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Angelica Dass: "Antes que únicos, lo que somos, es humanos"

Clara Paolini

Foto: Angelica Dass

Un niño te pide que le pases un lápiz “color carne”, ¿qué tono eliges? Sin pensarlo dos veces, tomas el rosa. Es irracional, vehemente y puede que hasta supremacista, pero también es la reacción más probable. Si ese niño estuviera retratando a Angelica Dass, ése no sería el lápiz que buscaba.

Como ocurre con la gran mayoría de seres humanos, la piel de Angelica Dass, no es rosa. La suya es de color 7522C, y de esta aparente insignificancia nació una reflexión que hoy expresa mediante Humanæ, el mayor inventario cromático de los diferentes tonos de piel humana de la historia. Hablamos con ella para sumergirnos en el proyecto mediante palabras de la propia artista.

Angelica Dass
Algunas de los retratos parte de Humanæ | Imagen: Angelica Dass

Dass ha compilado más de 4.000 retratos en 5 continentes y todos con el mismo formato: 11×11 pixeles, plano frontal y de fondo, el mismo color de la persona retratada. Cada imagen se acompaña en su parte inferior de unos dígitos que se corresponden con el código preciso de las Guías PANTONE®, un sistema empleado en diseño gráfico para identificar un color. En su caso, como ya apuntó el fotógrafo Alejandro Castillote, este método consigue desactivar “cualquier pretensión de control o de establecimiento de jerarquías en función de la raza o la condición social”.

Nacida en Brasil pero madrileña de adopción por más de una década, la fotógrafa explica los entresijos del infinito proyecto sobre el que otros se miran, se identifican, reflexionan y debaten. De su bachiller técnico y mecánico tomó su obsesión por la medición, de su experiencia en la fotografía comercial la finura estética, y de sus raíces familiares, el contenido de un mensaje que clama por la alabanza de la mezcla, la diversidad y el respeto, tanto hacia otros como hacia uno mismo.

“Es un trabajo que ha nacido del dolor. Grande. Profundo. Que me ha arrastrado durante muchos años”

Cuando nos reunimos con ella cerca de su estudio en Madrid, acaba de volver de realizar un proyecto con refugiados entre la frontera entre Italia y Suiza y cuenta que dentro de unos días viajará a Abu Dhabi. Son tan sólo ejemplos de los diversos e hiperactivos pasos a los que se ha visto impulsada por Humanæ desde el boom de la charla TED Global, la cual impulsó su proyecto hasta los confines de la Tierra.

En la sede de la UNESCO en París y el Foro Económico Mundial de Davos. En escuelas y residencias de ancianos. En museos y calles. Entre coleccionistas suizos y agricultores ecuatoriorianos. En la revista Foreigns Affairs, en miles de páginas de internet y en cientos de conferencias. Aquí, allí y en todas partes. Humanæ llega a casi todos los rincones del mundo como herramienta y detonante, pero Angelica Dass recuerda bien cómo empezó el germen de la vorágine:

“Es un trabajo que ha nacido del dolor. Grande. Profundo. Que me ha arrastrado durante muchos años. Es la raíz de algo que quiero cambiar y yo sola en casa colocando mis fotos no podía cambiarlo” explica la artista.

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Humanæ laGalería Max Estrella, ganadora de la sección off PhotoEspaña 2013 | Foto: Angelica Dass

Empezó como un proyecto de fin de máster con cierta función catártica, intentando entender el enredo de su propia identidad haciendo retratos de familiares y amigos. Después, empezó a dialogar con desconocidos a los que les decía: “mira, yo quiero probar que nadie es blanco ni negro, ¿te apuntas?. Más tarde llegaron las convocatorias con cientos de voluntarios en casa ocasión, y al final, acabó dándose cuenta de que en realidad “Humanæ es una conversación con el planeta entero”.

