como objetivo fomentar, a través de sus actividades la reflexión sobre la vida y la cultura urbanas contemporáneas. Además, es punto de información para todos aquellos que quieran recorrer el Paseo del Arte. El mirador está situado en la octava planta, a 70 metros de altura. Desde él se ve todo el centro de la ciudad y el barrio de Salamanca.   Dirección: Plaza de la Cibeles, 1 (28014)  

2. La azotea del Círculo de Bellas Artes

 

Beyond thankful for the experiences, friends, and adventures of a lifetime. Adios Madrid, it’s been fun.

Una publicación compartida de Nick Miller (@nickmilller) el

  El Círculo de Bellas Artes, en la calle de Alcalá, es otro edificio de Antonio Palacios. Su azotea cuenta con una de las más espectaculares vistas de Madrid, una perspectiva inigualable del entramado urbano de la ciudad, con los edificios de la calle de Alcalá y de la Gran Vía realmente cerca. Para acceder a ella hay un ascensor con puertas de cristal en su última planta. Está situada a 56 metros de altura y coronada por la escultura de Minerva, una pieza en bronce que representa a la diosa romana de la sabiduría y del arte, emblema del Círculo.   Dirección: Calle Alcalá, 42 (28014)  

3. Mirador de la Iglesia de la Santa Cruz

 

Así es como deben ver los pájaros Madrid. Y así es como lo vimos desde el #edificiotelefonica los participantes de la #instameetmovistar de esta semana.

Una publicación compartida de Héctor Gómez Herrero (@hgomezherrero) el

Esta Iglesia es obra de Francisco de Cubas. Se encuentra situada en el solar en el que se encontraba el convento de Santo Tomás de Aquino, de la Orden de los Dominicos, fundado en 1583 por fray Diego de Chaves, confesor de Felipe II y desamortizado en 1836. El arquitecto Juan Bautista de Toledo pidió en su testamento ser enterrado en el coro del convento, que albergaba asimismo las sepulturas de otros personajes notables. Se puede subir a su azotea un contemplar sus espectaculares vistas previo permiso del párroco.   Dirección: Calle de Atocha, 6, 28012  

4. Mirador del Faro de Moncloa

Esta antigua torre de iluminación de 110 metros de altura construida en 1992 presenta una experiencia única. Desde su mirador se pueden observar grandes monumentos como el Palacio Real, la Catedral de la Almudena, el edificio de Telefónica en la Gran Vía, las Cuatro Torres… Y, como regalo, una estupenda vista al fondo de la sierra de Guadarrama.   Dirección: Avenida Arco de la Victoria , 2 (28040)  

5. El Templo de Debod

 

🐪🌗 El regalo de Egipto. A gift from Egypt. – 📷: @uvegg #TheMadridBible

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El Templo de Debod es una construcción egipcia de la época ptolemaica, con más de 2.000 años de antigüedad, donada por el gobierno egipcio a España por su colaboración en el traslado de monumentos durante la construcción de la presa de Asuán. Fue traído piedra a piedra desde la Baja Nubia y colocado exactamente en la misma posición (en dirección oeste) que tenía en su lugar de origen. Sus vistas son imperdibles.   Dirección: Calle Ferraz, 1 (28008)  

6. El Cerro del Tío Pío

Algo más alejado, el Cerro del Tío Pío, o, como todo el mundo lo conoce, el parque de las siete tetas, llamado así por sus siete colinas, está situado en el barrio de Vallecas. En él encontramos el mirador de la Dama del Manzanares, una obra de Manolo Valdés situada en el punto más alto del parque Lineal del Manzanares, en Usera. Desde aquí puedes ver todo Madrid y sorprenderte, por ejemplo, con la altura del edificio de Telefónica.   Dirección: Calle Benjamín Palencia, 2 (28038)  

7. Las Cuatro Torres

 

#Madrid #desdeelcielo #eurostar #travel #hotel #view #buildings #chamartin #vistas #premios #fotografia #alturas #sunset #cielo #sky

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En este un parque empresarial compuesto por cuatro grandes rascacielos que desde 2009 gobiernan la silueta de Madrid, también se pueden observar unas bellas vistas. La pega: la única opción para acceder a ellas es alojarte en una habitación con vistas en el Eurostars Madrid Tower, o bien subir a cenar a su restaurante.   Dirección: Paseo de la Castellana, s/n (28029)

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Las elecciones de Alemania, en directo

Redacción TO

Foto: MICHAELA REHLE
Reuters

Alemania celebra hoy sus elecciones federales, en las que más de 61,5 millones de alemanes están llamados a votar para elegir canciller. Los colegios permanecerán abiertos entre las ocho de la mañana y las seis de la tarde y los resultados se conocerán poco después.

