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Ángel Jané: "Si vamos a Marte no podemos hacer las cosas como se han hecho en la Tierra"

Raquel Céspedes Guirao

Para leer esta entrevista hay que viajar hasta Marte con la imaginación. Antes de que el hombre conquistara la Luna hace 47 años poner un pie en otro planeta que no fuera la Tierra era una utopía sólo alcanzable por la magia del cine. Pero se logró. El reto ahora es alcanzar otros planetas, como Marte. Ese el objetivo del proyecto privado Mars One, creado por el investigador holandés Bas Lansdorp. Un grupo de 24 personas emprenderá en 2026 un viaje sin retorno al planeta rojo para establecer una colonia humana permanente. Entre los primeros seleccionados se encuentra el español Ángel Jané. Este barcelonés de 40 años especialista en energías renovables cree ciegamente en que la conquista de Marte será posible. Pese a las dudas que ha generado el proyecto, Jané está convencido de que sólo es cuestión de años y de mucha inversión. “Si colonizamos otros planetas debemos tener una filosofía constructiva y en armonía con la vida”, confiesa en su libro Mi casa en Marte. En él Jané cuenta a su hija los motivos que le llevan a emprender esta aventura que supondrá separarse de ella para siempre. Le han tachado de soñador, inconsciente e incluso de mal padre, pero la serenidad y entereza de sus palabras desdibujan ese perfil de locura. Su principal motivación para este viaje sin retorno es poder formar parte de lo que él llama “una segunda oportunidad”. La posibilidad de empezar de cero en un nuevo planeta con la ventaja de no cometer los errores que se han cometido en la Tierra. “Quiero pensar que actualmente estamos viviendo una época de revolución y de conciencia que puede verse reflejada en Marte, por lo menos eso espero, porque si vamos a ir para hacer las cosas como se han hecho hasta ahora mejor lo dejamos tranquilo”. Su imaginación y valentía las empezó a desarrollar desde muy pequeño, cuando su madre le encerraba durante horas, e incluso días, en su cuarto. Vivió de pequeño en centros de acogida, donde ya conquistaba pequeños mundos. Y ahora ha decidido que quiere morir en Marte.

¿Por qué has decidido embarcarte en esta aventura?

Desde pequeño siempre he sido una amante de la ciencia, la astronomía y los viajes espaciales, y cuando salió la noticia de este proyecto, que estaba avalado por científicos y premios Nobel, no dudé en apuntarme. Como mínimo si llegaba a buen puerto no quería arrepentirme de no haberlo hecho.

Actualmente te encuentras entre el grupo de 100 candidatos seleccionados para la misión. ¿Cómo te estás preparando para las pruebas finales?

Para las pruebas finales nos avisaran con medio año de antelación. Pero ya nos han dado mucho material de estudio para demostrar nuestra voluntad e implicación con el proyecto. Estoy mejorando el inglés, ya que toda la comunicación será en ese idioma. Ahora lo más importante es el trabajo en equipo. De los 100 candidatos que quedamos han hecho 10 grupos de 10 miembros cada uno (cinco mujeres y cinco hombres) y tendremos que competir entre nosotros. Será una sorpresa, porque conocemos a los compañeros por redes sociales y nos seguimos, pero hasta ahora no hemos tenido contacto ni hemos trabajado juntos. No sabemos aún las pruebas que nos van a hacer, sólo que tendremos que competir con otros equipos.

Ahora estoy compaginando la formación buscando trabajo de mi sector. Además estoy escribiendo mi segundo libro y una novela, y sigo con mi canal de youtube, en el que hago entrevistas y vídeos a personajes interesantes. No paro quieto.

La misión es sin billete de vuelta. Muchos la califican de locura y casi de un acto suicida. ¿Qué dirías aquellos que tienen esta a visión a priori simplista?