¿De verdad ha conseguido llegar a todas partes? Angelica responde: “siempre digo que dejaré de hacer fotos cuando de verdad consiga un equilibrio en mi trabajo. No es justo que de los 54 países que hay en África yo solo haya visitado uno, Etiopía, y sin embargo haya ido 5 veces a Suiza en diferentes conferencias y proyectos. Algo pasa. Tanto la financiación como la oportunidad de discutir sobre estos temas está en el hemisferio norte y esto también es aplicable en una misma ciudad. Se deben hacer cosas en las instituciones y centros de las grandes ciudades pero también los barrios marginales”, opina Angelica, quien no establece fecha de fin para el proyecto sino una perpetua evolución.

“Yo no hablo desde el enfado; trabajo desde el amor. Es cursi pero es así”

Dass comenta que “es fácil evangelizar a católicos” y trabajar en grandes ciudades europeas o estadounidenses donde se apoya la discusión sobre estos temas, pero hay preguntas que mantienen su sed de movimiento: “¿Cómo hacer llegar la conversación a esa gente que nunca va a entrar en el museo?, ¿cómo transmitir el proyecto para que puedan reflexionar sobre temas que les interesan?”. Su estrategia se sienta sobre una filosofía sólida: “La cultura es un lugar de unión extremadamente importante y mi lugar no es en el centro ni en la periferia sino de puente entre ambos. Igual estoy con multimillonarios que con niños y puedo hacer de puente entre los extremos”.

Cuando le preguntamos sobre ideologías racistas, la artista comparte episodios vividos en carne propia en España. Ha recibido comentarios xenófobos, insultos nacidos de la ignorancia y un anciano llegó a pedirle a policía que revisara sus papeles. Sin embargo, no pierde la esperanza por transformar las cosas: “Yo no hablo desde el enfado; trabajo desde el amor. Es cursi pero es así. No canalizo rabia (…) Tenemos que abrir la mente, pedir más empatía, buscar lugares comunes y evitar enfrentamientos. Ya bastante difícil es estar en este planeta donde cada día es una pelea. ¿Cómo vamos a hacer ese camino más amable?,  ¿cómo intercambiar experiencias?, ¿cómo seguir aprendiendo y seguir siendo curiosos?”.

Angelica Dass considera que, a pesar del ruido que puedan crear los movimientos políticos de derecha en Europa y el incremento de la xenofobia asociados a los mismos, “hay un aumento en el deseo ciudadano de luchar contra el racismo” y que con su trabajo y su posición como figura pública, contribuye a que otras personas no sientan el rechazo: “Mi obra es política porque yo hablo. Antes me quedaba callada pero desde que descubrí que parte de mi trabajo es hablar, no perdono una“, asegura la artista.

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Reflexión y debate más allá de la imagen | Foto: Juan Miguel Ponce

Sus fotografías son utilizadas por antropólogos, pintores, profesores, quienes la usan como herramienta de enseñanza, y hasta por científicos. Humanæ esta en el Laboratorio de Genética en el Museo Da Vinci porque “enseña es que todos tenemos una compilación de ADN y es en las últimas letras donde hay unas letras que nos diferencian y nos hacen únicos. La materia prima que nos hace es la misma. De ahí que el respeto y el tratamiento de las imágenes exactamente el mismo, pero todos únicos y especiales“.

“Quiero que descubramos que no existen las razas”

Durante la conversación, Dass no puede evitar recordar que la codificación asociada a una tipología física aparece con la llegada del colonialismo, simplemente “porque había justificar que esa persona era inferior“. Pero si no podemos cambiar la historia, ¿es posible revertir el proceso?

La fotógrafa tiene un ambicioso plan: “Lo que yo quiero es gigante: De la misma manera que hemos llegado al consenso de que la tierra no era plana, y científicamente hemos probado que era redonda, deseo lo mismo para la raza. Quiero que descubramos que no existen las razas, que somos una, que somos humanos y lo fundamental es el respeto. Entremos después en discusiones sobre cómo gestionar las diferencias, porque existen y son fundamentales; nos hacen únicos. Pero antes que únicos, lo que somos, es humanos”.

Irvine Welsh: "Fui escritor en mi imaginación antes que en la realidad"

Pablo Mediavilla Costa

Foto: Ana Laya
The Objective

Irvine Welsh de día. Introducción: las sesiones de entrevistas rápidas a un escritor famoso son mal invento. Prisas, las incomodidades propias de los hoteles y la sensación de que ninguno de los involucrados disfruta mucho de la experiencia. Más o menos las mismas preguntas, más o menos las mismas respuestas y que pase el siguiente.

