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'Bajoelvolcán': vinilos y libros exclusivos en un rincón con alma

Verónica F. Reguillo

Foto: Verónica F. Reguillo
The Objective

Pasea entre las estanterías buscando con esmero vinilos que le puedan interesar. Ya lleva un buen rato, y es normal, la elección no debe ser fácil. Es uno de los muchos clientes que llegan a ‘bajoelvolcán’, una librería híbrida en pleno barrio de Lavapiés que tiene unos “7.000 vinilos y alrededor de 2.000 libros, así a ojo”, nos dice Fernando Velasco, el propietario del local. Por supuesto, el nombre del negocio no es casual, sino que está vinculado estrechamente a la literatura; replica el título de la novela de Malcolm Lowry, Bajo el volcán, que narra la vida de una antiguo diplomático alcohólico.

Son las siete de la tarde y esta pequeña tienda madrileña está cada vez más llena. El teléfono tampoco para de sonar y Fernando habla con The Objective como puede; a ratos. “Elige una letra”, nos dice, para mencionarnos algunos de los discos exclusivos que venderá este sábado 22 de abril en el Record Store Day o Día de las tiendas de discos. Este viernes recibirá alrededor de 200 referencias exclusivas, como “un directo de David Bowie”, singles de Pink Floyd o Los Zoombies, entre otros muchos.

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En el ‘Record Store Day’, esta tienda recibirá alrededor de 200 referencias exclusivas. | Foto: Verónica F. Reguillo / The Objective

El Record Store Day es una iniciativa que nació hace 10 años en Estados Unidos para incentivar e impulsar a los pequeños negocios. “Estos discos no llegan a la Fnac, ni a Amazon, ni a ninguno de esos sitios; solo llegan a las tiendas pequeñas de discos”. Por eso, este sábado será un gran día para ‘bajoelvolcán’; “a las 10 de la mañana posiblemente haya entre 50 o 60 personas esperando en la puerta”, dice Fernando.

Este rincón de Lavapiés se abrió hace siete años y es bien conocido por los apasionados de los vinilos, que pueden encontrar casi todo lo que tiene que ver con Soul, Funk, Jazz, Rock’n’roll, Psicodelia, Indie… Y también una selección de libros muy cuidada y especializada en música, cine y narrativa actual que intenta dejar fuera lo más comercial. Aunque el negocio comenzó más como una tienda de libros donde “teníamos pocas estanterías con discos”, ahora, la vuelta a la moda del vinilo ha hecho que los discos sean más numerosos. “Fue por la propia demanda”. ¿Con qué te quedas, con disco o con libro?, le preguntamos. Fernando responde pero no se moja: “Es como decir, ¿a quién prefieres, a mamá o a papá?”. Y es que ‘bajoelvolcán’ es mucho más que una tienda de discos o una librería, “es un modo de vida”.

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Comenzó siendo más una librería que una tienda de discos. Hoy es al revés por la vuelta de la moda del vinilo. | Foto: Verónica F. Reguillo / The Objective

Un día después del Record Store Day se celebra el Día del Libro, pero esta tienda descansará el domingo porque “el sábado será un día muy intenso”. Antes de irnos, el propietario responde a otra llamada de teléfono en la que le preguntan por el último disco de Los Planetas. Ese disco “ahora está agotado”, pero Fernando promete avisar si lo recibe de nuevo. Quizá ese trato personal y humano también sea clave para que este pequeño negocio siga formando parte de la historia musical, literaria y, en definitiva, cultural de Madrid.

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Un videoclub de barrio planta cara a quienes quieren gentrificar Barcelona

Beatriz García

Foto: Andrea Huls
The Objective

Pese a las amenazas y los intentos de desahucio, el mítico videoclub Cíclic del distrito de Ciutat Vella se ha convertido en un emblema de lucha vecinal y cine de culto a precios populares.

En el corazón gentrificado de Barcelona, en el barrio de La Ribera (Ciutat Vella), una pequeña “gran” Galia de amantes del cine de autor y sus vecinos lucha desde hace tiempo por convertir el mítico videoclub Cíclic en un cine de barrio y un espacio comunitario, pese a las amenazas constantes e intentos de desahucio de los propietarios del inmueble. Bienvenidos a la Sala Cíclica, donde las pipas con las que el artista chino Ai Weiwei inundó el Tate Modern de Londres se han transformado en símbolo de cultura popular y unión vecinal.

