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Antonio Castelo: "Todas mis redes sociales las lleva mi exnovia"

Jorge Raya Pons

Foto: CCN

Antonio Castelo (Alicante, 1982) tiene una barba frondosa que ha ido recortando con el paso de los años y un sentido del humor ácido, directísimo, que se transforma en hiriente para quienes visten una piel más fina. Castelo pertenece a una generación de comediantes de nuevo cuño, más rupturista, menos atada a los tradicionalismos patrios, que combate el aburrimiento trabajando sin freno y compaginando proyectos personales con colaboraciones constantes en televisión, internet y radio.

Ahora, el humorista regresa a Comedy Central News (CCN), en el canal de pago de Comedy Central, para abordar grandes temas con pocas palabras cada jueves a las 23:50 horas. En este informativo en tono de comedia, los datos y las bromas se combinan en 12 minutos, un equivalente televisivo a los 100 metros lisos. “Es un programa bastante droga”, dice Castelo. “De hecho, yo creo que a veces incluso condensamos demasiado. Damos una tralla de datos loquísima. Notas que voy hablando muy rápido, dando mucha información, y a la vez hay gráficos, y a la vez hay chistes. Es verdad que es difícil tratar un tema en profundidad en 12 minutos, pero nosotros lo intentamos de alguna manera”.

¿Crees que hay un humor millennial o simplemente unos temas que despiertan más interés que otros?

Yo creo que el humor es el mismo desde hace cientos de años, probablemente miles. Son los temas los que cambian. Muy poca gente ha inventado cosas nuevas, casi nadie lo ha conseguido. Yo recuerdo cuando vi por primera vez Ali G y pensé que Sacha Baron Cohen había inventado una cosa. También me pasó cuando vi The Office. Pero la realidad es que casi nunca se inventan cosas, todo se basa en cambiar temas y puntos de vista. Por ejemplo, nosotros tratamos temas que son de hoy, como los e-sports. En sí, este no es un tema estrictamente millennial, seguramente también le interesará a un padre. Saber de qué va eso, descubrir que es algo positivo, que no es como parece. O como ocurre con el reguetón: el padre igual escuchaba rock and roll y le decían que aquello era una guarrada.

Quieren descubrir en qué se está metiendo su hijo…

Claro, aunque tampoco pienso en un público joven y uno mayor, eso sería simplificar. Yo, cuando sea mayor, no creo que me interesen los temas de mayores. Hay temas interesantes y temas que no lo son. Hay comedia buena y comedia mala. Yo creo que la comedia buena con temas interesantes llega a todo el mundo.

El programa lo está petando en audiencia. Pero, sinceramente, tendría la misma reacción si fuera mal de audiencia. Hemos hecho el mejor programa posible y está de puta madre. Estoy orgulloso.

Antonio Castelo: "Todas mis redes sociales las lleva mi exnovia"
El programa CCN, de Comedy Central. | Fuente: CCN

¿Tiene que ver también con una evolución del humor? Nosotros hemos consumido otro tipo de comedia, más americana o inglesa, y eso ha ido perfilando nuestro sentido del humor.

Sí, yo siempre he estado influido por la comedia anglosajona y desde pequeño veía los late night, que era lo que más me gustaba. Siempre me ha gustado lo mismo y, por otra parte, creo que es lo mejor. El Late de Conan O’Brian era el mejor programa que había en esa época y era mejor que cualquier español o cualquier alemán.

Mira, otro programa que era muy bueno cuando solo hacía comedia era Salvados. Yo creo que es el mejor que ha habido de comedia y actualidad en España. A mí ese tipo de formato no me pasa desapercibido. En nuestro programa también se hacen cosas así. A la hora de hacer piezas de calle, nos fijamos en las piezas que hacía Jordi Évole.

“En mi casa siempre me han apoyado, pero lo han hecho porque se me daba muy bien”

¿Siempre quisiste ser cómico? Porque he leído que hiciste dos carreras, como cuando te obligan a estudiar una carrera y luego ya haces lo que te gusta.