Welsh (Leith, 1958) es el autor de Trainspotting, una obra tan reconocida que da apuro preguntarle por ella. Posa para un fotógrafo en un salón del Hotel de Las Letras, luego se sienta y mira el móvil. Viste una camiseta con la portada de Joy Division, pero con gatitos en lugar de las 100 ondas del primer púlsar descubierto. Es alto y habla con un acento escocés ligeramente accesible. Parece aburrido de antemano, lejos de su familia y su casa de Chicago y en otra maldita sesión de entrevistas.

Después de hablar de la comida, el tiempo, la amable gente española, el Barcelona y el Athletic de Bilbao, se me ocurre preguntarle si, tal vez, el hedonismo una a escoceses y españoles: “Si hay algún parecido, vosotros lo habéis hecho mejor que nosotros. Aquí es más seco y caliente. Si vas a drogarte y a bailar en la calle es mucho mejor hacerlo aquí. En Escocia amanecerías mojado en cualquier sitio. Aunque es cierto que nos gusta la vida al aire libre y no tiene mucho sentido con el tiempo que tenemos”.

La obra del escocés vuelve a estar de actualidad después del estreno de T2: Trainspotting, la secuela de la película de Danny Boyle que encumbró a casi todos los que participaron en ella: el propio Boyle, Welsh, Ewan McGregor, Robert Carlyle, etc. “Es más emocional que la primera porque los personajes contemplan su propia mortalidad”, dirá por la noche en su acto estrella en La Noche de los Libros. Preguntado en la entrevista por si le ha gustado el resultado final de T2 solo dice “yeah, it’s alright”.

Hijo de la clase obrera inglesa, a medio camino -como él mismo gusta recordar- entre un bala perdida de pub y un tipo sensible interesado por el arte, cree que “la gente está aburrida de que todo sea lo mismo. Las mismas tiendas en las avenidas de las ciudades, la misma música. Se supone que internet iba a darnos más opciones y es lo contrario”.

Sobre su carrera literaria, dice que pasaba muchas horas de niños imaginando historias y que se “convirtió en escritor en su imaginación antes que en la realidad”. Rehuye los tópicos sobre lo duro que es escribir, enfrentarse al abismo de la existencia, etc. “Para mí es como haberme jubilado hace 30 años. Es divertido, me encanta lo que hago, es como el trabajo soñado” -por la noche dirá que “estar encerrado en una habitación con personajes inventados no es bueno para nadie”-.

Acabadas ya las preguntas sobre su vida en Chicago, la violencia en Chicago, el ascendente literario de Chicago -con ninguna ha picado el anzuelo-, Welsh ve cerca el final de la entrevista y recobra las ganas de vivir. Saca el tema de Gibraltar: “¿Esos monos de qué raza son? ¿son salvajes?”. Le cuento un vídeo que circula por internet, el de un tipo que intenta sin éxito que uno de los monos de Gibraltar coja una banderita española: “¡Claro, son monos adoctrinados por Gran Bretaña!Very british apes!“.

Irving Welsh: "Fui escritor en mi imaginación antes que en la realidad"
Welsh confiesa que podría venir a vivir a España y le intriga mucho Gibraltar. | Foto: The Objective.

Irvine Welsh de noche. La cola dobla la esquina de la Real Casa de Correos de Madrid, en la Puerta del Sol. Los libros de culto renuevan su legión de seguidores con una facilidad pasmosa. Hay gente muy joven con su Trainspotting bajo el brazo. Adentro, bajo un enorme techo acristalado, Alessandro Baricco ya ha terminado su charla y firma ejemplares. Dos guardias civiles con bigote y tricornio pasean cerca del mostrador de libros. Visto con ojos extranjeros debe ser un país interesante este.

