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Art Thinking: ¿La nueva fórmula para reformar la educación española?

Ariana Basciani

Foto: MIKE SEGAR
Reuters

La cantidad de tópicos que existen alrededor del sistema educativo español y en algunos casos, a nivel mundial es lo que María Acaso y Clara Megías intentan revertir con su nuevo libro Art Thinking: Cómo el arte puede transformar la educación (Paidós, 2017). Pensar en las flores como algo únicamente decorativo o que el primer concepto que se trabaje en Educación Infantil sean los opuestos, es uno de los tantos ejemplos que se deben revisitar para orientar la educación hacia un pensamiento más crítico y menos repetitivo, afirman estas dos especialistas.

El libro de Acaso y Megías, diseñado y editado por Cristian Fernández y Pía Paraja, respectivamente, intenta desafiar la burocracia académica española a partir de una metodología de creación de conocimiento basado en el lenguaje audiovisual y artístico. Las autoras pasaron por Barcelona para su promoción y esto fue lo que no se callaron.

Art Thinking: ¿La nueva fórmula para reformar la educación española?
Ilustraciones de los autores dentro del libro

¿Cómo se escribe un libro a cuatro manos?

María Acaso: A base de diálogo y de allí al montaje. Yo escribía, daba la forma al texto, se lo pasaba a Clara y Pía lo iba montando. Empezamos con un PowerPoint. El libro tiene mucho tiempo y es una genealogía de todo lo que hemos ido construyendo; pues lo primero que hago es utilizarlo en clase y hacer un PowerPoint. Luego esos PowerPoint se convierten en un libro que, a su vez, da lugar a otro PowerPoint que nace de este proceso.

Clara Megías: Una cosa que reivindicamos en este libro y yo no podría vivir sin ella es la inteligencia colectiva. No podría hacer un libro sin lo que aporta la gente o una clase o una presentación, cada vez lo necesito más… los conceptos no son solo nuestros son de varias personas que conocemos, han sido creados de manera rizomática . María es buena dándole un nombre, pero hay muchas cosas que están en el aire, que surgen de conversaciones, pedagogías invisibles, intercambios con gente del ámbito que lleva tiempo luchando por lo mismo que nosotras.

A pesar de que sois críticas con la Academia Española, el libro tiene una estructura muy académica y tradicional.

María Acaso: Hacer el PowerPoint, tiene que ver con el discurso oral de cómo presentas el problema y llegas a una solución… nosotras venimos de la universidad y tenemos un chip académico con el que luchamos, pero nos sale.

Clara Megías: Hay un punto en el libro en el que se ha invertido mucho. Mientras María iba desarrollando el texto, yo iba desarrollando la metodología de la parte final que es muy experimental, porque primero se desarrolló la metodología y luego María le fue dando contenido; así que se ha invertido. No es que yo he trabajado a partir del texto que es lo que ha pasado en otros libros, aquí es al revés, a partir de esa idea se va desarrollando el resto. Lo ordenas de una manera que se entienda, pero el proceso no ha surgido en ese orden, se da de manera paralela, todo se va desarrollando a la vez. Pues como afirma el art thinking, la metodología no lleva un orden, son claves para que una persona pueda ordenar como quiera, pero esto es un libro y es lineal y le tienes que dar un orden. Eso para nosotros fue un momento de crisis, de cómo intentar que fuera fácil su uso, que no fuera solo texto, sino que tuviera elementos que Cristian ha aportado a través del diseño y la maquetación, que es clave dentro del proyecto.

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Portada del libro “Art Thinking” | Imagen vía Paidós

¿Es el libro un proyecto de art thinking en sí mismo?

María Acaso: Ese era nuestro objetivo. Era nuestra obsesión en lo metodológico y en las clases. Todo esto surge de que un día me doy cuenta de que estoy diciendo unas cosas en el contenido que no estoy reproduciendo en la metodología. Esto no puede ser. Entonces cómo lo dices y con qué lo dices es una de mis obsesiones generales. Romper la estructura vertical en las clases, en las presentaciones de libros. ¿Por qué un libro de educación tiene que ser tan feo, tan soso y tan poco atractivo? Entonces es cuando surge la idea de que Cristian incorpore su creatividad en la producción del libro.

Clara Megías: Lo que hemos querido es que la parte visual sea tan generadora de contenido como la parte escrita. Por ejemplo, los proyectos. María hace alusión a algunos en el texto, pero la gran mayoría de ellos no son referencia, están complementando, lo que genera una narrativa paralela en la que se muestran cosas, que no se están citando en el texto.

María Acaso: A partir de esas ideas, he jugado y he creado otras referencias, otras citas. Esto es a lo que aspiramos y esperamos lograr más, quizás en el siguiente libro. Lo que queremos hacer a partir del libro es un curso online, animando y dándole vida a los mapas del libro.

¿Cuáles son los pro y los contras de la academia española en la actualidad?

