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Mujeres en política, la larga batalla por la igualdad

Marta Ruiz-Castillo

Foto: SUSANA VERA
Reuters/Archivo

Con motivo del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, The Objective ha querido conocer de primera mano cómo es la vida de las mujeres que se dedican a una actividad como la política, y lo ha hecho de la mano de dos de sus protagonistas, Esperanza Aguirre, del Partido Popular, e Ione Belarra de Podemos. Dos mujeres separadas generacional e ideológicamente, con las que hemos hablado sobre la situación de la mujer en general y de la política en particular, a través de su experiencia. Visiones antagónicas o no tanto sobre un mundo tradicionalmente de hombres en el que, como ambas reconocen, persisten ciertas reminiscencias de un machismo que no termina de desaparecer.

La veteranía de una política liberal

Si hay en España una mujer que no deja indiferente a nadie en política esa es Esperanza Aguirre. Odiada y amada a partes iguales, no cabe duda de es una política de los pies a la cabeza. Y de las mujeres que más tiempo lleva dedicada a esta actividad. La actual portavoz del Grupo Municipal Popular y concejala del Ayuntamiento de Madrid ha sido presidenta de la Comunidad de Madrid, ministra de Educación y Cultura, presidenta del PP de Madrid y la única mujer hasta la fecha que ha ocupado la Presidencia del Senado. “Tengo 65 años y de ellos, con la excepción de cuando fui estudiante y acabé la carrera y las oposiciones, los seis años que estuve trabajando en el Ministerio y los dos que recientemente he estado en la empresa privada, todos los demás he estado en política. En total, 33. O sea que ya llevo más tiempo en política que fuera de ella”, explica.

Hace 33 años no era tan frecuente como ahora encontrar a mujeres políticas. Las cosas han cambiado mucho desde entonces. Ahora hay muchas mujeres ejerciendo cargos de responsabilidad en todos los ámbitos, desde el Gobierno central hasta los Ayuntamientos pasando por el Congreso y el Senado o las administraciones autonómicas. “Una de las cosas que ha cambiado es que las cuotas obligatorias y las listas cremallera, que son obligatorias por ley, han hecho que no todas las que llegan ahora vengan por su capacitación profesional y académica sino que muchas vienen, desgraciadamente, porque las eligen por el hecho de ser mujeres”, se lamenta Aguirre.

8M-Esperanza Aguirre-Mujeres en política
Esperanza Aguirre lleva 33 años en política y se declara feminista frente al machismo que subsiste. | Foto: Jorge Raya / The Objective

“A mí me molesta mucho que se tenga que preferir a una mujer sobre un hombre por el hecho de la cuota o de la igualdad. Yo no estoy de acuerdo con las cuotas pero reconozco que han tenido la virtualidad de colocar a muchas mujeres en la política”. Cuando ella llegó a la política “no eran raras las fotografías en las que todos eran varones”.

La pregunta entonces es por qué se le ocurrió entrar en política si era un medio más bien hostil para una mujer. “Acabé la carrera, hice unas oposiciones, en medio me casé, y estaba trabajando ya en el Ministerio de Turismo”. Entonces, añade, conoció a Pedro Schwartz que formó un partido que se llamaba la Unión Liberal con el que se presentó en las elecciones de 1982 y salió elegido diputado. Al año siguiente, “me ofreció ir en las municipales y no sin alguna reticencia al principio, acepté y salí elegida concejal del Ayuntamiento de Madrid por Unión Liberal en 1983, partido del que se decía que cabíamos todos en un taxi pero que lo pagaba Alianza Popular, lo cual no era del todo incierto”. Esos fueron los inicios en política de Esperanza Aguirre.

