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Art Thinking: ¿La nueva fórmula para reformar la educación española?

Ariana Basciani

Foto: MIKE SEGAR
Reuters

La cantidad de tópicos que existen alrededor del sistema educativo español y en algunos casos, a nivel mundial es lo que María Acaso y Clara Megías intentan revertir con su nuevo libro Art Thinking: Cómo el arte puede transformar la educación (Paidós, 2017). Pensar en las flores como algo únicamente decorativo o que el primer concepto que se trabaje en Educación Infantil sean los opuestos, es uno de los tantos ejemplos que se deben revisitar para orientar la educación hacia un pensamiento más crítico y menos repetitivo, afirman estas dos especialistas.

El libro de Acaso y Megías, diseñado y editado por Cristian Fernández y Pía Paraja, respectivamente, intenta desafiar la burocracia académica española a partir de una metodología de creación de conocimiento basado en el lenguaje audiovisual y artístico. Las autoras pasaron por Barcelona para su promoción y esto fue lo que no se callaron.

Art Thinking: ¿La nueva fórmula para reformar la educación española?
Ilustraciones de los autores dentro del libro

¿Cómo se escribe un libro a cuatro manos?

María Acaso: A base de diálogo y de allí al montaje. Yo escribía, daba la forma al texto, se lo pasaba a Clara y Pía lo iba montando. Empezamos con un PowerPoint. El libro tiene mucho tiempo y es una genealogía de todo lo que hemos ido construyendo; pues lo primero que hago es utilizarlo en clase y hacer un PowerPoint. Luego esos PowerPoint se convierten en un libro que, a su vez, da lugar a otro PowerPoint que nace de este proceso.

Clara Megías: Una cosa que reivindicamos en este libro y yo no podría vivir sin ella es la inteligencia colectiva. No podría hacer un libro sin lo que aporta la gente o una clase o una presentación, cada vez lo necesito más… los conceptos no son solo nuestros son de varias personas que conocemos, han sido creados de manera rizomática . María es buena dándole un nombre, pero hay muchas cosas que están en el aire, que surgen de conversaciones, pedagogías invisibles, intercambios con gente del ámbito que lleva tiempo luchando por lo mismo que nosotras.

A pesar de que sois críticas con la Academia Española, el libro tiene una estructura muy académica y tradicional.

María Acaso: Hacer el PowerPoint, tiene que ver con el discurso oral de cómo presentas el problema y llegas a una solución… nosotras venimos de la universidad y tenemos un chip académico con el que luchamos, pero nos sale.

Clara Megías: Hay un punto en el libro en el que se ha invertido mucho. Mientras María iba desarrollando el texto, yo iba desarrollando la metodología de la parte final que es muy experimental, porque primero se desarrolló la metodología y luego María le fue dando contenido; así que se ha invertido. No es que yo he trabajado a partir del texto que es lo que ha pasado en otros libros, aquí es al revés, a partir de esa idea se va desarrollando el resto. Lo ordenas de una manera que se entienda, pero el proceso no ha surgido en ese orden, se da de manera paralela, todo se va desarrollando a la vez. Pues como afirma el art thinking, la metodología no lleva un orden, son claves para que una persona pueda ordenar como quiera, pero esto es un libro y es lineal y le tienes que dar un orden. Eso para nosotros fue un momento de crisis, de cómo intentar que fuera fácil su uso, que no fuera solo texto, sino que tuviera elementos que Cristian ha aportado a través del diseño y la maquetación, que es clave dentro del proyecto.

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Portada del libro “Art Thinking” | Imagen vía Paidós

¿Es el libro un proyecto de art thinking en sí mismo?

María Acaso: Ese era nuestro objetivo. Era nuestra obsesión en lo metodológico y en las clases. Todo esto surge de que un día me doy cuenta de que estoy diciendo unas cosas en el contenido que no estoy reproduciendo en la metodología. Esto no puede ser. Entonces cómo lo dices y con qué lo dices es una de mis obsesiones generales. Romper la estructura vertical en las clases, en las presentaciones de libros. ¿Por qué un libro de educación tiene que ser tan feo, tan soso y tan poco atractivo? Entonces es cuando surge la idea de que Cristian incorpore su creatividad en la producción del libro.