Yo creo que soy la última persona que salió de COU [equivalente a 2º de Bachiller]. Recuerdo que cuando llegabas a octavo de EGB [2º de ESO], podías elegir entre hacer la ESO o BUP y COU. Pero a la ESO solo iba la gente que sacaba muy malas notas. Yo sacaba todo sobresalientes e hice BUP y COU. En la ESO estaban todos los inútiles, porque los que querían hacer cosas profesionales se iban y ya está. En esa época, cuando acabé COU, me fui al ejército y estuve allí un año. Iba a ser piloto militar.

Sí, iba a ser piloto de combate. No me gustó y me salí. Entré en Informática porque tenía que hacer algo. Pero me di cuenta de lo que realmente me gustaba y empecé a hacer un poco de radio, se me daba muy bien. En mi casa siempre me han apoyado, pero lo han hecho porque se me daba muy bien.

¿Cómo fue aquel año en el ejército?

Era una cosa que se llamaba premilitar. Para hacer la oposición, te preparan en una especie de academia militar. Yo me crié en un hospital militar, en un cuartel. A mí, si sacaba buenas notas, me llevaban a disparar. Para que te hagas una idea. He comido toda la vida de hospital, es la que llegaba a casa. Eso es algo que nadie hace en la realidad, pero de eso me doy cuenta ahora.

El año que viene igual llega el formato anécdota porque muchos fans me lo están pidiendo. Ayer estaba pensando en que he vivido en un cuartel de los 10 a los 20 años y hay anécdotas en las que no reparaba, como comer comida de hospital durante todo este tiempo. Claro, te llegaban a casa esa raciones de col rehogada, yogur desnatado blanco y mierda así. Y estaba gordo, lo cual significa que me gustaba.

Sé de qué hablas, he vivido en una residencia militar y era parecido. ¡Todos los días patatas!

Al final te vuelves loco. Comía lo mismo cada dos semanas. Estaba harto de comer col todos los martes impares.

“La diferencia entre un tío que va a hacer sus horas y yo es que yo no quiero cumplir, yo quiero reventarlo”

Siendo cómico y valenciano, ¿llegaste a trabajar en Canal Nou?

No, no. Es la única comunidad donde sus cómicos no han trabajado en su canal autonómico. Allí no nos dieron ni la más mínima oportunidad. Es tan grave que a mí me la dio el canal autonómico balear.

¿En serio?

Allí muchos piensan: “Ese talento es de aquí”. Me dieron trabajo porque Canal Nou era tan mierda que no daba trabajo. Ahora van a reabrirlo, pero me ha dicho un amigo que de los 500 que contratan, no hay ni un guionista. Valencia, en ese sentido, es un páramo.

¿Cómo fueron los comienzos en Baleares?

Me hicieron una prueba de guión en un programa de corazón en las tardes y entré con Adolfo Valor, que es el guionista de Cuerpo de élite y uno de mis mejores amigos. ¡Entramos en un programa de corazón! Pero es que es imposible comenzar por el buen camino en España, apenas hay trabajo de comediante. A mí me apetecía salir en la televisión y empecé a pugnar por un puesto que había de copresentador, pugnaba con un cubano. Un cubano, tío. ¡Un cubano! Claro, pensaban que como era cubano podía tirar de ‘Ay, ¡la islita!’. Me llamaron un día para decirme que el cubano se había caído, que no podía hacerlo. Al día siguiente de avisarme tenía que copresentar. La televisión es un puto sinsentido.

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Antonio Castelo, junto a uno de sus colaboradores. | Fuente: CCN

Tienes buen material para comenzar con las anécdotas.

Tengo infinitas anécdotas de mierda. Eso pasó cuando yo tenía 21 años y ahora tengo 35.

Estás con mil proyectos y en distintos formatos. ¿Cómo lo haces para que no te dé un microinfarto?

