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Aplicaciones para combatir el insomnio

Cecilia de la Serna

Foto: JASON LEE
Reuters

La Organización Mundial de la Salud sostiene que el 30% de la población mundial en algún momento de su vida va a sufrir de insomnio, un dato que convierte a este problema de salud pública en una epidemia mundial. La vida moderna, con su estrés, sus prisas y sus preocupaciones puede llegar a generar un estado constante de angustia vital que se traduce en menos y peores horas de sueño.

Este problema se ha tornado tan común que se han multiplicado los métodos que prometen solucionarlo, o al menos dicen que pueden paliarlo. A pesar de que los expertos en problemas de sueño advierten de que es indispensable recurrir a un especialista (sobre todo en casos de insomnio crónico), muchos son los que confían su suerte a la hora de dormir en remedios de andar por casa. En los últimos años la tecnología ha tomado protagonismo y son muchas las aplicaciones móviles que prometen ayudar a sus usuarios un descanso mejor. Algunas simplemente ayudan a entrar en fase de descanso, otras hasta monitorean (o aseguran monitorear) el sueño. Aunque no son infalibles, se utilizan cada vez más y muchos de sus usuarios aseguran estar más que contentos con ellas.

Aplicaciones para combatir el insomnio
Aplicaciones para dormir como un bebé: ¿Placebo o realidad? | Foto: Jason Lee / Reuters

Con ocasión del Día Mundial del Sueño hemos recopilado las aplicaciones más populares para combatir el insomnio:

1. White Noise: ruido blanco para engañar a tu subconsciente

El subconsciente sigue despierto mientras dormimos, por ello en un clima de silencio total, cualquier ruido -por pequeño que sea- nos puede despertar. White Noise, de los desarrolladores de TMSOFT, genera ruido de diferentes frecuencias, lo que bloquea cualquier tipo de interrupción del sueño. Podemos incluso crear esos sonidos grabándolos o mezclándolos a placer. Además, permite establecer alarmas que nos despiertan progresivamente, por lo que además de un profundo sueño, viviremos un dulce despertar.

Descarga White Noise aquí.

2. Relax Melodies: sueño para tus oídos

Esta aplicación abre un amplio abanico de posibilidades con la combinación de hasta 46 sonidos de ambiente diferentes, que van desde lluvia o el mar hasta flautas medievales. Se pueden fusionar hasta 10 pistas y ajustar el sonido para cada una de ellas. Otra de las funciones que incluye Relax Melodies es un temporizador que se activa para que la aplicación se apague cuando estemos dormidos.

Descarga Relax Melodies aquí.

3. Sueño profundo con Andrew Johnson: para mentes inquietas

Esta es la aplicación perfecta para aquellos cuyas mentes no paran de trabajar. Increíblemente, el señor Johnson consigue que caigas rendido ante sus palabras, que directamente te cortan la avalancha de pensamientos. El señor Johnson te habla en inglés utilizando técnicas derivadas de la hipnosis y de la meditación dirigida, y le ha servido hasta a los más escépticos.

Descarga Deep Sleep with Andrew Johnson aquí (iOS) o aquí (Android).

4. Pzizz Sleep: duerme dándole a un botón

Esta es una de las aplicaciones más descargadas del mercado. Funciona a través de algoritmos que inducen a la relajación de cuerpo y mente a través del sonido. Su meta es mantener al usuario en un estado profundo de sueño durante toda la noche, para tener un descanso garantizado. Además, incluye un modo de meditación para los más exigentes.

Descarga Pzizz Sleep aquí.

5. SleepBot: controla los ronquidos

Lo más relevante de SleepBot, la aplicación que monitorea el sueño por excelencia, es que controla todo lo que tiene que ver con el tiempo de descanso. Ronquidos, patadas, movimientos, respiración… Para llevar un control de tus movimientos, solo hay que colocar el dispositivo boca abajo en la cama. Además, cuenta con una alarma “inteligente” que suena en la fase menos profunda, para tener un despertar más fácil.

Descarga SleepBot aquí.

No sabemos si alguna de estas aplicaciones hará magia, o si sirven simplemente como meros placebos. En caso de insomnio crónico es fundamental acudir a un especialista que estudie nuestro sueño, pero si son episodios pasajeros, siempre está en nuestra mano utilizar alguna de estas herramientas. Daño no hacen.