María Acaso: La academia ahora mismo es un simulacro. Muchas veces los profesores están investigando por engordar su currículum, por tener un puesto determinado y no están investigando porque quieran descubrir algo. También es que los profesores de magisterio nunca han dado clases a un niño, todo eso tiene que ver con ese simulacro. Nosotras tenemos un perfil distinto, yo tengo mis proyectos en educación artística y luego doy unas clases en la universidad. La mitad de mi tiempo lo desarrollo fuera de la universidad y luego en la universidad aporto ese conocimiento de fuera.

Clara Megías: María está todo el tiempo haciendo proyectos fuera de la universidad, así que nuestro perfil es raro porque somos personas muy activas y estamos en contacto con los contextos reales.

¿Es una crítica hacia los profesores? Se convierten en mediocres, ¿te quedas en tu puesto y no haces más nada?

María Acaso: Cuántas personas leen un paper académico y cuántas personas leen un blog. Simplemente hagamos esa comparativa de números. Vemos que el concepto de paper académico no sirve para cambiar la realidad, sirve para otras cosas para que esa persona tenga un mejor sueldo, para que sea catedrático, etc. Creo que eso es lo hay que reflexionar si eres parte de la academia. Tu quieres seguir endogámicamente alimentando el concepto de academia o quieres cambiar la realidad. Si quieres cambiar la realidad, tienes que hacer un libro como art thinking.

Clara Megías: Otro ejemplo son las tesis doctorales, que se hacen de manera individual cuando en tu vida jamás investigas solo. Entonces en la academia se empeñan -porque es una meritocracia- que tienes que acumular un currículum que te diferencie del otro, se empeñan en que sigamos trabajando individualmente, cuando hacer una tesis doctoral tú solo es una especie de suplicio. Es una carrera de resistencia antes de acabar la tesis… si la pasas tienes la llavecita para entrar al club. Entonces eso está bastante obsoleto. Yo creo que en Estados Unidos la academia es distinta pero en España … En una universidad en la que trabajé, en las encuestas los alumnos dijeron que soy la única profesora que hace lo que dice. Entonces digo yo: el resto de profesores está diciendo cómo enseñar de manera cooperativa dando una clase magistral, no usan lo cooperativo en la clase y a mi me parece preocupante, aunque creo que cada vez va cambiando.

María Acaso: La metáfora para explicar esto es, le enseñas a alguien a montar un mueble de IKEA sin mueble de IKEA y le haces un examen de un mueble de IKEA y te tienes que memorizar las instrucciones y ponerlas.

¿Intentan romper con una elite o unos prejuicios académicos?

María Acaso: Esta diferencia entre lo teórico y lo practico, entre lo académico y lo popular, creo que son categorías que se han disuelto en la postmodernidad y la Academia como institución sigue intentando que esas etiquetas persistan y no tiene sentido.

Se habla de la importancia de la creación de las imágenes pero sin sentido crítico, ¿como podemos introducir la hiperrealidad y el carácter performativo desde un punto de vista crítico? ¿Cómo el art thinking puede ayudar?

Clara Megías: Todo tiene que ver con cómo introduces las imágenes en clase. A mis alumnos por ejemplo en la ESO, si tú llevas Juego de Tronos y lo deconstruyes con ellos, flipan. Empezar a deconstruir con ellos es motivar, porque a todos nos gusta desvelar algo que estaba oculto, como un misterio. Ese espíritu de sospecha es súper estimulante para los alumnos y tiene mucho que ver con una ciudadanía responsable. Las imágenes y la desconstrucción es un buen ejercicio para empezar a producir el pensamiento crítico. Analizar la textura, el color, qué te produce. Eso a una persona le puede resultar atractivo y, además, nosotras pensamos que es súper necesario, es empezar a tener un papel activo, crítico para construir tus propias imágenes desde otro punto de vista, y al final tiene que ver con ser capaz de mirar el mundo en que vivimos y revelarse contra los mecanismos de consumo. También es importante entender cómo es el papel del arte contemporáneo, porque este lo hace al revés: el arte contemporáneo no es una imagen placentera que entra sin que te des cuenta, es el placer de lo extraño, de lo abyecto. ¿Por qué nos gusta ver una película extraña de terror, pero cuando vamos al museo de arte contemporáneo y es algo raro, no lo queremos?

Eso tiene que ver con el miedo hacia el otro, hacia lo desconocido. ¿Si nos quitásemos el miedo quizás tuviésemos más conocimiento?

Cristian Fernández: Está basado en una desconfianza universal, una sociedad que se basa en el futuro en lo que pueda pasar, frente al extranjero, frente al cambio. Es una receta para tener una sociedad sumisa, conformista.

Clara Megías: El arte contemporáneo es lo más anti conformista que existe. Es muy importante que te atraiga y que te sientas cómodo, eso es un cambio de chip.

Al final, ¿la educación debe acabar con los prejuicios y con las formas convencionales de enseñanza?

