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Artistas que convierten libros en espectaculares obras de arte

Clara Paolini

Foto: Robert The

En los últimos capítulos de la era Gutenberg, poco influyen los debates sobre la inminente muerte o final supervivencia de la palabra impresa: seguimos amando los libros.

Decía Ray Bradbury que “los libros sólo tienen dos olores: el olor a nuevo, que es bueno, y el olor a libro usado, que es todavía mejor”, y es porque hemos asociado su perfume a una experiencia placentera que vuelve a activarse con su contacto. Los libros son objetos vivos que se acumulan, se pierden, se regalan, reaparecen, envejecen y al ser leídos, vuelven siempre a renacer sin perder su inconfundible aroma.

Desde 1995, cuando en una reunión de la UNESCO en París se decidió declarar la fecha del 23 de abril como Día Mundial del Libro, ha sido costumbre celebrar dos temas: la industria del libro y la importancia de la lectura. ¿Por qué no volver a la esencia y homenajear al objeto en sí?

Con esta intención hemos recopilado una selección de artistas que utilizan el libro como materia prima para la creación de sus obras utilizando una gran variedad de técnicas que renuevan el significado de sus páginas. Las historias siguen ahí, escritas en un pasado que ahora revive gracias a su nueva forma más allá de los límites de la literatura.

Un homenaje a los libros, la creatividad y los objetos mágicos

A Humument, Tom Phillips

El 5 de noviembre de 1966 el artista británico Tom Phillips se dirigió a una tienda de segunda mano con una misión: comprar un libro por menos de 3 peniques, y con todas las técnicas que estuvieran a su alcance, transformar por completo la obra hasta que tanto su forma como su contenido fueran totalmente nuevos.

La novela que eligió hace ya más de 50 años era A Human Document, escrita en 1892 por el novelista victoriano William Mallock. Para 1973 ya había trabajado en cada una de las páginas, alterando la obra literaria con ejercicios creativos propios. Empezó tachando frases dejando visibles sólo algunas palabras, que al leerse seguidas, formaban frases con un nuevo sentido. Además, incluyó poesías visuales, pinturas, retratos expresionistas, guiños puntillistas, expresionismo abstracto, collage, caligramas… El resultado es una gran pieza de casi 400 páginas en las que la creatividad fluye sin cortapisas.

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Evolución de una de las páginas de A Humument. Original, primera versión y segunda versión | Foto: Tom Phillips

Lo llamó A Humument porque como explica el artista, “doblando una página por la mitad y volviéndola hacia atrás para revelar la mitad de la siguiente página, el título se abrevió a A HUMUMENT, una palabra terrosa que contiene la humanidad y el monumento, así como el sentido de algo interrumpido, cortado o exhumado para terminar en las salas de documentos del un mundo archivado”.

La pieza pasó de la londinense Serpentine Gallery, hasta el Museo Gemeente de La Haya para terminar en Basel. ¿Acaba ahí la historia? Por supuesto que no. Considerado como un perpetuo work in progress, Phillips sigue trabajando sobre el mismo libro desde entonces extrayendo pequeños párrafos, utilizando hojas y dando lugar a nuevas piezas que han llegado a formar parte de importantes colecciones como la de la Tate. El libro, por fin digitalizado, se puede descargar aquí y la editorial Thames & Hudson ya va por la sexta edición de A Humument mientras Tom Philips sigue creando piezas derivadas de aquella idea surgida a finales de los 60.

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Entre las páginas de A Humument | Foto: Tom Phillips

La fragilidad del lenguaje, Pablo Lehmann

El argentino Pablo Lehmann cala, deshilacha y destroza el texto para crear un nuevo discurso. En su obra, las palabras sobresalen de complejos entramados hasta convertirse en imágenes dejando el lenguaje en un segundo plano que, paradójicamente, le sitúa como protagonista.

“Mi intención es darle al texto la seducción de la imagen; mi máximo placer es volver al lenguaje más ilegible, no-decir, sino quitar sentido”, asegura el artista.