Les diría que se leyeran mi libro (ríe). Es verdad que la misión tiene el parámetro curioso de no volver, pero es por una cuestión puramente económica, ya que llevar combustible para luego volver encarece mucho los presupuestos. Pero el tema de no volver es una reflexión que tiene que hacer cada uno consigo mismo. En principio si el proyecto sigue hacia adelante nos han dejado bien claro que no descartan en un futuro crear combustible en Marte para luego volver a la Tierra.

Cada uno tiene que decidir donde quiere morir. Yo voy a Marte a vivir una experiencia, morir vamos a morir todos, entonces es cambiar unas cosas por otras, con la diferencia de que yo decido donde morir. Es una decisión que todo el mundo debería hacer algún día, pensarse dónde va a morir y cómo va a morir. En la vida estamos para aprender y explorar, y tenemos que vivirla cada día con muchísima intensidad.

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El proyecto privado Mars One pretende enviar a Marte a un grupo de 24 personas para establecer una colonia humana permanente. (Foto: Mars One)

El reto implica una enorme carga ética y mucha responsabilidad. Desde que iniciaste el proceso de selección, ¿ha habido algún momento en el que te hayas arrepentido o hayas querido abandonar?

No, para nada. Cada vez estoy más entusiasmado y es una oportunidad para conocer a muchísimas personas interesantes. Me ha ayudado a exponer mis ideas, a dar conferencias. Ojalá el proyecto siga hacia adelante y se cumplan todos los términos.

El viaje y estancia en Marte implicará una enorme carga psicológica. ¿Cómo te estás preparando para aguantarla?

Practico meditación y yoga con frecuencia. Me ayuda a conocerme a mí mismo y a mantenerme tranquilo. Con las capacidades que yo tengo puedo dar el perfil como un buen candidato.

En tu libro nos abres tu corazón y cuentas tu dura infancia y tu espíritu aventurero desde una edad muy temprana. ¿Crees que si no hubieses vivido esa vida ahora no estarías planteándote este gran reto?

Yo creo que sí, creo que las personas son un 50% genética y otro 50% las vivencias que has tenido. Independientemente de las vivencias que he tenido, mi carácter explorador y aventurero siempre lo he tenido, de hecho si no lo tuviera mi infancia, que la vivía como una aventura diaria, la hubiera vivido de otra manera. Mi vida está narrada en el libro sin pretender dar pena, sino como una verdadera aventura en la que cada día era algo emocionante.

Realmente, ¿cuáles son las probabilidades de establecerse en Marte?

Con la tecnología actual es simplemente una cuestión de fondos. Lo único que tenemos que resolver son los dilemas éticos, morales y políticos, porque en el sector del espacio hay que actualizar algunas leyes. Pero es una cuestión puramente de invertir fondos, energía y dinero, por lo demás la tecnología hace muchos años que ya existe. Desde los años 70, se están enviando sondas, robots y satélites a Marte, entonces lo único que hay que hacer es que en lugar de llevar más robots se tienen que enviar humanos y empezar a construir todo el asentamiento.

En tu libro adviertes del daño que el ser humano ha ocasionado a la Tierra. ¿No crees que si el hombre conquista nuevos planetas acabará siendo igual de destructivo?

Ese es el quid de la cuestión. Es según cómo lo enfoquemos, la colonización de Marte se puede convertir en una explotación minera, en una guía de viajes turísticos o realmente en el principio de una nueva sociedad empezando desde cero. Las posibilidades son muchas y las oportunidades también, todo dependerá de cómo enfoquemos el comenzar del ser humano de vivir en dos planetas a la vez y de la filosofía con la que se haga esta gran aventura, que se va a hacer seguro porque NASA y Space X establecen 2030 como fecha aproximada para que el ser humano se establezca en Marte segurísimo.

El grupo de 24 personas seleccionadas viajarán en 2026. (Foto: Mars One)
El grupo de 24 personas seleccionadas viajarán en 2026. (Foto: Mars One)

Hablas siempre de que la conquista de Marte supondrá “empezar de cero”, una oportunidad para no cometer los errores que se han cometido en la Tierra. Sin embargo, si de algo se caracteriza el hombre es de tropezar dos -tres y hasta cuatro- veces sobre la misma piedra. ¿Qué hará posible que eso no ocurra, los humanos que forman parte de este proyecto, o la incapacidad de Marte como planeta para que esos errores se repitan?

