Hola, ¿qué estás buscando?

de resultados

No se ha encontrado ningún resultado

Ver más

Angelica Dass: "Antes que únicos, lo que somos, es humanos"

Clara Paolini

Foto: Angelica Dass

Un niño te pide que le pases un lápiz “color carne”, ¿qué tono eliges? Sin pensarlo dos veces, tomas el rosa. Es irracional, vehemente y puede que hasta supremacista, pero también es la reacción más probable. Si ese niño estuviera retratando a Angelica Dass, ése no sería el lápiz que buscaba.

Como ocurre con la gran mayoría de seres humanos, la piel de Angelica Dass, no es rosa. La suya es de color 7522C, y de esta aparente insignificancia nació una reflexión que hoy expresa mediante Humanæ, el mayor inventario cromático de los diferentes tonos de piel humana de la historia. Hablamos con ella para sumergirnos en el proyecto mediante palabras de la propia artista.

Angelica Dass
Algunas de los retratos parte de Humanæ | Imagen: Angelica Dass

Dass ha compilado más de 4.000 retratos en 5 continentes y todos con el mismo formato: 11×11 pixeles, plano frontal y de fondo, el mismo color de la persona retratada. Cada imagen se acompaña en su parte inferior de unos dígitos que se corresponden con el código preciso de las Guías PANTONE®, un sistema empleado en diseño gráfico para identificar un color. En su caso, como ya apuntó el fotógrafo Alejandro Castillote, este método consigue desactivar “cualquier pretensión de control o de establecimiento de jerarquías en función de la raza o la condición social”.

Nacida en Brasil pero madrileña de adopción por más de una década, la fotógrafa explica los entresijos del infinito proyecto sobre el que otros se miran, se identifican, reflexionan y debaten. De su bachiller técnico y mecánico tomó su obsesión por la medición, de su experiencia en la fotografía comercial la finura estética, y de sus raíces familiares, el contenido de un mensaje que clama por la alabanza de la mezcla, la diversidad y el respeto, tanto hacia otros como hacia uno mismo.

“Es un trabajo que ha nacido del dolor. Grande. Profundo. Que me ha arrastrado durante muchos años”

Cuando nos reunimos con ella cerca de su estudio en Madrid, acaba de volver de realizar un proyecto con refugiados entre la frontera entre Italia y Suiza y cuenta que dentro de unos días viajará a Abu Dhabi. Son tan sólo ejemplos de los diversos e hiperactivos pasos a los que se ha visto impulsada por Humanæ desde el boom de la charla TED Global, la cual impulsó su proyecto hasta los confines de la Tierra.

En la sede de la UNESCO en París y el Foro Económico Mundial de Davos. En escuelas y residencias de ancianos. En museos y calles. Entre coleccionistas suizos y agricultores ecuatoriorianos. En la revista Foreigns Affairs, en miles de páginas de internet y en cientos de conferencias. Aquí, allí y en todas partes. Humanæ llega a casi todos los rincones del mundo como herramienta y detonante, pero Angelica Dass recuerda bien cómo empezó el germen de la vorágine:

“Es un trabajo que ha nacido del dolor. Grande. Profundo. Que me ha arrastrado durante muchos años. Es la raíz de algo que quiero cambiar y yo sola en casa colocando mis fotos no podía cambiarlo” explica la artista.

Angelica Dass 2
Humanæ laGalería Max Estrella, ganadora de la sección off PhotoEspaña 2013 | Foto: Angelica Dass

Empezó como un proyecto de fin de máster con cierta función catártica, intentando entender el enredo de su propia identidad haciendo retratos de familiares y amigos. Después, empezó a dialogar con desconocidos a los que les decía: “mira, yo quiero probar que nadie es blanco ni negro, ¿te apuntas?. Más tarde llegaron las convocatorias con cientos de voluntarios en casa ocasión, y al final, acabó dándose cuenta de que en realidad “Humanæ es una conversación con el planeta entero”.

¿De verdad ha conseguido llegar a todas partes? Angelica responde: “siempre digo que dejaré de hacer fotos cuando de verdad consiga un equilibrio en mi trabajo. No es justo que de los 54 países que hay en África yo solo haya visitado uno, Etiopía, y sin embargo haya ido 5 veces a Suiza en diferentes conferencias y proyectos. Algo pasa. Tanto la financiación como la oportunidad de discutir sobre estos temas está en el hemisferio norte y esto también es aplicable en una misma ciudad. Se deben hacer cosas en las instituciones y centros de las grandes ciudades pero también los barrios marginales”, opina Angelica, quien no establece fecha de fin para el proyecto sino una perpetua evolución.

“Yo no hablo desde el enfado; trabajo desde el amor. Es cursi pero es así”

Dass comenta que “es fácil evangelizar a católicos” y trabajar en grandes ciudades europeas o estadounidenses donde se apoya la discusión sobre estos temas, pero hay preguntas que mantienen su sed de movimiento: “¿Cómo hacer llegar la conversación a esa gente que nunca va a entrar en el museo?, ¿cómo transmitir el proyecto para que puedan reflexionar sobre temas que les interesan?”. Su estrategia se sienta sobre una filosofía sólida: “La cultura es un lugar de unión extremadamente importante y mi lugar no es en el centro ni en la periferia sino de puente entre ambos. Igual estoy con multimillonarios que con niños y puedo hacer de puente entre los extremos”.

Cuando le preguntamos sobre ideologías racistas, la artista comparte episodios vividos en carne propia en España. Ha recibido comentarios xenófobos, insultos nacidos de la ignorancia y un anciano llegó a pedirle a policía que revisara sus papeles. Sin embargo, no pierde la esperanza por transformar las cosas: “Yo no hablo desde el enfado; trabajo desde el amor. Es cursi pero es así. No canalizo rabia (…) Tenemos que abrir la mente, pedir más empatía, buscar lugares comunes y evitar enfrentamientos. Ya bastante difícil es estar en este planeta donde cada día es una pelea. ¿Cómo vamos a hacer ese camino más amable?,  ¿cómo intercambiar experiencias?, ¿cómo seguir aprendiendo y seguir siendo curiosos?”.