Desde el punto de vista más personal, desde el primer momento contó con todo el apoyo de su marido. “Estaba casada, trabajaba en el Ministerio, acababa de tener mi segundo hijo y habían llegado los socialistas con una noticia fantástica para las madres, que era que podíamos renunciar a un tercio del horario y a un tercio del sueldo. Y a mí en ese momento me vino maravillosamente bien porque al final no se renunciaba a un tercio del suelo total, sino a un tercio de los complementos. Con lo cual, yo podía atender a mis hijos y en esa tesitura me encontraba”. Reconoce que fue de gran ayuda para ella “esta decisión de Felipe González”. Durante un tiempo compaginó su trabajo en el ministerio con el puesto de concejala hasta que decidió dedicarse “‘full time’ a su actividad política como portavoz de Cultura en la oposición”.

“Soy feminista pero no comparto en absoluto la ideología de género” 

Admiradora de Margaret Thatcher, la primera mujer primera ministra del Reino Unido conocida como la ‘Dama de Hierro’, “hay muchos que consideran que ha sido un desastre para las mujeres, entre otros, los de Podemos que creen que lo bueno para el feminismo no es que haya mujeres en los cargos sino que se feminicen – ¿Cómo dice Pablo Iglesias? – que se feminicen los hombres porque hay mujeres muy masculinizadas – y a mí me considera una de ellas”.

Niega este extremo y asegura que ella es “feminista” pero “no comparto en absoluto la ideología de género y me parece muy mal que se pretenda adoctrinar a los niños en ese tema”. En política, Aguirre es de las que piensa que a las mujeres se les sigue tratando de forma diferente que a los hombres; como ejemplo pone el caso de la típica pregunta que siempre le hacen por ser mujer sobre cómo compagina la vida familiar con la vida política. “Eso no se lo preguntan nunca a un hombre”. Un síntoma, en su opinión, de que “subsiste el machismo” y entre los machistas destaca al secretario general de Podemos. “Un señor como Pablo Iglesias que dice que azotaría hasta hacer sangrar a Mariló Montero – periodista de TVE – y nadie dice nada, y las feministas no se salen de la rueda de prensa, no protestan…”. Una frase que “refleja el machismo de Pablo Iglesias”. Lo que hay que hacer, añade, es “¡denunciar el machismo!. Si tú me preguntas por qué he podido ser yo política, te contesto que porque mi marido no es machista. Es liberal y no es machista”. Además, la abuela materna de Aguirre “era muy feminista y obligó a sus hijas a hacer Bachillerato, y favoreció muchísimo que todas mis hermanas hiciéramos carreras”.

“Si me preguntan por qué he podido ser yo política, la respuesta es porque mi marido no es machista; es liberal pero no es machista”

Esperanza Aguirre tiene dos hijos a los que no ha necesitado inculcar ningún tipo de principio sobre la igualdad entre hombres y mujeres porque “ellos lo han percibido, han visto a su madre siempre trabajando y teniendo unos puestos de más protagonismo social que su padre y nunca les ha parecido mal. Sobre todo porque a su padre no le parecía mal”. En este sentido, puntualiza que más que ser ella un ejemplo de igualdad, ha sido de “desigualdad” porque “yo he tenido más protagonismo que mi marido”, por eso insiste en que “esto de las listas cremallera en política es un disparate. Hay varios ayuntamientos que querían hacer una lista de mujeres y no les han dejado. Es absurdo”.

Recuerda que “antes de que fuera obligatorio, siendo presidente José María Aznar, hizo que las ciudades más importantes de España tuvieran mujeres alcaldesas. Nadie había pensado que Sevilla, Málaga, Valencia, Ávila, Zaragoza…fueran ciudades que gobernaran las mujeres”. “Esto ha empezado a degenerar, poco a poco, cuando llegó José Luis Rodríguez Zapatero al Gobierno, que puso a las mujeres por ser mujeres, las sacó en Vogue posando…y ha degenerado, ha ido para abajo en todas partes”.

