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Así juega la magia con tu cerebro

Jorge Raya Pons

Foto: Jayanta Shaw
Reuters

El auditorio de la Fundación Telefónica es un salón grande con música chill de fondo, con pantallas de televisión aquí y allá y un diseño como de local clandestino, por los tonos de gris y los conductos atravesando el techo. No hay un asiento libre en las largas bancadas de madera y los organizadores han dispuesto una treintena de sillas supletorias para esta audiencia que se cuenta por decenas. El evento genera expectación y se comprende: esta convención sobre los secretos de la magia y de cómo influye en nuestra mente invita a la curiosidad.

En La magia está en el cerebro, dos neurocientíficos de prestigio explican, de manera sencilla y comprensible, que el mundo que vivimos es una creación de nuestro propio cerebro, que se nutre de ilusiones y descarta información todo el tiempo, pues solo así sobrevive. Susana Martínez Conde y Luis Martínez nos hacen ver, bajo la moderación del escritor Miguel Ángel Delgado, cómo los ilusionistas han sacado provecho de ello durante siglos con más intuición que conocimiento.

“No tenemos un acceso completo al mundo”

La profesora Martínez Conde es investigadora en la State University de Nueva York, pero en otro tiempo fue maga.  Ahora utiliza esa experiencia para explicar los caminos que recorre la mente en la construcción de una realidad que siempre es relativa. Por ejemplo, proyecta un vídeo del ilusionista Kokichi Sugihara en el que cuatro pelotas ascienden una cuesta por sí mismas, sin impulso. Resulta que esta impresión no es real y se debe a nuestra propia perspectiva, que nos confunde: en cuanto la cámara toma otro ángulo, se ve con claridad que las pelotas no suben la cuesta, sino que la bajan. “Los magos juegan con tus expectativas, con lo que esperas que debería ser”, explica Susana. Así es como te sorprenden.

La fragilidad de nuestra atención, especialmente cuando estamos concentrados, es la principal herramienta del mago para jugar con nosotros. Esa atención selectiva, ese querer fijarnos en el detalle que nos señala, nos hace perder demasiada información. Lo ejemplifica con una fotografía: ahora vemos una madre con su hija y las dos se ven muy felices, sonriendo. Pero este gesto nos hace olvidar todo lo demás, descartar la información que lo rodea. No caemos en la cuenta de que esa niña tiene seis dedos en la mano derecha. Así es como te hacen creer que una moneda desaparece, que una pelotita de goma pasó de su manga a tu bolsillo, sin más, que el conejo aparece porque sí en el sombrero. Pero la única verdad es que la magia solo existe en nuestra cabeza.

Luis Martínez dirige el laboratorio de Neurociencias Visuales en Alicante y preparó su postdoctorado bajo la mirada de Torsten Wiesel, quien ganó el Nobel de Fisiología y Medicina en 1981. El profesor Martínez mantiene la tesis de Susana -“no tenemos un acceso completo al mundo”- y pone tantos ejemplos para demostrarlo que en cierto modo es angustioso descubrir cómo nuestro cerebro nos confunde enviándonos informaciones tramposas.

Los soliloquios y la conversación, disponibles ahora en internet, son una extensión de la muestra temporal Houdini. Las leyes del asombro, que puede visitarse en Madrid hasta el próximo 28 de mayo.

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El hotel de lujo en el que pasaron la noche los dos 'pavos presidenciales' indultados

Redacción TO

Se ha convertido en tradición el ritual de indultar a uno o dos pavos que se salvarán de ser degustados en Acción de Gracias, que esta año se celebra el 23 de noviembre. La ceremonia tiene lugar anualmente en la Rosaleda de la Casa Blanca, donde el presidente de turno, en presidencia de su familia y un elevado número de periodistas, decide perdonar la vida a una o ambas aves. Este año, Drumstick y Wishbone, cuyo nombre ha sido elegido por un grupo de escolares, han sido los suertudos. Dos pavos procedentes de Minnesota y de un peso de unos 20 kilos a los que Trump decidió el martes perdonarles la vida en su primera ceremonia de este tipo que esta año celebraba su 70 aniversario. Además, los estadounidenses también podían votar a través de la página web de la Casa Blanca a qué pavo debería indultar el presidente estadounidense. El 60%, en esta ocasión votó por Drumstick.

