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The People v. OJ Simpson, la serie sobre una América machista, morbosa y racista

Raquel Céspedes Guirao

O.J. Simpson pasó de ser un héroe deportivo a un villano. El ocaso de una de las mayores estrellas del fútbol americano de toda la historia comenzó el 12 de junio de 1994 cuando su ex mujer Nicole Simpson y un joven que la acompañaba, Ronald Goldman, fueron hallados muertos de forma violenta en la casa de ella en Los Ángeles. Habían sido brutalmente apuñalados y degollados. Las pruebas encontradas en el lugar del crimen y el historial de denuncias por violencia doméstica que pesaban contra Simpson no hicieron dudar a la policía. Daba comienzo así uno de los casos de la crónica negra de Estados Unidos más mediáticos de la historia.

20 años después de este suceso la pequeña pantalla rescata este pedazo de la historia en The People v. O.J. Simpson: American Crime Story, la serie más nominada en la última edición de los Globos de Oro. La miniserie de FX rememora el juicio que más horas de televisión ha copado un suceso y que debía discernir si el crimen de Nicole y Ronald respondía a un caso de violencia machista. Esta producción, que en España puede verse en Netflix, ha recibido las alabanzas de crítica y público gracias a una primera temporada magistral, en la que por sorprendente que parezca lo que menos importa es la culpabilidad o inocencia de O.J. Simpson.

Esta serie dirigida y producida por Ryan Murphy (American Horror Story y Scream Queens), y escrita por Scott Alexander y Larry Karazweski (Ed Wood, Man on the Moon o The People vs. Larry Flint) entabla una conversación e incita al espectador a reflexionar abriendo el foco de atención. A través de unos personajes a los que se les concede un protagonismo merecido se retrata una sociedad americana indeseable y hecha jirones por divisiones sociales que aún a día de hoy padecen.

El elenco de actores de American Crime Story y los productores de la serie tras recoger el premio de la crítica como ‘Mejor película hecha para televisión’. Foto: Danny Moloshok / Reuters

The People v. O.J. Simpson reabre un capítulo en la historia judicial y de entretenimiento de Estados Unidos que resalta una lista de las debilidades sistémicas de América: el racismo, el abuso doméstico, el trato preferencial a las celebridades, la violencia policial contra los afroamericanos y el sexismo.

Machismo

En este juicio histórico O.J. Simpson no fue al único al que se juzgó, hubo otra persona que fue sometida al escrutinio de la defensa, del juez, del jurado, de los medios de comunicación y de la sociedad americana en general. La fiscal a la que se le asignó el caso, Marcia Clark, se convirtió durante los 134 días que duró el proceso en objeto de análisis superfluos y banales sobre su forma de vestir, su peinado y hasta por su capacidad para ser madre.

El capítulo dedicado a ella, titulado Marcia, Marcia, Marcia, refleja el oprobio que sufrió esta mujer con una dilatada carrera profesional por el simple hecho de ser eso, mujer. Clark tuvo que soportar las burlas implacables sobre su ropa, recibió un trato ominoso y machista dentro de la sala (el juez Lance Ito pidió al jurado que no se distrajese por las faldas demasiado cortas de la fiscal), y los tabloides le dedicaron titulares como ‘Veredicto para el pelo de Clark: CULPABLE”. La prensa publicó fotos de ella en topless e informaron sin aliento sobre la pelea judicial entablada con su ex marido por la custodia de su hija. La defensa la llamó “quejica” y “demasiado emocional” sin que el juez se inmutase. Y un clásico de la misoginia más recalcitrante, el abogado principal de la defensa, Johnnie Cochran, la tachó de “histérica”.

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La fiscal Marcia Clark y la actriz Sarah Paulson caracterizada para la serie. Foto: Archivo/Netflix

Viendo el episodio, uno no puede dejar de sentir una sensación de empatía y culpa. Sarah Paulson, la actriz que magistralmente interpreta a Clark, se reunió con ella cuando le llegó el papel para transmitirle que la serie iba a presentar un nuevo enfoque sobre su rol en el juicio. Y así es, la serie rehabilita la imagen de la fiscal en clave feminista. Una imagen que se había perpetuado como una mala profesional y cuya vida y vestimenta eran más destacables que su trayectoria. De hecho, “Corte de pelo” sigue siendo una de las primeras opciones que ofrece el autocompletador de Google cuando se teclea su nombre.

