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80 años del bombardeo a Eibar

Rodrigo Isasi Arce

Foto: Eibarko udal Artxiboa/Archivo municipal de Eibar

25 de abril de 1937. Los Flechas Negras italianos surcan el cielo y descargan sus bombas rompedoras sobre la ciudad vasca de Eibar. 21 bombas de 100 kilos y 103 de 50 kilos, lanzadas desde una altura aproximada de 1.500 metros, impactan contra el suelo de la ciudad, dejando varios muertos y terminando por destrozar la Villa Armera. Un día después, los aviones alemanes de la Legión Cóndor y de la Aviación Legionaria Italiana hacen lo mismo sobre la vecina localidad de Gernika, lo que movería posteriormente a Pablo Picasso a pintar su conocida obra del mismo nombre en la que denuncia la barbarie de la guerra.

Aunque las autoridades declararon el mismo día 24 la evacuación definitiva de Eibar, que ya estaba siendo bombardeada desde hacía varias jornadas, al día siguiente los aviones italianos volvieron a la carga. Salieron a las 11:00 horas desde el aeropuerto de Gasteiz para terminar de destrozar la ciudad guipuzcoana. Eibar, ya llevaba varios meses resistiendo el avance fascista y sufriendo los bombardeos y ataques enemigos. Hasta el final de la Guerra Civil se registraron alrededor de 250 muertos en la ciudad. La devastación que se aprecia en las imágenes de aquellos días no solo corresponde a los bombardeos, sino también a los varios meses en los que Eibar se encontró en la línea del frente.

Los bombardeos en esta zona del norte de España se iniciaron el 31 de marzo de 1937, con un ataque aéreo realizado por la Aviación Legionaria italiana sobre la villa vizcaína de Durango. Esta acción bélica se encuadró en la ofensiva del Frente Norte que realizaron las tropas nacionales entre marzo y octubre de 1937 en la Guerra Civil española bajo las órdenes del general Emilio Mola.

El bombardeo de Eibar 80 años después
Socavón en Eibar provocado por una bomba | Foto: Egoibarra/Indalecio Ojanguren

Juan de los Toyos, sobrino del alcalde socialista Juan de los Toyos, que izó la bandera republicana en el ayuntamiento de la ciudad el 14 de abril de 1931, cuenta a sus 94 años de edad a The Objective como vivió el bombardeo y los ataques fascistas que destruyeron Eibar y permitieron alzarse con la victoria al bando nacional. Nos reunimos con él en la plaza principal de Eibar, por donde antes de la guerra, discurría el río, hoy cubierto por adoquines.

“Yo tenía 13 años cuando hubo el primer bombardeo en Eibar; aquí había pocas casas, la inmensa mayoría de viviendas se realizó durante la época industrial en el periodo franquista, y recuerdo ver dos aviones, que eran italianos o alemanes” asegura de los Toyos. “Estaba en una campa cuando llegaron los aviones, en esa campa había un cañón antiaéreo de una fábrica de Placencia de las Armas, una ciudad donde se construía armamento, y ahí andaban los aviones dando vueltas. Recuerdo cómo intentaban apuntar con el antiaéreo para acertar a los aviones enemigos. Tiró un obús, pero claro, no acertó. Era muy difícil. No se si el antiaéreo tenia holgura o yo que sé, pero el caso es que había que controlar mucho para poder derribar a los aviones”.

“Recuerdo cómo cada vez que venían aviones enemigos, sonaban las campanas y una sirena”

Con estos bombardeos Eibar quedó muy destrozada“, y remarca “muy, muy destrozada, una cosa terrible”. “Recuerdo cómo cada vez que venían aviones enemigos, sonaban las campanas y una sirena para que las personas se escondieran en túneles o en algún refugio seguro”. Recuerda que cerca de la plaza donde nos encontramos había un puente sobre el río, en el que “en uno de los bombardeos, mucha gente se escondió bajo él, pero como había mucho chivato, se había avisado previamente de este escondite a las tropas que atacaban y tiraron ahí mismo un bombazo que mató a 50 personas que estaban resguardadas de los bombardeos”. Juan de los Toyos solo vivió en primera persona los primeros bombardeos ya que después se marcó con su familia a Bilbao, huyendo de la guerra.