María Acaso: Exactamente, los prejuicios macro y micros.

¿Debemos quitar el prejuicio con respecto a la discusión sobre las fotografías que debían ser mostradas o no después de los atentados de Barcelona? ¿Es deber del art thinking revisitar esas imágenes?

Clara Megías: Lo que nos propone el art thinking es que debatamos, que realmente haya un debate, y que detrás de una imagen siempre hay una intención y una construcción de la realidad. La imagen del atentado no es el atentado, es una versión del atentado. Lo bueno de introducir el art thinking es que el profesor no tiene una verdad sino que detrás de una imagen existen miles de verdades como personas las están interpretando. Lo interesante es hablar de las imágenes, hacerlas visibles. ¿Por qué de eso no se habla? ¿O cómo que les afecta que haya imágenes o no del atentado?

En vuestro libro también se revisita el concepto de los nuevos tipos de autorías.

María Acaso: Es una reflexión muy importante para saber qué ocurre cuando las producciones son pedagógicas o educativas y por qué no hay autoría reconocida. ¿Por qué sabemos quién es el autor de una novela pero no sabemos quién es el autor de una clase? Hay una parte en la que entendemos las producciones pedagógicas como producciones culturales, pero queremos empoderar a los profesores como creadores y que de alguna manera firmen sus clases. No es esa autoría relacionada con lo económico sino con una apuesta al modelo.

¿Sería una nueva forma de hacer tu currículum como profesor?

María Acaso: Sí. Esto tiene que ver con que en el paper si está reconocida la autoría por el sistema que lo cobija y como se enmarca, pero en las producciones pedagógicas no es importante la autoría. Y eso tiene que ver con cuestiones de género, o que las cuestiones educativas están muy feminizadas, especialmente en primaria y en infantil, entonces se piensa que como lo hace una señora ahí, entonces no es importante.

¿Es el art thinking político?

María Acaso: Hay muchas reivindicaciones debajo del art thinking, de autoría, de cuestiones de género, cuestiones de visibilización de lo que no es mainstream. Toda esa parte nos interesa mucho.

¿Cómo se puede vincular lo popular en el art thinking dejando atrás superficialidad?

María Acaso: Sí, en una clase tiene que haber dos grandes grupos de imágenes por un lado los microrrelatos y los microrrelatos. Los macrorrelatos tenemos que utilizarlos para analizar y los microrrelatos para interpretar todas las maneras posibles que existen.

Clara Megías: Eso es muy importante matizarlo porque están utilizando la cultura visual, pero no están utilizando art thinking. Están usando Disney para decorar, no Disney para reflexionar sobre Disney. Entonces, poner a Bob Esponja por todos lados no es hacer art thinking. La cultura visual es una excusa para pensar sobre el mundo, sobre lo que nos afecta. Hay gente que piensa que nosotros estamos haciendo un libro sobre manualidades o cómo hacer marionetas para que se queden como bobos mirando. Se trata de otra cosa.

¿Es el art thinking el aliado del pensamiento crítico?

María Acaso: El art thinking quiere generar conocimiento propio, no siempre estar apropiándose del conocimiento ajeno que ha producido otra persona, sino que tú tienes que tener tu propio cuerpo de conocimiento sobre las cosas y tus propias opiniones.

Clara Megías: Es increíble la cantidad de personas que viven su vida con frases hechas.

El art thinking es como los Simpson, que el propio producto televisivo hace reflexionar sobre la sociedad en la que habitamos.

Continúa leyendo: Vídeo: Museo Guggenheim Bilbao, el arte de cambiarlo todo

Vídeo: Museo Guggenheim Bilbao, el arte de cambiarlo todo

Redacción TO

Hace 20 años se inauguró el Museo Guggenheim Bilbao, un proyecto ambicioso situado junto a la ría de la capital vizcaína, una ciudad principalmente industrial que hasta entonces vivía un poco de espaldas al turismo, más allá de su excepcional oferta gastronómica. Dos décadas después queda la esencia de sus gentes y, por supuesto, su oferta gastronómica, pero su transformación ha sido tal, gracias al museo, que la ciudad puede estar orgullosa de ser uno de los destinos turísticos por excelencia, con visitantes procedentes de todas partes del planeta.

Puedes leer el reportaje completo aquí.

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Museo Guggenheim Bilbao, el arte de cambiarlo todo

Marta Ruiz-Castillo

Foto: Museo Guggenheim Bilbao

El 19 de octubre de 1997 abrió sus puertas al público el Museo Guggenheim Bilbao,  tras la inauguración oficial el día anterior por el rey Juan Carlos. Un proyecto ambicioso situado junto a la ría de la capital vizcaína, una ciudad de Euskadi principalmente industrial que hasta entonces vivía un poco de espaldas al turismo, más allá de su excepcional oferta gastronómica. Veinte años después, sin duda, queda la esencia de sus gentes y, por supuesto, su oferta gastronómica, pero su transformación ha sido tal que la ciudad puede estar orgullosa de ser uno de los destinos turísticos por excelencia, con visitantes procedentes de todas partes del planeta. El Museo Guggenheim tiene mucho que ver con esa transformación de Bilbao, pero también la acción de las instituciones que se pusieron manos a la obra para que el emblemático edificio de Frank Gehry contara con un entorno y unas infraestructuras acordes al museo. Como así ha sido.