Welsh y Manuel Jabois están en un reservado, conociéndose. Dada la fama que les precede, uno esperaría encontrar por lo menos champagne, pero solo hay empanada de atún y botellas de agua. Una representante política, no viene al caso quién porque no es nada conocida, le pregunta a Welsh: “¿Usted cuántos libros hace al año?”. Welsh resopla y contesta algo rápido y cortés, que no es poco. Alguien recuerda que tienen que ponerse la chapa de La Noche de los Libros en los bolsillos en la solapa. Welsh la levanta y exclama divertido: “¡Esta chapa es como un pasaporte!”.

La sala central del edificio está repleta, las sillas ocupadas, el suelo convertido en una acampada. Los auriculares para la traducción simultánea se han repartido hace rato, pero la gente se queda igual, desnuda frente a las ráfagas de acento escocés cerrado. Welsh domina la cosa, ya lo ha hecho más veces, centenares de veces, probablemente.

“Cuando salió Trainspotting y hubo todo el escándalo mi madre dejó de hablarme por un tiempo porque me reprochaba que tenía muchos insultos. Luego, cuando empezó a tener éxito me dijo: ¡Muy bien, hijo, así se hace!”. Las anécdotas sobre su madre encienden al público. “Sobre ‘La vida sexual de las gemelas siamesas’, me dijo que no le había gustado nada. ¿Por qué? Hay demasiado sexo lésbico, ¿qué sabrás tú de sexo lésbico? Bueno, madre, espero que más que tú”.

Acaba el acto con algunas preguntas del público sobre la fama, el Brexit y si hay esperanza para la humanidad. La misma cola que había para entrar vuelve a formarse con rapidez para la firma de los trainspottings. Welsh recibe de pie con una sonrisa. Mañana se irá a Milán a seguir con su grand tour europeo.

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Celtas Cortos: "Nos quedan muchas ganas de seguir haciendo música"

Rodrigo Isasi Arce

Foto: Rodrigo Isasi
The Objective

“20 de abril del 90, hola chata ¿cómo estás?, te sorprende que te escriba, tanto tiempo es normal…”. Así comienza una de las canciones más conocidas del mítico grupo de folk rock Celtas Cortos. Y es que somos muchos los integrantes de la generación Y, y parte de la Z los que hemos crecido escuchando esta y otras canciones como La senda del tiempo. Han pasado muchos años desde ese “20 de abril del 90”, pero no por ello Celtas Cortos ha dejado de tocar. El grupo, que cumple 30 años este 2017, sigue dando guerra sobre los escenarios y ha ofrecido este jueves por la noche un concierto en la Sala Joy Eslava de Madrid.

Allá por el año 87 sacaban su primer disco, Así es como suena: folk joven, que publicaban junto con los grupos de folk Ágora y Yedra. Han sido 30 años de cambios en los componentes de la banda, en la que se mantienen fieles el guitarra y vocalista Jesús Cifuentes, Cifu, y el encargado del saxo y los whistles, Goyo Yeves.  Uno de sus temas reza: “No. No nos podrán parar somos Celtas Cortos con ganas de luchar”. Y eso es precisamente lo que parece, en estos 30 años, nada les ha detenido y hoy es el día en el que nos reciben encima de un escenario para ofrecer un nuevo bolo a sus incondicionales fans y comenzar la gira de su nuevo disco In Crescendo, grabado en directo con la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias. Son ya casi dos millones de discos vendidos en toda su historia y más de 2.000 conciertos a sus espaldas.

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Alberto García en la prueba de sonido | Foto: Rodrigo Isasi/The Objective

Hablamos con Alberto García, que se incorporó al grupo en 1992 y que se encarga del violín y del trombón. Alberto lleva muchos años tocando el violín. Un cúmulo desafortunado de circunstancias en su vida no han sido suficientes para que abandonara la música; y es que con 31 años le diagnosticaron artritis psoriásica, una dolencia muy común que puede llegar a ser bastante invalidante dependiendo del grado de afección y del dolor que ésta provoque. Aún así, es el primero que se sube al escenario a dar lo mejor de sí mismo.

¿Qué ha cambiado en Celtas Cortos desde aquel 20 de abril del 90? 