Continua leyendo: La Transición española terminó con Barcelona 92

La Transición española terminó con Barcelona 92

Cecilia de la Serna

Foto: EFE
EFE

Casi 17 años separan la muerte de Franco en el 75 y la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, que este 25 de julio celebran sus bodas de plata. En esos 17 años, España se esforzó por abrirse al mundo, por dar a entender que los años más oscuros de la dictadura franquista eran algo del pasado y, en definitiva, por parecer algo menos paleta. La gran oportunidad de hacerlo llegó en 1992, gracias a la trascendencia internacional de grandes eventos como la Expo de Sevilla y, especialmente, por la celebración de los Juegos Olímpicos en la ciudad condal.

La Transición española terminó con Barcelona 92
Las mascotas de la Expo 92 de Sevilla, “Curro”, y de las Olimpiadas de Barcelona 92, “Cobi”, posaban juntas en el recinto de la Exposición Universal de Sevilla. | Foto: Efe

De camino al sueño olímpico

El propio recorrido de Barcelona hasta ser sede olímpica es una muestra de la voluntad conjunta de enseñar al mundo una España diferente, más moderna y libre. Frente a Barcelona competían otras ciudades, algunas entonces con más nombre y peso como París o Ámsterdam, que sin embargo no lograron batir a lo que representaba el milagro español post franquista.

Antes de 1992, Barcelona había sido candidata para los Juegos Olímpicos de 1924, 1936 y 1940, candidaturas de las que había salido sin pena ni gloria. Narcís Serra, quien ocupó la alcaldía barcelonesa del 79 al 82 -años clave de la Transición-, fue el que inició un proceso que pasó, primero, por la autorización del rey Juan Carlos I y, después, por la aprobación popular en masa de los barceloneses. El sueño olímpico fue transformándose en una probabilidad muy clara gracias a la euforia generalizada y a una importante trama diplomática.

Por entonces presidía el COI el español Juan Antonio Samaranch, quien sin duda jugó un papel fundamental en la elección final de Barcelona para acoger el evento más grande del planeta y quien, después de la clausura, llegó a afirmar que habían sido los mejores Juegos de la era moderna. Fue él el encargado de anunciar en Lausana, en un perfecto francés, que la segunda ciudad más grande de España organizaría los Juegos tras una no muy apretada lucha con la capital gala. Ya estaba hecho, y Barcelona se tornó en una fiesta. El comité de la candidatura voló rápido de vuelta hasta el Prat para poder festejar con los barceloneses este gran hito por las calles de la ciudad. “Aquello que es bueno para Barcelona es bueno para Cataluña y aquello que es bueno para Cataluña es bueno para España”, gritó al mundo el entonces alcalde de la ciudad condal, Pasqual Maragall. Todos incluidos, todos contentos. Desde los que formaron parte de ese comité inicial recuerdan a menudo que la idea que primó es que fueran los Juegos los que estuvieran al servicio de Barcelona, y no al revés.

España mira cara a cara al mundo

El reto que presentaba la celebración de estos Juegos era mayúsculo. Por un lado, la organización española debía ser capaz de mostrarse segura y seria, superando todos los clichés que allende de nuestras fronteras tenían –y todavía mantienen- sobre los españoles, y por otro debía ser capaz de sorprender al mundo. No es de extrañar que la organización del evento invirtiera tanto tiempo, esfuerzo y dinero en crear un auténtico espectáculo de primera para inaugurar y clausurar los Juegos Olímpicos. Barcelona debía mostrarse como es, sin complejos, para poder maravillar al mundo. Y lo consiguió.

No es casualidad que la gran ceremonia la dirigiera un publicista. Luis Bassat, fundador de la prestigiosa firma publicitaria Bassat, Ogilvy & Mather en España, fue el responsable de crear una inauguración que terminó convirtiéndose en “el spot más largo y mejor de mi vida”, en sus propias palabras. Se trataba, efectivamente, de venderse. No es baladí, ya que la exitosa organización de estos Juegos originó el boom turístico de la ciudad condal que en la actualidad le está pasando una factura desmesurada.