Las encuestas están de lado de la actual jefa del Ejecutivo, Angela Merkel, cuyo partido (CDU) podría obtener entre el 34 y el 36% de los votos, muy por delante del partido socialdemócrata (SPD), que lograría entre el 21 y el 22%. En tercer lugar estaría la derecha nacionalista, AfD, que se haría con entre el 11% y el 13% de los apoyos pero el último puesto del podio también podría ir para la izquierda radical (Die Linke) con entre 9,5 y 11% de las preferencias.

Las elecciones de Alemania, en directo

09:15. El presidente alemán llama a hacer uso del derecho a voto. Frank Walter Steinmeier ha llamado a sus conciudadanos a hacer uso del derecho de voto y ha advertido que quien no vota permite que otros decidan sobre el futuro del país. Según Steinmeier, nunca antes se había sentido tan claramente que unas elecciones tienen que ver “con el futuro de Europa y el futuro de la democracia”, probablemente en alusión al inminente acceso al Parlamento de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD).

08:00. Abren los colegios electorales en Alemania, que celebra este domingo unas elecciones federales en las que se esperan pocas sorpresas. 61,5 millones de alemanes decidirán la composición del nuevo Bundestag, y muy presumiblemente Angela Merkel será reelegida canciller, aunque en qué condiciones está todavía por determinar.

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Alguien vota en Berlín, la capital alemana. | Foto: Fabrizio Bensch / Reuters

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Ni agua

Ferrán Caballero

Foto: ALBERT GEA
Reuters

Pues claro que no hay que darles nada a los independentistas. Porque ni al independentista ni a nadie le contenta que le den lo que considera suyo. Y por eso todo lo que pretende ser una concesión se recibe como humillación. Por eso no se les puede contentar con una reforma Constitucional, ni con más competencias ni con un blindaje de cultura y educación ni con una mejora del sistema de financiación autonómica. Nada de eso es suficiente para los independentistas. Y uno de los grandes logros y de las grandes desgracias de este proceso es que esto ya es evidente para todo el mundo. Excepto para De Guindos, que ayer mismo se ofrecía a “hablar del sistema de financiación y otros asuntos si los planes para la independencia se retiran”.

Pero los planes para la independencia no se retiran. Y no se retiran porque los independentistas, como decía García Domínguez, “no se están jugando 15 años de cárcel para conseguir un apañito de la financiación autonómica”. Cree De Guindos y supongo que algunos con él que es posible volver al 2012. Como si nada hubiese pasado. Pero aunque fuese posible volver atrás, ya en el 2012 este apañito era insuficiente. Porque lo que pedía el Presidente Artur Mas no era el dinerito sino “las llaves de la caja”. Lo que pedía Artur Mas no era un nuevo pacto o una nueva cesión, provisional y condicionada por definición, del Estado. Lo que pedía Mas era soberanía fiscal. Y como hemos ido aprendiendo desde entonces, aunque lenta y dolorosamente, la soberanía ni se pide ni se discute sino que se ejerce. 

El problema no es qué puede darse a los independentistas para que retiren sus planes. No es a los dirigentes independentistas, a quienes hay que convencer, sino a la mayoría de los votantes catalanes. Y aquí el auténtico problema está en lo que escribía Cristina Losada: “la solución política es hacer, por una vez, lo que no se ha hecho nunca. Dejar meridianamente claro, desde ya, que no habrá trato de favor y no se dará nada, pero nada, que no corresponda. Como al niño mimado. Llega un día en que hay que decirle que no, que se ponga como se ponga se le va a tratar igual que a sus hermanos.” Pero el votante independentista no es un niño que llora porque se le diga que no, sino alguien que ha dejado de esperar permiso. Y el problema no es que se mime o se castigue a las instituciones catalanas, sino que se las trate como a niño. Dudo mucho que de este proceso se salga con nada parecido a una “solución política”, pero me parece evidente que esta no podría ser, de ningún modo, la perpetuación del paternalismo de Estado.

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Cuando fui un trozo de carne en un Congreso de columnismo

Lorena G. Maldonado

Foto: Lorena G. Maldonado

Estos días se ha formado el zafarrancho en redes con el cartelito del II Congreso ‘Capital del columnismo’ porque, qué extraño, quién iba a augurarlo, pero aquello es una siembra de bálanos. Precaución a los viandantes: lo mismo te das un paseo por León entre el 18 y el 20 de octubre y te acaba golpeando el cráneo un testiculario intelectual: nadie está a salvo de este granizo nuestro, de este cielo tapizado de escroto, de esta nube negra que derrama Axe. 

