Hola, ¿qué estás buscando?

de resultados

No se ha encontrado ningún resultado

Ver más

Asgardia, el país espacial que quiere ser real

María Hernández

Ser ciudadano del espacio parece algo imposible, como de ciencia ficción. Pero Igor Ashurbeyli, fundador del Centro Internacional de Investigación Aeroespacial y miembro del Comité de Ciencia del Espacio de la UNESCO, ha decidido hacerlo posible. Este prestigioso científico ha creado Asgardia, una nación que estará situada fuera del planeta Tierra. Concretamente, será una estación espacial que, a pesar de estar flotando en el espacio, puede obtener el reconocimiento de nación independiente. Su nombre proviene de Asgard, un mundo de la mitología nórdica gobernado por el dios Odín y su esposa Frigg.

El país será un satélite espacial que aspira a obtener el título de nación independiente (Foto: Handout/Reuters).
El país será un satélite espacial que aspira a obtener el título de nación independiente (Foto: Handout/Reuters).

Su intención al crear Asgardia es asegurar que el futuro del espacio es pacífico y que está hecho para el beneficio de la humanidad: “La esencia de Asgardia es la paz en el espacio, y la prevención para que los conflictos de la Tierra no sean transferidos al espacio”, explica su creador. Con este proyecto de nación, que pretende obtener la aprobación de Naciones Unidas, Ashurbeyli quiere crear un espacio donde la investigación científica no tenga límites.

Asgardianos del mundo

Este original país, que anunció su propuesta de creación el pasado 12 de octubre, ya está buscando ciudadanos. Cualquier persona del mundo que sea mayor de edad puede convertirse en ciudadano del espacio exterior a través de una simple solicitud online. Una vez revisadas las solicitudes, aquellos cuya petición haya sido aceptada recibirán un documento oficial certificando que son asgardianos.

Asgardia consiguió 240.000 solicitudes de ciudadanía en solo tres días (Foto: asgardia.space).
Asgardia consiguió 240.000 solicitudes de ciudadanía en solo tres días (Foto: asgardia.space).

Y no sabemos si por la voluntad de apoyar la ciencia, o por las ganas de formar parte de una comunidad internacional y multicultural, el caso es que no son pocos los que quieren formar parte de este proyecto: en solo tres días, Asgardia ya tenía 240.000 solicitudes de personas de todo el mundo dispuestas a convertirse en uno de sus ciudadanos. Tantas fueron las que llegaron en los próximos días, que en tan solo dos semanas Ashurbeyli decidió pausarlas durante un tiempo para poder revisarlas antes de aceptar nuevas peticiones para unirse al que parece que será un país muy poblado.

“En solo tres días, Asgardia ya tenía 240.000 solicitudes de personas de todo el mundo dispuestas a convertirse en uno de sus ciudadanos”

De momento, Asgardia es solo un proyecto y, por tanto, es una nación ficticia. Pero su creador quiere conseguir que sea real. Así, si Naciones Unidas aprobara esta propuesta, aquellos que quieran ser asgardianos tendrán que ver si su país permite una doble nacionalidad y, si es así, contarán también con un pasaporte espacial.

Una nación creada por todos

Pero no es la aprobación de la ONU lo único que Asgardia necesita para convertirse en una nación. También necesita una bandera, un himno nacional y, por supuesto, gente que dedique horas de su tiempo a organizar y coordinar a sus ciudadanos, sus propuestas y proyectos. Y es por eso que desde su página oficial y su página de Facebook, los asgardianos ya se han puesto en marcha con varios concursos, a los que se ha presentado gente de distintas nacionalidades, con la intención de darle forma a este país tan heterogéneo. De momento, hay cinco concursos en los que los que gente de todo el mundo está aportando sus ideas: banderas, insignias, eslóganes, himnos y saludo tradicional.

further asgardia espacio
Aunque los asgardianos vienen de lugares muy distintos, con culturas e idiomas diferentes, todos parecen entenderse en inglés a través de sus redes sociales. En Facebook, por ejemplo, un grupo de voluntarios proporciona la información necesaria a todos aquellos que han solicitado la ciudadanía o que quieran participar de alguna forma en este original proyecto. Esto se trasladó poco más tarde a más de cien foros oficiales en los que los asgardianos pueden discutir sobre temas muy variados con la intención de contribuir a la creación de una comunidad internacional en la que se unen culturas de todo el mundo.