Sobre el Día de la Mujer Trabajadora, Aguirre dice que lo va a conmemorar “trabajando” con participaciones en diversos actos oficiales y de partido. “Vamos a ver, a mí lo que me gustaría es que no tuviéramos que celebrar el 8 de marzo ¿Por qué hay que celebrar el Día de la Mujer Trabajadora? Lo que tampoco puede ser es que en los países occidentales en los que tenemos la raíz cultural judeocristina y grecolatina, que hemos llegado a la igualdad ante la ley – con América incluida – aún hay otros países donde la mujer está preterida, sojuzgada, sometida a su padre o a su marido, cuando no mutilada. Entonces de eso no tenemos que hablar las mujeres occidentales. Te lo digo porque el otro día en el Ayuntamiento de Madrid hicimos una declaración institucional y no nos dejaron a nosotros- el PP – condenar algunos regímenes que, por principio, tiene a la mujer preterida, porque eso es islamofobia”.

Sin duda, ha habido muchos logros que han conseguido las mujeres pero si tuviera que quedarse con uno, Esperanza Aguirre se decanta por “el Código Civil, que nos concede todos los derechos”, que ha acabado con situaciones como la que equiparaba en el tardofranquismo a la mujer, en capacidad de obrar, con el menor y el loco. ¿Y qué es lo que queda por hacer? “Lo que queda es ocuparse del resto de las mujeres del mundo, millones de mujeres en el mundo donde no tienen los mismos derechos que los hombres”. Y en España “todavía quedan muchas cosas por hacer. Yo veo a las madres jóvenes trabajadoras que tienen que hacer encaje de bolillos; lo veo en mis nueras que tienen hijos y tienen trabajos muy estresantes y muchas veces las mujeres tienen que renunciar a un ascenso en el trabajo para poder ocuparse de los hijos y eso es lo que no puede ser. Porque somos una sociedad envejecida, necesitamos más niños y hay que ayudar y favorecer mientras los niños son pequeños, que puedas trabajar en tu casa; hay muchísimas cosas que se pueden hacer”.

El entusiasmo de la juventud

Ione Belarra acaba de empezar en política. Lleva desde enero del año pasado en el Congreso de los Diputados, aunque explica que ha sido “activista durante mucho tiempo en temas de migraciones y derechos humanos, y siento que soy eso, una activista que temporalmente está haciendo política institucional”. Miembro de Podemos, acaba de ser nombrada portavoz adjunta del Grupo Parlamentario en una Cámara baja donde, de los 150 escaños, 138 están ocupados por mujeres.

8M: Mujeres en política, la larga batalla por la igualdad
Ione Belarra es portavoz adjunta del Grupo Parlamentario de Podemos. | Foto: Podemos

A la hora de hablar sobre los derechos de las mujeres, Ione habla de las mujeres que no han tenido, como ella, el privilegio de estudiar, de las que por miedo a perder su trabajo es probable que no se sumen al paro de media hora internacional el 8M. Esta Psicóloga Educativa de 29 años cree que el “feminismo no debería ser una cuestión de partidos únicamente, pero detrás del feminismo hay una ideología profunda, que es hacer visible que las raíces de las desigualdades que hay entre hombres y mujeres no son casualidades, son fruto de un proceso histórico donde las mujeres han tenido menos oportunidades de estar en los espacios de decisión”. “Igual el ataque que nos hace la derecha es que estamos ideologizando este tema, pero es más por los matices”.

Al igual que Aguirre, Ione tiene claro que no todo el colectivo de mujeres está en la misma situación de igualdad o desigualdad. Y también admite que quedan reminiscencias machistas en los partidos, en la política. “Vivimos en una sociedad patriarcal en la que el machismo lo invade todo. Yo he crecido en una sociedad machista y seguramente tengo dejes que son machistas aunque me considero una mujer feminista”. Pero en el caso de Podemos, explica, todos sus integrantes tienen un compromiso claro de “reflexionar sobre eso y tratar de cambiarlo”. Ahí reside, en su opinión, la diferencia fundamental con respecto a otras formaciones donde el machismo está más arraigado, “en reflexionar sobre las situaciones que crean desigualdad con el compromiso de trabajar para transformarlas”.