El estallido de la Guerra Civil provocó un cambio radical en la vida eibarresa. Nada más sublevarse las tropas el 18 de julio de 1936, los vecinos formaron el batallón Amuategi. Se encargaron de frenar a las puertas de Eibar la ofensiva de las tropas nacionales, hasta abril del año 1937. La mayoría de sus integrantes murieron en la guerra o fusilados, o tuvieron que huir a Francia y América.

80 años del bombardeo a Eibar
Batallón Amuategi, 1937 | Foto: Fondo Castrillo Ortuoste/Archivo Municipal de Eibar

Una vez que se veía que la guerra estaba perdida, Juan y su familia tuvieron que huir de Bilbao a Castro y posteriormente a Santander. Desde allí, mediante un barco que cargaba carbón y acababa de llegar de Reino Unido, “nos metimos en su bodega llena de hollín y nos trasladamos hasta Francia, donde estuvimos en una colonia apoyados por el gobierno vasco”, cuenta con cierta tristeza. “Como aquello no iba a durar para todo la vida, mi tío embarcó en Marsella para México, donde murió en el exilio. Mi padre y yo nos quedamos en Bayona donde se hicieron cargo de nosotros unos americanos cuáqueros”, asegura.

“Nosotros intentamos ir a Marsella para embarcar hacia México, pero a mi padre le pidieron un día la documentación unos gendarmes, y no tenía los papeles en regla, ya que seguíamos empadronados en Burdeos. Uno de los gendarmes hablaba español y nos dijo que no teníamos permitido ir a Marsella, por lo que nos deportaron a España y regresamos a Eibar”, rememora de los Toyos su periplo antes de regresar a su ciudad natal.

“La socialdemocracia europea anda bastante al garete, no hay un entendimiento a nivel europeo”

La reconstrucción física de la ciudad requirió más de una década, mientras que otras heridas más profundas siguieron abiertas durante años. Eibar fue incluida dentro del Plan de Regiones Devastadas, junto con Gernika y Amorebieta, entre otras localidades.

Juan no quiere despedirse sin decir antes que “ahora nos iría mejor con una república, con un gobierno de izquierdas. La política actual ha cambiado una barbaridad, ahora hay otra forma de hacer política y la derecha ha cogido mucha fuerza, mientras que a la izquierda le va a costar mucho recuperar poder, porque la socialdemocracia europea anda bastante al garete, no hay un entendimiento a nivel europeo”.

Eibar recuerda su bombardeo 80 años después
Los generales Mola y Solchaga en Eibar en 1937, tras la victoria del bando nacional | Foto: Eibarko udal artxiboa

Actos por el 80 aniversario

La Villa Armera celebra entre el 25 y el 30 de abril los actos conmemorativos del 80 aniversario del bombardeo, organizados por el ayuntamiento de la localidad. Este martes dan comienzo las actividades con la conferencia Reflexiones sobre la guerra civil, del catedrático Juan Pablo Fusi Aizpurua, en el Coliseo, a las 19:30 horas. Además, también se puede descargar la aplicación gratuita ‘gerrazibilaeibarren’, que cuenta con los recorridos militares llevados a cabo durante la guerra. La jornada culmina con la realización de un trampantojo en la calle Egogain, en la zona en la que cayó una bomba.

Por su parte, el día 28, se representará en el Coliseo la obra Bonbardaketak Eibar 1937. 80 urte, una conferencia dramatizada, que contará con la presencia del historiador Jesús Gutiérrez, además de otros expertos y artistas como Nerea Arriola, Biraka dantza taldea, Koro Gaztea, Kezka dantza taldea, Lekim animazioak y Itzamna, entre otros.

El 29 de abril se impartirá un taller de tiza, en el que se realizará un plano de la ciudad antes de que lo asediara la guerra. Y para acabar, el día 30 habrá un concierto de la banda musical Cielito, que ha preparado un repertorio bélico especial para la ocasión.