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La estrategia de la ficción I, de Pablo Lehmann. Papel calado a partir de un libro de Borges

Para su obra, Lehmann Selecciona textos relacionados en sí mismo con la temática del lenguaje, de literatos como Borges, Cortázar y teóricos como Barthes, Derrida, o Lacan y basta visitar su blog para observar como absorbe, como una esponja, las palabras de grandes intelectuales que llegaron a predecir la idiosincrasia del mundo actual.

Con influencias como Louise Bourgeois y Rembrandt, el artista argentino reflexiona sobre la palabra a través de complejos entramados de papel. “La palabra es esencialmente problemática para mí y por ello estoy constantemente buscándola, redefiniéndola, escribiéndola”, explica.

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Escritura Colgada I, una obra de Pablo Lehmann.

La literatura es un arma cargada de arte, Robert The

“La poesía es un arma cargada de futuro”, una frase de Gabriel Celaya tomada, en este caso, en sentido literal. La palabra escrita tiene una innegable fuerza, pero hay pocos artistas que hayan trasladado esta afirmación de forma tan precisa como el filósofo, matemático y artista Robert The.

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The Catcher in the Rye, Robert The

En su serie Book Guns, Mister The utiliza libros encontrados en tiendas de segunda mano movido por sólido trasfondo que va más allá de la broma duchampiana:  “La obsesión por la erosión semiótica del sentido y la realidad me llevó a crear objetos que evangelizan su propia relevancia mediante una fusión directa de palabra y forma. Los libros (muchos sacados de los contenedores de basura y los depósitos de la tienda de segunda mano) son amorosamente vandalizados de vuelta a la vida para poder afirmarse contra la cultura que los convirtió en escombros”.

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Psychotherapy with Adolescent Girls, Robert The.

Estructuras de papel, Jonathan Callan

El artista británico  Jonathan Callan ha pasado los últimos 20 años utilizando libros de bolsillo y revistas para crear obras de arte a gran escala. En su statement explica que gran parte de su obra se basa en los libros no porque tenga ninguna actitud fetichista hacia ellos, sino porque entiende que las palabras son ineficientes para expresar la experiencia y su propio entendimiento del arte.

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The solution, Jonathan Callan

“La mayor parte de la gente rara vez piensa en un libro como un objeto, las palabras dentro se consideran mucho más importantes que la forma. Me pareció que este hecho expresaba perfectamente el problema que tenía al pensar en el debate sobre el arte y cómo se valoraban sus significados, y por eso empecé a considerar los libros de la misma manera que un alfarero podría considerar la arcilla. En muchos sentidos, pienso en ello como una forma de abordar la ecuación de la forma y el contenido”.

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The Library of Past Choices, Jonathan Callan.

Mujeres en Cannes. En 70 años, solo dos directoras premiadas

Redacción TO

Foto: Regis Duvignau
Reuters

Este domingo, Sofia Coppola, por La Seducción, ha hecho historia al convertirse en la segunda mujer que se ha alzado con el premio a la mejor dirección en el Festival de Cannes. La primera vez que una mujer ganó este premio fue en 1961: Yuliva Solntseva por The Story of the Flaming Years. Para que se repitiera un nombre femenino en este palmarés han tenido que pasar 56 años, que se dice pronto.

Pero hay más datos que llaman la atención en este aspecto. En 70 ediciones de festival solo ha habido una mujer detrás de la película ganadora de la prestigiosa Palma de Oro. Fue Jane Campion por El piano, en 1993, y no se ha vuelto a repetir. En el premio a mejor guion, más de lo mismo: desde 1949 y hasta hoy, que lo ha ganado Lynn Ramsay por You Were Never Really Here, aunque ha tenido que compartir los honores con Yorgos Lanthimos (The Killing of a Sacred Deer), solo cuatro mujeres han ganado el galardón, contando a Ramsay, claro.

El poco peso femenino en esta gran fiesta del cine no ha pasado desapercibido. Jessica Chastain, Fan Bingbing, Maren Ade y Agnès Jaoui han sido las cuatro mujeres que han formado parte del jurado de Cannes, y las cuatro han dejado muy clara su reivindicación tras la entrega de premios. Aseguran que hay que apostar más por mujeres directoras, por historias de mujeres y por historias contadas por mujeres.