Creo que la sociedad en la que estamos viviendo es una sociedad impuesta, en la que los humanos no nos sentimos cómodos desde un punto de vista ético, moral y personal. No nacemos para pagar a unos bancos, para sobrevivir. Si los que organizan el viaje a Marte tienen una filosofía más altruista y más espiritual seguramente las cosas se harán bien. Quiero pensar que actualmente estamos viviendo una época de revolución y de conciencia que puede verse reflejada en Marte, por lo menos eso espero, porque si vamos a ir para hacer las cosas como se han hecho hasta ahora mejor lo dejamos tranquilo.

El libro es una carta abierta en la que cuentas a tu hija, de 7 años, los motivos que te han llevado a tomar esta decisión y cuentas con todo lujo de detalles los peligros a los que te enfrentarás, incluyendo la muerte. ¿Qué le has contado hasta ahora a tu hija?

Cuando empecé en el proyecto hace cuatro años mi hija era muy pequeña y no tenía mucha conciencia de todo esto. Ahora sí, incluso es una gran aficionada al espacio, y para ella es algo natural, al igual que alguien trabaja en un banco o de astronauta. Es un riesgo lo de no volver, pero yo le digo que aún queda mucho y que lo importante es vivir la vida y disfrutar.

Si llega el día en el que finalmente seas seleccionado y te vayas para no volver. ¿Has pensado cuáles serán las últimas palabras que le dirás?

Seguramente le llevaré a algún sitio bonito, a una montaña a ver una bonita noche estrellada. Hacerle saber que la quiero mucho y que la distancia no importa. Que lo importante es que se ha convertido en una mujer y que ahora caminará ella sola. Quién sabe si de aquí a 20 o 30 años existirán viajes turísticos a Marte y nos podremos ver cada día.

Aseguras que la mayor baza como especie no es la tecnología, sino el amor. ¿Es eso lo que precisamente te da fuerzas y espíritu para asumir este reto tan difícil?

Sí, evidentemente. Vemos como la falta de amor nos está llevando por derroteros que no nos gustan. El amor es lo único que va a salvar a nuestra raza, nos diferenciamos de otras especies precisamente por la capacidad de amar. Estando aquí o estando en Marte, el amor trasciende las distancias y el tiempo, puedes amar de aquí a 20 años como amar de aquí a 20 millones de kilómetros, pero el amor es el mismo.

El amor es lo único que nos va a salvar de la autodestrucción. Ahora mismo estamos en la cuerda floja, ahora estamos en el traspaso entre la fase 0 y la 1, porque corremos el peligro de extinguirnos o de avanzar espiritualmente. La diferencia entre una fase y otra es el amor.

Ángel Jané: "Con la tecnología actual viajar a Marte  es simplemente una cuestión de fondos". (Foto: Mars One)
Ángel Jané: “Con la tecnología actual viajar a Marte es simplemente una cuestión de fondos”. (Foto: Mars One)

En numerosas ocasiones has asegurado que esta misión no te da miedo. Pero siendo tan consciente de los peligros que puede conllevar el viaje y el proyecto, no te has planteado que esos miedos puedan surgirte allí.

No, creo que el miedo es algo fruto del desconocimiento. Lo importante es tener la información, si es así sabes cómo prepararte. De lo que tengo miedo es de llegar a mayor y arrepentirme de las cosas que no he hecho y si se sale mal por algo que yo no pueda hacer, a eso siempre estamos expuestos. Es más peligroso subirse a un coche cada día que montar en un cohete y no lo pensamos. El conocimiento evita bastante el miedo, aunque no deja de existir.

Si tuvieras que elegir un elemento u objeto personal que pudieras llevarte a Marte, ¿cuál sería?

