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Bacalao con ‘c’: Así fue la movida valenciana antes de ‘el Chiquetere’

Beatriz García

Foto: Cabina interior de CAP3000
Imagen de archivo de Luis Costa

El Festival Primera Persona del CCCB reunió a los pioneros de la ruta de discotecas más emblemática de España.

Hubo un tiempo en que Valencia fue considerada la California española y el Manchester mediterráneo. Fue antes del éxtasis y los ‘pituferos’, antes de las mandíbulas desencajadas y liarla en los párquines poniéndose ciegos y comiendo paella. No, la ruta del bacalao con ‘c’ no empezó con Chimo Bayo, sino a finales de los años setenta, entre arrozales y pueblos de costa, cuando un grupo de jóvenes disc-jockeys revolucionó el concepto de discoteca, lo mezcló con arte, mescalina y pinchó la música más radical del momento. Hubo un tiempo en que las pistas de baile se democratizaron antes que España y pijos, siniestros y punks coreaban a Sister of Mercy, The Cure o Led Zeppelin bajo un mismo techo. ¿Qué ocurrió para que Valencia, la soñada capital del clubbing, se convirtiera en algo más de quince años en la Sodoma levantina?

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¡Bacalao! Historial Oral de la Música de Baile en Valencia (Editorial Contra, 2016)

“Bacalao significaba música de la buena. Es una palabra muy nuestra que en los ochenta empezaron a utilizar algunos dj’s de Valencia que frecuentaban la tienda de discos Zic-Zac, fundada en 1983 por Juan Santamaría, en pleno apogeo de esta revolución”, explica Luis Costa, autor de ¡Bacalao! Historial Oral de la Música de Baile en Valencia (Editorial Contra, 2016), quien pasó un año y medio entrevistando a los verdaderos protagonistas de la Ruta. Disc-jockeys como Carlos Simó, Fran Lenaers, Kike Jaén, Toni ‘El Gitano’, José Conca, o el propio Juan Santamaría, quienes tuvieron que ganarse a pulso la categoría de reyes del vinilo en una época en la que en las discotecas se bailaba ‘agarrao’ y a ritmo de rumba. “Era un momento muy especial porque España estaba pasando del postfranquismo a una democracia todavía muy incipiente y había mucha sed de libertad y ganas de divertirse. Las salas eran todavía bastante casposas, con moquetas, espejos y camareros con pajarita, pero el nuevo turismo extranjero llegó a discotecas de costa en lugares como Benidorm con su música y empezaron a prestársela a los dj’s”, cuenta.

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Fachada de Barraca, la mítica discoteca de la Ruta que sigue abierta. | Foto de archivo de Luis Costa.

Fue el joven Santamaría, que ya había pinchado en ciudades como Ámsterdam, Londres o Madrid, el primero en hacer sonar los nuevos ritmos abruptos del rock gótico y el punk en las salas de fiesta descolocando totalmente al personal. “Juan explica en el libro que la primera vez que pinchó esta música la sala de baile se vació y la gente se fue a las barras porque no sabía cómo bailarla, pero vio que estaban disfrutando, que habían descubierto algo nuevo. Era el punk, la new wave, el techno pop… Todo eso en plena Albufera valenciana”.

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El ‘parquineo’ en la discoteca The Face. | Foto de archivo de Luis Costa.

Buen rollo y mescalina

Con ganas de fiesta y un vacío legal –la ley de hostelería de 1933 sólo les obligaba a cerrar dos horas para limpiar-, discotecas como Barraca, Chocolate y Espiral se convirtieron en mecas de la locura y los nuevos ritmos y surgieron los primeros afters en casas y torres como La Hiedra o Looping, donde la fiesta podía durar días enteros o hasta que llegase la Policía. “Barraca fue de las primeras salas en abrir a las seis de la mañana, se organizaban performances artísticas por la noche y Carlos Simó, su DJ residente, rompía todas las reglas. La gente más moderna de Valencia, como el diseñador Francis Montesinos o grupos del momento como Glamour, se congregaba allí. También en Chocolate, que tenía una decoración más siniestra, con ataúdes y telarañas, y el dj Toni ‘El Gitano’ llevaba a un crucifijo invertido y una túnica y a veces se desnudaba en la cabina; una vez un periodista francés escribió que había visto al mismo Satán conduciendo a las masas. Cada discoteca buscaba su propia identidad, estaban creando una escena”.