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Las pipas de porcelana de Ai Weiwei son la imagen del proyecto. Imagen por: Andrea Huls.

David Cabrera, el propietario de Cíclic, le da un aire al protagonista de El Gran Lebowski, aunque de The Dude no tenga más que las barbas y algunas muletillas y palabras de su invención –“especuleitors”- que lo convierten en uno de los personajes más peculiares y encantadores de la calle del Rec Comtal. Cuando lo conocí, en 2014, me explicó su idea de donar al barrio el fondo de 15.000 deuvedés del videoclub. Hoy el sueño de este antiguo publicista de éxito, que un buen día se cansó de vender zapatillas y lavadoras y acabó abriendo un videoclub, va camino de hacerse realidad.

El goteo de socios que entran en el Cíclic es constante. Al videoclub acuden familias, grupos de chavales y ancianos solos que pasean entre los estantes buscando películas que jamás encontrarás en un blockbuster: cine de culto, documentales, videoactivismo y videoarte, historia del cine, material de festivales publicitarios… Un tesoro que empezó con 300 películas de su colección privada y que lo ha convertido en todo un ‘dealer audiovisual’ de muchísimas productoras durante sus 14 años de romántica resistencia.

De los 12.000 socios del videoclub, al menos un 30% ha tenido que marcharse del barrio a causa del aumento del precio del alquiler.

“El romanticismo es lo que vincula el amor con la muerte. En el siglo XXI es imposible hacer sostenible un videoclub, pero nuestra intención fue montar una videogalería con pelis que teníamos en casa y nos fue bien, al menos ganamos lo justo para reinvertirlo en el fondo”, admite; aunque hubo momentos duros en que tuvo que pluriemplearse para sacar adelante el videoclub.

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El goteo de clientes es constante en este videoclub, que aspira a convertirse en un espacio comunitario para el barrio. Imagen: Andrea Huls

Hace dos años, Cíclic decidió que tomaría un nuevo rumbo: “Estudiamos modelos sostenibles en otras ciudades de Europa y Estados Unidos y decidimos transformarnos en una cooperativa con una programación de ciclos de cine y actividades, que enriqueciera el diálogo sobre grandes temas. Partimos del catastro del barrio para saber cuánta gente a nuestro alrededor estaba en una situación de riesgo de exclusión por una cuestión socioeconómica y nos dirigimos a ellos; a esos colectivos que nada tienen que ver con el objetivo de las súper empresas gentrificadoras que han barrido esta calle”.

De los 12.000 socios del videoclub, al menos un 30%, la mayoría inmigrantes, dice David, ha tenido que marcharse del barrio a causa del aumento indiscriminado del precio de los alquileres y la compra de inmuebles por grandes empresas que operan con un “capitalismo salvaje”. “El tema de la gentrificación es curioso, porque se ha popularizado cuando ha empezado a afectar a la clase media, que es el objetivo preferente de los que quieren enriquecerse a causa de la fractura social”, cuenta. Ahora, en la calle de Rec Comtal, y por extensión en el distrito de Ciutat Vella, se vive un clima de violencia contenida por culpa de los ultra lujos y el clasismo que, poco a poco, están devastando el barrio. Un lugar exclusivo y excluyente.

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Más de 15.000 deuvedés en sus estantes. Imagen: Andrea Huls.

Resistir pese a las amenazas

De los intentos de desalojo que ha vivido este pequeño negocio, el último de todos, ocurrido el pasado 12 de julio, fue el más violento. Unas ochenta personas, entre vecinos y socios, se congregaron a las puertas de Cíclic para impedir que entrase la Policía, junto a la comitiva judicial y los representantes de la propiedad. “Me dijeron: ‘¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar?’ ‘Hasta la última de mis fuerzas’, les contesté. No agrediré a nadie, pero dudo que estás personas se queden de brazos cruzados si alguien me golpea por querer montar un cine de barrio. Querían traer furgonetas cargadas de mossos de esquadra para desalojar un local donde sólo había familias y vecinos intentando detenerlos”, cuenta.