“Vivimos en una sociedad patriarcal en el que el machismo lo invade todo, también los partidos”

Su opinión sobre la obligación de los partidos de elaborar listas cremallera en las elecciones difiere de la de Aguirre, ya que para Ione “que haya mujeres en las listas es un primer paso. No debe ser el único pero es importante porque cuando no se aplica esa corrección, los espacios de decisión se llenan de hombres”. “Debe ser obligatorio pero para nosotros es la exigencia mínima. Lo máximo es cambiar las dinámicas para que los hombres no ocupen tanto espacio”.

Desde su papel como política, admite que se ha avanzado en los derechos de las mujeres pero aún “queda mucho por hacer”. Y en este punto, lamenta la violencia machista, el hecho de que en los tres primeros meses de este año hayan sido asesinadas 16 mujeres; eso es la punta de un iceberg mucho más amplio de una sociedad donde no hay igualdad de género, de la cultura machista de este país, lamenta. “Las mujeres, a lo largo del día y de nuestra vida sufrimos muchas formas de violencia” y pone como ejemplo los piropos, “una forma de violentar tu cuerpo”.

Para Ione, haber entrado en política es una decisión que tomó con total libertad pero sabe que por el hecho de ser mujer tiene que “dar un plus” en su trabajo, en este caso como portavoz adjunta. “Para demostrar que valemos para el puesto tenemos que esforzarnos más y yo siento que cualquier pequeño fallo que cometa va a magnificarse mucho más que si fuera un hombre, porque se te mira con lupa y si cometo un error siento que alguien podría decir ‘ves como no está preparada para estar ahí, ves como no vale, ves como es demasiado joven, y todo, en el fondo, por ser mujer “. Después de tres años en Podemos, Ione percibe que los hombres trabajan mucho pero las mujeres “estamos trabajando muchísimo, metiendo muchas horas y renunciando a muchas cosas”. En su caso, ha renunciado a una beca de investigación muy difícil de conseguir. “Creo que sí, que estamos haciendo muchas renuncias sobre todo las mujeres jóvenes con los condicionantes que eso tiene en cuanto a plantearte tener hijos o no”. Ella desde luego ahora ni se lo plantea “con la vida que llevo”. Los hombres no tienen tanto este conflicto personal, admite Ione.

“Siento que cualquier pequeño fallo que cometa va a magnificarse más que si fuera un hombre”

En cuanto al mayor logro que se ha producido en los derechos de la mujer, Ione destaca el hecho de que se considere ya como “un consenso general que vivimos en una sociedad machista” y como nadie lo cuestiona es un logro porque “a partir de ahí puedes plantear soluciones al problema”. “Ahora está asumido que el machismo es una lacra contra la que hay que trabajar”, insiste.
Por eso, lo más importante que le queda por hacer a las feministas en su lucha contra la desigualdad es “conseguir que se incorporen las mujeres que tienen más dificultades en la España de hoy, las que tienen situaciones más precarias, las mujeres migrantes”, que no forman parte de la lucha feminista, reconoce, “porque no hemos sabido incorporarlas”.

Esperanza Aguirre e Ione Belarra, dos mujeres, dos políticas, dos generaciones diferentes, dos experiencias y militantes de partidos opuestos. Y, sin embargo, tras conversar con ellas, hay muchos puntos en común respecto a los retos que aún quedan por alcanzar en la larga batalla por la igualdad de las mujeres en el mundo.

