Hola, ¿qué estás buscando?

de resultados

No se ha encontrado ningún resultado

Ver más

Artistas que convierten libros en espectaculares obras de arte

Clara Paolini

Foto: Robert The

En los últimos capítulos de la era Gutenberg, poco influyen los debates sobre la inminente muerte o final supervivencia de la palabra impresa: seguimos amando los libros.

Decía Ray Bradbury que “los libros sólo tienen dos olores: el olor a nuevo, que es bueno, y el olor a libro usado, que es todavía mejor”, y es porque hemos asociado su perfume a una experiencia placentera que vuelve a activarse con su contacto. Los libros son objetos vivos que se acumulan, se pierden, se regalan, reaparecen, envejecen y al ser leídos, vuelven siempre a renacer sin perder su inconfundible aroma.

Desde 1995, cuando en una reunión de la UNESCO en París se decidió declarar la fecha del 23 de abril como Día Mundial del Libro, ha sido costumbre celebrar dos temas: la industria del libro y la importancia de la lectura. ¿Por qué no volver a la esencia y homenajear al objeto en sí?

Con esta intención hemos recopilado una selección de artistas que utilizan el libro como materia prima para la creación de sus obras utilizando una gran variedad de técnicas que renuevan el significado de sus páginas. Las historias siguen ahí, escritas en un pasado que ahora revive gracias a su nueva forma más allá de los límites de la literatura.

Un homenaje a los libros, la creatividad y los objetos mágicos

A Humument, Tom Phillips

El 5 de noviembre de 1966 el artista británico Tom Phillips se dirigió a una tienda de segunda mano con una misión: comprar un libro por menos de 3 peniques, y con todas las técnicas que estuvieran a su alcance, transformar por completo la obra hasta que tanto su forma como su contenido fueran totalmente nuevos.

La novela que eligió hace ya más de 50 años era A Human Document, escrita en 1892 por el novelista victoriano William Mallock. Para 1973 ya había trabajado en cada una de las páginas, alterando la obra literaria con ejercicios creativos propios. Empezó tachando frases dejando visibles sólo algunas palabras, que al leerse seguidas, formaban frases con un nuevo sentido. Además, incluyó poesías visuales, pinturas, retratos expresionistas, guiños puntillistas, expresionismo abstracto, collage, caligramas… El resultado es una gran pieza de casi 400 páginas en las que la creatividad fluye sin cortapisas.

Artistas que convierten libros en espectaculares obras de arte 1
Evolución de una de las páginas de A Humument. Original, primera versión y segunda versión | Foto: Tom Phillips

Lo llamó A Humument porque como explica el artista, “doblando una página por la mitad y volviéndola hacia atrás para revelar la mitad de la siguiente página, el título se abrevió a A HUMUMENT, una palabra terrosa que contiene la humanidad y el monumento, así como el sentido de algo interrumpido, cortado o exhumado para terminar en las salas de documentos del un mundo archivado”.

La pieza pasó de la londinense Serpentine Gallery, hasta el Museo Gemeente de La Haya para terminar en Basel. ¿Acaba ahí la historia? Por supuesto que no. Considerado como un perpetuo work in progress, Phillips sigue trabajando sobre el mismo libro desde entonces extrayendo pequeños párrafos, utilizando hojas y dando lugar a nuevas piezas que han llegado a formar parte de importantes colecciones como la de la Tate. El libro, por fin digitalizado, se puede descargar aquí y la editorial Thames & Hudson ya va por la sexta edición de A Humument mientras Tom Philips sigue creando piezas derivadas de aquella idea surgida a finales de los 60.

Artistas que convierten libros en espectaculares obras de arte
Entre las páginas de A Humument | Foto: Tom Phillips

La fragilidad del lenguaje, Pablo Lehmann

El argentino Pablo Lehmann cala, deshilacha y destroza el texto para crear un nuevo discurso. En su obra, las palabras sobresalen de complejos entramados hasta convertirse en imágenes dejando el lenguaje en un segundo plano que, paradójicamente, le sitúa como protagonista.

“Mi intención es darle al texto la seducción de la imagen; mi máximo placer es volver al lenguaje más ilegible, no-decir, sino quitar sentido”, asegura el artista.

Artistas que convierten libros en espectaculares obras de arte 4
La estrategia de la ficción I, de Pablo Lehmann. Papel calado a partir de un libro de Borges

Para su obra, Lehmann Selecciona textos relacionados en sí mismo con la temática del lenguaje, de literatos como Borges, Cortázar y teóricos como Barthes, Derrida, o Lacan y basta visitar su blog para observar como absorbe, como una esponja, las palabras de grandes intelectuales que llegaron a predecir la idiosincrasia del mundo actual.

