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<em>The People v. OJ Simpson</em>, la serie sobre una América machista, morbosa y racista
La serie 'THE PEOPLE v. O.J. SIMPSON: AMERICAN CRIME STORY' retrata el conocido como el juicio del siglo. Foto: Netflix

The People v. OJ Simpson, la serie sobre una América machista, morbosa y racista

O.J. Simpson pasó de ser un héroe deportivo a un villano. El ocaso de una de las mayores estrellas del fútbol americano de toda la historia comenzó el 12 de junio de 1994 cuando su ex mujer Nicole Simpson y un joven que la acompañaba, Ronald Goldman, fueron hallados muertos de forma violenta en la casa de ella en Los Ángeles. Habían sido brutalmente apuñalados y degollados. Las pruebas encontradas en el lugar del crimen y el historial de denuncias por violencia doméstica que pesaban contra Simpson no hicieron dudar a la policía. Daba comienzo así uno de los casos de la crónica negra de Estados Unidos más mediáticos de la historia.

20 años después de este suceso la pequeña pantalla rescata este pedazo de la historia en The People v. O.J. Simpson: American Crime Story, la serie más nominada en la última edición de los Globos de Oro. La miniserie de FX rememora el juicio que más horas de televisión ha copado un suceso y que debía discernir si el crimen de Nicole y Ronald respondía a un caso de violencia machista. Esta producción, que en España puede verse en Netflix, ha recibido las alabanzas de crítica y público gracias a una primera temporada magistral, en la que por sorprendente que parezca lo que menos importa es la culpabilidad o inocencia de O.J. Simpson.

Esta serie dirigida y producida por Ryan Murphy (American Horror Story y Scream Queens), y escrita por Scott Alexander y Larry Karazweski (Ed Wood, Man on the Moon o The People vs. Larry Flint) entabla una conversación e incita al espectador a reflexionar abriendo el foco de atención. A través de unos personajes a los que se les concede un protagonismo merecido se retrata una sociedad americana indeseable y hecha jirones por divisiones sociales que aún a día de hoy padecen.

El elenco de actores de American Crime Story y los productores de la serie tras recoger el premio de la crítica como ‘Mejor película hecha para televisión’. Foto: Danny Moloshok / Reuters

The People v. O.J. Simpson reabre un capítulo en la historia judicial y de entretenimiento de Estados Unidos que resalta una lista de las debilidades sistémicas de América: el racismo, el abuso doméstico, el trato preferencial a las celebridades, la violencia policial contra los afroamericanos y el sexismo.

Machismo

En este juicio histórico O.J. Simpson no fue al único al que se juzgó, hubo otra persona que fue sometida al escrutinio de la defensa, del juez, del jurado, de los medios de comunicación y de la sociedad americana en general. La fiscal a la que se le asignó el caso, Marcia Clark, se convirtió durante los 134 días que duró el proceso en objeto de análisis superfluos y banales sobre su forma de vestir, su peinado y hasta por su capacidad para ser madre.

El capítulo dedicado a ella, titulado Marcia, Marcia, Marcia, refleja el oprobio que sufrió esta mujer con una dilatada carrera profesional por el simple hecho de ser eso, mujer. Clark tuvo que soportar las burlas implacables sobre su ropa, recibió un trato ominoso y machista dentro de la sala (el juez Lance Ito pidió al jurado que no se distrajese por las faldas demasiado cortas de la fiscal), y los tabloides le dedicaron titulares como ‘Veredicto para el pelo de Clark: CULPABLE”. La prensa publicó fotos de ella en topless e informaron sin aliento sobre la pelea judicial entablada con su ex marido por la custodia de su hija. La defensa la llamó “quejica” y “demasiado emocional” sin que el juez se inmutase. Y un clásico de la misoginia más recalcitrante, el abogado principal de la defensa, Johnnie Cochran, la tachó de “histérica”.

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La fiscal Marcia Clark y la actriz Sarah Paulson caracterizada para la serie. Foto: Archivo/Netflix

Viendo el episodio, uno no puede dejar de sentir una sensación de empatía y culpa. Sarah Paulson, la actriz que magistralmente interpreta a Clark, se reunió con ella cuando le llegó el papel para transmitirle que la serie iba a presentar un nuevo enfoque sobre su rol en el juicio. Y así es, la serie rehabilita la imagen de la fiscal en clave feminista. Una imagen que se había perpetuado como una mala profesional y cuya vida y vestimenta eran más destacables que su trayectoria. De hecho, “Corte de pelo” sigue siendo una de las primeras opciones que ofrece el autocompletador de Google cuando se teclea su nombre.

