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Art Data: cuando el Big Data emerge dentro del mundo del arte

Ariana Basciani

Foto: Joan Fontcuberta

Internet nos ha convertido en artistas y creadores de contenidos, no hay exclusión, todos contribuimos. Ya sea que estemos actualizando nuestro Instagram o haciendo un vídeo con nuestros móviles, la tecnología nos ha dado nuevos caminos para la creatividad. Pero ¿qué sucede cuando un artista se adentra y se encarga de transformar millones de datos y hacer que las estadísticas conozcan el arte?

Al desdibujar las fronteras entre el arte y la información, el Art Data (o arte de los datos) rompe el mito del artista romántico y ofrece una propuesta artística novedosa ante los comentarios críticos de la era digital. Muchos artistas en la contemporaneidad utilizan como material artístico datos brutos producidos diariamente, buscando soportes innovadores para la exhibición y transformándolos en obras de arte.

 (Ejemplos de visualización de datos: así se escuchaban los The Beatles después de su lanzamiento en Spotify en diciembre de 2015)

El objetivo del Art Data es crear formas estéticas, obras artísticas de naturaleza digital a partir de la información generada dentro de Internet, ese llamado Big Data. La premisa es simple: cualquier información virtual producida en nuestro entorno puede ser transformada en imágenes, objetos o sonidos. El Art Data también presenta vínculos entre los algoritmos establecidos en nuestra cotidianidad –Google, Facebook, Spotify, etc- y la creación de nuevas formas artísticas.

A pesar de la vanguardia tecnológica, el arte y las tecnologías de la información siguen siendo percibidos como dos mundos en conflicto, sin embargo, una nueva generación de artistas considera el uso de la tecnología y el arte en otros términos. El Art Data crea una nueva interpretación del mundo cada vez más matemática y racional, recordándonos que somos el nuevo hombre: el homo tecnologicus. Para las nuevas generaciones de artistas, esta visión tecnocientífica sólo toca la superficie de otro mundo mucho más complejo, secreto y maravilloso, un mundo que también habla en voz alta, un mundo de datos e información.

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Ejemplos de visualización de datos en medios de comunicación | Imagen vía Bloomberg

Del Big Data a la gráfica: el primer paso del Art Data

La visualización y traducción de datos se ha convertido en una disciplina fundamental a medida que más empresas y organismos públicos se han visto obligados a vender lo que ahora es poderoso: la información en forma de cero y unos.
A partir de formas visualmente divertidas para la clasificación de datos, en la actualidad podemos ver como periódicos como el New York Times o Bloomberg han apostado por la visualización de datos, desde los más complejos a los más sencillos. La visualización de datos es un hecho, no solo para entender datos complejos sino para profundizar en las formas de storytelling: desde empresas como Spotify que explican qué sucede con sus escuchas hasta fundaciones educativas que explican la crisis de refugiados.

Dentro del mundo del arte, el primer paso se resume en cómo ver los datos. Entre los pioneros de esta disciplina, encontramos a la artista minimalista Kynaston McShine, quien en su exposición Information (NY, 1970) propuso la primera definición de Art Data en el catálogo de exposiciones del MoMA: “Cada vez son más los artistas que usan el correo, los telegramas, las máquinas de télex, etc., para la transmisión de sus obras (fotografías, películas, documentos) o la información sobre su actividad”.

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TreeViz para Macintosh creado por Ben Shneiderman | Imagen vía Universidad De Maryland

A McShine lo secunda el teórico Edward Tufte, responsable de la creación de Sparkline –el formato gráfico conciso desarrollado para insertar en texto y que todos conocemos gracias a las noticias financieras y a Excel- y Ben Shneiderman, el precursor de otro gráfico de gran importancia en la actualidad: el treemap, inventado en 1990.

Aterrizando en el Art Data. De la denuncia al espacio íntimo

Antes de la creación de formas extremadamente complejas de Art Data, existieron obras como las del artista Mark Napier. En Black and White, el artista norteamericano creó una corriente de información capturada por Carnivore, un programa de software bastante controvertido desarrollado por el FBI en el año 2000. Black & White leía la “forma” de los textos: la topografía cambiante del código binario era impulsado por el movimiento de senderos blancos y negros en la pantalla. En el proceso, un mundo binario era representado como una nube de diferentes tonos de gris.

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2060 Poster de Matt Willey

Siguiendo la breve historia del Art Data y gracias a la complejidad de la visualización de datos en áreas como las finanzas o la estadística, el artista británico Matt Willey creó At This Rate y 2060 Poster, proyectos que denuncian el impacto de la economía y las actividades humanas en el medio ambiente, específicamente en los bosques y selvas tropicales con cifras que pueden alarmar a cualquier espectador: “cada mes perdemos un área 102 veces el tamaño de Barcelona. At This Rate fue producida específicamente para crear conciencia sobre la destrucción de la selva amazónica y recolectar dinero para la ONG Rainforest Action Network.

Otro proyecto que ratifica la importancia en la unión de tecnologías de diseño 3D, captación de datos y 3D-Print, es la obra Nefertiti Hack de los artistas alemanes Nora Al-Badri y Jan Nikolai Nelles, quienes a partir del escaneo clandestino de la cabeza de Nefertiti en el Neues Museum Berlin, plantean la noción de pertenencia y posesión de objetos de otras culturas en las instituciones europeas. “Con la fuga de datos como parte de esta contra narrativa queremos activar el artefacto, inspirar una reevaluación crítica de las condiciones actuales y superar la noción colonial de posesión en Alemania”, afirman los artistas en la web del proyecto quienes se estarán presentado en el Festival The Influencers en Barcelona el próximo mes de octubre.

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Diagrama Love will tear us apart again de Peter Crnokrak

De la denuncia pasamos a una instancia más íntima, que nos habla de gustos y de las emociones que pueden surgir del pop y el rock and roll. El proyecto de Peter Crnokrak, Love will tear us apart again, es un diagrama del impacto emocional del hit de Joy Division Love Will Tear Us Apart donde se estudian 85 covers de la canción de la famosa banda inglesa.  El mapa gráfico creado por Crnokrak es rico en datos en los que se representan varias variables: el tiempo transcurrido desde la grabación original, el artista de grabación, el nombre, fecha de la publicación y la discográfica.

No solo la música genera mapas de datos, nuestros pasos también pueden crean proyecciones cartográficas. La artista digital Laurie Fricks decidió crear una app para que cualquier persona que quisiera pudiese hacer mapas artísticos con sus datos de geolocalización. FRICKbits usa los datos de localización del usuario para dibujar sus patrones de movimiento, como por ejemplo a dónde viaja en la ciudad o las rutas que realiza para ir del trabajo a la casa. Según Fricks los datos de ubicación son los más fáciles de procesar, además que son repetitivos porque tendemos a ir a los mismos lugares una y otra vez. “El patrón de los movimientos en una ciudad son hermosos y, sin embargo, son ignorados a menudo, simplemente por no pensar en ellos. La repetición de los patrones de viaje y los movimientos callejeros pueden transformarse en un retrato de datos abstractos de los usuarios” afirma Fricks en un comunicado de prensa. Quizás a lo que Fricks apunta con este proyecto es a la creación de una huella digital de nuestros viajes físicos.