“El museo es, quizá, lo más representativo, como el barco tractor de esta transformación, pero no es lo único, ya que ha habido una apuesta firme por parte de las instituciones que dijeron ‘a ver, aquí hay que pensar en un plan para el futuro porque si no esto se nos cae a pedazos’. Todas estas acciones del metro, el tranvía, la regeneración de toda esta zona de la ría como eje vertebrador de la ciudad, el Palacio Euskalduna, los nuevos puentes, ahora el aeropuerto…todo tiene un sentido porque, si no, seguramente el museo no habría funcionado tan bien – si una persona que viene de Japón, ve el museo por dentro y dice qué maravilla, pero fuera ya no hay nada más, no vuelve. Aquí ha habido también siempre una oferta gastronómica pero hacía falta como un repaso general para que las referencias sean buenas”, nos comenta Begoña Martínez Goyenaga, subdirectora de Marketing y Comunicación del Museo Guggenheim Bilbao, en conversación telefónica.

Celebraciones durante todo el año

En el famoso bolero Volver, Carlos Gardel cantaba “que veinte no es nada”, pero si echamos la vista atrás, podemos decir que veinte años dan para mucho. En el caso del Museo Guggenheim Bilbao han sido dos décadas frenéticas de superación constante, de ofrecer lo mejor y con un estilo muy distinto a otros museos. Sus responsables han apostado por esa capacidad para asombrar para celebrar sus primeros veinte años de vida y, en este sentido, han querido que este 2017 se un año de conmemoración.

“Llevamos celebrando los 20 años a lo largo de todo el año y lo hemos abordado desde tres áreas diferentes”, explica Martínez Goyenaga. “Por un lado, a través de la programación artística, que este año ha sido muy dinámica y de muy alta calidad a lo largo de todo el año, con exposiciones muy fuertes. Por otro lado, desde el punto de vista de educación y divulgación tenemos el programa TopARTE, que consiste en buscar alianzas con otras entidades culturales del entorno. Por ejemplo, el museo cede sus espacios gratuitamente, el auditorio u otros espacios a entidades del mundo de la música, de la danza, del teatro, de la gastronomía…a todas las disciplinas del ámbito de la cultura en el sentido más amplio, y hemos tenido espacios del museo para que otras disciplinas hayan podido realizar y mostrar su trabajo. Hubo una muy buena respuesta, se presentaron un montón de proyectos y de una gran calidad. De hecho, ha sido tan positiva la experiencia que se va a extender en el tiempo y vamos a repetir el año que viene”.

“En tercer lugar, ha habido unos eventos de celebración con la ciudadanía durante el mes de octubre, en particular, durante la semana pasada. La estrella o plato fuerte ha sido Reflections, un espectáculo que se celebró entre el miércoles y el sábado pasados. La valoración que hacemos es tremendamente positiva porque se han acercado más de 300.000 personas a verlo a lo largo de los cuatro días; ha gustado muchísimo y la opinión de la gente es que ha merecido mucho la pena ver el museo de esta manera tan innovadora y de forma virtual”, comenta entusiasmada la subdirectora de Marketing y Comunicación.

Museo Guggenheim Bilbao, el arte de cambiarlo todo 2 Espectáculo de luz y sonido como parte de los actos conmemorativos. | Foto: Museo Guggenheim Bilbao

Museo Guggenheim Bilbao, el arte de cambiarlo todo 3 Reflections tuvo una gran acogida por parte del público. | Foto: Museo Guggenheim Bilbao

“El lunes pasado también se celebró otro evento- Chasmata – en el auditorio en el que se aunaba arte y ciencia. Es uno de los eventos de los cuales el museo se siente más orgulloso que se hizo en colaboración con la Agencia Espacial Europea, que nos aportó un montón de material para hacer posible la sonorización de lo que ellos han logrado a lo largo de los años a través de sus ondas espaciales, se ha convertido en música”.

Otras iniciativas han sido Dibujando el Museo, donde el público podía hacer dibujos de sus rincones favoritos, postearlos y compartirlos en redes, con los públicos de los Museos Guggenheim de Nueva York y Venecia.

Este miércoles se celebra la cena de gala anual con artistas, patronos y personalidades para conmemorar que hace veinte años el rey Juan Carlos inauguró el museo y, un día después se abrió al público. Un público en el que se ha volcado el Guggenheim Bilbao en las celebraciones, con “Reflections como plato fuerte; ha sido mucho trabajo, con un resultado espectacular y estamos muy contentos porque la ciudadanía así nos lo ha transmitido”.