Pues han cambiado muchas cosas. Los años te acaban abollando un poco la ingenuidad y la ilusión a borbotones que tienes cuando eres más joven, pero quedan muchas cosas de lo que era el grupo de entonces. Quedan muchas ganas de seguir haciendo música, canciones en común, que es el hilo conductor, es la esencia que nos mantiene juntos, aparte de una buena dosis de amistad. También han cambiado las vidas de todos, ya que la inmensa mayoría somos padres, y eso también va conformando la manera de estar en el grupo.

¿Cómo surgió el tema 20 de abril?

Bueno, eso fue una carta de amor que escribió Jesús (Cifuentes) a una destinataria y ahí se queda la cosa. Es algo anecdótico. Yo creo que la cuestión personal se puede obviar, es un desparramo de desamor hecho poesía y una manera de hacer música para nosotros, que es combinar una base más o menos rockera con una instrumentación más o menos folk. También fue una manera para nosotros de sentar las bases de como hacer música, aunque luego la hemos hecho de muchas otras maneras y mirando a muchos otros sitios.

30 años  sobre los escenarios ¿Tendremos Celtas para unos cuantos años más? 

Nosotros vamos a ir pasito a pasito y siempre hemos pensado que esto era una carrera de fondo y nos vamos planteando las etapas una a una. Ahora estamos pensando en la siguiente, que son unos ensayos en el mes de octubre, y no tardando demasiado hacer una grabación de eso. Hasta ese momento, cada uno va cocinando sus historias, grabando, proponiendo ideas que luego serán comunes. Eso es lo que tenemos ahora, aparte de acabar la gira enteros. La idea es tener un nuevo disco para el año que viene.

¿Qué hay de cierto en el origen de vuestro nombre?

Nuestro nombre tenía que ver con que muchos integrantes del grupo fumaban Celtas. Al haber Celtas largos y Celtas normales, la gente los llamaba ‘cortos’ y se aprovechó esa especie de complicidad con el público en general, ya que era un tabaco muy popular y tenía que ver mucho con lo que hacíamos musicalmente: usábamos la música celta, pero nos quedábamos cortos para hacer otro tipo de sonoridades, por lo que nos venía un poco como anillo al dedo.

 ¿Ya no se hace música como la de antes?

Yo creo que sí se hace música como la de antes, lo que pasa es que los canales para llegar al público han cambiado. Los mayoritarios se dedican algo más no se, es que la palabra “comercial” se queda corta; se dedican a lo básico, a llegar al público. Actualmente, por suerte, los canales de difusión de la música han cambiado y están prácticamente al alcance de cada uno de nosotros; otra cosa es saber cómo ofrecerte, ser un poco culebrilla para llegar a donde quieres llegar, dar mucho la tabarra y creértelo mucho.

 ¿Qué papel juega la tecnología?

La tecnología ha influido para mal y para bien, ha abaratado muchas cosas que tienen mucho valor, pero también ha abaratado, precisamente, la posibilidad de ser tu propio gestor y productor de tu música. Puedes ser un ente completamente autónomo.  Desde que la idea surge en tu cabeza, hasta que se estrella en el mejor de los sitios.  Esto es un arma de doble filo, hay que saber manejarla y no cortarse.

 ¿Qué decir del trabajo de Celtas Cortos?

Nosotros procuramos tener una coherencia con lo que a nosotros nos gusta, con lo que realmente hemos hecho, y con lo que consideramos que es digno para que el público lo escuche. No obstante, supongo que hay gente que en la música ve algo más aparte de lo puramente artístico y da más prioridad a la parte de mercadería de la música. Creo que en hacer girar todo al mismo tipo de música en todas las cadenas de radio, hay mucho de interés puramente comercial. Nosotros intentamos mantener por lo menos una buena dosis de interés por lo puramente artístico y lo que realmente a nosotros nos conmueve por dentro.

Aparte de Celtas Cortos, ¿Qué escucha Alberto? 