La noche de hotel de Drumstick y Wishbone en el Washington Intercontinental

La National Turkey Federation es, desde 1947, la encargada de criar a los pavos del presidente. El proceso es el siguiente: selecciona a 80 pavos recién nacidos que, desde su más tierna infancia, son preparados para protagonizar la ceremonia. Su dieta es distinta a la del resto, más rica en carbohidratos –principalmente maíz y soja fortificada– con el objetivo final de que superen los 20 kilos, explica Zachary Crockett en Priceonomics.

Cuando se va a acercando el Día de Acción de Gracias –el último jueves del mes de noviembre–, los granjeros seleccionan a los veinte especímenes más grandes y con mejor comportamiento y los entrenan para dar la talla ante las cámaras. Hay que tener en cuenta que un pavo presidencial tiene que estar uno 15 minutos aguantando los flashes de los fotógrafos, sin intentar huir o atacar a algún político. Posteriormente, dos son los elegidos por el personal de la Casa Blanca para protagonizar la ceremonia. La decisión final queda en manos del presidente: salvar a una o a las dos aves.

Sin embargo, en los días previos al evento, los animales son tratados con las más altas distinciones. Como informa la National Trukey Federation, Drumstick y Wishbone pernoctar en el lujoso hotel de cinco estrellas Willard InterContinental Washington, a tan sólo seis minutos de la Casa Blanca. En camas individuales, con televisión y calefacción pasaron la noche en este lujoso hotel de unos 250 dólares la noche.

Tras la ceremonia, los dos pájaros fueron trasladados a Gobbler’s Rest, en el campus de Virginia Tech, un recinto hecho a medida dentro del Pabellón de evaluación de ganado del Departamento de ciencias avícolas, donde estarán acompañados de Tater y Tot, los dos últimos pavos a los que indultó Obama.  En el Día Nacional de Acción de Gracias el público podrá visitarlos.

George H. W. Bush fue el primer presidente que indultó a un pavo en 1989.

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Aterriza en España la primera herramienta para cambiar dinero desde casa

Lidia Ramírez

Foto: Dinuka Liyanawatte
Reuters

El viaje comienza con los planes. Reserva del vuelo, del hotel, planificación de ruta, alquiler de coche, cambio de divisas… Todo esto intentamos hacerlo con el suficiente tiempo necesario para ahorrarnos algún ‘dinerillo’. Para ello hay cientos de páginas para comparar, por ejemplo, precios de billetes de avión, de hotel o de alquiler de coches. Sin embargo, a la hora de cambiar el dinero para adecuarnos a la moneda del destino comienzan las diferentes peregrinaciones pagando comisiones sin tener muy clara la mejor opción. El cambio de moneda es la parte del viaje que falta por controlar, la que siempre se recuerda demasiado tarde y por la que se paga demasiado.

Esto es lo que pensó Tal Ekroni, un joven emprendedor de tan sólo 28 años, profesor de finanzas en el College of Management Academic Studies de Israel, que vio un hueco en este mercado y decidió crear el primer agregador de cambio de divisas para viajeros: FlyMoney. “Una vez varios alumnos me comentaron cuál era la forma más fácil de cambiar dinero para viajar a India porque tenían dificultadas para conseguir rupias. En ese momento descubrí que, en pleno siglo XXI, había un gran vacío en el mercado ya que no había herramientas que facilitaran la vida de los viajeros al cambiar dinero”, cuenta Ekroni a The Objective.