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Flyers y carteles fueron diseñados por los artistas del momento. | Imagen de archivo de Luis Costa.

“Durante los tres o cuatro años en que la mescalina estuvo en circulación había tan buen rollo en la pista que podían pinchar la cosa más marciana y la gente la bailaba”.

¿Podéis imaginar a grupos como Happy Mondays, Simple Minds o unos jovencísimos Stone Roses siendo coreados por dos mil personas en la zona más rural del Levante español a las dos o las tres de la madrugada? Ellos tampoco. Bandas llamadas a convertirse en leyenda con los años, que no congregaban a más de medio centenar de personas en Inglaterra o Alemania, se daban de tortas por tocar en directo en las discotecas de Valencia. Venían a la llamada de la fiesta, el calor de un público entregado y la felicidad alucinógena de la mescalina.

“Desde el inicio de los tiempos, la cultura ha tenido momentos de ritual con baile y sustancias para llegar a experiencias espirituales y la mescalina cumplió esta función. Durante los tres o cuatro años que estuvo en circulación había tan buen rollo en la pista que podían pinchar la cosa más marciana y la gente la bailaba. Pero eso cambia en los noventa, muchos disc-jockeys de la época vieron cómo el consumo de éxtasis en las discotecas llegaba en paralelo a una música más acelerada, de ritmos más duros y un hardcore de bajísima calidad”, explica el también dj y autor de esta guía definitiva para entender aquellos tiempos.

La alegría y la bonanza que marcó la década de los ochenta dejó paso a unos noventa vencidos por la crisis económica y social, la patada en la puerta de La Ley Corcuera, los controles policiales abusivos en las carreteras y una joven generación que buscaba, dice Costa, la evasión como única forma de divertirse.

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El grupo valenciano de techno pop Glamour en los ochenta. | Foto de archivo de Luis Costa.

Telebasura, crimen y bakalao

En noviembre de 1992 tres jóvenes de Alcàsser (Valencia) fueron secuestradas, violadas y asesinadas cuando hacían autoestop camino de una discoteca en una localidad vecina. La investigación policial se convirtió en un larguísimo circo mediático del que programas como Esta noche cruzamos el Mississippi, presentado por Pepe Navarro, supieron sacar tajada. Un año después del famoso crimen de Alcàsser, Canal Plus emitió el documental ‘Hasta que el cuerpo aguante’, cincuenta minutos de drogas, desfase y ‘parquineo’ que llamarían la atención de numerosas televisiones incluso fuera de España.

Quién sí apareció en el polémico documental fue el disc-jockey Kike Jaén, cuyo testimonio recoge Luis Costa en su libro: “Los medios encuentran un filón con el tema de la Ruta, que es un tema morboso como el de las niñas de Alcàsser. Empiezan a hablar de los accidentes de tráfico y todas las muertes, aunque se hubiesen producido en una urbanización, se las asignaban a la Ruta”.  Y algo parecido le ocurrió Bernardino Solís, propietario de la mítica discoteca Spook Factory, quien recuerda: “Ellos querían grabar cómo aguantaba la gente de fiesta tantas horas, qué drogas tomaban, dónde se producía una pelea y demás”.

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El dj Fran Lenaers, pionero de la Ruta. | Foto de archivo de Luis Costa.

La música de Chimo Bayo no era bacalao, “sino una versión industrial del hip hop con letras que hablan de las drogas” y fue el “principio del fin” de la ruta, según sus impulsores.

¿Fue la telebasura, una conspiración urdida por el Partido Popular de Zaplana o, como asegura Luis Costa, la cultura del pelotazo la causante de que la también llamada ‘ruta destroy’ acabase haciendo honor a su nombre? “Los pioneros de esta movida no eran conscientes del momento que vivieron, querían protegerlo y mantenerlo en la clandestinidad, pero luego empezó a masificarse y la modernidad se diluyó. Los empresarios prefirieron ganar dinero rápido con costes mínimos y no cuidaban ni la música ni a sus dj’s. Y a todo ello hay que sumarle los más que probables intereses comunes entre discográficas de dance y discotecas… Si bien es cierto que los gustos habían cambiado, que la música era más dura y más estable, menos bailable, pero se pudo haber hecho buena música hardcore como en Holanda y no se hizo”, explica Costa.