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La actriz Sarah Paulson ha recibido un premio Emmy por su papel de Marcia Clark. Foto: Netflix

En este artículo de New York Magazine se reflexiona sobre qué hubiera pasado si el juicio del siglo hubiese tenido lugar en la actualidad. Jeffrey Toobin, que escribió un libro sobre el asunto Lewinsky, ofrece esta teoría: “Los 90 parecen un tiempo lejano, una de las razones es porque el ambiente por aquel entonces era muy diferente al de ahora. No había Internet, ni Fox News, ni MSNBC, ni redes sociales. Así que tenías una especie de enfoque bruto y amplio sin la compensación de voces alternativas en Twitter y Facebook. Así que cuando el National Enquirer decidió burlarse del peinado de Marcia Clark, no había ningún artículo en Slate Magazine o Twitter diciendo ‘paren esta mierda sexista'”.

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La fiscal Marcia Clark recibió un trato sexista por parte de los medios de comunicación, la defensa, el juez y la sociedad americana en general. Foto: Netflix

La proliferación de Internet y las redes sociales multiplican las plataformas donde poder exponer nuestra opinión. Esta democratización del discurso favorece la aparición de voces críticas contra multitud de injusticias. Sin embargo, los insultos no fue lo que más dolió a Clark. Años después del juicio aseguró que lo peor del sexismo que experimentó no eran los comentarios sobre la ropa o el cabello o incluso su maternidad. Era la forma en que el juez Ito le hablaba en la sala de audiencias. “Recuerdo que me interrumpió, me reprendió frente al jurado durante las declaraciones de apertura y nunca interrumpes a un abogado durante las declaraciones de apertura a menos que sea algo realmente atroz”. Clark dijo que estaba “horrorizada por su comportamiento. En todos los niveles”. Seguro que a día de hoy, este juez hubiese sido trending topic por su trato imparcial.

Racismo y violencia policial

La estrategia llevada a cabo por la defensa de O.J. Simpson fue clave para desviar el argumento principal de la acusación. Lo que era un juicio por un crimen brutal de violencia de género acabó convirtiéndose en un caso de racismo, aludiendo a los antecedentes de brutalidad que tenía la policía de Los Ángeles.

El contexto era propicio para ello. El juicio contra Simpson se inicia dos años después de los disturbios de Los Ángeles de 1992, conocidos como la revuelta de Rodney King. Aquel año un jurado popular compuesto casi completamente por blancos absolvió a los cuatro agentes de policía que aparecieron en unas grabaciones tomadas por un videoaficionado mientras propinaban una paliza al taxista negro Rodney King. El veredicto desencadenó un disturbio racial y étnico, en el que durante seis días miles de personas, principalmente jóvenes afroamericanos y latinos, cometieron pillajes, incendios y asesinatos. El saldo fue de 60 muertos.

El ideólogo de revestir el supuesto crimen machista en un caso de racismo policial fue Johnnie Cochran, un reputado abogado experto en derechos civiles y un líder de la comunidad negra. Cochran pintó al millonario Simpson –alguien que tenía más amigos blancos que negros y nunca había manifestado un compromiso en firme por alguna causa afroamericana- como un negro víctima del sistema.

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El ideólogo de revestir el supuesto crimen machista en un caso de racismo policial fue Johnnie Cochran, interpretado en la serie por el actor Courtney B. Vance. Foto: Netflix

Otro giro clave del caso se produce cuando el llamado ‘Dream Team’ de abogados de la defensa encuentran las llamadas ‘Furhman tapes’, las cintas en las que una guionista entrevista al agente Mark Fuhrman, el detective que detuvo a Simpson. En las grabaciones se escucha a Fuhrman decir hasta en 41 ocasiones la palabra ‘nigger’ (palabra despectiva que significa negrata), llega a asegurar que en alguna ocasión ha manipulado pruebas para incriminar a afroamericanos en delitos y reconoce haber participado en torturas a detenidos negros. Tras la revelación de las grabaciones, el 70% de los estadounidenses afroamericanos creían que Simpson era inocente y un porcentaje similar de blancos lo juzgaba culpable. El debate se había trasladado únicamente al plano racial, quedando relegado a un segundo plano el hecho a juzgar, que era el asesinato de una mujer a manos de su ex marido.