Más curro tenía el año pasado y el anterior. Aquello me sentó muy mal. Trataba de levantarme pronto, comer bien, hacer ejercicio. Todo muy racional, todo muy medido. Este año he trabajado mucho, pero no tantísimo. Eso me ha venido bien. Me he quitado entre semana Vodafone Yu y solo voy los viernes. Los sábados tengo A vivir, en la Cadena Ser. Tengo las piezas de internet que hacemos para CCN y el programa. Todo esto junto está bien. Ahora tengo un contrato de exclusividad con Comedy Central que termina a final de este mes.

¿Te estás dejando querer?

Pues mira, la verdad es que sí. Aunque solo sea para subir el precio.

No, hombre, estoy muy contento aquí. Además, me tratan muy bien. ¡Me tratan como a un presentador!

“Twitter me parece un sitio que fomenta el linchamiento”

Cuando frenaste, ¿lo hiciste por el tema psicológico y físico o porque no podías mantener la creatividad?

Mi padre me avisó hace un par de años de que no iba a ser capaz de hacer tantas cosas sin bajar la calidad. La diferencia entre un tío que va a hacer sus horas y yo es que yo no quiero cumplir, yo quiero reventarlo. Esa es para mí la gran diferencia. Yo siempre pienso en petarlo y eso hace que me desfonde en cada trabajo. Aprendí que si haces mucho, todo no te puede salir tan bien. No es fácil darlo todo todo el tiempo. No es fácil ser el más original, hacer siempre el comentario que más mola. Y eso es algo que me preocupa bastante. Yo quiero que en cada sitio que me contraten se queden con la sensación de que he dado todo lo que podía dar, que he marcado la diferencia. Ya es difícil que te paguen por hacer esto como para que el cliente tenga dudas.

¿Cómo llevas el tema de redes sociales? ¿Lo haces más por obligación o te gustan?

Todas mis redes sociales las lleva mi exnovia.

¿Te quiere bien?

Sí, en realidad somos mejores amigos. Es que yo muchas veces compartía cosas por cumplir, sin más. Hay mucha gente que valora que estés en las redes, pero a mí me interesan muy poco. Solo me interesa Instagram, las demás creo que son una basura. En Instagram tengo historias, vídeos, uno detrás de otro. Twitter me parece un sitio que fomenta el linchamiento.

Tengo que decir que fui la 51ª persona en tener una cuenta en Twitter en España y que presenté la gala del décimo aniversario, pero me cerraría Twitter.

¿Te han atacado mucho por Twitter?

Sí, pero menos que a otros. Los peores comentarios me llegan por Twitter, es donde está la gente más rabiosa.

En YouTube ha crecido una generación de cómicos, tú mismo te has beneficiado de YouTube. Ahora parece que se ha cerrado un poco la puerta, que no hay tanta renovación.

Sí, yo también lo pienso. Hemos salido algunos como Broncano o yo, que somos los más jóvenes de nuestra quinta, digamos. Los demás son cuarentones, gente mayor que nosotros. Por abajo, lo más parecido es Darío MH. Es verdad que hay mucha gente joven haciendo stand ups, yendo a las trincheras por la noche, que creo que es la mejor manera de hacer buena comedia.

Pero hay pocos programas de humor y, con tan pocas oportunidades, es difícil que salgan nuevos talentos y se fogueen. Si no hay donde tocar el violín, no puedes tocarlo. Hay muchos chavales que no pueden practicar como yo lo hice en su día, no pueden hacer horas. Cuando me preguntan los chavales qué tienen que hacer para llegar, les digo que no lo sé. Les digo que ninguno de los sitios en los que he trabajado existe ya.

Continúa leyendo: AirHelp, la app que te hace la vida fácil si te cancelan o retrasan un vuelo

AirHelp, la app que te hace la vida fácil si te cancelan o retrasan un vuelo

Redacción TO

Foto: Antonio Calanni
AP

Hay pocas circunstancias más frustrantes en la vida de un viajero que la cancelación o retraso de un vuelo, y sobre todo si ese viaje se hace por placer. En The Objective ya publicamos una breve guía de cómo proceder ante la cancelación de vuelo, que puede servir de ayuda a cualquier pasajero en apuros. Ahora presentamos AirHelp, la aplicación que te hace la vida más fácil si sufres alguna de las circunstancias citadas.