Ejemplos de Art Data hispanoamericano

Entre Latinoamérica y España existe un puñado de artistas que expresan sus cuestionamientos sobre la intimidad y los espacios a través de la visualización de los datos.

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Googlegrama del Prestige, por Joan Fontcuberta

El premiado Joan Fontcuberta desde 2005 ha trabajado en la serie Googlegramas. En el proyecto el artista español reutiliza imágenes que se encuentran disponibles en Internet a través de un programa gratuito de fotomosaico asociado al motor de búsqueda Google. La obra final es una serie de fotomontajes que están compuestos por 10 mil imágenes disponibles en Internet, a partir de la búsqueda de una serie palabras claves relacionadas con la figura que quería construir, desde un beso hasta el hundimiento de Prestige.

Del otro lado del charco, la artista venezolana Ana Mosquera ha creado Paisajes Invisibles. Esta obra parte del análisis de los datos de la app de citas Grindr y descubre espacios invisibles dentro de la ciudad; paisajes imaginarios o lugares creados a partir del deseo y la sexualidad. Paisajes Invisibles fue presentado durante la semana del arte contemporáneo en Antofagasta, Chile, y el resultado visual de este análisis de datos fueron seis diagramas radiales que están vinculados a internet por medio de una aplicación gratuita de realidad aumentada que permite visualizar usuarios activos de Grindr.

Volviendo a los datos musicales encontramos a Santiago Gil, analista de Spotify, quien creó con los datos de la plataforma musical un diagrama de densidad titulado Gossypionimbus. Este diagrama se logró hacer con una matriz donde se trazaban el número de oyentes mensuales de los artistas de cada género y se comparaba con la cantidad de personas que se habían inscrito a Spotify Premium durante un periodo de tiempo determinado.

Data Art: cuando el Big Data emerge dentro del mundo del arte
Mapa del viento, diseñado por Fernanda Viegas y Martin Wattenberg. Imagen vía: Hint.fm

En otro orden de influencia y representación artística, la brasileña Fernanda Viégas desde 1998 utiliza Internet para sus proyectos artísticos y ha sido considerada como una de las mujeres más influyentes de la tecnología según la revista Fast Company. Junto a Martin Wattenberg actualmente lideran el grupo de investigación de visualización Big Picture de Google y hace unos años trabajaron juntos el Laboratorio de Comunicación Visual de IBM. En su tiempo libre crean proyectos paralelos de índole artística como el mapa animado del viento. Este mapa de animación en vivo toma información pública de la base de datos de pronósticos digitales del Servicio Meteorológico Nacional de Estados Unidos recreando cómo los vientos se mueven por el mapa norteamericano en un proyecto de animación eterna. Como obra de arte viva que refleja el mundo real, su sentido emocional cambia de día a día. En los días de viento tranquilo, la obra puede ser una meditación relajante sobre el medio ambiente, sin embargo durante los huracanes -Irma puede ser un buen espectáculo- la estética puede llegar a ser una visión del caos.

La visualización de datos va más allá de los expertos en marketing que desean vender su próximo máster sobre Big Data. Existen miles de ejemplos en el mundo del arte que han pasado por exposiciones desde Buenos Aires a Barcelona. El reto en la actualidad es encontrar la unión del mundo del arte con la tecnología, mezclando la humanística y la ciencia para afrontar los nuevos retos de la representación, no solo a nivel artístico, sino educativo o informativo. Es deber aceptar la realidad en un mundo de datos que está entramado por generaciones antiguas, early adopters y niños que crecieron con un iPad en mano y que están generando información real, nada efímera, minuto a minuto.

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Fitur 2018: el año de los cyborgs, la inteligencia artificial y el big data

Jorge Raya Pons

Foto: Jorge Raya
The Objective

En la nave 4 de Fitur, en el lugar reservado a Oriente Medio, los contrastes provocan que te frotes los ojos: llaman la atención las casetas discretas de Siria –que vuelve a vender turismo- y Palestina –que no se olvida de reivindicar Jerusalén- entre la gama amplia de colores de los puestos turcos e israelíes. La diferencia de presupuestos es enorme y todo se explica por las circunstancias particulares, más si cabe en un año donde la palabra tecnología está presente en cada rincón.

Ya lo decían los organizadores: si el año pasado se impuso la sostenibilidad, en este se impone el maching learning, la computación cognitiva, la inteligencia artificial y una red de términos que no nos resultan tan extraños. El sector turístico nos prepara para un futuro que ya no debe sorprendernos: los colchones sabrán cómo adaptarse a nuestro sueño, las puertas de los hoteles nos reconocerán facialmente –y no importará que olvides la tarjeta-, los usuarios podrán visitar los resorts con realidad virtual y desde casa, las empresas conocerán nuestros deseos antes de conocer nuestros nombres.

Fitur 2018: el año de los cyborgs, la inteligencia artificial y el big data
Myriam Younes, directora comercial de Expedia, durante su charla. | Foto: Jorge Raya Pons/The Objective

Este mundo que llega está hecho a medida para las nuevas generaciones: nada se les escapa sobre los Z y los millennials y esto lo da a entender Myriam Younes, directora comercial de Expedia, desde el inicio de su discurso. Younes proyecta las conclusiones de los análisis de su corporación sobre una pantalla grande y saca a relucir los atributos principales de los jóvenes: viajamos más al exterior que por el propio país, en avión mejor que en tren, y siempre con la clara intención de buscar experiencias, movimiento y conocer cultura. Una especie de culto, dice Younes, a la era del selfi y al concepto YOLO: You Only Live Once. Solo vives una vez.

La inteligencia artificial está presente todo el tiempo, en esta conferencia y en las restantes, que se suceden durante seis horas. Todos comparten el patrimonio común de resaltar que sí, que estamos expuestos y minuciosamente analizados, pero que no importa, que es el espíritu del tiempo y es nuestro beneficio, siempre que no caiga en las manos equivocadas. Es el punto, por ejemplo, de Marta García Aller, autora del libro El fin del mundo y periodista de El Independiente, que hace un alegato a la calma. Existe un peligro, claro, igual que existe la posibilidad de crear una sociedad con mayores privilegios y una tecnología que sea proactiva, que se anticipe a los problemas y produzca una realidad más cómoda.