Me han venido a la cabeza tiernos recuerdos, claro, porque una es una sentimental -¿no ven que soy mujer?-. La primera vez que oí hablar de este congreso -al que, por cierto, asisten firmas que aprecio y de nada tienen la culpa- fue el año pasado, allá por abril, cuando un compañero me pasó una columna que había publicado en El Mundo Ricardo F. Colmenero, en la que relataba con sorna cómo sus compadres y él habían aprovechado la excursión columnística para sacudirse de una vez por todas “el malditismo”. En ese texto aparecía mi nombre. Cito: “Uno de ellos [alumnos de primero de carrera] soltó la frase más canalla de las jornadas, cuando confesó que tanto él como cuatro colegas se habían matriculado en periodismo solo por lo buena que estaba Lorena G. Maldonado. Traté de unirme a las nuevas generaciones confesando que me había enamorado de los pechos de una oyente, pero me escuchaban con tristeza (…)”. 

Me quedé atónita, acojonada por ese exceso de confianza que no era más que una bravuconada. Pensé: coño, una toda la vida estudiando, escuchando con atención al que sabe, leyendo por las noches, escribiendo mucho y borrando más, siendo mi más implacable hater –en definitiva, peleando por la voz propia, que mira que cuesta parirla- para acabar en la columna de este majadero siendo tratada como anzuelito físico para que cuatro chavales se apliquen en el oficio. Cuatro niñatos que no tienen, ni por asomo, la responsabilidad del columnista que recoge la anécdota y que además les ríe las gracias con otro comentario maloliente -el de las mamas de la chica del público-, todo envuelto en ese aura de premeditado patetismo que buscaba Colmenero. Otra cosa no, pero ahí, bravo. Bien conseguido.

Hubiese sido elegante citar a una compañera de profesión -no sé, se me ocurre- para referirse a un texto suyo, qué más da si en tono de crítica o alabanza. Este columnista sólo tiene derecho a juzgar algo de mí, algo completamente expuesto, que es mi trabajo o, si quiere, mis opiniones. Lo demás es machismo. También dudé mucho sobre si se hubiese referido en esos términos a una compañera consolidada, madura, que llevase toda la vida escribiendo en prensa y tuviese ya edificada una firma. Supongo que no, porque el machismo es cuestión de poder y baraja también con quién medirse en público. Entiendo que es más fácil mofarse de una don nadie como yo, que entonces llevaba tres meses en El Español: ésta es la lógica de la cobardía.

Fue gracioso, porque el tipo -Colmenero- puso un tuit en el que citó a todas las personas mencionadas en el artículo excepto a mí, terminando de demostrar cuán pesados carga los dídimos, dando por redondeado el desbarre. Yo sentí una mezcla de rabia y de vergüenza, pero esta última me la arranqué rápido -ya sólo faltaba- y al final se me quedó no más que un hilillo de mala baba en la memoria. La impotencia que experimenté me la voy curando, porque gracias a la generosidad de este medio desde hace meses tengo un espacio libre donde sacudirme justicias poéticas. En general, me he puesto las pilas. Ya no paso ni una.

Si yo quisiera que se me mentase por algo relacionado con la carne, me habría dedicado a otra cosa -es probable que con poco éxito, porque ahí están la báscula y el espejo-, pero si mi faena es escribir, y tengo la fortuna de dedicarme a ello, es en esencia para desaparecer corporalmente del texto y que salga a flote sólo la idea y la mirada, que, oigan, tienen algo que ver con el género pero también lo trascienden.

Lo dice la magnífica Siri Hudsvet en La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres: “¿Quién tiene sexo, el escritor o la obra? ¿Pueden ser contrarios? Si el narrador de la letra impresa es un hombre, ¿eso convierte al libro en masculino?”. Hudsvet -a la que muchos tristemente conocen sólo por ser la esposa de Paul Auster, buena prueba de cómo está el percal- explica que es estúpido pensarnos monolíticos cuando escribimos y cuando leemos, porque una mujer como ella bien puede aguardar hombres dentro, personajes masculinos queriendo hablar. “Esto es posible porque no somos ratas, sino seres imaginativos capaces de salir de nosotros mismos y, durante un rato al menos, convertirnos en otra persona, joven o vieja, cuerda o loca, mujer u hombre”.

La universalidad. Qué deseo. A eso hay que aspirar, y no a convertirnos -las mujeres- en una sección de “literatura femenina” en las librerías ni en una puta revista dominical sobre cocina, hijos y belleza. Hay que guerrear por la universalidad. La vida es una y a todos nos incumbe por igual. Los estilos son libres, o eso pretendo, ahora que las niñas ya no tenemos que ponernos corsé ni dejar las subordinadas para los machos. También Virginia Woolf se despedía así en su ensayo Una habitación propia, buscando la androginia al redactar, la indistinción del género. Como ese Shakespeare que escribía más allá del sexo, rayano en lo absoluto. Sólo como ser humano. Pero bueno, ¿qué más hay?

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