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Ángel Jané: "Si vamos a Marte no podemos hacer las cosas como se han hecho en la Tierra"

Raquel Céspedes Guirao

Para leer esta entrevista hay que viajar hasta Marte con la imaginación. Antes de que el hombre conquistara la Luna hace 47 años poner un pie en otro planeta que no fuera la Tierra era una utopía sólo alcanzable por la magia del cine. Pero se logró. El reto ahora es alcanzar otros planetas, como Marte. Ese el objetivo del proyecto privado Mars One, creado por el investigador holandés Bas Lansdorp. Un grupo de 24 personas emprenderá en 2026 un viaje sin retorno al planeta rojo para establecer una colonia humana permanente. Entre los primeros seleccionados se encuentra el español Ángel Jané. Este barcelonés de 40 años especialista en energías renovables cree ciegamente en que la conquista de Marte será posible. Pese a las dudas que ha generado el proyecto, Jané está convencido de que sólo es cuestión de años y de mucha inversión. “Si colonizamos otros planetas debemos tener una filosofía constructiva y en armonía con la vida”, confiesa en su libro Mi casa en Marte. En él Jané cuenta a su hija los motivos que le llevan a emprender esta aventura que supondrá separarse de ella para siempre. Le han tachado de soñador, inconsciente e incluso de mal padre, pero la serenidad y entereza de sus palabras desdibujan ese perfil de locura. Su principal motivación para este viaje sin retorno es poder formar parte de lo que él llama “una segunda oportunidad”. La posibilidad de empezar de cero en un nuevo planeta con la ventaja de no cometer los errores que se han cometido en la Tierra. “Quiero pensar que actualmente estamos viviendo una época de revolución y de conciencia que puede verse reflejada en Marte, por lo menos eso espero, porque si vamos a ir para hacer las cosas como se han hecho hasta ahora mejor lo dejamos tranquilo”. Su imaginación y valentía las empezó a desarrollar desde muy pequeño, cuando su madre le encerraba durante horas, e incluso días, en su cuarto. Vivió de pequeño en centros de acogida, donde ya conquistaba pequeños mundos. Y ahora ha decidido que quiere morir en Marte.

¿Por qué has decidido embarcarte en esta aventura?

Desde pequeño siempre he sido una amante de la ciencia, la astronomía y los viajes espaciales, y cuando salió la noticia de este proyecto, que estaba avalado por científicos y premios Nobel, no dudé en apuntarme. Como mínimo si llegaba a buen puerto no quería arrepentirme de no haberlo hecho.

Actualmente te encuentras entre el grupo de 100 candidatos seleccionados para la misión. ¿Cómo te estás preparando para las pruebas finales?

Para las pruebas finales nos avisaran con medio año de antelación. Pero ya nos han dado mucho material de estudio para demostrar nuestra voluntad e implicación con el proyecto. Estoy mejorando el inglés, ya que toda la comunicación será en ese idioma. Ahora lo más importante es el trabajo en equipo. De los 100 candidatos que quedamos han hecho 10 grupos de 10 miembros cada uno (cinco mujeres y cinco hombres) y tendremos que competir entre nosotros. Será una sorpresa, porque conocemos a los compañeros por redes sociales y nos seguimos, pero hasta ahora no hemos tenido contacto ni hemos trabajado juntos. No sabemos aún las pruebas que nos van a hacer, sólo que tendremos que competir con otros equipos.

Ahora estoy compaginando la formación buscando trabajo de mi sector. Además estoy escribiendo mi segundo libro y una novela, y sigo con mi canal de youtube, en el que hago entrevistas y vídeos a personajes interesantes. No paro quieto.

La misión es sin billete de vuelta. Muchos la califican de locura y casi de un acto suicida. ¿Qué dirías aquellos que tienen esta a visión a priori simplista?

Les diría que se leyeran mi libro (ríe). Es verdad que la misión tiene el parámetro curioso de no volver, pero es por una cuestión puramente económica, ya que llevar combustible para luego volver encarece mucho los presupuestos. Pero el tema de no volver es una reflexión que tiene que hacer cada uno consigo mismo. En principio si el proyecto sigue hacia adelante nos han dejado bien claro que no descartan en un futuro crear combustible en Marte para luego volver a la Tierra.