Fitur 2018: el año de los cyborgs, la inteligencia artificial y el big data 1
Moon Ribas, entrevista durante un acto organizado por Fiturtech. | Foto: Jorge Raya Pons/The Objective

Algo verdaderamente interesante de Fitur es que, si bien todo parece girar en torno a los viajes y el turismo y el consumo, abre una ventana interesante a relatos nada convencionales. Es reconfortante encontrar escenarios tan entregados a la tecnología que, por momentos, uno olvida que se encuentra en una feria de turismo. En este caso, el Fiturtech invitó a la artista catalana Moon Ribas, quien se reconoce como cyborg neurológico. Moon tiene implantes en los pies y puede sentir el pulso de la Tierra. Emplea la tecnología para potenciar sensibilidades biológicamente imposibles. Los dispositivos que tiene bajo la piel le permiten saber si en algún punto del planeta, no importa si Granada o Japón, se está produciendo un terremoto. Ella puede sentirlo, literalmente. Mientras habla le tiemblan los pies, y lo reconoce. Antes, a veces, se despertaba en medio de la noche y se asustaba, pero ahora dice que está acostumbrada y puede continuar con la conversación y sin problema.

Ella es bailarina y se desafía a comunicar esa sensación a través de la danza. En otra época también colgaban de sus orejas unos pendientes que medían la velocidad con la que camina y descubrió, por ejemplo, que inconscientemente uno camina más deprisa en Londres que en Roma, y eso dice mucho de las sociedades. Existe toda una lucha y una reivindicación en su caso: Moon presume de ser cyborg y -en consecuencia- transespecie. Porque asegura que cyborgs, sin saberlo, ya lo somos todos: ¿por qué decimos, si no, que nos hemos quedado sin batería? ¿Lo decimos por el teléfono o lo decimos por nosotros?

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Arte y enfermedad: Desmontando el cuerpo enfermo

Beatriz García

Foto: Isadora Newman

Somos la suma de historias que llevan contándose sobre nosotros desde que el mundo es mundo. Mitologías que hemos asumido como verdades en una sociedad donde todo es blanco o negro, bueno o malo, vivo o muerto, normal o monstruoso. Y, sobre todo, sano o enfermo. Pero, ¿qué es exactamente un cuerpo enfermo? ¿Qué significa tener salud y en comparación a qué? ¿Quién narra nuestros cuerpos? ¿Quién los diagnostica y legisla sobre ellos? Desde luego, no nosotros. Sin embargo, el arte se ha convertido en un espacio sin juicios, a caballo entre lo terapéutico y lo combativo, para transitar la enfermedad de una forma nueva. 

Para la fundadora del proyecto de investigación artística Oncogrrrls, Caro Novella, el arte y la enfermedad son ensayos, ponen del revés lo dado por sentado respecto a la vida y nos obligan a explorarla desde nuevos ángulos. “Hace seis años me diagnosticaron un cáncer de mama. La vida conocida se desbarajusta en ese momento y decidí trabajarlo como un proceso artístico y convertirlo en el tema de mi tesis. En 2011 conseguí juntar a un grupo de mujeres y trans que habían sido diagnosticadas o vivían la enfermedad de cerca y planteamos un proceso de investigación corporal alrededor de preguntas que nos molestaban, como por ejemplo la idea que se tiene de la enfermedad como un paréntesis en tu vida en que no puedes hacer nada más que macramé. Si una mujer joven tiene cáncer deja de ser productiva porque ya no trabaja, y también reproductiva y sexual. Hay un montón de mitologías dadas: silencios y estigmas en forma de prótesis y pelucas, la eterna pregunta de ‘¿por qué yo?’ culpabilizando a la enferma de que comía mal, o la onda ‘new age’ de que se llevaba mal con su padre. Las historias que nos contamos tienen mucho que con cómo vivimos la enfermedad. El cáncer es percibido en nuestra sociedad como un alien contra el que hay que luchar, pero mi enfermedad fue una época para buscar otras maneras de entender estas mitologías que no te dejan vivir”.

Arte y enfermedad: Desmontando el cuerpo enfermo
Jornadas oncopoéticas en Zaragoza. Foto: Keka López.

Y eso mismo fue lo que hizo la activista y madre del postporno Annie Sprinkle cuando le detectaron un cáncer de mama: crear una erótica del cáncer documentando todo el proceso junto a su pareja, la artista Beth Stephens. Un cuerpo enfermo pero orgulloso más allá de paréntesis y estigmas.

Artistas y brujxs

La vida del performer mexicano Felipe Lechedevirgen Trimegisto es como para un escultor la arcilla, la materia prima de su obra. Tiene 26 años y durante diez de ellos convivió con una insuficiencia renal crónica, una condición degenerativa e incurable en la que el funcionamiento de los riñones va disminuyendo paulatinamente. Cuando entendió que se encontraba en una etapa terminal convirtió su experiencia y todos los cambios fisiológicos, quirúrgicos y emocionales que le afectaban en el centro de su obra. “Fue una forma de resistir y confrontar los peores dolores, la peor angustia, el peor miedo, la peor desesperación, pero también una manera de entender mi propia fragilidad y la de todo lo que nos rodea, la finitud de las cosas. Una manera de querer escapar de mi propio cuerpo y aprender a amarlo, y de aceptar que podía morir y a la vez entender qué es estar vivo”, cuenta.

“Vivimos mientras morimos, como una hoguera que arde mientras se consume, y lo único que queda es preguntarse qué es lo que vas a hacer aquí y AHORA” – Lechedevirgen

Para Felipe la enfermedad se nos presenta como esfinge y como acertijo – “A mayor prueba, mayor conocimiento”-, y aunque resolver el enigma no garantice la supervivencia, reafirma la vida. “La paradoja consiste en que no es lo mismo estar vivo que estar viviendo, como no es lo mismo estar muriendo que estar muerto. La diferencia radica en la conciencia. Vivimos mientras morimos, como una hoguera que arde mientras se consume, y lo único que queda es preguntarse qué es lo que vas a hacer aquí, en este maravilloso y cruel mundo, ahora que tienes la oportunidad de hacerlo y cuánto valoras el organismo que te mantiene con vida”.

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Naturaleza muerta. Foto: Manuel Vason, 2016.

Uno de sus performances, ‘Los Campos Del Dolor’, está inspirado en la vida de José de Jesús Constantino Síntora, que era conocido como “El Niño Fidencio”, un taumaturgo y curandero del norte de México famoso por su habilidad de curar prácticamente cualquier enfermedad con métodos muy poco convencionales, que iban desde subir a los enfermos a un columpio, abrirlos sin anestesia con vidrios de botellas rotas, sumergirlos en una charca de aguas negras sulfurosas o asustarlos con la persecución de una puma chimuela llamada Concha. “Soñé con El Niño hace aproximadamente tres años, lo vi extirpando de dentro de mi cabeza, a través de mi sien derecha, un tejido luminoso parecido al de una neurona. Desde ese momento dejé entrar al niño en mi vida y en mi obra”, explica Felipe, a quien en marzo de 2017 le realizaron un trasplante que salvó su vida.