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La actriz Sarah Paulson ha recibido un premio Emmy por su papel de Marcia Clark. Foto: Netflix

En este artículo de New York Magazine se reflexiona sobre qué hubiera pasado si el juicio del siglo hubiese tenido lugar en la actualidad. Jeffrey Toobin, que escribió un libro sobre el asunto Lewinsky, ofrece esta teoría: “Los 90 parecen un tiempo lejano, una de las razones es porque el ambiente por aquel entonces era muy diferente al de ahora. No había Internet, ni Fox News, ni MSNBC, ni redes sociales. Así que tenías una especie de enfoque bruto y amplio sin la compensación de voces alternativas en Twitter y Facebook. Así que cuando el National Enquirer decidió burlarse del peinado de Marcia Clark, no había ningún artículo en Slate Magazine o Twitter diciendo ‘paren esta mierda sexista'”.

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La fiscal Marcia Clark recibió un trato sexista por parte de los medios de comunicación, la defensa, el juez y la sociedad americana en general. Foto: Netflix

La proliferación de Internet y las redes sociales multiplican las plataformas donde poder exponer nuestra opinión. Esta democratización del discurso favorece la aparición de voces críticas contra multitud de injusticias. Sin embargo, los insultos no fue lo que más dolió a Clark. Años después del juicio aseguró que lo peor del sexismo que experimentó no eran los comentarios sobre la ropa o el cabello o incluso su maternidad. Era la forma en que el juez Ito le hablaba en la sala de audiencias. “Recuerdo que me interrumpió, me reprendió frente al jurado durante las declaraciones de apertura y nunca interrumpes a un abogado durante las declaraciones de apertura a menos que sea algo realmente atroz”. Clark dijo que estaba “horrorizada por su comportamiento. En todos los niveles”. Seguro que a día de hoy, este juez hubiese sido trending topic por su trato imparcial.

Racismo y violencia policial

La estrategia llevada a cabo por la defensa de O.J. Simpson fue clave para desviar el argumento principal de la acusación. Lo que era un juicio por un crimen brutal de violencia de género acabó convirtiéndose en un caso de racismo, aludiendo a los antecedentes de brutalidad que tenía la policía de Los Ángeles.

El contexto era propicio para ello. El juicio contra Simpson se inicia dos años después de los disturbios de Los Ángeles de 1992, conocidos como la revuelta de Rodney King. Aquel año un jurado popular compuesto casi completamente por blancos absolvió a los cuatro agentes de policía que aparecieron en unas grabaciones tomadas por un videoaficionado mientras propinaban una paliza al taxista negro Rodney King. El veredicto desencadenó un disturbio racial y étnico, en el que durante seis días miles de personas, principalmente jóvenes afroamericanos y latinos, cometieron pillajes, incendios y asesinatos. El saldo fue de 60 muertos.

El ideólogo de revestir el supuesto crimen machista en un caso de racismo policial fue Johnnie Cochran, un reputado abogado experto en derechos civiles y un líder de la comunidad negra. Cochran pintó al millonario Simpson –alguien que tenía más amigos blancos que negros y nunca había manifestado un compromiso en firme por alguna causa afroamericana- como un negro víctima del sistema.

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El ideólogo de revestir el supuesto crimen machista en un caso de racismo policial fue Johnnie Cochran, interpretado en la serie por el actor Courtney B. Vance. Foto: Netflix

Otro giro clave del caso se produce cuando el llamado ‘Dream Team’ de abogados de la defensa encuentran las llamadas ‘Furhman tapes’, las cintas en las que una guionista entrevista al agente Mark Fuhrman, el detective que detuvo a Simpson. En las grabaciones se escucha a Fuhrman decir hasta en 41 ocasiones la palabra ‘nigger’ (palabra despectiva que significa negrata), llega a asegurar que en alguna ocasión ha manipulado pruebas para incriminar a afroamericanos en delitos y reconoce haber participado en torturas a detenidos negros. Tras la revelación de las grabaciones, el 70% de los estadounidenses afroamericanos creían que Simpson era inocente y un porcentaje similar de blancos lo juzgaba culpable. El debate se había trasladado únicamente al plano racial, quedando relegado a un segundo plano el hecho a juzgar, que era el asesinato de una mujer a manos de su ex marido.

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El equipo de abogados de la defensa era conocido como el ‘Dream Team’. En la serie era interpretado por -de izqda. a dcha-: Nathan Lane, Courtney B. Vance, John Travolta, Cuba Gooding Jr, David Schwimmer. Foto: Netflix

La formación del jurado también estuvo condicionada por la vertiente racial. Para que un posible veredicto de culpabilidad no se convirtiera en otro caso de impunidad policial como ocurrió en el caso de Rodney King, se optó por constituir un jurado mayoritariamente negro (nueve afroamericanos, de los cuales diez eran mujeres y dos hombres, dos blancos y un hispano). Pero la acusación también se decantó por un mayor número de mujeres, al considerar que tratándose de un caso de violencia de género le podría favorecer. Pero la polarización desatada por la cuestión racial, eclipsó por completo el crimen machista. Como quedó patente en el documental O.J.: Made in America, las mujeres negras detestaban especialmente a Marcia Clark. Una de las mujeres del jurado, Carrie Bess, aparece en una entrevista haciendo un gesto de desprecio con el pulgar hacia abajo cuando se le pregunta por Clark. Incluso llega a admitir que dejar libre a Simpson era para ella “la revancha por Rodney King”, un correctivo a la América blanca.