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El dj argentino Alfredo Fiorito pinchando en la disco Amnesia en 1988. | Foto de archivo de Luis Costa.

Para entonces Chimo Bayo, la cara más popular de la Ruta, hacía tiempo que traía el ‘exta-sí’ a las pistas de baile, aunque no sonase en Valencia, no al menos en discotecas como Barraca, Puzzle o Spook. “Simplemente, no lo consideraban bacalao, sino una versión industrial del hip hop con letras que hablan de las drogas y que no casaban con el ambiente vanguardista y cultural que sus compañeros habían estado creando durante toda una década”, añade el autor. Para José Conca, que fue durante años dj residente en Chocolate, Bayo fue “el principio del fin”.

Querían ser la minoría de la minoría, transformar las salas de baile en anti-discos donde se bailasen los ritmos más radicales del momento, pero el sueño de una Valencia capital del clubbing acabó ‘pinchando’. En pie sigue Barraca, aunque ya no abre hasta que la pista eche humo, sino en fallas y momentos puntuales. No obstante, sus impulsores siguen reuniéndose para recordar aquellos tiempos en los que eran ellos, y no El Chiquetere de Rafa Villalba, quienes partían el bacalao.

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Clima Ficción: La literatura del Antropoceno

Beatriz García

Rascacielos sumergidos, huracanes azotando ciudades, plagas y extinciones masivas, mutaciones genéticas y bandadas de aves que queriendo llegar a África aterrizan en nuestros balcones. Niebla tóxica. Marte como el próximo planeta que convertir en vertedero…  Desde los años setenta, la ciencia ficción ha sido el agorero oráculo de los desastres ecológicos del planeta. Así surgió la novela de clima ficción o ‘cli-fi’, un género centrado en el cambio climático y sus efectos futuros que se ha popularizado en los últimos años y apunta a ser la literatura del Antropoceno. A saber: la era en la que el hombre ha pasado de inquilino del planeta a su verdugo.

No todo es esperar al Apocalipsis. Incluso en la más oscura de las distopías ambientales hay una oportunidad para el cambio a una nueva y urgente conciencia ecológica. Así lo creen escritores del género como Kim Stanley Robinson, quien en numerosas entrevistas ha defendido el poder de la ciencia ficción no sólo para desarrollar futuros posibles, sino como crítica metáfora de un presente que nos negamos a ver llevando la mirada a las estrellas. En una de sus obras más premiadas,  la Trilogía marciana (1992-1996), de la que este año se estrena adaptación televisiva, narra la colonización durante 35 años del planeta rojo por parte de un grupo de humanos, los Primeros Cien, y las disputas entre quienes quieren modificar las condiciones de vida en Marte para que se parezca a la Tierra –calentamiento global incluido- y quienes luchan para protegerlo. La ilusión de pretender reparar los problemas del mundo explorando el espacio es un tema que orbita en esta trilogía y en otras novelas, como ‘2312’ (2013) y ‘Aurora’ (2015), donde pasajeros de una nave que viaja a otro sistema solar llevan la devastación con ellos.

Trilogia-Marciana-Robinson

Las novelas de clima ficción crean puentes entre la ciencia y la cultura, exploran nuevas soluciones e inspiran a la acción

Considerado un novelista político, Robinson, que visitará Barcelona a finales de marzo para participar en Kosmopolis’17, aborda también cuestiones relativas al poder de las corporaciones, la necesidad de una ética social y la amenaza del capitalismo neoliberal. Coincidencia o no, su último libro, ‘New York 2040’, llega a las librerías norteamericanas este marzo, tres meses después de que el ahora presidente Trump convirtiera el cambio climático en leyenda urbana y a Estados Unidos en la protagonista de otra terrorífica anti-utopía.

En 'cuchillo de agua' el sur de Estados Unidos se convierte en el desértico escenario de una guerra por el agua.
En ‘cuchillo de agua’ el sur de Estados Unidos se convierte en el desértico escenario de una guerra por el agua.