Transformación

Nos detenemos en un apartado que bajo el epígrafe ‘Transformación’ englobada la frase “El arte lo cambia todo”. Frase clave de lo que es, de lo que significa el Museo Guggenheim Bilbao, como nos comenta su responsable de Marketing y Comunicación.

“Efectivamente, es una de las claves del museo. Me parece maravilloso que un museo sea capaz, tenga la fuerza suficiente como para transformar una ciudad, para cambiar la forma en que es percibida. Pasar de un pasado industrial a darle un nuevo rumbo y que todo haya salido tan bien. También porque creemos firmemente en la capacidad del arte para cambiar a las personas y, a lo grande, a la propia ciudad; ha cambiado para bien la ciudad, para ser más amigable, más interesante de cara al público que viene. También en esta frase queremos destacar la capacidad que tiene el arte para cambiar la forma de mirar, para que uno mismo sea más abierto, más cosmopolita; afrontar esos retos, esos desafíos que presenta el arte que a veces es incómodo, con esa respuesta del público. Nos parece que la frase define muy bien lo que ha pasado aquí y lo que sigue pasando y lo que tiene que seguir pasando”.

“Creemos firmemente en la capacidad del arte para cambiar a las personas y, a lo grande, a la propia ciudad”.

En Transformación, lo que el museo hizo fue una exposición fotográfica en la parte que da a la ría con paneles con imágenes del pasado, desde finales del siglo XIX hasta llegar al momento actual. “Sacamos esas mismas fotos desde el mismo punto de vista, desde la misma perspectiva, mostrando claramente qué transformación tan brutal ha habido, de pasar un poco de esas montañas, de los contenedores del puerto, ahora, a ver no sólo el museo en el mismo sitio, sino también los árboles, el paseo, las bicicletas, los niños…en una zona que antes era inviable porque estaba totalmente degradada.

Museo Guggenheim Bilbao, el arte de cambiarlo todo 5 Mamá, la escultura con forma de araña de la artista Louise Bourgeois. |Foto: Museo Guggenheim Bilbao

La serie de fotografías es el resultado del trabajo de documentación llevado a cabo en los fondos fotográficos del Archivo Municipal de Bilbao, el Museo Vasco, la Autoridad Portuaria de Bilbao y los fotógrafos locales Mikel Alonso y Fede Merino, y completado por la réplica de esas mismas fotografías tomadas en la actualidad y desde cada enclave exacto.

Balance

El Museo Guggenheim desde el principio, desde que abrió sus puertas ahora hace veinte años, ha tenido el favor del público y la atención de la prensa nacional e internacional. “Desde el principio, ha sido capaz de generar una atención y una expectación capaces de atraer un millón de personas al año en una ciudad como Bilbao, que nunca antes había sido turística, con lo cual, nos puso en el mapa internacional hace veinte años”, cuenta Martínez Goyenaga.

Le preguntamos qué destacaría de estas dos décadas. “Lo que más destacaría es que veinte años después, hemos sabido y conseguido mantener ese pulso de atención; seguimos en las mismas cifras de más de un millón de visitantes al año y para una ciudad como Bilbao que tiene como 300.000 habitantes es una burrada. No es Londres, no es París, no es Madrid, con lo cual, haber sido capaces de haber mantenido una programación artística muy exigente, de mucha calidad y muy dinámica”.

“Veinte años después seguimos en las mismas cifras de más de un millón de visitantes al año”.

El museo, añade, se transforma “varias veces al año de arriba abajo para ofrecer exposiciones que aporten, además, una mirada propia porque así lo permiten los espacios de este museo; si por fuera es espectacular, por dentro todavía es más versátil y tiene unas posibilidades que permiten que cada exposición sea diferente, encuentre su lugar y siempre nuestro objetivo es presentar una propuesta muy única”.

Gracias a ese trabajo, a ese esfuerzo diario de quienes trabajan aquí, “veinte años después hemos seguido manteniendo esa gente que viene a ver el museo, una vez pasada la moda, digamos, de sus inicios de acudir al ver el edificio fantástico de Frank Gehry, siendo capaces de estar en esa pelea diaria sin desgaste y con tan buenos resultados, que hacemos una valoración tremendamente positiva”.

Museo Guggenheim Bilbao, el arte de cambiarlo todo 6 Un detalle del interior del museo. | Foto: Museo Guggenheim Bilbao

Los responsables del museo se sienten muy satisfechos porque han cumplido las expectativas, pero “no nos quedamos con eso”, subraya Begoña. “Somos muy conscientes de que seguiremos atrayendo la atención del público y las buenas críticas que estamos teniendo en la medida en que seamos capaces de seguir sorprendiendo, de seguir ofreciendo algo único al que viene a visitar el museo. Así que, satisfechos sí, pero ya mirando al futuro con las próximas exposiciones, trabajando un montón con mucha ilusión y con esa satisfacción de tener la confianza del público y el interés demostrado durante todos estos años”.

