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Amando a Van Gogh al óleo y en 65 mil fotogramas

Romhy Cubas

Foto: Robert Gulaczyk como Vincent Van Gogh
Fotograma de Loving Vincent

Vincent Van Gogh apenas llegó ser consciente de sus 37 años antes de dispararse en el pecho y morir a los pocos días, aunque hay quienes creen que el pintor no se suicidó sino que fue asesinado. Durante su última década de vida logró reunir más de 900 pinturas para un portafolio profesional que demoraría en ser considerado como tal. No estuvo presente para entenderse con los fanáticos y adoradores que se inspiraron en su obra pos impresionista, en su predilección por los colores que marcó temporalidades en el arte o simplemente en su turbia y ambivalente existencia, pero sí dejó la estela de un imán tan sugestivo como sus interpretaciones de la vida y la muerte.

El marco de referencia siempre será Van Gogh y su Cielo Estrellado, aunque este es solo uno de los cientos de cuadros que supondrían teorías y conspiraciones escondidas. Unos 1600 dibujos se añaden a esta gigante colección, y al contrario de lo que se pregona sobre la inexistente compra por parte del público de sus cuadros, Van Gogh sí vendió su arte para sobrevivir. Un ejemplo es La Vigne Rouge (1888) expuesta en Bruselas y vendida por 400 francos a la artista belga Anna Boch.

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Noche estrellada sobre el Rhone. | Foto vía Loving Vincent.

El misterioso talento de Van Gogh lo estampó para la historia como uno de los grandes criterios artísticos de los que se tiene constancia.  Su vida personal fue una quimera entre locura y lucidez, con ataques de demencia en el intermedio que lo llevaron a ser internado en el manicomio de  Saint-Rémy, o episodios como la famosa automutilación de su oreja, la cual tampoco se sabe si fue a raíz de un ataque de esquizofrenia o producto de una pelea con el pintor y amigo Paul Gauguin.

Este año su obra vuelve a crear historia sin su “consentimiento”. De la aproximación entre el cine y el arte surge la dirección de la primera película realizada al óleo en la historia cinematográfica. Esta oda a Van Gogh es una “biografía” del holandés dirigida por Dorota Kobiela y Hugh Welchman, con música de Clint Mansell y estrenada en el Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy, en donde recibió el Premio del Público.

El título de Loving Vincent –que hace referencia a la firma con la cual el pintor se despedía en sus correspondencias con su hermano menor Theo- es el último resultado de una larga lista de experimentos y fusiones artísticas que mezclan los biopics con la pasión y locura de artistas emblemáticos.

En este proyecto los animadores empezaron a trabajar con una base de 377 pinturas creadas por un equipo de diseñadores para luego pintar el primer fotograma de cada toma en un lienzo. El siguiente paso fue animarlos hasta terminar el proceso en el último fotograma de la toma. El equipo de diseñadores también se dedicó a crear retratos de los actores que participan en la película como: Saoirse Ronan o Jerome Flynn, fusionando en la pintura sus facciones y características con el aspecto de los personajes en su perfil al óleo.

El resultado se puede ver en 94 cuadros de Van Gogh con un aspecto bastante fiel al original y otros 31 con una representación parcial de algunas de sus pinturas. También se puede ver en 65 mil fotogramas pintados a mano en lienzo -fotograma por fotograma-. Integrando la presencia de actores reales que dan vida a estos cuadros en una especie de animación al óleo posible gracias a 125 artistas de todo el mundo –escogidos entre 4.000 aspirantes para un entrenamiento de tres semanas- que colaboraron en este ambicioso proyecto de 5,5 millones de dólares, el resultado final de Loving Vincent llega luego de seis años de constancia y paletas de color.

Entre los actores que dan vida a los cuadros de Van Gogh se encuentran Douglas Booth, Eleanor Tomlinson, Jerome Flynn (Juego de Tronos), Saoirse Ronan y Chris O´Dowd.

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Grupo de artistas en el estudio trabajando en las pinturas al óleo para Loving Vincent | Foto vía: lovingvincent.com

Van Gogh  y Theo

En el  verano de 1891 en Francia el joven Armand recibe una carta de su padre, el cartero Joseph Roulin, destinada a ser entregada personalmente al hermano de su amigo Vincent Van Gogh –Theo- en París. Pero en París no hay rastro de Theo, quien dicen murió poco tiempo después de que Vincent se quitara la vida, y con quien mantenía la relación más cercana durante sus últimos años de vida.  A partir de este hilo se desenvuelve la película que da vida a los cuadros de Van Gogh, recorriendo la substancia del pintor a través de la correspondencia que con frecuencia mantenía con su hermano pequeño, y que acumula una montaña de hasta 800 cartas.

Todos los personajes son interpretados por actores que trabajaron en sets construidos con la apariencia real de los cuadros de Van Gogh o en cromas que recreaban después del rodaje los cuadros del pintor mediante técnicas de animación digital. El rodaje real con los actores se hizo en Londres y Polonia y sirvió de base para la posterior animación de la película. El equipo de diseño estuvo un año intentando imaginarse los cuadros de Van Gogh en el cenit de la película.