Las malas lenguas dicen que el encendido del pebetero, que se hizo a través del lanzamiento de una flecha por parte de Antonio Rebollo, estuvo trucado. Sin embargo, poco parece importar lo que las malas lenguas dicten, ya que esa imagen quedará siempre para la Historia.

Los seis grandes momentos deportivos de Barcelona 92

Deportivamente hablando, los Juegos de la XXV Olimpiada destacaron por ser un auténtico torbellino de emociones, inesperadas medallas y por suponer la mejor marca en el medallero histórico de España, con 22 metales en su haber. En total fueron 7.555 deportistas -de los que 3.008 eran mujeres- los que representaron a las 71 naciones que participaron. Además, por primera vez en muchas ediciones, ninguna nación intentó boicotear el evento.

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El ‘Dream Team’ del baloncesto norteamericano celebra su oro frente a Croacia. | Foto: Ray Stubblebine / Reuters

Quien destacó por encima de todos no fue un atleta, sino un equipo: el Dream Team, la selección estadounidense de baloncesto liderada por las ya leyendas Magic Johnson, Michael Jordan y Larry Bird. Este conjunto que se estrenaba en unos Juegos Olímpicos -se admitió por primera vez la participación de jugadores de la NBA-, logró 117 puntos de promedio en 8 partidos y ganó la medalla de oro derrotando en la final a Croacia, y atrajo además toda la atención de la Villa Olímpica.

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El entonces príncipe Felipe abandera la delegación española en Barcelona. | Foto: EFE

El ahora rey Felipe VI fue el abanderado español en la ceremonia inaugural, ya que participaba en la clase soling de vela, pero el atleta español que destacó por encima de todos fue Fermín Cacho. Gracias a su oro logrado, con gran sorpresa, en los 1.500 metros de atletismo, Cacho se ganó el respeto de sus competidores y el cariño de los españoles.

Otro momento deportivo que sigue en la retina de muchos es el denominado ‘espíritu de Redmond’. No lo hace por ser un extraordinario alarde de talento o fuerza, sino por encarnar el verdadero espíritu olímpico: nunca te rindas. Este atleta británico era uno de los favoritos para el podio de los 400 metros lisos, pero no pudo llegar siquiera a la final. A mitad de carrera de la semifinal, Redmond se lesionó y cayó al suelo, tras lo que se levantó y recorrió entre lágrimas los metros que le faltaban para llegar a la meta. Su gesta fue recordada por el COI con ocasión de los pasados Juegos de Río.

En atletismo volvió a reinar Carl Lewis, que ganó el oro en salto de longitud y en el relevo 4×100. El ‘Hijo del Viento’, uno de los mejores atletas de toda la Historia, no defraudó en la cita olímpica de 1992, a la que llegó ya con 31 años.

También destacó el nadador ruso Alexander Popov, que ganó los 50 y 100 metros estilo libre. La atleta etíope Derartu Tulu consiguió otro de los grandes hitos deportivos de Barcelona 92 gracias a su triunfo en los 10.000 metros, convirtiéndose en la primera atleta africana en llevarse un oro.

Cada uno de estos momentos suponen leyendas y récords -a veces ya superados, y es que en 25 años hay tiempo para batir cualquier marca-, pero sobre todo suponen la historia narrada de unos Juegos que marcaron un antes y un después en el deporte de élite mundial.

Iconos de una generación

La celebración de unos Juegos Olímpicos suelen trascender lo meramente deportivo. En Barcelona, esta máxima se hizo evidente. Los iconos de Barcelona 92 fueron los iconos de toda una generación. Desde Cobi, la mascota creada por el diseñador español Javier Mariscal y que todavía protagoniza el merchandising de los más nostálgicos, hasta canciones como Barcelona -interpretada por Montserrat Caballé junto al ya por entonces fallecido Freddie Mercury– o Amigos para siempre, esa rumba catalana de los Manolos que cerraron por todo lo alto los Juegos.