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El equipo de abogados de la defensa era conocido como el ‘Dream Team’. En la serie era interpretado por -de izqda. a dcha-: Nathan Lane, Courtney B. Vance, John Travolta, Cuba Gooding Jr, David Schwimmer. Foto: Netflix

La formación del jurado también estuvo condicionada por la vertiente racial. Para que un posible veredicto de culpabilidad no se convirtiera en otro caso de impunidad policial como ocurrió en el caso de Rodney King, se optó por constituir un jurado mayoritariamente negro (nueve afroamericanos, de los cuales diez eran mujeres y dos hombres, dos blancos y un hispano). Pero la acusación también se decantó por un mayor número de mujeres, al considerar que tratándose de un caso de violencia de género le podría favorecer. Pero la polarización desatada por la cuestión racial, eclipsó por completo el crimen machista. Como quedó patente en el documental O.J.: Made in America, las mujeres negras detestaban especialmente a Marcia Clark. Una de las mujeres del jurado, Carrie Bess, aparece en una entrevista haciendo un gesto de desprecio con el pulgar hacia abajo cuando se le pregunta por Clark. Incluso llega a admitir que dejar libre a Simpson era para ella “la revancha por Rodney King”, un correctivo a la América blanca.

Telebasura

La historia del caso de O. J. Simpson marcó para siempre la televisión tal como la conocemos actualmente. El juicio del siglo se convirtió en un espectáculo televisivo que muchos no dudan en considerarlo el embrión de la telerrealidad. Elementos no le faltaban: un brutal asesinato, un ídolo nacional acusado de un crimen atroz, un equipo de abogados carismáticos y hasta un Kardashian. Sí, uno de los abogados de la defensa de Simpson fue Robert Kardashian, el fallecido patriarca del clan, que como se puede ver en la serie hasta entonces era un completo desconocido.

Uno de los momentos del juicio en la vida real y en la serie. Foto: Reuters / Netflix

Los canales de noticias de la época detectaron el tirón del caso desde el principio. Todo empezó con la persecución protagonizada por O.J. Simpson cuando se enteró que iba a ser detenido por la muerte de su ex mujer. El 17 de junio de 1994 cerca de 95 millones de personas siguieron en directo por televisión la persecución por una autopista interestatal de Los Ángeles de un Ford Bronco. Dentro estaba O.J. Simpson que amenazaba con pegarse un tiro si no le dejaban escapar. La NBC, ABC News y la CNN interrumpieron su emisión habitual para dar la información de última hora y unirse a la retransmisión del intento de captura.

Luego llegó la emisión del juicio. Todas las mañanas durante 134 días los norteamericanos se desayunaban todos los detalles desgranados en las interminables sesiones judiciales. Cadenas de noticias de cable como la CNN cuadruplicaron sus audiencias y los canales en abierto retiraron de sus parrillas matinales las telenovelas para emitir el minuto a minuto del juicio que duró nueve meses. Este cambio de paradigma fue el golpe de efecto que puso la semilla del reality show. La inexistencia de las redes sociales y los medios digitales, convirtieron a la televisión en el medio perfecto para dar carnaza a un público enganchado a una historia truculenta. Para qué ver una telenovela, si la realidad era más enrevesada y dramática que cualquier culebrón.

Las cadenas eran sabedoras del tirón del caso y no dudaron en hacer negocio con él. Muestra de ello es que el día de la emisión del veredicto las cadenas comerciales más importantes del país vendieron los espacios publicitarios un 20% más caros. El órdago suponía un riesgo, pero la jugada les salió redonda: la lectura del veredicto la vieron por televisión más de 150 millones de espectadores.

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La reacción de O.J. Simpson tras escuchar el veredicto del jurado. Foto: AP

Un dato que demuestra la huella que el caso dejó en el imaginario colectivo norteamericano es que se incluye en la lista de los eventos históricos que más han calado en la memoria de los espectadores, junto a los atentados contra las Torres Gemelas y el huracán Katrina -que por cierto es el tema sobre el que versará la segunda temporada de American Crime Story-.

La cobertura del caso de O.J. Simpson se puede considerar el precursor del género inforeality. Un género que los medios españoles han sabido explotar como hemos podido ver con el caso de las niñas de Alcaçer, Marta del Castillo o Diana Quer, por poner tres ejemplos. La mediatización de un hecho dramático por el que millones de españoles se sienten emocionalmente enganchados.