Pues escucho infinidad de cosas. Lo último que he escuchado con un poco de atención es un grupo que se llama Punch Brothers, que tienen violín, mandolina, banjo, contrabajo, guitarra y su vocalista canta muy bien el tío. También he escuchado una mandolinista que se llama Sierra Hull. No lo sé, la verdad es que estoy abierto a un montón de grupos. Es un espectro muy amplio el que me puede llegar a calar, necesito un poco de virtuosismo musical para que me llegue, pero estoy abierto a prácticamente cualquier tipo de música.

Artistas que convierten libros en espectaculares obras de arte

Clara Paolini

Foto: Robert The

En los últimos capítulos de la era Gutenberg, poco influyen los debates sobre la inminente muerte o final supervivencia de la palabra impresa: seguimos amando los libros.

Decía Ray Bradbury que “los libros sólo tienen dos olores: el olor a nuevo, que es bueno, y el olor a libro usado, que es todavía mejor”, y es porque hemos asociado su perfume a una experiencia placentera que vuelve a activarse con su contacto. Los libros son objetos vivos que se acumulan, se pierden, se regalan, reaparecen, envejecen y al ser leídos, vuelven siempre a renacer sin perder su inconfundible aroma.

Desde 1995, cuando en una reunión de la UNESCO en París se decidió declarar la fecha del 23 de abril como Día Mundial del Libro, ha sido costumbre celebrar dos temas: la industria del libro y la importancia de la lectura. ¿Por qué no volver a la esencia y homenajear al objeto en sí?

Con esta intención hemos recopilado una selección de artistas que utilizan el libro como materia prima para la creación de sus obras utilizando una gran variedad de técnicas que renuevan el significado de sus páginas. Las historias siguen ahí, escritas en un pasado que ahora revive gracias a su nueva forma más allá de los límites de la literatura.

Un homenaje a los libros, la creatividad y los objetos mágicos

A Humument, Tom Phillips

El 5 de noviembre de 1966 el artista británico Tom Phillips se dirigió a una tienda de segunda mano con una misión: comprar un libro por menos de 3 peniques, y con todas las técnicas que estuvieran a su alcance, transformar por completo la obra hasta que tanto su forma como su contenido fueran totalmente nuevos.

La novela que eligió hace ya más de 50 años era A Human Document, escrita en 1892 por el novelista victoriano William Mallock. Para 1973 ya había trabajado en cada una de las páginas, alterando la obra literaria con ejercicios creativos propios. Empezó tachando frases dejando visibles sólo algunas palabras, que al leerse seguidas, formaban frases con un nuevo sentido. Además, incluyó poesías visuales, pinturas, retratos expresionistas, guiños puntillistas, expresionismo abstracto, collage, caligramas… El resultado es una gran pieza de casi 400 páginas en las que la creatividad fluye sin cortapisas.

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Evolución de una de las páginas de A Humument. Original, primera versión y segunda versión | Foto: Tom Phillips

Lo llamó A Humument porque como explica el artista, “doblando una página por la mitad y volviéndola hacia atrás para revelar la mitad de la siguiente página, el título se abrevió a A HUMUMENT, una palabra terrosa que contiene la humanidad y el monumento, así como el sentido de algo interrumpido, cortado o exhumado para terminar en las salas de documentos del un mundo archivado”.

La pieza pasó de la londinense Serpentine Gallery, hasta el Museo Gemeente de La Haya para terminar en Basel. ¿Acaba ahí la historia? Por supuesto que no. Considerado como un perpetuo work in progress, Phillips sigue trabajando sobre el mismo libro desde entonces extrayendo pequeños párrafos, utilizando hojas y dando lugar a nuevas piezas que han llegado a formar parte de importantes colecciones como la de la Tate. El libro, por fin digitalizado, se puede descargar aquí y la editorial Thames & Hudson ya va por la sexta edición de A Humument mientras Tom Philips sigue creando piezas derivadas de aquella idea surgida a finales de los 60.

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Entre las páginas de A Humument | Foto: Tom Phillips

La fragilidad del lenguaje, Pablo Lehmann

El argentino Pablo Lehmann cala, deshilacha y destroza el texto para crear un nuevo discurso. En su obra, las palabras sobresalen de complejos entramados hasta convertirse en imágenes dejando el lenguaje en un segundo plano que, paradójicamente, le sitúa como protagonista.