Clara Megías: Lo que hemos querido es que la parte visual sea tan generadora de contenido como la parte escrita. Por ejemplo, los proyectos. María hace alusión a algunos en el texto, pero la gran mayoría de ellos no son referencia, están complementando, lo que genera una narrativa paralela en la que se muestran cosas, que no se están citando en el texto.

María Acaso: A partir de esas ideas, he jugado y he creado otras referencias, otras citas. Esto es a lo que aspiramos y esperamos lograr más, quizás en el siguiente libro. Lo que queremos hacer a partir del libro es un curso online, animando y dándole vida a los mapas del libro.

¿Cuáles son los pro y los contras de la academia española en la actualidad?

María Acaso: La academia ahora mismo es un simulacro. Muchas veces los profesores están investigando por engordar su currículum, por tener un puesto determinado y no están investigando porque quieran descubrir algo. También es que los profesores de magisterio nunca han dado clases a un niño, todo eso tiene que ver con ese simulacro. Nosotras tenemos un perfil distinto, yo tengo mis proyectos en educación artística y luego doy unas clases en la universidad. La mitad de mi tiempo lo desarrollo fuera de la universidad y luego en la universidad aporto ese conocimiento de fuera.

Clara Megías: María está todo el tiempo haciendo proyectos fuera de la universidad, así que nuestro perfil es raro porque somos personas muy activas y estamos en contacto con los contextos reales.

¿Es una crítica hacia los profesores? Se convierten en mediocres, ¿te quedas en tu puesto y no haces más nada?

María Acaso: Cuántas personas leen un paper académico y cuántas personas leen un blog. Simplemente hagamos esa comparativa de números. Vemos que el concepto de paper académico no sirve para cambiar la realidad, sirve para otras cosas para que esa persona tenga un mejor sueldo, para que sea catedrático, etc. Creo que eso es lo hay que reflexionar si eres parte de la academia. Tu quieres seguir endogámicamente alimentando el concepto de academia o quieres cambiar la realidad. Si quieres cambiar la realidad, tienes que hacer un libro como art thinking.

Clara Megías: Otro ejemplo son las tesis doctorales, que se hacen de manera individual cuando en tu vida jamás investigas solo. Entonces en la academia se empeñan -porque es una meritocracia- que tienes que acumular un currículum que te diferencie del otro, se empeñan en que sigamos trabajando individualmente, cuando hacer una tesis doctoral tú solo es una especie de suplicio. Es una carrera de resistencia antes de acabar la tesis… si la pasas tienes la llavecita para entrar al club. Entonces eso está bastante obsoleto. Yo creo que en Estados Unidos la academia es distinta pero en España … En una universidad en la que trabajé, en las encuestas los alumnos dijeron que soy la única profesora que hace lo que dice. Entonces digo yo: el resto de profesores está diciendo cómo enseñar de manera cooperativa dando una clase magistral, no usan lo cooperativo en la clase y a mi me parece preocupante, aunque creo que cada vez va cambiando.

María Acaso: La metáfora para explicar esto es, le enseñas a alguien a montar un mueble de IKEA sin mueble de IKEA y le haces un examen de un mueble de IKEA y te tienes que memorizar las instrucciones y ponerlas.

¿Intentan romper con una elite o unos prejuicios académicos?

María Acaso: Esta diferencia entre lo teórico y lo practico, entre lo académico y lo popular, creo que son categorías que se han disuelto en la postmodernidad y la Academia como institución sigue intentando que esas etiquetas persistan y no tiene sentido.

Se habla de la importancia de la creación de las imágenes pero sin sentido crítico, ¿como podemos introducir la hiperrealidad y el carácter performativo desde un punto de vista crítico? ¿Cómo el art thinking puede ayudar?

Clara Megías: Todo tiene que ver con cómo introduces las imágenes en clase. A mis alumnos por ejemplo en la ESO, si tú llevas Juego de Tronos y lo deconstruyes con ellos, flipan. Empezar a deconstruir con ellos es motivar, porque a todos nos gusta desvelar algo que estaba oculto, como un misterio. Ese espíritu de sospecha es súper estimulante para los alumnos y tiene mucho que ver con una ciudadanía responsable. Las imágenes y la desconstrucción es un buen ejercicio para empezar a producir el pensamiento crítico. Analizar la textura, el color, qué te produce. Eso a una persona le puede resultar atractivo y, además, nosotras pensamos que es súper necesario, es empezar a tener un papel activo, crítico para construir tus propias imágenes desde otro punto de vista, y al final tiene que ver con ser capaz de mirar el mundo en que vivimos y revelarse contra los mecanismos de consumo. También es importante entender cómo es el papel del arte contemporáneo, porque este lo hace al revés: el arte contemporáneo no es una imagen placentera que entra sin que te des cuenta, es el placer de lo extraño, de lo abyecto. ¿Por qué nos gusta ver una película extraña de terror, pero cuando vamos al museo de arte contemporáneo y es algo raro, no lo queremos?