7 destinos rurales para huir de la ciudad

Redacción TO

Foto: DAMIR SAGOLJ
Reuters

Contaminación, aglomeraciones, tráfico, estrés. La rapidez de las ciudades no se va de vacaciones, pero sus habitantes sí pueden. Irse al pueblo es una opción socorrida: ver a la familia y los amigos de toda la vida, rememorar la infancia y, sobre todo, tener alojamiento gratis son solo tres de los atractivos que ofrece esta opción. Pero ¿qué pueden hacer aquellos que han nacido en ciudad y no tienen pueblo al que ir? No entrar en pánico es el primer paso. El segundo, tomar buena nota de los siete destinos propuestos a continuación.

O Cebreiro, Lugo

7 destinos rurales para escapar de la ciudad
Las características pallozas de O Cebreiro. | Imagen: santiagoturismo.com

Estamos en el año 2017 después de Jesucristo. Toda Galicia está ocupada por los turistas… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles gallegos resiste todavía y siempre al invasor. Se trata de O Cebreiro, en el municipio de Pedrafita do Cebreiro, y todavía conserva tesoros arquitectónicos prerromanos, sus pallozas, herencia celta de esta localidad que, al no tener costa, no tiene tanto volumen de turistas. El grueso de los visitantes lo forman las personas que realizan el Camino de Santiago, ya que esta localidad forma parte de la ruta de Roncesvalles. La ausencia de playas, eso sí, queda compensada con las vistas a la Sierra del Courel.

Luarca, Asturias

7 destinos rurales para huir de la ciudad
Vista del puerto marítimo de Luarca. | Foto: turismoasturias.es

Atravesada por el río Negro, Luarca ofrece, como localidad asturiana que es, mar, campo y montaña en el mismo paquete. Luarca forma parte del municipio de Valdés, que cuenta con una de las playas más vistosas de toda la costa cantábrica, la de Barayo. El arenal forma, junto a las dunas y acantilados que lo rodean, la Reserva Natural Parcial de Barayo. Además, Luarca tiene el privilegio de ser la localidad que vio nacer a dos de los españoles más célebres del siglo XX: el ganador del Nobel de Medicina Severo Ochoa y el doble ganador del premio Oscar Gil Parrondo.

Foz de Arbayún, Navarra

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Vista aérea del cañón. | Foto: Wikimedia Commons

Este cañón de unos seis kilómetros de longitud llega a los 400 metros de profundidad y a la completa verticalidad. Un paraje de vértigo taladrado durante siglos por el río Salazar, supone uno de los paisajes más explosivos y singulares de toda la península Ibérica. Esta Reserva Natural navarra tiene, además, uno de los ecosistemas de aves más ricos y diversos de España. Desde los característicos buitres leonados hasta las águilas reales pasando por los quebrantahuesos.

Puerto Lápice, Ciudad Real

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Plaza de la Constitución de Puerto Lápice. | Foto: Ciudad-real.es

“Autores hay que dicen que la primera aventura que le avino [a don Quijote] fue la de Puerto Lápice”, dejó escrito Miguel de Cervantes en el segundo capítulo de la primera parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha. El autor no vuelve a referirse a la localidad en ningún otro pasaje de la novela, así que el lector se queda con el misterio de saber qué ocurrió en Puerto Lápice, pero este pueblo forma parte de la ruta del Quijote. Con una plaza de la Constitución típicamente castellana y unos molinos de inconfundible sabor manchego, Puerto Lápice es uno de los destinos rurales más interesantes de Castilla-La Mancha.

Alcántara, Cáceres

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Puente romano de Alcántara. | Foto: Efe

Con un puente romano de la época del emperador Trajano que atraviesa el río Tajo en impecable estado de conservación, este municipio extremeño limita al oeste con Portugal, lo cual permite que el viajante se pueda dar una escapada (dentro de la escapada) para aprovechar y conocer tierras lusas. Además de la construcción que ha dado nombre al pueblo (‘Alcántara’ viene de ‘Al Qantarat’, que en árabe significa ‘El puente’), la localidad extremeña es famosa también por el Conventual de San Benito. En uno de sus elementos más reconocibles, la galería porticada de Carlos V, se celebra anualmente el Festival de Teatro Clásico de Alcántara.