Me gustaría llevarme uno que me recuerde de donde soy y otro de donde vengo. Me gusta mucho la montaña y la playa, por lo que me llevaría una piña y una concha de mar. Y sobre todo una foto de mi hija.

Una vez conquistemos Marte, ¿qué será lo siguiente?

Lo siguiente será los demás cuerpos del sistema solar. Estoy deseando que lleguemos a la luna ‘Europa’, porque se sabe que dentro es todo un océano salado y es muy posible que haya vida hace millones de años. Y después del Sistema Solar, tendremos las capacidades para empezar a viajar a otras estrellas y dejar de ser una especie multiplanetaria para convertirnos en una especie estelar y empezar a extraer energía de todo el sistema solar y dejar a la Tierra descansar. Nuestro destino tiene que ser viajar por el cosmos, pero que nuestro regreso a casa sea a una Tierra cuidada, sin energías fósiles. Ese tendría que ser nuestro futuro si hacemos las cosas bien.

Lo que Trump (y algún otro) aprendió de Nixon

Antonio García Maldonado

El presidente Trump es pionero en Estados Unidos en la impudicia con la que exhibe su ignorancia y sus “ideas” retrógradas. A su lado, los villanos políticos que hemos tenido los progresistas hasta hace pocos años –Reagan, Thatcher, Bush hijo– parecen émulos de Olof Palme o Willy Brandt. Trump ha conseguido que los que creemos que el Estado tiene un papel esencial recordemos con melancolía a quien dijo aquello de que “el Gobierno es el problema, no la solución”. Sin embargo, el asunto de la Russian-Connection no muestra una práctica nueva, aunque se trate mediáticamente como tal en muchos casos.

Escandalizarse por las estrategias diplomáticas –más o menos explícitas– con la que todos los países intentan influir en otros de acuerdo a sus intereses estratégicos es más una muestra de ignorancia histórica que de sagacidad analítica. Putin tiene sus hackers y falsos diplomáticos como Kissinger tuvo a los suyos azuzando a lo más retrógrado del estamento militar de América Latina en la década de 1970. El Plan Cóndor no influyó sobre el resultado de unas elecciones; directamente acabó con ellas e instauró dictaduras represivas durante algunos lustros.

Pero no sólo no es nueva desde Estados Unidos; tampoco lo es en Estados Unidos. Trump parece aquí un alumno aventajado de uno de los políticos más turbios de la historia reciente, Richard Nixon. El candidato republicano, que en 1968 aspiraba a suceder a Lyndon Johnson (que no se presentaba a la reelección) tuvo noticia de que el Gobierno ultimaba un acuerdo de paz con Vietnam del Norte. Dirty Dick y sus asesores pensaron que aquello podría acabar con su campaña y enviaron emisarios a Vietnam para convencer a los dirigentes del país con el que estaban en guerra para que no firmaran aquel pacto. Que él les daría más una vez llegara a la Casa Blanca. Los vietnamitas se retiraron de un acuerdo que estaba hecho, para ira de Johnson, a quien los servicios de contrainteligencia habían avisado de los manejos de Nixon, que ganaría las elecciones. La grabación de la llamada de Johnson a Nixon en la que el primero acusa y el segundo se indigna por la acusación es un monumento sonoro al cinismo político.

Y hay otro caso reciente, que si no ha tenido más repercusión interna y externa es por el bien tan preciado que se busca salvaguardar: la paz en Colombia tras el acuerdo con la guerrilla más antigua de América Latina, las FARC. En las elecciones presidenciales en las que el presidente Santos consiguió la reelección, en 2014, la inteligencia colombiana tuvo conocimiento de que nada menos que el candidato del uribismo, Óscar Iván Zuluaga, había mantenido una reunión con un hacker a su servicio, quien estaba comprando información confidencial a funcionarios de inteligencia y militares corruptos, y que además había intervenido los correos de los negociadores gubernamentales en La Habana. El vídeo en el que el hacker le explica al candidato las ilegalidades que hace, ante la tranquilidad de éste, está disponible en Youtube. La idea nixoniana era boicotear el proceso. Curiosamente, la contrainteligencia colombiana utilizó a un español para desenmascarar toda esta estrategia uribista. Los implicados, aunque no el candidato Zuluaga, están en la cárcel. Una idea de patriotismo compartida con Nixon y Trump.