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Jerome Flynn como el Dr. Gachet | Foto vía: lovingvincent.com
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Saoirse Ronan como Marguerite Gachet | Foto vía: lovingvincent.com

Los directores leyeron más de 40 publicaciones distintas sobre el pintor para ubicarse en un espacio y tiempo geográfico de su vida. También visitaron 19 museos en seis países distintos a los largo de cuatro años y llegaron a ver hasta 400 cuadros del artista. De esta bibliografía surgió la estela de presentar el estilo más maduro de Van Gogh, con retratos de personas cercanas y cruciales para este en aquella época como el cartero Roulin, el doctor Gachet, Margaret Gachet o Adeline Ravoux.

Por otro lado, uno de los mayores retos surgió gracias a las distintas formas y geometrías de los cuadros originales de Van Gogh y su encaje en los encuadres cinematográficos. La película tiene en su totalidad 898 tomas, trabajadas por animadores y artistas en resolución digital, quienes combinaron el material en vivo con la computación animada para exponer elementos como pájaros, nubes, hojas y caballos. También se utilizaron las denominadas “invasiones”, que suceden cuando un personaje pintado con un determinado estilo se mueve para meterse en otro cuadro con un estilo diferente.

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Terraza de un Café en Arlés. | Foto vía Loving Vincent.

Breve obituario

La famosa cita de Van Gogh en donde proclama: “No podemos hablar de otra forma que a través de nuestras pinturas fue reintegrada al cine literalmente por la directora polaca, quien reconoció en la ambición y la pasión de Vincent un lugar donde volver a crear arte e historia en sincronía. Graduada en la Academia Artística de Varsovia, Dorota Kobiela, que ya ha dirigido un cortometraje de acción real y otros cinco cortos animados, sostiene que la idea de Loving Vincent se le ocurrió por primera vez a los 30 años.  

Entre anécdotas e historias de sus cosechas en Holanda y los barrios bohemios de París, la película también cuenta con flashbacks que hacen referencia a momentos de su vida que no pintó pero que se presentan como pinturas tan  fieles a su estilo como les fue posible a los diseñadores y animadores.

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Aidan Turner | Foto vía Loving Vincent.

Hacia finales de 1888 Van Gogh comenzó a mostrar los primeros síntomas de una enfermedad mental que se aferraría a su rutina. Epilepsia, ataques psicóticos, delirios, hospitalizaciones y manicomios. El 27 de julio de 1890 intentó suicidarse pegándose un tiro en el pecho. Sobrevivió, aunque dos días después murió gracias a la herida. 

Theo, quien reunió la mayoría de las obras de Vincent en París murió seis meses más tarde. La viuda de Theo se llevó la colección de Vincent hacia Holanda en donde se dedicó a conquistar el reconocimiento y la fama que le llegarían al atormentado personaje tras su muerte.

Loving Vincent se estrena el próximo 12 de enero del 2018 en los cines de España.

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6 series animadas que no son para niños

Nerea Dolara

Bojack Horseman estrenó su cuarta temporada la semana pasada rodeada de alabanzas críticas. Pero no es la única serie animada que todos los adultos deberían ver. ¿Qué crees que es tema de niños? No tienes idea.

La semana pasada se estrenó la cuarta temporada de Bojack Horseman en Netflix. Esta serie, que en su última entrega podría definirse con dos adjetivos – devastadora e hilarante – es la última en una lista creciente de show animados para adultos que bien podrían ya tener su propia categoría como series de comedia y drama en los Emmy. Bojack es genial en su mezcla de temáticas fuertes (la nueva temporada se adentra en la herencia del trauma, la demencia y la desintegración de un matrimonio) y de risas encantadoras (como sus chistes visuales, su visión humorística con respecto a sus personajes animales y su enganche con tramas de humor del más tontuno). Una serie que, si no fuese animada (además de no ser tan brillante) sería tomada mucho más en serio.

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Los personajes de Bojack Horseman | Imagen vía Netflix

Bojack Horseman tiene como protagonista al personaje homónimo, un ex actor fracasado, que vive del dinero de una vieja mala sitcom que hizo en los noventa. Con él vive Tod, un joven sin trabajo y con una constante necesidad de complacer a todo el mundo, que es también asexual. También le acompañan su agente es una gata rosa llamada Princess Carolyn, que afronta el paso del tiempo y su frustración por no poder formar una familia. Diane, una periodista frustrada que se hace su amiga cuando escribe su biografía, lucha con la depresión y una enorme sensación de insatisfacción. Y el esposo de Diane, Mr. Peanutbutter, un labrador ex actor, es un tonto dulce con nada de maldad y mucha ignorancia. Con el paso de las temporadas la oscuridad de las tramas y la complejidad de las tramas, así como las consecuencias de las malas decisiones, pesan sobre estos personajes de maneras sublimes y dolorosas.

