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Atentados en Cataluña: cronología de una masacre

Bea Guillén Torres

Foto: SUSANA VERA
Reuters

Los atentados de Barcelona y Cambrils han sido el primer ataque yihadista que sufre España después del 11-M en 2004. Dejaron al menos 15 muertos y más de 120 heridos. La célula terrorista, formada por 12 integrantes, llevaba meses preparando el atentado. Esta es la cronología de esos últimos días.

Martes y miércoles, 1 y 2 de agosto

Los terroristas compran “500 litros de acetona y el material necesario para la confección de artefactos explosivos”, según consta en el auto de detención.

Sábado, 12 de agosto

El Audi A3, que posteriormente los terroristas utilizaron para atacar en Cambrils, fue detectado por un radar en Essonne, en la región de París, con cuatro personas a bordo. Lo confirmó diez días después el ministro de Interior de Francia, Gerard Collomb, en una entrevista con la cadena francesa BMFTV. “Fue un viaje de ida y vuelta extremadamente rápido“, dijo Collomb. Habían llegado la noche anterior. Todavía no se conoce con que propósito hicieron el viaje.

Domingo, 13 de agosto.

Driss Oukabir llega al aeropuerto del Prat de Barcelona procedente de Marruecos.

Miércoles, 16 de agosto

20:25. En Sant Carles de la Rápita (Tarragona), los terroristas compran: “15 fundas de almohada y bridas para, muy probablemente, contener los artefactos explosivos en su interior y listos para ser utilizados”.

23:30. Explota accidentalmente un edificio situado en la urbanización Montecarlo en Alcanar (Tarragona) por una “acumulación de gas”. Los Mossos valoran en un primer momento que fuera un laboratorio de drogas, debido a la presencia de algunas bombonas de butano y de material utilizado habitualmente para tráfico de estupefacientes. En el primer balance se habla de un muerto y seis heridos. La nube que formó la explosión era visible a kilómetros de distancia.

Atentados en Cataluña: cronología de una masacre
La vivienda en la que los terroristas prepararon los atentados. | Foto: Heino Kalis/Reuters

La investigación posterior permite aclarar que en el inmueble había “120 bombonas de butano, productos como acetona, agua oxigenada, bicarbonato, gran cantidad de clavos para ser utilizados como metralla y pulsadores para iniciar la explosión“, según consta en el auto de detenidos de la Audiencia Nacional. Todo esto “deja patente que en aquel lugar se estaban confeccionando artefactos explosivos con la finalidad de cometer una acción terrorista de gran envergadura“. “Se estaba intentando fabricar peróxido de acetona, también conocido como TATP, utilizado habitualmente por la organización terrorista Daesh en sus acciones terroristas, como los atentados de París y Bruselas”.

En esta explosión mueren dos de los integrantes de la célula terrorista: Youssef Aalla y Abdelbaki Es Satty. Este último era el imán de Ripoll al que la investigación señala como el principal culpable de la radicalización del resto de los jóvenes. A su nombre se encuentran billetes de avión con destino a Bruselas y una hoja manuscrita en árabe en la que consta su nombre y el siguiente texto: “En nombre de Ala, El Misericordioso, El Compasivo. Breve carta de los Soldados del Estados Islámico en la tierra del Ándalus para los cruzados, los odiosos, los pecadores, los injustos, los corruptores“.

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La mezquita de Ripoll de la que era imán Abdelbaki Es Satty. | Foto: Susana Vera/Reuters

En la explosión también resulta herido Mohamed Houli Chemlal. Es trasladado al hospital de Tortosa (Tarragona).

Jueves, 17 de agosto

12:58. Mohamed Hichamy, de 24 años, alquila en Parets del Vallés (Barcelona) dos furgonetas Renault modelo Kangoo.

15:25. Una de estas furgonetas sufre un accidente en la autopista AP-7 a la altura de Cambrils (Tarragona). Su conductor, Mohamed Hichamyy, abandona el vehículo. Cuando el ocupante del otro coche avisa de llamar a la policía para reportar el accidente, Hichamy salta la valla de la autopista y se va por un camino.

16:30. Una furgoneta Fiat ocupa el carril central de La Rambla de Barcelona. El vehículo inicia su recorrido en la plaza de Catalunya y avanza 700 metros, hasta estrellarse a la altura del mercado de la Boquería. El automóvil invade la parte peatonal a gran velocidad y “haciendo zig-zag con la finalidad de causar el mayor número de víctimas”, según el auto de detención. Atropella a decenas de personas.

17:10. Los Mossos confirman el atropello masivo. El pánico se desata en el centro de Barcelona.

17:26. Las fuerzas de seguridad piden a los ciudadanos evitar la zona de La Rambla. A los que ya se encuentren en Plaza Cataluña, les recomiendan quedarse refugiadas hasta nuevo aviso de la policía. Se cierran las estaciones de metro y cercanías: Paralelo, Drassanes, Liceu, Catalunya y Paseo de Gràcia.