La Palma de Oro de Cannes sigue sin llevar nombre de mujer
Jessica Chastain ha reclamado la igualdad en la profesión. | Foto: Regis Duvignau / Reuters

“Me sorprendió la representación que se hace de los personajes femeninos en la pantalla. Y espero que incluyamos más mujeres que cuenten historias, más mujeres que veo en mi día a día”, ha declarado Jessica Chastain. Por su parte, Fan Bingbing ha afirmado sentirse “muy feliz de haber dado este premio a Sofia Coppola”, y ha añadido que “no lo gana por ser mujer, sino por su película”.

En la misma línea reivindicativa se ha mostrado Maren Ade que asegura que “necesitamos más mujeres porque todos queremos que las películas representen la sociedad actual y no lo estamos viendo. Estamos perdiendo muchas historias”.

La Palma de Oro de Cannes sigue sin llevar nombre de mujer 1
Diane Kruger se ha hecho con el premio a mejor actriz. | Foto: Regis Duvignau / Reuters

A pesar de que ha sido una de las ediciones más femeninas en años, los importantes premios a Sofia Coppola, Lynn Ramsay, Diane Kruger o Nicole Kidman no son suficientes para impulsar el papel minoritario que juegan las mujeres en este festival, y en la industria del cine en general, en lo que se refiere a los puestos de dirección y de creación. Esta 70 edición del Festival de Cannes no ha sido paritaria y de las 19 películas en la Sección Oficial, solo había tres filmes dirigidos por mujeres.

Letra cursiva

Eugenio Fouz

Puedo escribir los versos más tristes esta noche”. Puedo escribir como si fuera el poeta chileno y dejar caer una estrella fugaz a su lado. Puedo afirmar que sé lo que significa estar enamorado porque, por extraño que parezca, Neruda en este poema habla de amor y desamor (que en el fondo son una misma cosa). Podría, en fin, reproducir líneas enteras de firmas ajenas y hacer creer al lector no cultivado que la disposición maestra de las palabras era mía. Mi memoria me mima.

Los especialistas de la mente y la rima aseguran que lo peor de la locura y las letras en general resulta de la caótica mezcla de lecturas, géneros literarios, y preocupaciones. Y a mí hoy me inquieta una notician procedente del país de las vacas sagradas y la no-violencia que trata del fraude detectado en ese país durante los exámenes de acceso a Estudios Superiores. Según parece, la India es el país del mundo en el que hay mayor número de copiones. Tanto es así que la administración se ha visto obligada a adoptar severísimas medidas de control llegando a exigir ciertas condiciones en la indumentaria de los estudiantes.

Las buenas escuelas educan a sus alumnos. Quizás éstas no logren convertir a todos en individuos creativos y geniales; sin embargo, al menos deberían instruirles y convencerles de la importancia de ser honestos.

Me encuentro mareado. Es posible que haya leído más de la cuenta. Oigo voces en la cabeza que me hablan en susurros. Unas veces me confiesan “Yo la quise, y a veces ella también me quiso”, otras veces suenan a lamento “pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido”. Podría fingir que las líneas me pertenecen, pero no voy a hacerlo porque la letra cursiva me delata.

Qué nos enseña el libro más repelente de todos

Miguel Ángel Quintana Paz

¿Qué título de libro podría considerarse el más repelente de entre todos los clásicos? Si la pregunta atañera a las partes de una obra, seguramente cualquiera de la autobiografía de Friedrich Nietzsche, Ecce homo, sería digna candidata: “Por qué soy tan inteligente”, “Por qué soy tan sabio”, “Por qué escribo tan buenos libros”. En cuanto a volúmenes completos, Leszek Kołakowski alcanzó una marca importante con su “Por qué tengo razón en todo”, rótulo que tantas veces habrán anhelado, al menos como subtítulo, tantos otros profesores en tantos otros escritos más.

Con todo y con eso, de modo menos pomposo, pero igual de mordaz, fue el filósofo Søren Kierkegaard quien acuñó hace casi dos siglos un título febrilmente repulsivo para nuestra mente contemporánea. Lo hizo en su libro Enten-Eller, que suele traducirse con la disyuntiva “O lo uno o lo otro”, aunque podría asimismo ser “O bien una cosa, o bien la otra”.