PS: ayer se cumplieron 26 años del intento de asesinato del presidente Reagan que le perforó el pulmón y a punto estuvo de acabar con su vida. Había llegado a la presidencia unos meses antes. El régimen de Jomeini no liberó a los 66 rehenes americanos que habían sido secuestrados en Irán hasta que Carter abandonó el Despacho Oval, con intención de humillarlo. Reagan, en cambio, envió días después a Carter a Alemania para que recibiera a los rehenes, porque había sido él quien había hecho la gestión y padecido el desgaste. Le cedió la medalla. Un republicano y un demócrata. Voilà le patriotisme.

Susana es susuna: todos a una

Gonzalo Gragera

De las Juventudes Socialistas del barrio del Tardón, en Triana, a los pasillos del ayuntamiento de Sevilla. Primeros años del nuevo siglo; cambio de milenio, mudanza en las bases del futuro socialismo andaluz, tan parecido, paradoja viene, al de la eclosión de los años ochenta. Por aquel entonces, Susana Díaz contaba veinticuatro años y un aval de nombres de poder en la selva de lo local y de lo regional, en esa micropolítica que sirve de ensayo, de preparación, de entrenamiento: terreno de juego en donde todo se reduce, en donde las posibilidades de crecer disminuyen, aunque ese pequeño espacio propicie mejores vistas al político joven con ganas de conocer el cómo funciona las redes internas un partido. Menor escala, sí, pero mayor cercanía, que traducido al verbo de las aspiraciones partidistas significa tenerlo todo más a mano, más próximo, más manejable, laboratorio de experiencias que llegarán una vez se cumpla la prometedora carrera política. En cuanto Madrid llame a la puerta.

Susana Díaz supo jugar sus cartas, y aprender de ellas, en esos años de juventud partidista. Juventud en la que consolidó cualidades que la han acompañado durante su trayectoria socialista. Dotes que ella misma demuestra, aunque de manera sibilina, en esta pugna por el poder del PSOE: capacidad para anular a los enemigos, y aquí la clave, sin que se note. En silencio. Tomando alianzas mediáticas –esa medalla de Andalucía a Antonio Caño, director de El País– y financieras –su amistad con Antonio Pulido, en La Caixa-; perpetrando la emboscada mediante las bases, la militancia; desgastando, de puro desconcierto y cansancio, las propuestas de sus rivales, que son López y Sánchez, sí, pero que fueron Pepe Griñán y Manolo Chaves. Recordemos la cita que el primero le apunta al segundo en cuanto se entera de que Díaz comentó en una rueda de prensa que ambos deberían dejar sus ocupaciones políticas debido al caso ERE: “Pepe, Susana nos ha matado”. Si así trató a sus mentores, ¿cómo lo hará con sus rivales?

Dicen que la cámara vieja del PSOE apoya a Díaz, y es cierto, aunque de motivos no vayan sobrados. Es un apoyo más de identidad que de convicción; más de “mal menor” que de confianza, incluso de caballo ganador, de me arrimo a quien me garantiza posición y puesto. La mayoría de los argumentos que se oyen tienen por contenido la abstracción de los ideales –sentido de Estado es uno de los más citados- o las vaguedades del discurso de aplauso mitinero, el carisma, que es la palabra de los que no tienen nada que decir. Así sucede en Andalucía, en donde todo es propaganda de la tele pública y abrazos a señores mayores en las residencias, a pesar de la reducción del dinero público a la sanidad. Mayor recorte de España. Pero Díaz controla la opinión, el gesto, la cúpula y el noticiero. Los cuatro puntos cardinales del político que apunta al cosmos nacional desde la autonomía, ese instrumento del que se benefició para alcanzar lo que de verdad ha ambicionado estos últimos cinco años, que no es la presidencia de Andalucía, sino de España. Susana es susuna: todos a una.