Los pesos de un órgano

Dice la escritora feminista Silvia Federici que en un sistema capitalista el útero de las mujeres es considerado una fábrica de trabajadoras. Y el de la performer y activista Dani D’Emilia medía 15 centímetros. Un órgano, cuenta, atravesado por multitud de cortes sociopolíticos y presiones, como el de todas nosotras, que había ido creciendo fruto de un mioma. “Eso me llevó a cuestionarme durante mucho tiempo lo que significaba para mí la maternidad. ¿Existen otras maternidades posibles a las que podemos acceder, otras narrativas que parir y que nos hagan la vida más vivible a las personas que no nos identificamos con narrativas hegemónicas? ¿Qué significa parir? Jamás he tenido la fantasía heteronormativa de ser madre ni me he identificado del todo como mujer, pero me sentía como si estuviera embarazada de algo y me di cuenta de que era de mi propio útero, que había otras posibilidades de vivir mi cuerpo”, afirma. De forma que decidió que se sometería a una histerectomía como si fuera un parto y encontró en Brasil a un equipo de médicos dispuestos a documentar el proceso y devolverle el órgano que había engendrado.

“Creo que el arte nos ayuda a procesar cosas demasiado grandes para nosotros, porque es un lugar donde las contradicciones se pueden vivir a fondo” – Dani D’Emilia.

“El hospital lo mantiene durante tres meses antes de ser incinerado, pero conseguí llevármelo en dos semanas. Es un momento curioso ir a la morgue, porque te lleva a pensar muy concretamente en tu útero como un lugar donde se maneja al mismo tiempo la vida y la muerte. Te ves a ti misma diciendo: ‘Hola, he venido a buscar mi útero de un kilo’, y la gente te pregunta por qué lo haces y se dejan atravesar por esta posibilidad. Te contestan: ‘Claro, tienes derecho a llevártelo. Es tuyo’”. Su madre y ella sostuvieron el útero, lo miraron con ternura y curiosidad, y entonces supo que había demasiadas cosas implicadas en aquel pedazo de carne y que debía convertirlo en un performance público que fuera a la vez ritual de conexión y despedida temporal. Así nació su proyecto UTE(A)R US –‘nos rasgas’, en inglés-, una obra de 34 horas, por los 34 años que había vivido con el útero en su interior, en que lo sostendría en diferentes partes de su cuerpo, sintiendo el peso político y las presiones que la habían estado atravesando toda su vida.

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UTE(A)R US en Brasil. Foto: Leonardo Remor.

“Creo que el arte nos ayuda a procesar cosas demasiado grandes para nosotros, porque es un lugar donde las contradicciones se pueden vivir a fondo. Y también que existen enfermedades más allá de las diagnosticadas; las cuestiones heteropatriarcales, por ejemplo, también pueden enfermar a los cuerpos que no encajan en un tipo de deseo”, resume Dani, quien propone combatir las violencias que padecemos con ternura radical , siendo críticxs y amorosxs al mismo tiempo.

Un sistema discapacitado

Las palabras están cargadas de ideología política. Nombrando, sentenciamos; renombrando nos apoderamos de aquello que pretende validar unas identidades y cuerpos en detrimento de los otros. De la misma que lo ‘queer’ (raro, anómalo) se apoderó del insulto para resignificarlo, el profesor Mc Ruer, en su libro ‘La Teoría Crip’, hizo lo propio con el término peyorativo de ‘tullido’ (crippel, en inglés), apostando por un nuevo modelo cultural donde no son las personas, sino los espacios y discursos, los que están discapacitados, en tanto no se adaptan a la pluralidad de mentes y cuerpos. Para la fotógrafa e investigadora crip, Míriam Vega, la salud es un privilegio del discurso que otrxs formulan sobre nosotrxs: “Nacen, crecen, se reproducen y mueren no es un discurso científico para aquello que entendemos como vida. La ciencia como la clínica son instituciones patriarcales como máquinas de producir significante en los cuerpos. Aprendimos ya que hay violencias a las que somos sometidas por albergar un útero y un cuerpo asignado biopolíticamente como mujer cisgénero, pero todavía no aprendimos como transfeministas qué violencias albergan los cuerpos viejos y enfermos y qué lugar ocupan estos cuerpos en el discurso”, apunta.

“Los cuerpos ubicados en los márgenes no viven en el museo, son otrxs los que viven allá, los que comisarían y dan las becas.” –Míriam Vega

Míriam transita la acromegalia, una enfermedad crónica que se caracteriza por el aumento del tamaño de las manos, los pies, la mandíbula y la nariz. Sus autorretratos son un registro íntimo de los cambios que experimenta su cuerpo, su performatividad. “Era fotografiarse para localiza aquello que me descomponía. Un cuaderno de bitácora que hizo infiltración para ver cómo se deslizaba ese discurso identitario y poder mostrar qué violencias, subjetividades, tránsitos, reflexiones y lugares nada seguros constituye a estas narrativas. Me interesaba lo crip como piel, por eso me interesó como pixel, como fotografía”.

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Abordaje endonasal. Foto Míriam Vega.

No cree que el arte pueda entenderse como un ‘hackeo’ de las nociones de cuerpo sano o enfermo, al menos para quien lo produce. Para ella, el sentido de un ‘hacer para el museo’ tiene el propósito de efectuar contagios y fricciones, una guerrilla discursiva, pero la discapacidad como museo no es un lugar donde se pueda resistir: “Los cuerpos ubicados en los márgenes no viven en el museo, son otrxs los que viven allá: los que comisarían, los que dan beca, los que deciden qué call for papers se pueden mostrar a través de aquello que Remedios Zafra define como ‘el entusiasmo’. El freak show era desde el circo, pero también desde el museo como ciencia… La mujer barbuda, la negra, la giganta; todas en la misma jaula”, subraya la artista.

Empoderarse ante la autoridad del estetoscopio, convertir la enfermedad en arte y el arte en una forma de cuestionar los estigmas y verdades impuestas por quienes pretenden simplificar la complejidad del ser humano, inventarnos desde la subjetividad que no puede ser medida ni archivada. O como decía Felipe Lechedevirgen en su bellísimo texto ‘La tierra removida’, comprender que la enfermedad es esa “esfinge necesaria que te orilla a decidir entre latir con la fuerza del magma o disolverte en el silencio de la noche”. Sobrevivir a la vida.

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‘El árbol de sangre’ de Felipe Lechedevirgen. Foto: Hernani Enríquez ‘Hache’.

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Estos son los 6 jóvenes brillantes que encabezan la revolución tecnológica en España

Marta Ruiz-Castillo

Foto: Fundación BBVA
Fundación BBVA

Los Premios de Investigación Sociedad Científica Informática de España-Fundación BBVA reconocen “la creatividad, originalidad y excelencia” de jóvenes doctores. Los ganadores en esta primera edición de los Premios de Informática son autores de trabajos de alto impacto en áreas como la inteligencia artificial, la gestión de big data, la arquitectura de los superordenadores, el aprendizaje automático y el tratamiento digital de imágenes.