THE PEOPLE v. O.J. SIMPSON: AMERICAN CRIME STORY "From the Ashes of Tragedy" Episode 101 (Airs Tuesday, February 2, 10:00 pm/ep) -- - Pictured: (l-r) David Schwimmer as Robert Kardashian, John Travolta as Robert Shapiro. CR: Ray Mickshaw/FX
Una escena de THE PEOPLE v. O.J. SIMPSON: David Schwimmer como Robert Kardashian, John Travolta como Robert Shapiro. Foto: FX

Tras el análisis habrás podido comprobar que en American Crime Story coexisten multitud de temáticas universales con las que identificarse. Realidades que dibujan una vida distópica que es racista, machista y sensacionalista, pero no es hipotética sino que es real y actual. Hemos podido comprobar que el machismo más ramplón que sufrió en sus carnes la fiscal Marcia Clark sigue igual de vigente comparándolo con los comentarios despectivos y banales que recibió la candidata demócrata Hillary Clinton durante la campaña electoral por parte de algunos medios. Los disturbios de Ferguson (2014), Baltimore (2015) y Dallas (2016) ponen de manifiesto que Estados Unidos aún tiene mucho que mejorar en sus sistemas policiales y judiciales en casos relacionados con la población negra. Y la televisión cada vez hace más honor al apelativo caja tonta. Y para muestra el reallity de las Kardashian, que lejos de criticar a los seguidores de este show televisivo, es un buen ejemplo de cómo la audiencia ansía conocer cada detalle de la vida de las celebridades, y cuanto más sensacionalista mejor.

Como veis, en esta primera temporada de American Crime Story lo de menos es que O.J. Simpson fue finalmente declarado inocente.

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La aplicación más popular del mundo no es la que te imaginas

Redacción TO

Foto: Oliur Rahman
Unsplash

El trono de la aplicación más popular tiene nuevo rey. Sarahah lleva ocho días, y subiendo, por encima de Instagram, YouTube, Snapchat y Facebook. ¿Sarah… qué? Sarahah, que significa honestidad y franqueza en árabe, es una aplicación para enviar mensajes privados y anónimos a otros usuarios. La idea no es nueva. Antes estuvieron Whisper, Yik Yak o Secret. Ninguna de ellas duró mucho, pero tampoco tuvieron un ascenso tan viral. El 8 de julio entró por primera vez en el top de las 1.500 aplicaciones de la App Store, según datos de Sensor Tower. A los cuatro días estaba en el puesto 104. Y cinco días después, ¡sorpresa!, la aplicación más popular del momento en iTunes. Es el pigmeo que ha vencido a los gigantes.

Porque detrás de Sarahah no hay grandes compañías valoradas en millones de euros. No están Zuckerberg ni Spiegel. Está Zain al-Abidin Tawfiq, un joven desarrollador de Arabia Saudí, que se le ocurrió la idea hace menos de un año para empresas de su país. Hoy tiene más de 14 millones de usuarios registrados de todo el mundo.

Su descripción es sencilla: “Sarahah te permite recibir constructivas y anónimas críticas 🙂“. En el concepto idílico de su creador, esta app ayuda a sus usuarios a “descubrir sus fortalezas y sus áreas de mejor recibiendo feedback honesto por parte de sus empleados y de sus amigos de una manera privada”.

Comentarios anónimos a los jefes

La historia comienza en Dhahran, una ciudad al este de Arabia Saudí considerada el centro administrativo del petróleo. Allí vivía Tawfiq, quien con un grado en Ciencias de la Computación trabajaba a tiempo completo como analista de sistemas en una compañía de petróleo. El objetivo era crear una herramienta que pudiera ayudar a los empleados a realizar comentarios sin filtrar a los empresarios. Así nació Sarahah, una manera de comunicarse de manera sincera con los jefes.

El joven pronto se dio cuenta de que este tipo de servicios podría ser útil también fuera del entorno laboral. Así, en noviembre de 2016 lanzó la página web y empezó a compartirlo con su grupo de amigos. Sin embargo, apenas llegó a 100 mensajes al final de año, según contó Tawfiq a Mashable. Ese fracaso le hizo cambiar de estrategia. Empezó a utilizar a algunos de sus amigos influencers, los grandes prescriptores de contenidos para millenials.

