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Apple revela por error detalles del nuevo iPhone

Redacción TO

Foto: Nadine Shaabana
Unsplash

La expectación sobre el nuevo iPhone crece tanto como los rumores sobre sus posibles detalles. Este año se cumplen 10 años desde que Steve Jobs presentara el primer iPhone y se espera que Apple presente en homenaje su teléfono más innovador y disruptivo, según el lenguaje del sector. A varios meses del lanzamiento, un nuevo informe ha revelado, supuestamente por error de la compañía, dos detalles del nuevo iPhone: reconocimiento biométrico facial y una pantalla sin marcos ni botón inicial. Ambas características habían sido comentadas como probables por la prensa especializada.

El nuevo iPhone utilizará un sistema de reconocimiento facial que permitirá identificar al usuario desde varios ángulos, incluso a oscuras gracias al uso de luz infrarroja. Esta identificación biométrica permitirá desbloquear el terminal, por lo que, aparentemente, no hará falta el actual botón de inicio.

Apple no es la primera empresa en utilizar este tipo de tecnología de reconocimiento. Microsoft, por ejemplo, ya utiliza la identificación facial para su tableta Surface, así como otros fabricantes para los ordenadores con Windows 10. Asimismo, el fallido Galaxy Note 7 de Samsung también incluía en el escaneo del iris en 2016. Fue la primera incursión de esta tecnología en el gran mercado de masas.

También se ha revelado un nuevo diseño sin marcos que será similar a la pantalla infinita que presentó en abril Samsung con el nuevo Galaxy S8. Así, toda la parte frontal del nuevo iPhone será pantalla, con excepción de una pequeña zona superior donde se colocará la cámara frontal, altavoz y varios sensores.

Así sería la silueta del nuevo teléfono, según ha compartido en Twitter el desarrollador del sistema operativo iOS Guilherme Rambo. Este diseño confirma algunas de las filtraciones que habían salido desde la cadena de montaje.

Rambo ha encontrado este icono analizando el código del sistema operativo del futuro HomePod, el altavoz inteligente similar a Amazon Echo y Google Home que Apple lanzará a finales de año. ¿Cómo pueden haberse hecho públicas de ahí las características del nuevo iPhone?

Fallo interno de la compañía

Se debe a dos casualidades. El código del nuevo altavoz de Apple ha sido publicado de forma inesperada dentro del portal para desarrolladores de Apple. No se conoce el porqué todavía, pero todo apunta a un fallo interno de la compañía.

En ese código desvelado por error había, para quien sepa encontrarlas, referencias al nuevo iPhone, denominado con el nombre en clave D22. Por lo que todavía no se conoce cómo será llamado el teléfono: iPhone 8, iPhone X o iPhone 10 son algunos de los nombres que se barajan.

El análisis minucioso lo ha compartido en Twitter Steve Troughton-Smith, un conocido desarrollador que en años anteriores ya ha desvelado secretos de futuros iPhones hurgando en el código de las diferentes versiones de iOS.

Así, el análisis del sistema operativo del nuevo altavoz ha revelado referencias a BiometricKit, el conjunto de herramientas que los desarrolladores podrán utilizar como parte de la seguridad en los nuevos dispositivos. En ellas aparecen detalladas nuevas funciones PearlID, el nombre que se le ha dado presuntamente al sistema de detección facial.

Todas las últimas versiones del iPhone, desde la entrada del modelo S, mantienen una estética muy parecida y no incluyen grandes modificaciones entre uno y otro modelo. Todas las esperanzas están puestas en este teléfono homenaje.

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Tener pene

Aurora Nacarino-Brabo

Foto: Erol Ahmed
Unsplash

Para esa mitad aproximada de la población que dispone de uno, tener pene puede parecer algo más o menos trivial. En realidad no lo es. Tener pene es importante. O, mejor dicho, no tenerlo lo es. Cuando empecé a relacionarme con politólogos e intelectuales en seguida noté algo extraño: era como si no existiera. Los corros siempre se cerraban ante mis narices, casi nadie prestaba atención si me atrevía a decir algo y con frecuencia no llegaba a terminar mi excurso porque alguien me interrumpía antes.

Era una situación desconcertante por nueva. Nunca me había pasado en un aula, donde uno sabe que se sienta entre semejantes y donde la brillantez de las ideas y la cuantía de los conocimientos las examina un evaluador externo al grupo: un profesor.

Al principio achaqué estas reticencias a mi edad. Era un poco más joven que la mayoría de ellos, así que pensé que quizá se tratara de eso. Y, claro que tenía que ver, pero pronto noté que había otros chavales a los que se integraba y se dispensaba el trato considerado que a mí me negaban. Aquel entorno era muy masculino, pero imagino que muchas mujeres habrán vivido experiencias similares en ámbitos distintos.

Yo decía algo y nadie se dignaba mirarme. Un rato después, algún tenedor de pene repetía el mismo argumento y era recibido con asentimiento y celebración. Así asumí que mi problema era no tener pene. La otra opción era aceptar que era más tonta que el resto, y yo, que me tengo por una persona segura, alguna vez dudé de mí, y me avergoncé de mis opiniones y pensé que quizá no estuviera a la altura.