En The Objective nos hemos puesto en contacto con los seis galardonados – Alejandro, María, Petar, Cristóbal, Elena y Josué – y les hemos pedido que nos cuenten el alcance de sus trabajos y, como referentes que son ya en sus respectivos campos de investigación, qué consejo dan a los que vienen detrás.

Estos es lo que nos han contestado.

Alejandro Ramos Soto

De la Universidad de Santiago de Compostela, cuyo trabajo ha dado lugar a Galiweather, un sistema que traduce a lenguaje natural los datos de los técnicos de la agencia meteorológica gallega y produce así automáticamente 314 previsiones del tiempo diarias, una por cada uno de los municipios gallegos.

6 jóvenes brillantes premiados por sus aportaciones a la revolución tecnológica
Foto: Fundación BBVA

¿Cómo describirías el alcance práctico de tu trabajo?

Mi trabajo de investigación ha tenido un alcance práctico importante, pues cristalizó en el sistema de generación de predicciones textuales GALiWeather, lo que permite proporcionar un servicio de utilidad para cualquier usuario de la página de MeteoGalicia.

Yendo un poco más allá espero, además, que mi investigación permita arrojar luz sobre cómo definir y modelar de una forma más realista términos vagos e imprecisos, con el fin de usarlos en nuevos sistemas de generación de lenguaje natural aplicados a distintos dominios, como la medicina, el ámbito financiero, sistemas debusiness intelligence, etc.

¿Qué consejo darías a quienes vienen detrás y te vean como un referente?

La principal lección que he aprendido durante mis años de investigación en informática es que hacer una tesis no es simplemente algo vocacional. Para mí es un periodo de aprendizaje y maduración tanto a nivel académico como personal que además abre una ventana de oportunidades para el futuro, tanto para aquellos que quieren continuar en el ámbito académico como aquellos que finalmente optan por trabajar en la empresa privada.

Por tanto, me gustaría animar a todos aquellos que estén dudando sobre la opción de desarrollar una tesis doctoral en un tema que les guste a que sigan adelante. Además, es importante que busquen siempre la excelencia, tanto en la elección de sus directores de tesis como en el posterior trabajo que ellos mismos desarrollen.

María Pérez-Ortíz

De la Universidad de Córdoba y actualmente en la Universidad de Cambridge (Reino Unido),
ha desarrollado aplicaciones innovadoras en áreas tan diversas como la agricultura sostenible, los trasplantes de órganos, el cambio climático y la oncología.

6 jóvenes brillantes premiados por sus aportaciones a la revolución tecnológica 1
Foto: Fundación BBVA

¿Cómo describirías el alcance práctico de tu trabajo?

Una de las cosas que más me atrajo de mi tema de investigación, la inteligencia artificial, es su aplicabilidad. Aunque no lo creas, estás usando sistemas de inteligencia artificial todos los días, desde el pronóstico del tiempo hasta la detección de caras de Facebook. Mi trabajo se ha centrado en el área del aprendizaje automático o la ciencia de datos, y he aplicado estas ideas a temas desde biomedicina o medio ambiente, creando modelos de predicción que extraen conocimiento de bases de datos difíciles de analizar de otra forma.

¿Para qué estamos usando la inteligencia artificial en la actualidad? Para conducción autónoma, para diagnosticar enfermedades prematuramente, para monitorizar especies en peligro de extinción por satélite, para reconocer patrones cerebrales y hacer que una persona con movilidad reducida pueda usar, por ejemplo, un brazo biónico, para detectar emociones (y no solo en humanos sino en animales), para mejorar nuestra seguridad, detectar robos de tarjetas de crédito o patrones de somnolencia en conductores en el movimiento del volante o el parpadeo.

¿Para qué utilizaremos la inteligencia artificial en el futuro? Creo que el alcance práctico de la inteligencia artificial lo decidiremos nosotros.

¿Qué consejo darías a quienes vienen detrás y te vean como un referente?

Que elijan aquello les apasione y así no sólo tendrán un trabajo, sino también un hobby y un sueño de por vida. Y que no tengan miedo, que desafíen cada día sus inseguridades, porque en la mayoría de los casos estas inseguridades se equivocan.

Petar Jovanovic

De la Universidad Politécnica de Cataluña, autor de aplicaciones para análisis de Big Data
que ya usa la Organización Mundial de la Salud (OMS) para erradicar enfermedades
en países desfavorecidos, como el mal de Chagas.

Estos son los 6 jóvenes brillantes que encabezan la revolución tecnológica en España
Foto: Fundación BBVA.

¿Cómo describirías el alcance práctico de tu trabajo?

Mis contribuciones científicas en general se apuntan a proponer unas tecnologías innovadoras, que ofrecen a los usuarios sin habilidades técnicas (por ejemplo, empresarios, estadísticos, otros científicos) la facilidad de integración y análisis de los datos, siguiendo sus necesidades. De esta manera, los resultados de mi trabajo se pueden aplicar directamente en los entornos no técnicos, facilitando a los usuarios sus tareas analíticas.

Por ejemplo, el resultado de mi tesis, la plataforma Quarry, se está aplicando en un proyecto con la Organización Mundial de Salud (OMS) para habilitar la integración de datos sobre las enfermedades tropicales desatendidas (como el Chagas) y facilitar su análisis para los usuarios de la OMS y los países afectados, incluyendo médicos, epidemiólogos, estadísticos.

¿Qué consejo darías a quienes vienen detrás y te vean como un referente?

En principio, quería decirles que el trabajo científico requiere mucha paciencia, porque los resultados no se ven tan inmediatamente. Pero con un tema que los motiva y un equipo de personas de apoyo, el camino puede ser muy interesante y inspirativo. Es también muy importante (especialmente, en el ámbito de informática) ampliar sus conocimientos constantemente y no tener miedo a buscar nuevos retos para enfrentarse.

Cristóbal Camarero Coterillo

De la Universidad de Cantabria, investiga cómo mejorar las interconexiones entre los procesadores de un súpercomputador para optimizar su rendimiento, así como en la demostración automática de teoremas y en aplicaciones en banca.

6 jóvenes brillantes premiados por sus aportaciones a la revolución tecnológica 3
Foto: Fundación BBVA

¿Cómo describirías el alcance práctico de tu trabajo?

Las grandes computadoras de alto rendimiento que estudio suelen hacerse de forma muy conservadora y rara vez implementan cosas nuevas. Usan tecnología con rendimiento y coste razonables que está ya muy probada. Mis trabajos son bastante teóricos y se necesitaría algún prototipo que los implementase para que los fabricantes consideran el riesgo de cambiar a nueva tecnología.

Algo que no sé si ha llegado a usarse profesionalmente es mi colaboración con Emilio Castillo y otros sobre la aceleración mediante multicore y GPU de una aplicación usada en mercados financieros. Esta colaboración surgió de una propuesta del Banco Santander.

Tengo también un proyecto para la generación automática de software que podría tener importancia práctica a muy largo plazo.