Culla, Castellón

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Paisaje fluvial de Culla. | Foto: Turismodecastellon.com

Recorrer sus callejuelas rodeadas de pequeños edificios de piedra típicamente castellonenses, hacer senderismo por sus prados bañados por los ríos Monleón y Mollinel, hacer una excursión por las cuevas del parque minero del Maestrat… Este pueblo medieval del interior de la Comunidad Valenciana ofrece naturaleza, tradición y descanso sin el bullicio turístico de otras localidades de la autonomía, como Denia o Peñíscola.

Zuheros, Córdoba

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Castillo medieval de Zuheros. | Foto: Zuheros.es

Con su castillo medieval de origen incierto y su famosa Cueva de los muerciélagos, declarada Bien de Interés Cultural en 1985, Zuheros es uno de los destinos andaluces todavía por descubrir para el resto de España. Sin el ajetreo ni el bullicio de los pueblos de la costa andaluza pero con una arquitectura inequívocamente sureña, Zuheros se levanta sobre uno de los mayores tesoros montañosos de España: la Cordillera Subbética.

La historia en imágenes de la lucha LGTB tras el franquismo

Jorge Raya Pons

Foto: FELGTB

Los años oscuros no quedan tan lejos. En marzo de 1976, el valenciano Antonio Ruiz, de 18 años, fue detenido y encarcelado durante 94 días después de que un juez aplicara contra él la Ley de Peligrosidad Social. Se trataba de una legislación aprobada en 1970 por las Cortes franquistas para castigar aquellas conductas que se consideraban antisociales, y ser homosexual era una de ellas. Esta ley, que vino a sustituir la famosa Ley de Vagos y Maleantes ­–puesta en vigor en 1933 y reformada en 1954 para incluir a los homosexuales, igualándolos, por ejemplo, a los pederastas– contemplaba penas como el internamiento en prisión –unos 5.000 en ocho años– o el sometimiento a terapias de conversión, las cuales, para sorpresa general, siguen existiendo.

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Una máquina de electroshock empleada en los años 60. | Fuente: FELGTB

Antonio Ruiz es un símbolo de la persecución contra los homosexuales que se desató durante el franquismo y que dio sus últimos coletazos en los primeros años de la democracia; la ley sufrió varias reformas en los años siguientes –eliminando los artículos relativos a los actos de homosexualidad en 1979– y fue abolida definitivamente en 1995. En 2009, Antonio fue el primer indemnizado en España por haber entrado en prisión por ser homosexual. Le compensaron con 4.000 euros.

Tras salir de los tribunales, celebró enérgicamente la resolución del Gobierno español, entonces presidido por Rodríguez Zapatero. “Por fin somos ciudadanos de primera”, dijo. “España se ha convertido en el primer Estado del mundo que reconoce la represión a la que se vieron sometidos los homosexuales y les indemniza. Hemos empezado a recuperar la memoria histórica”. Queda para las próximas generaciones su ficha policial de 1976; en ella se puede leer con claridad que el motivo de su detención fue su condición sexual. No han pasado más que cuatro décadas desde entonces.

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Ficha policial de Antonio Ruiz, detenido por ser homosexual en 1976. | Fuente: FELGTB

Este viraje tan extraordinario que ha vivido España en menos de medio siglo solo se comprende desde la lucha que ejercieron activistas como Armand de Fluviá o Francesc Francino, quienes decidieron enfrentarse a la Ley de Peligrosidad Social aun a riesgo de sufrir la represión de la dictadura. “En aquella época, los gais éramos un peligro social, unos corruptores de menores, unos enfermos mentales, los peores pecadores y la escoria de la sociedad”, recuerda Armand, a sus 85 años, quien más adelante se convertiría en la primer homosexual en manifestarlo públicamente en televisión: fue en 1978, en el programa Vosté pregunta.

