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Así funciona el ruinoso negocio de cazar ballenas en Japón

Jorge Raya Pons

Los japoneses mataban ballenas antes de que el capitán Ahab (Moby Dick) perdiera su pierna y capturarlas parecía tan fácil que con el paso del tiempo se fueron alejando y desapareciendo. Los arponeros tuvieron que ir hasta la Antártida para buscarlas y había tantas que uno no podía imaginar que fueran a acabarse. Pero con la II Guerra Mundial llegaron las malas cosechas y la caza de ballenas creció sin pausa para alimentar a una población cada vez más hambrienta.

La circunstancia se perpetuó durante dos décadas hasta alcanzar su cénit en los años 60 –siempre según las investigaciones del científico japonés Junko Sakuma-, y a partir de ahí la tendencia varió y la demanda de carne empezó a desplomarse hasta el momento actual, en el que la carne de ballena se ha convertido en un alimento esporádico y exclusivo, y su consumo se sitúa entre las 4.000 y las 5.000 toneladas anuales, según el Fondo Internacional para el Bienestar de los Animales (IFAW), lo que supone cuarenta veces menos que medio siglo atrás.

Si bien en tiempos de miseria la caza de ballenas pudo ser un asunto comprensible –la ética no alimenta-, hoy en día las circunstancias son otras y estamos en condiciones de preguntarnos si es tolerable matar ballenas cuando nuestras necesidades básicas están cubiertas, cuando existen tantas alternativas a su carne.

Un grupo de escolares presencia el procedimiento que conduce a las ballenas hasta los mercados (Foto: David Guttenfelder/AP)
Un grupo de escolares observa cómo conservan los trozos de  ballena que van a parar a los mercados (Foto: David Guttenfelder/AP)

Todo por la ciencia

El 24 de marzo de 2016, cuatro grandes pesqueros regresaron a las costas de Japón con 333 ballenas minke: 230 eran hembras y nueve de cada diez estaban embarazadas. El periodo de gestación en esta especie es de diez meses y los ballenatos suelen tener una vida larga. Los humanos somos sus únicos depredadores. La comunidad internacional denunció la campaña, pero Japón se defendió con argumentos científicos: un recurso tramposo que tiene explicación.

En 1986, la Comisión Ballenera Internacional, compuesta por 89 países, prohibió la caza de ballenas con propósitos comerciales y, sin embargo, dio lugar a una excepción a la que Japón decidió acogerse; las capturas con fines científicos serían aceptadas dentro de unos márgenes amplios (mil ejemplares al año en el caso de las minke). A partir de este momento y basándonos en el nivel de capturas de Japón, los estudios morfológicos de las ballenas se dispararon.

Tanto es así que la situación se puso fuera de control y en 2014 tuvo que intervenir el Tribunal de La Haya: la carne que sobraba de los estudios –tan abundante- terminaba en restaurantes y supermercados. Japón anuló la campaña de 2015 y esperó al año siguiente para recurrir la sentencia con un nuevo programa y una nueva promesa: ahora solo necesitarían un tercio de la cantidad anterior para desarrollar sus investigaciones biológicas, de ahí las 333 capturas. La Haya no encontró argumentos suficientes para desestimar la propuesta y los barcos regresaron al mar.

Japanese lawmakers including Toshihiro Nikai (3rd L), former Economy, Trade and Industry Minister, and Daishiro Yamagiwa (3rd R, back toward camera), State Minister of Economy, Trade and Industry, taste whale meat menu during a whale meat promotion event at a restaurant in the ministry in Tokyo November 19, 2014. Japanese government officials lunched on whale meat on Wednesday in a bid to promote Japan's new plan to resume whale hunting in the Southern Ocean, ruled out once by the International Court of Justice (ICI) earlier this year. Japan on Tuesday unveiled plans to resume whale hunting in the Southern Ocean despite an international court ruling that previous hunts were illegal, but said it would slash the quota for the so-called scientific whaling programme. The small placard on the table (C) reads: "Whale meat available here". (Foto: Issei Kato/Reuters)
Un grupo de altos cargos políticos, incluido Toshihiro Nikai, exministro de Economía, y Daishiro Yamagiwa, actual ministro de la misma cartera, degusta carne de ballena durante un acto promocional. (Foto: Issei Kato/Reuters)