La serie del ex actor-caballo consumido por su vacío existencial no es la única que seduce a adultos en busca de series de buena calidad que ver. Incluso algunas que se suponen para niños… ofrecen tramas y personajes atractivos para un público que dejó la infancia atrás hace rato.

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Archer | Imagen vía FX

Archer

Esta serie de FX cuenta con nueve temporadas y tiene como protagonista a Sterling Archer, un espía que se autocataloga como “el mejor del mundo”. Como es de esperar es un ególatra, pero es también una sátira de Don Draper que bebe y trata a las mujeres como, bueno, como estos hombres retro y machistas. Trabaja junto a su madre, jefa de su agencia, una mujer castradora y hostil. La serie dio un giro absoluto en la temporada cinco cuando, tras ser desbancados por el gobierno, deciden convertirse en narcotraficantes… de ahí Archer ha jugado a cambiar y reinventarse muchas veces, siempre con humor negro.

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Bob’s Burgers | Imagen vía FOX

Bob’s Burguers

Con ocho temporadas y dos Emmys a programa animado, esta sitcom sobre una familia que lleva un restaurante de hamburguesas. La historia de los Belcher se centra en la lucha por hacer que su negocio funcione y, a la vez, en las relaciones de la familia. Muy graciosa y con corazón, merece la pena ser vista. Y todos los críticos llevan años diciéndolo. En 2012 la eligió la décima mejor serie del año.

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Rick y Morty | Imagen vía IMDB

Rick and Morty

Tiene sólo tres temporadas, pero es otra de las que tiene una lista de fieles seguidores. Comenzó como un corto animado de parodia de Regreso al futuro y se convirtió en una oscura (tiene un humor muy negro y sarcástico) serie sobre un abuelo cínico, que además es un cinetífico loco, y su manipulable nieto. La historia salta entre su dinámica familiar y sus experimentos alocados e interdimensionales.

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Adventure Time creada por Pendleton Ward para Cartoon Network. | Imagen vía Cartoon Network

Adventure Time

Pensada para niños, esta serie, que lleva nueve años al aire, mezcla la imaginería de videojuegos y juegos de mesa, como Calabozos y dragones. De todas es la que más premios ha recibido: Emmy, Peabody, Critic’s Choice y hasta un premio de Sundance. Los protagonistas son Finn, un niño aventurero, y su hermano adoptivo, Jake, un perro que puede cambiar de tamaño y forma.

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Steven Universe fue creada por Rebecca Sugar para Cartoon Network. | Imagen vía Cartoon Network.

Steven Universe

Prima cercana de Adventure Time, fue creada por una ex dibujante de la primera. La serie infantil se centra alrededor de Steven quien vive con tres “Gemas” una mezcla mágica de alien y humanoide. Juntos protegen al mundo. La serie ha ganado seguidores rápidamente, tiene sólo cinco temporadas, por su trato de sus personajes LGBTQ o de las diferencias en el color de piel o la identidad corporal.

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La tristeza también tiene su lado bueno

María Hernández

Cada vez más vemos cómo las empresas intentan fomentar entre sus empleados la positividad y la felicidad. En algunas agencias de publicidad, por ejemplo, los creativos cuentan con lo que llaman “sala de pensar”, un espacio diferente y divertido para fomentar la creatividad. Y no solo pasa esto en las empresas: anuncios a todas horas nos recuerdan que debemos evitar la tristeza, buscar motivos para ser felices, para estar alegres.
Sin embargo, varios estudios científicos han demostrado que las emociones negativas despiertan mucho más la creatividad. Si no, que se lo digan a cantantes y poetas del mundo entero, que nos ofrecen constantemente sus letras más profundas sobre sus amores, o más bien sus desamores. Vamos, que si necesitas buenas ideas, mejor estar triste.

Todo tiene una explicación

El hecho de que las emociones negativas faciliten la creatividad tiene una explicación bastante sencilla: una de las habilidades necesarias para ser creativo es la de solucionar problemas, y esto es mucho más sencillo si se han tenido problemas reales. La científica Anna Jordanous, de la Universidad de Kent, y el lingüista Bill Keller, de la Universidad de Sussex, han llevado a cabo un estudio en el que han determinado cuáles son los componentes que intervienen en el proceso creativo. Son catorce en total, entre los que se encuentran la capacidad de tratar con lo incierto, la independencia y la libertad, la originalidad o la espontaneidad. Según la actividad que tengamos que llevar a cabo, estos catorce componentes deberán encontrarse en un nivel u otro para ser efectivos, es decir, no existe la fórmula exacta de la creatividad.

Pero no han sido ellos los únicos en estudiar este tema. Numerosos estudios han tratado de establecer la relación entre la creatividad y enfermedades mentales como la depresión. El danés Karol Jan Borowiecki examinó en un estudio el estado emocional de Amadeus Mozart, Ludwig van Beethoven y Franz Liszt, tres de los compositores más influyentes en la cultura occidental.