Angelica Dass considera que, a pesar del ruido que puedan crear los movimientos políticos de derecha en Europa y el incremento de la xenofobia asociados a los mismos, “hay un aumento en el deseo ciudadano de luchar contra el racismo” y que con su trabajo y su posición como figura pública, contribuye a que otras personas no sientan el rechazo: “Mi obra es política porque yo hablo. Antes me quedaba callada pero desde que descubrí que parte de mi trabajo es hablar, no perdono una“, asegura la artista.

Angelica Dass 3
Reflexión y debate más allá de la imagen | Foto: Juan Miguel Ponce

Sus fotografías son utilizadas por antropólogos, pintores, profesores, quienes la usan como herramienta de enseñanza, y hasta por científicos. Humanæ esta en el Laboratorio de Genética en el Museo Da Vinci porque “enseña es que todos tenemos una compilación de ADN y es en las últimas letras donde hay unas letras que nos diferencian y nos hacen únicos. La materia prima que nos hace es la misma. De ahí que el respeto y el tratamiento de las imágenes exactamente el mismo, pero todos únicos y especiales“.

“Quiero que descubramos que no existen las razas”

Durante la conversación, Dass no puede evitar recordar que la codificación asociada a una tipología física aparece con la llegada del colonialismo, simplemente “porque había justificar que esa persona era inferior“. Pero si no podemos cambiar la historia, ¿es posible revertir el proceso?

La fotógrafa tiene un ambicioso plan: “Lo que yo quiero es gigante: De la misma manera que hemos llegado al consenso de que la tierra no era plana, y científicamente hemos probado que era redonda, deseo lo mismo para la raza. Quiero que descubramos que no existen las razas, que somos una, que somos humanos y lo fundamental es el respeto. Entremos después en discusiones sobre cómo gestionar las diferencias, porque existen y son fundamentales; nos hacen únicos. Pero antes que únicos, lo que somos, es humanos”.

Maullidos de autor: escritores y sus gatos

Clara Paolini

Foto: Pinterest

Existe un poderoso vínculo entre los felinos y la literatura, y buena prueba de ello son las cientos de fotografías que rescatan del olvido entrañables escenas de escritores en compañía de sus gatos.  ¿Por qué los autores sienten tal atracción por los mininos?, ¿de dónde proviene el magnetismo?

Tal y como señalaba David M. Barnett en un artículo publicado en The Guardian, muchos escritores justifican su obsesión por los gatos utilizando la cita del novelista, periodista y dramaturgo canadiense Robertson Davies, quien explicaba que “a los escritores les gustan los gatos porque son criaturas tranquilas, adorables y sabias, y a los gatos les gustan los escritores por las mismas razones”.

Cuenta la leyenda que Mr. Peter Wells fue el nombre del gato escritor H. G. Wells; Topaz, el de Tennessee Williams; Catarina, la gata de Edgar Allan Poe; Chopin, el de F. Scott Fitzgerald, y que a lo largo de su vida, Mark Twain disfrutó de la compañía de numerosos seres gatunos apodados Apollinaris, Beelzebub, Blatherskite, Buffalo Bill, Satan, Sin, Sour Mash, Tammany o Zoroaster. Los ejemplos son tan inabarcables como la propia historia de la literatura, pero entre el infinito elenco de maullidos y letras, rescatamos algunos de los casos más emblemáticos.

Jorge Luis Borges

Maullidos de autor: escritores y sus gatos
Borges y su gato Beppo | Foto: YouTube

Según sus biógrafos, Jorge Luis Borges tuvo dos gatos llamados Odín y Beppo. El primero, bautizado en honor al dios de la mitología nórdica, y el segundo, con el que posa en la fotografía, llamado Beppo, porque era el mismo nombre del gato que se cree que un día tuvo Lord Byron. En palabras de Borges, el gato “se llamaba Pepo, pero era un nombre horrible, entonces se lo cambié enseguida por Beppo, el gato de Byron. El gato no se dio cuenta y siguió su vida”.

A este felino le dedicó un poema en la obra La cifra, publicada en 1981.

El gato blanco y célibe se mira en la lúcida luna del espejo
y no puede saber que esa blancura y esos ojos de oro que no ha visto
nunca en la casa son su propia imagen.

¿Quién le dirá que el otro que lo observa
es apenas un sueño del espejo?

Me digo que esos gatos armoniosos
el de cristal y el de caliente sangre,
son simulacros que concede al tiempo
un arquetipo eterno. Así lo afirma,
sombra también, Plotino en las Ennéadas.

¿De qué Adán anterior al paraíso,
de qué divinidad indescifrable
somos los hombres un espejo roto?

Patricia Highsmith

Maullidos de autor: escritores y sus gatos 2
Patricia Highsmith y su gato Spider | Fotos: RRSS

La prolífica autora de El Talento de Mr. Ripley Extraños en un tren mostró una gran pasión por los gatos, y la leyenda cuenta que llegó a tener seis, en su mayoría siameses. Dormían con ella, la observaban y rondaban por su mesa mientras escribía.

Highsmith llegó incluso a incluir a estos animales como personajes en algunos de sus relatos, y según declaró una amiga de la autora “encontraba en los gatos el equilibrio emocional” que los humanos no conseguían aportarle.

Ernest Hemingway

Maullidos de autor: escritores y sus gatos 1
Hemingway ofreciéndole un bocado a Snowball | Foto: JFK Library 

“Un gato tiene absoluta honestidad emocional. Los seres humanos, por un motivo u otro, pueden esconder sus sentimientos, pero un gato no”, aseguraba Hemingway. Su pasión por los felinos es un hecho tan corroborado que su casa en Key West, Florida,  convertida hoy en museo y visitada por los devotos del famoso escritor estadounidense, cuenta como uno de su mayores atractivos los seis gatos descendientes de Snowball, el gato que originalmente pertenecía al escritor y le acompaña en la imagen que encabeza estas líneas.

Jean Cocteau

Maullidos de autor: escritores y sus gatos 3
Jean Cocteu y su felino | Foto: Johnny Times

El poeta, novelista, dramaturgo y cineasta francés Jean Cocteau fue un gran devoto de estos animales y se dice que describía a su gato Karoun como “el rey de los gatos”. Diferentes fuentes indican que Cocteau explicaba su predilección diciendo: “Si prefiero los gatos a los perros, es porque no hay gatos policía (…) Me gustan los gatos porque me gusta mi casa. Y porque, poco a poco, se convierten en su alma visible”.