Una industria en declive

Es un debate genuinamente humano y profundamente antropocéntrico el preguntarnos sobre si es éticamente aceptable o no matar a una ballena para comernos su lengua, su estómago o sus entrañas, como si todo se limitara a un caso de decisión personal. Y es un debate, del mismo modo, que causa profundo rechazo en los países espiritualmente continentales de Occidente, pues consideran que las ballenas son mamíferos superiores en dignidad a las vacas o los cerdos. Pero es comprensible que no sea así en Japón o en Islandia y de ahí su resistencia.

Sin embargo, varios factores ajenos a la moral ponen en cuestión el futuro de la caza. Por ejemplo, que la industria ballenera es absolutamente ruinosa. Hoy en día la demanda es mínima y el sector solo resiste gracias a los contribuyentes. A través del Instituto de Investigación Cetácea, el gobierno nipón aporta 6,5 millones de euros al año sin poder evitar que sea deficitaria.

Las organizaciones animalistas aprovechan su declive y persuaden a los políticos para que cambien el modelo de negocio. Para ello se apoyan en las cifras de IFAW, que calcula que el sector turístico mundial de las ballenas genera 2.000 millones de dólares anuales y moviliza a 13 millones de personas, una forma provechosa de crear empleos sin necesidad de matarlas.

El reportero británico Rupert Wingfield-Hayes, de la BBC, trató de buscar explicación a la supervivencia de un negocio tan costoso y problemático en términos de imagen y solo encontró un océano de burócratas interesados en mantener un empleo y una pensión; no olvidemos que todo depende del gobierno. Pero Wingfield-Hayes dejó de lado una cuestión fundamental: el primer ministro japonés, Shinzo Abe, comenzó su carrera política como diputado de la prefectura de Yamaguchi. Su poder se construyó en un enclave ballenero, y este parece ser un dato a tener en cuenta.

Dragon Ball, nostalgia revisitada

Jorge Raya Pons

Foto: Toei Animation

Hubo un tiempo en que en la televisión no había otra cosa que dibujos japoneses. Compartimos dos generaciones, y puede que también una tercera, ese vicio de sentarnos con las piernas cruzadas y en el suelo frente al televisor para ver los campos infinitos de Oliver y Benji, los caprichos imprevisibles de Nobita, los casos imposibles del detective Konan. Pero el entretenimiento que causaba Dragon Ball, con todas sus variables, con todas sus variaciones, marcó profundamente nuestra infancia.

En el colegio no nos perseguíamos inventando pistolitas con los dedos, sino que juntábamos las manos con las muñecas hacia dentro y gritábamos el kame kame ha. Nuestras víctimas, claro, no tenían otra salida que fingirse muertos o echar a correr. En algunos casos, eran los pocos, se atrevían a contrarrestar esa bola de luz y entonces comenzaba una batalla de la que era difícil salir con dignidad.

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El pequeño Goku, cuando no sabía hacer el kame kame ha. | Fuente: Toei Animation

La historia de Dragon Ball guarda muchos parecidos en su inicio con Superman; luego las distancias argumentales son abismales. El relato cuenta la vida de Goku, un niño con cola de mono enviado al planeta Tierra antes de que el suyo fuera destruido. Goku pertenece a la saga de los Saiyajin y en el espíritu de estos no existe otro ánimo que el de causar destrucción a su paso; el niño de pelo oscuro fue enviado a nuestro planeta para reunir el poder suficiente con el que sembrar el caos y destruirnos, pero un golpe fortuito en la cabeza le hizo caer en la amnesia y nunca pudo recordar su cometido. Fue entonces cuando lo encontró el viejo Son-Goha y lo acogió, dándole una educación fundamentada en la filosofía de las artes marciales que en adelante aplicó.