Con atletas, canciones, mascotas y un sinfín de anécdotas, Barcelona 92 supuso un punto de inflexión en la última década del siglo XX español. El mundo tuvo la oportunidad de redescubrir una España que ya abrazaba a Europa desde la Comunidad Económica Europea, y que sin complejos se erigía como un puerto para la cultura y el deporte globales. Los que no tuvimos la ocasión de disfrutar de estos Juegos -o que lo hicimos con apenas un añito de edad- debemos rescatarlos con una nostalgia impostada. Los historiadores no atinan aún en coincidir en una fecha clave para el fin de la Transición española -desde el 23F hasta el primer gobierno de Aznar hay opiniones para todos los gustos-, pero si una fiesta puso fin a esa Transición esa fue la de Barcelona 92.

Continua leyendo: Disforia postcoital, la tristeza después del orgasmo

Disforia postcoital, la tristeza después del orgasmo

Lidia Ramírez

Foto: Flickr

Ya lo dijeron los romanos: “post coitum omne animal triste est” (después del coito, todo animal está triste). Bajón, lloros, sentimiento de tristeza y culpa, melancolía… muchas son las personas que aseguran sufrir estos sentimientos después de llegar al orgasmo. La ciencia lo ha bautizado como disforia postcoital y ocurre con más frecuencia de lo que pensamos. Pero, ¿cuáles son las causas de esta conmoción después de un acto, supuestamente, placentero?

Para la sexóloga Ruth Ousset, es una cuestión de educación y cultura. “Muchas personas utilizan el sexo como una forma de recibir cariño. ¡ERROR! El sexo es sexo, y el amor y el cariño son cosas diferentes”, explica la terapeuta de pareja, para quien hay mucha gente que aún no ha normalizado el acto sexual: “yo los llamo gente Disney, es decir, la mujer que busca a su príncipe azul y el hombre que busca a su princesa”.

Por lo general, la disforia postcoital es un fenómeno que ocurre, sobre todo, en aquellas sociedades que carecen de una educación sexual solida y normalizada. “Durante el acto sexual florecen los besos, caricias, arrumacos… todo con un fin, llegar al orgasmo. Sin embargo, en muchas ocasiones, alcanzado el clímax, todo esto desaparece”. Es aquí cuando florece el sentimiento de frustración. Por ello, para la psicóloga, es muy importante la comunicación entre la pareja. “Si necesitas un abrazo, pídelo”, hace hincapié Ousset.

Por otro lado, está ese sentimiento de fracaso y desilusión tras el sexo por razones biológicas. Según explica el psiquiatra británico Richard Friedman, la amígdala –la parte del cerebro que regula la ansiedad y el desasosiego– deja de funcionar durante la cópula. Cuando esta acaba, vuelve a recordarnos que los problemas siguen ahí. Por lo que en este sentido, para Friedman, la disforia postcoital sería un efecto secundario de la vuelta a la realidad biológica natural después del clímax.

Sin distinción de sexos

Aunque todos los estudios al respecto, según la terapeuta de pareja, analizan este fenómeno en la mujer (una investigación en 2004 publicada en International Journal of Sex Health estableció que hasta el 10% de las mujeres lo sufrían de forma habitual) “la disforia postcoital no distingue de sexos”. “Los hombres también lloran después del sexo, lo que pasa que socialmente a la mujer se le ha dado permiso para llorar y al hombre no”, enfatiza.

Continua leyendo: Cataluña y la adolescencia política

Cataluña y la adolescencia política

Andrea Mármol

Foto: RRSS

Cataluña amaneció el 18 de julio de 2017 repleta carteles a lo largo y ancho del territorio con el rostro de un Francisco Franco joven y el lema: ‘No votes, el 1 de octubre, no a la República’. A primera hora, se atribuía la hazaña a organizaciones de extrema derecha que llamaban a boicotear el referéndum ilegal; poco después se supo que la autoría era de una filial del partido antisistema catalán, la CUP, que buscaba aprovechar la fecha del calendario para lanzar un nítido mensaje que a nadie se le escapa: “Franco no participaría el primero de Octubre. ¿Y tú? ¿Qué harás ese día?”

Los carteles no eran una alegoría al dictador, sino que entrañan un toque de atención a los millones de catalanes que no participarán en la movilización independentista que prepara el gobierno autonómico para el 1-O. Por supuesto, la CUP puede hacer gala sin pagar peaje alguno del reduccionismo que entraña señalar a sus conciudadanos como simpatizantes de la dictadura franquista, del mismo modo que estos días, junto a parte importante de la izquierda española, anda dando carta blanca a las comparaciones entre el régimen autoritario de Nicolás Maduro en Venezuela y la democracia española.