Llega a España la primera app para cambiar dinero desde casa
Tal Ekroni, fundador de FlyMoney. | Foto cedida por Interface Tourism Spain

Supervisado por el Banco de España y el Banco Central Europeo, el cambio de divisas se realiza a través de la web, sin estrés ni necesidad de hacer colas en bancos o aeropuertos y pagar comisiones excesivas. “Todo el proceso es transparente y con la mayor seguridad garantizada. Además, las tarifas proporcionadas son las mejores en el mercado”, asegura el joven emprendedor quien apunta que, además, la herramienta muestra al cliente una comparación para la misma transacción de intercambio si la operación se llevase a cabo a través de una entidad bancaria o aeropuerto. “Siempre ganamos en el aspecto del precio”, insiste Ekroni.

Tras realizar la compra el viajero puede recoger sus divisas en proveedores instalados en alguno de los 56 aeropuertos asociados a la red de FlyMoney (eligiendo si prefieren hacerlo a la salida del viaje o en la llegada al destino), pedir que se le envíe el dinero a casa por mensajero o incluso recogerlo en cualquiera de las oficinas de Correos que existen en España con una espera máxima de un día y medio.

La startup, que fue elegida como la más innovadora de Europa en la competición Visa Everywhere Initiative, cuyo premio se entregó en Copenhague este pasado mes de julio, ofrece más de 72
opciones de divisas diferentes de 117 países, entre los que se encuentran Israel, Rusia, Jordania, Dinamarca, Alemania, España, Suiza, Marruecos, Australia, Uruguay, Paraguay, Brasil, Ecuador, Colombia, Costa Rica, Nicaragua, Guatemala, México, Trinidad y Tobago y República Dominicana.

Y por si algo falla, FlyMoney tiene un servicio de atención al cliente 24 horas y además ofrece la posibilidad de cancelar el pedido sin coste. ¿Alguna vez cambiar dinero fue tan fácil?

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Ser un príncipe ‘moderno’ en Arabia Saudita

Redacción TO

Foto: Saudi Press Agency
Reuters

El pasado 4 de noviembre más de 200 personas fueron detenidas en Arabia Saudita sin acusaciones formales ni procedimientos jurídicos. Entre ellas, príncipes, ministros e importantes hombres de negocios cayeron en una operación anticorrupción lanzada por una comisión presidida por el príncipe heredero, Mohamed bin Salmán, que ha tomado ciertas medidas para introducir cambios inéditos en el país como llevarlo de una economía dependiente del petróleo a una diversificada.

Al joven de 32 años no le titubeó la mano. Entre los nombres de los arrestados destacan el de uno de los inversores más poderosos del mundo: el príncipe Alwalid Bin Talal, quien tiene intereses en compañías como Citigroup, 21st Century Fox y Twitter, y el del príncipe Mutaib bin Abdalá, el hijo favorito del difunto rey Abdalá.  Poco antes de las detenciones, Mutaib bin Abdalá había sido retirado de su puesto como jefe de la Guardia Nacional.

Según apuntan medios locales, con esta acción el príncipe heredero y principal asesor del rey Salmán, logró poner bajo su control a los tres servicios de seguridad del país: el Ejército, los servicios de seguridad interna y la Guardia Nacional. Por décadas estos poderes se habían distribuido entre las ramas del clan de la casa de Saúd para mantener un equilibrio de poder.

Con la ‘purga’, Bin Salmán supuestamente intenta combatir uno de los principales problemas que sufre el país: la corrupción. Sin embargo, esta acción ha preocupado a observadores internacionales y a los propios ciudadanos que la han considerado como una “apuesta muy arriesgada”. Incluso algunos lo acusan de buscar “desestabilizar la región” y de pretender deshacerse de personas que no apoyan sus reformas e ideas.

En cambio, otros como el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, le han dado su apoyo. Un día después de la operación, Trump escribió en su Twitter: “Tengo mucha confianza en el rey Salmán y en el príncipe heredero que saben perfectamente lo que están haciendo”. “¡Algunos de los que son tratados duramente han exprimido a su país durante años!”, añadió.

Quebrantamiento de la línea de sucesión 

En junio de este año, el rey Salmán bin Abdulaziz designó a su hijo “preferido” Mohamed bin Salmán como príncipe heredero, relevando en el cargo y en la línea sucesoria a su sobrino y príncipe Mohamed bin Nayef, según un decreto real. Con esta medida, el rey quebró por primera vez la línea de descendencia aunque contó con el apoyo de 31 de los 34 miembros del Consejo de Lealtad, órgano creado en 2006 por el entonces monarca Abdullah Bin Abdulaziz al Saud para dirimir sobre cuestiones sucesoriales.