Anna al desnudo

Jesús Nieto Jurado

Foto: Manu Fernandez
AP Photo

Anna Gabriel, apellido arcangélico aunque le duela. Activista de oficio, de beneficio. Diputada en la que reside la soberanía autonómica -“a todo se llega degenerando”, que decía “el Guerra”- . Gabriel es de las que cardan la lana, la fama, y los huevos que se lanzan contra la sede del colonialismo español -léase constitucionalismo-. Ella ya nos anunció, como en una plegaria de Nueva Biblia, eso de que se adoptase un bebé mancomunado, amén de otras adecuaciones de la praxis a la teórica, que ella es activista y barretina; todo al mismo tiempo. Ella es la reducción del abertzalismo catalán a la disciplina férrera de un flequillo y dos pendientes. El mensaje, siempre, en la camiseta, pegado al corazón y a los pezones; allá donde dicen que habita Dios, el misterio o lo Sagrado. Pero lo vistoso de Gabriel, su aportación a la Historia, es esa vestimenta que oculta cuanto ignora o desprecia. Vista así, de rápida mirada, no sé qué aire se da de hermana resabiada del convento. Pero el ‘cuperismo’ es ese puchero de la eclosión de la Barceloneta, cuando por Cataluña hay implosión y la Barceloneta es una delegación de Magaluf.

Anna Gabriel ha entrado en nuestra vida como una primavera, como una brisa batasuna en la Historia canguelona del Principado y hasta de ‘Els Països Catalans’. Su última travesura fue tildar de facha -el miércoles- a Coscubiela por no reirle las gracias a los ‘cuperos’ en lo del asalto a la sede del PP catalán. Llamar facha sale barato, y el pobre Coscubiela no “halló cosa” (Quevedo) donde esconderse.

Anna Gabriel es el cambio; fuera de ella, el heteropatriarcado y Castilla. Avanti el Popolo…

Así es Raven, la nueva serie del creador de Breaking Bad

Clara Paolini

Foto: Wikimedia Commons

Mientras el mundo sigue intentando superar el adiós de Walter White, Vince Gilligan se encuentra dando forma a un nuevo proyecto: La historia del mayor suicidio colectivo de la historia.

El 18 de noviembre de 1978, 918 hombres, mujeres y niños estadounidenses se suicidaron en el remoto asentamiento de Jonestown, en Guyana. Mientras gritaban de dolor tras ingerir dosis letales de cianuro, Jim Jones, el líder de la secta el Templo del Pueblo, les increpaba a través de su megáfono: “Debéis morir con dignidad”. Él, sin embargo, prefirió seguirles hasta la tumba pegándose un tiro con una escopeta.

Casi 40 años después, HBO revive con Raven la historia de la utopía comunista que degeneró en aterradora masacre. El guión de Vince Gilligan, el aclamado creador de Breaking Bad, se basa en el libro Raven: The Untold Story of Jim Jones and His People, escrito por el periodista Tim Reiterman, quien formó parte del grupo de reporteros que acompañaron al congresista Leo Ryan en una misión de investigación a Jonestown poco antes de que la comunidad quedara reducida a un campo de cadáveres.

Así será la nueva serie del creador de Breaking Bad

La delegación buscaba investigar las denuncias de abusos de derechos humanos cometidas por Jim Jones y el Templo del Pueblo, realizando entrevistas a los componentes de la comunidad. Durante su estancia, un periodista recibió una nota que ponía: “Por favor, ayúdame a salir de Jonestown“, mientras que varias familias expresaron secretamente su deseo de abandonar el Templo, por lo que aunque desconocían lo que estaba a punto de acontecer, se esforzaron por quedarse con el objetivo de dilucidar lo que verdaderamente escondía aquella extraña comunidad hippie e intentar “salvar” a los desertores.