La fuerza de la narrativa de clima ficción no reside sólo en sus aspectos críticos, sino que además crea puentes entre la ciencia y la cultura, acercándonos a complejas teorías científicas a la vez que explora posibles soluciones e inspira a la acción comunitaria, como asegura la bióloga y escritora Barbara Kingsolve, autora de la novela ‘Conducta Migratoria’ (2014). Prueba de ello es que en años recientes se ha empezado a introducir este tipo de literatura en las escuelas; aunque haya voces críticas que acusen al género de despojar de realismo y gravedad el problema del calentamiento global.

La autores de cli-fi emplean datos científicos para recrear un futuro que es suma de presentes y acciones humanas

“Las personas necesitan estas historias porque la oscuridad con voces en su interior es mejor que un vacío silencioso”, escribía Margaret Atwood en ‘MaddAddam’ (2013), novela que forma parte de una trilogía junto a ‘El año del diluvio’ (2009) y ‘Oryx y Crake’ (2003),  y en la que describe un futuro post-apocalíptico gobernado por grandes corporaciones donde la modificación genética es algo común. Fue la escritora y activista canadiense quien en 2012 popularizó en Twitter el término ‘clima ficción’, que había inventado unos años antes el activista Dan Bloom.

Los autores de cli-fi no profetizan, o al menos no al estilo de Nostradamus; emplean datos científicos para dibujar un futuro que es suma de presentes, acciones humanas y avances que hoy en día parecen tan de ciencia ficción como las novelas donde figuran. En sus libros encontraremos niños que nacen sin necesidad de vientre materno, máquinas que controlan el clima, ascensores que levitan, ciudades sumergidas y barrios de ricos en Marte, pero, sobre todo, una advertencia para quien esté dispuesto a leerlos. Nosotros te recomendamos tres:

Libros-Climate-Fiction-Cli-Fi

1. La sequía (1965)

Una de las novelas más extrañas e inspiradas de J.G Ballard que presenta un mundo donde ya no llueve a causa de la contaminación y se producen grandes migraciones de gente en busca de agua. ‘La sequía’ conforma junto a ‘El viento de la nada’, ‘El mundo sumergido’ y ‘El mundo de cristal’ una casi tetralogía que aborda catástrofes relacionadas con los cuatro elementos.

2. Solar (2010)

Si escribir comedia es difícil, lograr un carcajada con un tema tan crudo como el cambio climático es una proeza literaria. Y el novelista británico Ian McEwan lo consigue narrando las vicisitudes de un Nobel de la Física cínico, mujeriego y bebedor, que cree haber descubierto la solución al calentamiento global.

 3. Cuchillo de agua (2016)

¿Qué ocurriría si el río Colorado se secase? El escritor Paolo Bacigalupi, que ya había despuntado con la publicación de otra novela de clima ficción, La chica mecánica, dibuja un futuro no muy lejano donde los cárteles buscan acuíferos y el sur de los Estados Unidos se convierte en el desértico escenario de una guerra por el agua.

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De Pierre Lemaitre a Kim Stanley Robinson: Lo que la literatura de género nos enseña sobre el mundo, según sus autores

Beatriz García

Foto: Carlos Cazurro
CCCB

Considerado el hermano feo, bajito y no demasiado listo de la ficción con mayúsculas, el género parece ser el mejor reflejo de una realidad que, como señala el escritor Kim Stanley Robinson, “es pura ciencia ficción”. Y lo prueba la participación de autores entre lo espacial y lo criminal en la edición más ambiciosa del Festival Kosmópolis, que este año ha tenido el cambio cultural y climático como uno de sus ejes. A algunos de ellos recurrimos para hacerles una pregunta: Si hay novelas que te cambian la vida, ¿puede la literatura cambiar la manera en que piensa y obra la sociedad?

De Pierre Lemaitre a Kim Stanley Robinson: Lo que la literatura de género nos enseña sobre el mundo, según sus autores 4

Para el francés Pierre Lemaitre, la narrativa nace para ser incómoda y ayuda a sus lectores a transgredir su propia visión del mundo. “Un sistema como el de Francia se basa en el suspense, radica en preguntarse: ¿voy a encontrar trabajo antes de que se me acabe el paro? Los legisladores hacen las leyes para que escribamos novela negra”, explica. Su última novela, ‘Recursos Inhumanos’ (Alfaguara) aborda el lado más inmoral del mundo empresarial a través de la historia de un ejecutivo desempleado que acaba participando en un macabro simulacro de toma de rehenes urdido por una compañía. “La gente dice que es la parte menos realista del libro, pero ¡fue real! Me inspiré en una noticia que pasó muy desapercibida en los medios porque quien secuestró a sus empleados fue una televisión pública”.