Un gobierno espacial

El país estará gobernado por doce ministerios: ciencia, espacio, juventud y educación, ciudadanía, integración, información y comunicación, asuntos exteriores, comercio, economía, seguridad, justicia y un último que será elegido basándose en las sugerencias de la comunidad. Será el científico quien proponga a los candidatos para estos puestos, que se decidirán en las primeras elecciones, planeadas para junio de 2017.

“Independientemente de si el proyecto sale adelante o no, Ashurbeyli ya ha conseguido que miles de personas quieran ser asgardianos”

Aunque aún no hayan obtenido el reconocimiento oficial de la ONU, los asgardianos se están organizando políticamente para que todos sus ciudadanos tengan una representación. Hasta que esto ocurra, el fundador de Asgardia está pidiendo permiso para negociar en nombre de aquellos que ya han obtenido la ciudadanía: “Solicitamos a los asgardianos a que autoricen al Dr. Ashurbeyli para representar a Asgardia en todas las negociaciones pertinentes”, dice el email que todos han recibido.

Los asgardianos proceden de diferentes partes del mundo (Foto: asgardia.space).
Los asgardianos proceden de diferentes partes del mundo (Foto: asgardia.space).

Además, aunque aún no se sabe dónde estarán repartidos exactamente estos ministerios y el gobierno en general, sí se sabe que tendrá representación en varios países. El mayor número de solicitudes para convertirse en asgardianos procede de China, seguido de Estados Unidos y Turquía. En España también hay un buen grupo de gente que ansía tener otra nacionalidad: más de 12.000 personas esperan convertirse pronto en ciudadanos del espacio exterior.

Independientemente de si el proyecto sale adelante o no, Ashurbeyli ya ha conseguido que miles de personas quieran ser asgardianos. Por tanto, aunque solo sea un poquito, este científico ha logrado expandir su interés por la ciencia y el espacio a personas del mundo entero. Pero, sobre todo, lo que Asgardia ha conseguido es que miles de personas que, aparentemente, no tenían nada en común, se unan para llegar a una meta común, para crear una comunidad de la que todos forman parte y, lo más importante, que ha partido de cero. Así, sin más norma que la de respetarse unos a otros, Asgardia ha comenzado la carrera hacia la conquista del espacio exterior.

Desatinos de Bruselas

Valenti Puig

Foto: FRANCOIS LENOIR
Reuters

La aberrante escenificación de la troika de la Comisión Europea aterrizando en Grecia, en plena convulsión económica para revisar las cuentas, es uno de esos errores de cálculo que el europeísmo oficialista perpetra demasiado a menudo. Si las normas –como es el caso- la capacitan para revisar las contabilidades nacionales en razón de riesgo o préstamo, la Comisión tiene el derecho y el deber de hacerlo pero, ¿no había otro modo que enviar a tres tecnócratas vestidos de negro y con samsonite? Tal vez eso generaba más aversión al proceso de integración entre la ciudadanía afectada por la crisis y, todo sea dicho, arruinada por la gestión del gobierno griego, un clásico en el incumplimiento de las normas comunitarias.

Un desatino más reciente ha sido la felicitación de Jean-Claude Juncker a Macron por su victoria en la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas. El rol de Juncker consiste en felicitar a quien acabe siendo elegido definitivamente en la segunda vuelta. Si como hipótesis improbable imaginamos la llegada de Marine Le Pen al Elíseo, ¿cómo saludarle cuando has manifestado ostensiblemente y de modo institucional tu preferencia por Macron? Incluso con esta salvedad, un desatino similar es llamar antieuropeos a quienes han votado por Le Pen. En otra circunstancia, la consumación del Brexit dejaría Gran Bretaña fuera de las instituciones europeas pero no significa que los euroescépticos no sean ciudadanos de Europa.

Esta decantación de Bruselas es tan asombrosa como cuando, dados los postulados derechistas de Haider en Austria, se dijo de modo reiterado que eso requería expulsar a los austríacos de la Unión Europea. No era así. En realidad, Haider sigue en Austria y Austria sigue en la Unión Europea. Si Le Pen llegase al Elíseo el efecto sería catastrófico entre otras cosas por su negación del euro, pero no le corresponde a Juncker felicitar a Macron y sus votantes antes de saber los resultados del ballottage. Es más: esos parabienes pueden favorecer a Le Pen porque a casi nadie le gusta que desde Bruselas le digan cómo votar.  Todo eso corresponde a un europeísmo institucionalizado que no está a la altura de los tiempos, a diferencia de cuando -hace ahora sesenta años- Schumann impulsó el Tratado de Roma dando paso a un proceso de integración europeo que hoy tiene desencantados a sectores de la ciudadanía europea. Gran parte de la crisis europea corresponde ciertamente a la aparatosa distanciación entre la clase política –especialmente el microcosmos de Bruselas- y los que todos los días intentan sobrevivir pisando la calle y con el sueldo devaluado.