Maullidos de autor: escritores y sus gatos 5
Gato y figura | Jean Cocteau (1962)

Ray Bradbury

Maullidos de autor: escritores y sus gatos 4
Ray Bradbury con su gato | Foto: Pinterest

El signo del gato fue el título elegido para la colección de 21 cuentos que resumen la trayectoria literaria de uno de los grandes genios de la literatura norteamericana del siglo XX, Ray Bradbury. Además, en su libro Zen in the Art of Writing, el autor comparte su sabiduría con un consejo válido en toda circunstancia artística o creadora: “Este es el gran secreto de la creatividad. Trata a las ideas como a los gatos: haz que te sigan”

Doris Lessing

Maullidos de autor: escritores y sus gatos 6
Doris Lessing, confirmada amante de los gatos | Foto: The Great Cat

La ganadora del Premio Nobel de Literatura en 2007, Doris Lessing, concibió todo un tratado sobre el amor humano hacia los gatos. En su libro de memorias  titulado On Cats, la escritora británica colecciona historias felinas que mercaron su trayectoria, desde su niñez en las granjas africanas pasando por los apartamentos londinenses de su juventud, hasta llegar a “El Magnífico”, el último gato con el que compartió hogar en la vejez. En otro de sus libros, Particulary Cats, la autora vuelve a aferrarse a los felinos para contar su propia vida demostrando que a veces, la compañía de estos animales resulta tan reveladora como la de cualquier humano.

Charles Bukowski

Maullidos de autor: escritores y sus gatos 7
Bukowski felino | Foto: Garuyo.com

El padre del “realismo sucio” declaró sobre los felinos impresiones con las que más de uno estará de acuerdo: “Caminan con una dignidad sorprendente, pueden dormir veinte horas al día, sin duda y sin remordimiento: estas criaturas son mis maestras”.

Julio Cortázar

Maullidos de autor: escritores y sus gatos 8
Cortázar y Teodoro W. Adorno | Foto: República Kafkiana

Un libro cuenta que el gato de Julio Cortázar se llamaba nada más y nada menos que Teodoro W. Adorno. Era un gato callejero, “negro y canalla”, que un día aterrizó en su vida en Saignon en el sur de Francia y que se materializaba cada vez que él y su mujer volvían a la localidad provenzal. Un día, Teodoro W. Adorno no sólo no volvió a la casa del escritor argentino, sino que al cruzárselo en el pueblo ignoró por completo al autor que le había dado un nombre tan bonito como rimbombante.

Truman Capote

Maullidos de autor: escritores y sus gatos 9
Capote en buena compañía | Foto: signosenrotacion.

El periodista y escritor estadounidense Truman Capote es el maestro detrás de joyas literarias como A sangre fría y Desayuno con diamantes, novela donde la aparición del gato es un símbolo clave y además sirve como herramienta para proporcionar el desenlace: “Somos un par de seres que no se pertenecen, un par de infelices sin nombre, porque soy como este gato, no pertenecemos a nadie. Nadie nos pertenece, ni siquiera el uno al otro”.

Colette

Maullidos de autor: escritores y sus gatos 10
Colette, la reina de los gatos | Foto: The Great Cat

La polémica novelista francesa autora de Gigi, cuya adaptación lanzaría al estrellato a Audrey Hepburn, fue descrita como la auténtica “mujer de los gatos”. En su novela The Cat, retrata el compromiso y la luna de miel de una pareja dividida por la exagerada devoción del hombre a su gato Saha: “No era sólo un pequeño gato”, pensó Alain. “Era la nobleza encarnada de toda la raza del gato, su indiferencia ilimitada, su tacto, su vínculo de unión con el aristócrata humano”. Palabras las de Collete que muestran una fascinación sin límites compartida por el resto de escritores que ocupan estas líneas.

6 comentarios racistas que hacemos casi sin darnos cuenta

María Hernández

Foto: Wilson Chu
Reuters

El racismo es un problema que aún hoy, en pleno siglo XXI, sigue vigente en nuestra sociedad. A pesar del esfuerzo de las organizaciones anti racismo y de numerosos activistas por cambiar esta situación, aún hay personas que, por su color de piel, tienen que vivir día a día situaciones realmente difíciles.

Aunque hay mucha gente que ha dejado atrás estas actitudes y comportamientos racistas, hay cosas que aún hacemos y decimos, muchas veces sin darnos cuenta e incluso con buena intención, que generan momentos incómodos y desagradables para las personas que los reciben.

Y tú, ¿de dónde eres de verdad?

– Y tú, ¿de dónde eres?

– Soy de Murcia.

– Ya pero, ¿de dónde eres de verdad?

Nkiru, una bióloga de Murcia y de padre nigeriano, nos explica que esta conversación es más común de lo que parece y que, a veces, la gente no parece comprender que el origen de su padre no condiciona el suyo, y que ella es española. “Lo que me sorprende es que la gente vea una incompatibilidad entre ser negro y ser español”, nos cuenta.

Lo incómodo no es el hecho de que te pregunten de dónde eres, sino que solo se lo pregunten a una persona, explica Nkiru. “Cuando ves a otra persona, lo primero que le preguntas no es de dónde es, te suele dar un poco igual. Pero cuando a mí me preguntan ¿tú de dónde eres?, es como decir ‘algo te pasa a ti, eres diferente’”, explica. Su hermana Ada coincide en esta sensación, y asegura que cuando dice que es española, muchas veces la gente insiste en conocer su ‘verdadero’ origen.

Moha Gerehou, periodista y presidente de SOS Racismo en Madrid, coincide con ellas al afirmar que estas repetitivas preguntas pueden llegar a resultar incómodas. A veces te repiten “venga, ahora en serio, y parece que tengamos que sacar nuestro árbol genealógico” para explicar de dónde son o de dónde es su familia, nos explica Moha.

Derivado de ese “¿de dónde eres de verdad?”, viene el “¡qué bien hablas español, ¿no?”, que vuelve a la incompatibilidad de ser negro y ser español, a la incredulidad de algunos cuando entienden que la persona con la que están hablando no viene de otro país.

A esto se suman preguntas como “¿has estado alguna vez en tu país?” o, “¿hablas africano?”, adjudicando a todo un continente las mismas características lingüísticas y culturales sin tener en cuenta que cada persona es diferente, independientemente de dónde proceda.

Personas “de color”

Decir que alguien es “de color” en lugar de decir que es negro es algo que se ha convertido en políticamente correcto, pero hay movimientos anti racismo que buscan eliminar esta negatividad de la palabra negro y volverla a incluir en el lenguaje con normalidad.