Que pase la siguiente generación

Cristian Campos

Foto: Manu Fernandez
AP Photo
De los asaltantes de la sede del PP en Barcelona sorprende, además de la carencia absoluta de sentido de la melodía con la que cantan, su juventud. Sorpresa relativa, porque cantar bien es difícil y requiere esfuerzo. En cuanto a la juventud, es un indicador estadístico infalible de vejez prematura. Con el tiempo casi todos rejuvenecemos intelectualmente para acabar votando conservador como pimpollos, pero a mayor cercanía a los potitos Nutribén mayor simpatía ontológica por Iglesias, Colau, Maduro, Castro, los nacionalismos, el socialismo y demás rebañaduras ideológicas de lo más vetusto del siglo XX.
El caso es que hacía al menos cincuenta o sesenta años que no gozábamos de una generación perdida como la de aquellos que ahora rondan la veintena. Si políticamente son una generación banal, hipersensible y victimista, unas plañideras de mesa camilla y vaso de Cola Cao, culturalmente son intrascendentes.
Los cabezas de cartel de sus festivales de música rondan la edad de jubilación. El trap, probablemente el culmen de su malotismo, le sonaría beato a cualquier cantante folk de los años sesenta, no digamos ya a los Ice-T y NWA de los años ochenta. No compran libros y cuando lo hacen resultan ser los de Marwan, Rayden y Defreds, lo más cerca que la poesía estará jamás de las tazas motivacionales de Mr. Wonderful. Cinematográficamente no se les conoce una sola idea original, un solo director a seguir, un solo ramalazo de talento que invite a pensar que quizá, ojalá, si acaso, tal vez, haya por ahí algo que rascar. Sólo Chazelle y Dolan se salvan de la quema, y sólo el segundo de ellos es lo que podría denominarse un director “generacional”. Sus youtubers son, en el mejor de los casos, interesantes como fenómeno antropológico y poco más.
Su moda es intrascendente y no surge espontáneamente de la calle o de tendencias políticas,  intelectuales, musicales o literarias sino de los intereses comerciales de la marca de moda de turno. Su egocentrismo y su narcisismo los convierten en desesperados attention whores cuya autoestima depende del número de me gusta que reciba su última foto en las redes sociales. Su uso de la tecnología es alienante, gregario e impersonal. Sus aplicaciones de ligoteo, un mercado de carne que convierte en vanguardistas a los autobuses cargados de mujeres solteras que de vez en cuando llegaban a tal o cual villorrio solitario de la España profunda con gran alharaca de los labriegos locales, de la prensa regional y de Televisión Española. Un chollo para los departamentos de marketing de la multinacional de turno, que los prefiere acríticos, uniformados y apelotonaditos.
Sus principales reivindicaciones en el terreno educativo se basan en peregrinas teorías pedagógicas que ya sonaban pánfilamente caducas en 1970. Eso cuando no se limitan a demandar menos exámenes y exigencia con una visión de la realidad que convierte a los defensores de la ley del mínimo esfuerzo y de la teoría de la ciencia infusa en severos calvinistas. Ideológicamente son pasto fácil de las políticas de la identidad, probablemente la superstición más individualista, disgregadora y egoísta de todas las que tenemos el privilegio de disfrutar en la actualidad. Su desconocimiento y desprecio de la ciencia es deprimente.
Parecen obsesionados con sus genitales y sus apetencias sexuales, esas que a nadie más que a ellos le importan un soberano pimiento, hasta el punto de convertirlas en rasgos definitorios, esenciales y sustanciales de su persona. Suelen describirlas con decenas de siglas y acrónimos por cuya pureza y ortodoxia discuten entre ellos hasta el delirio.
Cuando dejan de despellejarse entre sí por el dogma de fe de turno, organizan multitudinarias orgías de pensamiento gregario en las redes sociales. Los medios los llaman “linchamientos” pero no son más que botellones del miedo y el apocamiento, que ellos disimulan amenazando a todo aquel adulto que osa elevar su pensamiento por encima del simplismo del quinceañero medio. Su carencia de herramientas válidas para lidiar con la realidad los convierte en pasto fácil de aprendices de cacique, empresarios del sector de la cultura y populismos varios.
Son grandes devotos de los conceptos del safe space y el apropiacionismo cultural y con eso está todo dicho.
Que pase la siguiente generación, que esta ha salido defectuosa.