Mientras, el conductor de la furgoneta, que hoy ya sabemos que fue Younes Abouyaaqoub, de 22 años, huye de la zona a través del mercado de La Boquería. “Se desconoce si portaba algún arma, instrumento o artefacto que hubiera podido causar más víctimas”, señala el auto. “Andando y corriendo” atraviesa la zona vieja de Barcelona hasta llegar a Zona Universitaria, evitando los controles de la policía.

18:10. La policía anuncia que están buscando al autor del atropello. En ese momento, Abouyaaqoub entra en el parking de Zona Universitaria, ya muy lejos del lugar del atentado. Allí se encuentra estacionado con su coche Pau Pérez, un joven de 34 años. Lo asalta y lo apuñala. Coloca el cuerpo del catalán en los asientos traseros de su Ford Focus y emprende la huida.

18:15. Los Mossos confirman el atentado terrorista.

18:50. Los Mossos localizan una furgoneta de similares características a la de los ataques vacía en Vic.

18:57. Se instala el dispositivo que cierra la ciudad.

19:20. Se detiene en el hospital de Tortosa a Mohamed Houli Chemlal que estaba ingresado desde la explosión de Alcanar.

19:24. Abouyaaqoub trata de salir de la ciudad y se salta con un control policial de los Mossos en la avenida Diagonal. Hiere a una de las agentes. Estrella el vehículo tres kilómetros más adelante, frente a la Torre Walden de Sant Just de Desvern. Un testigo le observa huir del vehículo.

20:20. El ministro de Interior Joaquim Forn confirma la muerte de 13 personas. Todavía no se conocía el asesinato de Pau Pérez a manos de Younes Abouyaaqoub. El número de heridos real llegó al centenar.

21:26. Cinco individuos compran cuatro cuchillos y un hacha en un comercio de la población de Cambrils (Tarragona).

21:40. Los Mossos confirman dos detenidos, el otro de ellos es Driss Oukabir.

Viernes, 18 de agosto

Noche. Los Mossos comienzan los registros en las viviendas de Ripoll de los individuos cuyos pasaportes y documentación se encontraron en la casa de Alcanar y en las tres furgonetas encontradas.

01:00. Un Audi A3 con Moussa Oukabir, Said Aalla, El Hussain Abouyaaqoub, Mohamed y Omar Hichamy a bordo comienza a atropellar a los peatones que caminaban por el paseo Marítimo de Cambrils (Tarragona). Colisionan el vehículo contra un control policial de los Mossos d’Esquadra. El coche vuelca y de él salen los cinco ocupantes armados con un hacha y cuchillos de grandes dimensiones. “Llevaban adosados a su cuerpo una serie de elementos que, por su apariencia, parecían cinturones o chalecos explosivos, que luego se demostró que eran falsos”, consta en el auto de detención.

Cuatro de los terroristas se fueron con los cuchillos en dirección sur y uno al norte. Hirieron a seis heridos y mataron a una mujer, antes de ser abatidos por los Mossos d’Esquadra.

13:42. Se detiene en Ripoll al último de los terroristas.  Se sumaron a la lista Salh El Karib, el gerente de un locutorio de la localidad catalana que compró los billetes de avión a Driss Oukabir para ir a Marruecos, puesto que Oukabir no tenía la tarjeta para pagar los vuelos por Internet; y Mohamed Aallaa, hermano del terrorista que murió en la explosión de Alcanar.

17:21. Los Mossos trasladan a la comisaría de Tortosa a Mohamed Houli que estaba hasta ese momento detenido en el hospital de esa misma localidad.

Sábado, 19 de agosto

Mañana. El ISIS asume la autoría de los atentados de Cambrils y Barcelona.

El ministro de Interior, Juan Ignacio Zoido, da por desarticulada la célula terrorista. Sin embargo, los Mossos niegan que esté neutralizada, puesto que queda uno de los integrantes, el conductor de la furgoneta por detener. Se mantiene el nivel 4 de alerta antiterrorista en España.

Domingo, 20 de agosto

Sigue la búsqueda del terrorista fugado.

Lunes, 21 de agosto

09:20. Las últimas dudas comienzan a disiparse. Los Mossos confirman que han identificado al conductor de la furgoneta y los restos del imán en la explosión de Alcanar.

13:16. Las fotografías de Younes Abouyaaqoub recorren la red. Todas las fuerzas de seguridad comparten su complexión y vestimenta. Avisas: podría ir armado y ser peligroso. El mensaje se difunde en todos los idiomas con un número de teléfono vinculado.

16:10. Los Mossos avisan de un incidente en Subirats, una localidad a 50 kilómetros de la capital. Habían recibido el aviso de una vecina que había visto a un individuo con las características de Younes Abouyaaqoub.

17:05. Los Mossos abaten a Younes Abouyaaqoub, el autor material de la matanza de Barcelona. Confirman su identidad una hora después. 

