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Así intentaron estafarnos alquilando piso a través de Idealista y Fotocasa

Clara Paolini

Foto: David Hellmann
Unsplash

Un piso de tamaño humano que no liliputiense, con ventanas y si no es mucho pedir hasta con vistas al exterior, con suelos instalados durante el último siglo y muebles que no hagan daño a la vista, en una zona céntrica y además a un precio que no supere dos tercios tu sueldo. Encontrar un piso de alquiler que cumpla con estas características debería sencillo pero no lo es. Lo que antes era un reto se acerca peligrosamente a la categoría de milagro en las grandes ciudades españolas, y, para colmo, hay quien saca tajada de la cada vez más desesperada situación a la que se enfrentan aquellos en busca de hogar.

Las estafas inmobiliarias a través de plataformas digitales de alquiler de pisos como Idealista y Fotocasa proliferan como la espuma, cada día cientos de nuevos anuncios falsos colonizan las redes y el número de víctimas que caen en la trampa crece sin mesura. Así lo confirma la Jefa de Grupo de Fraudes en Comercio Electrónico, dependiente de la Unidad de Investigación Tecnológica de la Policía Nacional: “Es un problema que aumenta sin freno. Las estafas crecen a la par que el número de usuarios que utiliza internet por lo que cada vez hay más y más víctimas. A no ser que se pongan medidas por parte del sector privado los números seguirán creciendo”.

Pero, ¿cómo funciona este tipo de timos? Lo experimentamos en primera persona: En una sola tarde intentan estafarnos dos veces, ambas usando Airbnb como cebo para recibir el pago de un contrato de alquiler inexistente.

Cómo intentaron timarnos paso a paso

A través de Fotocasa encontramos un piso de alquiler en la madrileña Calle Sagasta, uno de los barrios más cotizados de la capital, de 80 metros cuadrados, tres habitaciones, con baño y cocina impolutos y todos gastos incluidos. ¿El precio? 710 euros al mes; toda una ganga si tenemos en cuenta que una vivienda de características similares superaría fácilmente los 1.000 euros.

Así funcionan los timos inmobiliarios en Idealista y Fotocasa 2
Sí, demasiado bonito para ser verdad | Imagen vía: Fotocasa

Llamamos por teléfono pero el operador indica que “el número que ha marcado no existe”. El estafador ya tiene nuestros email y teléfono de contacto. A la mañana siguiente recibimos el correo que estábamos esperando. Mediante un mensaje desde la plataforma el supuesto propietario pide que nos pongamos en contacto con él escribiendo un correo a [email protected].  

Basta googlear la dirección proporcionada para descubrir que efectivamente se trata de un  intento de estafa ya que ésta aparece en un hilo de Idealista donde otros usuarios llevan alertando sobre el timo desde hace semanas. Aún así, en un alarde de ingenuidad impostada, le escribimos, deseando poder visitar el piso lo antes posible. A los pocos minutos, llega un correo ampliando información sobre las idílicas características de la casa acompañado de vistosas fotos que harían babear a cualquier inquilino en potencia. En el último párrafo, un detalle más que sospechoso. Eriksson Alexander, quien firma el correo, menciona: “Soy original de Tierp, Suecia y estoy buscando una persona responsable o familia para ocupar y mantener una vez que no estaré alrededor”.

Los correos se suceden, el estafador proporciona incluso un video en 180º donde uno puede imaginarse a sí mismo viviendo cual marajá en versión madrileña y continuación explica el procedimiento mediante el que nos veremos obligados a alquilar: “La semana pasada tuve dos vuelos de ida y vuelta para conocer a 3 posibles inquilinos, pero nadie apareció. Y confía en mí, es muy desagradable volar de Suecia a España cada 2 días cuando tienes 55 años. Esa es la razón por la que mi hijo me aconsejó que hiciera un video tour de la propiedad, para mostrarlo a quien quiera que esté interesado. También me aconsejó que anunciara el proceso a través de Airbnb, porque procesaré el alquiler a través de ellos”. Erikksson pide el pago de un depósito de 2 meses (€ 1.420) con el fin de “organizar una inspección de la propiedad” y entrar a vivir si al inquilino le convence.