Dragon Ball nos descubrió un universo único de Apocalipsis y mil colores que nos mantenía en vilo y al borde de la epilepsia cada tarde después del colegio; todas aquellas batallas sin cuartel y a campo abierto nos enseñaron por primera vez la estrecha frontera entre el bien y el mal. En aquellos tiempos, puede ser, no nos preguntábamos tanto. Pero fue con el paso de los años que lo fuimos interiorizando, que creamos nuestras propias líneas de pensamiento sobre el porqué de esas luchas de poder, de por qué tantos seres están dispuestos a matar y solo unos pocos mantienen la entereza y el valor necesario para defender las causas justas aun a riesgo de morir.

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El pequeño Goku, en brazos de Son-Gohan. | Fuente: Toei Animation

Reconoció en una entrevista Akira Toriyama, creador de Dragon Ball, que le sorprendía la visión heroica que el mundo creó sobre Goku, al que no quiso atribuirle una conciencia social, sino una vocación individualista y de autosuperación: “Yo quería que Goku diera la sensación de ser este tipo extraño que solo persigue ser cada vez más fuerte. Al final, como resultado, termina salvando a todos. Pero Goku no tiene por qué ser un buen tipo por ello, aunque el resultado de sus acciones sí lo sean”.

Un día como hoy de 1989 se emitió en Japón el primer episodio de la serie y captó un interés inusual. Los tebeos de manga que sirvieron de semilla de la serie vendieron más de 230 millones de copias a nivel mundial y en Estados Unidos, por ejemplo, Dragon Ball superó el récord de audiencia de la cadena de animación Cartoon Network tras reunir a 1,7 millones de espectadores frente al televisor. Pero más allá de su impacto en la cartera de los productores, queda cómo influyó en nosotros. ¿Quién, a lo largo de estos años, no se ha vuelto a un amigo y ha repetido con él la extraña coreografía de fusión? Ahora casi ruboriza reconocerlo.

Los 7 volcanes más peligrosos del mundo

Redacción TO

Foto: Salvatore Allegra
AP Photo

Las listas sobre los volcanes más peligrosos del mundo se repiten en la red siguiendo constantes predecibles, como su tamaño. Sin embargo, a la hora de medir la peligrosidad debería tenerse en cuenta el factor humano, por lo que los volcanes más peligrosos pasarían a ser aquellos cuya actividad resulta más arriesgada para las personas.

En este sentido, una investigación de la revista Wired ha determinado cuáles son los volcanes más peligrosos de acuerdo con el historial de erupciones de cada uno, la cantidad de gente que vive cerca de ellos, la frecuencia y dedicación en controlar su actividad y el nivel de preparación de las ciudades que lo rodean para actuar en caso de emergencia.

Esto significa que existe un componente humano inapelable. Por este motivo, hay volcanes que aparecen en la mente de todos y que, sin embargo, no ocupan un lugar en esta lista. Es el caso del Popocatépetl, en México; el Yellowstone, en Estados Unidos; o el Merapi, en Indonesia.

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El Vesubio, cubierto de nieve y visto desde las ruinas de Pompeya. | Foto: Cesare Abbate/AP Photo

Vesubio, Italia

 Es sin duda uno de los volcanes más peligrosos. Esto se debe a sus constantes erupciones y a que la ciudad de Nápoles crece a sus pies. Es cierto que en Italia hay otros volcanes que encierran preocupaciones mayores, en gran medida a que lleva desde 1944 en calma. Pero su entrada en actividad pondría en riesgo directo a seis millones de personas, una circunstancia que debe ser considerada.

Caldera de Corbetti, en Etiopía

Se trata de uno de los volcanes más infravalorados de cuantos se conocen. La caldera de Corbetti se encuentra dentro de otra caldera muy antigua y que ha registrado la emisión de un alto nivel de escombros volcánicos. Los estudios que se han realizado sobre su capacidad son muy limitados. Sin embargo, tiene todas las condiciones para que una explosión acarreara consecuencias muy dramáticas. No acompaña su proximidad a la ciudad de Addis Abeba, la más poblada del país.