A última hora de la tarde del lunes, la policía catalana confirma la neutralización de todos los miembros de la célula terrorista: ocho están muertos (dos en la explosión de Alcanar, cinco en el operativo de Cambrils y, el último, Abouyaaqoub) y cuatro están detenidos. Sin embargo, advierten, la investigación no ha terminado.

Martes, 22 de agosto

Los cuatro detenidos llegan a la Audiencia Nacional de Madrid para prestar declaración. Se trata de Mohamed Houli, Driss Oukabir, Mohammed Aallaa y Salh El Karib. En su declaración, Houli ha admitido ante el juez Fernando Andreu que preparaban un atentado mayor, con explosivos. Todos ellos son imputados por “pertenencia a una organización terrorista, asesinatos terroristas y posesión de explosivos”. Houli y Oukabir son trasladados a prisión. El juez Andreu pide 72 horas más de detención paraEl Karib y deja en libertad provisional a Aalla.

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Mohamed Houli, Driss Oukabir, Mohammed Aallaa y Salh El Karib, de izquierda a derecha. | Foto: AP

Jueves, 24 de agosto

Los Mossos identifican al segundo fallecido en la explosión de Alcanar.

Continúa leyendo: Rebeca, ex esclava de Boko Haram: "Me atormenta saber que tengo un hijo con uno de ellos"

Rebeca, ex esclava de Boko Haram: "Me atormenta saber que tengo un hijo con uno de ellos"

Lidia Ramírez

Foto: Jorge Raya
The Objective

Parece cansada, apoya la barbilla en sus dos manos. En una de ella lleva un rosario, asegura no separarse de él nunca. Con la mirada perdida me pregunta: “¿Cómo estás?”. Le sonrío.

–”Yo emocionada y agradecida de estar aquí” –responde mirando ahora todo con detalle.

Rebeca Bitrus sólo tiene 29 años, y los últimos dos los cumplió en manos del grupo terrorista de carácter fundamentalista islámico, Boko Haram. Ahora, gracias a la organización española Ayuda a la Iglesia Necesitada, especializada en la denuncia de la persecución religiosa, se encuentra en España para relatar su calvario; el mismo que miles de víctimas llevan años sufriendo en Nigeria a manos de este grupo islamista.

Madre de dos hijos, estuvo dos años en garras de esta milicia activa en Nigeria, Camerún, Chad, Níger y Malí.

El secuestro

Era 21 de agosto de 2014 cuando Boko Haram asaltó su localidad, Baga, al noreste de Nigeria. Con mirada seria y un sentimiento de honda tristeza cuenta cómo junto a su marido, Bitrus, y sus dos hijos (Zacarías, de 3 años, y Jonatan, de uno) huyeron de su hogar. “Pensábamos que el objetivo principal era mi esposo porque a los hombres cristianos los mataban”, cuenta visiblemente emocionada, “así que decidimos que él escapara y se escondiera dejándonos a nosotros atrás”.

Bitrus pudo escapar de las garras de Boko Haram, pero Rebeca y sus pequeños no. Lo que ocurrió a partir de ese momento nunca lo olvidará. “Cuando los milicianos me encontraron, me dijeron: ‘Tú y tus hijos vais a trabajar para Alá’. Después me golpearon con un arma pesada y me sacaron de cuajo varios dientes”.

Ahí comenzó su pesadilla. Fue vendida varias veces a varios milicianos que la torturaban –”cada día me propinaban 98 golpes”– y usaban como esclava sexual. Rebeca cuenta cómo cada día se frotaba por su cuerpo las heces de sus hijos para mantener alejado a sus secuestradores. Fruto de una de esas violaciones quedó embarazada. Hoy día aún lucha por aceptar a ese “hijo de Boko Haram”, como ella se refiere a él. “Me atormenta saber que tengo un hijo con un terrorista, ¿y si cuando sea mayor es como su padre?”. Esa, asegura, es su mayor preocupación.

Rebeca, ex esclava de Boko Haram: "Me atormenta saber que tengo un hijo con uno de ellos"
Rebeca, junto a su marido y sus hijos, en Nigeria. | Foto: Ayuda a la Iglesia Necesitada

Dos años en manos de Boko Haram

Rebeca habla hausa, idioma oficial de Nigeria. Un intérprete nos acompaña durante toda la entrevista. Junto con más de 100 mujeres secuestradas, cuenta, lo primero que debían hacer antes de comenzar el día era hacer el rezo musulmán. “Posteriormente nos adoctrinaban y pasábamos a hacer las tareas del hogar, como limpiar y cocinar”. Muchos días eran los que se quedaba sin comer porque su comida era las sobras de sus secuestradores.

También las obligaban a memorizar varios versículos del Corán para, una vez aprendidos, inmolarse. “Yo quería que me dieran un cinturón de explosivos, pero nunca lograba memorizar los versículos”, cuenta la joven, quien asegura que su único objetivo era escapar.

–¿Conociste a algunas de las niñas de Chibouk?

–Conocí a varias de ellas. Una de ellas me aconsejó que me convirtiera al islam –responde.