De otros resultados más teóricos, como mis códigos 2-quasi-perfectos de Lee, no veo nada fácil que puedan llegar a usarse de forma práctica. Aunque si en algún momento surge una aplicación adecuada podrían ser la mejor opción.

¿Qué consejo darías a quienes vienen detrás y te vean como un referente?

La verdad, nunca me había planteado esta pregunta.

Lo primero que diría es que si tienes alguna meta personal concreta deberías dedicar tiempo a ella. Dependerá de la naturaleza de la meta cuánto tiempo se debe dedicar a ella y cuánto a otros proyectos. Por ejemplo, nadie debería dedicar todo su tiempo a intentar probar/desprobar el problema P=NP. Factores a considerar serán relevancia (ya sea práctica o teórica), cuánto progresas por unidad de tiempo y cuánto tiempo esperas para llegar a un resultado parcial que sea considerable por la comunidad.

No hay que perder de vista los objetivos, pero también hay que estar muy atento a cosas que aparezcan de forma tangencial. Muchos descubrimientos se han realizado aprovechando una circunstancia fortuita inesperada. Así que para cada idea que surja durante las líneas de investigación principales es bueno dedicar algo de tiempo para ver si puede dar algún fruto. La mayoría de las veces simplemente aprenderás algo insignificante, pero de vez en cuando puedes encontrar un gran resultado o una nueva línea de investigación.

Gasta algo de tiempo en mantener en buen estado tu material de trabajo: ten actualizado el software, organiza bien tus ficheros, aprende a usar las herramientas de forma eficiente y haz copias de seguridad (al menos semanalmente). Aunque supone un esfuerzo más o menos continuo, a largo plazo suponen una ventaja, bien por eficiencia o bien por evitar problemas mayores.

Elena Garcés

De la Universidad de Zaragoza y actualmente investigadora posdoctoral en Technicolor (Rennes,
Francia), ha desarrollado algoritmos para el tratamiento digital de imágenes que resultan de gran interés para el cine y el desarrollo de programas de realidad virtual.

6 jóvenes brillantes premiados por sus aportaciones a la revolución tecnológica 4
Foto: Fundación BBVA

¿Cómo describirías el alcance práctico de tu trabajo?

En mi tesis hemos tratado el problema de recuperar parcialmente la pérdida de información que se produce cuando plasmamos una escena del mundo real -con su riqueza de información dada por la interacción de la luz, los materiales, y la forma tridimensional de los objetos- en una imagen o un vídeo. Esto, entre otros, nos permite realizar ediciones de la escena de manera muy sencilla aunque no tengamos acceso al escenario inicial. Por ejemplo, podemos reiluminar una imagen, editar el color de los objetos, su textura, o insertar elementos que no estaban en la escena original. Esto tiene aplicaciones en postproducción, diseño de interiores, realidad aumentada o cualquier otra aplicación donde sea necesario desambiguar la iluminación de los materiales de la escena para su posterior procesamiento.

¿Qué consejo darías a quienes vienen detrás y te vean como un referente?

Mi consejo para chicas y chicos que estén estudiando ingeniería o a punto entrar en la carrera, es que no esperen al último año de la carrera para especializarse. Decidan qué tema les interesa más desde el principio, localicen los grupos de investigación que se dediquen a eso y hablen con la persona responsable del grupo para ver en qué pueden colaborar y/o cómo pueden mejorar su formación para optar más fácilmente a becas competitivas en ese campo. La mayoría de los grupos de investigación estarán encantados de recibir estudiantes que les puedan echar una mano con tareas sencillas. De este modo empiezan a coger experiencia desde el principio y ven cómo se trabaja. Pueden incluso tener acceso a becas de colaboración mientras terminan la carrera.

Josué Feliu Pérez

De la Universidad Politécnica de Valencia, ha mejorado la eficiencia de un tipo de procesadores -llamados multinúcleo– presentes hoy tanto en los teléfonos inteligentes como en grandes centros de cálculo.

6 jóvenes brillantes premiados por sus aportaciones a la revolución tecnológica 5
Foto: Fundación BBVA

¿Cómo describirías el alcance práctico de tu trabajo?

Mi investigación se centra en optimizar la utilización de los recursos internos de los procesadores multinúcleo. Estos procesadores son los que implementan la mayoría de sistemas actuales, desde supercomputadores hasta smartphones, y permiten ejecutar múltiples procesos de forma concurrente. Nuestra propuesta consiste en diferentes algoritmos de planificación que son capaces de decidir de forma inteligente qué procesos deben ejecutarse en cada instante para optimizar la utilización de estos recursos. Esta optimización permite incrementar las prestaciones del procesador y, en función del sistema y la carga, proporcionar una mejora de prestaciones de alrededor del 10%.

Desde un punto de vista práctico, los algoritmos de planificación propuestos permitirían finalizar más rápidamente los procesos ejecutados tanto en supercomputadores, los cuales pueden ejecutar desde simulaciones científicas o médicas hasta peticiones web, como en ordenadores de escritorio o smartphones, donde los usuarios apreciarían una mejor experiencia de usuario. Además, al incrementar las prestaciones se reduciría el tiempo de ejecución de las aplicaciones y con ello se mejoraría la eficiencia energética de los sistemas.

¿Qué consejo darías a quienes vienen detrás y te vean como un referente?

Me gustaría pensar que los alumnos a los que he podido dar clases (tanto del Grado en Informática como del Máster Universitario en Ingeniería de Computadores y Redes) y tengan una vocación investigadora puedan pensar que, aunque la condiciones para la investigación no son las ideales en España, con trabajo y convicción se puede desarrollar una carrera investigadora que pueda tener impacto y relevancia, como la que ha obtenido mi investigación a través de este premio. Los mejores consejos creo que serían que trabajen duro, que tengan insistencia y perseverancia para alcanzar sus metas y que no se vengan abajo ante las dificultades (que tarde o temprano aparecen).

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Silvia Cruz Lapeña, un relato desde el flamenco

Anna Maria Iglesia

Foto: Alberto Gamazo

Silvia Cruz LaPeña es una periodista de raza. Fiel y honesta con sus principios. Especialista en flamenco, Cruz LaPeña no es una mera reseñista: sus artículos y reportajes son textos, a veces incómodos, en los que ella analiza y descubre el mundo del flamenco, construyendo un relato que no se acomoda a los tópicos. Crónica Jonda (Libros del K.O) es también un relato incómodo, es también un relato que desmonta tópicos, un relato aparentemente autobiográfico a través del cual Cruz LaPeña destripa el presente social, político y, también, emocional. El presente de Crónica Jonda es el resultado de un pasado que no ha acaba de morir, que está ahí y cuyos frutos recogemos ahora.

Crónica Jonda comienza con la muerte de Paco de Lucía, que, a través de las palabras de Miguel Mora, se convierte en símbolo de un tiempo que se acaba.