Grupo Volcánico Tatun, Taiwán

Como ocurre con el volcán etíope, es uno de los grandes desconocidos. Incluso para los habitantes de la zona. No obstante, el Grupo Tatun es uno de los volcanes con mayores posibilidades de entrar en erupción. Su proximidad a la capital, Taipei, pondría en aprietos a muchos ciudadanos, principalmente por las consecuencias de los flujos de lodo y la caída de cenizas.
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El volcán mexicano de Paricutín, en Michoacán, entró en acción en 1943. | Foto: AP Photo

Michoacán-Guanajuato, México

La cantidad de habitantes que ocupan esta región volcánica es, probablemente, el factor más importante de los que determinan su peligrosidad. Son casi seis millones de personas las que viven en un radio de distancia de cinco kilómetros. Las erupciones registradas no han sido las más aparatosas, pero su frecuencia y su potencial exponen a sus ciudadanos.

Ilopango, El Salvador

La caldera de Ilopango es una de las más importante de Centroamérica. Se ha registrado actividad en el último siglo y medio y existe constancia de que una erupción en el siglo V arrasó numerosas ciudades mayas. Teniendo en cuenta las dimensiones de este país, el potencial destructivo de una erupción es considerable.
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Emisiones en el monte Sakurajima, sobre la caldera de Aira, en 1995. | Foto: AP Photo/Kyodo News

Caldera de Aira, Japón

Las erupciones que proceden de esta caldera son menores pero constantes. No obstante, este dato no nos debe alejar de la realidad de un zona, donde destaca el volcán de Sakurijama, donde se han registrado erupciones de gran magnitud. En el radio de 100 kilómetros, además, viven cerca de tres millones de personas.

Campos Flégreos, Italia

En esta zona se podría producir la erupción más potente de la era moderna. Según el autor de la revista Wired, una explosión en el monte Yellowstone no sería anda en comparación con una en los Campos Flégreos. Además, se multiplica el riesgo al atender a un dato: en la zona en las que se extiende, habitan seis millones de personas. Se encuentra en Campania.

Todo lo que creíamos saber sobre la memoria es falso

Redacción TO

Foto: ARND WIEGMANN
Reuters

A menudo lamentamos nuestra mala memoria cuando olvidamos la fecha de cumpleaños de nuestra pareja o dónde dejamos las llaves de casa la noche anterior. Sin embargo, la memoria no solo es el elemento que nos saca de apuros o nos mete en ellos, sino el recurso a través del cual cobramos conciencia sobre nosotros mismos. Porque los seres humanos construimos nuestra vida a partir de nuestros recuerdos.

Este es el motivo por el que un estudio realizado en Japón es tan importante; sienta las bases de una revolución sobre cuánto conocemos sobre el funcionamiento de nuestra mente.

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El cerebro es el órgano humano del que se poseen menos certezas. | Foto: Jens Meyer/AP Photo

En la actualidad sabemos que nuestro cerebro se divide por áreas y que cada una de ellas cumple con una función, como el almacenamiento de información. Y partiendo de este punto caminamos entre incertezas. Hasta la publicación de este estudio, creíamos que era el hipocampo el encargado de la memoria a corto plazo, mientras que de la corteza prefrontal dependía la memoria a largo plazo. Esta tesis se dio por válida después de que en 1953 una operación de lobotomía para curar la epilepsia de un paciente llamado Henry Molaison tuviera como efecto colateral una incapacidad para retener nuevas informaciones, aun manteniendo intactas las adquiridas tiempo atrás. La explicación que dieron los científicos fue que el hipocampo del paciente se vio dañado por la operación, pero que el córtex prefrontal seguía indemne y que esa era la razón por la que solo se había alterado la capacidad para memorizar datos nuevos.

Durante más de medio siglo, los expertos creyeron que los recuerdos inmediatos se transferían desde el hipocampo hasta la corteza prefrontal y que era ahí donde se almacenaban. Ahora, una investigación del Instituto Riken, en Tokio, en colaboración con el MIT, ha encontrado pruebas suficientes como para poner en entredicho esta teoría.