Partitura identificada como una creación de Mozart durante su infancia (Foto: Kerstin Joensson/AP)
Partitura identificada como una creación de Mozart durante su infancia. (Foto: Kerstin Joensson/AP)

Utilizó un software de análisis del lenguaje para estudiar textos escritos por estos tres artistas en busca de emociones, tanto positivas como negativas, y después los comparó con sus composiciones más importantes en ese periodo de tiempo. Así, el autor de este estudio descubrió que había una unión entre los períodos más tristes de la vida de estos compositores y sus mejores piezas musicales. “La creatividad, medida por el número de composiciones importantes, es atribuible causalmente a estados de ánimo negativos, especialmente a la tristeza”, explica el investigador.
“La tristeza es una emoción importante, muy importante. La tristeza se genera por la constatación y aceptación de una pérdida, pérdida que incide en nuestro mundo afectivo-relacional”, explica Antonio Esquivias, especialista en educación emocional, y añade que “los artistas, que necesitan crear algo nuevo, encuentran con mucha frecuencia inspiración en la tristeza y esta emoción se encuentra en el origen de algunas de las más bellas obras de arte, tanto de la literatura, como de la música o la pintura y el cine”.

” Los artistas, que necesitan crear algo nuevo, encuentran con mucha frecuencia inspiración en la tristeza”

Como todo, esto se ve mucho mejor con ejemplos. Por eso hemos decidido ahondar un poco más en el mundo de la música y la pintura para buscar signos de esta relación en algunos de los artistas más reconocidos, tanto nacional como internacionalmente.

La “nube negra” de Joaquín Sabina

El famoso cantautor andaluz Joaquín Sabina es un perfecto ejemplo de que una depresión puede ser la causa de la creación de verdaderas obras de arte.

En el año 2005, tras superar una depresión causada por una enfermedad y una ruptura, el cantante publicó su disco “Alivio de luto”. Este álbum dio un paso hacia la sencillez, con una instrumentación más básica para centrarse en la sensibilidad de la música.

“Cuando juego mi muerte al verso que no escribo, cuando solo recibo noticias de la muerte”

“Cuando juego mi muerte al verso que no escribo, cuando solo recibo noticias de la muerte, cuando corta la espada de lo que ya no existe, cuando deshojo el triste racimo de la nada”. Estos son algunos de los versos de “Nube negra”, una de las canciones de este disco, que expresa claramente la difícil época por la que pasó el artista.
Sabina, en numerosas entrevistas, declaró que fue adicto a la cocaína y que, durante la época en que consumía, también se bebía a menudo más de una botella de whisky. Explica que fueron sus amigos los que lo sacaron de esta depresión en la que no sabe cómo entró.

Joaquín Sabina ofrece un concierto en el Hammerstein Ballroom de Nueva York, su primero en EEUU  (Foto: Donald Traill/AP)
Joaquín Sabina ofrece un concierto en el Hammerstein Ballroom de Nueva York, su primero en EEUU. (Foto: Donald Traill/AP)

“Me falta una mujer, me sobran seis tequilas, no ver para querer, malditas sean las pilas que me hacen trasnochar echándonos de menos, echándome de más, almíbar y centeno”. Así comienza la canción “Seis tequilas”, otra muestra de que los malos momentos por los que pasó el cantautor le inspiraron la creación de canciones que, como la mayoría de sus letras, son verdaderas obras de arte.

El rock más triste

Saliendo del territorio nacional y acercándonos a otro género musical, nos encontramos con los casos de Axl Rose, el vocalista del grupo Guns n Roses, y Kurt Cobain, el nombre más conocido del grupo Nirvana.

Kurt Cobain en un documental emitido en 1993 (Foto: Mark J.Terrill/AP)
Kurt Cobain en un documental emitido en 1993. (Foto: Mark J.Terrill/AP)

De ambos artistas se ha dicho durante años que fueron diagnosticados como bipolares. Aunque ha habido mucha polémica y mucha especulación alrededor de estos diagnósticos, lo cierto es que, bipolares o no, ambos cantantes pasaron por etapas realmente complicadas durante su vida, tanto que Kurt Cobain se acabó suicidando a los 27 años.
El último albúm del grupo Nirvana, “In Utero”, es considerado por algunos como una nota de suicidio del cantante. Canciones como “Rape me” (Viólame) muestran su rabia: “Rape me, rape me my friend, rape me, rape me again” (viólame, viólame mi amigo, viólame, viólame otra vez). Y otras, como Heart-Shaped Box, son una muestra de su melancolía y su tristeza: “I’ve been locked inside your Heart-Shaped box for weeks” (he estado encerrado en tu caja con forma de corazón durante semanas).
Lo mismo ocurre con “Appetite for destruction”, el primer álbum de Guns n’ Roses, en el que encontramos letras con mucha fuerza y rabia, como las de “Out ta get me”: “They scream and yell, and fight all night, you can’t tell me, I lose my head, I close my eyes, they won’t touch me, cause I got somethin, I been buildin up inside, for so fuckin long” (Chillan y gritan, y pelean toda la noche, no puedes decírmelo, pierdo la cabeza, cierro los ojos, no me tocarán, porque tengo algo, que he estado construyendo dentro de mí, durante un jodido largo tiempo).