Cada uno tiene que decidir donde quiere morir. Yo voy a Marte a vivir una experiencia, morir vamos a morir todos, entonces es cambiar unas cosas por otras, con la diferencia de que yo decido donde morir. Es una decisión que todo el mundo debería hacer algún día, pensarse dónde va a morir y cómo va a morir. En la vida estamos para aprender y explorar, y tenemos que vivirla cada día con muchísima intensidad.

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El proyecto privado Mars One pretende enviar a Marte a un grupo de 24 personas para establecer una colonia humana permanente. (Foto: Mars One)

El reto implica una enorme carga ética y mucha responsabilidad. Desde que iniciaste el proceso de selección, ¿ha habido algún momento en el que te hayas arrepentido o hayas querido abandonar?

No, para nada. Cada vez estoy más entusiasmado y es una oportunidad para conocer a muchísimas personas interesantes. Me ha ayudado a exponer mis ideas, a dar conferencias. Ojalá el proyecto siga hacia adelante y se cumplan todos los términos.

El viaje y estancia en Marte implicará una enorme carga psicológica. ¿Cómo te estás preparando para aguantarla?

Practico meditación y yoga con frecuencia. Me ayuda a conocerme a mí mismo y a mantenerme tranquilo. Con las capacidades que yo tengo puedo dar el perfil como un buen candidato.

En tu libro nos abres tu corazón y cuentas tu dura infancia y tu espíritu aventurero desde una edad muy temprana. ¿Crees que si no hubieses vivido esa vida ahora no estarías planteándote este gran reto?

Yo creo que sí, creo que las personas son un 50% genética y otro 50% las vivencias que has tenido. Independientemente de las vivencias que he tenido, mi carácter explorador y aventurero siempre lo he tenido, de hecho si no lo tuviera mi infancia, que la vivía como una aventura diaria, la hubiera vivido de otra manera. Mi vida está narrada en el libro sin pretender dar pena, sino como una verdadera aventura en la que cada día era algo emocionante.

Realmente, ¿cuáles son las probabilidades de establecerse en Marte?

Con la tecnología actual es simplemente una cuestión de fondos. Lo único que tenemos que resolver son los dilemas éticos, morales y políticos, porque en el sector del espacio hay que actualizar algunas leyes. Pero es una cuestión puramente de invertir fondos, energía y dinero, por lo demás la tecnología hace muchos años que ya existe. Desde los años 70, se están enviando sondas, robots y satélites a Marte, entonces lo único que hay que hacer es que en lugar de llevar más robots se tienen que enviar humanos y empezar a construir todo el asentamiento.

En tu libro adviertes del daño que el ser humano ha ocasionado a la Tierra. ¿No crees que si el hombre conquista nuevos planetas acabará siendo igual de destructivo?

Ese es el quid de la cuestión. Es según cómo lo enfoquemos, la colonización de Marte se puede convertir en una explotación minera, en una guía de viajes turísticos o realmente en el principio de una nueva sociedad empezando desde cero. Las posibilidades son muchas y las oportunidades también, todo dependerá de cómo enfoquemos el comenzar del ser humano de vivir en dos planetas a la vez y de la filosofía con la que se haga esta gran aventura, que se va a hacer seguro porque NASA y Space X establecen 2030 como fecha aproximada para que el ser humano se establezca en Marte segurísimo.

El grupo de 24 personas seleccionadas viajarán en 2026. (Foto: Mars One)
El grupo de 24 personas seleccionadas viajarán en 2026. (Foto: Mars One)

Hablas siempre de que la conquista de Marte supondrá “empezar de cero”, una oportunidad para no cometer los errores que se han cometido en la Tierra. Sin embargo, si de algo se caracteriza el hombre es de tropezar dos -tres y hasta cuatro- veces sobre la misma piedra. ¿Qué hará posible que eso no ocurra, los humanos que forman parte de este proyecto, o la incapacidad de Marte como planeta para que esos errores se repitan?