“Mi intención es darle al texto la seducción de la imagen; mi máximo placer es volver al lenguaje más ilegible, no-decir, sino quitar sentido”, asegura el artista.

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La estrategia de la ficción I, de Pablo Lehmann. Papel calado a partir de un libro de Borges

Para su obra, Lehmann Selecciona textos relacionados en sí mismo con la temática del lenguaje, de literatos como Borges, Cortázar y teóricos como Barthes, Derrida, o Lacan y basta visitar su blog para observar como absorbe, como una esponja, las palabras de grandes intelectuales que llegaron a predecir la idiosincrasia del mundo actual.

Con influencias como Louise Bourgeois y Rembrandt, el artista argentino reflexiona sobre la palabra a través de complejos entramados de papel. “La palabra es esencialmente problemática para mí y por ello estoy constantemente buscándola, redefiniéndola, escribiéndola”, explica.

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Escritura Colgada I, una obra de Pablo Lehmann.

La literatura es un arma cargada de arte, Robert The

“La poesía es un arma cargada de futuro”, una frase de Gabriel Celaya tomada, en este caso, en sentido literal. La palabra escrita tiene una innegable fuerza, pero hay pocos artistas que hayan trasladado esta afirmación de forma tan precisa como el filósofo, matemático y artista Robert The.

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The Catcher in the Rye, Robert The

En su serie Book Guns, Mister The utiliza libros encontrados en tiendas de segunda mano movido por sólido trasfondo que va más allá de la broma duchampiana:  “La obsesión por la erosión semiótica del sentido y la realidad me llevó a crear objetos que evangelizan su propia relevancia mediante una fusión directa de palabra y forma. Los libros (muchos sacados de los contenedores de basura y los depósitos de la tienda de segunda mano) son amorosamente vandalizados de vuelta a la vida para poder afirmarse contra la cultura que los convirtió en escombros”.

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Psychotherapy with Adolescent Girls, Robert The.

Estructuras de papel, Jonathan Callan

El artista británico  Jonathan Callan ha pasado los últimos 20 años utilizando libros de bolsillo y revistas para crear obras de arte a gran escala. En su statement explica que gran parte de su obra se basa en los libros no porque tenga ninguna actitud fetichista hacia ellos, sino porque entiende que las palabras son ineficientes para expresar la experiencia y su propio entendimiento del arte.

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The solution, Jonathan Callan

“La mayor parte de la gente rara vez piensa en un libro como un objeto, las palabras dentro se consideran mucho más importantes que la forma. Me pareció que este hecho expresaba perfectamente el problema que tenía al pensar en el debate sobre el arte y cómo se valoraban sus significados, y por eso empecé a considerar los libros de la misma manera que un alfarero podría considerar la arcilla. En muchos sentidos, pienso en ello como una forma de abordar la ecuación de la forma y el contenido”.

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The Library of Past Choices, Jonathan Callan.

Póngame un consolador y la última de Stieg Larsson

Néstor Villamor

Foto: Ana Laya
The Objective

Con el sector librero español desangrándose (aunque ahora remonta, la crisis cercenó unos 2.400 puntos de venta, según datos comparados del INE y de CEGAL), la creatividad es materia troncal para la nueva hornada de vendedores de literatura. Así, estos han transformado sus negocios en empresas con amplitud de miras que no solo venden novelas, sino arte, alta cocina y hasta bolas chinas. Sin salir de Madrid, son varias las librerías híbridas. Por ejemplo, las siguientes.