Eso tiene que ver con el miedo hacia el otro, hacia lo desconocido. ¿Si nos quitásemos el miedo quizás tuviésemos más conocimiento?

Cristian Fernández: Está basado en una desconfianza universal, una sociedad que se basa en el futuro en lo que pueda pasar, frente al extranjero, frente al cambio. Es una receta para tener una sociedad sumisa, conformista.

Clara Megías: El arte contemporáneo es lo más anti conformista que existe. Es muy importante que te atraiga y que te sientas cómodo, eso es un cambio de chip.

Al final, ¿la educación debe acabar con los prejuicios y con las formas convencionales de enseñanza?

María Acaso: Exactamente, los prejuicios macro y micros.

¿Debemos quitar el prejuicio con respecto a la discusión sobre las fotografías que debían ser mostradas o no después de los atentados de Barcelona? ¿Es deber del art thinking revisitar esas imágenes?

Clara Megías: Lo que nos propone el art thinking es que debatamos, que realmente haya un debate, y que detrás de una imagen siempre hay una intención y una construcción de la realidad. La imagen del atentado no es el atentado, es una versión del atentado. Lo bueno de introducir el art thinking es que el profesor no tiene una verdad sino que detrás de una imagen existen miles de verdades como personas las están interpretando. Lo interesante es hablar de las imágenes, hacerlas visibles. ¿Por qué de eso no se habla? ¿O cómo que les afecta que haya imágenes o no del atentado?

En vuestro libro también se revisita el concepto de los nuevos tipos de autorías.

María Acaso: Es una reflexión muy importante para saber qué ocurre cuando las producciones son pedagógicas o educativas y por qué no hay autoría reconocida. ¿Por qué sabemos quién es el autor de una novela pero no sabemos quién es el autor de una clase? Hay una parte en la que entendemos las producciones pedagógicas como producciones culturales, pero queremos empoderar a los profesores como creadores y que de alguna manera firmen sus clases. No es esa autoría relacionada con lo económico sino con una apuesta al modelo.

¿Sería una nueva forma de hacer tu currículum como profesor?

María Acaso: Sí. Esto tiene que ver con que en el paper si está reconocida la autoría por el sistema que lo cobija y como se enmarca, pero en las producciones pedagógicas no es importante la autoría. Y eso tiene que ver con cuestiones de género, o que las cuestiones educativas están muy feminizadas, especialmente en primaria y en infantil, entonces se piensa que como lo hace una señora ahí, entonces no es importante.

¿Es el art thinking político?

María Acaso: Hay muchas reivindicaciones debajo del art thinking, de autoría, de cuestiones de género, cuestiones de visibilización de lo que no es mainstream. Toda esa parte nos interesa mucho.

¿Cómo se puede vincular lo popular en el art thinking dejando atrás superficialidad?

María Acaso: Sí, en una clase tiene que haber dos grandes grupos de imágenes por un lado los microrrelatos y los microrrelatos. Los macrorrelatos tenemos que utilizarlos para analizar y los microrrelatos para interpretar todas las maneras posibles que existen.

Clara Megías: Eso es muy importante matizarlo porque están utilizando la cultura visual, pero no están utilizando art thinking. Están usando Disney para decorar, no Disney para reflexionar sobre Disney. Entonces, poner a Bob Esponja por todos lados no es hacer art thinking. La cultura visual es una excusa para pensar sobre el mundo, sobre lo que nos afecta. Hay gente que piensa que nosotros estamos haciendo un libro sobre manualidades o cómo hacer marionetas para que se queden como bobos mirando. Se trata de otra cosa.

¿Es el art thinking el aliado del pensamiento crítico?

María Acaso: El art thinking quiere generar conocimiento propio, no siempre estar apropiándose del conocimiento ajeno que ha producido otra persona, sino que tú tienes que tener tu propio cuerpo de conocimiento sobre las cosas y tus propias opiniones.