“Yo creo que la clave veinte años después, es seguir apostando por ser muy ambiciosos con la programación, con el diseño de las exposiciones, porque no queremos que sea igual a lo que ya se hizo en otro sitio, trabajamos siempre para sacarle esa chispa que nos da el museo para que sea único”.

Museo Guggenheim Bilbao, el arte de cambiarlo todo 4 Puppy, la popular mascota del museo. | Foto: Museo Guggenheim Bilbao

Continúa leyendo: Leonora Carrington, las Memorias de abajo de la pintora surrealista

Leonora Carrington, las Memorias de abajo de la pintora surrealista

Anna Maria Iglesia

Foto: DANIEL AGUILAR
Reuters

El legado de Leonora Carrington, artista surrealista británica, no solo está compuesto por una obra pictórica indispensable para entender el siglo XX, sino también por textos de indudable interés, entre ellos uno de los más importantes es Memorias de Abajo, libro que André Breton le animó a escribir y que ahora publica Alpha Decay con prólogo de Elena Poniatowska.

“¡No admito su fuerza, el poder de ninguno de ustedes, sobre mí. Quiero ser libre para obrar y pensar; odio y rechazo sus fuerzas hipnóticas!”, se rebeló de pronto Leonora Carrington al doctor Luis Morales, bajo cuya supervisión médica estaba recluida en el sanatorio mental de Santander. Pocos meses antes, Max Ernst, había sido detenido por la República de Vichy. De origen judío y vinculado a la resistencia, Ernst fue detenido en su casa de Saint Martin d’Ardèche, donde vivía con una jovencísima Leonora, una joven inglesa llamada a ser una de las pintoras más relevantes del surrealismo. La Segunda Guerra Mundial, sin embargo, lo cambió todo: Ernst terminó detenido en el campo de concentración de Les Milles,  en la República de Vichy, y Leonora encerrada en una clínica psiquiátrica en Santander.

Leonora Carrington, las Memorias de abajo de la pintora surrealista 1

Los gritos de Leonora, reclamando su libertad, retumbaban en la clínica santanderina el agosto de 1940. Tan solo unas semanas antes, la pintora había sido obligada por su padre a un internamiento forzoso en la clínica del Dr. Morales, un psiquiatra de ideología nazi que, por entonces, regentaba una de las clínicas psiquiátricas con más prestigio entre la burguesía europea. El Dr. Morales era considerado una excelencia por llevar a cabo “milagrosas” y experimentales curaciones sobre sus pacientes, curaciones que se basaban principalmente en un choque convulsivo químico con cardiazol. A pesar de que el Dr. Morales la cogiera del brazo, afirmando, sin titubear, “aquí soy yo el amo”, aquellos gritos de Carrington anunciaban el final de su encierro. Ella estaba en aquella clínica por orden de su padre, un tradicional hombre de la burguesía inglesa que nunca había aprobado la conducta de su “rebelde” hija, y bajo el control permanente del Dr. Morales, ocupado, más que preocupado, en quitarle las ideas delirantes que la joven padecía desde la detención de Ernst.

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La posada del Caballo del Alba (1936-1937), autorretrato de Leonora Carrington | Imagen vía: Wikimedia Commons

“Cuando los alemanes invadieron Francia, temiendo por su propia seguridad, Leonora decidió escapar a España, con la intención de obtener un visado para el pasaporte de Max, que ella guardaba consigo”, cuenta Victoria Combalía en Amazonas con pincel. Por entonces, Carrington “ya comenzaba a ser presa de alucinaciones que le desencadenarían ataques de locura”, unos ataques que la acompañarían a lo largo de su huida de Francia, desde Andorra, pasando por la Seu d’Urgell y Barcelona, hasta Madrid, donde llegó acompañada por Catherine Yarrow y Michel Lucas.

La locura de Carrington era resultado de lo vivido, ¿cómo sino podría reaccionar alguien a quien, en palabras de Elena Poniatowska “de pronto los gendarmes se presentan y se llevan a su amor alegando razones de religión o de raza o de ideología”. La violencia, sin embargo, no abandonó a Leonora: no sólo llegaba a una España que acaba de salir de la Guerra Civil, una España cruel, dice Poniatowska, un país que “con su guardia civil intentó destruir su mundo imaginario y afectivo”, sino que nada más llegar sería víctima de una banda de requetés, que la raptaron y la violaron.

“Se levantaron algunos de aquellos hombres y me metieron a empujones en un coche. Más tarde estaba ante una casa de balcones adornados con barandillas de hierro forjado, al estilo español. Me llevaron a una habitación decorada con elementos chinos, me arrojaron sobre una cama, y después de arrancarme las ropas me violaron el uno después del otro”, recordaría tiempo después en Memorias de abajo. A partir de entonces, Carrington ya no pudo más, los delirios se incrementaron como si delirar fuera la única manera de huir de aquella vida hostil a la que parecía estar condenada.