“Yo fundé el movimiento gay en 1970 con el MELH (Movimiento Español de Liberación Homosexual). Lo hacíamos todo en la clandestinidad, incluso un fanzine que enviábamos desde París. Lo hacía con mi amigo Francesc (Francino), que murió hace muchos años por el sida. El primer número salió en 1972 y se llamaba Aghoix, sacamos 18 números. Pasábamos la frontera con mucho pánico, con miedo a que nos viera la Policía o la Guardia Civil. Lo hacíamos de uno en uno y por la noche. Este fue el juego sagrado que se mantuvo hasta que Franco murió. Entonces ya salimos con una cosa más potente que es el FAGC (Frente de Liberación Gai de Cataluña)”.

Durante el franquismo apenas eran “unos 20” quienes luchaban desde la clandestinidad; en cuanto se fundó el FAGC, sostiene Armand, llegaron a ser cerca de 500.

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Un manifestante durante la primera marcha del Orgullo celebrada en Madrid, en 1978. | Fuente: FELGTB

Un nuevo país

El emerger del FAGC en la sociedad española fue decisivo; no se puede comprender la lucha LGTB en España sin atender a sus logros. El FAGC fue el punto de partida de todo un movimiento que había guardado silencio por demasiado tiempo y que fue una inspiración para otros territorios que encontraron en Cataluña un ejemplo. Sus principales exigencias fueron la abolición de la Ley de Peligrosidad y la legalización de las organizaciones activistas; la propia FAGC fue inscrita y legalizada en 1980.

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Durante el primer Orgullo celebrado en Madrid se reclamó la abolición de la Ley de Peligrosidad Social.

“Todos los partidos y sindicatos que salieron de la clandestinidad como nosotros nos apoyaron”, relata Armand. “Se fueron formando grupos en distintos sitios de España y empezó la lucha. Yo recuerdo que en 1976 vino a visitarme el iniciador del movimiento gay en Euskadi para ver cómo lo habíamos hecho aquí, en Cataluña. Luego vinieron desde Sevilla. Recuerdo que en 1977 publicamos el manifiesto del FAGC; aquello sirvió para el resto de grupos que fueron formándose en España”.

El resultado de este ímpetu se hizo visible en Barcelona con la primera marcha LGTB permitida por las autoridades en España; fue el 26 de junio de 1977 y recorrió las Ramblas al grito de “¡Amnistía!”. De acuerdo con las crónicas de la época, se congregaron en la emblemática vía cerca de 4.000 personas. La primera celebración del Orgullo en Madrid se convocó un año después.

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Dos hombres en el Orgullo madrileño de 1978. | Fuente: FELGTB
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El movimiento feminista tuvo protagonismo en el primer Orgullo de Madrid. | Fuente: FELGTB

“Del 75 al 80 fue un quinquenio de maravilla”, dice Armand, con entusiasmo. “Muerto Franco, se acabó la rabia. Tras tantos años de dictadura se levantó esa losa que había, la gente perdió el miedo. Todo era fantástico”.

Desde entonces las marchas se han sucedido en todo el país, especialmente en las grandes ciudades, y el fortalecimiento del movimiento desde los años 90 ha permitido dar voz también a los transexuales y a las lesbianas, que comenzaron a agruparse en colectivos feministas para reivindicar que se les diera la misma visibilidad que a los hombres homosexuales.

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Una niña, con la bandera del Orgullo pintada. | Fuente: FELGTB

La evolución de las reivindicaciones

La historia reciente del movimiento homosexual, tal y como se puede descubrir en la exposición Subversivas: 40 años de activismo LGTB en España –organizada por la Federación Española de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales–, es la muestra tangible de la evolución de la sociedad española desde la Transición hasta hoy, con todas sus etapas.

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Los activistas se movilizaron para concienciar a las autoridades sobre la gravedad del sida, que afectaba con dureza a la comunidad gay. | Fuente: FELGTB

Desde la lucha por la concienciación contra el sida, la principal preocupación de los colectivos LGTB en los 80, hasta la Ley de Matrimonio Homosexual (2005) o la Ley de Identidad de Género (2007), que permitió a cualquier persona a cambiar su nombre y sexo en el registro  sin necesidad de pasar por una operación.