Clara Megías: Es increíble la cantidad de personas que viven su vida con frases hechas.

El art thinking es como los Simpson, que el propio producto televisivo hace reflexionar sobre la sociedad en la que habitamos.

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¿Por qué El Rastro se llama El Rastro?

Redacción TO

Foto: Ana Laya
The Objective

El Rastro forma parte de los llamados “barrios bajos” de Madrid en el sentido geográfico, ya que está situado en un terreno que desciende hacia el río Manzanares. El origen de su nombre ha sido ampliamente estudiado por historiadores y cronistas.

Está documentado, desde 1740, como un lugar de encuentro para la venta, cambio y trapicheo de objetos de segunda mano que se formaba alrededor de los mataderos que se ubicaban en la actual plaza General Vara de Rey y los curtidores que se instalaron en Ribera de Curtidores durante sus orígenes.

“Rastro” era en el siglo XVI sinónimo de carnicería o desolladero y cuenta la tradición popular que los restos de los animales degollados eran arrastrados desde el matadero, dejando a su paso un “rastro” de sangre. De allí el nombre del famoso mercado dominical.

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Una venta de libros en El Rastro. | Foto: Ana Laya / The Objective

Esta teoría también la sostiene el libro El origen del Rastro y los mataderos de Madrid por Antonio López Gómez (1976) que señala que en la plaza del General Vara del Rey estaba “el matadero y carnicería real” en el siglo XVIII. También habla de la coexistencia del rastro con otros mataderos, uno “viejo”, en el siglo XVI, y otro “nuevo”, a partir del siglo XVII en la Puerta de Toledo.

Según el diccionario de Covarrubias, el “rastro”, en una de sus acepciones, se refiere al “lugar donde se matan los carneros (…) porque los llevan arrastrando, desde el corral hasta el sitio donde los desuellan, y por el rastro que deja se le dio este nombre al lugar (mercado)”. Por su parte, el Diccionario de la Academia mantiene -en cuanto a “rastro”- la acepción de “matadero o sitio de venta de carnes al por mayor en determinados días y aún se utiliza en algún lugar”.

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Este año, cumple 267 de como mercado dominical. | Foto: Ana Laya / The Objective

Aunque esta es la teoría más famosa, hay autores que la califican de “tópico y equívoco”, Tal es el caso de José A. Nieto Sánchez quien en Historia del Rastro: Los orígenes del mercado popular de Madrid, afirma que, aunque había venta de carne, esta es solo una arista más de su historia pero no la única razón del nombre. Este año, se cumplen 267 años de El Rastro como mercado dominical y ya en 1914 Ramón Gómez de la Serna escribió sobre el mercadillo: “Solo en medio del libertinaje y la soltura del Rastro las cosas se enseñan a sí mismas, y personalmente se encaran y expresan”.

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11 libros que inspiran a los tecnócratas de Davos

Risalat Khan

Foto: Evan Vucci
AP

Más allá de si en Davos se decide el destino de la humanidad, lo que sí queda patente es que líderes mundiales de todo el mundo aprovechan la cita para hacer negocios y cerrar tratos. Esos líderes tienen mucho que decir en cuanto a política, economía, industria… y sí, literatura.

Hubo una pregunta que formulé a muchas personas en la reunión: ¿cuál es el libro que realmente lo inspiró o conmovió y que tuvo un rol significativo en su viaje? Estas son algunas de las respuestas:

1. En un encuentro que se centró en los objetivos de desarrollo sostenible, me encontré con la primera ministra noruega, Erna Solberg, una de las siete copresidentes femeninas de Davos de este año. La novela de ciencia ficción feminista Shikasta, de Doris Lessing, la inspiró profundamente.

2. Sundar Pichai, el director ejecutivo de Google, tuvo dificultades para elegir solo uno, por lo que limitamos la pregunta a los libros que había leído en el último año. Su recomendación: The Gene (El gen), de Siddhartha Mukherjee, un libro de amplio alcance que explora en profundidad nuestros propios componentes básicos a medida que adquirimos las facultades para manejarlos.