Con influencias como Louise Bourgeois y Rembrandt, el artista argentino reflexiona sobre la palabra a través de complejos entramados de papel. “La palabra es esencialmente problemática para mí y por ello estoy constantemente buscándola, redefiniéndola, escribiéndola”, explica.

Artistas que convierten libros en espectaculares obras de arte 5
Escritura Colgada I, una obra de Pablo Lehmann.

La literatura es un arma cargada de arte, Robert The

“La poesía es un arma cargada de futuro”, una frase de Gabriel Celaya tomada, en este caso, en sentido literal. La palabra escrita tiene una innegable fuerza, pero hay pocos artistas que hayan trasladado esta afirmación de forma tan precisa como el filósofo, matemático y artista Robert The.

Artistas que convierten libros en espectaculares obras de arte 6
The Catcher in the Rye, Robert The

En su serie Book Guns, Mister The utiliza libros encontrados en tiendas de segunda mano movido por sólido trasfondo que va más allá de la broma duchampiana:  “La obsesión por la erosión semiótica del sentido y la realidad me llevó a crear objetos que evangelizan su propia relevancia mediante una fusión directa de palabra y forma. Los libros (muchos sacados de los contenedores de basura y los depósitos de la tienda de segunda mano) son amorosamente vandalizados de vuelta a la vida para poder afirmarse contra la cultura que los convirtió en escombros”.

Artistas que convierten libros en espectaculares obras de arte 7
Psychotherapy with Adolescent Girls, Robert The.

Estructuras de papel, Jonathan Callan

El artista británico  Jonathan Callan ha pasado los últimos 20 años utilizando libros de bolsillo y revistas para crear obras de arte a gran escala. En su statement explica que gran parte de su obra se basa en los libros no porque tenga ninguna actitud fetichista hacia ellos, sino porque entiende que las palabras son ineficientes para expresar la experiencia y su propio entendimiento del arte.

Artistas que convierten libros en espectaculares obras de arte 8
The solution, Jonathan Callan

“La mayor parte de la gente rara vez piensa en un libro como un objeto, las palabras dentro se consideran mucho más importantes que la forma. Me pareció que este hecho expresaba perfectamente el problema que tenía al pensar en el debate sobre el arte y cómo se valoraban sus significados, y por eso empecé a considerar los libros de la misma manera que un alfarero podría considerar la arcilla. En muchos sentidos, pienso en ello como una forma de abordar la ecuación de la forma y el contenido”.

Artistas que convierten libros en espectaculares obras de arte 10

Artistas que convierten libros en espectaculares obras de arte 9
The Library of Past Choices, Jonathan Callan.

Continúa leyendo: Netflix amenaza con destronar a HBO en los Emmy de 2018

Netflix amenaza con destronar a HBO en los Emmy de 2018

Redacción TO

Foto: MARIO ANZUONI
Reuters

Todavía con la resaca de los Emmy de este año a las espaldas, el papel de Netflix en los premios de la televisión estadounidense hacen pensar ya en la edición del año que viene. En lo que llevamos de siglo, HBO ha sido la cadena que más nominaciones ha acaparado cada ceremonia, un estatus que ha mantenido de manera ininterrumpida. Pero puede que esa corona cambie de cabeza en 2018 ya que Netflix, que empezó a producir contenidos propios en 2013, le pisa los talones a la cadena de Juego de Tronos.

En la pasada ceremonia, HBO mantuvo su primer puesto en el podio de nominaciones gracias a sus 110 candidaturas. Pero la cifra se queda peligrosamente cerca de las 93 de los productores de Grace and Frankie. Las ficciones más nominadas del servicio de streaming fueron la serie de nostalgia ochentera Stranger Things (con 19 candidaturas), la coproducción británica y estadounidenseThe Crown (con 13) y la mezcla de drama y comedia sobre una actor indio que intenta hacerse hueco en Estados Unidos Master of None (con ocho).

Y el ascenso de la presencia de Netflix en los premios más importantes de la televisión estadounidense (y del mundo) ha sido meteórica desde que irrumpió en 2013. Ese año, el servicio de streaming se tuvo que conformar con un modesto 2,5% de las nominaciones.

Pero en solo cuatro años, se ha convertido en la segunda serie con más presencia en los Emmy al acaparar el 14,6% de las candidaturas. Es una una cifra a tener en cuenta, ya que roza (y amenaza) el 17,2% de HBO que, por el momento, es líder indiscutible de los galardones.

Con todo, Home Box Office tiene un importante as en la manga: Juego de Tronos. La serie de poder, guerra y fantasía batió en la edición del año pasado el récord en nominaciones y se llevó el premio a la mejor serie dramática por segunda vez consecutiva.