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Pedro Zerolo, uno de los grandes activistas LGTB contemporáneos, junto a Toni Poveda y Bibiana Aído en 2008. | Fuente: FELGTB

Es una realidad que la transformación del país ha sido absoluta; en cuatro décadas, España se ha convertido en un referente mundial en la defensa de los derechos de la comunidad LGTB. Tanto es así que este año es Madrid la ciudad que acoge la fiesta internacional del Orgullo; durante dos semanas se espera recibir hasta tres millones de personas en la ciudad.

“Hemos alcanzado lo que muchos otros no han logrado”, sentencia Armand. “Realmente, ahora no tenemos ninguna discriminación. La lucha de los colectivos es ahora contra la homofobia. Tenemos leyes para ello y contemplan sanciones. Es cierto que hay gente medio loca que nos odia, pero no creo que sean demasiados”.

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Celebración del Europride en Madrid en 2007. | Fuente: FELGTB

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Foto de la manifestación del Orgullo en 2009. | Fuente: FELGTB

En cualquier caso, el activista barcelonés sostiene que todavía quedan algunas victorias pendientes: “Ahora hay que incidir en la enseñanza y en los medios de comunicación. Lo que tenemos que conseguir es que se hable desde la guardería hasta la universidad, que la televisión vaya dando ejemplos positivos desde la homosexualidad. Y detalles como el alquiler de vientres, algo que aquí en España todavía no se permite, pero que parece que está al caer”.

Contra el mito del auge asiático y el declive europeo

Antonio García Maldonado

Uno de los lugares comunes del análisis internacional dice que el poder se ha desplazado a Asia y que Trump o el Brexit no dejan de ser pataletas ante ese hecho inevitable. Los flujos económicos van hacia esa región, las actividades se deslocalizan en China o Bangladesh, sus economías crecen y emergen grandes clases medias con un poder de consumo que hace las delicias de las grandes compañías internacionales. A este diagnóstico suele seguir el que dice que, en este contexto, Europa estaría llamada a convertirse en un museo para turistas ricos, en una Venecia gigante que sirve de testimonio kitsch del pasado ante su irrelevancia en el presente y el futuro.

Como todo lugar común, tiene algo de cierto pero también mucha adiposidad interesada. Asumir sin matices que el poder reside allí donde está el peso económico es desconocer las nuevas formas de poder, influencia y gestión que las nuevas tecnologías de la comunicación han favorecido. El análisis de la decadencia de Europa y el auge asiático tiene mucho de capitalismo industrial decimonónico, con la fábrica humeante como símbolo del progreso. Tengo para mí que el auge de Asia se debe, en parte, a que se puede gestionar desde Occidente. Sus ciudades están muy contaminadas, los servicios básicos son caros y de peor calidad, la desigualdad hiere, no hay derechos laborales efectivos –y cuando los hay, es fácil eludirlos– y las megaurbes en las que ese “progreso” se estaría manifestando son impersonales y en muchos casos peligrosas. La estratificación es la norma, y los precios son escandalosos.

Es en Europa –o como en Europa– donde desea vivir la mayoría, trabajadores o ejecutivos. Conozco a pocos residentes en Pekín, Yakarta o Singapur que no hayan terminado su etapa asiática con alivio por irse y alegría por llegar a Madrid, Bruselas o Berlín. Muchos de ellos vuelven para formar aquí una familia, ante la imposibilidad o el nulo atractivo de hacerlo en países y ciudades hostiles para ello. En muchas carreras profesionales, la “temporada asiática” es más una mili o un sacrificio en pos de un mejor puesto en Europa en el futuro que un deseo genuino. Incluso en sociedades con una personalidad tan fuerte como la china o la vietnamita, la creciente clase media exige estándares “europeos”.

Si Asia es una opción profesional, Europa sigue siendo una opción vital, que mal que bien conjuga la creación de riqueza con el ocio, la creatividad, el descanso y el bienestar. Si Asia es el auge, contento me quedo entre las ruinas del museo europeo (como hacen muchísimos gestores a distancia de ese teórico esplendor).