Según esta empresa especializada en la defensa de los derechos de los pasajeros, más de 110.000 personas en España sufrieron en julio retrasos, cancelaciones y sobreventa en aproximadamente unos 800 vuelos. Además, concreta que sólo un 1% de los afectados reclamaron una compensación, lo que se traduce en que las compañías aéreas deberían haber abonado 30 millones de euros tan sólo en ese mes por los retrasos, cancelaciones y casos de overbooking.

Para muchos, el proceso de reclamación se revela arduo y largo, por lo que no se plantean siquiera el ejercer su derecho como pasajero. Por suerte, la tecnología nos abre un mundo de posibilidades también en el fatigoso mundo de las solicitudes burocráticas.

Reclamación a golpe de clic

Desde AirHelp aseguran que el trámite con ellos pasa de durar horas a tan sólo 3 minutos, por lo que reclamar con este servicio, que cuenta con aplicación para smartphones, puede ser tan sencillo como hacer clic.

AirHelp, la app que te hace la vida fácil si te cancelan o retrasan un vuelo 1
Una app que te quita dolores de cabeza. Literal. | Imagen: AirHelp

Para los retrasos de vuelo en los viajes hacia y desde los países de la Unión Europea, la compensación puede llegar hasta los 600 euros, y desde AirHelp aseguran que con su servicio los viajeros obtienen una compensación media de 400 euros por vuelo. Las cosas son más complicadas si tu vuelo se retrasa en suelo estadounidense: según Scott Ginsberg, gerente de AirHelp, las aerolíneas en Estados Unidos sólo están obligadas a compensar los retrasos prolongados en la pista, con lo que los derechos de los pasajeros se ven más limitados.

Para poder luchar correctamente por la debida compensación, y a pesar de la ayuda de AirHelp, el pasajero debe proceder a tenerlo todo muy bien acotado. Desde conservar la tarjeta de embarque, a preguntar por el motivo del retraso al personal o anotar la hora real de llegada al destino final, todos los datos que tengamos harán más fácil todo el proceso. Desde AirHelp resaltan además la importancia de no firmar ningún documento ni aceptar ninguna oferta o vale que pueden acarrear la pérdida de los derechos de reclamación.

Vuelos de hasta 5 años de antigüedad

AirHelp te permite comprobar tus vuelos de los últimos 5 años para conocer si tienes derecho a compensación, un servicio completamente gratuito, y reclamar cuando uno de tus vuelo esté afectado. Siempre sale más barato hacerlo uno mismo, ya que AirHelp se reserva una comisión del 25% por el servicio en el caso de ganar el caso, pero si la reclamación no llega a buen puerto, el usuario no debe pagar nada.

Continúa leyendo: Josep Lluís Trapero y su #BuenoPuesMoltBéPuesAdiós

Josep Lluís Trapero y su #BuenoPuesMoltBéPuesAdiós

Redacción TO

Foto: Ilustración de @JordiCalvis
Twitter

En la rueda de prensa ofrecida ayer lunes, pocas horas antes de abatir al autor de los atentados de Barcelona, el jefe de los Mossos d’Esquadra, Josep Lluís Trapero tras la enésima petición de hablar en castellano aclaró -también por enésima vez- que simplemente a las preguntas hechas en catalán responde en catalán y a las hechas en castellano responde en castellano. El periodista que hizo la petición se levantó y se fue y Trapero lo despidió con la frase que fue recibida por las redes con más satisfacción: bueno, pues molt bé, pues adiós. En catañol para que no queden dudas.

Desde ilustradores hasta “memeros” (¿ya podemos usar esta palabra?) aficionados se volcaron a la red para mostrar su apoyo a Trapero en particular y en general a los @mossos quienes comunicacionalmente han realizado un trabajo impecable a través de sus redes -especialmente Twitter- traduciendo sus comunicados hasta en 4 idiomas.