De 70 usuarios pasó a 1.000 en solo unos días. A partir de ahí, la aplicación se extendió por todo Oriente Medio: Túnez, Líbano, Egipto… En este último, por ejemplo, es la página 104 más vista del país según los ránkings que realiza Alexa. Después del éxito en esta región, Tawfiq decidió crear la aplicación. La lanzó finalmente en junio y en inglés —hasta el momento solo estaba en árabe—.

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Capturas de pantalla de la bienvenida a la ‘app’ Sarahah.

Seguramente el final de esta historia no sería el mismo si no hubiera aparecido Snapchat. La red social de mensajería instantánea incorporó en su última actualización la posibilidad de conectar el perfil en Snap con el de Sarahah. Tres días después empezó el meteórico ascenso. Millones de adolescentes deseosos de saber qué pensaban sus amigos y conocidos sobre ellos.

“Una aplicación que ‘crea’ suicidas”

El aspecto de la app es muy sencillo. Varios apartados: búsquedas, novedades, perfil y mensajes. En este último se almacenan los recibidos, favoritos y enviados. Para enviar un mensaje a otro usuario este debe estar también dentro de la aplicación. Es imposible saber quién te envía los mensajes y tampoco es posible contestar a los que recibes. En cambio, sí puedes marcar como favoritos aquellos que te gusten más. Otra prueba de la inocencia idílica que su creador espera de la aplicación. Sarahah ya está recibiendo miles de críticas por ser una plataforma que hace muy fácil el acoso y muy difícil su investigación, ya que todo es anónimo.

“Deja un mensaje constructivo”, es toda la precaución que Sarahah propone antes de enviar un mensaje. Una frase que no parece suficiente a la vista de algunos de los comentarios que tiene Sarahah en iTunes. “Mi hijo se creó una cuenta y a las 24 horas alguien ya le había enviado un horrible comentario racista diciendo incluso que debería ser linchado”, contó un usuario. “Este sitio es el caldo de cultivo perfecto para el odio”, añadió. Otros comentarios no se quedan atrás: “No recomiendo este sitio a menos que quieras ser acosado” o “Padres, no permitáis que vuestros hijos se descarguen esta app. Es una app que crea suicidas”.

El fundador ha respondido a las críticas en Twitter:

Además, Tawfiq explicó que estaba intentando acabar con esa versión de la aplicación, una faceta que experimentan todas las redes sociales, mediante el bloqueo de ciertas palabras ofensivas y permitiendo bloquear a la gente, según recogió Mashable. Medidas cuestionables puesto que se pueden crear tantas cuentas de Sarahah como se quiera, no es necesario ni validar el email, y es imposible vetar todas las formas que los humanos tenemos para ser ofensivos contra otros. “De verdad estoy haciendo todo lo que puedo para crear un ambiente positivo”, dijo el joven a este medio. De momento, sigue sin ser suficiente.

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Tratamientos estéticos, un alza entre los hombres millennials

Lidia Ramírez

Foto: The Objective

Son pocos los hombres que se atreven a reconocerlo, pero las estadísticas no mienten y aseguran que la demanda de tratamientos de belleza y de cirugías estéticas masculinas ha aumentado un 30 % en 2016 respecto al año anterior. Así también nos lo confirma la doctora Gloria Santomauro, experta en medicina estética y directora del Centro Médico GS, quien afirma que cada vez con más frecuencia los hombres acuden a su consulta para someterse a algún tratamiento.

Hombres de entre 45 y 60 años es el perfil del cliente más habitual de Santomauro, sin embargo, la doctora destaca la asidua asistencia a su consulta de chicos jóvenes que quieren realizarse algún “retoquito”. “A partir de los 20 años ya empiezan a venir”, apunta. “En general son chicos que se cuidan mucho y van al gimnasio”, informa la experta, que señala que cuando más suelen acudir a su clínica es después del verano para realizarse algún tratamiento para el cuidado de la piel después de todo el verano expuestos al sol “y de marcha”.

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Tres de cada diez clientes de Santomauro son hombres. | Foto: The Objective

Tratamientos más demandados

Los procedimientos no quirúrgicos se han vuelto muy atractivos para el público joven, ya que estos no requieren de periodos post-operatorios extensos. Una de las principales características de la generación millennials es el gusto por la inmediatez y su alta exposición en redes sociales. “Tratamientos con ácido hialurónico, bótox o mesoterapia facial o corporal, con la que se obtiene una piel hidratada, nutrida, luminosa y con mejor textura son los procedimientos más recurridos”. Estos últimos suelen tener un coste de 240 euros, 80 euros la sesión (la doctora aconseja un mínimo de tres sesiones al año, una cada 20 días). Además, entre los tratamientos más recurridos, Santomauro también destaca el aumento de labios. “A pesar de que se piensa que es algo de mujeres, cada vez son más los chicos que se someten a un tratamiento de aumento de labios con ácido hialurónico”. Esto suele tener un coste de 150 euros.