En aquel decreto, el rey también ordenó enmendar el segundo párrafo del régimen del Consejo de Lealtad, en el que se determina que el Gobierno debe ser ejercido por los hijos del fundador del reino, Abdelaziz bin Abdelrahman al Faisal al Saud, y agregó que pueden dirigir el país sus nietos.

Mohamed bin Salmán podría convertirse en una de las figuras más poderosas del mundo árabe. The New York Times destaca que, hasta el momento, ha bloqueado a la vecina Catar, ha acusado a Irán de actos de guerra y ha alentado la renuncia del primer ministro libanés. Y en Yemen, sus fuerzas armadas están luchando en el conflicto religioso de esa nación contra una facción de hutíes alineados con Irán. 

Al ser el principal asesor del rey, se dice que ha movido los hilos de sus drásticas decisiones, como la transformación de algunos ministerios, entre ellos el de Economía, y la destitución de algunos líderes de la vieja guardia. Como ejemplo, en mayo del año pasado, Alí al Naimi, que estuvo por dos década a la cabeza del Ministerio de Petróleo, fue relevado por el presidente de la petrolera estatal Aramco, Jalid al Falih, un estrecho aliado del príncipe.

¿Mayores posibilidades para las mujeres?

Mohamed bin Salmán antes de ser designado como heredero al trono,  ya contaba con el puesto de ministro de Defensa. Es el hombre más joven del mundo en ejercer ese cargo. Aunque pertenece a una de las corrientes musulmanas más conservadoras, el wahabismo, Bin Salmán ha elogiado un “islam moderado” en el que las mujeres tendrán mayores derechos.

De acuerdo a una medida que ya ha sido aprobada, las saudíes podrán conducir a partir de junio de 2018 en el único país en el mundo que todavía mantiene la prohibición. Otro de los cambios ‘aperturistas’ fue anunciado en octubre, cuando el Gobierno dijo que autorizará a las mujeres a asistir a estadios deportivos. De momento, el próximo año podrán ir a tres recintos pero solo junto a sus maridos.

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Arabia Saudita es el único país que aún prohibe a las mujeres conducir| Foto: Faisal Al Nasser / Reuters

¿Una ‘Visión 2030’?

En el programa de Gobierno del príncipe Bin Salamán presentado en abril de 2016, llamado ‘Visión 2030’, se menciona explícitamente la intención de “empoderar a las mujeres y hacer efectivo su potencial” con el objetivo de elevar su participación en la fuerza de trabajo y la productividad nacional.

Para el monarca esto se traduce en aumentar la participación femenina en el mercado laboral de 22% a 30%, como lo recoge el documento. Esta cifra forma parte de los índices que el Foro Económico Mundial ha usado para situar a Arabia Saudí en el puesto 138 de 145 países respecto a las oportunidades y participación económica de las mujeres, a pesar de que el 60% de los estudiantes que se gradúan de carreras universitarias son chicas, según la OECD.

A pesar de las promesas, Human Rights Watch ha denunciado que no ha sido concretada la orden real de abril de este año en la que se autorizó suavizar la tutoría del hombre a la que están sometidas las saudíes. En el reino del Golfo ellas todavía deben contar con la autorización de un tutor hombre, que generalmente es su padre, esposo o hermano, para poder viajar, estudiar, sacarse el pasaporte, contraer matrimonio o incluso salir de la cárcel tras haber cumplido alguna condena. De modo, que hasta que las cosas no cambien en la práctica, las ofertas del príncipe serán palabras al viento.