“La palabra negro está tan asociada a la negatividad que nos resulta hasta chocante utilizarla para describir a una persona”, dice Moha. Por esta razón, a veces se “intenta quitarle dureza a la palabra y utilizar otras como morenito, de color…”, añade.

6 comentarios racistas que hacemos casi sin darnos cuenta 1
La expresión “de color” solo se utiliza para las personas negras. | Foto: Geert Vanden Wijngaert/AP

Sin embargo, la expresión “de color” solo se utiliza para las personas negras, y no para gente de otra procedencia, como los asiáticos, por ejemplo.

“La gente intenta ser políticamente correcta y al final lo que hace es totalmente lo contrario, es como señalarte más todavía”, opina Nkiru. “Uno es negro, otro es rubio… son características físicas, lo puedes decir tranquilamente”, añade.

Por esta razón hay movimientos que reivindican la normalización del uso de esta palabra. “Se está reivindicando la palabra negro, para quitarle toda esa capa de negatividad que ha adquirido durante todos estos años para decir bueno, llámame negro, ni negrito, ni de color, porque es lo que soy”, nos explica Mohamed.

El color carne

Similar a llamar a una persona negra “de color” es llamar “color carne” a ese tono rosado que se asemeja con el color de piel de una persona blanca.

Aunque dicho sin mala intención, esta denominación puede causar confusión, sobre todo entre los niños, que no entienden por qué se llama “color carne” a algo que no se parece en nada a su tono de piel.

6 comentarios racistas que hacemos casi sin darnos cuenta
El color carne puede llegar a causar confusión a muchos niños en el colegio. | Foto: The Objective

“En el colegio te dicen: coge el color carne. Y claro, el color carne es el color de todos los niños menos el tuyo, y te preguntas, ¿y lo mío no es carne?”, cuenta Nkiru, recordando momentos que, aunque quizá en el colegio no la marcaron, sí que la han hecho reflexionar posteriormente.

En algunos colegios se han llegado a vivir situaciones en las que el profesor se “ha enfadado, preguntándole al niño que por qué se pinta de color marrón en lugar de color carne”, afirma Moha. Son momentos desagradables que se podrían evitar simplemente asumiendo que no hay un solo “color carne”.

“Si yo tengo un amigo negro”

“Oye, si yo tengo un amigo negro”, o su variación, “si a mí los negros me caen muy bien”, es otra frase que, aunque dicha con buena intención, esconde una actitud racista.

“Normalmente lo dicen tras decir algo contra los musulmanes, los sudamericanos u otro colectivo extranjero delante de mí”, nos cuenta Obi, un español de padre nigeriano. Lo dicen como si fueran una única persona, una única mente como si se tuvieran que excusar por lo que han dicho simplemente por estar él delante, añade.

Decir que tienes un amigo negro, o un amigo gay, como un argumento en tu defensa, hace que diferencies a ese amigo del resto y que, de alguna manera, sea distinto o especial por sus rasgos físicos o personales. Y, sobre todo, hace que ese amigo se pueda sentir incómodo.

“Pues para ser negro, eres guapo”

Sol, gallega de padre mozambiqueño, afirma que en más de una ocasión le han dicho “pues para ser negra, eres guapa”. Una frase que, aunque dicha como cumplido, no es más que una generalización y una muestra de racismo. “A mí me han dicho que soy la segunda negra más guapa que conocen”, nos cuenta Ada, que se sorprende de que se sigan diciendo este tipo de comentarios sin que nos demos cuenta de su verdadero significado.

“A mí me han dicho que soy la segunda negra más guapa que conocen”

“Partiendo de la base de que todos los negros son feos, es como decirte que tú has conseguido salir de esa ciénaga de fealdad”, dice Moha con humor.

Pero aunque algunos hayan decidido no tomárselo de una manera hasta divertida, este supuesto cumplido puede ser muy desagradable para quien lo recibe.

Ser mulato

La palabra mulato está completamente integrada en nuestro idioma y se considera, incluso, políticamente correcta. Sin embargo, su significado no es otro que la cría estéril que nace del cruce entre una yegua y burro, un mulo. Fue de este símil del que sacó la palabra ‘mulato’ para definir al hijo de una persona negra y otra blanca, nos explica Moha.

“¿Durante cuánto tiempo han soportado los mestizos que les comparen con un mulo?”, se pregunta en uno de sus vídeos sobre el racismo. Moha considera que esta palabra debería dejar de ser utilizada y, en su lugar, se debería hablar de personas mestizas.

“Lo que reivindicamos es que se hable de personas mestizas, como se habla en cualquier otro idioma”, explica.

Ocho pabellones que explican el storytelling de La Bienal de Venecia

Ariana Basciani

Foto: Ariana Basciani
The Objective

La Bienal de Venecia se inauguró el pasado sábado 14 de mayo con la premisa de generar debate entre sus asistentes. A pesar de que se afirma que es la bienal menos política, debido al fichaje de la comisaria francesa Christine Macel, muchos pabellones han representado problemáticas actuales en sus espacios, desde la ruptura de las ideologías políticas, pasando por la crisis de los refugiados hasta la figura crítica de los medios de comunicación.

Entre los pabellones nacionales que se pueden recorrer de L’Arsenale al Giardini podemos observar desde guiños muy sutiles hasta grandes declaraciones sobre temas espinosos. La Bienal de Venecia no solo se centra en la identidad nacional o en las ya muy comentadas formas de representación, este año el arte se revela como impulso transformador basándose en los acontecimientos actuales y entendiéndose desde lo humano. Dentro de las diferentes exhibiciones, el aire innovador viene dado por el storytelling utilizado por los artistas, muchos de ellos volviendo a poner en la palestra al medio, el periódico y los recursos noticiosos, respaldando la importancia del periodismo como forma de contar historias.

El storytelling de la Bienale

De los centenares de propuestas de los pabellones nacionales, nos quedamos con los de temática espinosa, desde obras interactivas que se confrontan con la crisis de los refugiados hasta grandes esculturas al aire libre que se convierten en trending topic de Instagram.  A partir del paseo por la feria veneciana realizamos una selección de pabellones que profundiza en el debate desde lo metafórico, el lenguaje, la identidad y las problemáticas contemporáneas. Ocho pabellones que con su narrativa transgersora nos revelan el retrato de mundo actual desde La Bienal de Venecia.