Sí, y por esto está muy marcado el hecho de que yo me entero de la muerte de Paco de Lucía cuando estoy terminado el epílogo de la biografía de Camarón. Es un gesto casi epifánico: termino el epílogo y, por tanto, en cierta manera vuelvo a enterrar al gitano, que era Camarón, y me entero que se ha muerto el payo, Paco de Lucía. Y, sí, cuando Miguel Mora habla de la España aniquilada, yo la veo representada.

El gitano y el payo, el norte y el sur, lo exterior y lo interior… ¿tu libro es un juego de dualidades imposibles de separar?

Sí, está todo imbricado, porque la realidad es así. Este libro es un viaje, que yo empiezo cabreada, pero no puedo decirte en qué página dejo de estarlo, porque todo está mezclado, los opuestos se tocan y se confunden. En el fondo del libro está la idea de un todo, algo caótico, un todo donde es imposible determinar dónde empieza la otra. Es un libro que empiezo a escribir cuando todo parece haberse desquebrajado, cuando estaba naciendo con mucha fuerza Podemos y nos preguntábamos qué iba a pasar; ahora, seguimos, en parte, igual, no sabemos qué va a pasar, ni con Podemos ni con ningún otro partido. Por esto, cito a Faulkner.

Narras un tiempo que agoniza…

Sí, un tiempo que, además, se estira y no se acaba. Hablo de un tiempo que tiene mucho que ver con el flamenco, con esa voluntad de querer conservar el pasado, de no dejar que llegue lo nuevo. Por esto digo que, para no ser la música de España, el flamenco se le parece mucho. Como el flamenco, también el tiempo que estamos viviendo ahora es un tiempo suspendido, no sabemos qué va a pasar y, personalmente, tengo la sensación de que cada día empieza todo de nuevo.

No sólo dices que el flamenco se parece mucho a España, sino que es machista como España. ¿El flamenco es la lente desde donde miras tu entorno?

Sí, en cierto modo y, de hecho, en este libro el flamenco no es una excusa, como algunos me han dicho, sino que es la clave de lectura de muchas cosas y, al mismo tiempo, es mi abrigo, porque es el flamenco es el lugar donde me refugio. El flamenco es un microcosmos y en él veo conductas que, luego, veo también en otros ambientes, entre los periodistas, los carniceros o los taxistas.

El flamenco y, sobre todo, el mundo flamenco está muy connotado, pero, desde fuera, ¿lo miramos y lo juzgamos con demasiados prejuicios?

Hay muchos prejuicios en relación al flamenco, unos prejuicios que vienen de hace tiempo. Es cierto que el franquismo se apropió del flamenco y se lo usó como forma de propaganda de la cultura española, pero no fue el único arte a ser usado. Esto, sin embargo, ha hecho que, todavía hoy, haya quien conserva la idea de que el flamenco mantiene unos lazos con el franquismo cuando no es así.

Además, el flamenco es considerado como “lo español”, en un momento donde “lo español”, sobre todo en lugar como Cataluña, cuesta mucho de aceptar. Y, por último, para empeorar las cosas, se le tacha de machista y, en parte, es cierto, pero el flamenco no es más machista que la sociedad en el que está inmerso, es decir, la sociedad española.

Lo que quisiera es poner un punto y final a estas asociaciones, porque de flamenco he visto mucho y lo he visto en países como Francia e Inglaterra. Por tanto, ¿el flamenco es “lo español”? Sí, pero no. Lo que sucede es que falla el relato y creo que, en gran medida, de esto es responsable el propio mundo flamenco y, también, aquellos que lo narramos. Creo que tendríamos que hacer el esfuerzo de hablar de flamenco sin hablar de lunares, sin caer en los tópicos.

¿En qué sentido se ha explicado o se explica mal el flamenco?

El relato que se ha hecho hasta ahora del flamenco es la del tío guapo, alto, moreno y con pinta de torero y la mujer guapa, espectacular, con vestido de lunares. Se cuenta que, en el mundo flamenco, él manda y ella renuncia a todo y, en parte, es cierto, solo que, como te decía antes, el machismo del flamenco no es otra cosa que el reflejo del machismo de la sociedad en que se enclava.

El flamenco es mucho más, solo que todavía es un mundo muy circunscrito; ten en cuenta que muchos conservatorios no admiten los estudios de flamenco porque piensan que es cosa de cuatro gitanos que bailan en su casa. Esto hace que se desconozca el flamenco más allá de los tópicos, más allá del “lerele” y de los topos. Por esto, hablo del relato y de nuestra responsabilidad, porque es cierto que, sobre todo los medios no especializados, todavía te piden que si escribes de flamenco les hables de lunares, de sangre y de pasión, pero es precisamente esto lo que tenemos que evitar, porque el flamenco de hoy no es esto o no es solo esto. Hay espectáculos de flamenco muy fríos, donde no hay ni sangre ni pasión. O, por ejemplo, ver bailar a Rocío Molina es asistir a una clase magistral de danza contemporánea y de flamencos. Es una mujer que no utiliza ni lunares ni peinetas, pero es flamenco.

¿Ha habido clasismo en la percepción del flamenco?

Sí y no. Por una parte, no en cuanto, casi desde sus inicios el flamenco ha vivido gracias al apoyo de la gente adinerada; de hecho, muchos artistas flamencos han vivido de bailar a señoritos y a gente adinerada. Además, lo curioso es que, actualmente, muchas veces quien rechaza el flamenco es gente que, por cultura o por contexto, está muy cerca de él; sin embargo, hoy muchos lo rechazan por ser algo popular, algo folklorico…e, incluso, algunos no rechazan por no ser un arte elevado, si bien no hay que olvidar que hoy en día el flamenco está en todos los teatros del mundo.

Por otra parte, sí, hay clasismo: el rechazo al flamenco tiene mucho de clasismo y de racismo, que, paradójicamente, no solo viene del mundo payo.  En el mundo gitano también hay racismo, el de los gitanos y, lo que es más curioso, el de los gitanistas hacia los payos. Los gitanistas, que muchas veces no son gitanos, son unos puristas, son aquellos que dicen que el flamenco solo puede ser puro y que todo lo demás no es flamenco.

Ahora que hablas de los gitanistas, pienso en tu análisis de la música de Miguel Poveda, cuyo flamenco se ha “modificado” en cuanto él ha cedido, en parte, al gusto, tentado por las ventas o el gran público. ¿Poveda, como tantos otros, representa un flamenco adulterado, ese flamenco que nos llega y que consume la gran mayoría?

Yo diría edulcorada. Me voy a remitir, además porque enlaza con la cuestión del clasismo, a lo que dice Luis Cabrera, del Taller de Músics: el flamenco gusta si no te araña. No gusta el flamenco duro. Y lo que yo digo de Poveda es algo que se ve mucho en programas como La Voz u Operación Triunfo: se flamenquea mucho, se hace mucho “lerele” y mucho “olé”, pero eso no es hacer flamenco, por mucho que quien lo haga esté relacionado familiar o culturalmente con el flamenco.