Me dijeron: ‘¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar?’ ‘Hasta la última de mis fuerzas’, les contesté.

Teme que el próximo desahucio pueda ser el definitivo, por eso ha lanzado una campaña de crowdfunding en Goteo para recaudar la ayuda que necesita e instalarse en el mismo barrio, eso sí, a unos 50 metros de donde se encuentra ahora. “El primer propietario del local nos quería echar a toda costa y enviaba cada dos por tres a sus subasteros; el dueño actual nos dijo que ya le iba bien el videoclub y al cabo de una semana supimos que quería montar un restaurante. ¡No les importa nada lo que pase en los barrios!”.

“Estos mafiosos llegaron a decirme una vez que si estuviera en Brasil ya me habrían roto la cabeza” – David Cabrera.

Aunque lo peor son las amenazas. Un día antes de que esta entrevista tuviera lugar, unos desconocidos incendiaron el buzón de devolución de películas. ¿Casualidad? “No creo en las posibilidades, sino en las probabilidades, y es raro que dos días después de reabrir para informar a nuestros socios de nuestra campaña se haya producido algo semejante. Las vecinas salieron con sus sillas a la calle para apoyarnos. No nos rendimos. Una vez me llegaron a decir que si viviera en Brasil ya me habrían roto la cabeza”.

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La cooperativa estudió las necesidades de los vecinos del barrio para crear programar ciclos de cine y actividades. Foto: Andrea Huls

Sin embargo, el Ayuntamiento de Barcelona apuesta por el proyecto y ha brindado a Sala Cíclica su ayuda para crear un plan de empresa sostenible. “Por suerte, tenemos un ayuntamiento sensible con la realidad de la calle”.

Talleres de empoderamiento tecnológico, ‘clubs’ de lucha de clases, ciclos de cine programados por los propios socios de la Sala Cíclica y un espacio semanal que se cederá a otras entidades del distrito, desde las dedicadas al arte, el diseño y la innovación, la nueva economía o las ONGs. Esto es lo que pretenden conseguir los cuatro socios principales y alrededor de un centenar de futuros colaboradores que forman la cooperativa, que ya cuenta con el apoyo de instituciones como el Hospital Vall d’Hebron, el Observatorio Fabra o el Parque Biomédico de Barcelona.

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Cíclic ha lanzado una campaña de ‘crowdfunding’ y necesita el apoyo de todos. Imagen: Andrea Huls.

Un proyecto social inspirado en salas como el Numax de Santiago de Compostela, que David Cabrera y el resto de socios espera que cubra algunas de las necesidades más acuciantes del barrio: integración, inclusión, una oferta sociocultural de calidad y un lugar donde los vecinos puedan socializar “y no tengamos que pagar cuatro euros por una caña”.

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El recuerdo eufórico y arrepentido de un periodista adicto al crack

Jorge Raya Pons

Foto: Reuters

David Carr vivió una larga cuesta abajo disparado y sin frenos cuando descubrió los senderos de la droga, que le transformaron en un hombre terrible. Muchos años después, siendo un periodista exitoso y reverenciado en The New York Times, quiso explorar aquella sala oscura que era su pasado y abordarla en un libro que se llamaría La noche de la pistola, editado ahora en España por esa caja de sorpresas que es Libros del K.O. Carr viajó a los lugares donde vivió, entrevistó a docenas de personas que conocieron al antiguo yo y le quitó el polvo a un buen puñado de documentos archivados que incluían fichas policiales y sentencias.

No es sencillo encontrar personas tan esforzadas por alcanzar un grado tan elevado de autoconsciencia. David Carr era –fue– un maltratador –golpeó a dos de sus exparejas– y un yonqui, un periodista extraordinario y un padre entregado. Tendemos a imaginar que hay todo un mundo entre los polos, y sin embargo está a un tiro de coca de distancia. En este libro, Carr rescata un puñado generoso de experiencias especialmente repugnantes. Como el día en que olvidó a sus hijas en el coche cuando hizo una visita nocturna a su camello, con quien pasó la noche entera. Cuando salió de la casa, las niñas continuaban allí, en sus sillitas, vestidas con sus monos de invierno.