Pero Rebeca no lo hizo, y como consecuencia, uno de sus hijos, de tan sólo un año, fue asesinado por un terrorista de Boko Haram. Lo tiró al lago Chad. Murió ahogado.

Nigeria fue el tercer país más castigado del mundo por el terrorismo en 2016, después de Irak y Afganistán, y en lo que va de año más de 400 civiles han sido asesinados por el grupo terrorista Boko Haram. 12 de sus 19 estados están bajo la ley de la sharía.

La huida 

Después de algo más de dos años, al fin llegó la luz de la libertad. Rebeca recuerda que fue una madrugada cuando escuchó hablar a varios milicianos que los soldados de Nigeria se acercaban. “Aproveché la situación de pánico para coger a mis hijos y huir”, explica. Pasó un día entero escondida en el bosque: “Los terroristas me buscaban por todos lados, pude ver a varios coches patrullando el bosque para encontrarme, pero pude esconderme bien”.

Finalmente, tras varios días caminando, llegaron a Diffa, sureste de Níger, donde se encontraron con soldados estadounidenses. Estos atendieron a su hijo y les dieron algo de pan. Al poco los llevaron a Damaturu, Nigeria, donde había soldados nigerianos. “Ellos fueron maravillosos: me llevaron directamente a la ciudad de Maiduguri, junto a mi marido”, sonríe al fin.

–¿Volverás algún día a tu aldea?

–Quizás algún día vuelva, pero ahora allí no hay nada –responde–. Todo fue quemado y destruido por Boko Haram.

Hoy, junto a más de 500 personas en su situación, se encuentra en un campamento de desplazados de la Diócesis de Maiduguri. Poco a poco, gracias al cariño que allí recibe ella, sus hijos y su marido, están saliendo adelante.

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Rebeca, ex esclava de Boko Haram: "Me atormenta saber que tengo un hijo con uno de ellos"

Redaccion The Objective

Rebeca Bitrus sólo tiene 29 años, y los últimos dos los cumplió en manos del grupo terrorista de carácter fundamentalista islámico, Boko Haram. Ahora, gracias a la organización española Ayuda a la Iglesia Necesitada, especializada en la denuncia de la persecución religiosa, se encuentra en España para relatar su calvario; el mismo que miles de víctimas llevan años sufriendo en Nigeria a manos de este grupo islamista.

Puedes leer la entrevista completa aquí.

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11 de septiembre, el día que estremeció a Occidente

Néstor Villamor

Foto: Sean Adair
Reuters

Saltaron las alarmas a las 8:19 de la mañana, momento en que la azafata del vuelo 11 de American Airlines de Boston a los Ángeles Betty Ong llama al centro de operaciones de la aerolínea para informar de que se han producido apuñalamientos en la zona de primera clase y de que la cabina del piloto no contesta. Teme que el avión haya sido secuestrado. Minutos más tarde, a las 8:46, el boeing se estrella contra al Torre Norte del World Trade Center de Nueva York. La confusión es máxima en los primeros instantes. Los medios de comunicación barajan la hipótesis de un atentado, pero la confirmación no llegaría hasta las 9:02, cuando el avión que cubría el vuelo 175 de United Airlines de Boston a los Ángeles impacta contra la Torre Sur. La esperanza de que fuera un accidente se desvaneció en ese momento.

Los atentados del 11 de septiembre, de los que se cumplen 16 años, provocaron 3.016 muertes (incluyendo a los 19 terroristas suicidas), dejaron más de 6.000 heridos, marcaron el comienzo del siglo XXI, estremecieron a Occidente e iniciaron una nueva forma de entender el terrorismo.

Los ataques

Si bien la imagen que ha quedado como icono ya no solo del 11 de septiembre sino del terrorismo en general es la de las Torres Gemelas de Nueva York, fueron cuatro los aviones que participaron en el ataque. Además del vuelo 11 de American Airlines y del 175 de United Airlines que se estrellaron contra el World Trade Center, un tercer boeing impactó contra el Pentágono y un cuarto se precipitó en un campo de Pensilvania.

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Momento en que el avión 175 de United Airlines impacta contra la Torre Sur. | Foto: Chao Soi Cheong / AP

En el atentado del avión que atacó el epicentro del poder militar estadounidense perdieron la vida 189 personas. En el siniestro del único aparato que no llegó a su destino final, que era el Capitolio o la Casa Blanca, fallecieron 44. Las 2.783 víctimas mortales restantes perecieron en el ataque de Manhattan.

Los responsables del 11 de septiembre

Inmediatamente después del ataque terrorista más letal de la historia, todas las miradas recayeron sobre la organización yihadista Al Qaeda, liderada por Osama Bin Laden. Inicialmente, Bin Laden negó tener algo que ver con los sucesos, pero en 2004 admitió ser el responsable y que la motivación principal fue la participación de Estados Unidos en la Guerra de Líbano de 1982.