Y es que de la lógica binaria que algunos pretenden instalar en Cataluña, claro, no hay que culpar en exclusiva a la CUP. Cuando Carles Puigdemont y Oriol Junqueras se erigen en adalides únicos de la democracia en Cataluña y exigen el apoyo de todos-los-demócrtas-del-mundo (sic), no están dejando a sus adversarios políticos en mejor lugar que los carteles de los antisistema. Es difícil denunciar que alguien hace trampas cuando juegas con varios ases en la manga. Y así, los churumbeles siempre superan al padre político.

Hay, en ese mismo sentido, episodios entrañables en la política catalana más reciente. Recuerdo los altercados en el barrio de Gracia hace algo más de un año: la CUP se negaba a desalojar un local ilegalmente ocupado y protagonizaba un enfrentamiento con la policía autonómica catalana, controlada por el gobierno catalán, que a su vez exigía a los antisistema respeto a la autoridad. Y a la ley. El mismo ejecutivo que ya entonces quería liquidarla. ¿Alguien cree hoy que el PDeCAT o ERC pueden reguir la responsabilidad de que se normalicen los postulados de la CUP?

El desprecio a la ley tiene consecuencias inasumibles para una mayoría de ciudadanos en democracia. Pero no está de más señalar también las causas. Y estas se vislumbran de más nítida manera dentro de la ilusión antisistema: las comparaciones con Franco o con Maduro sólo caben en la mente de alguien que necesita retorcer la realidad para encontrar una excusa que le permita no afrontarla. La realidad es que la ley no hizo mucho más que hacernos libres, lo cual implica que cada desconsuelo y cada insatisfacción y cada caída sólo son hijos de nuestra propia responsabilidad.

Un precio demasiado alto para todo adolescente, más cómodo con alguien a mano a quien culpar de todos sus males y empeñado en renacer en un nuevo mundo revolución mediante cada cinco minutos. En Cataluña muchos que pasaban por adultos han jugado a la adolescencia política: y de aquellos polvos, estos lodos.

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Glaciares sorpresa

Jesús Nieto Jurado

Foto: POLICE CANTONALE VALAISANNE
AFP

Si en España se nos agrietara un pobre glaciar aparecerían, si es por el Aneto, una ristra de facturas impagadas de los ‘pujoles’. O quizá el cadáver momificado de un autónomo que fue a probar suerte como heladero vegano donde el cielo besa al picacho nevado. En España no quedan glaciares que merezcan la pena, sino una nieve sucia que queda pisada por el polvo sahariano en las zonas umbrías del Veleta cuando voy de senderismo con mi amigo Pulido en un ejercicio de tolerancia sufí y piedras. En Suiza han encontrado, a la sombra derretida de un glaciar, a un matrimonio de pastores que llevaba desaparecido setenta años – lo menos- en la alta montaña. Lo que en España es un ‘guerracivileo’ de cunetas por abrir, en Suiza es un obsequio de los glaciares a las familias grisonas por tantos años de callada neutralidad con vacas y oro. Y esto no es ni bueno ni malo, sino una observación del talante helvėtico, del talante hispano, del cambio climático ese que niegan hasta cuando los osos polares, hoy, se marcan un guaguancó cubano. La montaña tiene a veces estas sorpresas que reconcilian a las familias con sus abuelos, o que abocan al Hombre al canibalismo ultracongelado como pasó en Los Andes y como recordó Risto Mejide con sofá, mala leche y frente de publicista malencarado. Pero es que la imagen que acompaña a esta columna justifica una serranilla suiza, un canto alpino a la justicia poėtica de los glaciares en retroceso. Nunca fueron tendencia las nieves del Kilimanjaro. Pobre Ernest, pobre planeta, pobres suizos y pobre glaciar. Yo ya me voy a un glaciar patagónico a ‘jartarme’ de orfidales y congelarme de lirismo y quedarme pajarillo. Porque después del feminazismo llega el proglaciarismo y ahí sí que me encontrarán en la causa. Frost, claro.

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