Sin embargo, por una decisión de la propia cadena, la emisión de la exitosa séptima temporada fue pospuesta. Por este motivo, la ficción no fue elegible en la edición de 2017. Uno de los requisitos para optar a un Emmy es que el último capítulo de la temporada de cualquier programa se emita antes del 31 de mayo y la séptima entrega de Game of Thrones se emitió entre el 16 de julio y el 27 de agosto.

Netflix amenaza con destronar a HBO en los Emmy de 2018 1
El probable éxito de ‘Juego de Tronos’ en los Emmy de 2018 es el balón de oxígeno que necesita HBO para mantenerse a la cabeza.

El año que viene, sin embargo, Juego de Tronos sí podrá optar a un nuevo chorro de galardones y esto puede terminar siendo el balón de oxígeno que necesita HBO para mantenerse a la cabeza en las nominaciones de los premios.

Continúa leyendo: El futuro que H.G. Wells predijo en sus ficciones

El futuro que H.G. Wells predijo en sus ficciones

Romhy Cubas

Foto: Wikicommons
Wikimedia Commons

“Es posible que la invasión de los marcianos resulte, al fin, beneficiosa para nosotros; por lo menos, nos ha robado aquella serena confianza en el futuro, que es la más segura fuente de decadencia”.

La guerra de los mundos

El escritor, historiador y filósofo británico Herbert George Wells es uno de los grandes precursores de la ciencia ficción en la literatura. Su obra se puede comparar en alcance y relevancia con las geografías fantásticas de Julio Verne. Hace 151 años, un 21 de septiembre de 1866, Wells nació en el seno de una familia convencional de la Inglaterra de época, su visión totalmente utópica y fantástica para entonces dejó un registro crudo de  escenarios que con el tiempo se deshicieron de la etiqueta de ciencia ficción para convertirse en sucesos concretos.

Sin la ciencia, y específicamente la biología, Wells no habría creado relatos como el del Hombre invisible o La máquina del tiempo, publicado en un principio bajo el título de Los argonautas crónicos. Wells estudió biología en el Royal College of Sciences de Londres, y eventualmente se tituló en zoología en la Universidad de Londres. Gracias a estas experiencias y a un diagnóstico de tuberculosis que lo impulsó a dedicarse exclusivamente a la escritura, reunió una centena de obras de fantasía científica, predicciones tecnológicas y agudas observaciones sobre el poder y las consecuencias de la guerra que inclusive se manifiestan con mayor lucidez en el presente que en aquella época.

En sus novelas Wells dejó constancia de una inquietud por la supervivencia de las sociedades. Sus posiciones pacifistas y políticas hicieron de su obra una declaración sobre lucha de clases, la ética científica, y las utopías –muchas de carácter socialista-. Con frecuencia propuso la creación de un Estado mundial en donde hubiera una renta universal y donde los individualismos fueran suprimidos.

En sus obras están presentes la bomba atómica, la tecnología, las puertas y censores automáticos, la guerra biológica, la comida artificial, los rayos láser y decenas de otras fantasías que en aquél entonces no tenían espacio en la racionalidad de los lectores. Hasta ahora, y que nosotros sepamos, no existen hombres capaces de volverse invisibles o máquinas para viajar en el tiempo, pero si hay un puñado de escenarios y tecnologías que Wells planteó en sus libros y que hace décadas dejaron de ser ciencia ficción, otorgándole al escritor un halo visionario y certero.

El futuro que H.G. Wells predijo en sus ficciones 4
Portada del libro Hombres como dioses de H.G.Wells | Imagen vía: Amazon

Teléfonos y televisión

En Men Like Gods (1923), Wells crea una versión futurista de la Tierra en donde luego de cientos de años de progreso la gente se comunica exclusivamente mediante sistemas inalámbricos. Los guiños con lo celulares y los correos electrónicos de los que hoy dependemos para comunicarnos son evidentes, aunque la idea es un crudo formato de lo que conocemos en el presente. El principio de acumulación de mensajes, transmisión inalámbrica y comunicación a distancia son premonitorios.

Wells también desarrolló en When the Sleeper Wakes (1899) una forma utópica de entretenimiento en donde las tecnologías del audio libro y la televisión se disfrazan de ficción.

El futuro que H.G. Wells predijo en sus ficciones 1
Comic de La isla del Dr Moreau ilustrado por Gil Kane. Basado en la adaptación cinematográfica de 1977 del libro de H.G. Wells | Imagen vía: MyComicShop

La ingeniería genética

En  La isla del Dr. Moreau (1896) una nueva especie de animales biológicamente manipulados es parte de los experimentos de un científico demente que incursiona en la ingeniería genética. Las técnicas utilizadas son crudas y primitivas, pero la idea de trasplantes de órganos entre animales y humanos para adquirir longevidad, la creación de híbridos y el intercambio de células entre las especies son principios que guardan una relación obvia con las ambiciones de los científicos, quienes se vuelven cada vez más insaciables con los años. Precisamente Wells expone la codicia que puede presentarse cuando los humanos endiosan sus capacidades de creación y buscan en la tecnología un sustituto para todas las formas de vida.