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Osama Bin Laden, autor de los atentados. | Foto: Mazhar Ali Khan / AP

La siguiente declaración forma parte de un comunicado en vídeo de Bin Laden emitido en 2004 y cuya transcripción dio la vuelta al mundo.

“Os digo que Alá sabe que nunca se nos había ocurrido atacar las torres, pero después de que [la situación] se hiciera insoportable y fuéramos testigos de la opresión y tiranía de la coalición estadounidense-israelí contra nuestro pueblo en Palestina y Líbano, se me ocurrió.

Los acontecimientos que afectaron a mi alma de manera directa empezaron en 1982, cuando Estados Unidos permitió a los israelíes invadir Líbano y la Sexta Flota de Estados Unidos les ayudó. Empezó el bombardeo y muchos murieron y otros fueron aterrorizados y desplazados y yo no podía olvidar esas escenas conmovedoras, sangre, miembros cortados, mujeres y niños tirados por todas partes. Casas destruidas junto con sus ocupantes y edificios demolidos sobre sus residentes. Cohetes lloviendo sobre nuestros hogares sin piedad. La situación era como un cocodrilo que se encuentra con un niño indefenso sin más poder que sus gritos. ¿Entiende el cocodrilo una conversación que no incluya un arma? Y todo el mundo vio y escuchó pero no respondió.

En esos momentos difíciles, burbujearon en mi alma muchas ideas difíciles de describir, pero al final produjeron un sentimiento intenso de rechazo a la tiranía y dieron a luz a una resolución fuerte de castigar a los opresores. Y mientras veía esas torres demolidas en Líbano, me entró en la mente la idea de que deberíamos castigar al opresor de la misma manera y que deberíamos destruir torres en Estados Unidos para que probaran algo de lo que nosotros hemos probado y para impedir que mataran a nuestras mujeres y niños”.

Consecuencias

El 11 de septiembre de 2001 “es cuando el mundo toma conciencia de que existe un terrorismo que ya no es local, es un terrorismo global, capaz de actuar en cualquier región del mundo”, explicó recientemente en una entrevista para TVE Miguel Ángel Ballesteros, director del Instituto Español de Estudios Estratégicos.

Ante el temor desatado, Estados Unidos inició la Guerra de Afganistán, cuyo objetivo declarado era encontrar a Osama Bin Laden, enemigo público número uno. Washington acusaba al emir del Estado Islámico de Afganistán (que llegó a controlar casi la totalidad del país) de no entregar a Bin Laden y a otros miembros de Al Qaeda. El yihadista fue encontrado y abatido en la ciudad pakistaní de Abbottabad el 2 de mayo de 2011 gracias al contacto de un miembro de su círculo con la CIA. Llevaba años recluido en una casa fortificada. La cercanía del complejo con una academia militar sugirió que quizás hubiese recibido ayuda del ejército o del servicio de inteligencia de Pakistán, o de ambos.

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Casa en la que vivía recluido Bin Laden, en Abbottabad, Pakistán. | Foto: Faisal Mahmood / Reuters

El yihadismo después del 11 de septiembre

Pero el yihadismo no murió con Bin Laden. La organización que hoy preocupa más ya no es Al Qaeda, que sigue activa bajo el control de Aymán al-Zawahiri, sino el denominado Estado Islámico, el Daesh, que ya estaba fundado antes de la muerte de Bin Laden.

¿Cómo surge el Daesh? “Cuando los americanos entran en Afganistán, se produce una diáspora” en Al Qaeda, explica Ballesteros en la entrevista con TVE. Uno de los miembros de la organización que huye entonces del país, Abu Musab al Zarqawi, se instala en Irak poco antes de la invasión estadounidense. Allí crea Yama’at al-Tawhid wal-Yihad (Organización de Monoteísmo y Yihad). Posteriormente, recluta a policías y militares expulsados del ejército de Sadam Hussein.

“Se junta el agua y el aceite: alguien que no era yihadista de ideología, como eran los militares de Sadam, pero que sí que saben combatir, con alguien que tiene la ideología yihadista. Esos militares le explican a Al Zarqawi que es fundamental controlar el territorio”. Ahí aparece el Estado Islámico de Irak, que practica un terrorismo “que ya no se oculta” sino que “quiere controlar territorio”. Cuando los estadounidenses abandonan Irak en 2011, con este Estado Islámico de Irak ya debilitado, el grupo “vuelve a coger fuerza” y se traslada a Siria, un país “más proclive” para hacer la yihad y controlar terreno porque se encuentra consumido por la Guerra Civil. “Pero ahí ya hay un grupo de Al Qaeda, el frente Al Nusra“. Fruto del choque entre ambas fuerzas aparece el monstruo del Daesh.

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El Estado Islámico, la nueva amenaza. | Foto: Stringer / Reuters

Memoria

Mientras, Nueva York intenta cicatrizar pero no quiere olvidar el 11 de septiembre. El espacio sobre el que se levantaban las torres gemelas ha sido sustituido por dos piscinas con cascadas artificiales en recuerdo de las víctimas y la Zona Cero acoge un museo sobre los atentados. Los nombres de los fallecidos están inscritos en paneles que rodean las dos piscinas.

