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Así es ser minimalista y vivir solo con lo esencial

María Hernández

Foto: Thomas Peter
Reuters

Acumular posesiones que realmente no necesitamos es algo que forma parte de la sociedad en la que vivimos. Ropa que solo nos ponemos un par de veces, artículos de decoración que nunca llegamos a poner en casa o libros que nunca leemos son solo algunos ejemplos de todo aquello que adquirimos por mero capricho, que acaba en nuestras casas sin otra función que la de ocupar espacio y acumular polvo.

Los minimalistas tratan de alejarse de este estilo de vida, desprendiéndose de una gran parte de sus propiedades y viviendo tan solo con lo que verdaderamente necesitan, lo mínimo e imprescindible.

Algunos de ellos han decidido compartir su experiencia a través de sus blogs, donde explican por qué han decidido vivir tan solo con lo que es esencial en su vida y cómo afecta esta decisión a su vida diaria.

Pero el minimalismo no se aplica solo a las posesiones materiales, sino que afecta también a otros aspectos como las relaciones personales o el uso de redes sociales y medios de comunicación.

¿Qué es exactamente el minimalismo?

“Aunque después cada uno lo interpreta a su manera, la base del minimalismo es identificar qué es lo esencial en tu vida y eliminar o reducir aquello que no es”, nos explica Bosco Soler, autor del blog Filosofía Nómada, que aplica esta filosofía en su vida desde hace varios años.

Así es ser minimalista y vivir solo con lo indispensable
Bosco hizo un viaje de nueve meses con las cosas que le cabían en una mochila. | Foto: Bosco Soler

Aunque cada uno lo interpreta a su manera, en lo que sí coinciden quienes lo practican es en que es una filosofía de vida, y no un comportamiento que se lleva a cabo para conseguir un objetivo final.

“Esta manera de concebir la existencia se plantea como respuesta o alternativa al estilo de vida consumista predominante en la sociedad occidental, en la que se identifica la felicidad con la posesión de objetos”, explica Luis José Sánchez, que también comparte su experiencia como minimalista a través de su blog Mínimo.

Sin embargo, aunque el minimalismo es una manera de vivir, también puede ser muy útil como herramienta para adquirir ciertas habilidades o conseguir objetivos a corto plazo, pues deshacerse de posesiones materiales tiene efectos inmediatos en acciones cotidianas como ordenar, limpiar o incluso al hacer viajes.

¿A qué se aplica?

Esta filosofía de vida se suele asociar con lo material, con las cosas que acumulamos a lo largo del tiempo y que no utilizamos o no necesitamos. Sin embargo, no solo se aplica a las posesiones, sino que también es una forma de gestionar las relaciones sociales o la cantidad de información que recibimos a diario.

“En primer lugar, un minimalista tiene menos posesiones que alguien que no lo sea y, en segundo lugar, tiene menos cosas en la cabeza porque se enfoca en lo importante y evita la ‘infoxicación’ o exceso de información que nos llega por todas partes”, explica Luis José.

Así es ser minimalista y vivir solo con lo esencial
El armario de un minimalista puede estar formado por tan solo las prendas indispensables. | Foto: Thomas Peter/ Reuters

Un ejemplo de esta gestión de la información es el hecho de que los minimalistas se suelen deshacer de la televisión. “Consumir información solo porque está ahí no añade ningún valor”, nos explica Valentina Thörner, considerada una experta en minimalismo y hábitos de vida saludables. “Nosotros por ejemplo no tenemos televisión, pero sí tenemos un proyector para ver películas seleccionadas”, añade.

Con las personas es más complicado aplicar esta forma de vida, “porque hay gente que no puedes eliminar de tu vida”, explica Valentina. Sin embargo, sí que se pueden poner ciertas normas para no perder tiempo con gente que no aporta nada a nuestra vida, cómo no hablar con ellos de ciertos temas.

Esto se aplica también a las redes sociales. “Las redes sociales son herramientas, son útiles o inútiles dependiendo de la persona que las utilice”, opina Valentina, que explica que un minimalista, por ejemplo, reduce su lista de amigos en redes como Facebook a aquellos con los que mantiene conversaciones de forma habitual.

¿Qué aporta?