Flatulencia política

Daniel Capó

Foto: Ballesteros
EFE/Archivo

Leo en la Wikipedia que las ventosidades se componen en su mayor parte de nitrógeno, hidrógeno, dióxido de carbono, metano y oxígeno, y que su característico mal olor se debe a una proporción muy reducida de ese conjunto de gases –inferior al 1 %–, formada por distintos compuestos del azufre y del ácido butírico. Diríamos que las flatulencias no matan, pero sí incomodan e importunan, e incluso, en raras ocasiones, pueden ser el síntoma de alguna afección más grave. Como metáfora –Dante hablaba del culo como trompeta– sirve para ilustrar el estado político de nuestro país mejor que otras ocurrencias de brocha gorda con las que topamos a menudo. Me temo que, sin un barniz de humor, el uso de la escatología conduce a alguna que otra modalidad de mesianismo mal entendido.

Los continuos casos de corrupción que nos asedian desde hace años –el último, el que afecta al PP madrileño con la operación Lezo– vendrían a ser algo parecido a una digestión difícil. Y su pestilencia invita a creer que nos hallamos ante una especie de enfermedad terminal del sistema para la que no hay solución viable. Así, los profetas del apocalipsis definen España como un Estado fracasado y hablan de la corrupción endémica de los partidos y de la necesidad de superar el “régimen del 78”. Sin embargo –y a las pruebas me remito–, también cabe hacer la lectura contraria: las instituciones funcionan, la economía se recupera, hay debate parlamentario, los partidos buscan lentamente  adaptar y modernizar sus discursos y, por supuesto, se consolida el relevo generacional. En realidad, y a pesar del potente hedor de los gases de la corrupción, la historia de éxito de la España democrática –con todas sus imperfecciones– no es, ni mucho menos, desdeñable.

El lado desconocido de Amancio Ortega

Redacción TO

Foto: Iago Lopez
AP

Amancio Ortega es el segundo hombre más rico del mundo. Pero el dato es susceptible de cambiar en cualquier momento, porque la lista de millonarios que históricamente elaboraba solo de forma anual la revista Forbes se ha convertido ahora en una moderna clasificación en tiempo real y, como ya titulaba la propia publicación hace unos meses, “lo que fácil viene, fácil se va. Amancio Ortega y Bill Gates se turnan la posición de hombre más rico del mundo”. Porque el pasado septiembre, ambos intercambiaron el título en al menos cuatro ocasiones. Un mano a mano que hizo que durante las horas que duraron los dos sorpassos de Inditex, el gallego se convirtiera en la persona más acaudalada del planeta.

La mediática economía del padre de Zara contrasta con una vida discreta en La Coruña, donde vive con su segunda esposa, Flora Pérez Marcote. No concede entrevistas. No se ha escondido nunca pero tampoco se ha expuesto más de lo esctrictamente necesario. Así, nunca ha publicitado personalmente su lado filantrópico, plasmado en la fundación que lleva su nombre, cuyo objeto social es favorecer “el desarrollo de las personas”, según la propia web de la entidad.

Este reto se concreta en el trabajo en cuatro áreas: Cultura educativa (“Impulsando el cambio con el uso de nuevos instrumentos educativos y favoreciendo el acceso al conocimiento”), Infancia y juventud (“Situando a los estudiantes en el núcleo del proceso del aprendizaje potenciando sus habilidades”), Apoyo social (“Contribuyendo a encaminar las iniciativas de instituciones dedicadas a los sectores menos favorecidos”) y Sociedad/Personas (“Mejorando la calidad de vida de los beneficiarios, y facilitando soluciones, desde la igualdad de oportunidades”). O lo que es lo mismo: dar cantidades millonarias a la Seguridad Social.

Lucha contra el cáncer

Fue lo que hizo el pasado 29 de marzo, cuando anunció la donación de 320 millones de euros a la sanidad pública “para la adquisición de 290 equipos de última generación” para luchar contra el cáncer. El programa se había iniciado en Galicia y Andalucía y se extendió el mes pasado al resto de las Comunidades Autónomas.