“¿Quiénes son esas criaturas? -dije, señalando hacia ellas y alzando cada vez más el tono de voz para que todos me oyeran-. Antes eran hombres, hombres como nosotros; hombres a los que ha poseído una sustancia bestial, hombres a los que se ha esclavizado y convertido en monstruos y a los que todavía teme”.

La isla del doctor Moreau. H.G. Wells

El futuro que H.G. Wells predijo en sus ficciones 3
Bomba nuclear detonada por el gobierno francés en la Polinesia Francesa. | Imagen vía: Reuters

La bomba atómica y las armas nucleares

En The World Set Free (1914) Wells plantea el concepto de objetos que explotan gracias a distintos niveles de radiactividad, adelantándose inclusive al control de las naciones ante estos objetos para evitar una destrucción masiva. En el presente estos prototipos literarios tienen nombre e historial: la bomba atómica y las armas nucleares.

Wells reconoce y plantea principalmente el poder destructivo de la tecnología y las ambiciones humanas. En sus historias estas granadas  tienen el poder de explotar continuamente por días, semanas y hasta meses.

Actualmente conocemos de sobra su poder destructivo, pero Wells literalmente anuncia la creación de un objeto portátil con la capacidad para devastar una ciudad entera.

El futuro que H.G. Wells predijo en sus ficciones
Portada del libro La guerra de los mundos de H.G. Wells | Imagen vía: GoodReads

El Láser

En uno de sus libros más famosos, La guerra de los mundos (1898), que principalmente desarrolla el escenario de una guerra interplanetaria, las armas futuristas de los marcianos incluyen un devastador rayo de calor capaz de incinerar hectáreas a kilómetros de distancia. La descripción de Wells no es tan precisa como para construir un láser de trabajo, pero su parecido con el dispositivo y otras armas de “energía dirigida” es prueba suficiente.

“Todo lo que sea combustible se convierte en llamas al ser tocado por el rayo: el plomo corre como agua, el hierro se ablanda, el vidrio se rompe y se funde, y cuando toca el agua, esta estalla en una nube de vapor”. La guerra de los mundos. H.G. Wells

Muchas de las “predicciones” de Wells son ciertamente visionarias, otras se apegan al sentido común de un hombre de letras. A la par de cada avance, por muy pequeño que sea, es inevitable magnificar sus posibilidades y consecuencias. Wells también se anticipó al aterrizaje de la nave Apolo en Los primeros hombres en la luna (1901)  y entendió las probabilidades de un conflicto global en Europa con La forma de las cosas por venir (1933). No obstante, su predicción más valiosa es la de los escenarios que germinan cuando la tecnología intenta imponerse a la naturaleza humana.

Save

Continúa leyendo: Magela Baudoin o la nueva literatura boliviana

Magela Baudoin o la nueva literatura boliviana

Anna Maria Iglesia

Foto: Editorial Navona
Editorial Navona

De padres bolivianos y nacida en Caracas en 1973, Magela Baudoin se define como una “boliviana por elección. Yo elegí ser boliviana”. Siendo muy pequeña dejó Venezuela y se crió “entre libros” en Bolivia: “mi padre era un gran narrador”, recuerda la autora, que confiesa no recordar “si algunos libros los he leído o los he escuchado recitar por mi padre”. Escritora y periodista, Baudoin combina ambas profesiones, aunque en los últimos tiempos la literatura ha adquirido mayor protagonismo, sobre todo a partir de la obtención del Premio García Márquez por La composición de la sal, un libro de relatos que ahora llega a España de la mano de la editorial Navona.

Los relatos de La condición de la sal se construyen, en palabras de Alberto Manguel, a partir de “la inminencia de una revelación que no se produce”. ¿Es consciente de esta lógica de la continuada postergación que rige sus relatos?

No es posible decir que es un ejercicio plenamente consciente, porque esto implicaría que la literatura fuera un acto completamente premeditado y esto no es cierto. Pero seguramente proyecto en mi estética el tipo de lectora que yo soy, una lectora que le gusta el desplazamiento, que le gusta moverse y le gusta pensar mal. Soy una lectora que habita en el escepticismo y que le gusta dejarse estar en la historia. Si alguna imagen para pensar mi propia estética es la de un negativo de una foto, es decir, siempre pienso que mis cuentos son un negativo, que alude y, a la vez, elude una realidad que nunca explica. Aborrezco la literatura explícita.