Axl Rose en un concierto de Guns n' Roses en el O2 Arena de Londres (Foto: Mark Allan/AP)
Axl Rose en un concierto de Guns n’ Roses en el O2 Arena de Londres. (Foto: Mark Allan/AP)

La tristeza también se pinta

Pero la tristeza no solo se manifiesta con palabras. Y una prueba de ello son las numerosas obras de Vincent Van Gogh. El famoso pintor holandés sufrió numerosos problemas de salud durante su vida, entre los que se encontraban ataques de epilepsia y episodios de lo que se cree que podría ser bipolaridad. Además, el artista ingería grandes cantidades de Absenta, cuyos componentes agravaban su epilepsia y depresión.

En Mayo de 1889, Van Gogh ingresó en un hospital psiquiátrico, y durante el año que permaneció allí pintó algunos de sus cuadros más conocidos, como “Lirios” o “La noche estrellada”. Durante ese año pintó alrededor de 140 cuadros.

"La noche estrellada" de Van Gogh en una exposición en Beijing (Foto: Mark Schiefelbein/AP)
“La noche estrellada” de Van Gogh en una exposición en Beijing. (Foto: Mark Schiefelbein/AP)

Esto es una prueba más de que no es necesario ser feliz o estar contento para tener ideas creativas o para crear obras de arte realmente buenas.

Estos cuatro artistas son solo un ejemplo de todas las teorías que relacionan la tristeza y la creatividad, pero no son los únicos: Woody Allen, Agatha Christie, Charles Dickens, Ernest Hemingway, Joan Miró, Sylvia Plath, Edgar Allan Poe, Paul Gauguin, Franz Kafka y muchos otros, que nos han dejado un increíble legado cultural, también sufrieron depresiones a lo largo de su vida.
Pero, como dice la frase popular “la excepción confirma la regla”, no todas las obras de arte vienen de la tristeza o la depresión. Así que todavía nos quedan opciones de convertirnos en artistas. Y si no, pues al menos seremos felices.

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La forma del agua: una carta de amor al cine y al romance entre especies

Romhy Cubas

Foto: Fox Searchlight Pictures

En 1941 durante una exclusiva cena de la industria cinematográfica ofrecida por Orson Welles, el director sudamericano Gabriel Figueroa compartió la historia de una criatura anfibia mitad humana que emergía del río Amazonas una vez al año para raptar a una mujer y desaparecer sin rastro. En 1954 una de las personalidades presentes en aquella cena, William Allan, produjo La criatura del lago negro, un precedente elemental para la humanización de los monstruos y criaturas fantásticas en la pantalla grande.

Más de seis décadas después, el cineasta mexicano Guillermo del Toro ha logrado recuperar la esencia de una historia que se ancló en su imaginario desde que la vio a los siete años de edad. La forma del agua, la última película del director reconocido internacionalmente por el hermoso debut que fue El laberinto del fauno, es un etéreo homenaje al cine fantástico, los monstruos, la filmografía de los 60 y sobre todo un honorable final para La criatura del lago negro que raptó a Julie Adams a finales de los años 50.

Con trece nominaciones a la estatuilla de Oro de los Oscar este año y otras 150 nominaciones a premios y festivales alrededor del mundo, entre lo que se encuentran el recibimiento del León de Oro del Festival de Venecia y el Globo de Oro como mejor director, la película protagonizada por Sally Hawkins, Doug Jones, Michael Shannon y Octavia Spencer se enuncia como una carta de amor al cine. En ella el clima cultural, los derechos civiles y las dinámicas de poder recuerdan que en la “gran América” siempre han existido escenarios en donde la segregación busca establecerse como el denominador común de una sociedad.

Situada en los años 60 en Baltimore, previo al asesinato de John F. Kennedy, La forma del agua narra un romance único entre la conserje de una central de investigación del gobierno, Elisa -muda de nacimiento y con unas cicatrices extrañas en el cuello que evocan a las branquias de los anfibios-, y una criatura encerrada en las facilidades del lugar que es torturada en el nombre de la ciencia y la seguridad nacional.

Las referencias hacia La criatura del lago negro son evidentes, pero el film no se trata de un remake sino de una celebración al cine y la filmografía antigua, un homenaje a influencias cinematográficas como The Red Shoes ,The Harder They Come e inclusive la estética de  Andy Warhol.  Y es que para Del Toro el anfibio que sostiene a una aterrorizada Julie Adams en el póster de 1954 es una de los diseños más hermosos que ha visto. Desde que lo descubrió el esquema de un romance en donde la pareja de especies comparte helados y paseos en bicicleta ha sido clave para uno de sus proyectos más ambiciosos.  