Es, según la organización, “un poderoso recuerdo de la mayor pérdida de vida resultado de un ataque extranjero en suelo estadounidense y la mayor pérdida de personal de rescate en la historia de Estados Unidos”.

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Dos piscinas ocupan el lugar en el que estaban las Torres Gemelas en homenaje a las víctimas. En los bordes, están inscritos los nombres de los fallecidos. | Foto: Mike Segar / Reuters

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Múnich 1972: la masacre que marcó los Juegos de la Alegría

Tal Levy

Foto: Wikicommons
Wikicommons

A pocas millas del campo de concentración de Dachau, en Múnich, una Alemania partida en dos por un muro buscaba dejar atrás la infamia. Se suponía que esos sí serían los Juegos de la Alegría (“Die Heiteren Spiele”), o al menos ese era su lema. No como aquellos otros celebrados en Berlín en 1936, a la sombra del Führer y la pretendida supremacía aria, de las esvásticas y la propaganda nazi.

Los intentos por mejorar su reputación y desmarcarse de un pasado que la señalaba como una nación belicista que propició la Segunda Guerra Mundial no dieron el resultado esperado. La tristeza ensombreció las Olimpiadas de 1972. Pasados 45 años, poco se habla de los muchos récords alcanzados allí, solapados por la sangre derramada, por el drama imborrable de los 11 atletas israelíes asesinados en pleno sueño olímpico.

Esa fiesta deportiva que pretendía disipar ante la opinión pública el recuerdo del Holocausto fue, paradójicamente, escenario de muerte debido a un ataque que marcaría la proliferación del terrorismo como fenómeno internacional. Los judíos volvían en suelo germano a ser víctimas.

La Masacre de Múnich representó, según la autobiografía del locutor deportivo de ABC que cubrió los hechos, Jim McKay, “el final de una edad de la inocencia para el deporte”. Fueron 21 horas de suspense que acabarían trágicamente y relegarían la XX edición de los Juegos Olímpicos de la Era Moderna a las páginas de sucesos.

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Familiares de las víctimas de la masacre de Múnich llegan a la pista en el aeropuerto de Lod para el servicio conmemorativo. | Imagen vía: Wikicommons/Government Press Office (Israel)

Moneda de cambio

Todo empezó a las cuatro y media de la madrugada del 5 de septiembre de 1972, cuando cinco militantes del grupo terrorista Septiembre Negro, facción de la Organización para la Liberación de Palestina, liderada por Yaser Arafat, intentaron escalar la verja de escasos dos metros que protegía la villa olímpica.

Iban camuflados, vestidos con chándal, tal como cualquiera de los 7.134 deportistas de los 121 países participantes en la competición inaugurada el 26 de agosto. Parecían uno más, tanto así que atletas estadounidenses que habían pasado una noche de copas, al verles, les ayudaron a sortear el muro sin imaginar que poco después desenfundarían las armas que llevaban ocultas en sus bolsos tras entrar en el edificio donde se alojaba el equipo israelí.

Sin levantar sospechas, se juntaron con otros tres terroristas que ya se encontraban dentro. Dos de los veinte miembros de la delegación de Israel fueron asesinados sin contemplación: el levantador de pesas Joseph Romano y el coach de lucha Moshe Weinberg, cuya voz de alarma permitió que nueve de sus compatriotas pudieran huir, toda vez que intentara en vano defenderse de los intrusos con un simple cuchillo de los que se usan para picar frutas.

“Cuando me despertaron pensé que se trataba de una broma”, recuerda Shaul Ladany. Era el único atleta israelí que se encontraba en el dormitorio 2, junto a un par de expertos tiradores a quienes les estaba permitido guardar consigo sus armas y municiones. Cree que eso fue lo que hizo que los terroristas no entraran allí, sino que siguieran a la habitación siguiente, según reseña La Nación. Esa, al menos, es la teoría que maneja este sobreviviente del campo de concentración Bergen-Belsen para explicar cómo en Múnich logró salvarse por segunda vez.

Otros nueve israelíes no corrieron con la misma suerte; se convertirían en moneda de cambio. La exigencia para entregar a los secuestrados: la liberación de 230 palestinos presos en las cárceles de Israel y de 2 en Alemania. También pedirían un avión para poder escapar a salvo a Egipto.

La televisión fijaría en la memoria a un terrorista cuyo rostro estaba cubierto con un pasamontañas, asomado en un balcón, a la luz del mundo entero.

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Firmas del libro de condolencias en la embajada de Israel | Imagen: Wikicommos/Bert Verhoeff

Una cadena de errores

La imagen del terror desde esa década de los años setenta se multiplicaría. “Lo que pasó en Múnich fue el balazo que empezó el terrorismo internacional”, afirmaría años más tarde a La Vanguardia la esgrimista devenida en periodista después de la masacre, Anky Spitzer, viuda del entrenador de esgrima André Spitzer.