Creo que la sociedad en la que estamos viviendo es una sociedad impuesta, en la que los humanos no nos sentimos cómodos desde un punto de vista ético, moral y personal. No nacemos para pagar a unos bancos, para sobrevivir. Si los que organizan el viaje a Marte tienen una filosofía más altruista y más espiritual seguramente las cosas se harán bien. Quiero pensar que actualmente estamos viviendo una época de revolución y de conciencia que puede verse reflejada en Marte, por lo menos eso espero, porque si vamos a ir para hacer las cosas como se han hecho hasta ahora mejor lo dejamos tranquilo.

El libro es una carta abierta en la que cuentas a tu hija, de 7 años, los motivos que te han llevado a tomar esta decisión y cuentas con todo lujo de detalles los peligros a los que te enfrentarás, incluyendo la muerte. ¿Qué le has contado hasta ahora a tu hija?

Cuando empecé en el proyecto hace cuatro años mi hija era muy pequeña y no tenía mucha conciencia de todo esto. Ahora sí, incluso es una gran aficionada al espacio, y para ella es algo natural, al igual que alguien trabaja en un banco o de astronauta. Es un riesgo lo de no volver, pero yo le digo que aún queda mucho y que lo importante es vivir la vida y disfrutar.

Si llega el día en el que finalmente seas seleccionado y te vayas para no volver. ¿Has pensado cuáles serán las últimas palabras que le dirás?

Seguramente le llevaré a algún sitio bonito, a una montaña a ver una bonita noche estrellada. Hacerle saber que la quiero mucho y que la distancia no importa. Que lo importante es que se ha convertido en una mujer y que ahora caminará ella sola. Quién sabe si de aquí a 20 o 30 años existirán viajes turísticos a Marte y nos podremos ver cada día.

Aseguras que la mayor baza como especie no es la tecnología, sino el amor. ¿Es eso lo que precisamente te da fuerzas y espíritu para asumir este reto tan difícil?

Sí, evidentemente. Vemos como la falta de amor nos está llevando por derroteros que no nos gustan. El amor es lo único que va a salvar a nuestra raza, nos diferenciamos de otras especies precisamente por la capacidad de amar. Estando aquí o estando en Marte, el amor trasciende las distancias y el tiempo, puedes amar de aquí a 20 años como amar de aquí a 20 millones de kilómetros, pero el amor es el mismo.

El amor es lo único que nos va a salvar de la autodestrucción. Ahora mismo estamos en la cuerda floja, ahora estamos en el traspaso entre la fase 0 y la 1, porque corremos el peligro de extinguirnos o de avanzar espiritualmente. La diferencia entre una fase y otra es el amor.

Ángel Jané: "Con la tecnología actual viajar a Marte  es simplemente una cuestión de fondos". (Foto: Mars One)
Ángel Jané: “Con la tecnología actual viajar a Marte es simplemente una cuestión de fondos”. (Foto: Mars One)

En numerosas ocasiones has asegurado que esta misión no te da miedo. Pero siendo tan consciente de los peligros que puede conllevar el viaje y el proyecto, no te has planteado que esos miedos puedan surgirte allí.

No, creo que el miedo es algo fruto del desconocimiento. Lo importante es tener la información, si es así sabes cómo prepararte. De lo que tengo miedo es de llegar a mayor y arrepentirme de las cosas que no he hecho y si se sale mal por algo que yo no pueda hacer, a eso siempre estamos expuestos. Es más peligroso subirse a un coche cada día que montar en un cohete y no lo pensamos. El conocimiento evita bastante el miedo, aunque no deja de existir.

Si tuvieras que elegir un elemento u objeto personal que pudieras llevarte a Marte, ¿cuál sería?

Me gustaría llevarme uno que me recuerde de donde soy y otro de donde vengo. Me gusta mucho la montaña y la playa, por lo que me llevaría una piña y una concha de mar. Y sobre todo una foto de mi hija.

Una vez conquistemos Marte, ¿qué será lo siguiente?