En cuanto a las razones por las cuales se someten a algunos ‘retoquitos’, Santomauro hace referencia a la mejora del autoestima sin olvidar la salud, sobre todo en aquellos tratamientos que tienen como objetivo el adelgazamiento, o las rinoplastias terapéuticas motivadas por alguna afección respiratoria.

Pasados los 40…

Como destaca Gloria Santomauro, “después de los cuarenta, lo que más les preocupa a los hombres son las arrugas, la calvicie y los excesos de grasa en el cuello o abdomen”. El injerto de pelo, bien de modo tradicional o mediante la técnica FUE (pelo por pelo) y el bótox, adaptado a cada tipo de arruga, son los tratamientos estrella masculinos, subraya la doctora. Sin embargo, no hay que olvidar que todas estas intervenciones son “adictivas”. Así nos lo asegura Germán, un cliente de Santomauro que al año asegura gastarse unos 1.500 euros en retoques estéticos. “Ya he perdido la cuenta de cuantos retoques me he hecho”, nos cuenta el cliente antes de someterse a un tratamiento de bótox, su preferido junto a los hilos tensores. “Lo hago porque me gusta y los resultados son evidentes e inmediatos”.

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German, cliente de Gloria Santomauro, sometiéndose a un tratamiento de bótox. | Foto: Lidia Ramírez / The Objective

Las ojeras también son una de las principales preocupaciones de los hombres pasados los cuarenta; para corregirlas, la experta propone dos tipos de tratamientos: mesoterapia para aclarar y ácido hialurónico para rellenar. Los hilos tensores para cara y cuello, que rellenan las arrugas más finas y mejoran la calidad y el aspecto de la piel, además del plasma rico en plaquetas, que contribuye a regenerar la piel, se suman a otros más atrevidos. La bioplastia, que remodela el rostro creando ángulo, o la mentoplastia, también llamada cirugía del mentón, completan este decálogo de tratamientos que muy pocos hombres se atreven a confesar. Y es que según asegura la directora de Centro Médico GS: “Aún seguimos todos con la fantasía de la genética perfecta y con el cuento de que estamos así de guapos y perfectos por dormir la siesta y beber agua natural”, concluye.

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Zinteta, la artista que devuelve las estrías a la belleza

Redacción TO

Foto: @ZINTETA
Instagram

La artista e ilustradora española Cinta Tort Cartró, nacida en Barcelona en 1995, ejemplifica el espíritu emprendedor y autodidacta de su generación, la Generación Z. Gracias a sus creaciones, algunas controvertidas pero sin duda certeras, ha logrado protagonizar artículos de importantes publicaciones extranjeras como The Daily Dot o Huffington Post, por citar algunas.

Obsérvalas, léelas, descúbrelas y ámalas. Estrías 💛💚❤️💜💙 Des de bien pequeñitxs nos hacen odiar todo aquello que tenemos en nuestro cuerpo e intentan constantemente que eliminemos todo aquello que para ellos no es normal: las manchas, las pecas, los pelos, y un sinfín de cosas más, y… las estrías. Las estrías son aquellas marcas que muchxs de nosotrxs tenemos en la piel. Me pasé años odiándolas e intentando encontrar una manera de eliminarlas, hasta que me dí cuenta que si no las aceptaba no me estaba aceptando a mi misma. Hace unos pocos años que he empezado a trabajar el amor propio y a aceptar y ver todo lo que hay en mi cuerpo. Aceptar todo esto es aceptar tus raíces, tu historia, todo lo que hay en él y, al fin y al cabo, aceptarte a ti misma. Las estrías son parte de nuestra esencia, nuestros momentos, de nuestras vidas, de nuestras historias y de nosotrxs. Son tan bellas que no se como a veces consiguen que las odiemos. Observarlas es terapéutico. No dejas que se metan con todo lo que tienes y todo lo que eres. Quererse es un acto revolucionario.