Lorca y el sexo

En la balda superior de la estantería sur de A different life, dos superventas de Stieg Larsson coronan la estancia. Medio metro más abajo, las Cartas a Nelson Algren de Simone de Beauvoir se apoyan lascivamente sobre un ensayo de Foucault, atentamente observado a su vez por un poemario de García Lorca. Esta colección, fundamentalmente de literatura LGTB, está convenientemente custodiada por un nutrido ejército de consoladores, dilatadores anales, bolas chinas y demás enseres pensados para el uso y disfrute (sobre todo disfrute) de las artes amatorias. Lo que podría parecer mezclar el culo con las témporas, literalmente, es para Manuel Pérez, trabajador de esta combinación de librería y sex shop, una “idea obligada” ya que “la gente ha dejado de consumir libros”.
En… Pelayo, 30 (Chueca)
El librero recomienda… El viaje de Marcos, de Óscar Hernández (Egales)

Literatura a fuego lento

Recetarios. Ensayo gastronómico. Ficción narrativa en la que la cocina juega un papel central. A punto, una librería con “alrededor de unas 3.500 referencias” según su copropietaria Sara Cucala, marida este menú con talleres de cocina y eventos gastronómicos. “Tenemos un espacio dedicado al mundo de la docencia y de catas de vino y destilados”, presume Cucala, que define A punto como “una experiencia 360º”, porque las actividades culinarias no se limitan a la enseñanza. Para el Día del Libro, por ejemplo, han invitado a Pomi Ramírez, autor de El chef canino: Cocina para perros, a que haga un showcooking que posteriormente degustarán los canes de todo el que quiera apuntarse.
En… Hortaleza, 64 (Chueca)

La librera recomienda… Dalí: Les dîners de Gala (Taschen)

Hemingway amaba el Rioja

Y después del postre se puede ir uno a rematar la jornada a Tipos Infames, un híbrido ente librería y tienda de vinos. Un lugar para mezclar literatura y bebercio en el que no mirarán mal a nadie por catar un Chianti mientras devora una novela de Robert Walser o por devorar un Chardonnay mientras cata un poema de William Blake. “Cuando uno lee un gran libro, si lo acompaña de un buen vino, el resultado entre ambos será mejor que la suma de los dos”, receta uno de sus socios, Gonzalo Queipo, que explica que la razón de ser de Tipos Infames es “convertir el tiempo de ir a la librería en un momento de ocio”.
En… San Joaquín, 3 (Malasaña)

El librero recomienda… Kanada, de Juan Gómez Bárcena (Sexto piso)

Rock de fondo

Música y literatura. Vinilos nuevos y de segunda mano se funden en Bajo el Volcán con literatura “de calidad”, “sin best sellers“, resume el propietario, Fernando Velasco. El librero aunó los que define como sus dos mayores intereses para crear un espacio en el que el jazz convive con el ensayo y Thomas Pynchon mira de cerca a Led Zeppelin.
En… Ave María, 42 (Lavapiés)

El librero recomienda… Nog, de Rudolph Wurlitzer (Underwood)

Póngame un consolador y el último de Stieg Larsson 1
Librería Bajo el volcán. | Foto: Verónica F. Reguillo / The Objective

Playa o montaña

Madrid tiene muchas librerías con cafetería, pero solo una como La ciudad invisible, en la que se mezclan la cultura literaria y la turística. “Vendemos únicamente literatura de viajes” y, entre otras actividades, “estamos abiertos a cualquiera que quiera dar una charla relacionada con ese mundo”, cuenta el copropietario Alfonso González, que también desliza un consejo para futuros libreros: “Tienes que ofrecer algo diferente si no quieres que lo grandes te coman”.
En… Costanilla de los ángeles, 5 (Palacio)

El librero recomienda… Las ciudades invisibles, de Italo Calvino (Siruela)

Amor al arte

Las dos plantas de local de Swinton and Grant sirven a un propósito doble: la de arriba es una librería-cafetería, la de abajo es una galería de arte. “Somos una librería especializada en arte, novela gráfica y cómic”, explica Sergio Bang, copropietario del negocio. Y la galería también tiene personalidad propia: “Tenemos dos líneas”, detalla Bang: “Una dedicada a artistas que utilizan la inspiración urbana y otra dedicada a artistas que tienen un trabajo más político y social”. Siempre hay una exposición de ambas corrientes en sendas salas. Ahora mismo, cuelgan de las paredes del sótano de Swinton and Grant obras del japonés Naoki Fuku y del barcelonés Spogo.
En… Miguel Servet, 21 (Lavapiés)

El librero recomienda… Disparen al humorista, de Darío Adanti (Astiberri)

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