Transformaciones económicas

Otro de los principales giros que busca el príncipe y que también está plasmado en ‘Visión 2030’ es convertir a Arabia Saudita en una economía diversa, no dependiente del petróleo, como lo ha sido hasta ahora. Para ello pretende privatizar la petrolera Aramco.  “En Arabia Saudita hemos desarrollado una adicción al petróleo”, expresó Salmán en una entrevista con la televisora estatal Al Arabiya. Por su parte,  la BBC señala que lograr que el país se sobreponga a esa dependencia no será fácil ya que obtiene más de 70% de sus ingresos por la venta de crudo. Además, entre otro de sus objetivos económicos, está aumentar la aportación del sector privado al PIB a un 65% en 2030 (actualmente es de 40%).

Más novedades

El llamado ‘príncipe detrás del trono’ ha anunciado la restricción de facultades de la policía religiosa llamada ‘Comité de la propagación de la virtud y prevención del vicio’, cuerpo de encargado de aplicar la estricta versión saudí de la sharia. Además de las anteriores, otra muestra de ‘modernidad’ que llamó la atención de los medios fue cuando Mohamed visitó al fundador de Facebook, Marck Zuckerberg, con vaqueros en vez de su túnica blanca, y su reciente encuentro con el co-fundador de Microsoft, Bill Gates.

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El príncipe se reunió recientemente con el co-fundador de Microsoft, Bill Gates. | FOTO: Reuters Handout

Estas reuniones con los ‘reyes de la tecnología’ posiblemente forman parte de sus planes de modernizar la nación. El más ambicioso hasta el momento es el de construir una nueva metrópolis que se extenderá por tres países y costará 500.000 millones de dólares. El proyecto, llamado NEOM, fue anunciado en una conferencia de inversiones. 

De modo que ser un príncipe moderno en Arabia Saudita está lleno de matices. El joven abogado deberá enfrentar a algunos clérigos que no concuerdan con sus ideas ‘vanguardistas’, a una élite empresarial acostumbrada a subsidios estatales y tendrá que crear planes más concretos para la materialización de sus objetivos. Además, sus decisiones en cuanto a mejorar los derechos de la mujer aún están muy lejos de parámetros dispuestos por las organizaciones defensoras.

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Benedict Wells: "Nada puede protegernos del fracaso"

Jorge Raya Pons

Foto: Jorge Raya
The Objective

Benedict está acostumbrado a firmar sus libros con el apellido Wells, pero lo que la verdad oculta es que se apellida von Schirach y que Wells, más que un alias artístico, es un homenaje al personaje de John Irving en Las normas de la casa de la sidra. Lo escogió con un motivo poderoso: “Él es la razón por la que escribo”.

Benedict Wells (Múnich, 1984) –uno de los autores más reconocidos en Alemania– ha estado en España por la publicación en castellano de su última novela, El fin de la soledad, a cargo de la editorial Malpaso, y es un hombre de rostro tranquilo, alto y delgado, con el pelo frondoso y castaño, que esconde tras de sí una historia fascinante. En el libro queda mucho de esa esencia y desde bien pronto, apenas en el segundo capítulo, viene a decirnos cómo se rompe una familia en mil pedazos después de que tres hermanos preadolescentes –Marty, Liz y Jules– pierdan a sus padres en un accidente de tráfico, sin otra salida que continuar con sus vidas en un internado público.

Cuando Benedict escribe sobre la soledad, lo hace desde el corazón y desde el estómago. Benedict supo desde joven que quería ser escritor y con 19 años se fue de Múnich a Berlín, que en 2003 era “una ciudad barata”, “perfecta para la gente que, como yo, no tenía dinero”, tomando un camino que nadie le aconsejó. “Mi vida era miserable”, recuerda. “No fui a la universidad. Los primeros años tras el instituto los viví muy solo, en un apartamento horrible, con la ducha en la cocina. Trabajé en varios empleos temporales, y escribía por las noches. Trabajé de camarero, en la taquilla de un cine, de recepcionista en un hotel, más tarde en un show televisivo que estaba bien, pero al que tuve que renunciar porque no me dejaba tiempo para escribir. No tenía otra vida. Sentía que debía invertir todo mi tiempo en escribir”.