Escorpiones en una botella

Juan Claudio de Ramón

Foto: Manu Fernandez
AP Photo/Archivo

Quienes nos oponemos a la consideración de España como un ente plurinacional hemos de admitir que nuestra postura contiene un ángulo ciego o, al menos, un zona de inconsistencia que ha de aclararse. Al fin y al cabo, nuestra actual Constitución sí habla, de manera enfática y en lugar prominente, de una nación, que es la española. ¿Por qué, a fin de cuentas, esta sí y las otras no? Algunos de nuestros conciudadanos –sospecho que no tantos, pero eso importa menos– están convencidos de la existencia sentimental y material de otras naciones, sean la vasca o la gallega o la catalana. ¿Por qué preterirlas a favor de la española?

Es un asunto con el que un antinacionalista honesto debe encararse. Por mi parte, diré de entrada que con gusto suprimiría las referencias a la nación española de nuestra Carta Magna. Allí donde se lea «nación española» preferiría que se dijese sencillamente «España», lo que supone sustituir la categoría por la cosa, lo abstracto por lo concreto. El modelo son constituciones como las de Canadá o Suiza, que se las apañan para darse fundamento y norma sin mencionar en ningún momento una palabra de la que cabe dudar tenga un significado fecundo en el siglo XXI. Porque obligar a toda comunidad a ahormarse al molde de nación es la primera violencia que se hace a la complejidad del mundo. La nación no es, como se dice, un parapeto de la diversidad, sino lo contrario: el expediente más eficaz que tuvo la modernidad para acabar con la multiplicidad de lo real.

Pero hay más. En realidad, en ningún lugar dice nuestra Constitución que España sea una nación; sencillamente lo presume. Al hacerlo, se hace cargo de una larga tradición que nace en el inolvidable momento gaditano de 1812. Esta es la clave: la oportunidad histórica. España se constituye en nación cuando procede, en el siglo de las naciones, cuando la nación era una construcción ideológica útil para legitimar el paso de una soberanía dinástica a otra popular y con el tiempo democrática. Y en ese momento, que un jurista llamaría el procesalmente adecuado, no hay duda de que vascos y catalanes no sólo se identifican plenamente con la nación española sino que contribuyen a fraguarla. Las abultadas pesquisas del profesor Marfany, recientemente publicadas, no dejan lugar a la duda para el caso catalán.

Esto es lo primero que cansa y aburre del soberanismo catalán: su intento de poner por planta en el año 2017 un programa ideológico típicamente decimonónico. Pero la pega de vetustez es lo de menos. El problema radica en que, en su empeño por asegurar la unidad, todas las naciones son excluyentes en su fase constitutiva. Todas sin excepción se erigen frente a algo, y al hacerlo mienten y violentan su propia pluralidad interna. La ventaja de la nación española, frente a la catalana o la vasca, es que, como dice Arcadi Espada, sus mentiras fueron contadas hace mucho tiempo, y ya han marchitado a la luz del estudio. Cuando menos, de sus leyendas fundantes nos permitimos tener una concepción abierta y un ojo escéptico. Por ello, la nación española, en el pasado excluyente, está ahora en condiciones de ser inclusiva, sobre todo en el marco pluralista que diseñó nuestra constitución. Puede acoger, y de hecho acoge, su multitud de lenguas, de una manera improbable en los casos de la nación vasca o catalana, a cuya forja estamos asistiendo y que son dependientes del hecho étnico y privativo de una lengua propia, que se quiere única. La nación española es, en suma y como dicen sus críticos, banal, sin entender que eso es elogio y no crítica, mientras que las suyas son plúmbeas y vienen cargadas de deberes y malos humores. La Constitución española de 1978 contiene, en fin, la simiente de un benemérito y refrescante Estado post-nacional, donde cada uno pueda vivir su identidad libre de coacciones. De ahí que sea lamentable y ridículo el empeño de volver a trazar lindes nacionales entre nosotros. Lo grotesco es que ese empeño provenga de un partido que se dice igualitarista, y que lo haga, nada menos, en nombre de la convivencia, cuando solo puede servir a su destrucción. Porque las naciones no saben convivir y llenar el Estado con más de una es como llenar una botella con escorpiones: no sale bien.

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