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Foto: Carlos Cazurro via CCCB / Kosmópolis.

Kim Stanley Robinson: “Soy un americano de izquierdas y lo que intento en mis novelas es buscar soluciones”

Si todas las novelas, incluso las de aventuras, tienen, según Lemaitre, un trasfondos social, el creador de la Trilogía de Marte, Kim Stanley Robinson, todavía se muestra más contundente: “La literatura realista de Balzac o Proust es hoy la ciencia ficción, porque es la única capaz de explicar los problemas actuales en lo que atañe al Planeta y su futuro”. Aunque también vuelva la cabeza al pasado más remoto, la Edad de Hielo (‘Chamán’, Minotauro) para entender cómo empezó todo.

La fidelidad a los descubrimientos científicos y su concienzuda labor de documentación convierten a Robinson no sólo en visionario –la NASA ha llegado a pedirle consejo en temas climáticos-, sino también en un escritor realista y sumamente político: “Soy un americano de izquierdas y lo que intento en mis novelas es buscar soluciones, por eso me interesan las utopías”. En su opinión, la literatura sí puede cambiar el mundo o, como poco, la mentalidad de los ciudadanos.

¿Qué son las ficciones detectivescas sino un intento de poner orden sobre el caos imperante? A pesar de que esta búsqueda de sentido sea para escritores como Jo Nesbo no sólo reconfortante para el lector, sino extensible a toda ficción con independencia del género. “La vida real es caótica y no siempre encontramos lógica alguna en lo que ocurre, pero en las novelas todo encaja. O casi todo”, sostiene.

John Banville: “La mayoría de nosotros no estamos expuestos a la violencia, por eso la buscamos en los libros”.

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Jo Nesbo. Foto: Miquel Taverna via CCCB / Kosmópolis.

A Nesbo lo que más le interesa es la condición humana y los dilema que le son propios. Su mítico detective, Harry Hole, se enfrenta en ‘La Sed’ (Reservoir Books) a una difícil decisión: escoger entre el amor de su familia o un empleo que odia, el de cazador de asesinos. “Es una cuestión a la que se enfrenta mucha gente hoy, que elige emprender misiones que no comportan ni fama ni dinero. Lo mismo les ocurre a los soldados que han combatido en Afganistán y que pudiendo quedarse con sus familias vuelven a los horrores del campo de batalla. ¿Por qué? ¿Es un sentido del deber o una forma de colocar nuestra vida en un contexto mayor?”.

De Pierre Lemaitre a Kim Stanley Robinson: Lo que la literatura de género nos enseña sobre el mundo, según sus autores 3

A John Banville escribir género le divierte, llana y simplemente. “La novela negra es entretenimiento. A pesar de que esté muy bien escrita jamás será arte, porque al verse obligada a incorporar un crimen en su argumento carece de libertad”, concluye el irlandés (¿o es su alter ego, Benjamin Black?). No obstante, esto no exime a sus autores de asumir la responsabilidad de cómo tratan la violencia en sus novelas: “Todas las series escandinavas empiezan con el asesinato o la violación de una mujer. Si yo fuera mujer me enfadaría… La violencia aparece de forma muy inmediata en los medios, pero la mayoría de nosotros no estamos expuestos a ella en nuestras vidas, por eso la buscamos en los libros”.

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Kurt Cobain, la voz de una generación

Nerea Dolara

Esta semana el líder de Nirvana cumpliría 50 años. Su dramática muerte a los 27 años lo convirtió en un mártir del rock y en un hito pop.

De camino a la escuela en Aberdeen llevaba su lonchera de Snoopy. Su infancia estuvo marcada por el divorcio temprano de sus padres, sólo tenía nueve años, y su adolescencia por la sensación de ser inadecuado, por una relación difícil con su familia, por sus sueños de ser un gran músico (una vez le dijo a un amigo que se haría famoso y rico y luego se suicidaría (sic) como Jimi Hendrix) y por las letras y reflexiones que escribía en sus diarios. Luego, no mucho después, Kurt Cobain dejaría atrás todo lo que le molestó y todo lo que odiaba: lo establecido, las normas, lo normal. Su banda, Nirvana, se convertiría, a poco tiempo de su creación, en una revolución musical y él, el silencioso e introspectivo compositor de rock, en un mito pop que esta semana cumpliría 50 años.