Las conclusiones del estudio, publicadas en la revista Science, se han confirmado en las pruebas con ratones y se espera que puedan trasladarse a otros mamíferos, incluidos los seres humanos.

Todo lo que creíamos saber sobre la memoria es falso
Los descubrimientos que acaban de revelarse pueden cambiar nuestra concepción del cerebro humano. | Foto: Edgard Garrido/Reuters

De hecho, este mismo equipo de investigadores fue capaz de identificar en 2012 neuronas involucradas en el almacenamiento de recuerdos concretos. Una vez hallaron estas células, crearon un mapa con los circuitos que se activaban al recordar. En otro estudio, más moderno, los científicos experimentaron una técnica con personas mayores, ya octogenarias, en la que estimulaban neuronas concretas para observar las áreas del cerebro que se activaban al hacerlo.

En esta ocasión, los científicos liderados por Takashi Kitamura han demostrado en ratones que los circuitos de la memoria transcurren simultáneamente en el hipocampo y en la corteza prefrontal.

Algunos científicos, como Kitamura, aseguran que esta investigación confirma la teoría de la conciencia de orden superior

Este hallazgo podría ser fundamental para el tratamiento de enfermedades relacionadas con la memoria. Además, en términos potenciales, podría cambiar incluso nuestra idea de cómo funciona el cerebro humano. De acuerdo con algunos expertos, entre los que se encuentra Kitamura, el estudio confirma la teoría de la conciencia de orden superior. Según ésta, los humanos son conscientes de sus experiencias cuando un estado mental superior hace una representación de las mismas.

Existe un ejemplo que ilustra bien esta idea. Si pierdes un reloj que te ha regalado un familiar, te sientes mal en el momento mismo de la pérdida. Sin embargo, con el paso del tiempo, vas olvidando ese dolor. Hasta que llega un día en el que te sucede algo que te conduce de nuevo hasta ese recuerdo y vuelves a sentirte mal. La conciencia de esa pérdida es el pensamiento de orden superior. Parece un asunto complejo, pero es de una importancia capital. Se trata de descubrir cómo funciona nuestra mente, la región más misteriosa de nuestro cuerpo.

Las patatas marcianas, el nuevo reto de la NASA

Redacción TO

Foto: CIP
CIP

Los viajes a Marte siempre nos han parecido algo de ciencia ficción, pero cada vez parecen estar más cerca de convertirse en algo real. Antes de que por fin se lleven a cabo estos viajes al planeta rojo, hay muchos aspectos que hay que preparar cuidadosamente.

Uno de ellos es la alimentación de quienes se embarcarán en esta emocionante y larga aventura espacial. Para que su investigación sobre Marte se haga realidad, las agencias espaciales deben encontrar la manera de que las naves pesen lo menos posible, por lo que será necesario que los astronautas tengan la posibilidad de cultivar su propia comida, para poder dejar así más espacio libre.

¿Cómo lo harán?

El Centro Internacional de la Papa (CIP) de Perú parece haber encontrado una manera de ayudar en esta complicada misión. Su objetivo es conseguir que las patatas puedan crecer en las condiciones atmosféricas de Marte, lo que supondría también que se podrán desarrollar en condiciones extremas en la Tierra. Las patatas marcianas plantean una más que probable solución para problemas como el hambre o la dificultad de cultivo durante épocas de sequía.

La última fase de este experimento comenzó en febrero de 2016, cuando se plantó en el CIP un tubérculo en un ambiente confinado, llamado CubeSat, que simulaba las condiciones climáticas del planeta rojo. Los resultados preliminares obtenidos del cultivo en este espacio simulado, creado por ingenieros de la Universidad de Ingeniería y Tecnología de Lima, son positivos, según informa el CIP.