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M'agrada quan ens abracem 💜 #abrazos

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#manchoynomedoyasco (Més respecte, si us plau)

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#estrías 💜💖❤💛💚💙 Cada unx de nosotrxs es diferente y, a la vez, cada cuerpo es de una forma u otra y tiene su propia esencia y energía. Hay muchos tipos de cuerpos, igual que hay muchos tipos de estrías. De eso me dí sobre todo cuenta el día que hice estas producciones. Pintando a Yacine, a Mònica y a Roser observé detalladamente su piel, la delicadeza que había en ella y, a la vez, la belleza y la esencia que estas escondían. Hay personas con más o menos estrías, con estrías muy gruesas, menos, o más o menos marcadas, y en esto, en la diversidad, hay la riqueza. Las estrías de Yacine me llamaron mucho la atención, pequeñitas, poco palpables a primera vista y verticales, era la aventura de descifrar todo lo que ellas escondían. Todos los cuerpos tienen (más o menos) manchas, pelos, pecas, estrías, curvas, rectas, heridas, arrugas… y todos son igual de válidos. Ya es hora de que empezemos a amar el nuestro porque, al fin y al cabo, esta es nuestra herramienta de comunicación con el mundo. Y si no nos gusta la herramienta que utilizamos para ello, dificilmente podremos sentirnos libres. Una vez más: quererse es un acto revolucionario. 💜

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La propuesta que ofrece Zinteta en la red, y que le ha labrado una importante base de 30.000 seguidores que suma y sigue, es arriesgada a la par que reivindicativa. Según sus propias palabras, este proyecto creativo feminista nació porque “sometida a situaciones machistas” vio que “una buena manera de poder luchar contra ellas era visibilizándolas a través del arte”. Muchas de esas situaciones son los propios cánones de belleza que imponen industrias como la de la moda, en la que elementos naturales del cuerpo de cualquier mujer, como las propias estrías, se esconden ante la mirada de millones de personas. Esas estrías Zinteta las pinta de colores para devolverlas a la belleza, para hacerlas visibles e incluso destacarlas. Además, también visibiliza otras ‘vergüenzas’ para que no sean tales, como la menstruación. Lo hace a través de “Mancho y no me doy asco”, uno de sus más recientes proyectos artísticas.

#manchoynomedoyasco

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#manchoynomedoyasco Hola a todxs. Gracias. Estos dos últimos días han pasado cosas muy "heavys". Antes de ayer me hicieron una entrevista desde Nueva York y ayer me encontré con un artículo en la red sobre mi trabajo, aluciné. Pero hoy… esta mañana, me he encontrado con un artículo sobre mi trabajo en la edición digital de Metro Newspaper (UK). Y lo más gracioso es que me ha dado por buscar mi nombre (Cinta Tort Cartró) en google y me he encontrado con mogollón de artículos que hacían referencia a mis producciones, artículos en mogollón de idiomas… lo estoy flipando y creo que no voy a ser consciente de ello durante unos días. Espero que llegue a muchas personas y que puedan reflexionar sobre toda la lucha que hay en esto. Estoy muy feliz, la verdad que estoy muy en shock y no se muy bien que decir. Un gracias queda pequeño. Un gràcies es queda molt petit💜🌱

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💗 #manchoynomedoyasco

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Part II. Emoción a flor de piel. Estoy en shock. GRACIAS. THANK YOU 💜🌱

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Sus piezas e ilustraciones abarcan la exploración de la mujer, la identidad sexual y el género desde un punto estéticamente llamativo. Quédate con su nombre, porque esta jovencísima ilustradora dará mucho que hablar.

More about International day against homophobia, transphobia and biphobia #IDAHOT

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Faltan abrazos. Prints disponibles.

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El próximo testigo de un crimen será una máquina

Redacción TO

Foto: Jacquelyn Martin
AP

Connie Dabate murió el 23 de diciembre de 2015 a las 10:05. El asesino le disparó en la cabeza y en el estómago con un revólver. La encontró la policía en el sótano de su casa de Ellingont, una pequeña ciudad en el estado de Connecticut (Estados Unidos). Su marido Richard Dabate fue quien dio la voz de alarma. Un hombre enmascarado había entrado en el domicilio familiar con la intención de robarles. Mientras mantenía a Richard atado a una silla, había disparado a Connie en el sótano. Así consta en la orden de arresto a la que tuvo acceso The New York Times.