¿Por qué resulta repulsivo ese título de Kierkegaard hoy en día? Vivimos en una época en que se nos ha vuelto más antipático que nunca renunciar a nada. Señores sesentones confían en verse bien juveniles y disfrutar a la vez de las mieles del reconocimiento por su amplia experiencia; jóvenes veinteañeros gustan de presentarse como tiernos modernetes, pero a la vez se quejan si su sueldo no alcanza el de un curtido profesional. Hacemos viajes lejanos con la intención de sumergirnos en otras culturas, pero allí nos refugiamos en el hotel que más se asemeja al de enfrente de casa. Queremos educar a nuestros hijos para el mundo real, pero les rodeamos de algodones que solo les prepararían para vivir sempiternamente en una colchonería.

Acaso este fenómeno adquiera especial virulencia en nuestro país. No pocos españoles están convencidos de que nuestra nación podría funcionar igual una escandinava, pero sin la sólida confianza entre sus ciudadanos que reina en aquellas sociedades. Deseamos tener impuestos tan bajos como en las Bahamas, pero con servicios públicos tan caros como los fineses. Protestamos porque nuestras universidades no están entre las mejores del mundo, pero acatamos que los criterios de selección en ellas sigan columpiándose entre el padrinazgo y el amiguismo. Si la asistencia a la eucaristía dominical continuara siendo masiva en España, no resultaría raro comprobar cada semana cómo varios feligreses porfiarían por estar a la vez en misa y repicando.

Ante este panorama, Kierkegaard nos recuerda una verdad repelente: a veces (muchas más veces de las que hoy creemos) se debe optar entre o bien una cosa o bien otra. Enten-Eller, en danés. Hoy suena fascista hablar de esa manera, pero aun así es preciso recordarlo: no puedes hacer todo lo que quieras ni tener todo lo que quieras ni hablar con solvencia de todo cuanto te gustaría hablar (aunque uses Twitter).

¿Cómo es que hemos llegado en nuestros días a olvidar tan simple verdad? El mismo libro de Kierkegaard nos responde con una de sus fábulas más famosas, la del payaso en el escenario del teatro. Reza así:

Se declaró en cierta ocasión un incendio entre los bastidores de un teatro. Un payaso salió al escenario para dar la noticia al público. Pero este creyó que se trataba de un chiste y aplaudió fervoroso. El payaso repitió la noticia y los aplausos se volvieron aún más entusiastas. Así sospecho yo que se irá a pique el mundo, entre el júbilo general de la gente biempensante, que creerá que solo se trata de un chiste.

Hoy se ha vuelto un lugar común decir que vivimos en una “sociedad del espectáculo”. Pero las cosas no estaban tan claras hace dos siglos, por lo que no resulta arbitrario atribuir a Kierkegaard cierto mérito previsor. En su cuento del payaso, este filósofo nos habla de un mundo en que todo se verá ya como mero espectáculo teatral. Y por ello pensaremos que todo es posible. Cierta teatralidad tendrán las desgracias que vemos en nuestros televisores; nadie se creerá del todo las noticias que nos proporciona una prensa que día tras día ensucia su fiabilidad. Solo algún sectario se tragará ya del todo lo que declama un político desde su escenario; solo algún ingenuo escuchará las previsiones de los expertos como si de veras se fueran a cumplir. Gracias a las redes sociales, las vidas de los otros desfilan ante nuestras butacas, mitad dramas y mitad comedia; nosotros mismos recitamos la trama de nuestros días ante un público silencioso, que nos contempla tras el foco de la pantalla de nuestro dispositivo.

Teatro, lo nuestro es puro teatro, cantaría hoy La Lupe. Y si somos todos actores, no puede acusársenos entonces de mentir exactamente, pero tampoco debe tomárselos muy en serio durante nuestra actuación. Desde antiguo nos lo han explicado los teóricos de la dramaturgia: ante un escenario (o, con el cine, ante una pantalla) conviene suspender nuestra credulidad, para no hacer el ridículo de aquellos espectadores que, cuando los hermanos Lumière les proyectaron por primera vez la escena de una locomotora que entraba en una estación, se reclinaron contra el respaldo de sus asientos, como temerosos de que el tren les fuese a arrollar.