“En sus raptos de locura, Leonora asumía el comportamiento de varios animales: rugía como una hiena, relinchaba como un caballo, ladraba como un perro…” cuenta Combalía. Fue entonces cuando el padre de Leonora entró en escena y obligó su internamiento: “Mi primer despertar a la conciencia fue doloroso: me creí víctima de un accidente de automóvil; el lugar me sugería un hospital, y estaba siendo vigilada por una enfermera de aspecto repulsivo y que parecía una enorme botella de Lysol. Me sentía dolorida, y descubrí que tenía las manos y los pies atados con correas de cuero. Después me enteré de que había entrado en el establecimiento luchando como una tigresa, que la tarde de mi llegada, don Mariano, el médico director del sanatorio, había intentado convencerme para que comiera y que yo le había arañado”.

Leonora Carrington, las Memorias de abajo de la pintora surrealista
Leonora Carrington | Imagen vía Alpha Decay

Así recuerda Leonora Carrington su llegada a la clínica psiquiátrica en Memorias de abajo, libro que André Breton le animó a escribir y que ahora la editorial Alpha Decay publica en una nueva edición con prólogo de Elena Poniatowska. Como cuenta Poniatowska, autora del libro Leonora, en la vejez, la pintora apenas hablaba de Max Ernst, pero sí de su estancia en la clínica: “De su niñez, Leonora habló con felicidad; del Cardiazol en la clínica del doctor Mariano Morales en Santander, en cambio, con verdadera angustia”. De hecho, añade la escritora mexicana, “con el terror impreso en sus ojos, volvía a caer en el agujero negro: ‘Me impidieron cualquier movimiento, me amarraron, me inyectaron…’”. Si bien para Bretón el libro de Leonora fue un texto imprescindible para sus estudios en torno a la locura y los delirios, no debe olvidarse que Memorias de abajo es, ante todo, un libro sobre la reclusión y el abandono.

Carrington no sólo se siente atrapada en esa clínica, no sólo siente que aquellos tratamientos, hoy absolutamente superados, no hacían otra cosa que hundirla más en su locura, sino que se sentía abandonada, sobre todo por un padre que parecía estar haciéndole pagar el precio de la libertad disfrutada años atrás en París. Como relataba hace algunos meses en The Guardian su sobrina Joanna Morhead, Carrington –Prim, así la llamaban- era considerada la “niña salvaje” de la familia: “Nunca escuché ni una sola buena palabra hacia ella”, recuerda Morhead, para quien fue todo un descubrimiento saber que su tía era un nombre imprescindible dentro de la historia de la pintura. “Durante décadas, ella fue relativamente desconocida: el convencional mundo artístico pasó por encima de ella y los comerciantes la ignoraron. Cuando entró en los ochenta años, sin embargo, encontró, con lentitud, pero con firmeza, la fama”, afirma Morhead y sigue: “Su trabajo fue redescubierto por los historiadores; las mujeres surrealistas fueron ‘recuperadas’ y conocidas por sus talentos individuales antes que por su papel de musas. Al inicio del siglo XXI, ella se convirtió en una especie de tesoro nacional para su país de adopción”, México.

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Cocodrilo de Leonora Carrington, en Ciudad de México. | Imagen vía Carlos Valenzuela/Wikicommons

Carrington llegó a México en 1942, tras un año en Estados Unidos. A finales de 1940, gracias a la intermediación de un primo suyo, salió de la clínica de Santander, aunque su padre ya había decidido su destino: “Su familia ha decidido enviarla a Sudáfrica, a un sanatorio donde será muy feliz porque es delicioso”, le dijeron nada más llegar a Madrid, primera etapa de un viaje que Leonora no estaba dispuesta a realizar. Acompañada por Frau Asegurado, encargada de su cuidado y vigilancia, fue embarcada a Lisboa, teóricamente la segunda parada antes que Sudáfrica. Sin embargo, Leonora, consciente de que “no había que luchar con esa clase de gente, sino pensar más deprisa que ellos”, no dudó en escapar en cuanto tuvo la posibilidad y esconderse en la Embajada de México, habiendo conocido al diplomático mexicano, Renato Leduc, pocos días antes en Madrid: “El embajador se portó maravillosamente conmigo, después. Tuve que entrar a verle, y dijo: ‘Está usted en territorio mexicano. Ni siquiera los ingleses pueden tocarla’. No sé cuándo apareció Renato. Al final, dijo: ‘Vamos a casarnos. Sé que es horrible para los dos, porque no creo en esa clase de cosas, pero…’”.