Telebasura

La historia del caso de O. J. Simpson marcó para siempre la televisión tal como la conocemos actualmente. El juicio del siglo se convirtió en un espectáculo televisivo que muchos no dudan en considerarlo el embrión de la telerrealidad. Elementos no le faltaban: un brutal asesinato, un ídolo nacional acusado de un crimen atroz, un equipo de abogados carismáticos y hasta un Kardashian. Sí, uno de los abogados de la defensa de Simpson fue Robert Kardashian, el fallecido patriarca del clan, que como se puede ver en la serie hasta entonces era un completo desconocido.

Uno de los momentos del juicio en la vida real y en la serie. Foto: Reuters / Netflix

Los canales de noticias de la época detectaron el tirón del caso desde el principio. Todo empezó con la persecución protagonizada por O.J. Simpson cuando se enteró que iba a ser detenido por la muerte de su ex mujer. El 17 de junio de 1994 cerca de 95 millones de personas siguieron en directo por televisión la persecución por una autopista interestatal de Los Ángeles de un Ford Bronco. Dentro estaba O.J. Simpson que amenazaba con pegarse un tiro si no le dejaban escapar. La NBC, ABC News y la CNN interrumpieron su emisión habitual para dar la información de última hora y unirse a la retransmisión del intento de captura.

Luego llegó la emisión del juicio. Todas las mañanas durante 134 días los norteamericanos se desayunaban todos los detalles desgranados en las interminables sesiones judiciales. Cadenas de noticias de cable como la CNN cuadruplicaron sus audiencias y los canales en abierto retiraron de sus parrillas matinales las telenovelas para emitir el minuto a minuto del juicio que duró nueve meses. Este cambio de paradigma fue el golpe de efecto que puso la semilla del reality show. La inexistencia de las redes sociales y los medios digitales, convirtieron a la televisión en el medio perfecto para dar carnaza a un público enganchado a una historia truculenta. Para qué ver una telenovela, si la realidad era más enrevesada y dramática que cualquier culebrón.

Las cadenas eran sabedoras del tirón del caso y no dudaron en hacer negocio con él. Muestra de ello es que el día de la emisión del veredicto las cadenas comerciales más importantes del país vendieron los espacios publicitarios un 20% más caros. El órdago suponía un riesgo, pero la jugada les salió redonda: la lectura del veredicto la vieron por televisión más de 150 millones de espectadores.

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La reacción de O.J. Simpson tras escuchar el veredicto del jurado. Foto: AP

Un dato que demuestra la huella que el caso dejó en el imaginario colectivo norteamericano es que se incluye en la lista de los eventos históricos que más han calado en la memoria de los espectadores, junto a los atentados contra las Torres Gemelas y el huracán Katrina -que por cierto es el tema sobre el que versará la segunda temporada de American Crime Story-.

La cobertura del caso de O.J. Simpson se puede considerar el precursor del género inforeality. Un género que los medios españoles han sabido explotar como hemos podido ver con el caso de las niñas de Alcaçer, Marta del Castillo o Diana Quer, por poner tres ejemplos. La mediatización de un hecho dramático por el que millones de españoles se sienten emocionalmente enganchados.

THE PEOPLE v. O.J. SIMPSON: AMERICAN CRIME STORY "From the Ashes of Tragedy" Episode 101 (Airs Tuesday, February 2, 10:00 pm/ep) -- - Pictured: (l-r) David Schwimmer as Robert Kardashian, John Travolta as Robert Shapiro. CR: Ray Mickshaw/FX
Una escena de THE PEOPLE v. O.J. SIMPSON: David Schwimmer como Robert Kardashian, John Travolta como Robert Shapiro. Foto: FX

Tras el análisis habrás podido comprobar que en American Crime Story coexisten multitud de temáticas universales con las que identificarse. Realidades que dibujan una vida distópica que es racista, machista y sensacionalista, pero no es hipotética sino que es real y actual. Hemos podido comprobar que el machismo más ramplón que sufrió en sus carnes la fiscal Marcia Clark sigue igual de vigente comparándolo con los comentarios despectivos y banales que recibió la candidata demócrata Hillary Clinton durante la campaña electoral por parte de algunos medios. Los disturbios de Ferguson (2014), Baltimore (2015) y Dallas (2016) ponen de manifiesto que Estados Unidos aún tiene mucho que mejorar en sus sistemas policiales y judiciales en casos relacionados con la población negra. Y la televisión cada vez hace más honor al apelativo caja tonta. Y para muestra el reallity de las Kardashian, que lejos de criticar a los seguidores de este show televisivo, es un buen ejemplo de cómo la audiencia ansía conocer cada detalle de la vida de las celebridades, y cuanto más sensacionalista mejor.

Como veis, en esta primera temporada de American Crime Story lo de menos es que O.J. Simpson fue finalmente declarado inocente.