Aquí algunas de las reacciones:

#BuenoPuesMoltBéPuesAdiós 😉

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Identidad

José Carlos Rodríguez

Foto: Alejandro Alvarez
Reuters

Un grupo de supremacistas blancos convocó una manifestación contra la retirada de una estatua del General Robert E. Lee en la ciudad de Charlottesville, Virginia. Es la ciudad en la que Thomas Jefferson construyó Monticello. Hubo una contramanifestación, convocada en parte por grupos no menos totalitarios, y el intercambio de argumentos se saldó con la muerte de una mujer. Ahora, la Universidad de Tejas retira los monumentos a los confederados. Ya se sabe, la historia la borran los vencedores. Pues de eso se trata. De reducir la historia a un conjunto de sloganes, vincularlos a unos símbolos, y borrar con ellos lo que quede del relato compartido del pasado. No sólo eso, sino que borran los símbolos en los que una parte de la sociedad puede verse reflejada.

El fondo ideológico de esta práctica orwelliana es la identidad. ¿Qué es la identidad? El camino de llegada de la igualdad. Si las personas han de ser iguales, deben serlo también a algo, que les otorgue su carácter; deben tener una identidad. Los individuos, con su infinita variedad, no tienen lugar aquí. Lo que eres entra dentro de tal o cual identidad. Y lo que pienses o hagas, poco importa. Lo que cuenta es en qué cajón te meten. Y qué conjunto de epítetos (pocos, para que se puedan recordar), asignan a cada identidad. ¿Hombre? Maltratador, explotador. ¿Afroamericano? Víctima. Y así, todo.

Se dice que la política de identidad es la gran contribución de Barack Obama a la política, que no todo va a ser encantar a la audiencia diciendo vaciedades. Pero el Partido Demócrata ya había hecho de las identidades su programa político desde Franklin D. Roosevelt. Sea como fuere, es a donde hemos llegado. La estatua del general Lee no es un monumento a una historia compartida. Es un instrumento político, el símbolo de una identidad. Una pieza en su tablero de ajedrez.

La identidad es una política de la izquierda. Y han tenido tanto éxito, o se han enfrentado a una derecha tan incapaz, que ahora hay personas que dicen pertenecer a una derecha identitaria. Cuando ocupas ambos lados del espectro político, está claro que has ganado.

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Ni Sofia Coppola, ni Tinder: la seducción era otra cosa

Lorena G. Maldonado

La frigidez no es un pecado, pero sí una lástima. Ayer salí de ver La seducción, de Sofia Coppola, cargando con una anorgasmia militante -en mi barrio se dice revenía’- y corrí al Burger King a meterme entre pecho y espalda una vulgar pero sincera tendercrisp que me devolviese a la tierra, que me conectase de nuevo con la carne, la saliva y la culpa, con la lascivia del queso americano y la grosera humanidad de dos labios abriéndose. La parte de la vida que me interesa suele alojarse al otro lado de la boca que se desprende, que se ensancha como una flor carnívora llena de fascinaciones, admiración, estupor o apetitos. La película fue como el antónimo: más o menos un rictus.

Claro que no todo el mundo va a ser folclórico emocional, pero una cosa es la sobriedad -esa que nos angustió en la exquisita Shame– y otra la abulia: ahí Coppola en su filme protagonizado por un corrillo de hembras psicópatas y un macho castrado -qué iracundo, el cabo, cuando tiró la tortuga-. Casi extrañé la testosterona trumpista de Eastwood, que fue El Seductor en la de Don Siegel (¡1971!). Qué sangre tan acuosa aquí, qué raza tan pocha, qué poco cachondos estamos en este banquete de la revolución sexual.

La seducción: madre mía. A los que quiero les deseo que nunca les tonteen así. Una hora y media asistiendo a un cortejo de amebas. En los lavacabezas de la peluquería he vivido más tensión sexual. Al terminar, sentí por fin una trémula excitación mientras hundía mi patata gajo en la salsa, y recordé que no sé nada de cine -algunos amigos han montado un cinefórum y se esfuerzan, con mucha paciencia, en corregirme esta anemia cultural-, pero oye, me dije a mí misma, en el relato del deseo te defiendes, como todos los veleidosos. En el relato, por lo menos, que los engranajes ya son otra cosa -y sólo marchan si no se comete la torpeza de desmontarlos para entenderlos-.