Kurt Cobain con Nirvana
Foto de archivo via Flickr.

Es sabido por todos que Cobain no estaba muy a gusto con la fama o lo establecido. Tras vender 10 millones de discos seguía comiendo sus predilectos Mac & Cheese de Kraft, odiando las entrevistas, negándose a subir a limusinas y viviendo sin guardaespaldas. Además detestaba -con el tiempo tuvo que resignarse a no poder echarlos de los conciertos- a los seguidores de su banda que sentía como fraudes, a quienes no entendían su mensaje: chicos de fraternidad, deportistas agresivos, chicos populares a los que siempre odió y, directamente, fue claro en decir a homófobos, misóginos y xenófobos que no eran bienvenidos en sus presentaciones. Pero el éxito estaba ahí, en forma de dinero, un enjambre de ejecutivos de la discográficas, relaciones públicas y demás lamebotas, conciertos repletos de miles de personas y cada vez menos libertad. Porque como siempre dijo el punk para él era eso, libertad. Y eso, justamente eso, es lo que, paradójicamente, menos tenía.

Nirvana comenzó -tuvo otros nombres como Fecal Matter- temprano. Cobain obtuvo como regalo por su catorce cumpleaños una guitarra usada de parte de su tío y comenzó a practicar. Conoció, al poco tiempo a Krist Novoselic, y la banda nació. Sólo faltaba un batería y Chad Channing fue el elegido. Nirvana tocaba en fiestas en una universidad en Olympia, Washington. Y poco después la discográfica independiente Sub Pop Records financió su primer disco. Así nació Bleach. Corría 1989.

Joan Jett junto a Dave Grohl y Krist Novoselic de Nirvana luego de que la banda ingresó al Hall de la Fama del Rock and Roll Hall of Fame en abril de 2014 | Foto: Lucas Jackson / Reuters
Joan Jett junto a Dave Grohl y Krist Novoselic de Nirvana luego de que la banda ingresó al Hall de la Fama del Rock and Roll Hall of Fame en abril de 2014 | Foto: Lucas Jackson / Reuters

Al año siguiente, tras vender 35 mil copias, Nirvana (que despidió a Channing y a otros varios sustitutos, aceptó a Dave Grohl en la alineación hasta el fin de la banda) grabó nuevas canciones, incluida Smells Like Teen Spirit. Esta canción luego generaría malestar incluso físico en Cobain, que detestaba tocarla por lo famosa que se había hecho. Llegó a decir en una enrevista en Rolling Stone que no recordaba el solo de guitarra y que prefería salir del escenario a interpretarla (aunque continuaba haciéndolo de vez en cuando).

Con las nuevas canciones, y su nuevo batería, Nirvana consiguió un contrato con DGC. Los rockeros detestaban a las grandes discográficas, pero siempre defenderían que trabajaron con DGC para llegar a más personas. El resultado de esta unión fue Nevermind (1991). El éxito fue instantáneo y aplanador. Nirvana se hizo popular, omnipresente y símbolo de su tiempo. Cobain, mientras tanto, estaba cada vez más incómodo con la situación. Y su estómago comenzó a dejárselo claro. El cantante sufría de un dolor crónico que le impedía comer e incluso, a veces, hasta beber agua. Pero continuaba de gira. Y para calmar su desesperación recurrió a la heroína.

En ese tiempo Cobain conoció a Courtney Love, líder de Hole, y se casó con ella poco después. Esperaban un bebé. La prensa, obsesionada con el nuevo rock star, incluyó a la pareja en el reducido altar de las más míticas relaciones amorosas del rock. Allí estaban en atención y escrutinio junto a Yoko y John o Sid y Nancy. Pasaron dos años antes de que Nirvana estrenara su tercer disco, In Utero, y en ese tiempo Cobain sufrió varias sobredosis y fue detenido (y luego liberado) por una denuncia de abuso doméstico contra Love.