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David Carr, junto a sus hijas, Erin y Meagan. | Fuente: Archivo de David Carr

En otro momento, el periodista cuenta la historia emotiva, reveladora y profundamente trágica de su amigo Dave, a quien conoció en desintoxicación y de quien escribe que “tenía hijos” y le enseñó “muchas cosas, no solo sobre ser padre, sino sobre ser un hombre de verdad”. Dave fue una mano tendida en su rehabilitación: cuidó de él, cuidó de las niñas, se aseguró de que asistiera a cada una de las reuniones. Los años pasaron, Carr logró recuperarse, y ambos tomaron distancia.

Algunos años después, Carr visitó a Dave; un amigo común le avisó de que era momento de hacerlo. Dave estaba en su cama, hinchado y sin fuerzas y terriblemente enfermo. Hablaron de las niñas, de deporte, y prometieron volver a verse otro día. Carr se despidió, y supo en ese momento que no volverían a verse. Así que le dijo: “Te debo todo lo que tengo en el mundo. Has hecho mucho. Ahora puedes descansar”. Y se marchó.

Es posible que David Carr carezca del virtuosismo literario de Burroughs y de tantos otros que exploraron la mística y la ruina de la adicción a las drogas. Pero tampoco importa: Carr lo hace con una honestidad brutal, abriéndose en dos y exponiéndose sin reparos. Y aunque a menudo cae en la bravuconería y en un punto nada lejano a la autocomplacencia, el libro deja a las claras que su vocación principal es la expiación de sus pecados. Una confesión larga y documentada ante Dios y ante sus lectores.

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La noche de la pistola, de David Carr (Libros del K.O.) | Foto: The Objective

Carr, que tantos méritos hizo para morir en una sobredosis, o en una pelea entre colgados, o en un accidente de tráfico, que sobrevivió a un cáncer particularmente agresivo y que recayó en el alcoholismo, murió muchos años después, en 2015, tras desplomarse por un infarto frente a su mesa en el Times. Tenía 58 años.

Carr escribió un libro valiente. Detrás de sus gemelas, que crecieron felices y fueron a la universidad –he obviado que crecieron entre jeringuillas; su madre también era yonqui–, su gran legado es este libro que sirve como advertencia: hay épica y diversión con las drogas, pero solo antes de crear descontrol y una probabilidad muy alta de destrucción. Su amigo Ike se lo dijo en otras palabras: “¿Vas a ser leal a un jodido concepto como el de ser artista? ¿O vas a ser leal a unos seres humanos de los que eres responsable?”. Y Carr, casi en los últimos párrafos, escribe: “Siempre te dicen que tienes que curarte por tu bien, pero lo único que me permitió dejar de hacer el imbécil fue recordar que otras personas dependían de mí”. Este libro es la declaración de amor a sus hijas.

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Charles Bukowski entre mujeres

Romhy Cubas

Foto: Terraignota Ediciones
Terraignota Ediciones

“Las mujeres del pasado siguen llamándome
Ayer mismo llegó otra de afuera del estado
Quería verme
Le dije “no”
No las quiero ver
No las veré
Sería incómodo, terrible e inútil
Sé de gente que puede ver la misma película más de una vez
Yo no” (…)

Del poema Novias de Charles Bukowski

Antes de ser Charles fue Heinrich Karl Bukowski, nacido en Alemania un 16 de agosto de 1920. La crisis económica en el país europeo tras la Primera Guerra Mundial llevaría a su familia emigrante hacia América, y para que se acoplara al ritmo estadounidense los padres de Heinrich comenzaron a llamarlo Henry. El resto es historia, el mito de Bukowski y sus irreverencias poéticas en la ciudad de Los Ángeles.

A su alrededor: su trabajo, relaciones, carácter y hasta su predilección por la bebida conspiraron para formar esa leyenda de poeta veterano e indolente. No fue hasta los 40 años que sus versos obtuvieron reconocimiento, y aunque hizo el intento de estudiar periodismo y arte su principal profesión y sustento monetario durante más de una década residieron en la oficina de correos de la ciudad de Los Ángeles. Como una especie de agente encubierto Bukowski era cartero de día y poeta de noche.