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El director ejecutivo de Google, Sundar Pichai, eligió El Gen. | Foto: Denis Balibouse / Reuters vía World Economic Forum en Español

3. Karuna Rana es una formadora de opinión global de Mauricio, que lidera una coalición de jóvenes de pequeños estados insulares que crean conciencia y toman medidas en relación con el cambio climático. Destacó los efectos de Conversations with God (Conversaciones con Dios), de Neale Donald Walsch. Según dijo, le ayudó a desarrollar una mentalidad crítica para cuestionar todo y siempre profundizar más.

4. Christiana Figueres —la optimista del clima a quien se le atribuye en gran parte el mérito de reunir a los líderes mundiales para cooperar en el cambio climático— se encontraba en un evento en el que los científicos compartieron la situación actual con empresarios que prometieron su compromiso con la causa. Afirmó que cree profundamente en el poder del amor y está inspirada en la filosofía budista; recomendó Love Letter to the Earth (Carta de amor a la tierra), de Thich Nhat Hanh.

5. En una conversación sobre el estado del mundo con varios economistas galardonados con el Premio Nobel, Angus Deaton subrayó la tragedia de la crisis de los opioides en los Estados Unidos. Propuso el libro The Moral Economists (Los economistas morales), de Tim Rogan, como una obra que no se debe pasar por alto.

6. La socióloga Arlie Hochschild, que formó parte de un panel sobre tecnología y confianza (sobre las fuerzas económicas ocultas a la vista que impulsan muchas de las tendencias tecnológicas que vemos hoy) citó un libro que consideró visionario: Saving Capitalism (Salvar al capitalismo), de Robert Reich.

7. Christie Peacock es una emprendedora social que ha trabajado con agricultores de toda África durante muchas décadas. Mientras dirigía un debate sobre el futuro de los alimentos, manifestó las preocupaciones de los agricultores rurales. Según contó, Being Mortal (Ser mortal), de Atul Gawande, la ayudó a encontrar su camino ante una experiencia de profunda pérdida personal.

8. Winnie Byanyima, que había arrojado luz sobre la desigualdad justo antes de la reunión de Davos al anunciar que el 1% superior de la población obtuvo el 82% de la riqueza mundial el año pasado, debió pensarlo un poco antes de encontrar una respuesta que considerara satisfactoria. Al principio, mencionó las descripciones de la lucha racial de la autora Zora Neale Hurston, pero se decidió por The Second Sex (El segundo sexo), de Simone de Beauvoir.

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Winnie Byanyima eligió ‘El segundo sexo’, de Simone de Beauvoir. Foto: Sunday Alamba / AP

9. Al reunirse con la comunidad de jóvenes Global Shapers en Davos para un franco debate, el fundador de Wikipedia, Jimmy Wales, señaló que el libro Your Money or Your Life (La Bolsa o la vida), de Vicki Robin, arrojó luz sobre las cosas importantes de la vida.

10. Kate Raworth es autora del libro Doughnut Economics (Economía rosquilla), que trata una cuestión similar pero a una escala más grande y paradigmática. Según afirma, el libro The Divide (La división), de Jason Hickel, la había marcado.

11. Al hablar sobre las interfaces cerebro-computadora y los roles que podrían desempeñar en el futuro, el psicólogo Steven Pinker destacó el libro The Beginning of Infinity (El principio del infinito), de David Deutsch, como uno que para él se destacó de manera especial.

Artículo publicado originalmente en el World Economic Forum en español.

Continúa leyendo: Cataluña para los catalanoparlantes

Cataluña para los catalanoparlantes

Ricardo Dudda

Foto: Bernat Armangue
AP

El debate lingüístico en Cataluña nunca ha tenido que ver con la lengua, sino con la cultura.
Un ejemplo es una frase como “Cataluña es el catalán”, que se ha usado en los debates
sobre la inmersión lingüística esta semana y que difícilmente puede defenderse como una
idea liberal (lo digo porque quien la ha usado es un liberal socialdemócrata, y porque un
partido progresista como el PSC es un gran defensor del monolingüismo en la escuela).

La defensa de una sola lengua en una sociedad plurilingüe va contra el pluralismo liberal, y
en cierto modo recoge el argumentario nacionalista, que considera la lengua uno de los
hechos diferenciales. Para los clásicos nacionalistas, como Herder, la lengua refleja un
modo de pensar y una forma de ser. La lengua es la esencia del nacionalismo: una nación
para cada lengua.