Cobain dejó las drogas y, en entrevistas, habló de estar más feliz y satisfecho, además de ya no sufrir de su dolor crónico… también habló de sentir cierto miedo por no tener alimento creativo una vez que su sufrimiento se había detenido. Cuando hizo esa afirmación a Rolling Stone también comentó no tener, en ese momento de la gira de In Utero, ninguna canción nueva.

La banda continuaba con su desacato general y su provocación. En su primera aparición en Saturday Night Live rompieron los instrumentos en televisión nacional y en los premios MTV Novoselic se golpeó a sí mismo con el bajo y la banda se burló de Axl Rose (enemigo declarado de Cobain). Cobain comenzaba a deslizarse por el camino de los estupefacientes de nuevo. Durante la gira mundial, en Roma, Love lo encontró inconsciente debido a una sobredosis de alcohol y Rophynol (luego se encontró una nota de suicidio). Desde ese momento todo fue en picado.La policía de Seattle visitó la casa de la pareja cuando Love llamó diciendo que Cobain se había encerrado en el baño con un arma. Siguió una intervención -Love estaba convencida de que Cobain estaba en un estado suicida y que su abuso de las drogas era peligroso- y el internamiento en un centro de desintoxicación. Cobain escapó tras varios días.

Portada de la revista Rolling Stone.
Portada de la revista Rolling Stone.

La noticia de que un cadáver se había encontrado en una de sus casas en Seattle llegó a las redacciones del mundo. Horas después se confirmaría. Kurt Cobain había muerto. Se había suicidado utilizando una escopeta. Tenía 27 años.
Cobain se convertiría en un mártir de la causa del rock (el álbum del MTV Unplugged grabado en 1993 salió a la venta tras su muerte y debutó como primero en las listas… vendió cinco millones de copias y ganó el Grammy), en un símbolo de un tiempo en que el grunge triunfó sobre una industria prefabricada y en que el pelo sucio, las letras de protesta y las voces desgarradoras llegaban más al público que las coreografías ensayadas y el playback. Su revolución no duraría mucho. Como todo ídolo de la contracultura, Cobain se convirtió en mercancía, en camisetas, pósters y leyendas urbanas.

Flores, velas y dibujos conmemorando el décimo aniversario de la muerte de Cobain en Viretta Park en Seattle, Washington el 5 de abril de 2004 | Foto: Anthoy Bolante / Reuters
Flores, velas y dibujos conmemorando el décimo aniversario de la muerte de Cobain en Viretta Park en Seattle, Washington el 5 de abril de 2004 | Foto: Anthoy Bolante / Reuters

Su vida se removió una y otra vez en libros, reportajes y películas. Hasta sus más íntimos diarios y dibujos salieron a la luz hace poco en un documental autorizado. Su reproducción animada puede verse en Guitar Hero 5. Mientras tanto la industria de la música domó a los rebeldes y parió una nueva camada de bandas con hits edulcorados. Cobain marcó un momento en la historia del rock y con su muerte ese momento, la voz de una generación insatisfecha y molesta, se apagó, entre jingles, coros pegadizos y mega conciertos.

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Bandas que se separan: No es adiós, es hasta luego

Nerea Dolara

Blondie vuelve con un nuevo álbum en 2017. La banda no es la única que ha tenido una buena racha tras regresar de una separación.

Es una historia que se repite sin importar la época. Una banda amada por miles decide separarse -en bueno o malos términos… casi siempre malos- y promete nunca más pisar un escenario o un estudio. Cada miembro se va por su lado y años después la banda se reúne. Hay muchos ejemplos, algunos que sólo han generado desilusión en sus fans, otros que han iniciado nuevas y buenas etapas para sus agrupaciones. Uno de los buenos ejemplos es Blondie, que este año saca nuevo álbum y que estrena hoy el vídeo de su single Fun.

La banda liderada por Debbie Harry se separó en 1982 luego de disputas internas, problemas de drogas de algunos miembros y baja venta de entradas. Harry incluso vendió la casa que compartía con Chris Stein (guitarrista de la banda y su pareja) para pagar deudas de Blondie tras la separación.

Los miembros de la agrupación siguieron sus caminos pero en 1997 Harry y Stein orquestaron un reencuentro y Blondie regresó en 1999 para no sólo deleitar a sus antiguos fans, sino a nuevas olas de jóvenes oyentes. Su primer single en más de 10 años, Maria, llegó al número uno en el Reino Unido. Desde ese momento han estado en activo.