No obstante, una vez su editor y publicista John Martin le prometió 100$ mensuales por el resto de su vida para que se dedicara a escribir y dejara el oficio diurno de las cartas a los profesionales, la carrera de Bukowski se aferró a su prosa sentimental e irreverente, toda ella contradicciones, para presentarse como uno de los grandes poetas del siglo XX, sin mencionar que se le ha asociado a la Generación de los Poetas Beat y de los escritores “malditos”. Pero la voz de Bukowski realmente nunca vino acompañada de grupos viscerales, él siempre fue un solitario.

Aunque en su marca personal no podía faltar el tabaco y la botella de whisky, las groserías y esa imagen desaliñada de viejo indecente, como su alter ego Henry Chinaski, hay varios mitos sobre Bukowski además de su ineludible talento como escritor que se tambalean entre la ficción y la realidad.

A menudo tildado de borracho y misógino, no hay que buscar demasiado para encontrar archivos y fotografías de ese Bukowski alcoholizado por el cual suenan las campanas. Tampoco hay que leer demasiado entre líneas para encontrar entre sus poemas y relatos de “amor” una prosa peyorativa y contradictoria hacia las mujeres como objeto-sujeto. Su relación con estas fue igual de contradictoria, por un lado se podría decir que Bukowski respetaba y amaba a las mujeres, sus más allegados así lo respaldaban, y sin embargo, trabajos como La Máquina de Follar, Se busca Mujer o tal vez el más evidente Mujeres, exponen versos en donde es fácil cruzar la línea entre la sinceridad y la desfachatez, la irreverencia y la misoginia.

Está el detalle que expone el mismo Bukowski cuando se burla de sí mismo en sus textos, o cuando crea una imagen comercial que su ex novias y su publicista John Martin suavizan, pero fueron precisamente esos detalles, mitos o no, los que hicieron a Bukowski “el escritor”, el mujeriego, el poeta no tan romántico, el cartero más famoso de Los Ángeles.

“Hay en mí algo descontrolado, pienso demasiado en el sexo. Cuando veo a una mujer la imagino siempre en la cama conmigo. Es una manera interesante de matar el tiempo en los aeropuertos.” Charles B en Mujeres.

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Jane Cooney Baker y Charles Bukowski | Imagen vía: Alternative Reel

La prostituta de 300 kilos

Bukowski a menudo se refería a su iniciación en el plano sexual con una anécdota que reiteró en numerosas ocasiones y sazonó en sus historias. De entrada el escritor adopta una actitud usual en sus poemas y relatos y recuerda cómo con 24 años de edad conoció en un bar a “la primera mujer” que gustó de él.

La narración está grabada en video y Bukowski, Whisky en mano, recuerda a la “prostituta de 300 kilos” que al igual que él buscaba compañía aquella noche. La pareja subió al hotel y a la mañana siguiente, al no encontrar su billetera, el escritor echó a la mujer de la habitación creyendo que esta era la responsable de su desaparición. La billetera apareció minutos después al lado de su cama, y en vano Bukowski persiguió arrepentido y con resaca a la mujer con la cual perdió su virginidad en un motel de Los Ángeles.

Jane Cooney Baker

Fue su mayor musa y tal vez su romance más definitivo. Sus relatos y poemas están repletos de versiones de esta mujer diez años mayor que él a quien conoció –de nuevo- en un bar de Los Ángeles. Entre botellas y humo de cigarrillos se sucedió esta relación tumultuosa y reveladora. Esa misma adicción por el alcohol llevó a Jane a su muerte en 1962.

El escritor luego reconocería que de todas sus compañeras Jane sería la única por la cual regresaría.

“…hace 28 años / que estás muerta / y sin embargo te recuerdo / mejor que a cualquiera de las otras / vaya un trago / por tus huesos / con los que este viejo perro sueña / todavía”.

Linda King

A esta poeta y escultora la conoció porque la primera esculpía rostros de poetas famosos, y cuando oyó que uno de los mejores prosistas de Los Ángeles estaba en la ciudad solicitó tallarlo.