Uno puede usar argumentos pragmáticos para defender la inmersión lingüística, como la
idea de que es una manera de elevación social (los castellanoparlantes catalanes tienen
mayores cifras de fracaso escolar que los catalanoparlantes). También se suele decir que la
inmersión es el gran consenso de la sociedad catalana, pero un estudio de Roberto Gravia y
Andrés Santana muestra que es falso: “existe un alto nivel de consenso sobre el modelo
lingüístico de las escuelas, pero el rasgo definitorio de dicho consenso es la pluralidad
lingüística, no la posición hegemónica de ninguna de ellas: los votantes de todos los
partidos coinciden en que al menos un 28% de las clases deben ser en catalán, un 25 % en
inglés, y un 20 % en castellano; y difieren en cómo debe impartirse el 27% restante de
horas.” Gravia y Santana afirman que “la sociedad catalana está muy lejos del amplio
consenso a favor de la inmersión lingüística, que más parece ser un mantra que reflejo de
las preferencias de la sociedad catalana”.

Al defender el modelo monolingüe se defiende la idea nacionalista de que la lengua catalana
ha de preservarse per se, sin importar su número de hablantes (son más los
castellanoparlantes en Cataluña que los catalanoparlantes). La lengua se defiende porque es
un bien en sí mismo. De ahí a preservarla para que no se contamine de otras lenguas (que
es lo que hacen las lenguas y así es como se forman) hay muy poco.

Esto crea situaciones difícilmente explicables, como explica Félix Ovejero: “que la lengua
mayoritaria y común en Cataluña sea el castellano y que sin embargo no sea la que
proporciona identidad nos lleva a situaciones conceptualmente complicadas”. La lengua va
antes que la ciudadanía. Es un argumento nacionalista. Al defender la lengua se defiende
una especie de esencia y cultura inmutable. Es una lógica peligrosa, que los más radicales
han usado para defender su idea de “Cataluña para los catalanes”.

Continúa leyendo: Los 15 minutos ‘eternos’ de Andy Warhol

Los 15 minutos ‘eternos’ de Andy Warhol

Beatriz García

Foto: Fotograma de PBS

31 años después de la muerte del padre del Pop Art una cámara sigue emitiendo en ‘streaming’ desde su tumba las 24 horas del día. Así es la última broma involuntaria del primer instagrammer de la historia.

Cementerio de Pittsburgh. Vía Conversations with Andy.

Hizo de la fama un arte pero quiso que su lápida estuviese en blanco, sin ningún epitafio ni nombre; no entendía por qué al morir uno no se desvanecía y punto, y así lo dejó por escrito. Andy Warhol, el hombre que convirtió las galerías de arte en lineales de supermercado e inmortalizó el rostro de Marilyn, y el de Mao, e incluso las sopas de la marca Campbell, está enterrado en un sobrio cementerio católico a las afueras de Pittsburgh, su ciudad natal, junto a sus padres, una pareja de inmigrantes eslovacos que mantienen el apellido original del cineasta y pintor, Warhola, y que él acortó cuando llegó a Nueva York. Sobre su tumba hay al menos media docena de latas de sopa Campbell, flores, globos, cartas de admiradores… Sus devotos peregrinan hasta este lugar, que es el reverso del mítico estudio The Factory (no hay papel de estaño, ni espejos rotos, ni estrellas del porno poniéndose ciegas; solo silencio). No obstante, una cámara graba las 24 horas del día su tumba. La última broma involuntaria del primer instagrammer de la historia…

La idea fue de la artista Madelyn Roehrig, que en 2013 y como parte de un proyecto de investigación sobre la influencia de Andy Warhol en la actualidad, decidió monitorizar su eterno descanso, igual que él hiciera décadas antes en filmes como ‘Sleep’, donde grabó a un amigo durmiendo durante más de cinco horas (las que dura la película) o en ‘Empire’, ocho horas continuas de rascacielos de Nueva York que, como el ‘Ulises’ de Joyce, pocos han terminado.

También este fan del artista tuvo sus 15 minutos. ¿Diríais que los aprovechó? 

El día que murió Warhol, la madrugada de un 22 de febrero de 1987, a todo el mundo le cogió por sorpresa, menos al propio artista, claro. Y es que según comentan sus amigos, entre ellos el vicepresidente de Andy Warhol Enterprises Inc, Vincent Freemont, que dirigía por aquel entonces The Factory, “Andy tenía un sexto sentido sobre su propia mortalidad”. Lo prueban las 610 cápsulas del tiempo que creó durante sus últimos 13 años de vida y el Andy Museum de Pittsburgh se encargó de exhumar. No contienen nada extraordinario, no imagines recuerdos de infancia, pequeños tesoros o joyas; son recortes de periódico, piezas de arte que nunca llegó a vender (en los últimos años de su vida llegó a valorar alguna de sus obras en poco más de 9 dólares), correspondencia y fotografías de proyectos.