Magela Baudoin o la nueva literatura boliviana 3
Portada de “La composición de la sal” | Imagen vía Editorial Navona

¿Cree que abunda la literatura explícita?

Hay y no la hay, yo solo puedo decir lo que me gusta hacer. Lo que puedo decir es que para mí el arte es precisamente esto: la posibilidad de que el otro complete el sentido. En este sentido, mi estética no es fácil, sino que obliga al lector a “tomar parte de”.

En sus relatos, el lector debe completar un sentido que usted elude mostrar.

Sí, dialogo mucho con el silencio y, por tanto, con espacios de elusión y quiero que el lector habite y complete estos espacios de la ambigüedad. La falta de concreción tiene que ver con mi diálogo con la poesía. Soy una antigua lectora de poesía y hallo que hay mucha poesía en el cuento, sobre todo en lo referente a la composición de sentido. La poesía es poesía porque anuncia, no muestra. Y, para mí, si algo es mágico y rotundo en la poesía es la posibilidad de construcción de sentido fuera del texto. Trabajo la literatura desde esta perspectiva, pensando la literatura como un viaje compartido y, por tanto, teniendo una fe enorme en la figura del lector.

¿Trabaja desde una perspectiva distinta cuando escribe novela?

En la novela el lugar del lector no cambia, el lector sigue siendo alguien activo, sin embargo, la composición de la novela tiene otra música, una música más lenta, que permite una cadencia, una exploración más profunda, otra respiración. La novela permite una exploración más psicológica e, incluso, más sociológica del mundo. El cuento, por el contrario, es un aparato de potencia y de profundidad que admite muy pocos fallos. El cuento te exige una conciencia plena del arte facto literario.

Lo que aúna todos los relatos de La composición de la sal es la idea de ambivalencia

Efectivamente, probablemente aquello que aúna todos los cuentos es la ambivalencia del habitar, del acaecer. Creo que si alguna unidad tiene el libro es que todos los personajes están siendo, están acaeciendo, se están transformando y torciendo en su espacio vital. Me interesa la ambivalencia, aquello no es ni el blanco ni el negro y, sobre todo, la ambivalencia entre lo bueno y lo malo: la sal puede servir para sanar, pero también para hacer daño –una tortura era poner sal en las heridas abiertas.

Magela Baudoin o la nueva literatura boliviana 2
Magela Baudoin | Imagen vía Editorial Navona

El cuento que da título al libro tiene como trasfondo las ansias de “recuperar el mar”, por parte de la sociedad boliviana, a la que se describe como una sociedad patriarcal.

Exacto. Y por estos dos motivos, este es un cuento particular, porque habla de cómo se quiebra un hombre, algo imposible en una sociedad patriarcal como la nuestra, una sociedad donde es imposible que un hombre se doblegue ante el dolor y no pueda hacer nada más que llorar, si bien llorar es algo muy humano. Al mismo tiempo, el cuento es particular porque el protagonista que no puede dejar de llorar encuentra que la única solución posible para dejar de llorar es algo que para un boliviano es imposible: bañarse en el mar.  Es paradójico que en Bolivia la solución a todos nuestros problemas históricos fuera y siga siendo la recuperación del mar, algo que todos nosotros sabemos imposible. La recuperación del mar es un ideal que, como todo ideal, está muy lejos de cumplirse. Me gustaba jugar con esta doble imposibilidad: la imposibilidad histórica y la imposibilidad vital -la del hombre que se quiebra- en una sociedad como la nuestra.

Si en el relato La composición de la sal se muestra la humanidad de un hombre que se quiebra, en Algo para cenar se nos presenta su opuesto: un niño que desprecia con bastante crueldad a su madre.

Es cierto, aunque el niño lo que hace relacionándose así con su madre es buscarse, buscar quién es. Lo que me interesa en este cuento y en los demás es ver cómo los espacios vitales de la identidad se componen de acuerdo a las circunstancias y cómo estas circunstancias, a veces, te llevan a límites realmente inesperados. Quería explorar cómo cualquiera de nosotros somos capaces de hacer cosas que jamás habríamos imaginado y en esta posibilidad de hacerlo nos revelamos como alguien distinto a lo que nosotros creíamos ser. Y quería indagar sobre la ambivalencia entre lo que creemos ser y lo que somos a partir de los espacios domésticos. Me interesaba indagar sobre cómo nuestra identidad se quiebra en espacios tan sencillos, tan aparentemente definibles como son los espacios de nuestra cotidianidad.

El relato Moebia, donde se describe una cárcel laberíntica, es un explícito homenaje a Jorge Luis Borges.