Y continúa: “Hay mucha gente con talento. Pero, para mí, el talento no era el campo en el que podía marcar la diferencia. Lo único que estaba dentro de mi área de control era mi voluntad y mi esfuerzo. Pensaba que nadie estaba tan loco con 19 años como para tener esa vida solitaria y extraña de escribir todo el tiempo. Pensaba que muy pocas personas podían mantener ese ritmo después de dos años. Dediqué todo lo que tenía a la escritura y, después de un par de años, vi que era mejor que cuando comencé. Aun así, seguía pensando que necesitaba dos o tres años más, quizá cuatro. Mi vida era muy solitaria. Tan solitaria que podía pasar cinco semanas sin hablar absolutamente con nadie. Allí estaba yo, solo y escribiendo”.

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Portada de ‘El fin de la soledad’, de Benedict Wells. | Imagen: Malpaso

Lo más difícil de todo aquello, cuenta, más incluso que la reclusión y el olvido, era el modo amargo en que sus amigos y familiares renegaban de su esfuerzo. “Nadie me entendía”, dice, con gesto serio. “No podía demostrar que tenía el talento necesario. Habían pasado cuatro o cinco años y seguía sin publicar. Tenía 23 y algunos amigos veían mi apartamento, veían que no estudiaba, que no tenía una red de seguridad, y me decían: ‘Vamos, tienes que buscarte algo más estable’. La presión estaba ahí y era tal que estuve pensando en salir de Alemania. En cada conversación había un recordatorio de mi fracaso. Mi gran ventaja, de algún modo, era que mis padres no tenían dinero, así que podían apoyarme emocionalmente, pero no económicamente. Era totalmente libre. Aunque me pesaba la presión de que no pudieran entenderlo. Yo mismo… estaba esperando a que alguien me animara a intentarlo”.

Dice, con la memoria puesta en sus años en Berlín, que tuvo que luchar contra la soledad y el rechazo, pero también contra sus momentos de ansiedad y vacilación. “Me pasaba el día entero pensando que era un fracasado, que no valía lo suficiente”, dice. “Pero me sentaba frente al escritorio y pensaba que no había nada mejor que pudiera hacer. Vivía todo el tiempo entre dos extremos: excitado por escribir y contar una historia o deprimido porque pensaba que no tenía talento. Lo que me hizo seguir es la voluntad de contar historias. Pensaba que quizá no fuera tan bueno, pero quería terminar lo que había comenzado”.

Conforme Benedict se expresa, los recuerdos se van haciendo sólidos. Casi dibuja imágenes. Dice: “Recuerdo el día que descubrí a Michael Chabon. Simplemente leyendo Chicos prodigiosos y Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay, viendo cómo escribía, cómo jugaba con el lenguaje, sentía que tenía que volver a escribir. Sabía que la literatura era mi vida y estaba dispuesto a fracasar. Prefería fracasar que arrepentirme por no haberlo intentado. Temía más al arrepentimiento que al fracaso”.

Dice que fue en el último instante que apareció un agente, justo cuando tenía planeado su viaje a Escocia. Después de tantos años, la editorial en alemán Diogenes –muy prestigiosa y conocida por publicar un único libro al año– se interesó por él y terminó por publicarle su primera novela, El último verano de Beck. Su nombre fue, definitivamente, cobrando más y más fuerza. Publicó tres novelas más con este sello.

“Uno tiene que encontrar el equilibrio. Cada segundo que estás en la historia, dejas de estarlo en la vida real”

Probablemente su entereza y vocación exclusiva, su capacidad para no torcer el brazo, habrían sido imposibles de no haber soportado un duro entrenamiento previo –vivió de los 6 a los 19 años en un internado público por una grave situación familiar, como Marty, Liz y Jules–. Le pregunto por esta circunstancia, y habla de ello con naturalidad y sin resignación. “Creo que la independencia fue lo primero que aprendí en el internado”, dice, con la mirada puesta en una taza de café que apenas ha probado. “Pero entre los niños que estábamos allí, yo era un afortunado. Allí había niños que habían sufrido abusos, había refugiados… Al menos yo tenía unos padres que me querían. Los otros niños de mi clase iban con padres adoptivos, y yo me iba con los míos. Era extraño. Quizá para mis amigos, que han sido amados y han tenido una infancia protegida, habría sido más difícil”.