La primera aportación y la más obvia es el ahorro de espacio. Tener menos cosas hace que optimizar el espacio sea mucho más fácil. “Abre espacio y energía”, dice Valentina. “Si todo lo que te rodea lo utilizas o está ahí porque lo quieres ahí, al tener las cosas presentes, les sacas mucho más provecho”, explica.

Esto lleva también a un ahorro económico, así como de tiempo, pues “dejas de perderlo y de gastar dinero en cosas menos importantes, ya que el dinero es tiempo trabajado”. Ser minimalista “implica tener menos gasto tanto en tiempo como en dinero porque las cosas necesitan de cuando en cuando nuestra atención para limpiarlas, ordenarlas y mantenerlas en buen estado de uso”, explica Luis José.

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Luis José hizo el Camino de Santiago con lo que le cabía en los bolsillos y una riñonera. | Foto: Luis José Sánchez

Algo quizás menos obvio que aporta esta filosofía de vida, pero también muy importante, es la “paz mental, menos preocupaciones, menos decisiones”, opina Bosco, que explica que el minimalismo también significa libertad. “Cuanto menos posees, menos cosas te anclan a un lugar y, por tanto, más sencillo es cambiar de entorno si surge la oportunidad”.

Consejos para iniciarse en el minimalismo

Ser minimalista implica vivir con las cosas que realmente son necesarias y deshacerse de aquellas que no necesitamos o usamos. Sin embargo, cada persona es un mundo y, por tanto, cada uno lo aplica de maneras y niveles diferentes.

Para aquellos que quieran iniciarse en el minimalismo, los bloggers recomiendan algunos retos, como el proyecto 333 o el reto 30-30.

El proyecto 333 consiste en vivir durante tres meses con tan solo 33 prendas de ropa. “Este tiene la gran ventaja de que es asumible y no es demasiado restrictivo”, explica Valentina, su creadora. “Además, no tienes por qué decirle a nadie que lo estás haciendo, porque no se nota”, añade.

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El proyecto 333 es asequible por su corta duración. | Foto: Valentina Thörner

El reto 30-30 consiste en desprenderse de algo material cada día durante 30 días. Otro, más restrictivo, consiste en pasar un mes con tan solo seis prendas.

Pero realmente, el minimalismo es algo tan personal que cada uno puede plantearse sus propios retos. “Uno mismo le puede echar imaginación y plantearse su propio reto o experimento minimalista. Por ejemplo, en su día me planteé el reto de hacer el Camino de Santiago sin mochila, llevando lo imprescindible en los bolsillos y en una pequeña riñonera”, explica Luis José.

La gente suele empezar con las posesiones materiales, para seguir después con el resto. “Yo recomiendo empezar por la ropa (…). Si una prenda no te favorece, no te la quedes”, dice Valentina.

Pero, sea como sea el inicio en el minimalismo, lo importante es decidir cuáles son las cosas que verdaderamente aportan algo a nuestra vida. “Mi consejo es que dediques un tiempo a conocerte para identificar cuáles son sus prioridades y qué cosas ayudan a lograr sus objetivos”, recomienda Bosco.

Continúa leyendo: ¿Cada cuánto deberías lavar las toallas de tu baño?

¿Cada cuánto deberías lavar las toallas de tu baño?

Redacción TO

Foto: David Cohen
Unsplash

Las toallas sucias tienen todo tipo de microbios y es imposible mantenerse plenamente aislado de ellos. Con todo, limpiando las toallas con frecuencia puedes combatirlos y evitar, así, el riesgo de sufrir infecciones. Porque, nada más lejos de la realidad, las toallas son un nido de bacterias y cada vez que te secas con ellas estás trasladándolas a tu cuerpo.

Aun así, se hace complicado vivir con tranquilidad sabiendo que las toallas son un hábitat perfecto para los gérmenes por estar húmedas, ser absorbentes y permanecer en lugares cálidos, por no mencionar que no suelen recibir la luz del sol. Podríamos decir incluso que el baño no es el lugar más adecuado para una toalla, pero es para el que está destinado. Charles Gerba, microbiólogo de la Universidad de Arizona, asegura que en ellas conviven bacterias que pueden acarrearnos infecciones y enfermedades.