¿Por qué me entusiasman Roberto Álamo, Bardem, Luis Tosar, Paul Dano o Alan Rickman y me quedo gélida con el mismísimo Brad Pitt? Miren: no lo sé. La vida tiene estas cosas. También el bueno de Colin Farrell me dejó en La seducción mortalmente aburrida, con las papilas gustativas de vacaciones, con una tristeza muy rara, parecida a la que uno siente cuando ve a una pareja besarse mal.

Sí. En el deseo llevamos años auscultándonos; pero en la seducción todos somos un poco bisoños, porque cada cuadrilátero es una historia. Entre los breves apuntes: uno, lo importante no es follar, lo importante es el contexto -o, si quieren, como decía Pessoa, lo fundamental del amor es lo que lo rodea-. En la película el contexto es delicioso, pero Coppola se pone muy esteta e ignora nuestro mejor secreto como civilización: debajo de tantas capas de diplomacia, seguimos debiéndonos a la suciedad.

Dos, el capricho físico no tiene nada que ver con la belleza del otro, sino con algo menos canónico y más oscuro: algo que está, quizá, en el sonido de una risa, en el olor, en el tacto, en el ping-pong dialéctico, en el látigo imperceptible de la pestaña. No sé ustedes, pero yo me he quedado noqueada alguna vez con una carcajada perfectamente ejecutada, libre, limpísima, y se me han contraído las piernas. Colgarse de una risa -de sus ojos guiñados y su barbilla oscilante, redimida- es muy parecido al amor: inexplicable, sombrío. Ya quisiera esa autoridad ese Colin Farrell de rasgos preceptivos que arrastra la perversión de un chupete.

Tres. Hay un aviso, siempre. El deseo tiene ese decoro: el del golpe primero, el de “huye o juega, pero no balbucees”. Y después todo eso tan hermoso que ha muerto a manos de Tinder: el ser conscientes de que cuando se enseñan las cartas, se acaba la partida. Todos empezamos de cero en cada conquista, todos hemos entendido que nadie, por suerte, es infalible, todos nos hemos puesto alhajas -como las cursis de la peli- y hemos comprobado, no sin cierto patetismo, que no sirven para nada, todos hemos experimentado celos verdosos y todos nos hemos vengado de forma más o menos poética -esto ya según la elegancia-. Pero ninguna de estas similitudes entre la sentimentalidad humana y La seducción me conectó en ningún momento con la historia: por poco reveladoras, por superficiales.

Me niego a creer -repito, desde mi corta educación cinematográfica, pero con mi derecho al desencanto a nivel usuario- que la de Coppola trascienda a reflejar ni un milímetro del alma de la mujer: no albergamos en el pecho esa casa de locas. No sacia mis ansias feministas que Colin Farrell sea un animal pánfilo, sin maldades: el sexo y la violencia requieren de un contrario a la altura. No, menoscabar la virilidad de un hombre no te subrayará como mujer. La poderosa Nicole Kidman no asume que el despecho no sólo es antierótico, sino que practicarlo jamás hizo a una ganadora.

Es irónico: tal vez en los setenta, cuando se estrenó El seductor, el espectador aún pudiese encontrar en el cine el morbo que no rascaba en su vida. Hoy, en medio del neoliberalismo rústico y su espesa oferta sexual, nos estamos volviendo unos reprimidos culturales. O peor: hemos dejado de reinventar las posibilidades del cuerpo. En seducción hemos desaprendido, es obvio -miren ahí a la gente en sus aplicaciones, llamando “tomar un café” al “echar un polvo”- y el sexo lo hemos cursado tanto que nos hastía. Quizá algún día, de nuevo, una risa. Quizá algún día, otra vez, la tensión dialéctica y las cartas boca abajo, en partida tirante y lenta. Mientras, contra la oquedad existencial, nos quedan las hamburguesas.

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