Por último envía un enlace a una web diseñada de forma idéntica a la de cualquier alquiler en Airbnb, salvo por algunos enlaces rotos y obviamente la url, en la que se incluyen guiones y números de forma diferente a los que muestra la plataforma real. Lo que sí funciona, por supuesto, es la página desde donde realizar el pago, salvo por el pequeño detalle que el dinero no irá a parar a Airbnb, sino en las manos del cabecilla de una organización criminal.

Así funcionan los timos inmobiliarios en Idealista y Fotocasa 1
Así es la web de Airbnb falsificada proporcionada por el estafador

A estas alturas, parece improbable que haya alguien tan crédulo como para realizar el pago de casi 1.500 euros introduciendo los datos de su tarjeta bancaria sin haber visto en persona el piso, comprobado la identidad del propietario ni sospechado que pudiera tratarse de un intento de timo, pero la ingenuidad y la ambición van de la mano y el perfil de las víctimas es más amplio del que podría llegar a imaginarse. Según comenta la Jefa de Grupo de Fraudes en comercio electrónico de la Policía Nacional, “no son solo viejecitas que no están familiarizadas con internet. Te sorprendería conocer el perfil de muchas de las víctimas. Sin embargo, se trata de un delito que no siempre se denuncia, ya sea por vergüenza o porque piensan que no recuperarán el dinero”.

Segundo intento de estafa en una sola tarde

En el segundo caso encontramos un piso en Idealista – donde las posibles estafas permanecen activas un tiempo mucho inferior que en Fotocasa- y mostramos nuestro interés en el anuncio antes de que desaparezca de la plataforma. La oferta es aún mejor: Barrio céntrico, 90 m2, dos habitaciones, dos baños y gastos de comunidad incluidos (internet, agua, gas, electricidad) por 500 euros al mes. Según comenta la falsa propietaria mediante email “para alquilar el apartamento usted debe pagar 1.000 € de fianza, que según el contrato es reembolsable a la salida”. Como es de esperar, tampoco la firmante, una tal Patricia, vive en España, sino en Italia, y a pesar del español macarrónico que muestra en sus correos, adjunta un DNI español, probablemente robado o falsificado.

En este caso, tras varios emails, el estafador no proporciona un enlace falso para realizar el pago como en el caso anterior, sino un email con la dirección [email protected]

como remitente, con el mismo diseño utilizado por Airbnb y en el que se incluye el número a la cuenta bancaria situada en Italia a la que realizar el abono de 1.500€ . El titular, sin embargo, es un tal Muhammad Ayub. Al preguntar, como haría cualquiera, por qué  realizar una transferencia a una cuenta que no corresponde con el nombre de  la supuesta propietaria la respuesta es que se trata de un representante de Airbnb, a los que ellos pagan por enseñar el piso. Al pedirle la documentación del titular de la cuenta, Patricia reenvía el DNI español falsificado una y otra vez.

Por fin llega la mejor parte, en la que tenemos a oportunidad de expresar nuestras más que fundadas sospechas. ¿Confesamos al estafador que somos conscientes de sus intento? No, aún mejor, decidimos advertirle de que él mismo puede estar siendo estafado.

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El estafador siendo estafado

¿Por qué los mismos estafadores permanecen en activo si hay tantas pruebas?

Utilizan cuentas bancarias para la que es necesario aportar documentación, crean webs que podrían ser rastreables y ni siquiera se esfuerzan por abrir nuevas direcciones de correo electrónico a pesar de que en los foros se muestre visiblemente que son posibles estafas, ¿cómo es posible que sigan delinquiendo? La Jefa de Grupo de Fraudes en Comercio Electrónico de la Policía Nacional aclara que cerrar una cuenta de correo electrónico no es tan sencillo y que los datos de las cuentas bancarias, aunque útiles para investigación, no siempre son suficientes para localizador a las personas detrás de la organización criminal. En muchas ocasiones los estafadores utilizan documentación falsa para abrirlas y es frecuente la contratación de “mulas”.

Para no exponerse ante la ley, los cabecillas de las organizaciones criminales –que también suelen estar implicados en otro tipo de delitos- crean una complicada trama en la que el último eslabón es quien abre las cuentas bancarias. Las “mulas”, a las que se promete un pequeño porcentaje de los beneficios conseguidos con cada estafa, suelen ser pequeños delincuentes, toxicómanos, personas sin hogar o incluso individuos que son engañados ante la promesa de un trabajo legal. Es posible que tanto los falsos propietarios, Erikkson y Patricia, como los titulares de las cuentas bancarias a las que van destinados los fondos de las víctimas, desconozcan por completo quien es el cabecilla y último beneficiario de la estafa.