De acuerdo con uno de sus últimos estudios, el 90% de las toallas examinadas presentaban bacterias coliformes, que suelen encontrarse en grandes cantidades en las heces humanas y animales. Asimismo, el 14% tenían la conocida bacteria E. Coli. Gerba reconoce a Newsweek que, cuando no nos lavamos las manos a conciencia y luego las pasamos por la toalla, dejamos bacterias que son peligrosas para nuestro organismo. “Después de dos días, secarse la cara con la toalla de mano supone recibir más E.coli que metiendo la cabeza en el inodoro”, dice el experto en la revista Neewsweek.

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Foto: Jason Briscoe/Unsplash

Emily Martin, profesora asociada de Epidemiología en la Universidad de Michigan, resta importancia a las apreciaciones de Gerba. “Nuestros cuerpos están adaptados para ser capaces de vivir en un entorno rodeado de microbios”, explica. Con todo, el riesgo de contagio de enfermedades a través de las toallas es real.

Un estudio publicado en The New England Journal of Medicine desveló que el brote de SARM –Staphylococcus aureus resistente a la meticilina, una cepa bacteriana que se ha hecho resistente a muchos antibióticos– que afectó a todo un equipo de fútbol americano de Los Ángeles en 2003 se pudo deber a que compartían toallas en los vestuarios.

Así, la solución pasaría por lavar las toallas con mayor frecuencia y en condiciones más severas. Gerba sostiene que lo deseable sería lavar las toallas cada dos días, más si cabe si están al alcance de niños pequeños. Además, sería necesario lavarlas en agua caliente y con detergentes de oxígeno activo para minimizar riesgos. Otra especialista, la directora de microbiología en el Presbyterian de Nueva York, sostiene que mientras se sequen bien y se utilicen con higiene, basta con lavar las toallas una vez por semana.

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El triunfo del relato falaz

Jordi Bernal

Foto: Mondelo
EFE/Archivo

La novela que nos gusta y el periodismo clásico compartían una premisa precisa: contar una historia. Y contarla bien. En el ámbito del marketing político ha hecho fortuna el término storytelling, que no es otra cosa que transmitir un relato con fines persuasivos. O sea la Biblia de toda la vida pero en eslóganes torcidos. No hay que negarle eficacia a la estrategia nacionalista de construir, en los tres últimos siglos, y de manera intensísima en los últimos cuarenta años, un relato áureo que desafiaba, manipulaba y en último término tergiversaba los hechos más elementales de la historia. Para ello, como es bien sabido, ha contado con unos medios de comunicación públicos y privados bien cebados de subvenciones y con el adoctrinamiento pertinaz en centros de enseñanza básica, media y universitaria. Había que ser un pedazo de Haffner para resistir el bombardeo. Aunque el parapeto de las lecturas acertadas y las compañías cabales ayudaron a unos pocos a cuestionar el redil.

Ahora, merced al relato pacientemente urdido, los disidentes son señalados como renegados, traidores y vendidos al oro de Madrit. Incluso Serrat, el nano del Poble Sec, un hombre al que tan poco le gusta molestar y que siempre ha mantenido una hábil diplomacia, ha levantado las iras independentistas por cuestionar maneras marrulleras y carencias democráticas en el referéndum suspendido, dándole la razón así a Lluis Llach, a quien siempre le costó disimular su aversión visceral por el autor de Mediterráneo.

El relato, a manera de pegajosa tela de araña, se extiende a los desafectos perdidos para la causa. El odio que sienten por el catalán que en su propio idioma les rebate el cuento de sus mentiras (Boadella, Borrell, Marsé e incluso el pactista Serrat) es proporcional a la baba que se les cae rendida cuando el foráneo o charnego aparece en TV3 esforzándose por expresarse en catalán antes de disculparse cabizbajo por su precaria competencia con tan sacro idioma.

A estos ejemplos de la carencia de pluralidad (aunque se ufanan de pluralistas por incluir en todas las tertulias de sus medios a un unionista de guardia, siempre y cuando sea de derechas, la líe parda con los pronombres débiles o sea tierna carne de cañón) y de la fractura social producida en Cataluña, debe añadirse el que tal vez sea el triunfo del relato falaz y que puede convertirse en piedra de toque de un escenario dramático a partir del 1 de octubre: la democracia está por encima del estado de derecho. España demuestra que no ha superado su pasado franquista y que sigue siendo en esencia totalitario.

Dos axiomas que, en la lógica nacionalista, dejarían la calle en manos de la CUP. Y entonces el relato devendría en sangre y fuego frente al estado opresor.