Borges es, sin duda, uno de mis autores de cabecera. Está siempre a mi lado, sobre todo, su poesía; es un autor al que recurro para sanarme, para expandir el universo, para volver a quien soy. Y Moebia era una exploración de la posibilidad de encontrar un camino donde es imposible encontrarlo; Moebia representa las mil posibilidades de un laberinto y, evidentemente, terminó siendo un homenaje al maestro de los laberintos.

Pero, ¿por qué imaginar el laberinto borgiano como una la cárcel?

Cuando escribo, siempre lo hago, en parte, desde el periodismo: mi ojo periodístico siempre está buscando nuevas historias. Y un día me encontré una historia que me llevó a este relato. Se trataba de la historia de alguien de alguien del mundo de la “normalidad” que llega a abismarse a ese otro –el de la cárcel- y encuentra que ambos mundos se parecen más de lo que hubiera podido pensarse. Los dos espacios se reflejan, funcionan como dos espejos y esta idea del espejo es muy borgiana. En seguida esta historia me llevó a este relato, que nace de una perla de la realidad, de una historia que estaba ahí y me impacto. Normalmente, siempre me sucede así: hay algo de la realidad que me impacta y, entonces, empiezo a explorar y a preguntarme “qué sería sí…”

Magela Baudoin o la nueva literatura boliviana
José Ovejero, Magela Baudoin y Pere Sureda en la presentación de “La composición de la sal” en la librería Laie | Imagen vía Laie

¿La práctica periodística, por tanto, ha influido en tu literatura?

Claro, conscientemente me encuentro siempre espiando la realidad. De todas formas, creo que mi espacio creativo proviene de muchos lugares: del impulso de crear historias, de lo lúdico, de la búsqueda de respuestas, que es el espacio del periodismo, y también del dolor, es decir, ese espacio desde el cual respondo a mis fantasmas. A partir de estos espacios creo mi poética, a veces planteando un mero juego y, a veces, buscando respuestas a preguntas que vienen de historias que encuentro en la realidad o que son más personales. Como diría Alicia, escribo para preguntarme quién soy y a dónde voy.

¿Cuál es la formación literaria de Magela Badouin?

Es una hermosa pregunta, porque yo tuve una educación sentimental muy clásica: mi abuela era muy lectora y mi padre era muy narrador, me leía los clásicos y en mi infancia habité junto a Dumas, Salgari, con la poesía de los simbolistas, pero también con Jane Austen y las hermanas Bronte. En la adolescencia, llegó inevitablemente Herman Hesse y, a partir de ahí, mi búsqueda literaria me fue llevando por distintos caminos. Los autores del Río de la Plata están obviamente presentes, están ahí Cortázar, Arlt, Borges, Laiseca… Sin embargo, junto a todos ellos, está también la literatura norteamericana, sobre todo, la literatura sureña con autores como Faulkner, Flannery O’Connor, Carson McCullers y Hemingway. Si te fijas, se trata de narrativas que incorporan un lector escéptico, un lector que interviene e interpreta lo que está pasando.

En su formación, se combinaron una literatura metaliteraria con una literatura más arraigada a lo real y al detalle de lo real.

Efectivamente, ahí están los autores del Río de la Plata y ahí está también la poética del detalle de Chejov. No es una mezcla consciente, pero sí es cierto que son dos marcas importantes en mi poética. Si me preguntan de quién soy hija, diría que conscientemente soy hija de Chejov, pero inconscientemente me cruzan muchos autores

¿Cómo ve actualmente la literatura boliviana?

Yo creo que la literatura boliviana está en un momento muy interesante y, de hecho, está concitando la atención internacional. Hoy parece que la literatura boliviana ha querido saltar su insularidad para mostrarse finalmente sin complejos y, ahora, está siendo descubierta como lo que es: una literatura plenamente singular, de una fuerza muy importante y que dialoga, por una parte, con lo local y, por otra parte, con lo global. Encontramos, entremezclados, escritores realistas, escritores que dialogan con lo fantástico y escritores que dialogan con la ciencia ficción; todos ellos están contando un país que, de alguna manera, sigue anclado en el tiempo, pero también conectado en el tiempo.

Acaba de recibir el Premio García Márquez, a través del cual ahora publica en el mundo literario español. ¿Cómo vive esta experiencia literaria-editorial?

Alcanzar un premio tan importante como el García Márquez no deja de ser una sorpresa, no deja de ser una retribución del azar que una no termina de creer, sobre todo porque García Márquez era un luminoso cuentista, de los más grandes que hubo.  Por lo que se refiere a publicar en España, es como completar un recorrido, que ha tenido este libro a partir de la obtención del Premio. España es el octavo país donde se publica La composición de la sal y publicar aquí abre una senda que espero sea fructífera. España sigue siendo un norte importante en las letras hispanoamericanas y, para un autor boliviano, el hecho de que un libro salga de Bolivia es algo de por sí muy importante.