Lo siguiente será los demás cuerpos del sistema solar. Estoy deseando que lleguemos a la luna ‘Europa’, porque se sabe que dentro es todo un océano salado y es muy posible que haya vida hace millones de años. Y después del Sistema Solar, tendremos las capacidades para empezar a viajar a otras estrellas y dejar de ser una especie multiplanetaria para convertirnos en una especie estelar y empezar a extraer energía de todo el sistema solar y dejar a la Tierra descansar. Nuestro destino tiene que ser viajar por el cosmos, pero que nuestro regreso a casa sea a una Tierra cuidada, sin energías fósiles. Ese tendría que ser nuestro futuro si hacemos las cosas bien.

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Las elecciones de Alemania, en directo

Redacción TO

Foto: MICHAELA REHLE
Reuters

Alemania celebra hoy sus elecciones federales, en las que más de 61,5 millones de alemanes están llamados a votar para elegir canciller. Los colegios permanecerán abiertos entre las ocho de la mañana y las seis de la tarde y los resultados se conocerán poco después.

Las encuestas están de lado de la actual jefa del Ejecutivo, Angela Merkel, cuyo partido (CDU) podría obtener entre el 34 y el 36% de los votos, muy por delante del partido socialdemócrata (SPD), que lograría entre el 21 y el 22%. En tercer lugar estaría la derecha nacionalista, AfD, que se haría con entre el 11% y el 13% de los apoyos pero el último puesto del podio también podría ir para la izquierda radical (Die Linke) con entre 9,5 y 11% de las preferencias.

Las elecciones de Alemania, en directo

09:15. El presidente alemán llama a hacer uso del derecho a voto. Frank Walter Steinmeier ha llamado a sus conciudadanos a hacer uso del derecho de voto y ha advertido que quien no vota permite que otros decidan sobre el futuro del país. Según Steinmeier, nunca antes se había sentido tan claramente que unas elecciones tienen que ver “con el futuro de Europa y el futuro de la democracia”, probablemente en alusión al inminente acceso al Parlamento de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD).

08:00. Abren los colegios electorales en Alemania, que celebra este domingo unas elecciones federales en las que se esperan pocas sorpresas. 61,5 millones de alemanes decidirán la composición del nuevo Bundestag, y muy presumiblemente Angela Merkel será reelegida canciller, aunque en qué condiciones está todavía por determinar.

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Alguien vota en Berlín, la capital alemana. | Foto: Fabrizio Bensch / Reuters

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Ni agua

Ferrán Caballero

Foto: ALBERT GEA
Reuters

Pues claro que no hay que darles nada a los independentistas. Porque ni al independentista ni a nadie le contenta que le den lo que considera suyo. Y por eso todo lo que pretende ser una concesión se recibe como humillación. Por eso no se les puede contentar con una reforma Constitucional, ni con más competencias ni con un blindaje de cultura y educación ni con una mejora del sistema de financiación autonómica. Nada de eso es suficiente para los independentistas. Y uno de los grandes logros y de las grandes desgracias de este proceso es que esto ya es evidente para todo el mundo. Excepto para De Guindos, que ayer mismo se ofrecía a “hablar del sistema de financiación y otros asuntos si los planes para la independencia se retiran”.

Pero los planes para la independencia no se retiran. Y no se retiran porque los independentistas, como decía García Domínguez, “no se están jugando 15 años de cárcel para conseguir un apañito de la financiación autonómica”. Cree De Guindos y supongo que algunos con él que es posible volver al 2012. Como si nada hubiese pasado. Pero aunque fuese posible volver atrás, ya en el 2012 este apañito era insuficiente. Porque lo que pedía el Presidente Artur Mas no era el dinerito sino “las llaves de la caja”. Lo que pedía Artur Mas no era un nuevo pacto o una nueva cesión, provisional y condicionada por definición, del Estado. Lo que pedía Mas era soberanía fiscal. Y como hemos ido aprendiendo desde entonces, aunque lenta y dolorosamente, la soberanía ni se pide ni se discute sino que se ejerce. 