El ultimátum había sido dado bajo amenaza de hacer explotar sus granadas y ejecutar a todos los rehenes. “El gobierno israelí no negocia con terroristas”, había dicho la primera ministra de Israel, Golda Meir. La última palabra la tenía la dirigencia de la República Federal Alemana (RFA), que se negó a recibir colaboración por parte de los equipos antiterroristas israelíes.  

Tras negociaciones y prórrogas, las autoridades germanas accedieron a trasladar en helicóptero a los ocho secuestradores, junto a los nueve deportistas cautivos, a la base aérea militar de Fürstenfeldbruck, desde donde abordarían un avión supuestamente en dirección a El Cairo.

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Los secuestradores hicieron estallar el helicóptero aún rehenes | Imagen vía Getty Images

La villa olímpica se alejaría del foco. Y es que allí, además, poco se podía hacer, después de que los terroristas vieran por televisión las tomas de policías haciéndose pasar con su vestimenta como deportistas, pero con las armas al descubierto. Por supuesto, ese intento de rescate murió al nacer.

Entonces, planearon sorprender a los terroristas en la aeronave que les aguardaba con policías disfrazados como tripulación, aunque los uniformes estaban incompletos. La misión fue abortada por los propios agentes que desistieron a última hora y abandonaron la nave, dejando el plan de rescate ya sólo en las manos de cinco tiradores de precisión que no habían recibido ningún tipo de entrenamiento especial, cinco tan sólo para enfrentar a ocho. La que se avecinaba era una lucha desigual.

Cuando los fedayines se encontraron con un avión vacío, supieron de inmediato que estaban frente a una trampa. Se abrió el fuego. Alrededor de las 12:30 am del 6 de septiembre se escuchó el último de los disparos que dio término a una operación marcada por el fracaso y una sucesión de errores y omisiones. Todos los rehenes fallecieron y también un policía alemán. Cinco de los secuestradores fueron abatidos y los otros tres detenidos, aunque serían liberados el 29 de octubre al ser canjeados tras el secuestro de un avión de Lufthansa.

No podía ser de otro modo si se toma en cuenta que en esa noche sin luna los francotiradores no contaban con gafas de visión nocturna, lo cual hubiera marcado la diferencia, de acuerdo con una reconstrucción llevada a cabo días después por miembros de la Fiscalía de Baviera. Tampoco tenían chalecos antibalas ni radios bidireccionales.

No extraña, por tanto, que en 2002 Michael Hershman, un alto ejecutivo de la consultora de seguridad Decision Strategies, que ha participado en varias Olimpiadas, afirmara a Time: “A lo largo de los años, Múnich ha servido como un modelo de lo que no se debe hacer de ninguna manera”.

El jefe de la delegación israelí, Samuel Lankin, había manifestado su inconformidad sobre el lugar de alojamiento de sus compatriotas por ser vulnerable, al estar sólo protegido por una verja fácil de romper o saltar. “No olvidaré cómo no escucharon mi voz”, se lamenta ya nonagenario al periódico Yediot Ajronot.

Su advertencia no fue atendida, como tampoco la que hiciera un agente de seguridad de Israel ante las autoridades policiales alemanas y el Comité Olímpico Internacional (COI).

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Homenaje a atletas israelíes asesinados en 1972 durante los JJOO de Londres 2012 | Imagen vía: Wikicommons

La persistencia de la memoria

El mismo 6 de septiembre, la fúnebre sinfonía “Heroica” de Beethoven fue entonada por la Orquesta Filarmónica de Múnich en un tributo realizado en memoria de las víctimas en el estadio olímpico.

Aquello de que el show debe continuar se impuso. Las Olimpiadas siguieron su marcha al día siguiente. La petición de Israel de suspender su curso fue desestimada alegando que significaría la rendición frente al terror. No hubo tiempo de llorar a los muertos.

En 2012 se conocería, gracias a unos 45 documentos desclasificados del Archivo Oficial israelí, que el gobierno alemán estaba renuente a interrumpir la realización de los Juegos debido, entre otras razones, a que los canales de televisión no contaban con una programación alternativa. “Total, eran 11 atletas más después del Holocausto. ¿A quién le importaba eso?”, señalaría Ilana Romano, viuda de Joseph Romano, en Yediot Ajronot.

Y allí estaban, aún tibia la sangre derramada, 80.000 espectadores vitoreando a sus equipos como si nada en el partido de fútbol entre la RFA y Hungría. Tan sólo una pancarta alzaba: “17 muertos, ¿ya olvidados?”. Esta fue desalojada sin más por los agentes de seguridad. No había cabida para cuestionamientos, como si de un plumazo pudiera pasarse de la tristeza a la pretendida alegría.