¿Considera que Bolivia es un país literariamente cerrado?

Sí, porque históricamente Bolivia ha estado fuera del circuito literario internacional a pesar de tener importantísimos autores, como Ricardo Jaime Freire que, junto a Darío y Lugones, fue el padre del modernismo, o Fran Tamayo o Elda Mundi, que fue una vanguardista tremenda. Y así puedo citar muchos más autores, como por ejemplo Augusto Céspedes, un gran autor de relatos muy poco conocido. Todos estos autores han quedado circunscritos a un territorio bastante incomunicado; afortunadamente esta incomunicación se ha ido rompiendo y, como te decía, el territorio hoy está más presto a comunicarse con su entorno internacional y, por tanto, la literatura boliviana está hoy más expuesta, despertando una curiosidad importante.

Continúa leyendo: El Señor de las Moscas y las sombras que hereda el siglo XXI

El Señor de las Moscas y las sombras que hereda el siglo XXI

Romhy Cubas

Foto: IMDB
IMDB

Tal vez haya una bestia… Tal vez  solo somos nosotros
― William Golding, El Señor de las Moscas

Últimamente, la civilización concebida por lo franceses en la época de la ilustración como una vía hacia el progreso material, intelectual y social, como remedio contra la guerra, la esclavitud y la miseria, como respuesta a la barbarie y fase última del proceso cultural, parece una quimera. Las normas comunes que con el paso de las décadas han intentado establecer un sistema “inclusivo” y que han devenido, no sin sangre, sudor y lágrimas en la supuesta integración y por ende censura de xenofobias humanas en sus infinitas formas, han demostrado ser simplemente eso: políticas que aquietan los odios hasta que estos se cansan de disimular.

Solo se necesita un dirigente que sugiera comodidad con los extremismos, o un episodio que ponga en evidencia la vulnerabilidad de los modernismos para que los “civilizados”  retornen a ese arquetipo que el psicólogo Carl Jung describió como la “sombra”.  

‘‘Esa personalidad escondida, reprimida, y en su mayor parte inferior y llena de culpa cuyas últimas ramificaciones se extienden hacia los linajes de nuestros ancestros animales, por ende comprendiendo el aspecto histórico total del inconsciente”.

¿Qué tiene que ver todo esto con El Señor de las Moscas y William Golding?

Precisamente hace 63 años que el autor británico escribió una de las ficciones más gráficas y acertadas para ilustrar los roles antagónicos entre la civilización y la naturaleza humana. Seis décadas después tenemos celulares que se desbloquean con la mirada y carros que no necesitan de un conductor para circular, sin embargo, el factor humano no ha cambiado. Hay odios y estados naturales que la ingeniería no ha logrado controlar.

Golding, quien a menudo lidia en su obra con el problema del mal y el planteamiento de este como la ausencia de culpa e inocencia, obtuvo el Premio Nobel de literatura en 1983 por la trayectoria de su obra. El Señor de las Moscas publicada un 17 de septiembre de 1954 fue su primera novela, además de un éxito inmediato.

Inspirado ampliamente por la novela victoriana La isla de Coral -1858- de Robert Ballantyne, en  donde un grupo de jóvenes náufragos sobreviven organizándose de acuerdo a los esquemas sociales de la época, Golding construyó un relato de supervivencia. En su caso los protagonistas son un grupo de niños británicos cuyo avión se estrella en una isla inhabitada, y para quienes la mayor ausencia es la de los adultos y sus reglas.

A manera de experimento Golding, quien daba clases en el instituto Bishop Worsworth en Salisbury –Inglaterra- enfrentó en varias sesiones a sus alumnos dividiéndolos en pandillas territoriales. De sus diarios y de aquella “prueba” se cree que pueden haber surgido personajes como Ralph y  Jack, las contrapartes principales del libro.

El Señor de las Moscas y las sombras que hereda el siglo XXI 4
Portada de la novela de William Golding | Imagen vía: Alianza Editorial

Cerdos, bestias y humanos

Escrita con la inevitable retentiva de un  sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial moldeado por sus experiencias bélicas, convencido de la maldad intrínseca del ser humano en El Señor de las Moscas Golding básicamente relata un hilo muy parecido al planteamiento de Camus cuando centra su concepto del mal en cuestiones como la rebelión y el asesinato. Para Camus el mal se relaciona directamente con cualquier obstrucción a la solidaridad entre las personas –es decir, reconocimiento de derechos y cierta empatía en el acto de rebelión-. William Golding plantea una situación similar en su isla infantil, en donde los pequeños comienzan a actuar violenta e irracionalmente a medida que aquella solidaridad inicial anclada en una caracola de mar y una elección “democrática” se desintegra.