BLONDIE_POLLINATOR discoPollinator es el nuevo álbum de Blondie, que saldrá a la venta en mayo. La banda hará una gira, junto a Cindy Lauper, también este año y se unirá a Phil Collins en uno de sus conciertos de la gira I’m not dead. Como se ve los americanos, que comenzaron sus andadas en 1974, volvieron con mucho ímpetu y sin ganas de volver a separarse. No son los únicos, ha habido varias bandas que han logrado reuniones exitosas tras varios años separados (y otras que no tanto).

Un buen  ejemplo fue la sorpresiva reunión de Sleater-Kinney en 2014. Se habían separado en buenos términos en 2006, pero no se tenía fecha de reencuentro. 2015 marcó la salida del álbum No Cities to Love. La banda femenina americana es una de las mejores representaciones del indie rock de los noventa y del movimiento riot girrrl. Una de las tres integrantes de este grupo, conocido por su activismo feminista y sus ideas de izquierda, es Carrie Brownstein, actriz regular en series como Portlandia o Transparent; sus otras compañeras son Corin Tucker y Janet Weiss, ambas activas con otras bandas. Sleater-Kinney se separó en buenos términos en 2006, pero no se tenía prevista una reunión.

Otro ejemplo exitoso fue el de Pixies. La banda americana de rock alternativo nació en 1986. En 1993, Black Francis, cantante y guitarrista, dijo en una entrevista que la banda se separaba y notificó a los miembros del grupo vía fax. No era la mejor situación para esperar una reunión. Pero en 2004 la banda anunció un tour y las entradas volaron. El proceso había sido lento y tentativo, pero Pixies regresó y aún sigue en activo. Stone Temple Pilots también optó por volver y en 2009 sacaron un nuevo álbum, su sexto, tras separarse por problemas de drogas en 2003 tras su gran éxito en los noventa como banda de rock alternativo.

Los regresos no se reducen al terreno del rock. A Tribe Called Quest volvió con un nuevo disco, muy alabado por la crítica, en 2016. Esta agrupación, a la que se considera precursora del hip hop alternativo, se fundó en 1985 y se separó por primera vez en 1998. Su primera reunión se produjo en 2006 y de nuevo pararon de trabajar juntos en 2013. Su nuevo álbum sufrió el percance de la muerte de Phife Dwag, uno de los miembros de la banda, pero los restantes terminaron el disco. Lo último que ha comentado públicamente es que, tras una gira, es posible que se separen definitivamente.

Fleetwood Mac, han tenido una historia bastante desordenada. La agrupación, fundada en 1964, decidió volver a reunirse a solicitud de Bill Clinton (sí, los presidentes les piden que vuelvan) en los noventa. Pero tras sacar un álbum fracasado (Time), la banda decidió hacerlo oficial. Ya habían pasado por varias separaciones y dimisiones tras un largo periodo de éxito en los setentas y ochentas. Stevie Nicks y Lindsay Buckingham se despidieron de la banda, luego lo hizo Christine McVie. La banda, que Vice llama “una familia disfuncional” ha vuelto en varias ocasiones a los escenarios. ¿La última? Anunció gira en 2017.

Fleetwood Mac en su más reciente foto de Facebook.
Fleetwood Mac en su más reciente foto de Facebook.

The Beach Boys volvió con un nuevo disco en su 50 aniversario en 2011. Pero en 2012 Brian Wilson anunció que no tocaría más. La banda californiana se había roto definitivamente en 1998, tras la muerte de dos de sus miembros: Carl y Dennis Wilson, pero ya en ese momento la banda estaba realmente dividida en dos.

Otras reuniones han surgido como ejercicios o celebraciones más que como verdaderos regresos. Pink Floyd, Génesis, Menudo, The Police, Soda Stereo, Backstreet Boys.. la lista es larga y diversa e incluye sólo giras de reunión y no verdaderos intentos de volver a hacer música en conjunto. Y otras, sin importar cuánto se deseen, parecen destinadas a nunca pasar (R.E.M, The Smiths, Oasis, Héroes del Silencio, Talking Heads…).

De momento queda la satisfacción de ejemplos como el de Blondie. Tras una ruptura no sólo quedan los recuerdos, a veces dónde hubo fuego… hay más canciones y más años en los escenarios.

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