Escribir se convirtió en la única forma de poder expresarme sin interrupciones, sin sonrisas paternalistas ni gestos de desdén. Después, claro, mis artículos no se leían como los de ellos y mucho menos se compartían. Todavía es así. Cuando eres mujer es duro labrarte un espacio propio. Tienes que ganarte el respeto de todos: de los desconocidos, de los amigos y hasta de tu novio. Aprendí que, a veces, para obtener la bendición de los cercanos tienes que conquistar primero el favor de los extraños. También, que es más fácil conseguir el aplauso de los próceres que de quienes creen competir contigo. Pero sería injusto generalizar y no admitir que me he cruzado con hombres estupendos que me han tratado como a una igual y que hoy me son muy queridos.

Como soy muy cabezota, no dejé de escribir. Me dije: “Te va a costar un poco más que a ellos, pero, al final, llegarás tan lejos como te propongas”. Sigo convencida de ello. No me malinterpreten: no creo en esas frases de autoayuda barata que lo conminan a uno a perseguir sus sueños, como si la intención forjara el éxito. Pero creo tener algún talento, aunque publicarlo sea probablemente pretencioso y poco femenino. No escribo esto buscando explotar el victimismo con el que tontea algún feminismo. No soy débil. Me gustan las personas fuertes. Me gustan las mujeres fuertes.

Una vez, cuando era pequeña, una mujer (una amiga de mi familia, además) me preguntó, casi retóricamente, si yo quería ser un chico. Supongo que lo decía porque me pasaba el día saltando, trepando, corriendo, jugando al fútbol. No me gustaban las muñecas ni esos vestidos incómodos. Me identificaba con personajes como Peter Pan, Tintín, Basil, aquel ratón émulo de Sherlock Holmes, o Arturo, en la película que Disney dedicó al mago Merlín. Me aburrían los cuentos de princesas, pobres muchachas pasivas a la espera de un señor guapo, y me daban miedo las brujas. Nunca respondí a aquella pregunta, “¿A que te gustaría ser un chico?”, porque me quedé sin palabras. El mensaje era aterrador: todo lo que me hacía feliz era impropio de una chica. Estaba íntimamente escandalizada y furiosa, aunque fui incapaz de manifestar escándalo o furia.

La contestaré hoy, cuando han pasado más de veinte años y tengo, por fin, algún público que me lea: no quiero ser un chico. No queremos ser hombres. Solo queremos ser iguales.

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La retirada melancólica

Ricardo Dudda

Foto: SUSANA VERA
Reuters

Es difícil ser optimista con el problema del independentismo catalán. El procés puede durar eternamente porque es un fenómeno retórico, eufemístico, una sucesión de escenificaciones. Pero sus efectos en la sociedad catalana son reales y se perciben. Aunque las sociedades son muy volubles y nada es nunca irreversible, el esfuerzo de unir a las dos Cataluñas será enorme; el esfuerzo del independentismo para reconducir el entusiasmo hacia cauces menos rupturistas también.

Es posible que, del mismo modo que desde 2012 hasta hoy el independentismo ha crecido radicalmente, podrá retroceder. Pero tardarán en desaparecer el victimismo, el resentimiento y el rencor, la cultura del agravio, el uso de la memoria, siempre selectiva, la política como un acto expresivo, épico y “divertido”, más allá de la transacción y la negociación. Vivimos una época en la que cada generación necesita un momento épico fundacional, una Transición a nuestra medida. Como escribía un difunto tuitero, cada nueva generación piensa que el colectivismo (y puede sustituirse con cualquier otro ideal político) falló porque no lo lideraron ellos.

El procés vive jornadas históricas casi cada semana; acostumbrados a esto, los independentistas, y quizá no solo ellos, exigirán algo más que bienestar o reconocimiento. Quizá exijan entretenimiento, emoción, pasión. Durante años, millones ciudadanos catalanes han depositado mucho capital emocional en el procés. El processisme le ha devuelto eufemismos, hipérboles, momentos históricos, pero es posible que su impresionante capacidad para renovarse llegue a su fin. Difícilmente habrá un momento de responsabilidad colectiva de las élites, y dudo que llegue el momento de la rendición de cuentas. El procés intentará sobrevivir. La sociedad civil se decepcionará. Y, cuando esto ocurra, quizá lo mejor sea una lenta y melancólica retirada.

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Hacia dónde va el procés

Aurora Nacarino-Brabo

El su columna de hoy Aurora Nacarino-Brabo habla de la situación de la coalición independentista en un momento en el que parece que desescalar la tensión parece difícil.

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Vídeo: Museo Guggenheim Bilbao, el arte de cambiarlo todo

Redacción TO

Hace 20 años se inauguró el Museo Guggenheim Bilbao, un proyecto ambicioso situado junto a la ría de la capital vizcaína, una ciudad principalmente industrial que hasta entonces vivía un poco de espaldas al turismo, más allá de su excepcional oferta gastronómica. Dos décadas después queda la esencia de sus gentes y, por supuesto, su oferta gastronómica, pero su transformación ha sido tal, gracias al museo, que la ciudad puede estar orgullosa de ser uno de los destinos turísticos por excelencia, con visitantes procedentes de todas partes del planeta.

Puedes leer el reportaje completo aquí.

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