Y ese hubiera sido el final, si no fuera por la aparición de un testigo silencioso: la pulsera Fitbit de Connie que registró todos sus últimos movimientos. Los test de residuos del disparo y la policía canina no habían sido concluyentes. Pero los registros de la Fitbit demostraron que la mujer había andado unos 370 metros alrededor de la casa durante el tiempo que el marido señaló que estaban siendo atacados. Lo que superaba los escasos metros que ella hubiera recorrido si un hombre enmascarado la hubiera llevado del garaje al sótano para matarla. Richard Databe, su marido, ha sido acusado de falso testimonio y de asesinato.

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Richard Dabate acusado de asesinato, en el medio, acompañado por sus abogados. | Foto: Mark Mirko/Hartford Courant/AP.

De la misma manera que lo hicieron antes los ordenadores y los smartphones, los dispositivos wearables se están convirtiendo en un elemento crucial para muchos investigadores ya que otorgan una proximidad única a la víctima: transmiten el ritmo cardíaco, los horarios y la calidad del sueño, la localización y las distancias recorridas.

Pulseras contra la violencia sexual

En marzo, la pulsera Garmin Vivosmart GPS de Kelly Ferron, de 36 años, registró el frenético aumento de sus constantes vitales cuando le atacó un hombre mientras corría en un parque de Seattle, en Estados Unidos, según ha recogido la página Runners World. La imagen área de su pulso cardíaco se ha convertido en una imagen en contra de la violencia sexual.  

En el caso de Kelly Herron no hizo falta incorporar los registros de su pulsera a las evidencias policiales, puesto que la propia corredora luchó y consiguió encerrar al hombre en uno de los baños hasta que llegó la policía. Sin embargo, sí hubiera valido como prueba. De forma similar a un caso que ocurrió en Alberta (Canadá) en el que se aceptaron los registros de la actividad de una Fitbit, en un caso de lesiones personales para demostrar que la víctima realizaba más actividad física antes del accidente, según informó el Canadian Lawyer Magazine.

“Es definitivamente algo que vamos a ver más en el futuro. La gente continúa dando más y más información personal a sus dispositivos tecnológicos. Nosotros estamos obligados a encontrar las mejores pruebas y la tecnología ya ha empezado a formar parte de esto”, explicó a The New York Times el detective Christopher Jones de la Policía de Pensilvania.

Espías en nuestra propia casa

Frigoríficos, cafeteras, lavadoras o bombillas serán pronto pruebas de la escena del crimen. Cada vez más objetos de nuestras casas se están incorporando a la Red con el objetivo de hacernos la vida más fácil. Poder programar la lavadora desde el trabajo o encargar al frigorífico que compre leche desde una aplicación. Pero, el Internet de las Cosas también podría tener otra cara. Estos dispositivos conectados guardan historiales y registros de nuestros movimientos, lo que puede resultar crucial para saber los últimos momentos de una víctima de asesinato o para probar falsos testimonios.

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Echo, el altavoz de Amazon equipado con siete micrófonos. | Foto: Mark Lennihan/AP

El 22 de noviembre de 2015, Victor Collins apareció muerto en el jacuzzi de James Bates, según informó el periódico estadounidense The Information. Los investigadores encontraron manchas de sangre y piezas de cristal tanto en el suelo como dentro de la bañera. A pocos metros de ahí estaba, callado, el que se convertiría en el principal testigo: Echo. El altavoz de Amazon que cuenta con siete micrófonos y está equipado con múltiples sensores para poder oír a sus dueños en cualquier dirección alrededor de seis metros. Esta máquina puede poner música, realizar compras, apuntar recordatorios o leer las noticias en tiempo real, entre otras actividades. Y, desde ahora, también puede prestar testimonio en los juzgados. Los registros de audio de Echo —transcritos a texto— sirvieron para llevar a juicio a Bates, acusado de asesinato en primer grado.

Este último caso relanzó el miedo a que la casa inteligente pueda convertirse también en la casa espía. ¿Tenemos el control de nuestros datos privados? ¿Pueden servir los dispositivos como prueba contra sus dueños?

“Desde hacer un par de años, estamos viendo cómo estos dispositivos están comprometiendo la esfera de la privacidad. Ahora ya hemos empezado a ver cómo la información que tienen de ti puede ser usada voluntariamente o involuntariamente en otros contextos“, consideró el abogado especializado en derecho electrónico Mark Hayes a la Revista de Derecho Canadiense.

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