Continúa leyendo: ¿Por qué no ha acogido España a todos los refugiados que debía?

¿Por qué no ha acogido España a todos los refugiados que debía?

María Hernández

Foto: ALVARO BARRIENTOS
AP

Este martes se acaba el plazo para que España cumpla la cuota de acogida de refugiados establecida por la Unión Europea. Sin embargo, España solo ha recibido al 11% de los refugiados que debía acoger obligatoriamente. La Unión Europea estableció que debía acoger a 17.337 personas, 9.323 de las cuales eran de obligado cumplimiento.

La media de cumplimiento con el cupo de acogida obligatoria en Europa se sitúa en torno al 50%, lo que demuestra que a España aún le queda mucho por hacer en este aspecto, aunque no es la única. El 86% de las personas refugiadas en todo el mundo son acogidas en algunos de los países más empobrecidos, como Pakistán, Irán, Etiopía o Jordania, por lo que Europa solo recibe un pequeño porcentaje de los más de 65 millones de personas que se han visto obligadas a huir de su país, explica la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR).

Los motivos del incumplimiento

Las organizaciones de defensa de los refugiados denuncian a menudo los diferentes motivos por los que la Unión Europea en general, y España en concreto, no cumplen con las cuotas establecidas de acogida de refugiados.

El primero de estos motivos es la limitación de reubicación a personas que tengan una nacionalidad que supere el 75% de reconocimiento de protección internacional por parte de los estados miembro. CEAR critica que este criterio de nacionalidad está dejando fuera a refugiados de países como Afganistán, Sudán o Nigeria.

Además, los criterios de reconocimiento no son iguales en todos los países, por lo que existe una falta de coordinación, especialmente entre la Oficina Europea de Apoyo al Refugiado (EASO) y países como Italia o Grecia.

Otro aspecto de gran importancia respecto a la acogida de refugiados es el acuerdo al que llegaron la Unión Europea y Turquía en marzo de 2016, tras el cual los estados miembros decidieron que las personas que llegaran a Grecia desde ese momento no podrían solicitar su reubicación a otro país europeo.

Esta decisión está estrechamente relacionada con la última comunicación la Unidad de Reubicación Griega, en la que afirmaba que no hay en Grecia más personas con un perfil adecuado para la reubicación. CEAR asegura que esto no es cierto, pues la Comisión Europea cifra en 4.700 las personas “potencialmente elegibles” para ser reubicadas desde Grecia, sumadas a las más de 7.200 personas que han llegado este año a Italia.

Además, CEAR destaca que existe una gran falta de voluntad política en los países de la Unión Europea, cuyos gobiernos han utilizado el discurso del miedo para justificar el incumplimiento de las cuotas de acogida de refugiados que ha establecido la Comisión Europea.

Las peticiones de CEAR

El hecho de que no exista un mecanismo efectivo de sanciones a los países que incumplen las cuotas establecidas por la Comisión Europea ha sido uno de los principales motivos por el que ningún país de la Unión Europea ha cumplido con el 100% de las acogidas obligatorias.

Por esta razón, desde CEAR piden que se impongan sanciones al Gobierno español y al resto de incumplidores para “que no queden impunes”, explica la secretaria general de la organización, Estrella Galán.

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Un grupo de manifestantes pide que España acoja más refugiados. | Foto: Emilio Morenatti/ AP

Además, Galán ha recordado que España cuenta con una ley de asilo que no se está aplicando, así como con una directiva de protección temporal que le permitiría trasladar a personas con necesidades concretas durante un tiempo determinado, por lo que “no hay excusas, España debe seguir con su cumplimiento”, dice Galán.

Desde CEAR también piden a las autoridades que eliminen la discriminación por nacionalidad en el proceso de aceptación de solicitudes de asilo, así como que se deje de discriminar a las personas con vulnerabilidad, especialmente a los menores no acompañados, un grupo a menudo más rechazado por los países europeos debido a que necesitan más recursos que el resto.

El cumplimiento del acuerdo no acaba ahora

La directora de Políticas y Campañas de CEAR, Paloma Favieres, recuerda que, aunque el plazo fue establecido para el 26 de septiembre, el cumplimiento de la cuota de acogida de refugiados no debe finalizar.