Siete pabellones para explicar el storytelling de La Bienal de Venecia 1
“Newsreel 63”, pabellón de Eslovenia. | Imagen: Pabellón de Eslovenia

Eslovenia

Casi al final de L’Arsenale se sitúa el pabellón esloveno en donde se exhibe la magnífica película original de Nika Autor, Newsreel 63, donde ahora los refugiados viajan, no en los coches del tren, sino entre ellos. La obra de Nika Autor hace suyo el tema de los refugiados a través de un guiño al formato de los noticieros, una nueva forma de no-ficción guerrillera comprometida con el cambio social e inspirada en los noticieros de los años sesenta y setenta en Estados Unidos, Reino Unido y Francia. Según The Guardian, Nika Autor es la nueva John Grierson del mundo del arte.

Siete pabellones para explicar el storytelling de La Bienal de Venecia 2
“La vida en los pliegues” de Carlos Amorales. | Imagen: Pabellón de México

México

Muy cerca del pabellón esloveno, Carlos Amorales representa al pabellón mexicano. En él, Amorales afianzaba su obra en la que plantea nuevos alfabetos y en consecuencia, nuevos lenguajes con una pieza titulada La vida en los pliegues, donde se enfrenta la historia de la migración y los linchamientos con el nacionalismo de los Estados. Un obra entre arte figurativo, abstracción y performance, con un guiño a la prensa escrita al contar historias de distintos linchamientos mexicanos en un tabloide explicativo que se encuentra al iniciar la ruta de la exposición.

Siete pabellones para explicar el storytelling de La Bienal de Venecia 4
El pabellón australiano desde afuera | Imagen: Pabellón de Australia

Australia

El pabellón australiano es muy vistoso en el Giardini, no solo por el edificio que acoge su exposición sino por la cantidad de gente que desea entrar en él. Australia a través de Tracey Moffatt ha creado My Horizon, unos foto-dramas que han transformado y activado el espacio con narrativas conmovedoras, que representan los viajes humanos como desesperados, los refugiados y su paso fronterizo a la pertenencia, Moffatt relata estos síntomas como preocupaciones globales independientes de un momento o lugar en particular.

Siete pabellones para explicar el storytelling de La Bienal de Venecia 6
“El Fausto” de Anne Imhof | Imagen: Nadine Fraczkowski / Pabellón de Alemania

Alemania

Siguiendo el recorrido del Giardini llegamos a Alemania, que presenta la inquietante obra de Durma -El Fausto- de Anne Imhof, que se desarrolla como performance durante varias horas, ofreciendo una figuración siniestra y brutal sobre temas de la realidad actual. El cuerpo es el primordial sustento de la obra que parte entre arte, ópera, ballet y protesta, con los tonos del Fausto de Goethe fijado en black metal. Durante los días previos a la apertura al público, este fue el pabellón que más personas atrajo y un día antes de la apertura al público general ganó el mayor galardón de la Bienal de Venecia, el León de Oro.

Siete pabellones para explicar el storytelling de La Bienal de Venecia 5
Una visitante lee el periódico “The Little Review” | Imagen: Pabellón de Polonia

Polonia

Por su parte, Little Review es el proyecto de la artista estadounidense Sharon Lockhart para el pabellón de Polonia. La fuente de inspiración para la norteamericana fue un periódico creado enteramente por niños y jóvenes en Varsovia antes de la guerra. Little Review, homónimo del periódico original, explora la dimensión social de la creación artística, haciendo notar la necesidad de escuchar la voz de los más jóvenes. Dentro del impoluto pabellón polaco la artista norteamericana juega con la multidisciplinariedad y el periódico físico tiene un rol fundamental en sus fotografías y en su relación con el espacio físico.

Siete pabellones para explicar el storytelling de La Bienal de Venecia 7
Geta Brătescu – “Apparitions” | Imagen: Pabellón de Rumania

Rumania

Entrando al Giardini el pabellón de Rumania, exhibe a Geta Brătescu con Apparitions. Esta artista de 91 años, luego de décadas de trayectoria, se lleva el merecido homenaje de encargarse del pabellón rumano. Lleno de bocetos hechos en tinta cáustica, autorretratos de una invención extraordinaria que celebran a una mujer, dibujada con los ojos vendados, demostrando la condición femenina desde dentro hacia afuera. El feminismo limpio, mostrando a la mujer a través del yo más primitivo.

Ocho pabellones para explicar el storytelling de La Bienal de Venecia
Vista del laberinto y de las visuales en el “Laboratory of Dilemmas” de en George Drivas | Imagen: Pabellón de Grecia

Grecia

Al igual que muchos otros pabellones en el Giardini, Grecia presenta una obra con referentes nacionales para tratar un tema global. Laboratory of  Dilemmas de George Drivas presenta una instalación de vídeo narrativo basada en la obra teatral de Esquilo, Iketides -Las Suplicantes- que plantea el dilema entre salvar al extranjero o mantener la seguridad del nativo. Dirigiéndose a los problemas sociopolíticos globales de la actualidad, el trabajo trata la angustia, la perplejidad y la confusión de individuos y grupos sociales cuando se les pide que aborden dilemas similares. La historia nos transporta a una Creta moderna, en la cual un laberinto de luces negras y blancas, visuales y sonidos, confunde la ruta del visitante.

Siete pabellones para explicar el storytelling de La Bienal de Venecia 3
Las 1500 máscaras en “Werken” | Imagen: Pabellón de Chile

Chile

Para cerrar esta pequeña guía tenemos al pabellón de Chile, una muestra muy completa, ya que su obra no se vale del ‘exotismo’ de lo latinoamericano en Europa, sino que propone el poder de lo individual para la resistencia colectiva. El pabellón de Chile presenta Werken, obra de Bernardo Oyazún, que se compone de un círculo con 1500 máscaras típicas del pueblo mapuche –kollong– y alrededor de ellas, en las paredes de la sala, unos letreros de led que dejan correr en bucle los 6906 apellidos de esta población indígena  que existen en la actualidad. Oyazún, más que un homenaje quiere representar al pueblo mapuche como símbolo de resistencia dentro de la memoria histórica chilena y al kollong como figura para el diálogo con el otro.