La forma del agua: una carta de amor al cine y al romance entre especies
Tras cámaras de La forma del agua | Foto: Kerry Hayes/Fox Searchlight Pictures

La forma del agua relata una historia de amor con tintes de fábula en donde la transformación no es necesaria para la comprensión de dos individuos. La película hace justicia a uno de los temas más comunes de los filmes del director, que no solo se expresa mediante monstruos y criaturas sino mediante la idea de que en este mundo solo nos tenemos los unos a los otros.

Doug Jones, quien ha aparecido en varias películas de Del Todo como Mimic, Crimson Peak y Hellboy, en donde también interpreta a un hombre anfibio, es el cuerpo y movimiento detrás  de la noble criatura de La forma del agua.  Junto con la ayuda de la escritora Vanessa Taylor y el escultor Mike Hill, -quien ya ha diseñado un Frankenstein de tamaño real para la colección privada de horror de Del Toro- el alma del anfibio tomó vuelo con una simple instrucción del director: “Quiero que canalices dos cosas: el Silver Surfer [héroe de Marvel Comics], con su fuerza heroica y su sensualidad discreta, y a un matador. Cuando los observas, tienen mucha confianza y lideran con las caderas y la pelvis”, le indicó el director al actor según The Hollywood Reporter.

Por otro lado el, apego de Del Toro por su último proyecto, que originalmente iba a ser filmado en blanco y negro, lo llevó a desembolsar $200,000 de sus propios fondos para presentar a Fox Searchlight un guión que según el director los hizo llorar a todos al final de la primera propuesta.

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Escena de La forma del agua | Foto: Fox Searchlight Pictures

Más que criaturas y monstruos

La humanización de los monstruos, que siempre han fascinado al director, y el romance silente entre dos especies distintas es de hecho una persiana para contextualizar polémicas pasadas que siguen teniendo vigencia hoy en día como: la discriminación racial, la intolerancia y un particular complejo de hombre blanco, poderoso y privilegiado.

“Lo configuré en 1962 específicamente, porque cuando la gente dice: ‘Hagamos que Estados Unidos vuelva a ser grandioso’, están soñando con esa era”, explica Del Toro a la revista estadounidense Deadline. “Es una época donde los autos tenían aletas de chorro, las cocinas eran automáticas. Todo era genial si eras blanco, anglosajón y protestante, pero si eras otra cosa, estabas jodido. No ha cambiado tanto”.

Esta elección tanto -personal como política- de escenarios y geografías temporales hacen que la película se conjugue en reversa a los roles desempeñados en filmes de época. “Quería convertir en malo al personaje con un buen traje y una mandíbula cuadrada (que suele ser el tipo bueno en las películas de ciencia ficción de los años 50)”, agrega Del Toro.

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Escena de La forma del agua con Sally Hawkins y Doug Jones | Foto: Fox Searchlights Pictures

Palabras innecesarias y miles de tonos verdes

Sally Hawkins hace que las palabras sean innecesarias con una actuación sutil y serena que se conjuga con todos los colores de la película. La actriz también contribuyó con el guión de su personaje; Del Toro se inspiró en una historia escrita por esta sobre una mujer que desconoce que es una sirena. El detalle de los rasguños con forma de branquias en el cuello de su personaje fue tomado de dicha historia.

El silencio de la película es sustituido con un soundtrack y una musicalización que riman con los pasos y el mutismo de sus personajes. La cinematografía etérea de Dan Laustsen se aferra a miles de tonos verdes para crear la atmósfera de ensueño de un cuento de hadas para adultos. Esa paleta infinita crea un juego de tonos que pasan por la aguamarina, los ásperos verdes oxidados de edificios antiguos e institucionales, el brillo de neón de una gelatina hasta el verde cerceta metálica de un nuevo Cadillac.

Por otro lado, no solo la crítica coincide en que La forma del agua es una de las mejores piezas de Del Toro desde El laberinto del fauno, el propio director reconoce un particular orgullo por la película.

“Para mí no se vuelve más personal que con La forma del agua. Estoy orgulloso de ella. Es la película favorita que he realizado“, dijo Del Toro a Collider. “Me encanta. Lo llamo ‘un cuento de hadas para tiempos difíciles’ porque es una pomada contra el mundo, donde nos levantamos todas las mañanas con peores noticias”.

La fidelidad de Guillermo Del Toro por los monstruos crea un homenaje moderno y un cuento de hadas gestado décadas atrás que por fin encuentra su final perfecto.