El problema no es qué puede darse a los independentistas para que retiren sus planes. No es a los dirigentes independentistas, a quienes hay que convencer, sino a la mayoría de los votantes catalanes. Y aquí el auténtico problema está en lo que escribía Cristina Losada: “la solución política es hacer, por una vez, lo que no se ha hecho nunca. Dejar meridianamente claro, desde ya, que no habrá trato de favor y no se dará nada, pero nada, que no corresponda. Como al niño mimado. Llega un día en que hay que decirle que no, que se ponga como se ponga se le va a tratar igual que a sus hermanos.” Pero el votante independentista no es un niño que llora porque se le diga que no, sino alguien que ha dejado de esperar permiso. Y el problema no es que se mime o se castigue a las instituciones catalanas, sino que se las trate como a niño. Dudo mucho que de este proceso se salga con nada parecido a una “solución política”, pero me parece evidente que esta no podría ser, de ningún modo, la perpetuación del paternalismo de Estado.

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Cuando fui un trozo de carne en un Congreso de columnismo

Lorena G. Maldonado

Foto: Lorena G. Maldonado

Estos días se ha formado el zafarrancho en redes con el cartelito del II Congreso ‘Capital del columnismo’ porque, qué extraño, quién iba a augurarlo, pero aquello es una siembra de bálanos. Precaución a los viandantes: lo mismo te das un paseo por León entre el 18 y el 20 de octubre y te acaba golpeando el cráneo un testiculario intelectual: nadie está a salvo de este granizo nuestro, de este cielo tapizado de escroto, de esta nube negra que derrama Axe. 

Me han venido a la cabeza tiernos recuerdos, claro, porque una es una sentimental -¿no ven que soy mujer?-. La primera vez que oí hablar de este congreso -al que, por cierto, asisten firmas que aprecio y de nada tienen la culpa- fue el año pasado, allá por abril, cuando un compañero me pasó una columna que había publicado en El Mundo Ricardo F. Colmenero, en la que relataba con sorna cómo sus compadres y él habían aprovechado la excursión columnística para sacudirse de una vez por todas “el malditismo”. En ese texto aparecía mi nombre. Cito: “Uno de ellos [alumnos de primero de carrera] soltó la frase más canalla de las jornadas, cuando confesó que tanto él como cuatro colegas se habían matriculado en periodismo solo por lo buena que estaba Lorena G. Maldonado. Traté de unirme a las nuevas generaciones confesando que me había enamorado de los pechos de una oyente, pero me escuchaban con tristeza (…)”. 

Me quedé atónita, acojonada por ese exceso de confianza que no era más que una bravuconada. Pensé: coño, una toda la vida estudiando, escuchando con atención al que sabe, leyendo por las noches, escribiendo mucho y borrando más, siendo mi más implacable hater –en definitiva, peleando por la voz propia, que mira que cuesta parirla- para acabar en la columna de este majadero siendo tratada como anzuelito físico para que cuatro chavales se apliquen en el oficio. Cuatro niñatos que no tienen, ni por asomo, la responsabilidad del columnista que recoge la anécdota y que además les ríe las gracias con otro comentario maloliente -el de las mamas de la chica del público-, todo envuelto en ese aura de premeditado patetismo que buscaba Colmenero. Otra cosa no, pero ahí, bravo. Bien conseguido.

Hubiese sido elegante citar a una compañera de profesión -no sé, se me ocurre- para referirse a un texto suyo, qué más da si en tono de crítica o alabanza. Este columnista sólo tiene derecho a juzgar algo de mí, algo completamente expuesto, que es mi trabajo o, si quiere, mis opiniones. Lo demás es machismo. También dudé mucho sobre si se hubiese referido en esos términos a una compañera consolidada, madura, que llevase toda la vida escribiendo en prensa y tuviese ya edificada una firma. Supongo que no, porque el machismo es cuestión de poder y baraja también con quién medirse en público. Entiendo que es más fácil mofarse de una don nadie como yo, que entonces llevaba tres meses en El Español: ésta es la lógica de la cobardía.

Fue gracioso, porque el tipo -Colmenero- puso un tuit en el que citó a todas las personas mencionadas en el artículo excepto a mí, terminando de demostrar cuán pesados carga los dídimos, dando por redondeado el desbarre. Yo sentí una mezcla de rabia y de vergüenza, pero esta última me la arranqué rápido -ya sólo faltaba- y al final se me quedó no más que un hilillo de mala baba en la memoria. La impotencia que experimenté me la voy curando, porque gracias a la generosidad de este medio desde hace meses tengo un espacio libre donde sacudirme justicias poéticas. En general, me he puesto las pilas. Ya no paso ni una.