El problema, naturalmente, es el que nos recuerda Kierkegaard en su fábula del payaso: por mucho que vivamos en un teatro, a veces sí que irrumpen cosas que nos podrían arrollar. Nos resistimos a creérnoslo, cobijados como nos pensamos en nuestro elegante patio de butacas; con esa sonrisa alelada de bebé (Philippe Muray dixit) con que intentamos tomárnoslo todo; convencidos de que es posible seguir contemplando las cosas con un distanciamiento elegante, sin tener nunca que optar de veras por algo contundente: o esto o aquello. Ahora bien, en ocasiones se declarará un incendio. Se acabará la función. Habrá que elegir en serio: o bien por una cosa, o bien por otra. Enten-Eller. Y más nos valdría atender a quienes nos lo anuncien desde el escenario, por muy payasos que sean.

Semanas llevan ardiendo las llamas de la represión chavista en Venezuela. Se ha cobrado ya docenas de muertos. Por bufonesco que resulte Nicolás Maduro, no es con balas de broma como sus tropas acribillan a los venezolanos. Mientras, en España, otros bufones le respaldan y, oh, resultan tan entretenidos. ¿Cómo tomarnos en serio a un payaso que justifica los crímenes del régimen de Caracas, si al fin y al cabo todos sabemos que las llamas del incendio venezolano no nos pueden alcanzar? ¡Démosles más escenarios, otorguémosles mejores púlpitos desde los que propaguen su mensaje, sería tan aburrida la temporada sin ellos! ¡Aplaudamos, aplaudamos! Límpiate eso que te ha saltado sobre la pechera, sin duda es solo salsa de tomate. Y, ante todo, no ceses nunca de sonreír.

Gabinete: de Murillo a Richard Serra

Saioa Camarzana

Foto: COLLAGE DE ALFONSO BUÑUEL (DETALLE)
Gabinete

En la segunda edición de la feria de arte de dibujo y estampa participan 25 galerías nacionales e internacionales. Murillo, Unamuno, Goya, Alberto Corazón, Juan Zamora y Richard Serra son algunos de los nombres más atractivos de esta feria-boutique que surge con la ambición de convertirse en una cita internacional ineludible.

El primer robo mediático en la historia del arte español tuvo lugar en la catedral de Sevilla cuando unos ladrones entraron, recortaron el San Antonio de Murillo y se lo llevaron a Nueva York. Con todos los viajes y movimientos la pintura sufrió desperfectos pero un dibujo preparatorio que hizo el pintor del siglo de oro español  posibilitó su reconstrucción. Ese boceto de la pintura para la Capilla del Santo, que ha permanecido en manos de unos coleccionistas desde hace 70 años, es uno de los grandes reclamos de Gabinete, feria de dibujo y estampa que se celebra este fin de semana en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Tras todos esos años fuera del alcance del público se pone a la venta por 300.000 euros.

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Montaje de Gabinete | Imagen cortesía de Gabinete

Gabinete, que cumple su segundo año de aventura, es una feria-boutique de galerías nacionales e internacionales dedicadas al dibujo, la estampa, la serigrafía y la litografía. “Quería una feria pequeña con una apuesta rotunda por la calidad”, señala Víctor del Campo, director de la cita. “Es una feria pequeña en la que se pueden ver todos los stands tranquilamente. Esta edición cuenta con 25 y, de momento, no queremos crecer más”. Para que esa base de la calidad de los participantes en la que se asienta se refuerce es el propio comité organizador quien invita a las galerías a participar, no existe un proceso de inscripción como en otras ferias de arte.

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Los Caprichos de Goya.