Fue así como Leonora pudo escapar. ¿Fue un matrimonio concertado aquello que le concedió la libertad? Ella nunca lo negó. Si bien el matrimonio con Renato durara tan solo un año, su amistad perduró hasta el final y él nunca dejó de visitarla en su casa de Chihuahua. En México, Leonora retomó su carrera como pintora que la guerra había interrumpido y aquellas alucinaciones cabalísticas y astrológicas sufridas durante su estancia en Santander terminaron plasmando un mundo interior, del cual sus pinturas fueron reflejo: “su pintura desvela la vertiente mística de la vida cotidiana. Sus escenas recuerdan los cuentos de hadas y los relatos infantiles irlandeses y celtas que le contaban de niña, repletos de druidas y magos que conocen una dimensión superior de la realidad. Personajes como la diosa Danu o la figura del caballo como símbolo de la búsqueda de renovación abundan en sus lienzos, así como gatos, cisnes, serpientes y alusiones a la cábala y a la alquimia”, apunta Victoria Combalía.

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El mundo mágico de los mayas de Leonora Carrington en el Museo Nacional de Antropología de México | Imagen vía Loppear / Wikimedia Commons

Leonora Carrington murió en 2011 en México. Tenía 91 años. Nunca quiso volver a Europa para vivir, aunque sus viajes a Inglaterra y Francia fueron constantes. Tras de sí, no sólo deja textos de indudable interés, sino una obra pictórica indispensable para entender el siglo XX. “Su trabajo evoca de muchas cosas y su enormemente complejo”, comenta Matthew Gale de la Tate Modern, “su producción no fue masiva porque su técnica es muy meticulosa y su trabajo muy detallista”.  

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Así es el museo de arte contemporáneo más grande (y controvertido) de África

Redacción TO

Tenemos la imagen de África como un todo –un continente sin matices–. Perdemos la perspectiva en el norte. Hay razones para ver una África de vanguardia, emocionalmente conectada con la música y con el arte. Un ejemplo de este ánimo es el Zeitz MOCAA –acrónimo de Museo de Arte Contemporáneo Africano Zeitz–. Tras los gruesos muros de cemento y los tubos cilíndricos que alcanzan el techo existe un catálogo monumental de arte moderno, una suerte de ARCO permanente, que pretende situar en el mapa del arte internacional al continente más olvidado de todos.

El espacio, que abrió sus puertas el pasado 22 de septiembre, es tan amplio e imponente que no sorprende descubrir que fue el edificio más alto del África Subsahariana durante medio siglo, desde que fue construido en 1921 en la zona portuaria de Ciudad del Cabo, una de las capitales de Sudáfrica. Se trata de una apuesta arriesgada para situar al país entre los epicentros culturales del mundo. Un arquitecto británico llamado Thomas Heatherwick ha sido el responsable del rediseño de aquella vieja planta industrial que ahora da cabida a cerca de 100 galerías, un jardín en la azotea, centros educativos de arte e incluso de fotografía.

“Si el Zeitz MOCAA tiene éxito, podría poner a Sudáfrica en una posición de considerable poder cultural, al buscar convertirse en el representante global de las experiencias visuales africanas contemporáneas”, escribe el crítico Antwuan Sargent en la revista especializada Artsy.

Así es el museo de arte contemporáneo más grande (y polémico) de África
Vistas del museo y de su entorno. | Foto: Iwan Baan/Zeitz MOCAA

Así es el museo de arte contemporáneo más grande (y polémico) de África 1
El museo, desde una perspectiva aérea. | Foto: Iwan Baan/Zeitz MOCAA

Tras el proyecto se encuentra la fundación de Jochen Zeitz, antiguo director general de la marca deportiva Puma, que es un gran coleccionista de arte africano. Tanto es así que expone toda su colección en este museo. En total, los asistentes pueden disfrutar de cerca de 300 obras de arte, algunas de ellas con un alto valor político y con artistas como Gabrielle Goliath, Nandipha Mntambo , Mouna Karray o Samson Kambalu. Hay representantes de la mayoría negra, y también con la minoría blanca.

De hecho, el aspecto racial no ha estado exento de polémica. El Zeitz MOCAA ha recibido críticas de algunos sectores, como recoge Artsy, que denuncian que la institución, dada su naturaleza africana, reciba un nombre alemán. Como si esta fuera una huella del pasado colonizado del continente. Más si cabe en un país donde el racismo se impuso con tanta fuerza, donde el apartheid se aplicó oficialmente hasta 1992, y en un lugar –el edificio– que está separado de la prisión en la que estuvo encerrado Nelson Mandela por apenas unos kilómetros.

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Una obra de Kendell Geers. | Foto: Zeitz MOCAA

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Una obra de Kudzanai Chiurai. | Foto: Zeitz MOCAA

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Una obra de Roger Ballen. | Foto: Zeitz MOCAA

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Una obra de William Kentridge. | Foto: Zeitz MOCAA

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Obras de Nandipha Mntambo. | Foto: Zeitz MOCAA

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Obras de Leonce Raphael Agbodjelou. | Foto: Zeitz MOCAA

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