La vida de Benedict Wells es fascinante, decía, y en parte lo es por todo a lo que tuvo que renunciar. Le pregunto por las cosas que quedaron en el camino, si las echa de menos. Benedict responde que sí, sin reservas, y explica que es la razón por la que se mudó a Barcelona. “Tenía 26 años, había publicado mi primer libro y sentía que me había perdido muchas cosas”, dice. “Me di cuenta de que uno tiene que encontrar el equilibrio. Cada segundo que estás en la historia, dejas de estarlo en la vida real. Echo cosas de menos, sí. Pero todo tenía un propósito. Me habría gustado disfrutar de lo que llaman la vida del estudiante, pero luego estuve tres años y medio en Barcelona, y más tarde traté de imitar la vida del Erasmus en Montpellier. Me esforcé por hacer lo que no había hecho, y claro que no era lo mismo. Pero nunca dudé del camino que había tomado: amo la escritura y volvería a hacer lo mismo”.

Ahora Benedict es un autor respetado en Europa, sus libros se venden por cientos de miles, y en su país concede raramente entrevistas: es, la mayor parte del tiempo, un hombre solitario. Con todo, más allá de las ventas y de los premios y de ese reconocimiento intangible que es la admiración de sus lectores, todavía experimenta, de vez en cuando, la amargura del rechazo. “Recientemente escribí un artículo sobre el tren transiberiano y traté de venderlo a los periódicos”, cuenta, divertido. “Una vez más: rechazado-rechazado-rechazado. Me di cuenta de que todavía era posible. No hay garantías. Todavía puede ocurrirme”.

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Benedict Wells, fotografiado en Madrid. | Foto: Jorge Raya Pons/The Objective

“Después de todos estos años”, le pregunto, “¿qué significa para ti el fracaso?”.

Benedict se toma ocho, nueve segundos, busca una respuesta: “A veces es difícil asimilar que es inherente al ser humano, simplemente inevitable”. Hace una nueva pausa: “Vamos a fracasar y vamos a tener que lidiar con ello. Nada puede protegernos del fracaso. Lo único que puede cambiar es tu actitud. Por supuesto que existe aquella teoría de que el fracaso te hace más fuerte, y de que puedes aprender de ello. Pero hay fracasos de los que no puedes extraer nada. Probablemente ni siquiera puedas cambiar de actitud, pero tienes que esforzarte por hacerlo. Intentar aprender de tus fracasos, intentar hacer las paces con ellos. Es la única manera: intentarlo”.

Benedict, en su camino hacia el fin de la soledad, siempre encontró la literatura. “Es, definitivamente, una parte muy importante en mi vida. En ambas direcciones. Hacia fuera, mi pasión y mi profesión. Hacia dentro, el sentimiento de que no estás solo, de que puedes encontrarte a ti mismo en muchos libros, de que puedes sentirte a salvo”. Entonces habla de Harry Mulisch y de Kazuo Ishiguro, al que admira profundamente y llama profesor, y menciona Los restos del día y Nunca me abandones. Dice: “Hay pocos libros que me hayan cambiado de verdad, y estos son dos de ellos. Los leo y me pregunto: ‘¿Por quéee? ¿Cómo logró manipularme así? ¿Por qué me siento así?’. No es algo que esté entre las páginas. Trato de estudiar estos libros. Los libros que amo son mis profesores“.

Luego Benedict regresa a la idea de que la literatura, en el mejor de los casos, nos ayuda a sentirnos menos solos. “Es la primera experiencia cuando lees”, continúa. “No estás tan solo. Lo que realmente amo de la literatura es que es completamente distinta al resto de artes. En un cuadro, en una fotografía o en una película, todo está acabado. Puedes consumirlo. Pero un libro es simplemente blanco y negro. Todo viene de dentro. Tienes una página y todo depende de ti”.

Y concluye: “Hay algo que me fascina de la literatura: te deja a solas con la historia que tú has construido dentro de ti“.

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