La Bienal de Venecia continúa hasta el mes de noviembre donde no solo se celebra el arte en los diferentes puntos de la ciudad italiana, también se podrá conversar y asistir a conferencias con artistas, curadores y comisarios vinculados a la fiesta del arte europeo, como el nombre de esta edición indica: ¡Viva Arte Viva!

Save

Save

Lea Vélez: "Escribo para mi genealogía"

Anna Maria Iglesia

Foto: Asís Ayerbe

Después de El jardín de la memoria, la escritora y guionista publica Nuestra casa en el árbol (Destino), una novela, en gran parte, autobiográfica en torno a una madre y sus tres hijos, dos niños y una niña de altas capacidades intelectuales en una pequeña localidad inglesa, donde los cuatro se trasladan fallecer el padre. Vélez hace de la novela un canto a la infancia como un momento crucial de la vida de todo ser humano; un momento, nos dice Vélez, donde todo es posible, donde la felicidad debería ser plena y donde el aprendizaje es siempre diversión y descubrimiento, un juego motivador. Lea Vélez muestra la realidad de los niños con altas capacidades intelectuales, muestra su genialidad y, a la vez, la incomprensión a la que se enfrentan cada día. Crítica con el sistema educativo, Vélez defiende una educación basada en la motivación, en lo lúdico y en la libertad de expresarse a través de las propias pasiones.

¿Cuánto le debe Nuestra casa en el árbol a tu novela anterior, El jardín de la memoria, donde abordabas también temas autobiográficos?

Creo que siempre hay un plan, a veces puedes inconsciente y a veces consciente, a veces, incluso invisible al propio autor, pero creo que siempre hay un plan que unifica las obras. Además, en mi caso, busco que haya una coherencia entre todo lo que escribo trato de que todo tenga una conexión, aunque, al mismo tiempo, quiero que toda novela pueda funcionar en desconexión, es decir, autónomamente. En este caso concreto, quería que todo aquel que no haya leído El jardín de la memoria, pudiera leer y entender como un ente independiente Nuestra casa en el árbol. Al mismo tiempo, para aquel que sí ha leído El jardín de la memoria, me gustaba la idea de que esta novela fuera un guiño, porque los dos libros forman parte de algo que superior que las une. Me gusta la imagen de las matrioshkas y que cada novela sea una parte de algo que las engloba a todas.

En efecto, el narrado de la novela define la novela como una cartografía de ese yo llamado Lea Vélez.

Yo tengo la teoría de que haciendo la cartografía de Lea Vélez, a lo mejor, no sirvo al mundo, pero sí puedo servir a mi familia y a mi entorno. Pienso en lo que decía García Márquez: escribo para mis amigos. Yo escribo para mi genealogía, para mis hijos, para mis padres y para los que vendrán. Una cartografía que no fuese la mía me resultaría muy complicada, inabarcable, aunque estoy convencida de que, en cierta manera, la cartografía de uno mismo es la de todos: si narras los hechos más potentes de una vida estás narrando la vida de millones de personas. Al fin y al cabo, no somos tan distintos los unos de los otros.

Es verdad, pero al mismo tiempo en tu novela nos presentas a tus hijos, escondidos tras unos personajes de ficción, que destacan por su capacidad intelectual por encima de la media.

Sí, esto es cierto. La casualidad o la genética, que es otra forma de casualidad, han querido yo me haya encontrado con unos personajes de ficción en mi propia vida, unos personajes fabulosos. Como madre, esto no hay que decirlo, pero sí como autora, pues a poca percepción que tengas, te das cuenta de que tienes oro puro en las conversaciones con los niños y en sus enseñanzas. Los niños, no solo los míos, sino tantos otros como ellos, reflexionan sobre la vida, sobre cómo somos y nos comportamos, reflejan la realidad a través de sus palabras y nos la hacen ver. Son como una radiofrecuencia de lo que está en la televisión, en el ambiente… Al ser mis hijos de esta manera, me permitieron crear unos personajes muy parecidos a ellos, aunque con alguna diferencia. Por todo esto, quería llevar a la novela esa voz –la de mis hijos- que, como autora, me resultaba tan novedosa y, a la vez, tan universal, porque todos hemos sido niños y hemos vivido la infancia.

Lea Vélez: "escribo para mi genealogía"
Foto familiar cortesía de Lea Vélez.

¿La novela hubiera sido posible sin estos niños tan geniales?

Creo que no, aunque. seguramente, otros niños menos geniales me habrían dado también una mirada interesante, porque, como suele decirse, todos los niños son geniales. Y sí se dice esto, es por alguna razón, es porque los niños tienen una mirada distinta. De hecho, todos los padres, cuando escuchan a sus hijos, reciben una enseñanza y una visión del mundo y de la vida completamente distinta a la que ellos, como adultos, pueden tener. En este sentido, creo que cualquier otro niño me hubiera podido dar una visión novedosa y profunda de la vida.

¿Hay una voluntad dar visibilidad a los niños de altas capacidades que, como apuntas en la novela, suelen pasar inadvertidos solo al sistema educativo, sino también a su entorno?

Sí, claro, ten en cuenta de que se trata de niños invisibles. No son famosos por lo que dicen, porque no hablan por televisión, porque no escriben en la prensa ni escriben novelas, y, por tanto, su pensamiento se queda en casa. Al mismo tiempo, en el colegio, todos los niños, no solo los de altas capacidades, terminan por comportarse igual porque están en un contexto muy definido y si están dado una asignatura en concreto, no hay espacio para otras divagaciones. Por ello, estos niños y todos los demás son invisibles, solo que en el caso de los niños con altas capacidades la invisibilidad es más frecuente. Son niños que tienen una grandísima capacidad de reflexión y voracidad por saber, necesitan que se les responda a todas esas preguntas sobre las cuales ellos reflexionan; sin embargo, si no encuentran el espacio donde se les da aquello que necesitan saber y donde pueden reflexionar sobre los temas que les preocupa, están condenados a la invisibilidad y no encajas en el sistema. Por todas estas razones, con Nuestra casa en el árbol quise darles la voz que no suelen tener.

La protagonista decide regresar a Inglaterra para educar a sus hijos y tú misma has optado por una escuela inglesa para ellos ¿Qué hay de admirable en el sistema educativo inglés que no haya en el español?