Continúa leyendo: La cruda historia real detrás de Fauda, la serie israelí que ha cautivado al mundo

La cruda historia real detrás de Fauda, la serie israelí que ha cautivado al mundo

Tal Levy

Foto: Ohad Romano
IMDB

“Prepárense”, “el caos está por empezar”, “en camino hacia ti”, anunciaban cientos de carteles escritos en árabe y sin traducción que alarmaron a algunos israelíes que por un instante, al ver esas letras blancas sobre fondo negro, pensaron que quizá Isis había llegado a las mismísimas calles del corazón de su ciudad.

En algo no se equivocaron. El llamado Estado Islámico estaría en la mira, pero de la exitosa serie de televisión israelí Fauda, cuya campaña de intriga llegó a provocar zozobra a tal punto que en algún momento las fuerzas de seguridad debieron salir a explicar que sólo se trataba del abreboca promocional de la tan esperada segunda temporada.

Nada más lejos que ese enteramente blanco y negro de las vallas. La producción se asienta precisamente en esa escala de grises con la que aborda el largo y espinoso conflicto entre israelíes y palestinos. Desborda realismo, por algo The New York Times, que la incluyó en la lista de las diez mejores series de 2017, la ha calificado como thriller crudo y naturalista.

La cruda historia real detrás de Fauda, la serie israelí que ha cautivado al mundo
Poster promocional de Fadua | Imagen: Netflix

Es imposible no contener el aliento al verla. Las acciones suceden de una manera tan trepidante y las imágenes lucen tan reales que parece más bien un hecho transmitido en directo. Una profusión de disparos, violencia, persecuciones, crueldad, venganza, pero más… Lejos de estereotipos, la serie humaniza a los personajes descorriendo el velo del “otro”, del “enemigo”, para mostrarlo en toda su complejidad, en diversas facetas.

Reconocido como Mejor Guión en el festival de Biarritz y ganador de seis premios Ophir (equivalente israelí a los Emmy) entre ellos el de Mejor Drama, Fauda ha cautivado a 190 países desde su estreno en Netflix en diciembre de 2016 provocando, curiosamente, empatía por igual entre israelíes y palestinos, hombres y mujeres, de derecha y de izquierda.

¿La clave de su éxito desbordante? “Lo que hemos escuchado a menudo de los espectadores de todo el mundo es que se reconocen a sí mismos en los personajes de ambos lados del conflicto, se identifican con lo que sucede y realmente ‘sienten’ lo que los personajes experimentan, bueno o malo. Aparte de las escenas de acción, muestra a las familias teniendo una vida normal. Hay historias de amor. Madres y mujeres en general poseen una fuerte presencia. Todo esto hace que el programa sea muy intenso y conmovedor. Además, tiene lugar en el punto de mayor tensión del Medio Oriente y se desarrolla sobre un conflicto geopolítico real y actual, lo que lo hace aún más adictivo”, explica a The Objective la actriz Laëtitia Eïdo, cuyo papel en la serie ha cautivado a la audiencia.

La historia de fondo

Fauda, que significa caos en árabe y que en el argot militar israelí hace referencia al fracaso de una operación, era una apuesta arriesgada con esos diálogos entrecruzados entre árabe y hebreo para hacerla todavía más real. Sus creadores tenían claro que los personajes árabes debían ser encarnados por actores que también lo fueran, respetando a su vez los diversos dialectos. No podía ser de otro modo pues su trama se centra en la búsqueda por parte de un comando de agentes encubiertos israelíes de terroristas palestinos en Cisjordania.

Tras una y otra puerta cerrada, la compañía de televisión por cable YES de Israel decidió producir y emitir la serie; después, Netflix se apuntó convirtiéndola con sus subtítulos en un fenómeno global, tanto que ya firmó con sus creadores para realizar dos nuevas series sobre espionaje, una de las cuales ya tiene nombre: Hit and run.

Avi Issacharoff, un reconocido periodista con décadas de experiencia en la cobertura del conflicto palestino-israelí, y Lior Raz, un actor que nunca había escrito un guión, se inspiraron en hechos reales para dar vida a la serie pues ambos, amigos por demás, prestaron el servicio militar obligatorio en una unidad secreta como “mista’arvim”; o sea, israelíes que se hacen pasar por palestinos y hablan árabe a la perfección.

Durante una veintena de años Raz guardó silencio sobre un suceso que le perturbó y dejó marcado para siempre: la muerte de su primer amor apuñalada en Jerusalén a manos de un terrorista palestino. Catárticamente este hecho ha salido a flote en la pantalla cuando en la primera temporada de Fauda la novia de un miembro del comando de élite israelí pierde la vida en un bar víctima de un atentado suicida.

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No extraña que a Raz, quien además de coguionista encarna magistralmente al protagonista, ahora le lluevan ofertas para trabajar en Hollywood. ¿Quién lo diría? Y pensar que había sido guardaespaldas de Arnold Schwarzenegger y Nastassja Kinski tras viajar a Estados Unidos pocos días después de haber culminado sus funciones en la unidad especial de las Fuerzas de Defensa de Israel. Hoy, a la par de Fauda, da también charlas sobre cómo lidiar con el estrés postraumático a través del arte y la escritura.