Susana Díaz: vivir es decidir

David Martínez

Foto: GERARD JULIEN
AFP PHOTO
“Se vive durante 20 años; luego, se sobrevive”, escuché defender una vez a Felipe González. Las preocupaciones de la vida adulta, la toma de conciencia sobre los aspectos más dolientes de la existencia -“envejecer, morir es el único argumento de la obra”, enseñó Gil de Biedma- nos estrechan el camino y lo condicionan todo una vez doblada la esquina de la madurez. Es entonces cuando acaba el prólogo alegre de la infancia y primera juventud para dar paso a lo serio: concatenar golpes, decepcionar, ser decepcionado y embarcarse en el frenesí imparable de la toma de decisiones, que no otra cosa es vivir. Casi siempre, por cierto, dejando con cada una de ellas un notable parte de daños colaterales. Esto es lo sustancial y por eso la psicología nos dice que la felicidad se manifiesta por momentos, nunca como un estado duradero; Cervantes escribió que esta se halla en el camino y no en la posada; o el catolicismo justifica el “valle de lágrimas” con el argumento de que precede a la vida eterna. Y también por eso nos esforzamos en buscar evasiones que nos distraigan de lo mollar, así sea circunstancialmente -excusas para no pensar-.

Decidir, decidir y decidir. No paramos de tomar una alternativa u otra en el laberinto de la vida, sabiendo además que el final será el mismo en cualquier caso, dotando así de una trascendencia a nuestros movimientos que por supuesto no tienen. (¿O sí la tienen?) Esta columna iba a versar sobre la decisión política más importante en la carrera de Susana Díaz, que es la de lanzarse a una batalla que en el mejor de los casos le otorgará el mando de un partido roto y reducido a la mitad de lo que era hace pocos años, con la seguridad de que perderá las próximas elecciones generales. Porque ni ella ni nadie puede remontar 14 puntos en menos de un ciclo electoral.

Iba a ir de eso, pero qué pequeña se queda la contienda política patria cuando se amplia el foco para conseguir una panorámica más completa. Díaz ha tomado una decisión que marcará toda su trayectoria y también -al menos durante un tiempo- la del PSOE y la de la política nacional, pero ninguna decisión de ninguna otra persona te afectará tanto como la menor de las que tomes tú mismo hoy. Será difícil, quizá, probablemente dañes a alguien, y después de ella tampoco te librarás del acoso de la memoria, pertinaz en esa misión de recordarnos que nos estamos muriendo, como supo ver Michi Panero. O que vamos sobreviviendo, que diría el más optimista González. Sí, vivir es decidir y autoengañarse, pero todo vale la pena cuando la elección de turno te lleva a empezar de nuevo. Porque Pavese tenía razón: La mayor alegría del mundo es comenzar.

Estrella distante

Manuel Arias Maldonado

Foto: TONY GENTILE
Reuters

Hace ya muchos años, interpelado a propósito de las críticas al Felipe González tardío, se preguntaba Rafael Sánchez Ferlosio qué significa exactamente eso de que un presidente del gobierno se encuentra “alejado de los ciudadanos”. Porque, añadía,  ¿qué tendría que hacer un dirigente para disipar esa impresión? ¿Frecuentar las tabernas?

Pues bien, lo mismo puede decirse de una Unión Europea a la que este reproche se ha dirigido con frecuencia. En realidad, ya era así antes de la crisis: las consecuencias de ésta no han hecho sino agudizar un sentimiento que ha ganado nuevos cultivadores a izquierda y derecha. Que la UE carezca de una cabeza reconocible dificulta, por añadidura, que baje a las tabernas. Por ello, su sexagésimo aniversario puede describirse como una aguda crisis afectiva que produce los correspondientes efectos sobre la legitimidad de las instituciones. Populistas, nacionalistas, conservadores, anticapitalistas: en solitario o exhibiendo insólitos solapamientos, los antieuropeístas de todas las confesiones atizan la rabia popular contra el monstruo tecnocrático europeo. Un retrato distorsionado à là Francis Bacon que los gobiernos nacionales han contribuido a dibujar cargando contra Bruselas en nombre de la soberanía nacional.

¡Proyecto de élites para las élites! Pero pregunte usted en 1957 a un campesino francés si quiere compartir soberanía con un abogado alemán. De hecho, la Unión Europea es el perfecto ejemplo del dilema del organizador: quien toma la iniciativa para hacer algo será objeto de las críticas feroces de aquellos que no harían nada en ningún caso. Por decirlo en términos más técnicos, el proyecto europeo demuestra qué fácil es forjar coaliciones negativas entre actores de veto incapaces de presentar alternativas viables. Y que, con desesperante frecuencia, cargan contra lo bueno en nombre de lo mejor.