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Ankie Spitzer, viuda del entrenador de esgrima Andre Spitzer da un discurso durante un servicio conmemorativo en la base aérea de Fuerstenfeldbruck en 2012. | Imagen vía: REUTERS/Michael Dalder

Desde Montreal 1976, cada cuatro años los familiares de los 11 israelíes que perecieron en la masacre pidieron que se les rindiera algún reconocimiento en la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos, pero su solicitud fue ignorada. Las 103.000 firmas que recogieron para un tributo en Londres 2012 tampoco sirvieron, bajo el alegato del temor a un boicot de las 21 delegaciones árabes, según se lee en The Guardian.

Finalmente, el 3 de agosto de 2016, en Río de Janeiro, fue inaugurada la Plaza del Duelo en la villa deportiva, en recuerdo de todos los deportistas fallecidos en los Juegos por diversas causas. Así, en los pasados Juegos se accedió a guardar un minuto de silencio en la ceremonia encabezada por el presidente del COI, Thomas Bach. “Es lo que queríamos porque eran miembros de la familia olímpica”, afirmaría Anky Spitzer.

También, a partir del 6 de septiembre de este año, un monumento en homenaje a las víctimas descansará en el parque olímpico donde estos perdieron la vida.

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Ankie Spitzer, la viuda del entrenador de esgrima Andre Spitzer, en la Villa Olímpica en 1972. | Imagen vía Associated Press

Guerra avisada…

Los sólo 2 millones de dólares gastados en seguridad en Múnich 1972 mucho costaron. También el haber hecho caso omiso al psicólogo de la policía germana Georg Sieber, que puso en el tablero los peores escenarios posibles como modo de preparar la protección de cara a los Juegos, informó la revista Time en 2002.

Sieber había esbozado 26 situaciones y, curiosamente, la número 21 calzaría con lo ocurrido: a las 5 de la mañana, unos doce palestinos armados y resueltos a no rendirse escalarían la verja de 2 metros de la villa olímpica, entrarían mediante una explosión en el edificio donde se alojaba la delegación israelí, matarían a uno o dos rehenes y pedirían la liberación de prisioneros en las cárceles de Israel y un avión para volar a alguna capital árabe.

Archivos confidenciales difundidos por Der Spiegel en 2012 daban cuenta cómo las autoridades alemanas desestimaron las advertencias sobre un inminente ataque e intentaron encubrir el error tras error en la gestión que acabó en la masacre.

El 18 de agosto de 1972, el Ministerio de Exteriores de la RFA, gracias a una información proveniente de Beirut, envió un alerta a la agencia de inteligencia bávara sobre la preparación de una acción por parte de palestinos durante las Olimpiadas, recomendando tomar todas las medidas de seguridad posibles.

Más explícita aún fue la publicación italiana Gente, que el 2 de septiembre escribía que terroristas de Septiembre Negro planeaban un “sensacional acto durante los Juegos”, advertencia que sólo fue registrada por la policía criminal de Hamburgo dos días después de la tragedia que podía haber sido evitada.

Los años han despejado también otro tipo de detalles: los tratos crueles recibidos por las víctimas, que fueron abordados en el documental Múnich 1972 y más allá. Incluían golpizas que causaron fracturas de huesos y hasta castración, a la que fue sometido Joseph Romano. Al cumplirse veinte años de la masacre, los familiares de los fallecidos tuvieron acceso a crudas fotografías que no han mostrado públicamente, así como tampoco lo hizo The New York Times al constatarlas.

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Banderas olímpicas e israelíes en 2002 cerca de una placa en honor a los miembros del equipo olímpico israelí asesinados en 1972. | Imagen vía: Enric Marti / Associated Press

La Ira de Dios

La ligereza con la que fueron recibidas por parte de la RFA las advertencias sobre un posible atentado contrastaría con la vehemencia de la represalia ejecutada por el gobierno de Israel, que persiguió a muerte a todos los involucrados de algún modo en la masacre. “Hay que buscar a los terroristas estén donde estén y convertirles de perseguidores en perseguidos”, había sentenciado Golda Meir.

La operación Ira de Dios, encomendada al Mossad (servicio secreto israelí), se desplegó en Europa, el Norte de África y Oriente Medio. Culminó con más de una docena de militantes de Septiembre Negro y de la OLP eliminados, así como un camarero marroquí muerto por error en Noruega.

En las misiones participaría un joven Ehud Barak, que en 1999 se convertiría en primer ministro de Israel, disfrazado de mujer, episodio que recrearía Steven Spielberg en su película Múnich, de 2005.

Ni las marcas batidas como las siete medallas de oro del nadador estadounidense Mark Spitz, sólo superado décadas después por “el Tiburón de Baltimore” Michael Phelps, ni Waldi, la primera mascota en la historia olímpica, signarían los Juegos de Múnich 1972.

Otro perro salchicha, este de juguete, que uno de los deportistas israelíes asesinados guardaba para regalar a su bebé recién nacida y que fue hallado junto a la sangre y los agujeros de bala en la villa olímpica, pasaría a las manos del Museo de Tel Aviv en memoria de una pesadilla que aún pasados 45 años es imposible de olvidar.

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