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Un grupo de manifestantes protestan contra el acuerdo de la Unión Europea con Turquía. | Foto: Jon Nazca/ Reuters

La Comisión Europea habla de un plazo “razonable” para seguir acogiendo refugiados hasta cumplir con la cuota establecida, explica Favieres, que insiste en que España debe seguir recibiendo a los solicitantes de asilo hasta cumplir con el número fijado a pesar de que se haya cumplido el plazo.

Además, señala que “la carta de Grecia no puede ser la excusa” para dejar de recibir refugiados, sino que todos aquellos que llegaron tras el acuerdo con Turquía también deben ser reubicados, así como los que lleguen hasta el día 26 de septiembre a las costas griegas.

El proceso de acogida en primera persona

Las cifras nos muestran que España se queda muy atrás en lo que respecta a acoger e integrar refugiados, pero son los propios refugiados los que mejor transmiten cómo es el proceso de reubicación a España.

Nedal, un refugiado sirio que llegó a España tras más de dos años de espera, explica que “mucha gente en España no acepta a los refugiados”, por lo que la integración en la sociedad es difícil en algunos casos.

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Un manifestante protesta por los largos procesos que viven los refugiados para entrar en España. | Foto: Francisco Seco/AP

Nedal fue a la universidad en Siria, pero la guerra le impidió llevar una vida normal y tuvo que huir a Líbano, desde donde comenzó el proceso para venir a España. Aquí estudia español, alemán y un curso de Administración y Asistencia a la Dirección.

Todo suena muy bien, pero acabar sus estudios en España tampoco está siendo fácil para Nedal. “No todo el mundo acepta a los refugiados aquí”, explica, motivo por el que le está resultando muy complicado encontrar una empresa donde llevar a cabo las prácticas necesarias para acabar su curso.

También son difíciles otras situaciones cotidianas como la búsqueda de piso. Nedal asegura que en numerosas ocasiones le han denegado el alquiler de un piso por el simple hecho de ser un refugiado árabe. A pesar de todo, asegura que hay mucha gente que le ha ayudado en España y que “claro está, no todos son iguales”.

Continúa leyendo: El incómodo momento de Puigdemont con Évole por el referéndum independentista de Kurdistán

El incómodo momento de Puigdemont con Évole por el referéndum independentista de Kurdistán

Redacción TO

Ocurrió este domingo por la noche. Salvados, el programa de análisis de la actualidad de La Sexta conducido por Jordi Évole, no iba a comenzar todavía su emisión, pero la situación en Cataluña ha obligado a los productores a hacer un especial sobre el tema. El invitado estrella del programa fue el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, al que Jordi Évole, también catalán, preguntó profusamente por el referéndum independentista del 1 de octubre. El programa tuvo su momento culminante cuando el presentador le preguntó a su entrevistado por el referéndum independentista del Kurdistán iraquí, que se celebra este lunes sin el consentimiento del Gobierno central del país asiático. La conversación discurrió así:

Jordi Évole: “La casualidad ha querido que mañana, lunes, haya un referéndum por la autodeterminación del Kurdistán. ¿Está usted a favor de ese referéndum?”

Carles Puigdemont: “Sí, claro. Estoy a favor del referéndum de autodeterminación de todos los pueblos y el Kurdistán por descontado que tiene derecho a este referéndum”.

Évole: “En 2014, en el Parlament, se presentó una moción a favor de la autodeterminación de Kurdistán. ¿Usted recuerda qué votó?

Puigdemont: “No me acuerdo de qué voté. No. No”.

Évole: “Votó que no”.

Puigdemont: “Podría ser, sí”.

El ya conocido como “momento Kurdistán” ha incendiado las redes y Kurdistán se convirtió ayer el trending topic (tema del momento) en Twitter.

El tuit de Jordi Évole que recoge el momento ya ha sido retuiteado más de 20.000 veces. Pero el caso del Kurdistán no fue el único en el que Carles Puigdemont votó en contra de un referéndum de autodeterminación. También en 2014, el ahora presidente de la Generalitat emitió un voto negativo para un referéndum independentista en el Sáhara.

Puigdemont intentó justificar, acto seguido, por qué votó no a ambas ambos referéndums. “No estaban convocados”, dijo. “Si me dicen que están convocados, yo digo que sí, porque debe prevalecer lo que la mayoría o el Gobierno impulse”, defendió.

Después de la emisión de la entrevista, la red se ha llenado de memes y de tuits humorísticos sobre el tema.

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