Y la salud no es el único tema en el que trabaja la fundación del multimillonario. Cada año concede 80 becas a estudiantes gallegos y otras 420 a alumnos del resto de España para estudiar 1º de Bachillerato en Estados Unidos y Canadá. Los requisitos son estudiar 4º de ES0, tener una media igual o superior a 7 y una nota mínima de 8 en inglés en 3º de ESO, y no haber estudiado un curso en el extranjero previamente.

Las redes sociales resuenan cada vez que la Fundación Amancio Ortega anuncia una nueva donación. Por un lado, hay quienes aplauden al empresario por actuar como un filántropo y destinar millones de euros a causas sociales. Por otro, nunca faltan los críticos que opinan que se trata de una fachada para tapar las supuestas irregularidades fiscales del grupo que dirige.

La loción de censura de Pablo Iglesias

Gorka Maneiro

A pesar de todo el ruido mediático que acompaña cada representación teatral de Pablo Iglesias, esta vez le ha vuelto a salir el tiro por la culata. Algunas de sus decisiones son tan torpes, que he llegado a pensar que el actual líder supremo de la formación morada tiene como firme propósito perjudicar gravemente a Podemos, desprestigiarlo y que, con el pasar del tiempo, termine perdiendo su fuerza inicial y toda la credibilidad de la que gozaba. A veces ocurre: a veces los líderes, rodeados de una cohorte de palmeros y libres de todo aquel que ose llevarle la contraria, toman decisiones incomprensibles que solo entienden o los muy despistados o los de su propia secta.

Ya sabemos que en política todo es discutible y que hay o puede haber distintas fórmulas para desplegar una determinada estrategia comunicativa y lograr un objetivo político. Y ya sabemos también que el marketing y la propaganda son consustanciales a la actividad política… salvo que uno pretenda lograr el apoyo ciudadano y cambiar el país a base de proposición no de ley registrada en el parlamento que corresponda. Pero es que resulta que, en este caso, y en algunos otros bastantes casos anteriores, Pablo Iglesias vuelve a errar en aquello en lo que más ha destacado: la propaganda para llamar la atención de los medios y de los ciudadanos… y salir fortalecido. Y en lugar de salir fortalecido como consecuencia de una jugada que ponga en un brete al gobierno de turno o a sus rivales políticos, sale profundamente tocado. Porque se está equivocando en las formas… y en el fondo.

En el caso de la moción de censura presentada por Pablo Iglesias, se condensan todos los atributos del líder carismático venido a menos: obviando por completo a parte de los diputados de su propio grupo, presenta ante la opinión pública una supuesta moción de censura contra Rajoy y su gobierno sin disponer de candidato alternativo que haya sido pactado con aquellos a los que necesita para sacarla adelante, sin mayoría absoluta y sin programa de gobierno que sustente la iniciativa. De tanto querer salir en los medios para, seguramente, tapar sus problemas internos y el último ridículo protagonizado por Irene Montero, se olvida que si sales a los medios sin contenido y solo con continente (o ni eso), es decir, desnudo políticamente, el ridículo puede ser de órdago… por mucho que goces del trato condescendiente de muchos de ellos.

Una moción de censura es una cosa seria pero es que una cosa seria lo es la propia actividad política, hoy convertida en un instrumento para el postureo y el espectáculo circense por muchos de nuestros representantes políticos. Hoy Pablo Iglesias y Podemos vienen a convertirse en uno de los actores principales que la desprestigian… en lugar de regenerarla con todos sus 71 diputados presentes en el Congreso de los Diputados, nada menos. Quién los tuviera. Y, consecuencia de su efectista pero ineficaz acción política y propagandística, en lugar de fortalecer una posible alternativa al Gobierno de Rajoy… lo que logra es fortalecer al propio gobierno. Y lo hace justo ahora en el que se acumulan las razones de todo tipo para sustituirlo. Por cierto, la moción de censura contra Mariano Rajoy y el PP se presentó hace un año… y Pablo Iglesias y Podemos votaron en contra.

La alternativa a un gobierno conservador o conservador-liberal cuando llegue no son laslociones de censura, los selfies o los tuits más o menos ingeniosos pero en el fondo inofensivos sino una propuesta política progresista que sepa emplear, claro que sí, las nuevas formas de comunicación política, sea cercana a los ciudadanos y despliegue un amplio abanico de propuestas políticas progresistas en las instituciones.

Antes o después, esa alternativa llegará.

TOP