Si yo quisiera que se me mentase por algo relacionado con la carne, me habría dedicado a otra cosa -es probable que con poco éxito, porque ahí están la báscula y el espejo-, pero si mi faena es escribir, y tengo la fortuna de dedicarme a ello, es en esencia para desaparecer corporalmente del texto y que salga a flote sólo la idea y la mirada, que, oigan, tienen algo que ver con el género pero también lo trascienden.

Lo dice la magnífica Siri Hudsvet en La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres: “¿Quién tiene sexo, el escritor o la obra? ¿Pueden ser contrarios? Si el narrador de la letra impresa es un hombre, ¿eso convierte al libro en masculino?”. Hudsvet -a la que muchos tristemente conocen sólo por ser la esposa de Paul Auster, buena prueba de cómo está el percal- explica que es estúpido pensarnos monolíticos cuando escribimos y cuando leemos, porque una mujer como ella bien puede aguardar hombres dentro, personajes masculinos queriendo hablar. “Esto es posible porque no somos ratas, sino seres imaginativos capaces de salir de nosotros mismos y, durante un rato al menos, convertirnos en otra persona, joven o vieja, cuerda o loca, mujer u hombre”.

La universalidad. Qué deseo. A eso hay que aspirar, y no a convertirnos -las mujeres- en una sección de “literatura femenina” en las librerías ni en una puta revista dominical sobre cocina, hijos y belleza. Hay que guerrear por la universalidad. La vida es una y a todos nos incumbe por igual. Los estilos son libres, o eso pretendo, ahora que las niñas ya no tenemos que ponernos corsé ni dejar las subordinadas para los machos. También Virginia Woolf se despedía así en su ensayo Una habitación propia, buscando la androginia al redactar, la indistinción del género. Como ese Shakespeare que escribía más allá del sexo, rayano en lo absoluto. Sólo como ser humano. Pero bueno, ¿qué más hay?

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Algunos héroes tienen cuatro patas: Frida, la perra que ha rescatado a más de 50 personas

Redacción TO

Foto: Armada Mexicana
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México trata de sobreponerse a la destrucción de un sismo de 7,1 grados que ha dejado al menos 280 muertos, entre ellos, más de 30 niños en una escuela en la capital y otros cuatro estados del país. Entre las ruinas, han resaltado los gestos de los rescatistas, profesionales y civiles, que se han dejado la piel por seguir encontrando a personas con vida. A todos se les ha agradecido la valentía. Pero una de ellos ha acaparado la atención de todo el mundo. Su nombre es Frida, tiene cuatro patas y siete años. Esta perra labrador de la Marina mexicana ha rescatado con vida a más de 50 personas en los últimos desastres naturales en los que ha participado en México, Ecuador y Guatemala.

No es la única: alrededor de una veintena de perros han acompañado a las fuerzas de rescate en los últimos sismos que han sacudido a México en el último mes. Pero Frida ha conquistado las redes desde que la Armada Mexicana difundiera fotos de ella equipada con cuatro botitas y unas gafas para poder moverse por los escombros y que el humo y los objetos afilados no la dañen.

Desde cachorra, Frida fue entrenada por la Armada de México para rescatar a personas que son víctimas de desastres naturales. La labrador rubia ha ayudado a rescatar 12 personas en Juchitán, el municipio más afectado por el terremoto de magnitud 8,2 del pasado 7 de septiembre, según ha informado la Marina a Verne. Ahora está trabajando en la zona de la escuela Enrique Rébsamen, donde el derrumbe del edificio ha ocasionado la muerte de 19 niños y donde se siguen buscando supervivientes.

En un paseo de la armada mexicana, Frida iba situada en uno de los camiones y fue recibida con vítores entre los asistentes:

Varios ilustradores también han querido brindarle su particular homenaje dibujado a estos héroes de cuatro patas:

Aunque Frida ha sido sin duda la más famosa de los perros de rescate de esta semana, los medios locales no olvidan tampoco a Eco, Titán y Vil:

La razón por la que se utilizan estos animales en las misiones de rescate, así como en la detección de explosivos o de drogas, es por su agudo sentido del olfato.

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