La sociedad inglesa tiene algo que la sociedad española no tiene y si no lo tuviera no se fugarían tantos cerebros a Estados Unidos y a Inglaterra. Cuando empecé a conocer cómo es el sistema educativo británico, admitiendo que hay cosas que son un poco repetitivas, me di cuenta de que la memoria se utiliza muy poco, casi nada; se usa la reflexión y la creatividad, se busca no solo que los niños reescriban tantas veces una palabra, ni que solo escriban frases casi iguales, intentan que escriban textos, que creen. En todas las actividades hay un algo más a lo que se hace aquí. Por esto, probé el sistema británico para mis hijos, también porque son mitad ingleses y se encuentran muy cómodos en el mundo anglosajón; de hecho, durante mucho tiempo me pregunté qué era mejor, educarles aquí o en Inglaterra.

Lea Vélez: "escribo para mi genealogía" 1
Hamble, UK. | Foto cortesía de Lea Vélez.

Eres muy crítica con el sistema educativo, que no se preocupa por las exigencias de los niños en su individualidad, sino tiende a la homogeneización, resultando poco productiva.

Todos los niños, aquellos con altas capacidades más, están mental e intelectualmente muy por encima del nivel del aula, del nivel del temario, de lo que se enseña y de cómo se enseña, con lo cual están todos adormecidos, aburridos, conscientes de que les están dando alpiste, mientras en casa posiblemente tengan solomillo. Yo no quiero criticar a los profesores en general, evidentemente hay algunos terribles y otros que son maravillosos; el problema es que no tienen las herramientas para detectar y entender a los niños con altas capacidades, para darse cuenta de que porque un niño con altas capacidades sea malo en lengua no significa que sea más torpe de los demás o que no se esté enterando. El problema no es este: el problema es que el niño va mal en lengua porque no le interesa, porque sus intereses son otros. Lo que hay que hacer es buscar maneras de entender a estos niños y esta es la lucha que lleva a cabo la protagonista de la novela, una lucha que, evidentemente, es muy autobiográfica.

Como se dice en tu novela: “¿Quién es más inteligente, un niño que saca ceros en lengua y dieces en física o una niña que saca dieces en lengua y ceros en física? Quizá la niña es Virginia Woolf y el niño es Isaac Newton”.

Yo todavía estoy aprendiendo todo lo que rodea las altas capacidades en los niños y estoy aprendiendo, sobre todo, a ver los talentos específicos como un aspecto más de las altas capacidades. Por lo general, si un niño tiene por la literatura y por las palabras, sentirá, por ejemplo, un completo desinterés por todo lo relacionado con los números. Esto no significa que sea peor o mejor, el problema es que, a pesar de su interés, durante años deberá enfrentarse a unas asignaturas que no le interesan y que, además, se dan de manera que no le interesen. Al final, el niño destacará ya de mayor cuando pueda concentrarse verdaderamente en lo que le interesa y le gusta. Esto nos pasa a todos. Lo que sucede en el caso de los niños con grandes capacidades es que tienen altas motivaciones por eso que les gusta, tan altas que a veces llegan a ser obsesiva y todo lo demás lo odian. Tienen una forma casi instintiva de rechazo, es como si su cuerpo ya supiera a qué se van a dedicar, cuál es su objetivo.

Sin embargo, también podría decirse que este orden e, incluso, esta imposición de tareas o asignaturas que no gustan es una forma de aprendizaje para la vida adulta.

Por supuesto, el problema es que este aprendizaje no está bien enfocado. Si a mí de pequeña no me gustaban las matemáticas no es porque no fueran bellísimas, sino porque las matemáticas que me trataban de enseñar en el colegio era: 3×4, 4×4, 5×6…. Algo completamente repetitivo y así durante todos los años escolásticos. No era de extrañar que, llegada a segundo de BUP, las matemáticas para mí eran sinónimo de lo peor. El otro día, me contaba un amigo que da talleres de matemáticas que en sus talleres usan para la enseñanza un método completamente distinto, donde se hacen esquemas en 3D, donde los números se visualizan en todas las dimensiones a través de construcciones que los niños hacen… En definitiva, un método fabuloso que nada tiene que ver con coger la tabla de multiplicar y memorizarla. Y con esto no digo que no haya cosas que se deban memorizar, pero el método basado la memorización es terrible. Como niña sufres el sistema educativo y lo vuelves a sufrir como madre y te das cuenta de que no hemos avanzado nada. Evidentemente que hay estudiar matemáticas y lengua, aunque no te gusten, pero hay que aprender y estudiarlas de una manera que incorporen tu motivación.  Si desmotivas, no estás enseñando nada.

Lea Vélez: "escribo para mi genealogía" 4
“Me he planteado la educación, pero siempre me ha dado terror, porque no sabría cómo hacerlo.” | Foto: Asís Ayerbe.

Ha habido muchas teorías en torno a la idea del niño feliz, del niño crecido en libertad, pero también hay quien dice que el niño no debe crecer en un mundo ideal, sino que debe aprender que no siempre hará lo que le gusta, a que padecerá frustraciones y tendrá obligaciones.

Yo no estoy de acuerdo con esta idea de aprender a asumir frustraciones y obligaciones. La idea de que hay que aprender a apechugar con las frustraciones es una idea judeo-cristiana. Creo que no podemos borrar las frustraciones de nadie, ni las de los niños ni las de los adultos, pero tampoco creo que decir que hacer felices a los niños sea un acto de auto indulgencia y una forma de malcriarlos. Esto es lo que piensa la mayor parte de la sociedad, pero en cambio yo estoy convencida de que se puede educar en libertad y no malcriarlos, al contrario. Eso sí, educar en libertad no significa permitir al niño que haga lo que quiera. Evidentemente el niño necesita una guía, necesita la ayuda de los adultos para buscar sus motivaciones y la manera de estructurar sus motivaciones, pero existe la manera de que los niños sean felices en las escuelas y una de las maneras de conseguirlo es hacerlos trabajar desde la motivación.

En este sentido y a pesar de las críticas, sigues creyendo en la escuela.

Efectivamente y, de hecho, en mi novela la madre no los saca del colegio, pero sí pelea para compensar todo aquello que hace infelices a los niños con una serie de actividades lúdicas. Todo esto, evidentemente, solo se entiende si hablamos de niños pequeños, no de adolescentes. Hay que tener en cuenta que los niños pequeños no entienden el concepto de responsabilidad, no lo computan y no sirve de nada decirles que tienen que hacer algo por su bien o por su futuro, a ellos el futuro les queda muy lejos. Hay que hacer felices a los niños en las edades tempranas, pero los adultos, porque nos hemos olvidado de la infancia o porque no se enseña en las facultades de magisterio, tratamos de inculcarles la nuestra disciplina, la disciplina de un oficinista. Y esto con los niños no funciona. Evidentemente, con los años deberán ir incorporando una cierta disciplina y los adolescentes de bachillerato son otro mundo.