No será fácil que Europa se aproxime a los ciudadanos. Se trata de un proyecto racional que no se deja sentimentalizar fácilmente. A su favor están los datos; en contra, la facilidad con la que simboliza el status quo cuyo derribo promete acceso a la nación soberana y protectora. Es una ilusión, pero de ilusiones se vive. En realidad, por supuesto, son los ciudadanos los que están alejados de Europa y no al revés. Pero saberlo tampoco sirve de mucho: solo servirán -cínicamente- los resultados.

Antonio Valero: "Ojalá hubiera más Sénecas en la política española"

Clara Paolini

Foto: Paco Navarro

El actor Antonio Valero (Burjasot, Valencia, 1955) lleva 40 años encima de los escenarios, detrás de las cámaras de cine y en platós de televisión, demostrando a cada paso una férrea pasión por la profesión.

Desde sus inicios en el Teatre Lliure y Els Joglars en los años 70, han llovido infinitas obras de teatro, éxitos televisivos (La forja de un Rebelde, Médico de familia, Cuéntame cómo pasó o Amar en tiempos revueltos) y un buen puñado de películas: Fue uno de los quinquis subidos en motocicleta en El Lute (Vicente Aranda, 1987), estuvo nominado a los Goya con El Color de las Nubes (Mario Camus, 1997) y ganó un juicio contra José Luis Garci por doblarle en El Abuelo (1998).

Ahora, se sube al escenario del Teatro Valle-Inclán de la mano del Centro Dramático Nacional para encarnar a Séneca bajo la dirección de Emilio Hernández. Al texto de Antonio Gala le acompañan poemas del mismo autor convertidos en canción, una dramaturgia descarada y un elenco capaz de revivir los males perennes de la política. Como resultado, un explosivo cocktail que en su complejo tejido envuelve de entretenimiento profundas reflexiones.

Un día antes del estreno, entrevistamos en exclusiva al actor minutos después del ensayo general.

Tras interpretar a Séneca durante hora y media encima de las tablas, ¿qué queda del personaje al bajar del escenario?

Una de las ventajas que hemos tenido siempre los actores es que aprendemos de los personajes y si éstos son interesantes, nos invitan a profundizar. En este caso es en la filosofía, en el teatro, en la poética y sobre todo en la acción política, que es el tema central de la obra. Se podría decir que con Séneca, cada día me hago un poco más estoico.

Séneca es un estoico, aunque también se le acusa de hipocresía por predicar moralismo rodeado de riquezas,  ¿es extrapolable esta situación a personajes de carne y hueso de la política actual?

Ojalá en hubiera más Sénecas en la política española. En general, el contexto político de España está impregnado de mediocridad. Séneca es un ser superior porque en sus circunstancias se jugaba la vida; la dignitas romana obligaba al suicidio cuando se perdía la dignidad. Ahora no se juegan nada y lo único que hacen es robar a manos llenas.

“Hay un desprecio real por parte del Gobierno hacia el mundo de la cultura y viceversa, porque viendo cómo nos tratan, también ellos nos producen asco y desprecio”

Séneca le enseña a Nerón la importancia de las artes y la cultura pero parece que todo queda un querer y no poder.

El problema de los políticos de ahora es más bien el no querer y el no poder. No tienen ningún interés por la cultura ni por las artes. El otro día Cristóbal Halffter, uno los grandes compositores de música contemporánea del país, hizo un demoledor discurso pidiendo protección para la cultura porque realmente no hay cultura en España. En estos momentos es como si no tuviéramos Ministro de Cultura, porque además es de deportes, que supongo que le interesa más, y de Educación, que mejor no aparecer por allí para que no le metan ningún puro. Podríamos prescindir de él.

Es un problema gravísimo de desamparo con respecto de las instituciones. El 82% de los actores está en paro; es muy bestia. Hay un desprecio real por parte del Gobierno hacia el mundo de la cultura y viceversa, porque viendo cómo nos tratan, también ellos nos producen asco y desprecio.