El mundo se ha rendido a los pies por primera vez de una serie israelí. El maestro indiscutible del terror, Stephen King, la calificó en un tuit como un thriller que mola y sin desperdicio. Y hasta el presentador y comediante estadounidense Conan O’Brien se acercó al set de filmación para grabar un sketch en el que interroga al personaje principal para obtener información sobre la dirección de Gal Gadot, la actriz israelí que protagonizó Wonder Woman.

Más y más suspense

La segunda temporada de Fauda se prevé que llegue a las pantallas vía Netflix a partir de abril, cuando finalice su emisión en la televisión de Israel.

Itzik Mizrahi fue uno de los millones de espectadores que el pasado 31 de diciembre sintonizaron el canal YES ansiosos por ver si los nuevos episodios estarían a la altura de las expectativas generadas.

“La primera temporada es más interesante y la segunda tiene menos acción, pero mucho más suspense. Todo gira en torno a un deseo obsesivo de venganza. Es la película verdadera de todos los días”, comenta a The Objective este hombre de 65 años que fue herido en la Guerra de Yom Kippur y que estuvo al frente en Tel Aviv de una de las mayores empresas productoras y distribuidoras de pitas, pan que hermana a los dos pueblos en conflicto.

En la serie, Dorón Kavillio, el protagonista, llega a tener una relación con Shirin Al Abed, una doctora palestina, abordando el tabú del amor entre israelíes y árabes. “El hecho de que ella se enamore de un agente israelí en realidad es relevante solo para la audiencia, al menos en la primera temporada (¡sin spoiler!), porque para ella él es Amir -no Dorón-, un palestino. Por tener un origen mixto, para mí es importante mostrar en la pantalla esta historia de amor como posible y como un modo de lograr un mayor entendimiento entre la gente”, señala la intérprete franco-libanesa Eïdo.

La cruda historia real detrás de Fauda, la serie israelí que ha cautivado al mundo 2
Lior Raz y Laëtitia Eïdo en Fauda | Imagen: IMDB

Pero ¿cómo ha sido recibido ese personaje en el mundo árabe? “Los creadores del programa siempre dicen que donde sea que vayan la gente pregunta por ‘La doctora’ y ‘¿Cómo está Shirin?’ Es increíble. Pienso que creamos un personaje muy especial que se vuelve adorable, primero, porque está en medio de este gran ‘fauda’, este caos. Es un vínculo entre mundos y se niega a tomar parte en el conflicto ni a elegir ningún bando. Su ética médica también la hace un alma muy caritativa. De hecho, la hicieron estar más cerca de quien soy por ser medio francesa, algo que no existía en el guion original. Lo añadimos y eso la coloca aún más ‘in between’ (en medio) de todo. Esto le permite tener empatía por cualquier ser humano con quien se cruce, sea del lado que sea. Cuando fui a los territorios palestinos, en Ramala o en Belén, me paraban personas en la calle que eran grandes fans del programa y me agradecían por dar vida a este personaje. Estaba aliviada, igual que cuando escuché que Fauda es un gran éxito en otros países árabes como Arabia Saudí, Líbano, Egipto”.

Las dos caras

Nadie quiere dejar de ver esta producción israelí. Cuando apareció en 2015, el grupo palestino islamista Hamás la tachó de propaganda sionista, pero, no obstante, colocó un enlace de transmisión en su propia página web. Y a fines del año pasado, el tráiler de los nuevos episodios fue presentado incluso en los programas de noticias de la televisión israelí.

Si en la primera temporada el personaje que desencadena el conflicto es un terrorista de Hamás apodado La Pantera que reaparece después de que se creía estaba muerto, interpretado por el actor árabe israelí Hisham Suliman; en la segunda temporada la trama va un paso más allá al explorar las rivalidades entre las diversas facciones del movimiento palestino, con la presencia además de Isis en la zona.


La canción del programa que ha emocionado por igual a israelíes y palestinos, a hombres y mujeres, de izquierda y de derecha.

Una de las motivaciones para hacer la serie fue que la ocupación israelí de Cisjordania ocurrida tras la Guerra de los Seis Días ya suma medio siglo. Al igual que sus creadores, Eïdo lo tiene claro. “No estamos aquí para hacer política, en lo absoluto”, rotundamente afirma a The Objective.

¿Cuál es el principal desafío que ha debido encarar? “Mi trabajo como actriz y el tipo de reto que deseo enfrentar es escoger mis papeles dependiendo de lo que quiero entregar al mundo y de lo que como artistas aportamos a la conciencia colectiva. Llevar la idea de que este conflicto no es unilateral, que estos enemigos a muerte no son tan diferentes después de todo y que son mucho más humanos de lo que nos han dicho es muy importante para mí. Quienquiera que seas, si tomas parte en una guerra, en algún momento lo perderás todo realmente; si no tu vida, entonces tu alma. Esto tiene mucho significado para mí”, concluye.

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