Vámonos a Bloomingsdale’s

Desde que en 1968 la escritora y activista feminista Valerie Solanas disparase al artista porque, presuntamente, él decidió rechazar un guión que Solanas había escrito y que era, a su juicio, demasiado escatológico, Warhol sufría graves problemas de salud y le aterrorizaban los hospitales. Y no es para menos. La bala le dañó nueve órganos, en la sala de emergencias del hospital lo dieron por muerto y aunque milagrosamente consiguió vivir, tenía que vestir un corsé y comía con dificultad. “Todo me parece un sueño. No sé si estoy realmente vivo o muerto”, declaró ese mismo año al New York Times. Estaba convencido de que si volvía a entrar en un quirófano no saldría de nuevo. No se equivocaba.

Los 15 minutos ‘eternos’ de Andy Warhol 1
“El mundo me fascina”, Andy Warhol. Vía Conversations with Andy.

Aquella oscura premonición le perseguía. De forma que cuando en enero de 1987, durante la inauguración de una exposición en Milán, empezó a sentir un terrible dolor abdominal y los médicos le comunicaron que debían extirparle la vesícula biliar, que estaba a punto de gangrenarse, rehusó ser operado. No obstante, aquella misma semana hizo algo extraño: guardó todos sus objetos de valor y su testamento en un lugar seguro de su mansión del Upper East Side de Manhattan y acudió al hospital bajo el seudónimo de Bob Robert. La cirugía se programó para el día siguiente y aunque salió de la sala de operaciones y poco después ya estaba haciendo sus habituales llamadas, falleció de un infarto esa misma madrugada. Tenía 58 años. No deja de ser irónico que a su padre, Andrew Warhola, lo operasen de la vesícula el mismo año en que nació Andy; es decir, el año en que “supuestamente” nació, porque también se dice de él que falsificó su fecha de nacimiento al llegar a Nueva York, cosa que no pudo hacer con la de su muerte.

“Aprendimos demasiado tarde que nadie debería ser operado en fin de semana”, se lamentaba Vincent Freemont en The Telegraph, convencido de que Andy Warhol, que llevaba al cuello un colgante con un cristal desde que sus amigos empezaron a morir a causa del VIH, desconfiaba tanto de la medicina tradicional que de haberse empecinado un poco más no habría muerto tan pronto. Tras su fallecimiento, sus admiradores lo despidieron con una conmemoración llena de glamour en la Quinta Avenida, pero su funeral fue tan sobrio como dejó escrito, porque el espíritu de la sociedad de consumo, el frívolo agitador de masas que resultó no serlo tanto (será que la muerte, o su cercanía, te vuelve introspectivo), era un devoto católico y lo único poco ortodoxo de su funeral fue que llevase puesto un traje de cachemira negro y una peluca rubio platino, o al menos así lo recoge la prensa.

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Últimas obras. Vía Guyhepner.com

Los críticos de arte señalan que sus últimas obras, y no solo las cápsulas del tiempo, preconizaban su final. O al menos lo mucho que le obsesionaba su futuro deceso, aunque llegase a decir que “la muerte es como ir a Bloominsgdale’s” (el emporio neoyorquino de la moda). Y en cierta manera, esta negrura se convirtió en un tema importante de sus trabajos, que fueron, a juicio del crítico Alastair Sooke, ridiculizados e ignorados y se vendían con dificultad o a un precio irrisorio. Dibujos en blanco y negro que incluyen la figurita de un Cristo por 9,98 dólares o una hamburguesa con una aureola; también sus pinturas anteriores donde aparecen sillas eléctricas, armas y cuchillos de cocina carentes de glamour mostraban la violencia de la Norteamérica contemporánea. Andy Warhol escribió: “La idea no es vivir para siempre, sino crear algo que sí lo hará”. Irónico, ¿verdad?

Si Pittsburgh no te queda de paso,  puedes ver a los fans de Warhol visitando su tumba en tiempo real AQUÍ.

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