Aunque resulta difícil aproximar cifras respecto al volumen de estafas, la investigadora de la Policía asegura que en los dos últimos meses han llegado denuncias por parte de más de 100 afectados. Todos ellos habían pagado entre 1.500 y 3000 euros. Se trata de una mínima parte del total ya que éstos habría que sumarles las denuncias recibidas por otros órganos de la justicia (Guardia Civil, Mossos, Ertzaintza, los Juzgados), más una gran mayoría de afectados que nunca denuncia por vergüenza o pensar inviable la recuperación del dinero estafado. La envergadura es sencillamente incalculable.

Según indica la Jefa de Grupo de Fraudes la mayoría de organizaciones criminales actuando en este tipo de estafas inmobiliarias suelen provenir de países del Este y Nigeria, aunque se trata de un problema global. Los alquileres se llevan a cabo en todas partes del mundo y por lo tanto, las estafas también. En estos momentos, desde su Unidad están llevando a cabo una investigación sobre la que no es posible dar información pero, al ser preguntada sobre la envergadura del dinero estafado, contesta: “Estamos hablando de millones de euros”.

¿Qué hacer ante una posible estafa?

Tras los dos intentos de estafa experimentados en carne propia comunicamos los detalles mediante correo electrónico a la Policía, ya que la única manera de hacer una denuncia formal es en persona. También contactamos con Airbnb, quienes hasta la fecha no han proporcionado respuesta – a fin de cuentas su imagen queda perjudicada pero este tipo de estafas no les supone una pérdida económica de forma directa – y alertamos a Idealista y Fotocasa para que retiren a los anunciantes. Aún así, al día siguiente los anuncios de pisos falsos vuelven a brotar como la mala hierba. Lamentablemente, a pesar de los esfuerzos por parte de la ley, la desprotección a la que nos enfrentamos los usuarios solo se alivia eliminando la ingenuidad y la avaricia de la ecuación de la búsqueda de piso.

Si desconfiamos de todo y de todos por norma general será poco probable que nadie consiga alquilar una vivienda pero mantener los ojos abiertos ante tácticas sospechosas es una de las principales claves para no convertirse en víctima. No alquilar con prisa aunque la tengas, realizar visitas en persona, solicitar documentación y, sobre todo, ser realista respecto a las expectativas sobre el alquiler, son requisitos indispensables. Si estás buscando piso es posible que encuentres la casa de tus sueños pero, si en algún momento piensas que es demasiado bonito para ser verdad, lo más probable es que sea mentira. Una carísima mentira.

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El último 'hit' de las vacaciones: viajar a Escocia y convertirse en librero

Redacción TO

Foto: The Open Book
Facebook

En una pequeña ciudad de Escocia han tenido la ingeniosa idea de crear unas vacaciones para los amantes de la literatura que siempre soñaron con ser libreros. En Wigtown, a apenas dos horas en coche de Glasgow, una librería grande se ha convertido en una residencia con capacidad para 100 personas. ¿Y qué función tienen? Trabajar colocando libros, distribuyéndolos, atendiendo a los clientes. Y lo hacen pagando.

Este experimento nació hace dos años en una localidad con una librería por cada 100 habitantes. Lo llamaron The Open Book (El libro abierto, en castellano), y se puede contactar para organizar tu estancia a través de AirBnB. El precio del alquiler es de 36 libras esterlinas –41 euros al cambio– por noche, y el tiempo mínimo de hospedaje es de seis días. Son turistas dispuestas a pagar a cambio de trabajar. Eso sí, en un ambiente único.

“The Open Book no ofrece unas vacaciones, ni tampoco un trabajo exactamente”, reseña el usuario Harvey Lindsay, como recoge la revista Quartz. “Está dando una experiencia que es muy difícil de tener, una forma de vida que muchas personas desearían vivir”.