De ahí que las obras que se muestran transiten desde el siglo XV al XXI con la presencia de artistas como El Greco, Murillo, Sabatini, Unamuno, Goya, Alonso Cano, Alexandre Arrechea, José Pedro Croft, Alberto Corazón, Richard Serra, Eusebio Sempere y Juan Zamora, último Premio Fundación Princesa de Girona de Artes y Letras. Además, uno de los grandes atractivos de la feria es que Del Campo ha pedido “que las galerías traigan obra que solo se pueda ver aquí y no en otras subastas o galerías”. Ese carácter inédito de las piezas junto a que el precio, que oscila entre los 300 y los 500.000 euros, es “el mismo aquí que fuera de España”, hace de Gabinete una cita particular. Lo explica así: “No todo el mundo puede decir lo mismo. Mucho arte español se compra aquí por mucho dinero y en Francia, por ejemplo, no darían tanto por él. Pero si sacas de aquí la primera edición de La pasión de Durero  el precio sería el mismo, incluso en Alemania pagarían un 15 o un 20% más. Hay que adaptarse al mercado y por eso los precios son españoles”, indica Víctor del Campo.

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Foto vía Gabinete.

Para que todos estos grandes artistas que traen galerías como La Caja Negra, Benveniste Contemporary, Niels Borch Jensen, N2 Galería, Ana Chiclana, Artur Ramón Art, Caylus o Frame puedan ser observados de manera minuciosa el espacio ha sido ideado por el estudio del arquitecto Juan Herreros. Su apuesta ha sido por unos stands de proporciones alargadas que generan una secuencia de pequeñas estancias que recrean el ambiente de los gabinetes de curiosidades. Según su director, “es un montaje innovador” que permite el tranquilo tránsito por las estancias de una feria que divide el arte antiguo del más reciente en diferentes apartados. Se trata, por tanto, de una oportunidad de hacer un viaje de varios siglos en un mismo lugar.

Además, es cierto que la obra sobre papel está viviendo un buen momento en España. Al calor de su popularidad han nacido ferias paralelas a ARCOmadrid como Drawing Room, que trae a Madrid la obra sobre papel de dibujantes contemporáneos más importantes. Pero la apuesta de Gabinete es diferente en tanto a que abarca diversos géneros y épocas del dibujo. Todo ello demuestra, por tanto, que la obra sobre papel “se está empezando a conocer, valorar y entender en España”. Francia, Estados Unidos y el Reino Unido, por ejemplo, ya cuentan con una tradición en este terreno pero “España ha sido un país de una gran tradición pintora en el que incluso la escultura ha estado en segundo plano. Pero esto está empezando a cambiar”, opina Del Campo.

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Ouka Leele vía Gabinete.

De esta manera, este viaje del siglo VX al XXI permite también un fácil acceso al coleccionismo porque, según dice el director de Gabinete, nunca ha visto bajar el precio de un grabado de Durero o de una primera edición de Los caprichos de Goya. Gabinete aún no ha arrancado de manera oficial y a su director le consta, aunque no puede dar datos, que hay obras que ya han sido vendida. Esto mismo le ocurrió en la pasada edición, una “edición piloto” en sus propias palabras, con la venta de obra a pinacotecas tan importantes como la National Gallery de Londres o la National Gallery de Irlanda.

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El Gabinete.

Y es que lo curioso o lo más importante de la primera edición de Gabinete fue la presencia de los 50 conservadores de los gabinetes de dibujo y estampa de los 50 museos más importantes del mundo. No fue casualidad aunque tuvo miga. “Siempre me gusta trabajar con un año de antelación y estaba previsto inaugurar la feria para otoño de 2016 pero recibí una información importante de que en primavera se iban a reunir en Madrid todos estos conservadores y era una buena oportunidad para poder reunirlos”, explica Del Campo. Así, la inauguración de la feria se adelantó seis meses y con tan solo cuatro meses para trabajar en ella Víctor del Campo se centró en la calidad de los participantes. Por eso, para él, esta es la primera edición en la que “se materializa la idea que tenía en la cabeza”.

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Richard Serra vía Gabinete.

Tan solo lleva dos ediciones y las galerías que participan en Gabinete también asisten a importantes citas como Maastricht, Basilea, el Salón de Dibujo de París, la cita internacional más importante con el dibujo y en la Feria de Grabado de Nueva York, que se posiciona en el segundo puesto del escalafón. Gabinete surge, pues, para llenar un vacío y, sobre todo, para, jugando bien sus cartas, “estar en esa primera división y llegar a estar entre las cinco ferias de arte sobre papel más importantes del mundo”.

De momento, parece que Gabinete se sitúa en una buena posición de salida.

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