Hay muchos que piensan que Malú es flamenca o que Rosario Flores hace flamenco, cuando no lo ha hecho en su vida. Y, sin llegar a este punto, Miguel Poveda, que sí que canta flamenco, aunque en sus espectáculos hay de todo, hace un flamenco edulcorado o, como yo digo, flamenco de amplio espectro. Muchos de mis compañeros de profesión, me dirían que este flamenco de amplio espectro no es flamenco.

Un relato desde el flamenco 1
El flamenco es mucho más que lunares y trajes de sevillana | Foto de Alberto Gamazo

¿Me comprarías la etiqueta: “flamenco para quien no entiende de flamenco”?

Mis compañeros gitanistas te comprarían… y yo también

Otro de los temas del libro es la inmigración, principalmente la de Andalucía hacia Barcelona y te muestras muy crítica hacia la política catalana, hacia ese discurso político que llegó a consolidar el concepto de “charnego”.

Sí, ante todo, porque reniego completamente del concepto de “charnego”. Yo no eliminaría esta palabra, pero que la diga quién la inventó. Este nombre, completamente despectivo, no nos lo hemos inventado quienes supuestamente somos charnegos, por esto, no lo asumo, porque no hay nada de negativo en el hecho de que una abuela mía fuera andaluza, otra murciana, mi madre de Barcelona y mi padre de Córdoba. Y, sí, en el libro hago una crítica feroz a esa sociedad que conocí y la hago, también, porque me hace mucha gracia cuando se habla hoy de los catalanes a los que no se escucha o a esos catalanes que estamos un poco callados. ¿Nos han escuchado alguna vez? Por esto cuento la celebración que se hizo en Barcelona en 2013 por los cien años del nacimiento de Carmen Amaya. A nadie le importó que se celebrara el nacimiento de Amaya teniendo mal los datos, sin prestar atención a los estudios que decían que ella había nacido en 1918. ¿Te imaginas que hubiera pasado si quienes organizan la celebración de 1714 se equivocaran y dijeran 1715? Pues, esto. No se trata de forma distinta a unos que a otros y luego decir que somos todos parte de un mismo pueblo. Recuerdo perfectamente cuando en la rueda de prensa previa al homenaje de Amaya, Mascarell decía que el pueblo romaní era parte del pueblo catalán, cosa que es cierta, pero entonces ¿por qué no se la trata igual?

En el libro cuentas, además, como un concejal te dice que prefiere antes “a los africanos que a los andaluces porque son ‘más propensos a hablar catalán’”.

Me hicieron este comentario como me han hecho muchos otros. Y, lo peor, te lo hacen sin preguntarse quién eres tú, sin plantearse que, a lo mejor, con sus palabras te están ofendiendo o están ofendiendo a tus padres.

¿Tuviste que asumir tu historia y tus orígenes o siempre fueron connaturales a ti?

No, no tengo la sensación de haber tenido que asumir mis orígenes, pero sí es cierto que, durante la presentación en Madrid, Cristina Fallarás decía que el libro es la narración de la construcción de una identidad. Seguramente, en el libro me digo algunas cosas que nunca me había dicho y ciertamente no es casual que mi interés por el flamenco se haya reafirmado en estos últimos años ni que mi libro salga en estos días y hable de flamenco. Aunque no quieras, ahora mismo, te obligan a preguntarte sobre tu identidad. Yo, que nunca me he preocupado de esto, me siento obligada no sólo a preguntarme sobre mi identidad, sino también a interrogarme sobre mi origen. Sin embargo, para mí nunca fue un problema: cuando volví a Barcelona, vivía en Nous Barris y nunca sentí la necesidad de preguntarme de dónde era. A lo mejor era una excepción, pero lo cierto es que nunca me preocupó este asunto.

Tú, además, narras la experiencia de una migración a la inversa: cuando tienes 8 años, dejas Barcelona y vas vivir a Andalucía. ¿Cómo era tu mirada, la de una niña que, si bien de origen Andaluz, deja Barcelona y se va a vivir a Andalucía?

Era una mirada repelente, porque era la mirada de quien viene de Barcelona y llega al sur. Era una mirada donde había rechazo, que, sin embargo, también encontré en Andalucía, aunque por distintos motivos. El rechazo que encontré era debido a que allí están muy hartos de que, desde Barcelona, se les mire con cierta superioridad, una superioridad que yo llevaba incorporada. Y, ahora, lamento haber salido corriendo de allí con 18 años, deseando ir a Barcelona, que para mí significaba un lugar con amplitud de miras y cosmopolita, paradójico si pensamos en lo que estamos viviendo hoy.

Evidentemente, con los años he vuelto a Andalucía, pero ya no he vuelto a vivir allí; de ahí que, en el libro, exprese mi arrepentimiento por esa actitud repelente que tuve y, solo ahora, me doy cuenta de que en todos los años que viví ahí, no llegué a conocer, de verdad, Andalucía por mi estrechez de miras.

En el fondo, Crónica Jonda es un gran canto a Andalucía.

Y a Barcelona.

Sólo que Barcelona sale peor parada.

No, el libro es un gran canto a Barcelona, solo que vivo en Barcelona. Si me hubiera ido, seguramente mi mirada se hubiera dulcificado. Yo no tengo una mirada romántica de Andalucía, pero ya no es tan severa como la que tenía antes, porque vivo a mil kilómetros y porque cuando voy es solo para estar unos días. Sin embargo, Barcelona es mi ciudad elegida, es la ciudad que amo, de ahí el cabreo que tengo. Siempre te enfadas con quien más quieres y yo estoy casada con Barcelona.

Por último, quería preguntarte sobre el periodismo, del que también hablas.

Yo todo lo que te pueda decir del periodista suena a corporativista, aunque no lo sea para nada, pues soy muy crítica con quien no lo hace bien y conmigo misma cuando me equivoco. Me parece vital que se haga periodismo y que se haga bien. Aunque no tengamos un código deontológico muy claro, me parece esencial hacer periodismo con sensatez y respetando algunos principios.

Te muestras muy crítica con los “periodistas” amateurs.

Yo soy muy crítica con el amateurismo, es cierto, con ese “periodismo” que se ejerce gratis. Yo también me abrí un blog para escribir sobre mis cosas, pero el periodismo es otra cosa. ¿Qué quieres hacer periodismo? Muy bien, pero juega con nuestras reglas: cobra por trabajar. ¿Te metes a hacer periodismo sin cobrar para ligarte a la cantaora o el productor? Entonces, lo que haces no es periodismo, porque el objetivo del periodismo es otro.

Puedes ser amateur, pero no nos quites el pan, no reemplaces el papel del periodismo. Nos quejamos de que se hace mal periodismo, pero es que la mitad de la gente que lo ejerce no es periodista, y no me refiero a tener o no el título universitario, y la mitad de la otra mitad ha sucumbido a determinadas cosas: cobrar poco, titular mal en busca de click, evitar ser molesto.

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