Porque hay tanta gente dispuesta a apuntarse a la experiencia que la agenda está abarrotada: no hay fechas disponibles hasta finales de 2020 y la demanda no para de crecer. No es extraño encontrar comentarios en el blog de la residencia donde los usuarios explican que han hecho esperas de dos años hasta tener plaza. Pero es justo decir que no es sencillo encontrar críticas ni malas palabras: todos salen encantados. Muchos coinciden en que son unas vacaciones relajantes hasta, a veces, el aburrimiento. Pero lo recomiendan. La valoración es de cinco estrellas en AirBnB.

En cuanto al precio, la organización asegura que es tan “económico” porque se limita a cobrar los costes del mantenimiento, apostando por un modelo no lucrativo y colaborativo. Los libros que llegan, de hecho, son regalos de los vecinos. Y la variedad es inmensa. Las puertas del edificio están abiertas todos los días del año, a todas horas.

“Como librero de The Open Book, puedo decir que te conviertes en una atracción turística tan llamativa como la propia tienda, al menos para los vecinos de la ciudad”, escribió Dan Dalton, que disfrutó de unas vacaciones en el lugar en 2016, en un reportaje publicado en BuzzFeed. Él estuvo solo dos días, pero guarda un gran recuerdo. “Respecto a lo que he podido comprobar estos días, es una vida sencilla. Llena de rostros amigos y consultas extrañas. Llena de libros. He dirigido una tienda durante dos días, pero no estoy estresado. Los días terminan con un paseo, y no en un viaje infernal. Es una suerte”, agrega. Parece apetecible.

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Pena, ninguna

Laura Fàbregas

Foto: ALBERT GEA
Reuters

Mucha gente de buena fe ha visto las imágenes de viejecitos ensangrentados tras los golpes de la Policía Nacional y se ha indignado. Mucha gente con corazón ha pensado que esa viejecita afable podría ser su abuela o su tía y se ha indignado. Las imágenes han jugado siempre un papel importante en los conflictos políticos. Clint Eastwood lo explica bien en Banderas de nuestros padres. La foto del levantamiento de bandera en Okinawa sirvió para emocionar a la sociedad americana y que contribuyeran así a financiar la guerra. Otra de las imágenes que ha quedado grabada en la retina de una generación es The Terror of War, protagonizada por una niña vietnamita que corre desnuda tras el lanzamiento de un napalm por parte del Ejército de Estados Unidos. Esa foto valió un Premio Pulitzer.

El Govern de Puigdemont está buscando la imagen que hoy lunes abra las portadas de la prensa internacional y les sirva para sus objetivos políticos. El relato y la imagen la tenían ganada de antemano, tanto si se celebraba el referéndum y anunciaban el resultado como si la policía cargaba contra los manifestantes pacíficos convocados a votar. Pero, como dice Arcadi Espada, el método pacífico no es el método científico. La falacia es pensar que el pacifismo permita, justifique y legitime actos ilegales. El Estado no ganará la imagen ni el relato, pero sí la razón sobria de la democracia. El cinismo de Pablo Iglesias le lleva a criticar las porras democráticas del Estado, pero calla cuando en Venezuela son los demócratas los que reciben disparos –y no porrazos– de una dictadura.

Se podrían haber evitado esas imágenes si el Estado hubiera actuado en el instante en que Puigdemont se saltó las leyes democráticas en la última sesión parlamentaria. Pero, lo siento, no me da ninguna pena ver a manifestantes saliendo a porrazos. Son ciudadanos libres, mayores de edad y hay que presumir que saben a lo que se exponen. ¿O piensan que los actos “heroicos” ilegales salen gratis?

Todo es muy reciente y el bombardeo mediático no nos deja ver el bosque. Pero si hay que elegir una imagen hay otra: la de la policía democrática intentando proteger a un niño de la irresponsabilidad delictiva de su padre.

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Las vergüenzas, al aire

Pilar Cernuda

Foto: SUSANA VERA
Reuters

No por mucho gritar se hace uno con la razón, no por repetir mentiras se convierten en certezas. Puigdemont se ha referido a la “violencia desmedida” de España, cuando ha sido una respuesta a la sedición de un gobierno autonómico que se ha saltado la Ley y la Constitución.