¿Cuál sería la posible luz al final del túnel?, ¿cómo se podría revocar esta situación?

“La solución es un consenso universal. No es cosa de uno. En la sociedad soñada por mí se realizará cuando se use la propiedad correctamente, la parte de lucro se extinga y el dinero desaparezca…”.

“Tenemos que volver a replantear la función pública, la democracia, el qué queremos. Ya está bien del mundo del dinero y el beneficio”

Citando a Séneca.

Séneca dice que “ahora esa libertad de elegir corrompida se ha transformado en esclavitud bajo el que manda”. La democracia no era antes elegir una vez y someterse luego al elegido, como ahora, que parece que votas y ya se te pueden llevar la casa. Tenemos que volver a replantear la función pública, la democracia, el qué queremos. Ya está bien del mundo del dinero y el beneficio; la vida y la sociedad tienen que ir por otro camino.

La obra se basa en un personaje de hace más de dos siglos y el texto de Antonio Gala ha cumplido los 30 años, pero refleja una rabiosa actualidad.  ¿Es esa una de las principales cualidades del buen teatro?

Gala escribe la función hace 30 años basándose en los textos de Séneca, en sus cartas, en sus discursos… Y parece escrito para hoy. Uno de los personajes es una refugiada siria que habla de “las gentes que se quedan en el mar”, y estaba ahí, en los textos se Séneca, al igual que la corrupción. Es absolutamente increíble lo poco que han cambiado los males. Lo que no se entiende es cómo la sociedad civil aguanta a los políticos haciendo lo que están haciendo. En España, cuando ves a los Pujols, los Bárcenas, y yo que soy valenciano ya no te quiero ni contar…Las cantidades de dinero de las que hablan, son una barbaridad, y lo cobramos tú y yo es una puta mierda.

“Tenemos que empezar a buscar una sociedad lo más parecida al Renacimiento posible”

La historia se repite.

Por desgracia es una especie de bucle infinito para lo negativo. No es que digamos “igual nos toca otra vez el Renacimiento o el Siglo de Oro”, lo que sí que nos tocará es la Guerra de los Cien Años, la peste, el cólera…

 ¿Ninguna esperanza hacia un nuevo Siglo de Oro español?

Ya me gustaría. Son épocas muy creativas donde curiosamente el poder sí apoyaba la cultura. En el Renacimiento los poderosos tenían mucho dinero pero también lo invertían en crear belleza y apoyaban la cultura, elementos indispensables para la Humanidad. Este tipo de épocas ocurren muy de tarde en tarde. Tenemos que empezar a buscar una sociedad lo más parecida al Renacimiento posible; recuperar el espíritu del conocimiento, del saber, de la Ilustración…

“Los de la casta ahora ya son un poco castilla”

Nos queda un trecho.

Además nos escandalizamos por Trump, pero mira a Rajoy. Mira la la valla de Ceuta, estaba ahí antes de la idea de los americanos. Por desgracia, las dos últimas elecciones produjeron cierta ilusión de posible cambio para eliminar mayorías pero los de la casta ahora ya son un poco “castilla”. En el Ayuntamiento de Madrid ya vamos por el tercer Concejal de Cultura, ¿dónde está el puto proyecto para la cultura?

Si pudieras elegir, ¿a quién nombrarías Ministro de Cultura?

Al Presidente de Gobierno, fíjate lo que te digo. Yo lo que querría es un filósofo-rey, alguien que no pensara que la vida de la gente es economía. La vida de la gente es Humanismo y son los valores que tiene que ofrecer un Gobierno. Séneca dice en un momento: “¿De qué sirve elegir entre una forma u otra de gobierno?, ¿mejora acaso al hombre?” Cuando lo leí me hizo reflexionar. Elegir entre la izquierda o la derecha vale, ¿pero vamos a elegir porque va a mejorar al hombre? Educación, urbanismo, sanidad, leyes de dependencia, cultura… eso a es lo necesario.

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