¿Alguna vez te has planteado la educación?

Es una cosa compleja. Yo me lo planteé, pero siempre me ha dado terror, porque no sabría cómo hacerlo. Me parecía un mundo demasiado complicado, aunque, al final, no lo es tanto y, de hecho, mucha más gente de la que creemos educa sus hijos en casa. Preferí optar por el sistema inglés, porque quiero que mis hijos se socialicen en el colegio, quiero que se acostumbren a la sociedad y, como decías antes tú, a un cierto grado de frustración. ¿Sí el colegio durase cuatro horas y no ocho sería mejor? Para mí, sin duda, porque con tantas horas se ha diluido mucho la enseñanza esencial y no me refiero a leer a escribir, sino a aquello que les va a servir siempre, más allá de las asignaturas. Este aprendizaje está diluido y los niños no entienden exactamente por qué están en el colegio y qué aprenden allí; el colegio, al final, es un conjunto de estratos muy débiles de pintura que se resquiebran durante el verano.

Sin embargo, para reducir las horas escolares hay que reorganizar el horario laboral de los padres.

Sin duda. Hay una cosa clara: en el momento en que se cambia algo de una manera radical, toda la sociedad se tiene que reestructurar. Si estamos de acuerdo de que los niños están siendo torturados ocho horas cada día fuera de sus casas -evidentemente nadie lo dirá-, entonces hay que cambiar el horario.  Cuando se está cometiendo un crimen hay que pararlo, aunque la sociedad se esté beneficiando de ello. Además, incluso con el horario que tenemos, sin ninguna reducción, son muchos los padres que se sacrifican para poder estar con ellos. ¿Cuántas madres reducen su jornada de trabajo para poder estar con ellos? Los niños salen a las 17:30, cuando todavía los padres trabajan, pues en muchos casos no salen hasta las 20:00. Hay que dejarse de las estupideces: el horario del niño debe coincidir con el horario del padre. Y así mejoramos también la vida de las personas, porque lo que tenemos en España son horarios inmundos que no tiene nadie en Europa. En España somos así de estupendos.

Lea Vélez: "escribo para mi genealogía" 2
Portada de Nuestra casa en el árbol | Editorial Destino.

En la novela planteas el juego como una forma de aprendizaje

Por supuesto. Los adultos jugamos todo el rato. El arte, la literatura, el trabajo remunerado pero hecho con gusto es una forma de juego. Yo veo el juego como una forma de perpetuar la especie, de adquirir los roles de los adultos, de aprender todo tipo de cosas…el apasionarse por una serie o una película y reinterpretar a los personajes es una manera de desarrollar una creatividad literaria, es una forma de crear historias.

Los dos niños protagonistas son tus dos hijos, Richard y Michael, pero decides incorporar una tercera voz, la de una niña, ¿por qué?

Primero, porque quería incorporar la voz de una niña que también es muy inteligente y tiene los mismos deseos que cualquier niño y de cualquier hombre. Hay que tener en cuenta que las niñas de altas capacidades son, incluso, más invisibles que los niños, porque las rodea el machismo inconsciente que llevamos todos dentro y por el cual todavía hoy cuesta pensar a las mujeres teniendo espíritu científico e imaginarlas como científicas a la par que a los hombres. El segundo motivo es que quería incorporar aquello que decía mi hijo Richard cuando era muy pequeño y no lo podía hacer si no era a través de un tercer personaje de esa edad. Y, por último, porque yo recuerdo muy bien mi infancia e incorporar esa voz era una manera de añadir mi visión del mundo desde los recuerdos de mi infancia.

La voz de la niña y la voz de la madre comparte una reivindicación de la capacidad de la mujer, una capacidad que se plasma en la casa en el árbol que la madre construye para sus hijos.

Todavía hoy la mujer es muy insegura. A lo mejor vuestra generación, que es más joven, tenéis más seguridad en vosotras mismas, puesto que el caldo de cultivo social en el que os habéis educado era más igualitario, habéis crecido viendo a más mujeres en roles de poder o en el campo científico y, por tanto, tenéis un mayor sentimiento de “yo puedo y soy igual que un hombre”. Sin embargo, mi generación estaba bastante atrás en todas estas cosas. Si bien yo he sido educada para no depender de un hombre y nunca he dependido de ninguno, irremediablemente al perder a mi marido, me di cuenta de la cantidad de cosas “de hombre” que él hacía y que le había cedido porque yo hacía cosas más “de mujer”. Con esto no digo que yo limpiaba la casa y él se ocupaba solo de los arreglos domésticos, pero sí que había una separación de faenas que respondía en parte a la visión clásica de los roles. Cuando me quedé sin él, me di cuenta de que tenía que hacer una serie de cosas sola y descubrí que el adquirir ese otro rol y el realizar todas aquellas otras actividades me da una sensación de libertad absoluta. Me di cuenta, entonces, de que dependía mucho de él, más de lo que sospechaba.

¿Entre esos roles que te toca asumir está el de padre?

Sí, también. Consciente o inconscientemente quieres compensar a los hijos por la pérdida de la figura paterna.  No les llevo al fútbol, pero sí les aproximo a lo que yo considero que son retos personales y que yo puedo asumir; por ejemplo, construir la casa en el árbol.

La casa en el árbol representa un mundo bucólico, ¿un desiderátum, una arcadia que en verdad no existe?

Un ideal, sí, un mundo inexistente. La literatura, para mí, funciona en dos niveles que se complementan: el primer nivel es aquel del relato de los hechos que te han sucedido y que quieres plasmar en las novelas como forma de memoria y el segundo nivel es el de la literatura como ex voto, como deseo lanzado o mapa imaginario de un lugar al que ir. Creo que estos dos niveles funcionan en todo tipo de arte; habrá otros niveles, porque el arte es muy complejo, pero estos dos son los que yo tengo identificados y en ellos enmarco mi narrativa.

Save

Save

Save

Save

Save

Save

TOP