Mientras negociaban con los cabecillas de la organización la marcha de algunas familias, un miembro del templo trató de apuñalar al congresista Ryan. Sintiendo el peligro, la delegación y varios desertores se dirigieron a una pista de aterrizaje cercana, pero antes de que pudieran salir de allí, fueron atacados por los miembros del equipo de seguridad de la secta de Jones, armados hasta los dientes. Reiterman sobrevivió al asalto, pero Leo Ryan y otros cuatro miembros de su equipo no consiguieron salir con vida.

Así es Raven, la nueva serie del creador de Breaking Bad 1
Las tropas estadounidenses trasladan los cuerpos tras la masacre | Foto: STR / AP

Tras dar caza a la delegación, Jones ordenó a los habitantes de Jonestown que dieran el paso hacia un “suicidio revolucionario”. Según reveló el informe del FBI, desde hacía varios meses, Jim Jones organizaba pruebas de lealtad a las que denominada “noches blancas”, en las que simulaba suicidios masivos que incluían la ingesta de falsas pociones de veneno. “Durante estas noches blancas, Jones le daba a los miembros de Jonestown cuatro opciones: huir a la Unión Soviética, cometer un suicidio revolucionario, quedarse en Jonestown para luchar contra los invasores o huir hacia la selva”, recoge el informe.

La noche del 18 de noviembre de 1978, tras el asesinato de Ryan, el líder mandó a reunir a todos los integrantes de la comunidad de Jonestown, persuadiéndoles de la inminente llegada de fuerzas hostiles. Las amenazas al paraíso eran para él reales y consideraba que la única salida era una revolución de “muerte”. En las grabaciones de audio de aquel día, pueden escucharse las últimas palabras del líder en estado de delirio antes de la masacre: “Por el amor a Dios, ha llegado el momento de terminar con esto. Hemos obtenido todo lo que hemos querido de este mundo. Hemos tenido una buena vida y hemos sido amados. Acabemos con esto ya. Acabemos con esta agonía“.

Así es Raven, la nueva serie del creador de Breaking Bad 2
Plano aéreo de Jonestown | Foto: STR / AP

HBO no podría haber escogido un mejor equipo para convertir estos espeluznantes hechos en una serie de televisión. No es que Walter White, se parezca al demente Jim Jones, pero sin duda Gilligan demostró con Breaking Bad el oscuro y fascinante camino que recorre un hombre común hasta convertirse en un personaje inesperadamente peligroso.

Por otro lado, el momento elegido para la serie, parece de lo más oportuno. Raven, cuyo lanzamiento se prevé este año, se inserta en la tendencia actual que da impulso a programas, series y películas sobre sectas. Hulu’s The Path (protagonizada Aaron Paul, el actor que encarnó a Jesse Pinkman en Breaking Bad) debutó a principios de este año ganándose el favor de la crítica, y otras producciones seriéfilas como Aquarius, The Following y True Detective no han hecho más que corroborar que los relatos sobre siniestras comunidades sectarias están boga.

Además, Raven no es la única serie sobre Jonestown que se encuentra en desarrollo ya que el actor Jake Gyllenhaal (protagonista de Donnie Darko o Nightcrawler), está produciendo una serie con la que retratará diferentes perfiles de líderes sectarios para A&E, y en su primera temporada estará también centrada en Jim Jones y el Templo de los Pueblos.

En su equipo, la miniserie Raven contará con Octavia Spencer como productora ejecutiva y la dirección correrá a cargo de Michelle McLaren (quien ya dirigió capítulos de Breaking Bad y Game of Thrones), pero aún se desconoce el nombre del actor que interpretará a Jim Jones y la fecha de lanzamiento sigue siendo por ahora una incógnita.

Permanezcan atentos a sus pantallas y soporten la impaciencia porque la cosa promete.

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