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Las patatas se cultivan en un suelo que imita al del planeta rojo. | Foto: Martin Mejia/AP

Con la ayuda de científicos de la NASA, el CIP está llevando a cabo una investigación sobre algo en lo que ya tiene una amplia experiencia, ya que el objetivo principal de este centro es desarrollar raíces y tubérculos capaces de crecer en condiciones difíciles y terrenos poco propicios.

Además de los conocimientos de los investigadores del CIP, Perú cuenta con otra característica importante para poder llevar a cabo este experimento. El suelo del desierto de las Pampas de la Joya, en el sur del país, es muy similar al de Marte. Se trata de un suelo seco y salado que se debe fertilizar, por lo que quienes viajen a Marte en un futuro deberán preparar el suelo con una estructura suelta y con nutrientes para que las patatas obtengan el aire que necesitan para poder crecer.

¿Qué otros usos tienen las patatas marcianas?

Aunque en este caso se quieren aplicar los resultados a los viajes espaciales, lo cierto es que los estudios de esta organización son verdaderamente útiles en nuestro planeta, donde la patata es la base de la alimentación de millones de personas con pocos recursos. Además, muchas de estas personas viven en zonas áridas o que se convertirán en áridas en los próximos años debido al cambio climático, por lo que la posibilidad de seguir cultivando este tipo de alimentos supondría una gran ayuda para aquellos que no pueden permitirse pagar otro tipo de productos. El objetivo de las investigaciones del CIP es ofrecer soluciones sostenibles al hambre, la pobreza y el cambio climático. Su intención es llegar a alcanzar la seguridad alimentaria en muchos países, especialmente latinoamericanos, y mejorar la nutrición de sus poblaciones a través de la ciencia y la tecnología aplicadas a los sistemas agrícolas de raíces y tubérculos, ya que la patata es el tercer cultivo alimenticio más importante del mundo en términos de consumo.

Hay más de 4.000 variedades de este tubérculo y, aunque muchas de ellas son demasiado amargas para ser consumidas, algunas cuentan con características muy útiles para luchar contra el hambre, como la resistencia natural a plagas, a enfermedades o a duras condiciones climáticas, y el CIP quiere aprovechar estas características al máximo.

El simulador

“El crecimiento del cultivo bajo condiciones como las de Marte es una importante fase de este experimento”, explica Julio Valdivia-Silva, uno de los investigadores. “Si los cultivos pueden tolerar las condiciones extremas a las que los estamos exponiendo en nuestro CubeSat, tienen una buena oportunidad de desarrollarse en Marte”, añade.

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El CubeSat reproduce las condiciones climáticas de Marte. | Foto: Martin Mejia/AP

El CubeSat, el simulador donde se están cultivando las patatas, cuenta con un contenedor donde está el suelo para plantar el tubérculo. Suministra agua rica en nutrientes y controla las temperaturas para que se parezcan a los cambios bruscos que ocurren en Marte entre el día y la noche, así como imita sus niveles de presión de aire, oxígeno y dióxido de carbono.

El CIP ha querido acercar esta investigación a todo el mundo, y para ello ofrece una transmisión en vivo del experimento que se puede ver en su página web.

¿Cómo saben los vegetales espaciales?

La calidad de las patatas aún no ha sido testada, por lo que su sabor sigue siendo una incógnita, aunque se espera que sean más saladas y secas de lo habitual.

Lo que sí han tenido la oportunidad de probar los astronautas es la lechuga espacial. En 2015, se crearon en la Estación Espacial Internacional los primeros vegetales que se podrán cultivar en el espacio. Tres astronautas tuvieron el honor de degustarlos por primera vez, y aseguraron que la lechuga sabía a lo que tiene que saber, a lechuga.

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Las lechugas se pueden cultivar en la propia nave espacial. | Foto: NASA

La NASA lleva años tratando de crear huertos espaciales, es decir, espacios donde los astronautas puedan cultivar, en la propia nave, los vegetales que luego comerán. Si consiguen su objetivo, los huertos no solo darán soluciones al problema del espacio ocupado por los alimentos, sino que serán también una ayuda psicológica para los astronautas, que tendrán algo en lo que ocupar su tiempo en los largos viajes espaciales.

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