Es evidente que a nadie satisface que se hayan producido heridos –ay, esas fotos del 2012, que han circulado como si fueran de este domingo- pero es evidente también que un Estado no se puede quedar cruzado de brazos ante una posición de rebeldía en toda regla. Que es exactamente lo que se ha producido en Cataluña, donde un gobierno elegido democráticamente ha abandonado las reglas de la democracia para asumir las de quienes imponen su criterio en contra de la mayoría no solo saltándose la Constitución sino también a través de amenazas, coacciones, trampas y violencia –porque la ha habido días atrás por parte de los amigos de Puigdemont, CUP, ANC & Co.-, fechorías impropias de un gobernante.

Sin ninguna duda Puigdemont ha conseguido su objetivo de que Guardia Civil y Policía Nacional hayan protagonizado imágenes no deseadas, reaccionando no contra los que se empeñaban en votar, sino contra los que les agredían, porque hay imágenes con guardias acorralados y agredidos por los disidentes. Puigdemont buscaba a toda costa imágenes de heridos para que fueran recogidas por algunos medios internacionales y algunos personajes que del desafío independentista conocen lo justo: solo lo que les transmiten los portavoces de la Generalitat.

A Puigdemont tendría que preocuparle algo que es ya irremediable para él y para ésta Generalitat. Ésta. El descrédito nacional e internacional de un gobierno que además de tomarse las leyes a título de inventario, organiza una consulta que pretende vender como un referéndum, sin censo garantizado que convierte en universal para que cada uno pueda votar dónde y como quiera, urnas que llegan a las mesas a manos de particulares en no se sabe qué condiciones, mesas formadas por voluntarios independentistas, anotaciones a mano de quienes han conseguido votar sin comprobar siquiera si estaban censados o habían votado en otro lugar, papeletas elaboradas de cualquier manera y un sinfín de irregularidades que desacredita a la Generalitat, a ésta Generalitat, para siempre. Para vergüenza de los catalanes, independentistas o no independentistas. Ni Maduro, ejemplo hoy de presidente que se salta las reglas a conveniencia, manipula y persigue a la oposición, había llegado tan lejos.

Con ese comportamiento ¿cómo se pueden dar por válidos los datos que ofrece la Generalitat, cómo se pueden aceptar los resultados que anuncian? Pobre Cataluña. Ni merece ese gobierno, ni esos dirigentes que defienden sus ideas golpeando la democracia, ni merecen una policía que ha demostrado una actitud cobarde a la hora de ejercer la función para la que se habían formado: han preferido agachar la cabeza ante las órdenes políticas en lugar de defender las leyes y el texto constitucional.

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El turismo regulado nos hará mejores

Cecilia de la Serna

Foto: Clem Onojeghuo
Unsplash

En los últimos años, y especialmente en los últimos meses, la idea de turismo regulado y responsable ha ido emergiendo en nuestra cultura de ocio. El descanso laboral y el viaje llevan de la mano siglos, pero no fue hasta el siglo XX que ambos conceptos entraron de lleno en las vidas de la gente de a pie.

El boom del turismo acontecido en los 60 en España convirtió un país con una industria pobre en un país turístico con una excelente infraestructura en el sector servicios. Ese boom pionero fue evolucionando durante décadas hasta colocar a España entre las grandes potencias del sector a escala global.

En los últimos 15 años hemos asistido a otro boom más explosivo, si cabe. Las compañías low-cost han ido proliferando hasta ofrecer incluso vuelos de larga distancia, con unos precios que acercan continentes sea cual sea el bolsillo del viajero. Además, las plataformas digitales han ampliado la oferta de alojamiento y ocio, haciendo de la economía colaborativa una realidad muy extendida. La industria ha cambiado a golpe de clic, y el turismo con ella.

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El nuevo modelo turístico ha cambiado la guía de ruta del sector. | Foto: Sylwia Bartyzel / Unsplash

Este nuevo boom ha provocado una masificación tal que en algunos de los lugares turísticos más emblemáticos se está optando por regular y limitar el turismo. En otros, incluso, el conflicto entre locales y foráneos ha acuñado un término que hace un par de décadas no podíamos ni imaginar: turismofobia. Ahora la cuestión es: ¿Puede el turismo regulado mejorar la industria y hacernos olvidar esa fobia al turista?