Y como en toda aventura honorable en esta también existe un monstruo, una bestia escondida en la isla que nunca termina de aparecer pero cuya presencia crece a medida que crece la rivalidad y el odio en el grupo, a medida que los niños se pintan las caras y se deshacen de sus ropas; mientras bailan alrededor de la hoguera y cazan jabalíes. Golding percibía la creencia en esta “bestia” como un punto de inflexión en el viaje de los chicos desde la civilización hacia la raíz del instinto humano: “El mundo, ese mundo comprensible y lícito, se estaba escapando”, escribe.

No es coincidencia la cabeza de jabalí que encuentra Simon en el bosque. Descompuesta, chorreante de sangre y cubierta de moscas, el animal inerte se hace llamar  El Señor de las Moscas y se burla de los niños por creer que La Bestia es una criatura que puede ser cazada. Así como la “sombra” inseparable de la “persona” en los arquetipos de Carl Jung, la fiera de El Señor de las Moscas está en todas partes.

El Señor de las Moscas y las sombras que hereda el siglo XXI 1
Adaptación teatral del Outcry Youth Theatre de la novela El señor de las moscas | Imagen vía: Broadlyworld

La rebelión de las chicas

Sobre sus intenciones al escribir el libro, Golding ha explicado que de todas las interpretaciones posibles que han surgido de su novela la más importante es la personal. “La única elección que importa, la única interpretación del relato que cuenta, si quieres tener una, es la tuya. No la de tu profesor, ni la mía, ni la de la crítica. (…) Lo que existe en un libro no es lo que el autor supone que plasma en él, sino lo que el lector percibe de este”, sostuvo en el pasado con respecto a este punto.

Para Golding “la moral que moldea la sociedad debe depender de la naturaleza ética del individuo y no de un sistema político, por muy lógico y respetable que este parezca”. Tal vez la única sugerencia difícil de ignorar reside en el hecho de que la naturaleza bruta, la sombra o el mal pueden levantarse una y otra vez exponiendo la fragilidad de la civilización ante las potenciales islas inhabitadas contra las cuales se pueda estrellar.

Otra de las dudas que surgen de la novela de Golding es que además de la inexistencia de adultos se presenta la ausencia del género femenino. La pérdida de la inocencia y la brutalidad del ser humano -indiferentemente de la edad- en el libro es cuestión exclusiva de los varones. A este detalle los directores Scott McGehee & David Siegel han respondido con un proyecto para grabar una nueva versión de El Señor de las Moscas. El giro principal: esta vez la isla remota estará habitada únicamente por chicas.

Pero más allá de las opiniones contrarias que pueda generar la nueva adaptación, Golding ya se había referido al porqué de esta ausencia. El escritor reconoció que cuando la idea del relato surgió y sentado junto al fuego en su casa  le comentó a su esposa que quería escribir un libro sobre niños en una isla, sobre sus posibles comportamientos y sus conductas infantiles no exentas de maldad, como usualmente sucede en los libros para niños,  no pudo concebir las bajezas de la sociedad en un grupo de niñas, más si de niños. Además, pequeño detalle, Golding recuerda “yo fui niño una vez, nunca he sido niña”.  

El Señor de las Moscas y las sombras que hereda el siglo XXI
Fotograma de la adaptación cinematográfica de El señor de las moscas (1963) | Imagen vía: Youtube

También está el elemento sexual. El escritor dejó claro en vida que era “evidente que las mujeres son superiores a los hombres”, eliminando tal vez la punta de lanza que algunos le quisieron arrojar en contra de la igualdad de géneros. No obstante, para Golding incluir una partida mixta de niñas y niños en el libro sugiere el trasfondo sexual, y en sus palabras “el sexo es algo demasiado trivial” para darle protagonismo en una historia como El Señor de las Moscas, en donde el mal y la toxicidad del ser humano se pelean por el foco de atención.  

Hacia el final de su vida, Golding se rehusó a revisar de nuevo el manuscrito de su primera y más celebrada novela.  En su diario confiesa que abominaba el libro porque básicamente se odiaba a sí mismo, llamándose un “monstruo” y demostrando demasiados escenarios comunes entre sus ficciones y sus infiernos personales.

Junto a la inevitable y atemporal afirmación de Joyce Carol Oates “somos bestias y ese es nuestro consuelo”, El señor de las moscas se presenta como un experimento sociológico en donde sin importar la época o el lugar la esencia humana, animal, o ambas se proyectan entre cultos, conflictos, estratos, culturas y religiones.  

La sombra de Jung, el mal de Camus, la bestia de Golding, todos son tan universales como el instinto de supervivencia y la “civilización” detrás de la cual simulan dormir, hasta que simplemente se aburren de fingir.

TOP