Su relación se prolongó intermitentemente por cinco años a principios de los 70. Volátil, agresiva y turbulenta fue de una de sus relaciones más inestables y temperamentales; sin embargo, llama la atención que en entrevistas posteriores al referirse a Bukowski Linda King rara vez es despectiva o insiste en los momentos violentos, más bien hace énfasis en la particular personalidad del escritor, en sus inseguridades y manías.

“Siempre pensé que le faltaba confianza en sí mismo. Si hubiera sido un hombre físicamente bien parecido y hubiera tenido éxito con las mujeres, creo que nunca hubiera pensado en aquello”, recuerda King en una entrevista para Vice.

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Linda Lee Bukowski y Charles Bukowski | Imagen vía: Taringa

Linda Lee Beighle

Fue la segunda esposa de Bukowski, la primera fue Bárbara Bukowski, quien murió bajo misteriosas circunstancias en un viaje a la India. A Linda la conoció en un puesto de comida, con ella compró una casa en San Pedro y fue esta quien estuvo a su lado en el hospital cuando el escritor murió de leucemia el 9 de marzo 1994.

Como la mayoría de sus compañeras, Lee recalca la timidez y falta de confianza de Bukowski, sus habilidades sociales, o más bien la falta de ésta, y su preferencia por la máquina de escribir ante la posibilidad de tener que entablar conversaciones con otras personas.

“Jamás hablaba de su trabajo, pensaba que le traería mala suerte”, explica Lee. “A veces escribía poemas en plena noche. Bebía un vaso y me lo leía. Pero esto pasaba sólo una vez al año. Por lo general no mostraba sus trabajos a nadie, los enviaba todos directamente a su editor”.

Ellas no fueron las únicas mujeres en la vida del poeta, hubo novias, amigas, amantes y romances de una noche. La mayoría de estas relaciones llegaron con la mediana edad y su alza como escritor. Todas ejercieron un papel básico en su manera de escribir y de relatar el “amor”. De todos los mitos sobre Bukowski tal vez el más claro está en sus contradicciones, ya que su imagen de bebedor empedernido fluctuaba con sus testimonios, y el de su misoginia con la voluntad de conversar de aquellas mujeres.

“Mujeres: me gustaban los colores de sus ropas, su manera de andar, la crueldad de algunos rostros, de vez en cuando la belleza casi pura de una cara, total y encantadoramente femenina. Estaban por encima de nosotros, planeaban mejor y se organizaban mejor. Mientras los hombres veían el fútbol o bebían cerveza o jugaban a los bolos, ellas, las mujeres, pensaban en nosotros, concentrándose, estudiando, decidiendo, si aceptarnos, descartarnos, cambiarnos, matarnos o simplemente abandonarnos. Al final no importaba, hicieran lo que hicieran, acabábamos locos y solos”.
Del libro Mujeres de Charles Bukowski

Es ineludible que como personaje literario, estereotipado o no, fue y sigue siendo referencial. A su muerte dejó una obra compuesta por más de 1.000 poemas, cinco novelas y seis libros de relatos. Ahora, en cuanto al mito, la manera más sensata de aclararlo está en sus propias ficciones, que han demostrado después de todo ser la adicción más sana y fiel de Bukowski, el “viejo indecente”.

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Elvis Presley: 7 cosas que quizá no conocías sobre el Rey

Jorge Raya Pons

Foto: AP Photo

La sombra de Elvis es alargada: no solo ha vendido entre 500 y 600 millones de discos —parece imposible dar una cifra exacta—, sino que se ha convertido en una referencia cultural básica del siglo XX. Con su pelo engrasado, los mechones meciéndose en su frente cuando movía las rodillas y las caderas. Antes de morir el 16 de agosto de 1977, hace 40 años, Elvis apenas podía respirar cuando se presentaba ante el público, obeso y cansado, pero conservaba ese atributo hipnótico y nada común de absorber todas las miradas. Desde entonces nadie ha conseguido alcanzarle y, a día de hoy, mantiene el trono del rock and roll.

Si quieres conocer un poco más sobre el Rey, te contamos siete cosas que quizá no conocías sobre él.

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