De Santorini al Machu Picchu: principales medidas para limitar el turismo

Las medidas para regular el turismo se extienden a lo largo y ancho del atlas global. En Europa son muchas las iniciativas en este sentido. Por ejemplo, recientemente hemos sabido que la isla de Santorini, uno de los destinos más importantes de Grecia, quiere ahora limitar la llegada de los turistas. En el archipiélago residen unas 25.000 personas, por lo que recibir a alrededor de dos millones de visitantes al año no parece algo muy viable. Aspectos como el suministro de agua potable y electricidad, o la gestión de los residuos, se tornan muy complicados con la masificación turística en la isla. Por ello, la isla pronto comenzará a limitar el número de llegadas de turistas en cruceros a 8.000 por día. En temporada alta, Santorini recibe hasta 18.000 personas al día.

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Santorini atrae por sus playas y sus casas blancas. | Foto: Jason Zeis / Unsplash

Sin salir del continente europeo, ni del Mediterráneo, encontramos otras iniciativas reguladoras del turismo. Este verano conocimos que el Parlamento balear había aprobado la modificación de la Ley Turística de 2012 para regular el alquiler turístico en las islas. Con dicha regulación, se acota minuciosamente el alquiler vacacional -algo que en Baleares y en ciudades como Madrid o Barcelona ha provocado una importante escalada de los precios del alquiler residencial- limitando en 623.624 plazas en total en todo el archipiélago. El Gobierno balear buscaba adoptar así “medidas reguladoras del turismo” para poner fin al incremento de plazas y crear un modelo turístico responsable y sostenible que “ataque la especulación”, en palabras del Ejecutivo. Y es que un turismo desmesurado puede afectar en diversos ámbitos, y es sin duda un aliciente poderoso para los corruptos y especuladores.

Más allá de nuestras fronteras también se están poniendo límites al turismo. En Perú tienen una de las siete nuevas maravillas del mundo, y que constituye en el principal atractivo del país andino: el Machu Picchu. Este santuario histórico recibe a decenas de miles de turistas al año, algo que preocupa a las autoridades en términos de conservación del lugar. Desde el 1 de julio de 2017, y por un periodo de 2 años, las entradas al Machu Picchu se dividen en dos horarios de entrada, y se limitan los ingresos sólo a visitantes acompañados de guías, entre otras medidas. La Unesco, que en 1983 otorgó al Machu Picchu el título de Patrimonio de la Humanidad, advirtió a las autoridades peruanas de que si el modelo turístico seguía como estaba, tendría que poner al sitio en la lista de Patrimonios en peligro. Quedaba así de relieve que el exceso de turismo podía matar nuestro patrimonio histórico.

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El Machu Picchu fue declarado Patrimonio de la Humanidad allá por 1983. | Foto: Babak Fakhamzadeh / Unsplash

Estos son solo algunos ejemplos de regulación del sector turístico, medidas que parecen una imposición pero que buscan poner orden y cordura en un modelo caduco. Cuando estas medidas no se toman, puede llegar un conflicto entre locales y visitantes, conflicto que se traduce en una palabra de reciente creación: turismofobia.

Turismofobia: el conflicto al límite

La turistificación -fenómeno que quedó plasmado en el documental Síndrome de Venecia (2012)-, que incluye la masificación turística, que se traduce en gentrificación de los barrios de las ciudades y que enfrenta a autoridades, industria y ciudadanos, puede llegar a cotas muy conflictivas. En España se ha empezado a hablar de turismofobia, refiriéndose todos los actos vandálicos, protestas e incidentes de la población local contra la llegada de turistas. Barcelona, Baleares y San Sebastián han sido los puntos más calientes en este nuevo fenómeno, que ha llevado a uno de los líderes del sector a una pésima imagen exterior. Fuera de España, la turismofobia no se entendía dada la importancia del turismo para la economía española, y dentro el debate estaba servido.

El modelo actual no parece ser sostenible. Es importante que las autoridades, las empresas del sector y los individuos asuman la responsabilidad de la superpoblación y que desarrollen soluciones sostenibles a los problemas que pudieran derivarse de la turistificación. Mientras que limitar el número de turistas es una medida extrema y que siempre se toma en última instancia, promover otros destinos y tipos de turismo -como el rural, en boga en toda Europa- puede ser la vía para mejorar un mundo repleto de viajeros.

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